Disclaimer: los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a JK Rowling y Warner Brothers---- excepto Daine Prince.
Hola a todos!
Lamento mucho el atraso, de verdad, en clases no tenía tiempo y mis vacaciones estuvieron muy acontecidas, y luego me centré en Memorias hasta que un día de estos recordé a mi pobre RAB y decidí que era hora de seguir.
Así que lo siento por la espera, ojalá alguien aún se interese por la historia... Aquí está el capitulo 6 y les aviso de paso que está un poquito violento... Aunque nada alarmante creo.
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Capítulo 6:
El ataque"…mucha gente, antes de que Voldemort se mostrara tal cual era en realidad, creía que él tenía razón… Aunque, cuando vieron lo que estaba dispuesto a hacer para conseguir el poder, les entró miedo y se echaron atrás. "
Sirius Black. J.K. Rowling. Harry Potter y la Orden del Fénix.
Editorial Salamandra. Pp. 122-123
En un inicio Regulus no notó nada en la vida de mortífago que le hiciera pensar que Daine tuviera razón. Cierto que había ciertos inconvenientes, cada vez pasaba más tiempo en la fortaleza del Señor Oscuro que en Grimmuald Place, tenía menos tiempo para leer y no podía hacer muchos planes pues en cualquier momento recibía algún mensaje de Bellatrix para ir a pelear. Sin embargo, había aprendido mucho más de magia negra. En Hogwarts no le habían enseñado casi nada de eso. Había aprendido bastante por su cuenta leyendo, aunque claro, no era lo mismo que la práctica diaria que tenía ahora.
También estaba el hecho de ser perseguido por la ley, nunca antes había habido un prófugo entre los Black, pero como le había dicho a Narcisa cuando lo habían comentado, tenían que estar contra la ley porque era la ley del sistema que había hecho necesario esa guerra. De no ser por lo permisivo que se había hecho el Ministerio de Magia los sangre limpia no tendrían que luchar por lo que les pertenecía que poco a poco se les había dado a los sangre sucia y los mestizos.
Los primeros meses Regulus estaba bastante satisfecho de su labor. Cierto que Bellatrix casi nunca lo llevaba a ataques propiamente dichos, como Daine se lo había hecho notar unos días antes, pero le habían dado un puesto importante.
No eran muchos los magos competentes en el arte de las pociones. Cuando Regulus tenía poco más de un mes en el movimiento, Bellatrix le había comunicado que el Señor Oscuro quería que trabajara haciendo pociones para él mientras su especialista en pociones hacia un encargo especial que se le había dado.
-¿El Señor Oscuro tiene un especialista en pociones? – le había preguntado Regulus a Narcisa mientras esta lo conducía, por órdenes de su hermana, a la sala donde trabajaría.
-Claro que sí. El Señor Oscuro tiene lo mejor de lo mejor trabajando para él. Esta será tu sala de trabajo.
Habían llegado a un espacioso salón con dos largas mesas de madera y varios armarios para guardar ingredientes, además de muchos calderos de distintos tamaños. Sólo había otra persona en el salón.
-Creo que ustedes se conocen – dijo Narcisa. Ambos hombres se miraron. Regulus sonrió.
-Por supuesto –dijo avanzando hacia él y ofreciéndole la mano - ¿cómo olvidar a Severus Snape, el mejor alumno de pociones de Hogwarts?
-Black – Snape le dio la mano, pero no sonrió.
-Tranquilo… No te pude quitar el primer lugar en el colegio, no te lo quitaré a hora. Estamos del mismo lado¿no?
Snape odiaba la sonrisa de suficiencia de los Black. La única Black que le era agradable era Narcisa, pero Regulus tenía la misma sonrisa de superioridad de su hermano, al igual que Bellatrix.
-No podrías – dijo Snape simplemente – aunque a tu prima le gustaría…
-Creo que se entenderán muy bien. – dijo Narcisa ignorando la frialdad de Snape – Severus, el Señor Oscuro quiere que lo pongas al tanto de qué tiene que hacer.
-Claro Narcisa – Snape suavizó el tono para hablar con ella – El Señor Oscuro me ha dado instrucciones directas al respecto. Pero supongo que Bellatrix te pidió que me lo repitieras, no fuera que su… protegido, hiciera un mal papel…
-Severus – la chica lo miró con reproche – Espero que se entiendan bien.
-A la perfección – dijo Regulus bastante divertido con el desagrado en el rostro de Snape por tener que trabajar con él – Dos puros Slytherin… ¿cómo no vamos a entendernos?
Narcisa también le dirigió una mirada de reproche pero se fue sin añadir nada más. Snape caminó hacia uno de los calderos para revisar la poción que se cocía en ese momento. Regulus esperó pacientemente, curioseando los ingredientes y recipientes en las mesas más cercanos.
-Aquí está la lista de pociones que debes preparar Black – Snape puso un pergamino sobre la mesa y se lo acercó – Estaré ocupado unos dos meses, así que ese es el tiempo que tienes para hacerlas. El Señor Oscuro no tolera los errores, así que ya sabes qué esperar si alguna de tus pociones no funciona. Los ingredientes están en los estantes divididos en las clasificaciones básicas. Si sabes leer no tendrás problema. Y si eres la mitad de bueno de lo que dice tu querida Bellatrix, sabrás hacer todas esas.
Snape dio la vuelta y salió del salón antes de que Regulus terminara de leer la lista de pociones. En su mayoría eran venenos y pociones prohibidas, pero todas las conocía. Se puso manos a la obra inmediatamente.
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Al mes de estar trabajando en el laboratorio de pociones Regulus estaba totalmente instalado. Había pasado poco tiempo en la casa Black pues las pociones que estaba haciendo requerían su completa atención, por lo que había optado por quedarse en la fortaleza.
Ese día estaba terminando una de las pociones más complicadas cuando la puerta del laboratorio de abrió. Cerró los ojos disgustado. Con seguridad era Snape para criticar su trabajo.
-Hola primo.
Se volvió sorprendido.
-Bellatrix. No esperaba verte. Tenía entendido que tenías trabajo fuera.
-Tengo trabajo fuera – señaló la chica - ¿estás ocupado?
-Terminando esto, hecho esta taza de patas de murciélago y estoy libre para empezar la poción desangrante.
Tras decir esto echó dentro del caldero tres patas de murciélago con cinco segundos de distancia entre cada una. Al echar la última se volvió hacia ella y le sonrió.
-Listo.
-Bien. En ese caso la poción desangrante puede esperar. Tú vienes conmigo.
-Pero… - Regulus miró los otros calderos ligeramente preocupado.
-¿Algún problema? – Bellatrix arqueó una ceja y Regulus notó por la línea que empezaba a formarse en su frente que estaba molesta.
-No es que no quiera ir contigo Bella – se apresuró a aclarar el chico – es sólo que me queda un mes para las pociones y…
-Eres parte de mi escuadrón, tenemos una misión – dijo Bellatrix fríamente – y tú vienes conmigo. Con suerte harás tu primera tortura. Vamos.
El tono imperativo de su prima no le dejó más opción que seguirla.
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No era fácil de describir la sensación que daba ponerse esa capa negra y esa máscara blanca. Al usarlos uno se borra, ya no es una frágil persona: es un todo poderoso. Los mortífagos eran uno solo, nutridos por el poder del gran Lord Oscuro.
No era racional, no era lógico, pero era embriagante, enervante, adictivo. Esa locura de la promesa de gloria y poder se reflejaba en los ojos brillantes detrás de todas las máscaras. En todos, menos unos cuantos. En todos, menos en los de Regulus Black.
Bellatrix le había hablado del placer de la batalla. Daine del horror que podría producir. Regulus no había estado en ninguna, pero no creía sentir ni una ni otra. Lo haría porque era su deber, porque era necesario para el triunfo de Lord Voldemort y reestablecer la superioridad de la sangre.
Estaban listos para partir en el vestíbulo de la fortaleza. Afuera empezaba a oscurecer, estaban en invierno y los días eran más cortos. Bellatrix los guiaría para aparecerse en el lugar de ataque que sólo ella conocía. "Es una buena sorpresa Regulus –le había dicho mientras se alistaban- le dará una buena lección a los traidores de la sangre".
Algunos de los mortífagos hablaban en voz baja entre ellos, pero Regulus se encontraba aparte, mirándolos uno a uno, evaluándolos. Ellos serían sus compañeros de batalla. Sonrió irónicamente bajo la máscara. No era un iluso para pensar que eran un grupo unido y su vida dependía de ellos. Las cosas no eran así. Si para salvarse a si mismos tenían que dejarlo atrás lo harían, y si el tenía que hacerlo lo haría también. Excepto si era Bellatrix. Para Regulus la familia estaba por encima de todas las reglas.
-El Señor Oscuro nos ha confiado una gran tarea – dijo Bellatrix llamando la atención de todos. Regulus sentía su mirada fija en él, a pesar de que la oscuridad en la que quedaba el rostro de su prima bajo la capucha no le dejaba ver sus ojos – es un ataque sorpresa, que llenará de dolor el mundo mágico, nos haremos sentir esta noche… El poder del Señor Oscuro se hará sentir esta noche…
Regulus no podía dejar de admirar la adoración y fanatismo de su prima.
-No esperamos resistencia de entrada al lugar. Trabajarán bajo mi mando. Si alguno me desobedece sufrirá las consecuencias. Es probable que lleguen agentes del ministerio y de la Orden del Fénix. Saben cuál es la orden del Lord Oscuro: mátenlos. Yo decido si alguno sobrevive como prisionero. En cuanto a los individuos dentro del edificio no hay excusa: todos deben morir.
Murmullos de emoción llenaron el salón. Regulus por su parte enarcó una ceja y miró a su alrededor. No entendía tanta emoción… Una masacre sí sería un buen golpe de efecto para lograr atención, pero tampoco era para hacer fiesta… Menos antes de alcanzar el objetivo.
A una señal de Bellatrix esta desapareció y todos la siguieron para aparecer al lugar donde esta los guiaba. Al aparecerse Regulus miró el edificio que tenía al frente. Se le hacía vagamente familiar, pero el cielo había oscurecido mucho y empezaba a llover con fuerza, lo que no le permitía ver con claridad.
En ese momento, un rayo iluminó el cielo y Regulus reconoció el lugar. Bellatrix dio la orden de ataque y los mortífagos se precipitaron dentro. Regulus corrió hacia ella y la tomó del brazo.
-¡Es la guardería mágica¡Son niños¡¿No vamos a matar niños verdad¡No nos sirve de nada!
La mujer se rió ante el tono de voz de su primo.
-¡Claro que lo haremos¿Qué mayor golpe para la comunidad mágica se te ocurre?
-Pero… - la confusión en la voz de Regulus fue evidente - ¡Son niños magos¡Aquí hay sangre limpias!
-¡Y mestizos! –replicó Bellatrix - ¡Y los hijos de los amantes de los sangre sucia! No seas cobarde Regulus, no me digas que no eres capaz de matar ni siquiera por el triunfo de tus ideales… No te atrevas a dejar mal a los Black…
Bellatrix se alejó de él, entrando a la batalla con una carcajada salvaje. Sin poder moverse, Regulus escuchó los gritos de los niños y los magos y brujas que trabajaban en el lugar tratando de huir. Vio a sus compañeros torturarlos y mandar maldiciones a diestra y siniestra sin permitirles defenderse… Sin quererlo, una frase que hacia un tiempo había oído vino a su mente: "Los mortífagos no son un grupo de creyentes de una doctrina. Son asesinos".
Sintió un estremecimiento al oír los gritos de los niños más cercanos. Avanzó con la varita en la mano, que le temblaba descontroladamente. No era capaz de hacerlo…
-¡Ven aquí Reg! – le gritó Bellatrix, quien a pesar de no ceder en las torturas no había dejado de observarlo – Creo que necesitas ayuda para iniciarte en esto… Recuerda que debes hacer lo que te diga o sufrir las consecuencias…
La miró con aprensión, pero se acercó lentamente. Tenía razón, no podía negarse. Al acercarse vio a su prima apuntar con su varita a una mujer joven quien trataba de proteger a una niña pequeña.
-Sepárate de ella – le indicó Bellatrix a la mujer. Como esta no le hizo caso le mandó un hechizo para alejarla, tirándola a los pies de Regulus, que acababa de acercarse. La mortífaga levantó la mirada hacia su primo – Tortúrala. Tú sólo sígueme con lo que voy a hacerle a la niña. ¡Crucio!
Regulus apartó la mirada, no podía ver a la niña retorcerse de dolor. Levantó su varita y lanzó él también la maldición cruciatus. Esperaba que los gritos de la mujer no le permitieran oír el llanto de la niña.
Tras un rato de tortura que ha Regulus le pareció un siglo, su prima bajó la varita y se acercó a él para mirar a la mujer. Asintió de manera aprobatoria y levantó su varita hacia ella.
-Mírame Reg. Esto es lo que harás ahora, pero con la niña. ¡Avada Kedavra!
La mujer, que tras la tortura había logrado incorporarse un poco para mirar con ojos suplicantes a sus atacantes, cayó inerte, con los ojos abiertos y vacíos en dirección a Regulus, quien tuvo que hacer un gran esfuerzo para levantar la mirada de ellos a los de su prima, los que brillaban jubilosos.
-Ahora hazlo tú – dijo con una nota de placer en la voz – La niña te espera.
Sabía que no tenía opción. No quería hacerlo, pero… Se volvió hacia la niña, quien lo miraba con unos grandes ojos claros, llenos de lágrimas, el cabello desordenado sobre el rostro roto y adolorido. Temblaba descontroladamente con una expresión de terror.
-¡¿Qué le miras tanto! – le gritó Bellatrix impaciente - ¡mátala!
Regulus levantó lentamente la varita, tratando de evitar que su mano temblara y cerrando los ojos para no ver a la niña. Tomó aire y…
-¡NOS ATACAN¡LA ORDEN DEL FÉNIX ESTÁ AQUÍ!
Regulus abrió los ojos y miró hacia atrás sobresaltado, al igual que Bellatrix, para ver a un grupo de recién llegados atacar al equipo de mortífagos.
-¡Termina con esto! – le gritó la mortífaga antes de precipitarse a pelear con la Orden.
El hombre bajó la varita lentamente, mirando a la niña. Se acercó a ella despacio, pero la punta de una varita en su cuello lo detuvo.
-Déjala en paz, maldito mortífago.
Regulus cerró los ojos fuertemente.
-Hola Sirius, tanto tiempo…
¿Qué les pareció? Vale, no me maten, prometo no durar tanto en subir el próximo capítulo, que ya está casi listo, y se llama "Siervo de un mestizo". ¿Les dije que vamos por la mitad de la historia?
¡Espero sus reviews!
Sara Fénix Black
