Capitulo 10

Jump City, torre "T", hace 3 semanas.

Cuando Los titanes vieron llegar a Cyborg se precipitaron hacia él, pues sabían muy bien que cada día salía a dónde fuera la guarida de Slade a esperar entrevistarse con Batman.

Esperaban que esa vez hubiese tenido suerte.

-¿Y bien?-Cuestionó Chico bestia ansioso.

-¿Lo viste?-Apoyó Starfire.

Cyborg lanzó un suspiro, después respondió.

-Sí.

-¡¿Y qué pasó?! ¡¿Cómo está Robin?! ¡¿Cuándo volverá?!

Cyborg tragó saliva, no sabía como decirlo, ni tampoco como reaccionarían; los 3 lo miraban expectantes y esto lo hacía sentir presionado; no tuvo más remedio que hablar.

-Él está bien-Y a esto suspiraron aliviados-Pero no volverá nunca.

-¡¿Qué?!

-¡¿Pero por qué?!

Cyborg no contestó, no sabía como.

-Es obvio el por qué- Replicó Raven desde un rincón, los otros se giraron a verla-No confiamos en él…caímos enseguida en su engaño, además de su buena actuación, creímos que nos había traicionado por que así lo quisimos…estábamos predispuestos a creer en su traición.

-Bueno…es que…cuando pasó lo de "Red X"…

-Aun así no era razón suficiente –Siguió la chica triste y apesadumbrada-Desconfiamos de él, en vez de creer en el Robin que conocemos…como Cyborg hizo-Luego agregó más hablando para ella que para los demás-Se lo grité a la cara… ¡le dije cosas terribles!, ¿y todavía se preguntan por que no quiere volver con nosotros?, ¿Quién podría desear volver a un lugar donde no confían en ti?

Cyborg, Chico bestia y Starfire bajaron la mirada; Raven tenía razón.

-¡Pero lo necesitamos!-Insistió Bestita levantando el rostro de repente-Y no solo por el equipo (aunque es cierto que en las 2 últimas misiones que tuvimos, a pesar de que ganamos nos patearon el trasero…)

-Chico bestia tiene razón-Secundó Star-Robin es nuestro amigo… ¡sé que nos portamos como globarcks zlorkianos de alas viscosas con él, pero…somos amigos…y los amigos siempre resuelven sus diferencias!

Todos guardaron silencio ante este razonamiento, luego Cyborg dijo resuelto.

-Cierto. No conseguiremos nada si solo estamos lamentándonos, debemos hablar con él.

-¿Pero como?-Inquirió Raven- ¿Acaso ustedes saben donde está?

-¿En la baticueva…?-Repuso Bestita dubitativo.

-¿Podrías ser más específico?-Siguió Raven, mirándolo feo.

-Es verdad…-Dijo ahora Star-No tenemos modo de contactarlo.

Nuevamente callaron, ahora sí habían topado con un verdadero problema.

Aquella noche de tormenta, por curioso que parezca, Dick durmió tranquila y plácidamente.

No solo había logrado desahogar su alma, sino que su corazón fue plenamente comprendido y acogido por el de Bruce; gracias a las sinceras palabras de éste, el chico consiguió algo muy importante.

Reconciliarse consigo mismo.

Además de que por fin lograba darse cuenta de que no se encontraba solo; que Alfred, pero especialmente Bruce, estaban ahí para él; que les importaba demasiado y que lo amaban tanto como para luchar a su lado y lograr su recuperación.

Y no los dejaría solos en la batalla.

Aun le costaba comer, pero hacía más esfuerzos por terminar lo que Alfred le servía, lo cual se facilitaba por que el hombre se dedicaba solo a preparar sus platos favoritos; Bruce se vio privado por un buen tiempo de lo que a él le gustaba, pues el mayordomo, que antes se turnaba para complacerlos a ambos, parecía haberlo olvidado y solo cocinaba para Dick.

Pero Bruce no se quejó, sobre todo el día en que el muchacho terminó con su ración completa.

Todavía le era molesto ducharse, pero con el tiempo se fue acostumbrando, mentalizándose siempre de que por fin era libre, que estaba en casa, y que Slade por ahora, se hallaba desaparecido.

Con respecto al sueño también había progresos, y eso se debía a Bruce, pues en una ocasión a eso de las 3:00 a.m., se dio una vuelta a la habitación del chico para ver que estuviese bien, pero al entrar encontró la cama vacía, esto lo alarmó al principio, pero de inmediato descubrió al pequeño dormitando en su acostumbrado rincón; el hombre se acercó a él y se dispuso a tomarlo en brazos para devolverlo al lecho, más el niño despertó de golpe, y apenado, tras excusarse, volvió ahí por su propio pie; Bruce se quedó junto a él hasta que se durmió e hizo lo mismo todas las noches posteriores hasta que Dick perdiera el miedo.

También accedió a la oferta de su tutor y le permitió compartir su caso con J'onn a fin de pedirle ayuda, el marciano, amable como siempre, brindó su apoyo y comenzó a asistir a la mansión Wayne todas las tardes bajo una forma humana ordinaria, asistiendo con sus poderes y sus conocimientos la psique atormentada del pequeño niño.

Estaba Dick en el estudio una tarde, después de su sesión con J'onn. Miraba por el gran ventanal que daba hacia el mar (pues la mansión se hallaba ubicada en un alto risco sobre él); tenía una taza de té en las manos, pues Alfred insistió en que la bebiera.

Bruce, después de despedirse del marciano, se dirigió al estudio, al llegar a la puerta miró al muchacho. Estaba ahí, de pie, dándole la espalda, con la vista perdida en el mar; se veía tan inocente y frágil, ataviado con solo unos jeans deslavados y un suéter azul cielo que le quedaba algo grande pues aun no recuperaba todo su peso.

Su pequeño. Era tan valiente, estaba enfrentando todo esto con una entereza increíble, no había sido sencillo, pero comenzaba a dominar a esos demonios que le atormentaban, con una fuerza y disposición propias de un verdadero titán.

¡Y se atrevía a creer que no era digno de nada!

Estaba orgulloso de él y no se cansaba de hacérselo saber, pero a la par de este orgullo resurgieron los sentimientos que creyó haber enterrado para siempre.

Cuando había adoptado a Dick quiso convertirse en un padre para él; el niño sufrió una experiencia traumática muy similar a la suya y eso de entrada les dio algo de afinidad, a pesar de que los primeros días de la estancia del muchachito, Bruce pasó mucho tiempo fuera persiguiendo al mafioso que le causara este daño, al correr de los meses los dos se profesaron un cariño mutuo y una amplia confianza.

Luego se convirtió en su compañero, enfrentando el crimen en el bajo mundo de Ciudad Gótica. Habían sido meses de arduo entrenamiento con resultados asombrosos, Dick se desenvolvía hábilmente bajo el manto del petirrojo, volviéndose para Batman un apoyo invaluable.

Pero después algo cambió. Bruce comenzó a sentir que afloraban en él sentimientos muy especiales hacia Dick, ya no solo era su joven entenado, su hijo adoptivo y leal compañero, sino que también se convirtió en su todo, la alegría del niño era la suya y si él sonreía para Bruce significaba la felicidad. La dulzura, vivacidad y ternura del joven llenaban su alma y su vida haciéndole sentir como ya tenía años que no lo hacía.

Vivo.

Le encantaba mirarlo todos los días, con ese rostro de rasgos finos y hermosos, de expresión pícara y vivaracha; su trato amable, gentil, a veces hasta ingenuo, el cual transformaba totalmente al colocarse la máscara.

En verdad su vida mejoró mucho desde que Dick llegó a ella; si la muerte de Thomas y Martha Wayne le sumergieron en las tinieblas, aquella pequeña y hermosa lucecita llamada Richard Grayson, había venido a alumbrarla de manera inesperada. Dick deshizo una parte de ese hielo que parecía haber cubierto su corazón, haciendo un huequito el cual usó para colocarse e instalarse de manera indefinida e imprevista.

Claro que, como conocido elemento de la alta sociedad y ostentando el título de "play boy multimillonario", debía guardar las apariencias si deseaba que Batman continuara siendo un secreto; esto significaba salir con cientos de chicas, algunas con las que incluso, se presumía entre la gente, tenía "planes muy serios", Bruce se envolvía en estas cosas (incluso algunas veces convenciéndose a sí mismo de que realmente lo disfrutaba) de modo regular, después de todo ¿Quién le garantizaba que no pudiese ser?, quizá hasta podía sentar cabeza.

Pero después de dejar a su cita en turno en su casa y volver a la mansión, bastaba con subir al segundo piso y echar una mirada en la habitación de Dick (a fin de ver que ya estuviese dormido) para que todas esas ideas se derrumbaran y la realidad se le presentara, sin tapujos, tal cual era.

Debía aceptarlo, nunca llevaría una vida en común con ninguna de esas mujeres…

Su corazón pertenecía pro completo a un hermoso y delicado ángel de 14 años.

¡Era terrible!, al principio se sintió el ser más vil del planeta; creía estarse volviendo como esos desgraciados a los que combatía a diario; pedófilos infames y crueles que encontraban placer en los cuerpos infantiles de cuanta víctima caía en sus garras.

Más pronto se desengañó y se relajó, pues sabía perfectamente que esto que sentía no era con todo adolescente que se topara en su camino.

Solo se sentía así por Dick.

Esto no vino a tranquilizarlo para nada, al contrario, fue peor; Dick confiaba en él, era su familia, su apoyo, su compañero y a falta del verdadero, era también para él, su padre.

Y Bruce lo amaba…pero no como a un hijo, sino como solo puede amar un hombre de su temple a quien se ha adueñado de su corazón.

Las cosas no iban bien. Estar junto al niño era un martirio; no podía mirarlo sin quedar fascinado, ni podía escucharlo sin sonreír como un tonto, solo bastaba un pequeño y fugaz roce entre ambos para que se dispararan en él toda clase de emociones y deseos, haciéndole sentir aun más culpable.

Por eso, cuando el muchacho expresó su idea de mudarse a Jump City, a fin de ayudar a la gente (pues ahí no existía un vigilante como ellos y realmente lo necesitaban) decidió dejarlo ir, y no solo por que el chico se había empeñado en esto (pues lógicamente, al principio Bruce se negó y éste tuvo que insistir) sino por que, a la larga, pensó que quizá la distancia le ayudaría a reflexionar y si era posible, a sacarse al dulce petirrojo del alma.

Grave error.

Ahora, su niño estaba herido, lastimado; lo había dejado a merced de un maldito desgraciado y todo por temor a enfrentar la verdad.

Su amor por él.

Y ahora, por ese amor lo ayudaría a salir adelante, pero también, por ese amor, por Dick, no le diría jamás lo que sentía.

A estas alturas era lo que el muchacho menos necesitaba.

Se acercó a él. Los rayos del sol en el ocaso bañaban su figura tiñéndola de un cálido naranja; su rostro reflejaba una paz y calma que hace mucho no le veía.

-¿Qué tal la sesión?

Dick se giró y le sonrió.

-Estuvo bien…me siento de maravilla.

-Me alegro-Repuso el hombre esbozando también una sonrisa, mirando al niño con ternura.

Dick se sonrojó un poco.

-¿Te sientes bien?-Inquirió el otro con un dejo de preocupación en la voz-Estás un poco rojo.

-Eh…es el sol…no te preocupes.

Bruce posó su mano sobre la frente de Dick para comprobar su temperatura, pues temía que la fiebre volviese a hacerle presa, el chico se sonrojó aun más como respuesta.

-Es extraño, estás fresco, pero sigues algo rojo, ¿en verdad te sientes bien?

-Sí…en verdad…no pasa nada.

-De acuerdo, te creo; pero no puedes culparme, después de los sustos que nos has dado…

-Lo sé, lo siento-Replicó algo apenado, Bruce volvió a sonreírle y paseó el dorso de su mano por la mejilla del jovencito.

-No tienes por que disculparte-Respondió tomándole ahora la mejilla.

Dick lo miraba, el calor de la mano de Bruce le hacía sentir muy bien, posó la suya, pequeña y delgada sobre la del hombre, grande y fuerte.

Se quedaron así unos segundos aunque para los dos fue más tiempo. Bruce reaccionó y con suavizad la retiró, riñéndose a sí mismo pro abrirse tanto, por ese momento de debilidad.

El chico por su parte bajo la mirada para luego devolverla al horizonte a través de la ventana, solo que ahora, a diferencia de unos minutos antes, en vez de encontrarse en paz y quietud su cerebro y su corazón trabajaban a mil por hora.

Había vuelto a suceder…justo ahora que creyó que había terminado.

Bruce era como su segundo padre (pues obviamente, su padre biológico siempre sería sagrado para él), el adusto hombre de negocios –fresco y libertino a los ojos de los demás-, el frío caballero nocturno, mostraba con él un rostro que no dejaba ver a los demás (salvo a Alfred quizá), el de un ser bueno, amable, inteligente, capaz de manifestar a sus seres más allegados un amor y un cariño que, seguramente, ni el mismo sabía que podía albergar.

Obvio que no le fue difícil ganarse la confianza y admiración de Dick, pero en especial su apego, el cual sin darse cuenta se fue tornando en algo más.

Cuando Bruce salía a sus eventos sociales acompañado por alguna de esas tipas estiradas se sentía molesto; le incomodaba verlo junto a la de turno y hasta deseaba hacer cualquier cosa con tal de arruinar la cita; cuando se cuestionaba el por qué de su actitud, se decía que no quería terminar con alguna de esas "trepadoras" como "madrastra".

Hasta ahí todo era más o menos común.

Pero el asunto no paraba ahí. Conforme alcanzaba la pubertad y se daban los cambios propios gracias a ella, empezó a experimentar sensaciones hasta ahora desconocidas. Bruce se presentaba a sus ojos como el hombre que era; alto, atractivo, viril; esto le turbaba mucho, y todo se agravó con la aparición de los sueños eróticos - propios y normales del desarrollo de los adolescentes-, en los cuales el escenario era siempre su habitación; una sombra masculina, de espalda ancha y brazos fuertes, llegaba hasta él y lo tomaba con pasión y dulzura, el sueño era demasiado placentero y lo disfrutaba mucho, pero cuando veía el rostro de su amante despertaba de golpe.

Era Bruce.

Esto lo hacía sentir muy mal, ¿Cómo era posible que tuviera esa clase de deseos hacia el hombre que el consideraba un padre?, la hora del desayuno del día siguiente era muy bochornosa porque no paraba de sonrojarse cada vez que lo veía.

Era difícil convivir con él sin sentirse subyugado por las emociones que le inspiraba; cuando salían a enfrentar a algún criminal y por azares del destino se veía en peligro, Batman siempre le protegía cubriéndolo con su cuerpo y su capa, esos instantes eran para el chico un delicioso tormento.

Por eso decidió irse a Jump City, la había visitado una vez y al ver su falta de seguridad consideró que era la oportunidad perfecta de poner distancia entre ellos y enfocarse en otras cosas; Bruce no lo aceptó cuando se lo dijo, pero dada su insistencia tuvo que ceder.

Y al principio dio resultado.

Incluso, cuando se formaron Los titanes, al conocer y tratar a Cyborg, desvío inconscientemente sobre el chico cibernético los sentimientos que guardaba hacia Bruce, llegando a convencerse de que aquello había sido una etapa y que, gracias a su amigo, logró superarla.

Más ahora, frente a Bruce, viendo su rostro, sintiendo su calor; se vio envuelto de nuevo por eso que creyó olvidado; tenía que aceptarlo. No fue una etapa ni fue superado.

Se estuvo engañando todo este tiempo, el creerse enamorado de Cyborg no era más que un intento desesperado por sacarse a Bruce del corazón. Aquella vez que Cyborg le declaró su amor, su respuesta biológica (la que provocó la ira de Slade) no era la felicidad del que ve realizado su anhelo, sino que esto era como una leve brisa, el aire de la libertad que se le negó por mucho tiempo al estar bajo el yugo de su captor y que Cyborg, en su inocente confesión, le devolvió por un momento. No era más que la dicha del recuerdo de lo que era su vida, y Slade, en sus celos, la confundió con amor, con enamoramiento por parte del petirrojo al chico cibernético.

Los rayos del sol aun bañaban tenuemente los cuerpos de los dos. Seguían ahí, uno frente al otro, sin decir una palabra, pues daba la impresión de que si lo hacían, algo se perdería, quizá ese precioso instante en el que sus almas se gritaban lo que no se atrevían ellos mismos a decir.

Sin pensarlo, Bruce levantó nuevamente la mano con la intención de volver a posarla en el rostro del niño; éste se inclinó ligeramente hacia él, de modo que el hombre volvió a acariciar con suavidad a su pequeño amado.

Dick cerró los ojos. Las emociones provocadas por esta sencilla y tierna caricia bullían dentro de él; no tenía miedo, las oleadas de pánico tampoco se apoderaron de él, al contrario, estaba en paz, feliz, tranquilo, casi pleno. Sabía que ese ser frente a él no lo lastimaría jamás.

La mente de ambos parecía haber quedado en blanco; lentamente la distancia entre los dos empezó a acortarse, Bruce acercaba hacia a él al niño con gentileza, Dick se estaba dejando llevar.

Solo una vez…quería probar sus labios solo una vez.

Unos golpes ligeros en la puerta los sacó de su mundo, Bruce se alejó de Dick abrumado.

-Adelante-Invitó tras un carraspeo.

Alfred entró, llevaba en las manos un enorme y bello arreglo floral.

-Disculpe señor, acaba de llegar esto para el señorito Dick.

Los dos se extrañaron, ¿Quién podría haberle enviado flores?, de inmediato Dick pensó en su eterna amiga (casi hermana) Bárbara Gordon, la hija del comisionado y mejor conocida por ellos como Batgirl. Bárbara al ver en las noticias que Los titanes habían enfrentado recientemente a Control fenómeno y que Robin no se hallaba con ellos, se comunicó de inmediato y desesperada a la mansión Wayne a fin de enterarse que ocurría. Ante la insistencia y la preocupación sincera de la chica, Bruce le dijo que había salido herido en una misión y que decidió llevarlo a casa para su recuperación, más tranquila, Bárbara había prometido que en cuanto pudiera lo visitaría.

Dick se acercó a Alfred y tomó la tarjeta, la abrió y quedó frío. Bruce sobre su hombro leyó.

-"Para mi amado aprendiz. Esperando ansiosamente el momento de nuestro reencuentro". "S".

El ambiente se tornó sombrío de repente.

Espero que éste capitulo les haya gustado, espero sus comentarios.

¡¡TEEN TITANS FOREVER!!