Este fic esta dedicado a mi hermanita Haoyoh Asakura (quien también funge como mi beta-reader personal).
Capitulo 3.
En la torre "T", Cyborg, Raven y Starfire, escuchaban las teorías de Chico bestia que pretendían explicar la actitud de Robin.
-Bien, solo tengo dos teorías-Decía el verdecito con aires de astuto detective (ataviado a la Sherlock con gorra, pipa y toda la cosa)-Una, alguien cambió a Robin por un robot malvado, dos, ha sido esclavizado por un grupo de zombis lava cerebros.
Los otros chicos lo miraban con cara de "¿Qué carajos te metiste?". Raven rompió el silencio.
-Ambas suenan muy…lógicas, pero si alguien estuviera controlando la mente de Robin yo lo sentiría.
-Y mis instrumentos comprobaron su bioquímica-Añadió Cyborg-Ese era el verdadero Robin…nuestro Robin-Terminó con pena.
-¡Mentira!-Soltó Starfire molesta por los veredictos de sus amigos-¡Mentira!, ¡ese no era Robin!, ¡él no me habría golpeado!, ¡él jamás nos atacaría!
-Sin embargo lo hizo-La cortó Raven, devolviéndola a la realidad-Él se ha convertido en un criminal.
-Pero… ¿Por qué?-Inquirió Bestita con cierto desaliento-Él es nuestro líder…es discípulo de…
-¡Debe haber una razón!-Exclamó Starfire conteniendo el llanto.
Cyborg bajó la mirada; eso coincidía con sus sospechas.
-No importa la razón-Volvió a decir Raven sombría y fríamente-Ahora es un criminal y como tal debemos detenerlo y entregarlo a la justicia-Starfire comenzó a llorar.
-Pero…-Dijo Bestita-…aun no entiendo, necesito comprenderlo-Se apresuró a atajar antes de que Raven lo interrumpiera, pues ya lo veía feo-¿Por qué se puso de lado de Slade?, es decir…siempre estuvo obsesionado con seguirle la pista y atraparlo, ¿Por qué así como así se vuelve su aliado?
-Quien sabe-Repuso Raven con un tono entre sarcástico y triste-Tal vez esa fue su idea original desde el principio-Starfire levantó la llorosa mirada de entre sus manos y la fijó en su amiga con espanto, ahogando un grito de indignación- Podría ser-Soltó ésta en respuesta a la muda pregunta de la tamaraniana-Después de todo Chico bestia tiene algo de razón (¡nunca creí llegar a decir tal cosa!), la obsesión de Robin hacia Slade era exagerada, e incluso llegó a hacerse pasar por delincuente para acercarse más a él, ¿Quién nos garantiza que ese no era su plan desde el comienzo?, ¿Quién nos puede asegurar qué no nos usó para llegar a él y unírsele como ha ocurrido?
-Pero…-Insistió el chico verde-¿Por qué hasta ahora?, ¿Por qué no antes?
-Por que tal vez está era una especie de prueba, ¿o no les parece extraño que mientras nosotros seguíamos una pista falsa, a él curiosamente lo apartaran del grupo?, ¿acaso fue casualidad que en vez de una bomba para desactivar, hubiese en su lugar un arma que por suerte no logró su objetivo?
-No…no puede ser…-Se estremeció Starfire-¿insinúas que Robin intentó matarnos?
-No, solo que nos ofreció como una muestra de lealtad la cual fue aceptada.
La tamaraniana escuchaba todo a la vez que su cerebro trabajaba a mil por hora, tratando de procesar esta terrible lógica…de digerir las suposiciones y la posible traición.
-No…-Susurró la pelirroja débilmente.
-¿Por qué no?-Continuó Raven seria-Después de todo es humano.
-Pero es Robin-Dijo Cyborg como saliendo de un sueño, uno provocado por su ensimismamiento, el cual lo había tenido entre escuchando las disertaciones y sus propios pensamientos-Y es nuestro amigo.
-Anoche no lo parecía.
-Considero que debemos darle el beneficio de la duda…-Se resistió tímidamente el verdecito.
-Igual yo-Sentenció Cyborg.
Raven suspiró; quería compartir la misma esperanza que sus amigos, pero su vida había sido tan dura, había visto la maldad a la cara tantas veces (¡vamos!, ¡hasta nació de ella!), que la verdad le parecía muy difícil que hubiese otra realidad.
Starfire por su parte no sabía como reaccionar; confiaba en sus amigos a ciegas, en especial en Robin, pero también, debía admitirlo, se topó con la traición incluso dentro de su propia progenie; consideraba a Los Titanes como su nueva familia y ahora, aun que no deseaba aceptarlo…aparentemente la historia volvía a repetirse.
La noche pasó.
Los calidos rayos del sol bañaban a Jump City. Débiles y finos, algunos se colaban por las ranuras de la ventana tapiada de la habitación en la cual, un jovencito de 14 años yacía dormido sobre una cama de sábanas blancas, posándose en su rostro y despertándolo con su tibieza.
El niño abrió los ojos. Algo desorientado miró el lugar, volviendo poco a poco a su mente la conciencia de en donde se hallaba; no podía creerlo, ¡se había quedado dormido!
De pronto algo más apremiante lo alarmó, se incorporó sobresaltado y se llevó las manos al rostro para comprobar que su antifaz seguía ahí.
-Despreocúpate-Le interrumpió la voz de Slade-Eso no me importa en lo absoluto. Sé que muchos pensarían que está es la oportunidad de oro para saber la identidad del murciélago y así poder exterminarlo definitivamente, pero mis propósitos no son tan vulgares-El joven levantó la mirada y lo vio frente a la cama, de espaldas a él, terminando de vestirse-Eso, a lo igual que Los Titanes, ahora forman parte de tu pasado, no tienen relevancia alguna con lo que te has convertido, con quien eres hoy-Caminó al lado del chico y se sentó junto a él; éste en un acto involuntario encogió las piernas y se cubrió con la sábana-Fue una noche deliciosa, pero no todo es placer mi bello aprendiz…-Metió una mano dentro de la cama y acarició la entrepierna de Robin con suavidad; el niño se mordió los labios-Debemos entrenar tus habilidades como guerrero a fin de aumentarlas y moldearlas como es debido-Sacó la mano liberando al petirrojo de su contacto, pero lo sujetó por la nuca, acariciándolo casi con ternura, se acercó a él y como, nuevamente no traía la máscara, lo besó profundamente en los labios, dominando la lengua del adolescente con la suya.
Está vez Robin si pudo apreciar el rostro de su nuevo mentor, a pesar de la escasa luz. Era este de tez morena, facciones duras, pero armoniosas y atractivas; sin embargo, no era alguien a quien el chico hubiese visto o conocido antes, salvo el hecho de ser el criminal a quien más persiguió durante su vida como combatiente del crimen, y recientemente el desgraciado que le arruinara la existencia, fuera de eso, no tenía para él mayor relevancia.
-Te traerán el desayuno, después de que comas te espero en el gimnasio-Dijo al separarse de él, dejándolo solo.
Robin salió de la cama para ducharse, en ese momento se abrió la puerta dando paso a Conrad, uno de los pocos sirvientes humanos que Slade permitía en su territorio. Conrad era un hombre de unos 50 a 55 años, mediana estatura y pelo cano, complexión delgada y manos nudosas; vestía siempre un traje sastre color gris, su piel era amarillenta, clara prueba de bilis en la sangre; su nariz, alargada, le daba un aspecto casi ratonil, y sus labios, delgados, elásticos y mezquinos, esbozaban una sonrisa asquerosa y cínica que dejaba al descubierto sus amarillentos dientes; sus ojos, pequeños y agudos recorrían con una mirada lasciva el hermoso cuerpo desnudo de Robin.
Éste se cubrió de inmediato con las sábanas al verse inspeccionado de tan impúdica manera.
-Lo siento muchacho-Se excusó éste en un tono que demostraba lo contrario-Solo vine a traer esto-Depositó en una mesa la charola con el desayuno prometido y se sentó en un sillón cercano.
-No tengo hambre-Respondió Robin con voz gélida y molesta; deseaba estar a solas, la actitud de ese hombre lo estaba fastidiando.
-No es bueno que te quedes en ayunas pequeñito-Replicó Conrad aun mirándolo casi sin parpadear, al tiempo que una muy obvia sonrisa se plasmaba en sus labios-Tanta actividad y poco alimento te hará enfermar…y al señor no le gustaría que su amado petirrojo sufriera daño alguno.
-¡Que estupidez!-Pensó Robin con ira y tristeza mezcladas-Si eso fuera cierto no me…
-Vamos, come aunque sea un poco pequeño…después de todo no queremos enojar al señor, ¿verdad?, y además, sería una lástima que algo malo le pasará a tan bella criatura-El hombre se relamió ligeramente con lujuria.
-¡Déjame solo!-Estalló el muchacho. Conrad se puso de pie, mirándolo divertido y aun sin perder detalle; después se dio media vuelta y abandonó la habitación.
Robin lanzó al piso la charola de un manotazo; no podría comer aunque quisiera, simplemente le parecía imposible pasar un solo bocado.
En el área que había sido convertida en gimnasio se hallaba Slade, haciendo algunos cuantos ejercicios previos y repasando técnicas como calentamiento.
Se sentía increíblemente bien. Todo se estaba desarrollando tal y como él lo planeó. Robin era su aprendiz, seguiría sus pasos, eso era lo que deseaba desde un principio…
¿O no?
Cada que en su mente giraban estos pensamientos, notaba que había ahí algo que no era parte del plan original y que sin embargo, en lugar de echarlo a perder, convirtió las cosas en algo mejor; cada que rebuscaba qué era ese algo, siempre caía en la misma respuesta.
El niño era un ser de exquisita belleza que parecía haber sido creado para colmar de placer al que tuviese la fortuna de poseerlo. Al verlo ahí la primera vez, aquella noche en la que por fin logró tenerlo consigo; fuerte y orgulloso, pero al mismo tiempo frágil e inocente, hizo bullir dentro de él una cantidad de emociones que nunca creyó que tenía. Ahora que lo pensaba bien, el doblegarlo por medio del sexo fue una simple excusa, si lo tomó fue por que en realidad lo deseaba.
Ese era el detalle no previsto que ahora comprendía, ese algo que no figuraba en su plan original…
No. ¿A quien engañaba?, sí estaba en su plan, solo que hasta ahora se daba cuenta.
No solo se había fijado en Robin por su habilidad, agilidad e inteligencia; ni por que fuesen tan parecidos (en lo que a forma de ser se refería) que pareciera una versión más joven de si mismo; y tampoco quería tenerlo a su lado nada mas para hacerlo su aprendiz; había un motivo más.
Sí, ahora lo sabía. Se había prendado de él desde que le viera aparecer junto a Batman. Esa pequeña y delicada figura, su expresión astuta y sagaz, la fluidez de sus movimientos…
Hizo surgir en él un sentimiento…algo que, como ya se dijo, le era nuevo…quizá era amor…podía ser, no debía descartar la posibilidad.
Robin llegó al gimnasio. Slade lo miró fijamente, ¡que estremecimiento le provocaba al verle ahí, firme, resuelto, tan lleno de voluntad!, una marea salvaje que solo él podía dominar.
El chico se acercó quedando frente a él, sin decir una palabra, esperaba sus instrucciones.
Slade sonrió complacido.
El entrenamiento comenzó, un combate cuerpo a cuerpo en el cual, el hombre atacaba al niño con toda su fuerza y destreza, aplicando todos sus conocimientos, de modo que el chico se defendiera haciendo uso de los suyos. A la vez, Slade aprovechaba para darle indicaciones, corregirle errores y enseñarle nuevas técnicas.
Le deleitaba verlo luchar; su delgado, pero fuerte cuerpo moviéndose con la gracia y armonía del guerrero experimentado (pese a su corta edad), pero con la furia de un animal herido que desea destruir a su agresor.
Esto solo le hacia gracia.
Robin dio un giro para asestarle una patada, pero Slade la evadió con facilidad; el impulso y la debilidad por el esfuerzo y falta de alimento le hizo trastabillar, habría caído al suelo si Slade no lo hubiese atrapado por la espalda.
-Debes ser mas cuidadoso al hacer este movimiento, si no posicionas mejor tu pie, siempre trastabillaràs como ahora.
Robin se liberó de sus brazos enfadado, ¡no toleraba que se comportara de esa manera!, como si él estuviera ahí por entera voluntad.
-¡No necesito tus consejos!-Musitó enojado.
-Eres mi aprendiz Robin-Replicó Slade con su tono habitual-Te dije que te prepararía para un brillante futuro y eso es lo que hago. Es mejor que hagas caso de lo que te digo si quieres convertirte en un ser invencible.
El chico apretaba los puños, resistiendo los deseos de romperle la cara.
-He terminado de planear tu nuevo golpe-Continuó el otro sin darse por aludido de las intenciones casi homicidas del muchacho; tomó una de las toallas que se hallaban sobre uno de los aparatos de ejercicios y lanzó otra a Robin, éste la atrapó casi al vuelo-Los laboratorios "Corsso" acaban de terminar sus estudios sobre el "Bankron", una nueva aleación recién descubierta al norte de Nueva Guinea y que dio señales de irradiar una gran cantidad de energía atómica. Con una sola muestra, más los archivos, podríamos usarla para crear un arma de grandes proporciones, ¿no te parece?
No respondió, no podía decir lo que en realidad pensaba.
-Irás esta noche al edificio de "Corsso" y traerás la muestra y los datos; te daré todas las instrucciones y planos precisos cuando terminemos la sesión, deberás aprenderlos de memoria.
-Los Titanes estarán ahí…-Susurró Robin, más pensando en voz alta que hablando con Slade.
-Es lo más probable-Repuso el otro-Pero si eso sucede, entonces tendrás otra misión más.
El niño levantó la mirada hacia él, expectante; más no del todo preocupado pues no iría a pedirle que los matara, ¡sería absurdo, siendo que con eso lo dominaba!
-Cuando Los Titanes aparezcan deberás dejarles muy claro que ahora me perteneces a mí- El chico abrió los ojos y la boca con sorpresa-Tendrás que demostrarles que eres mi aprendiz, convencerlos de que te has unido a mi por propia voluntad, que el Robin que conocieron no es más que un recuerdo.
-Pero…-Logró decir el petirrojo casi con voz ahogada-¿Para qué?, ¡¿no te basta que cumpla tus órdenes?!
-No mi joven amante. Los Titanes pueden estar pensando que eres mi prisionero, que si actúas así es por alguna amenaza…
-¿Y qué no es así?-Soltó Robin con sarcasmo.
Slade lo tomó fuertemente del rostro y con el otro brazo lo pegó contra su cuerpo. El comentario del muchacho le había disgustado, pero aun así prosiguió.
-¡Mientras ellos crean eso buscarán la forma de liberarte y no estoy dispuesto a dejarte ir, no ahora que estás conmigo!
Robin se mordió los labios, ya no pensaba dar muestras de debilidad y mucho menos frente a él.
-Le demostrarás a Los Titanes que me perteneces en cuerpo y alma, ¿está claro?, a menos que los quieras ver morir, harás lo que te digo.
El joven le sostuvo la mirada con toda la firmeza de la que fue capaz.
-Señor-Resonó la voz de Conrad desde la puerta. Slade aun con Robin en sus brazos, miró a su sirviente-El equipo alfa está aquí y esperan sus ordenes.
-Iré en un momento-Conrad se retiró, no sin antes lanzar otra mirada lasciva al adolescente, cosa que no pasó desapercibida a los ojos de Slade.
El hombre soltó al niño y salió del gimnasio con rumbo al salón principal.
Sí, Slade quizá había sentido nacer en él el amor, pero era un amor egoísta al extremo, de esos capaces de destruir al objeto de éste y a quienes le rodean.
Espero que les haya gustado.
Creo que este sí me quedó algo largo.
¡TEEN TITANS FOREVER!
