VESTIDO AZUL

Hacía quince minutos que los mortífagos habían abandonado el castillo. Draco los había visto desaparecerse desde la ventana de la torre más alta.

Se preguntaba porque tenia él que quedarse allí. Quizás no fuese el mejor mortífago del mundo, pero era mucho mejor que Crabbe y Goyle y sin embargo ello se habían marchado con los demás. Es cierto que necesitaba experiencia, pero, ¿Cómo iba a adquirirla si no lo dejaban salir?

El caso era que se quedaba para cuidar del castillo (aunque Draco pensó que eso era una mala excusa puesto que poco podría hacer si lo atacaban un grupo de aurores) y principalmente para cuidar de granger.

''Cuidar'' dijo sarcásticamente Draco para si mismo. Esa era la palabra menos acertada, ya que pretendía hacer todo lo contrario: hacer daño a Hermione y sobretodo a potter.

Sólo una palabra se hubiera llevado el dolor.
Con el beso amargo de aquel licor,
hubiera bastado, mi amor.

Draco no comprendía del todo cual era el fin de enamorar a la sangre-sucia. Aunque los planes del señor tenebroso solían ser confusos, ese le resultaba realmente extraño.¿Que pretendía voldemort?. Quizás que Hermione accediera a darle a él información de la orden del fénix, o que ella llevase a potter con él, convenciéndolo de que estaba arrepentido y así tenderle una trampa…o quizás pretendía simplemente hacerle daño a ella, y así hacérselo también a sus amigos. Al parecer había descubierto que su secuestro podía tener mas utilidad que la de dejar solo a harry.

En el fondo le daba igual, lo único que a Draco le importaba ahora no era el fin del plan sino como llevarlo a cabo.

Cerró las cortinas y se dispuso a bajar las escaleras pero una voz chillona lo interrumpió:

-¡Señor Malfoy! Grito Pinky, el elfo domestico, que acababa de aparecerse en la habitación.

-¿Qué? Preguntó Draco sin darse la vuelta.

-Winky quería saber, señor, que habitación debe arreglar, señor.

-me da igual Pinky. Una que sea cómoda y que este cerca de la mía.

Sin esperar respuesta del elfo Draco siguió su camino.

Se dirigía a las mazmorras, a visitar a Hermione y una vez allí se comportaría un poco más amable que de costumbre. Aunque no le gustara admitirlo, Granger no era estúpida, y si la tenia un cambio tan brusco de aptitud, seguramente ella sospecharía.

Sólo una mentira se viene conmigo a pasear.
Sentirme querida en aquel abrazo en el mar.

Debía de ser sutil, pero también rápido, pues todo debía de estar listo a la vuelta de Voldemort, que se había marchado esa misma mañana después de dar instrucciones a los mortífagos, que Draco no pudo escuchar, hacia un destino que nadie conocía, salvo quizás Snape.

Harry Potter se despertó temprano, antes que los demás. Por la posición del sol imaginó que hacia pasado poco tiempo desde el amanecer.

Observo a Ginny, que dormía unos metros más allá.

A harry le resultaba cada vez más difícil estar tan cerca de ella sin poder ser nada mas que su amigo ( y a veces ni eso), aunque intentaba disimularlo.

En mas de una ocasión se había reprimido de decir insultos inimaginables cuando la había oído hablar de zabini con luna. ¿Dónde estaba su querido blaise ahora? Él debía de saber donde estaba Hermione, pero claro, seguro que tenia una buena razón para no contarlo…

'Ese engreído no es de fiar, es un mortífago, ¡estoy seguro!'' Le había dicho varias veces a ron, pero ron no era el de siempre. Estaba todo el tiempo callado y deprimido. Seguramente echaba de menos a Hermione mucho más que los otros.

Así que ahora ni siquiera su mejor amigo le era de ayuda y el se encontraba solo con la amarga sensación de que era la segunda vez que pasaba por eso.

No se había equivocado con Snape y no se equivocaba con zabini.

Para apartar esos pensamientos de su mente decidió despertar a los demás.

-¡eh!¡Ron!¡Neville!¡Ginny!¡Luna!¡Despertad!

Poco a poco todos fueron abriendo los ojos, aunque con dificultad, porque la luz del sol era intensa y les daba directamente en la cara.

-creo que deberíamos ponernos en marcha. Dijo harry a nadie en particular.

-Sí, cuanto antes mejor. Dijo neville, poniéndose de pie.

-vamos, recojamos todo esto. No debemos dejar ninguna pista de que hemos estado aquí, o podrían descubrirnos los mortífagos. Dijo ginny mientras doblaba su manta.

Harry y ron se miraron. Lo más probable era que los mortificas ya lo supieran. Seguro que zabini se había ido de la lengua.

-hay que darse prisa. Dijo luna –a esta hora los snorlkarls se vuelven muy peligrosos.

Harry sonrió imaginando lo que habría dicho Hermione ante ese comentario.

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Hermione escucho ruidos al otro lado de la puerta. Se incorporo como pudo, pues le dolía la espalda de dormir en el suelo.

No veía a Draco desde el día anterior, cuando estuvo allí con pansy y se fue a una reunión, así que se alegro mucho de comprobar que era él quien iba a verla.

-las cosas van a cambiar, granger. Dijo el rubio nada mas entrar en la celda.

-¿que quieres decir? Dijo Hermione aparentando toda la calma de la que fue capaz.

-bueno, pues que entre otras cosas ya no vas a dormir aquí.

A Hermione se le vino el mundo abajo. ¿Dónde dormiría entonces?¿O era que ya no dormiría nunca mas?

Como en respuesta a esas preguntas un elfo domestico se apareció frente a ella.

-¡la habitación ya esta lista, señor! Chillo Pinky. –¡es la numero 13, señor!

- bien Pinky, y ahora vete y no interrumpas. Dijo Draco mientras hacia un gesto con la mano y el elfo desaparecía ante sus ojos.

-¿voy a dormir en una habitación?

-exactamente granger. Contesto malfoy sonriendo.

Ahora si que estaba desconcertada. La castaña no encontraba el motivo de llevarla a una habitación, a menos que la dejaran dormir bien en su ultima noche… basta ya, no pienses esas cosas se dijo mentalmente

-Hay novedades, ¿no te lo ha dicho nadie?. Hizo una pausa. Como Hermione no dijo nada continuo.

-los demás se han ido. Aquí solo estamos tu y yo.

Draco se dispuso a saborear el efecto de sus palabras. Le resultaba divertido dosificar la información y así confundir a su prisionera.

Hermione trataba de asimilar las ultimas palabras del rubio. Solos. Estaban solos.

Quedarse a solas con una persona que siempre la había despreciado y que disfrutaba tratándola mal no resultaba una buena noticia, pero por otra parte, ella no imaginaba ninguna mejor.

No creía a Draco capaz de hacerle daño sin ordenes, así que podría disfrutar de su compañía sin las molestas interrupciones de PANSY Parkinson…y, tal vez, encontrar el momento oportuno para hacerle saber que había otra salida además de unirse a Voldemort y que ella estaría encantada de ayudarlo y…de no separarse de él. Estaba segura de que detrás de esa mascara se encontraba una persona sensible que podría llegar a quererla y estaba dispuesta a demostrarlo.

Al final, la castaña sonrió.

-¿Por qué sonríes?

-bueno…pues…porque Voldemort (Draco hizo una mueca al oír aquel nombre) no está, por eso. Contesto justo antes de cambiar la expresión y mirar directamente a los fríos y grises ojos del mortífago.- ¿y por qué me llevas a una habitación?. Al oír sus propias palabras se sonrojo un poco. -¿te doy pena o que?. Dijo endureciendo el tono de su voz, para contraatacar.

-te llevo a una habitación porque me he cansado de subir y bajar todas esa escaleras. Contesto Draco con una expresión mezcla de sorpresa y de desagrado que Hermione no entendió. Granger se había acercado a la verdad sin saberlo y esto reconcertó un tanto al rubio, pero al segundo siguiente su rostro volvía a tener una apariencia de fría cama. Draco esbozó una media sonrisa y continuo. –claro que si prefieres quedarte aquí…

-¡no! Por supuesto que no…dijo rápidamente Hermione.

-en ese caso, extiende los brazos. Dijo el rubio como si no hubiese nada más normal y cotidiano.

Ella obedeció tímidamente y acto seguido él le coloco unas pesadas y gruesas esposas de metal negro que llevaba en el bolsillo de la túnica, y se colgó las llaves al cuello.

-vamos, sígueme. Dijo mientras con un gesto de la cabeza indicaba el camino.

Ella no se lo pensó dos veces y comenzó a caminar detrás de él, siguiendo la estela de su cabello plateado y el ondular de su negra capa.

Con el vestido azul que un día conociste
me marcho sin saber si me besaste antes de irte.
Te di mi corazón y tú lo regalaste,
te di todo el amor que pude darte y me robaste.
He rasgado mi vestido con una copa de vino,
hoy tu amor corta como el cristal

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Lord voldemort estaba en el interior de una enorme cueva incrustada en un acantilado. El aire tenia un olor salino y la roca estaba húmeda y desgastada por el paso de los años. Frente a él se encontraba una vasija de piedra, en la que casi no quedaba nada del brillante y verde liquido que había contenido. Tampoco estaba el guardapelo.

-maldito viejo traidor a la sangre. Susurro voldemort. –así que fue esto lo que hiciste… se desplazo unos pasos alrededor de la vasija y al fin una sonrisa se dibujó en su rostro de serpiente.- pero ya no podrás volver a hacerlo.Seria mejor revisar la protección de mis horrocrux. sobre todo de la copa…

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Después de unos cinco minutos de subir escaleras, atravesar pasadizos y recorrer largos pasillos, Draco y Hermione se pararon. Se encontraban en una zona del castillo mas iluminada que las demás, gracias a dos grandes ventanales. Hermione miro hacia ellos y contemplo, a lo lejos, un espeso bosque. Le pareció que unas chispas rojas, similares a las procedentes de una varita, surgían desde las copas de los árboles mas altos, pero al instante se convenció de haberlo imaginado.

-aquí es. Dijo Draco repentinamente.

Señalaba una puerta de madera con una marca tenebrosa tallada y un ornamentado numero trece. Frente a ella estaba la doce y a su lado la numeran once.

Malfoy abrió la puerta y Hermione se dispuso a entrar, pero él la detuvo. Interpuso su brazo entre ella y la entrada de la habitación. La castaña quiso echarse hacia atrás pero se encontró con el otro brazo de Draco. El se acerco un poco mas a ella, hasta que su espalda dio contra la pared. Hermione no entendía que se proponía Draco, pero le daba igual. Se armo de valor y se separo del muro de piedra para prácticamente rozar la túnica del rubio. Draco miro sus profundos ojos color miel y sintió una sacudida. No había miedo en ellos, y eso le pareció normal hasta cierto punto, pero lo más extraño es que no había ni rastro del odio que sentían por él sus dos amigos.

Hermione le sonrió cándidamente, como si no pasara nada, de la misma manera que si solo trataran de utilizar para viajar una chimenea demasiado pequeña para los dos.

-¿no vas a dejarme pasar? Preguntó al fin, después de esperar en vano que él hiciese algún comentario o algún gesto.-¿te arrepientes de…traerme aquí?. Lo dijo de manera resuelta, aunque le costaba trabajo encontrar las palabras.

Draco, que pareció salir de su estado de ensimismamiento, se separo de ella rápidamente. Le dio la espalda. me arrepiento de tantas cosas… pensó, pero no se arrepentía de estar con ella en ese momento, y eso resultaba inquietante para cualquier sangre limpia y mucho más si ese sangre limpia era un mortífago.

-¿estas esperando que te pida de rodillas que no me lleves otra vez a las mazmorras?. Hermione había cargado esta vez sus palabras de ironía y de reproche mucho más de lo que había querido. Tendría que haberle hablado de otra manera para no estropear aquel momento durante el cual se había sentido mas cerca de él que nunca, pero ya comenzaba a estar harta de no saber a que atenerse y de la sonrisa petulante que en esos momentos había vuelto a exhibir el rubio, como si supiese cosas que ella no podía ni imaginar.

Draco volvía a ser él después de apartar esos incómodos pensamientos de su mente y darse cuenta de que quizás, después de todo, el plan resultaría mucho más fácil de realizar de lo que él pensaba.

-baja esos humos granger, y no me des ideas. Dijo, volviendo a sonreír. – lo único que ocurre es que me he estado fijando y no tienes muy buen aspecto…

Hermione no supo que decir. No se esperaba eso, pero era cierto. No se había peinado desde su secuestro y su pelo, ya de por sí rebelde, estaba enmarañado de una manera alarmante. Su ropa estaba desgarrada y sucia, además hacia días que no tomaba una ducha. Hermione se ruborizo pensando que el se había fijado en su aspecto y en que tendría eso que ver con la habitación.

- no es un insulto granger. Dijo Draco, que había comenzado a pensar que mantener en equilibrio el buen comportamiento que requería el plan, con el desprecio que siempre le dirigía era una tarea muy difícil.

-no es apropiado que estés así en una habitación como esta.

-¿y que has planeado? ¿Abandonarme en el pasillo?. Pregunto la castaña con un deje de impaciencia.

-no, voy a hacer algo mucho mejor. Vas a tener que bañarte, eso sí, vigilada. Draco interpretó correctamente la expresión de vergüenza de Hermione y se apresuro a añadir. –no seré yo quien te vigile, aun conservo el sentido común. Pinky te acompañara.

El elfo apareció al instante y asintió con rapidez mirando a Draco y después a Hermione.

-busca algo de ropa para granger y llévala al baño. Yo tengo cosas que hacer. ¡Ah! Y otra cosa granger. Dijo el rubio dirigiéndose esta vez a Hermione.- ni se te ocurra escapar. Pinky lo pagara.

Draco se dio la vuelta para marcharse.

-sabes que no huiría, lo he demostrado. Sé lo que podría pasarte y no lo mereces. Las palabras se escaparon de sus labios sin que pudiera hacer nada para evitarlo, pero había sido sincera con él, como nunca desde que lo conocía.

Draco se detuvo unos segundos y siguió adelante, hasta desapareció por un pasadizo oculto tras un tapiz. que sabrá Granger lo que merezco y lo que no… pensó, y comenzó a convencerse a sí mismo de que las palabras de Hermione se debían a su comportamiento de la ultima hora, pero en su interior sabía que ella nunca le había odiado, que sus ojos no lo engañaban. Y aun más, el tampoco la había odiado nunca, pero no se daba cuenta.

En el cielo hay playas donde ves la vida pasar,
donde los recuerdos no hacen llorar:
vienen muy despacio y se van.

Como le había dicho, Hermione no intentaría escapar aunque él la dejara sin vigilancia y con la puerta abierta, porque no le pagaría el elfo sino Draco, y Hermione prefería perder la libertad antes que perderlo a él.

Mientras miraba el lugar por el que se había marchado Draco, la castaña escucho un chasquido a su espalda. Al momento sintió como si unas cuerdas invisibles la atasen y la acercasen a Pinky. Pronto comprendió lo que pasaba. El elfo estaba utilizando con ella un poder del que solo había oído hablar en una ocasión. Winky, la elfina domestica, había usado las mismas ataduras con Barty crouch hijo, la noche de la final del mundial de quidditch.

Al parecer el elfo no estaba dispuesto a correr ni él más mínimo riesgo de sufrir un castigo por dejar escapar a Hermione.

Después la condujo a un lugar situado una planta mas abajo. El elfo y Hermione entraron en el baño y las ataduras invisibles se rompieron. Hermione volvió a oír un chasquido.

-Pimpi estará fuera, señorita, pero si abre la puerta Pinky se enterara.

-no tienes de que preocuparte. No voy a abrirla. Dijo Hermione mirando con dulzura a elfo.

-si la señorita se escapa el amo malfoy se pondrá muy triste. Esta más feliz desde que usted llego. Antes lloraba muchas noches…Pero si se va ¡OH, pobre amo! Lo pasaría mal estoy seguro. Se quedaría solo, y no le gusta estar solo porque…¡Pinky ha hablado demasiado!. Dicho esto el elfo empezó a darse cabezazos contra la pared.

-¡para Pinky!¡Para!. Dijo a gritos Hermione mientras lo sujetaba a duras penas.

Una vez mas calmado el elfo sonrió a la chica y se acerco a la puerta.

-Pinky, ¿podrías quitarme esto? Las castaña levanto las manos mostrando las esposas.

-claro. Dijo el elfo mientras volvía a chasquear los dedos. Las esposas se soltaron de las muñecas de Hermione y cayeron al suelo con un ruido sordo. Pinky desapareció y ella se quedo sola.

El baño era de piedra y recordaba vagamente a uno de Hogwarts, justo aquel en que se encontraba la entrada a la cámara de los secretos.

Se baño todo lo deprisa que pudo y se desenredo el pelo con el mismo hechizo que había usado para peinarse antes del baile de navidad de cuarto curso.

En un pequeño banco pegado a la pared acababa de aparecer un bonito vestido de color azul añil que parecía desprender un suave resplandor plateado. Se lo puso con cuidado.

Le parecía imposible estar donde estaba. Draco podría decir lo que quisiera, pero ella no creía esas ridículas excusas de no querer bajar ni subir escaleras (puesto que ahora, estando solo, podía no ir a verla en todo el día ) y de que ella no estaba lo suficientemente arreglada para dormir en una de las habitaciones ( ya que los elfos lo limpian todo muy rápidamente)

Draco se preocupaba por ella. Por primera vez desde que se conocían. Quizás ahora que nadie lo vigilaba se estaba comportando como era en realidad. ¿Y si había alguna esperanza de que el no quisiera ser un mortífago? ¿Y si se arrepintiera y se marcharan juntos y…? De nuevo estaba pidiendo demasiado. Pero, ¿acaso Pinky no había dicho que Draco estaba más feliz con ella?¿Y que no le gustaba vivir de esa manera ni... con esa gente?.

Sólo una caricia me hubiera ayudado a olvidar
que no eran mis labios los que ahora te hacen soñar.

Los pensamientos de Hermione se interrumpieron golpe ya que habían tocado la puerta.

.-Pinky quería saber si la señorita había terminado ya. Dijo una voz chillona al otro lado..

-si, ya he terminado. Pasa Pinky. Contesto la castaña.

El elfo abrió la puerta y miro asombrado a Hermione.

-¡que bien le queda el vestido señorita: Pinky a tenido que encogerlo y encantarlo. Es un vestido de la señora Bellatrix. Si se entera castigara a Pinky. El elfo hizo un gesto de miedo y continuo -Pero a Pinky no le importa. Pinky correrá el riesgo. A la señorita granger le queda mucho mejor.

-muchas gracias Pinky. Dijo Hermione intentando no pensar en que una moritífaga había llevado aquel vestido.

Pinky le puso las esposas con cara de disculpa, y la volvió a atar con las cuerdas invisibles. Subieron a la planta de arriba y llegaron a l habitación numero trece. Al llegar Hermione escucho ruidos en la habitación once y supuso que Draco había vuelto de donde fuera el lugar al que había ido antes y que ya estaba allí, a solo unos pasos de ella.

Hermione entro en la habitación, en la que había una elegante cama con dosel, un armario y una pequeña mesa.

El elfo comenzó a despedirse pero Hermione lo interrumpió.

-¡espera Pinky! Hay algo que quiero saber… Draco…¿esta aquí voluntariamente?

Pinky se tapo la boca con las manos.-yo no puedo contarle nada a la señorita… pero el amo habla de Hogwarts y.. Le gusta jugar al quidditch.y aquí no puede señorita. Dijo el elfo entre dientes.

-gracias Pinky, me has dicho todo lo que quería saber.

Tiempo después de que se hubiera ido Pinky Hermione seguía dándole vueltas a sus palabras. Le había querido decir que no. Draco no era la persona malvada y sin sentimientos que todos pensaban. Miro hacia la pared de la derecha. Al otro lado, sin duda, estaba él. Ella se moría de ganas de volver a verlo.

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Zabini se había aparecido frete a ellos hacia una media hora. Estaba pálido y parecía asustado y nervioso.

-¡ginny! Había dicho nada mas llegar. -¡todos los mortífagos están aquí! ¡Tenéis que iros lejos!¡Rápido!

-¿y por que tenemos que creerte? Espeto harry mientras lo acribillaba con la mirada.

El monstruo que tenia en su interior rugía con rabia.

Si no lo haces por mí, hazlo por tus amigos, potter. Dijo zabini y se desapareció.

A Harry no le dio tiempo de seguir discutiendo, porque l momento habían aparecido al menos diez mortífagos a su alrededor y les llegaban maldiciones desde todas las direcciones.

Al unísono, todos sacaron sus varitas y comenzaron a defenderse y echaron a correr.

Acababan de escapar y por fin parecían estar a salvo.

-¿a que…ha…venido…eso?. Pregunto ron, al que le faltaba el aire.

-¿tu que crees? Dijo harry con tono de exasperación. –saben que vamos en busca de Hermione y quieren impedírnoslo. Esta muy claro.

-¡y por tu culpa casi morimos! Grito ginny inesperadamente.

Se produjo un incomodo silencio.

-ginny…harry no tiene la culpa..de todas formas no habríamos tenido tiempo de… comenzó a decir neville en un susurro, pero ella lo interrumpió.

-¡claro que tiene la culpa!¡El único motivo por el que desconfía de blaise es porque le tiene celos!¡Y que no se te olvide que fuiste tú el que rompió conmigo!. Añadió ginny mirando a harry, que se había quedado mudo. –¡dijiste que lo hacías para que yo no corriera peligro y mira lo que ha pasado! ¡Casi nos matan!. Nada mas decir esto ginny se levanto y se alejo en dirección a un gran roble. Harry también se fue unos metros en la dirección contraria.

Ron estuvo apunto de seguirlo, pero pensó que lo mejor seria dejarlo solo.

-ginny esta furiosa porque quiere volver con harry y el no se da cuenta porque esta muy ocupado odiando a zabini y pensando que él es el culpable de todo y que debe arreglarlo todo el solo, pero lo que le ha dicho solo empeora las cosas. Dijo luna, haciendo gala de una aplastante sinceridad, mientras se vendaba la muñeca en la que había recibido el roce de una de las maldiciones lanzadas por los mortífagos..

Ron escuchó en ruido a su espalda, pero comprobó que solo se trataba de una ardilla.

Lo que ni el ni sus amigos sabían era que los estaban vigilando desde hacia tiempo. Bastante antes del ataque de los mortífagos.

Percy Weasley los seguía, esperando el momento oportuno.

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Las horas habían pasado muy lentamente para Hermione. Intento dormirse pero no pudo. Lo cierto era que no quería estar dormida cuando Draco llegara, si es que iba a verla.

Ya era de noche. Ella había visto por la ventan como se ponía el sol detrás de las montañas. Hacia mucho que no lo veía.

Desde antes del anochecer no se oía ningún ruido procedente de la habitación de al lado.

Quizás Draco había salido, ¿pero, adonde? De repente alguien abrió la puerta y Hermione se sobresaltó.

Draco entró y cerró tras de sí. Llevaba puesta la túnica negra de mortífago y sin embargo a Hermione le pareció que estaba más guapo que nunca.

No supo muy bien porque, pero tubo una sensación extraña al verlo, como si presintiese que esa vez era distinta de todas.

-¿vas a comer algo? Pregunto Draco en voz baja.

A Hermione le sorprendió la pregunta. Normalmente era un elfo el que le llevaba la comida y, por supuesto, no le daban a elegir.

-no…no quiero…gracias.

El ambiente era extraño, como si ambos tuviesen miedo de la reacción del otro.

Draco suspiró. Tenía pensado cenar con ella y tantear el terreno, pero su fantástico plan ya no parecía tan fantástico. Casi estaba nervioso, como si la amara de verdad, pero por supuesto eso era totalmente imposible.

Pensó que no era el momento más oportuno así que se dispuso a marcharse.

Con el vestido azul que un día conociste
me marcho sin saber si me besaste antes de irte.

-¡espera! Dijo Hermione, sin poder reprimirse.

Un brillo iluminó los ojos de Draco, un brillo de victoria, pero Hermione no lo vio.

El se acercó más a ella y se sentó a su lado.

-¿Por qué quieres que no me vaya? Pregunto el directamente, pero con un tono muy diferente del que solía utilizar.

Hermione no supo que contestar.

-veras…yo…quería preguntarte…si podrías quitarme las esposas de la mano izquierda. Me…duele. Eso era lo primero que se le había ocurrido. ¿Se lo creería Draco? Y si se lo creía, ¿le importaría algo lo que le pasase?

Contra todo pronostico Draco se quito las llaves del cuello y abrió la esposa de la mano izquierda.

-ahora tendré que esposarte a otra cosa… dijo mientras lo hacia, con un hilo de voz.

Hermione y él estaban muy cerca y ella no podía dejar de mirarlo.

Draco miro en derredor, y al no encontrar nada mejor a lo que esposar a la castaña, rodeo su propia muñeca con la esposa que quedaba libre. Ahora sus manos estaban casi entrelazadas.

Draco cambió el gesto. Bajo la cabeza y su flequillo dorado le cubrió los ojos. Estuvo unos segundos en silencio enfrascado en lo que parecía un intenso debate interno, y al fin volvió a mirarla.

-perdona, Hermione. Dijo él, llamándola por primera vez por su nombre. A Hermione no se le escapo este detalle.

-¿ perdón…a mí? Ella sonrió tímidamente.

Parecía que fuera ayer cuando estaban tan lejos el uno del otro y ahora estaban juntos, solos…y el le pedía perdón. Cuando ella ya se había resignado y salía con ron. Ron…¿seria capaz de traicionarlo?

-yo no he tenido otro remedio que hacer lo que he hecho, pero no soy así. Draco lo dijo sin que le costara ningún esfuerzo. Por primera vez era sincero.

Al oír su voz, la imagen del pelirrojo desapareció completamente de la mente de Hermione.

-solo quería que lo supieras. Susurro Draco.

El se puso en pie. Ella estaba muy nerviosa, así que también se levantó.

-¿Por qué te importa que yo lo sepa o no? Pregunto la castaña, atónita.

-porque me he dado cuenta… comenzó a decir Draco, mientras con un toque de su varita soltaba las esposas liberando a Hermione y a sí mismo.-de que tu me importas.

Ella jamás habría imaginad eso. Su mente se quedo en blanco. No podía hacer nada, ni pensar en nada.

De pronto se dio cuenta de lo cerca que estaba Draco, frente a ella. Hermione sentía su respiración y casi podía oler su pelo. Su corazón se acelero de tal manera que creía que en cualquier momento se saldría de su pecho.

Draco la miro fijamente a los ojos y a Hermione le pareció que podía ver detrás de ella, ver lo que sentía, como si fuese transparente, como si estuviese utilizando la legeremancia. Pero sabia que a el no le hacia falta.

Entonces cerro los ojos y Draco la beso. Poco a poco coloco su mano derecha tras la cabeza de la chica y le acaricio el largo cabello castaño. Al mismo tiempo, con la otra mano la agarro por la cintura, acercándola aun más a sí mismo.

Te di mi corazón y tú lo regalaste,
te di todo el amor que pude darte y me robaste.

Pasaron unos segundos, que Hermione quiso que duraran eternamente, y el beso terminó.

Se separaron unos centímetros y Draco apoyo su frente sobre la de ella.

Hermione no se atrevía a abrir los ojos, porque en el fondo tenia miedo de que aquello no fuese real, de que fuese un sueño del que despertaría en cualquier momento.

Sintió que el se alejaba y decidió que era el momento de abrir los ojos y enfrentar la situación.

Draco estaba de pie delante de ella, mirándola.

Quiso decirle que lo quería…que estaba enamorada de él en secreto desde hacia mucho tiempo…que se moría de celos cuando lo veía con Pansy…que no le importaría tener que arriesgarse por ese amor, aunque tuviese que decirle la verdad a ron…que no le importaba lo que podría decir la gente, ni siquiera Harry, y que si estaban juntos podrían con todos los obstáculos, aunque el mismísimo Voldemort se interpusiera entre ellos…pero no pudo.

Tenía tantas cosas que decir que no sabía como ni por donde empezar.

Draco le dirigió una sonrisa.

Hermione había visto tantas veces esa sonrisa…, pero siempre había sido cuando él hablaba con sus amigos o cuando se reía de harry y de ron…o de ella misma.

Pero esa vez era diferente, infinitamente distinta. Esa vez era una sonrisa de amor y estaba dirigida a ella.

A Hermione le hubiese gustado una romántica declaración en la que el se arrodillara a sus pies y le dijera que era la persona a la que más había querido en toda su vida, pero aquella sencilla sonrisa le decía tantas cosas que pensó que no había una declaración mejor.

Hermione también sonrió y agacho un poco la cabeza, pues no quería que Draco se diera cuenta de que se había sonrojado.

El rubio se dio la vuelta y se dirigió a la puerta para salir de la habitación.

Hermione quería detenerlo, pero ¿Cómo?

Antes de que pudiera hablar el ya se había marchado.

Ella corrió hacia la puerta. Necesitaba decirle lo que pensaba y saber que sentía él. Si tenia suerte podría abrir la puerta y buscarlo…

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Draco andaba por el pasillo, en dirección al salón.

La sonrisa se había borrado por completamente de su cara. Ahora tenía una expresión mucho más sombría.

Acababa de besarse con Hermione granger. ¡Con la sangre-sucia de granger! ¡Con la mejor amiga de potter!

La verdad era que solo cumplía ordenes y que solo era un beso, pero aun así…

Había sentido cosas, cosas que aun no era capaz de comprender. Pero había un sentimiento que reconocía perfectamente…sentía asco.

Pero no tenia nada que ver con Hermione, es mas, todo lo contrario.

Le daba asco tener que engañarla de esa forma, le daban asco las marcas tenebrosas que había dibujadas en las puertas de madera, le daba asco la túnica de mortífago que llevaba puesta y hasta le daba asco el suelo que pisaba porque pertenecía al castillo de voldemort.

Voldemort…solo recordarlo le daba escalofríos.

Draco llego al salón. En el castillo no debía haber nadie que no fuera él, Hermione y los elfos domésticos, y sin embargo allí había alguien.

La persona que menos imaginaba y la más inoportuna.

Pansy parkinson estaba sentada en uno de los sillones que había junto a la chimenea.

Draco se había parado en seco al verla. Ella se levanto rápidamente y sonrió radiante.

-pansy…¿Qué…?¿Que estas haciendo aquí?

-no podía pasar mas tiempo sin verte. Contestó simplemente la morena.

-la mitad de los mortífagos estamos en un bosque, a unos kilómetros de aquí. Allí están potter y sus ''amiguitos''. No sé dónde están los demás mortífagos ni tampoco el señor tenebroso…no nos han querido decir nada…

-¿y han dejado que vinieras? Pregunto Draco sin comprender. Por supuesto pansy no sabía nada del plan de enamorar a Hermione, ni tampoco lo sabían la mayoría de los mortífagos, pero aun así debían de tener ordenes de dejarlo solo con ella.

-claro que no. Contesto pansy volviendo a sonreír con picardía.

-me escapado. No creo que noten que me he ido. Me aparecí fuera del castillo y la verdad es que no tengo mucho tiempo. De todas formas no podía dejar de venir. Y sabes que…

Pero Draco ya no la escuchaba. No podía entender como era tan irresponsable. Además el no quería verla. Hacia tiempo que nunca le apetecía verla, poco después de que llegara Granger…

Al darse cuenta de eso, Draco comprendió que era exactamente lo que había sentido al besarla. Lo cierto era que le había gustado.

Poco a poco había ido desapareciendo su odio hacia ella. Realmente solo la trataba mal porque así era como le habían enseñado que había que tratar a los sangre-sucia.

Pero ya no creía que ella se mereciera eso. Ella era solo una victima más de las circunstancias, una victima de voldemort…igual que él.

Antes de que pudiera darse cuenta pansy se había acercado a él. La miro y entonces ella lo besó.

Draco seguía pensando en Hermione, en que le gustaría verla y aclarar sus ideas, y quizás basarla otra vez…

Entonces sintió el beso de pansy y él también la besó, como por inercia, pero sin pensar en ella, pues no podía borrar a Hermione de su mente.

Justo por detrás de ellos, a unos cuatro metros, junto a la entrada del salón, do gruesas lagrimas se originaron en unos grandes y expresivos ojos color miel y se deslizaron hasta caer en picado, para acabar mojando el vestido azul que llevaba puesto Hermione Granger.

He rasgado mi vestido con una copa de vino,
hoy tu amor corta como el cristal.
Buena suerte en tu camino yo ya tengo mi destino,
con mi sangre escribo este final.

Disculpen por la tardanza y gracias a todos por los reviews,nos encantaron,sigan mandando pleaseeeeeeee