Última Frontera
Alguien volvía a espiarlos sin que se percatasen, alguien que ya tenía decidido lo que pasaría a continuación, aquel cuya vida junto a Temari sabía que ya había de finalizar. Su corazón estaba algo comprimido por el temor a alejarse de ella sin embargo no mostraría que era así.
Temari recibió el alta al día siguiente, seguía envuelta en gasas y de momento transportada en palanquín para evitar que se expusiese al sol por un tiempo. El Kazekage había dado ordenes que Temari debía ir a agradecer a la Godaïme y presentarse a la familia del moreno elegido, por lo que los de la arena junto a los subordinados de Temari se marcharon a Konoha antes de los festejos con intención de regresar para estos. Durante el trayecto nadie pronunció palabra alguna, el silencio reinaba entre ellos, hacían las paradas necesarias y reemprendían la marcha de modo que en apenas dos días medio ya estaban a menos de un par de kilómetros de Konoha.
Considerando que debían cargar con el palanquín el trayecto resultó extrañamente corto. Antes de entrar a la villa Temari solicitó a uno de sus subordinados que la ayudase, no pensaba entrar en palanquín a la villa, tenía cierto orgullo que no le permitía hacerlo, de todos modos su cuerpo iba perfectamente cubierto de sedas sin dejar resquicio alguno de piel ante el sol. Dos de los compañeros de Konoha desaparecieron nada más cruzaron el portón por lo que el moreno que permaneció se vio en obligación de llevar a Temari a ver a la Godaïme, pues incluso el equipo de ella se había disgregado desvaneciéndose cada integrante por las ajetreadas calles de la villa.
Ambos ninjas iban a la par como ya acostumbraban desde hacía tiempo, sin hablar de nada, pues, especialmente en esa ocasión, el simple hecho de estar tan cerca les asesinaba por dentro. El despacho de la Godaïme se les planteaba como puerta que se cerraría separándolos sin embargo algo les aguardaba tras las puertas del despacho de la Godaïme, aquello que ambos anhelaban a escondidas de los demás.
