Capitulo 9
Dick no se sorprendió en lo absoluto.
Desde esa
noche en que el maldito de Slade lo tomara por primera vez, le había
quedado claro una sola cosa; cuando vio su uniforme desgarrado y
manchado, supo que no habría vuelta atrás. Batman no
podía tener como compañero a alguien tan débil;
un ser sucio y bajo como él no podía llamarse su
discípulo.
Era obvio que Bruce no lo dejaría volver
a ser Robin.
Bajó la mirada reteniendo las lágrimas
de modo eficaz para que Bruce no las viera, a pesar del brillo en sus
ojos que le podía delatar; con voz amarga, pero serena, solo
atinó a responder.
-Está bien.
Bruce suspiró.
Sabía que hacía lo mas correcto para él, ¡pero
era tan raro que no discutiera!, comúnmente, pese a que el
chico era un alumno disciplinado y respetuoso, llegaba de vez en
cuando a llevarle la contra (en especial tratándose de asuntos
relacionados a sus batallas), el que el muchacho se empeñara
en trasladarse a Jump City había sido una de ellas, pues según
él, ahí hacía falta la ayuda que gente como
ellos podía proporcionar; pero ahora, que aceptara tan
pasivamente una decisión, tomada solo por él (algo que
cada que ocurría el niño siempre calificaba como "acto
arbitrario de su parte"), sin discutirla, solo significaba dos
cosas.
Que había sufrido tanto que deseaba nunca haberse
convertido en Robin.
Y que la tortura de Slade terminó por
transformarlo en un autómata.
Nuevamente sintió que
la sangre le hervía con indescriptible furia.
Alfred llegó
con el desayuno; se notaba que el buen hombre se esmeró
muchísimo en componer la charola para Dick, pues ésta
se hallaba abarrotada con todo lo que al niño le gustaba
comer. El chico la miró sin poder evitar una sensación
de náusea; si otras hubiesen sido las circunstancias, seguro
lo habría devorado todo felizmente.
-Gracias Alfred-Dijo
Bruce. Tomó el control remoto del colchón eléctrico
de la cama (pues era de esos que adoptan variadas posturas) e hizo
que el área de la espalda se levantara un poco para que Dick
quedara levemente incorporado.
Alfred le colocó la charola
sobre sus piernas, Bruce acercó una silla y tomando los
cubiertos se dispuso a alimentarlo.
Dick se sentía
inapetente, no deseaba probar bocado, pero ambos hombres le rogaron
tanto que no quiso desairarlos; aceptó tomar un poco de lo que
le ofrecían.
Después de un rato, Bruce no quiso
forzarlo más, podía ver que para él, este simple
hecho le requería de un gran esfuerzo, luego del último
bocado lo dejó que durmiera.
El joven se encontraba aun muy
débil, así que el sueño no tardó en
vencerlo. Bruce lo arropó con delicadeza y después,
tanto él como Alfred abandonaron la habitación.
Ya
afuera Bruce se dirigió a la planta baja, el mayordomo le
siguió intrigado.
-¿Ocurre algo señor?
-Tengo
un asunto pendiente por resolver.
-¿La liga?-Inquirió
dubitativo.
-Slade.
-Pero…el lugar explotó, no creerá
que sobrevivió a eso, ¿o sí?
-Debo
cerciorarme.
-Y si estuviera vivo… ¿Qué piensa
hacer?-Bruce no respondió-Piensa cazarlo… ¿no es así?
No lo culpó, yo haría lo mismo…realmente me
gustaría-Dijo Alfred en un tono lleno de odio que era poco
habitual en él y que Bruce entendía perfectamente-Pero
si me permite decirlo-Agregó ahora resignado-El señorito
Dick no se encuentra bien, lo necesita ahora más que nunca; no
sería bueno que, aquel en quien debe encontrar su más
firme apoyo se hallara ausente buscando venganza.
-Lo sé-Repuso
gélidamente. Alfred, con sorpresa lo miró-Ya ocurrió
una vez…cuando sus padres murieron y él llegó aquí;
me dediqué a perseguir a Zucco por todo el bajo mundo de
Ciudad Gótica mientras él lidiaba solo con su dolor;
por suerte me hiciste ver mi error a tiempo Alfred, lo aprendí
bien. No pienso repetirlo ahora, estaré con él, a su
lado, lo ayudaré a salir de esto a como de lugar, pero por el
momento debo saber si ese monstruo está vivo…asegurarme de
que no le amenace más.
Alfred asintió. Bruce se fue
a la baticueva.
La vieja torre del reloj en Jump City yacía
abandonada, ahora era solo un montón de escombros y metales
retorcidos.
Batman recorría el lugar palmo a palmo, sin
dejar un solo sitio sin revisar.
No había rastros de Slade;
era obvio que no había muerto. Escudriñó cada
espacio sin poder evitar que la ira, la impotencia y el sentimiento
de culpa le invadieran.
Estas sórdidas estancias, este
agujero, frío y sombrío, había sido el escenario
del sufrimiento de Dick, ¿Cuántas vejaciones habría
padecido?, ¿Cuántas horas de angustia y dolor tuvo que
pasar sin que él pudiese evitarlo? Recordó el llanto y
desesperación del niño cuando Slade relataba con total
descaro su crimen; cerró los puños con fuerza, odiando
aun más al maldito animal.
Y también a si
mismo.
Llegó al laboratorio. Estaba prácticamente
intacto. Lo registró meticulosamente y encontró la
muestra de la aleación Bankron y el catalizador clave, los
cuales puso a resguardo; Slade, al parecer, había huido tan
rápido que no atinó a llevarse nada.
Destruyó
las armas de plasma y sus respectivas cargas de sondas nano
tecnológicas, llevándose una muestra (por si acaso),
después de arrasar con todo salió y volvió al
hangar.
-¿Por cuánto tiempo más vas a
seguirme?-Soltó el hombre, de pie en el centro del recinto;
Cyborg salió de su escondite.
-Eh…no crea que…no
intentaba molestarlo, pero es que yo…lo siento.
-¿Qué
quieres?
-Saber de…de Robin.
-Él está bien.-Fue
su lacónica respuesta y siguió su
camino.
-¡Espere!-Exclamó el chico desesperado,
Batman se detuvo-Todos queremos verlo…deseamos hablar con él.
Slade, ¡ese maldito!, nos infectó con unas sondas nano
tecnológicas que podían hacernos estallar a
distancia…así manipulaba a Robin. Nos deshicimos de
ellas-Continuó el chico-Ahora no podrá usarlas en
nuestra contra.
-A buena hora-Pensó el caballero nocturno
con enfado, apretando los puños bajo su capa-¿Cómo
sabias que estaría aquí?-Preguntó.
-Eh…pensé
que vendría…no sabía cuando, así que he venido
diario a esperarlo desde ese día.
Batman reemprendió
la marcha.
-¿Cuándo volverá Robin a la
torre?-Gritó Cyborg intimidado y avergonzado por su
osadía.
-Nunca-Repuso el hombre alejándose del chico
que quedó anonadado.
Poco a poco Dick fue recuperándose
físicamente; como había dicho Leslie, podía
volver a levantarse sin extralimitarse; el chico agradeció
esto, pues no toleraba continuar con su convalecencia en cama, le
hacía sentirse como en esa ocasión, en que Slade
desahogó en él la furia de sus celos, y eso lo alteraba
demasiado.
Alfred le había preparado el baño, y
aunque obviamente éste distaba mucho de parecerse al de la
guarida de su captor, el joven se veía victima de una fuerte
aprensión; para su verdugo se convirtió en costumbre
observarlo y tomarlo bajo la regadera; Dick se encontraba intranquilo
al verse desnudo y vulnerable; sentía que de entre el vapor
emergería su violador; que el ruido del agua corriendo por la
coladera llevaba consigo los jadeos y gruñidos sofocados por
la excitación que escuchara provenir de él en esas
ocasiones; si cerraba los ojos para lavarse el cabello o el rostro,
la imagen de la bestia se hacía más nítida en su
mente, por lo cual los abría de inmediato y, a pesar de ver y
reconocer que ya no estaba en la guarida de su torturador, miraba
hacia todos los rincones para cerciorarse de que en verdad no se
ocultaba por ahí, observándole como siempre. Esto se
repetía cada que se duchaba, lo que le ponía más
y más nervioso, llegando a tal grado que incluso en una
ocasión se vistió a toda prisa sin secarse siquiera y
salió corriendo para refugiarse en un rincón de su
cuarto, donde pasó un buen rato con el cabello escurriendo y
la playera mojada pegada a su cuerpo, temblando de frío y
miedo.
La comida era otro problema, pues simplemente le costaba
pasar bocado alguno. Bruce siempre le insistía y solo por
obedecer, el muchacho le complacía, pero nunca pasaba de 3 o 4
mordiscos pequeños de la muy generosa porción que
Alfred le servía. Tanto él como Bruce miraban con dolor
como su semblante se hacía más pálido y delgado
por la falta de alimento.
Dormir era también algo
imposible, pues mientras se hallaba inconsciente se vio acosado por
un sin fin de pesadillas de las cuales no podía escapar, ahora
que estaba despierto no quería cerrar los ojos por temor a
ellas, ni quería quedarse en la cama; Alfred y Bruce se
aseguraban todas las noches de dejarlo en ella, arropado, cómodo
y calientito, pero al verse solo, Dick se refugiaba en su rincón
luchando por no dormirse; es cierto que el cansancio terminaba por
hacerlo dormitar, pero no duraba mucho, casi de inmediato despertaba
con sobresalto, mas por miedo a sufrir las pesadillas que a una en
si.
Era desesperante, el pobre chico se sentía abatido,
impotente; la rabia le inundaba en momentos para luego hundirlo en la
más profunda depresión y apatía; tenía
los ojos hinchados por la falta de sueño y el exceso de
llanto, y sus nervios parecían no querer tranquilizarse
nunca.
Deseaba morir ahora más que antes.
Bruce
procuraba estar con él. En todo este tiempo no había
salido de la mansión más que para hacer su inspección
en Jump City. Siempre le acompañaba (salvo, obvio, en la ducha
o por las noches) y trataba de animarlo y distraerlo. Se desvivía
por él y se notaba, pues estaba totalmente al pendiente de lo
que el niño pudiese precisar, desgraciadamente, la tristeza de
Dick era tal que no podía ver que frente a él tenía
al hombro más dispuesto y amoroso del mundo para poder
llorar.
Pasaban los días, y ocurrió una tarde,
cuando ya casi comenzaba a anochecer, que Lucius Fox, el ejecutivo de
confianza de Bruce, llegó a la mansión para hablar con
él tanto del incidente de Jump City como de otros negocios
pendientes.
Bruce había hecho hasta lo indecible por evitar
la visita, pero ya que no lo consiguió tuvo que atenderlo, con
la esperanza de poder despacharlo lo más rápido
posible.
Dick estaba en el estudio junto a él cuando tuvo
que retirarse. Hojeaba con la mirada perdida un viejo libro de
filatelia donde Alfred, quien también buscaba cualquier tópico
(por más aburrido que este fuera) para distraerle, había
querido mostrarle una muy rara estampilla que, según él,
era digna de admirarse.
Se encontraba solo, pues el mayordomo
debía atender a la visita. Repasando con desinterés por
quinta vez las hojas del libro, cuando de pronto percibió
algo.
Era un aroma, tenue, pero ahí estaba; era como
sándalo en combinación con maderas; el corazón
de Dick dio un vuelco y su estomago se retorció…ese aroma lo
conocía bien.
Sí…sándalo y maderas,
mezclado con su sudor, ese era el aroma que le ahogaba cuando Slade
estaba cerca de él…sobre él.
Temblando se puso de
pie…no era posible que estuviese ahí. Salió del
estudio, el aroma se hacía más fuerte; los recuerdos se
recrearon en su mente, sus sentidos reavivaron la experiencia. Podía
sentir sus manos sobre su piel, su peso sobre su cuerpo…aterrorizado
salió huyendo.
Pero era en vano, no importaba cuanto
corriera, no podía escapar de él, de esa horrible
sensación de escalofríos recorriendo su ser, de la voz
de Slade en sus oídos, jadeando, gritando, exigiendo de él
promesas de amor, ordenándole que le dijera cuanto disfrutaba
que lo tomara.
El lugar estaba impregnado, sentía que ese
aroma le ahogaba otra vez, los interiores de la casa se perdieron en
un torbellino para convertirse de nuevo en la oscura y metálica
guarida de Slade…tenía que escapar, salir a campo
abierto.
Como un bólido salió al jardín
trasero.
Estaba oscuro, pero no le importó; pasó por
el invernadero, pero no entró en él, siguió su
carrera internándose en el fondo del vasto terreno.
Cuando
Lucius terminó su visita y se hubo marchado, Bruce volvió
al estudio; al no ver a Dick ahí se preocupó.
Llamó
a Alfred y entre los dos le buscaron alarmados; no estaba dentro de
la casa. El mayordomo angustiado estuvo a punto de llamar a la
policía, pero Bruce, controlándose cuanto pudo le
calmó, y, gracias a sus ya muy agudizados sentidos dio
fácilmente con la pista del muchacho.
Estaba aun más
oscuro, pues comenzaba a amenazar una tormenta y la energía
eléctrica se había ido; algunos rayos brillaron en el
cielo.
Dick temblaba, acurrucado en el rincón que formaba
una de las esquinas de la barda, esperando perderse para siempre en
la penumbra.
Escuchó unos pasos y todo su cuerpo se tensó;
el aroma de sándalo y maderas volvió a su memoria y
aunque ahora era mas leve, no por eso dejaba de ser amenazante; en su
nerviosismo pensaba que Slade estaba cerca y que venía por
él.
Un relámpago cruzó el cielo iluminando
por breves instantes el lugar y dejando ver que una robusta silueta
se aproximaba a él; en el colmo del terror, el chico trató
de retroceder topando con la pared mientras sollozaba de forma
desesperada y desgarradora.
Cuando el dueño de la silueta
llegó ante él, lanzó un grito. La electricidad
aun no volvía, así que el halo de una lámpara de
mano iluminó la escena.
-¡Dick!, ¡Dick!,
¡cálmate, soy yo!
El niño lo miró
mejor, Bruce intentaba tranquilizarlo.
El chico terminó por
reconocerlo. Aun al borde de la histeria, tras darse cuenta de su
error, se convulsionó emitiendo una extraña carcajada
junto con los imparables sollozos.
-¡Dick, por dios
Dick…!
Dick no reaccionó, el extraño ataque
culminó con el desvanecimiento del niño, Bruce se
adelantó a tiempo para atraparlo.
Devastado por el estado
tan extremo en que se encontraba su amado pequeño, lo levantó
en brazos y lo llevó dentro de la mansión.
Casi
media hora después Dick abrió los ojos; se encontraba
en su habitación, la energía había vuelto por lo
que se hallaba totalmente iluminada, Bruce y Alfred se encontraban a
su lado.
-B…Bruce…
-Shhh-Soltó éste con
ternura-No hables, necesitas descansar.
Los ojos del chico
volvieron a llenarse de lágrimas.
-L…lo siento…no sé
que me pasó…ese… ¡ese aroma a
sándalo!
-¿Sándalo?-Preguntó
Alfred.
-La loción de Lucius-Aclaró Bruce.
-Me
recordó…casi pude oírlo… ¡me estoy volviendo
loco!, ¡¡¡quisiera morirme!!!
-¡Señorito
Dick!
-Por favor no digas eso…
-¡¡¡Sí,
quisiera morirme!!!-Gritaba el muchacho totalmente exasperado-¡¡¡No
volver a saber nada!!! ¡¡¡No sentir más!!!
¡¡¡Aquí ya no soy útil…no le sirvo
a nadie…nadie me extrañaría…todos me
odian…!!!
-¡¿Pero quien te dijo eso?!-Exclamó
Bruce indignado y angustiado.
-¡Solo lo sé!, mis
amigos ya me creían capaz de una traición antes de todo
esto…eso me lo dejaron muy claro la otra vez…y tampoco soy digno
de ser tu discípulo…
-Dick, eso no es cierto.
-¡¡Lo
es!! ¡¡Lo supe esa noche…ya no sería digno de
volver a usar ese traje…él me marcó…me marcó
para siempre!!!
Bruce cayó en la cuenta. Secándole
las lágrimas dijo.
-Escúchame bien, no quiero que
pienses que si decidí que no volvieras a ser Robin fue por
eso. Si tomé esta decisión fue por tu propio bien. No
tenía derecho a ponerte en peligro, el que yo sea tu tutor no
me autoriza a arriesgarte como lo he hecho; cuando te uniste a mí
no pensé bien a lo que te exponía, la única
amenaza que vi era la que un arma podía representar, pero no
vi más allá, además, tampoco les di la
importancia que debía por que juré que siempre estaría
ahí para ti…que siempre te protegería…-La voz del
hombre se quebró; era evidente el sufrimiento por el que
también estaba pasando-Cometí un grave error…te dejé
solo, no cumplí mi promesa…dejé que dañaran al
ser más importante de mi vida…Dick…perdóname por
favor… yo soy el único culpable.
Bruce temblaba de
impotencia y dolor; Dick le miró conmocionado a lo igual que
Alfred, para ellos no era habitual que el tan reservado Sr. Wayne
expresara sus sentimientos de esta manera.
-Sé que no fue
correcto-Continuó el hombre reasumiendo su aplomo pese a
todo-Pero siempre me he sentido orgulloso de ti; ¡has hecho
tanto bien a los demás…a mí! No hay nadie más
digno que tú para usar ese traje.
Los ojos de Dick estaban
brillantes, ya no solo por las lágrimas, sino también
por una paz y felicidad que hace mucho no sentía. En un
arrebato se abalanzó sobre Bruce, ocultando el rostro en su
pecho, su pequeño cuerpo se perdió entre los férreos
brazos del hombre.
-¡Bruce!-Sollozó el chico
feliz.
-No vuelvas a decir que nadie te extrañaría
si murieras…que a nadie harías falta… a mí me
faltarías, no podría vivir si tu no estuvieras,
preferiría perder mi propia vida antes que perderte a ti.
Las
palabras, la dulzura que ese hombre (por lo general gélido y
seco) irradiaba en ese momento, su amor, eran para el alma de Dick el
bálsamo que tanto necesitaba para curar sus heridas.
Ambos
permanecieron así varios minutos, fundidos el uno al otro en
un abrazo que deseaban fuera eterno, anhelando no separarse
jamás.
OK, creo que ahora me hizo daño leer
"nacida inocente"
No…la verdad, creo que al que le hacen
daño mis lecturas es a Robin, ¡él siempre sale
afectado!
¡Espero sus comentarios!
¡¡TEEN
TITANS FOREVER!!
