Capitulo 11.

-¡Maldito desgraciado!-Gritó Bruce al salir a toda velocidad hacia la cueva, dispuesto a dar con el paradero de Slade.

Dick seguía petrificado en su sitio, la tarjeta y el arreglo yacían en el piso, Alfred lo abrazaba tratando de tranquilizarlo.

El arreglo provenía de la "Florería Gótica", la más prestigiada de la ciudad. Con el baticomputador, Batman hackeó la base de datos de ese negocio a fin de descubrir en donde se ocultaba ese monstruo.

Pero tal y como lo suponía no había mucho que pudiese ayudarle; las flores fueron pagadas en efectivo y el comprador solo dio los datos del lugar de entrega. Salió al local ya caída la noche y revisó los videos de seguridad; efectivamente, un hombre con las características físicas de Slade estuvo ahí, pero pese a esto no había nada que diera señales de su actual guarida.

¡Maldición!, ¿Por qué tenía que pasar justo ahora?, ¿en éste momento en que Dick se encontraba mejor? Aunque debió esperarlo, después de todo conocía sus identidades y por ende su ubicación, si no dio señales de vida en estos días debió ser por que la ultima vez lo dejó en tan mal estado que seguro tuvo que esperar a reponerse, y ahora, ya recuperado, volvía para amenazar, para acosar a Dick, su amado Dick.

Volvió a la cueva, pero solo por los datos que pudieran ayudarle a rastrearlo mejor, ¡estaba decidido a cazarlo sin tregua!, no lo dejaría acercársele nunca más.

Pensó otra vez en el niño…seguramente este golpe destruiría lo logrado en estás semanas.

Al bajar del batimóvil se dirigió nuevamente al computador, pero se topó con algo que no esperaba.

Dick estaba ahí, de pie frente a él, esperándolo. Batman se quedó estático. Cuando se recuperó de la sorpresa lo cuestionó.

-¿Qué haces aquí?

-Necesitaba hablar contigo-Batman siguió su camino a la computadora-Me dijiste…me dijiste la otra vez que…que no estabas decepcionado de mi, ¿no es así?-El murciélago asintió con la cabeza-Bien, pues quiero que me vuelvas a entrenar, deseo volver a ser Robin.

Batman le escuchaba pasmado, ¿a qué se debía esto?, le era inesperado.

-Eso ya quedó decidido-Replicó-No lo harás-Y continuó su camino.

Dick apretó los puños y lo siguió.

-¿Por qué?, ¡tú dijiste que no había nadie más digno que yo para hacerlo!

-Y te aseguro que así es.

-¿Entonces por que no puedo…?

-¡Por que no volveré a arriesgarte!-Dick le miraba enmudecido-Por mi culpa sufriste un gran daño y no pienso exponerte de nuevo, estarás más seguro fuera de esto, llevando una vida normal como siempre debió ser, así que no se hable más.

-No es así-Bruce se quitó la máscara, ahora era él el enmudecido-Cuando murieron mis padres me sentí desvalido, el que me convirtieras en tu compañero me ayudó; gracias a eso no solo encontré como desfogar mi furia, sino que también me hizo sentir fuerte…que podía valerme por mi mismo, que podía salir adelante. Ahora, otra vez me encuentro asustado, lleno de ira, de dolor, y vuelvo a sentirme vulnerable; sé que tu intención es la de protegerme y no sabes cuanto te lo agradezco, pero quiero valerme otra vez por mi, no quiero vivir eternamente aterrorizado, ya me cansé de temblar cada vez que Slade da signos de vida, no quiero esconderme. Será inevitable que me tope con él de nuevo y cuando eso pase quiero tener las armas para defenderme.

-Pero Dick…No, no puedo volver a arriesgarte.

-Ya estoy en riesgo-Insistió el joven-Y si tú no me ayudas entonces lo haré solo.

Y era capaz, pensó Bruce, después de todo ya lo había hecho una vez, cuando era niño y solo y sin entrenamiento alguno, había ido en busca del asesino de sus padres, encontrándolo y acorralándolo.

-Está bien-Cedió-Te entrenaré otra vez, ¿Por qué siempre tienes que salirte con la tuya?

Dick sonrió agradecido.

La torre "T".

Pese a mantenerse ocupados (pues la tasa criminal en Jump City continuaba en auge), no podían evitar el seguir deprimidos por Robin.

Extrañaban al líder, pero especialmente al amigo; los ratos que tenían libres los pasaban pensando cada quién en su rincón, el modo más factible para comunicarse con él.

Cyborg, además de pensar en eso, también se sumergía en sus propios tormentos. La idea de no volver a ver al joven petirrojo le era dolorosa, aunque, había momentos de cobardía, propios de la timidez, en que pensaba, era mejor así, después de haberle declarado lo que sentía; pero al pensar en él, los momentos a su lado, las alegría vividas y sobre todo…su amor por él, eran suficientes para desechar la idea.

Debía encontrarlo…no lo dejaría ir, ¡jamás!

Es por eso que pasaba horas frente a la computadora de Los titanes, tratando sin éxito de dar con la señal del baticomputador, intervenir el comunicador de Batman o contactar con La atalaya.

Nada.

Era frustrante e imposible, parecía que nunca volvería a verlo otra vez.

Debería resignarse a perderlo.

-¡Demonios!-Exclamó dando un golpe al tablero, los otros entraban en ese momento al salón.

-¿Estás bien?-Inquirió Starfire, Cyborg no respondió-No te preocupes, encontraremos la forma de contactar a Robin, lo sé.

-¿Pero como?- Dijo Raven-Hasta ahora la comunicación con ellos ha sido nula.

-Debe haber una forma-Insistió Star, para quien siempre había soluciones-Tarde o temprano encontraremos el modo de hablar con él.

Bestita escuchaba, de pronto, una idea germinó en su mente.

-¡Eureka!-Exclamó, los otros lo miraron sorprendidos.

-¿Qué pasa?

-Amigos-Declaró alegremente-Creo que tengo la solución a nuestro problema-Concluyó confiado, lo cual dio algo de miedo a sus amigos, pues cuando Bestita tenía una idea y se mostraba tan seguro de ella, no podía esperarse que no salieran raspados en el asunto.

El entrenamiento de Dick inició casi de inmediato.

Aun cuando Bruce continuaba su investigación (pues como ya se había dicho, no pensaba dejar huir a Slade), se daba el tiempo necesario para practicar con él, tanto lo que ya le había enseñado, como otras técnicas nuevas por él recién adquiridas. Las sesiones eran largas, pesadas y extenuantes, pero muy productivas, pues el chico progresaba admirablemente, aunque esto no le sorprendía en lo absoluto, después de todo, su Dick siempre fue sobresaliente.

La temporada de lluvia dio inicio. La tormenta de aquella noche no fue la única que azotó Ciudad Gótica; por lo menos una más se dio en las semanas subsecuentes.

Los truenos se escuchaban cada vez más fuerte, mientras los relámpagos atravesaban el firmamento de modo espectacular iluminándolo todo de forma un tanto tétrica.

Para Dick, que tenía pocos minutos de haberse acostado, la tempestad que amenazaba desatarse le auguraba una noche intranquila; desde la anterior, estos fenómenos naturales le parecían escalofriantes.

Claro, que en esa última ocasión solo logró conciliar el sueño por que Bruce estaba a su lado.

Salió de la cama con un ligero temblor, ¡como odiaba escuchar el clamor fuera de su ventana!, un rayo iluminó de nuevo la noche y el chico abandonó la habitación instintivamente.

En su mente se recreaba una escena familiar, del pasado, parecía estar viviendo un "deja vú", pero con muy marcadas diferencias.

Llegó al estudio y miró dentro. Ahí estaba él, sentado en un enorme, elegante y mullido sillón individual, leyendo uno de sus tantos libros.

Ahora se daba cuenta de por que eso le pareció haberlo vivido antes. Esto ya había ocurrido años atrás, cuando solo tenía unos meses de haber llegado a la mansión. Un temporal similar parecía cernirse sobre la ciudad y él estaba asustado, saliendo de la habitación buscando…buscándolo.

Y él estaba ahí, leyendo tranquilamente en el estudio; los estruendos parecían no incomodarlo, y cuando vio al pequeño, parado en la puerta, le sonrió calidamente y lo invitó a pasar.

Dick temblaba de frío y miedo, Bruce, conmovido y enternecido, lo había sentado en su regazo y leyó para él el libro que traía en sus manos para tranquilizarlo.

Volviendo a la realidad, Dick se sonrió ante los recuerdos; parecía que no maduraría nunca.

Dio media vuelta dispuesto a volver a su cuarto y riñéndose a si mismo por ser tan niño.

-Dick, ¿estás bien?

El chico se paró en seco. Lamentó que Bruce lo hubiese visto.

-Sí…no pasa nada-Replicó sonriendo con cierta timidez.

Bruce correspondió éste gesto con la misma calidez que el niño recordaba.

-¿Te asustaron los relámpagos?

El chico no contestó. Observaba pasmado a Bruce, posteriormente volvió a sonreír ligeramente.

-Ven-Dijo Bruce cariñosamente, el joven entró en el estudio pese a desear salir corriendo de vuelta a su cuarto.

Estaba agobiado. Por una parte, ese recuerdo del pasado se mezclaba con lo que sentía ahora; si de por si era difícil entrenar con Bruce sin sonrojarse cada 5 segundos, ¿cuan más penoso era estar ahí con él tras recordar eso?, avergonzado y temeroso de ser tan obvio, llegó junto a él con paso lento y se sentó en el piso.

Bruce volvió a sonreír, quizá para otros esto resultaría extraño, pero para Dick era un gesto que se había vuelto habitual, pues el hombre parecía haber reservado esta actitud solo para él.

A Bruce le pareció raro el comportamiento del chico; temblaba de manera casi imperceptible, lo cual podía ser provocado solo por dos cosas.

Frío…o miedo.

-Debiste abrigarte si ibas a abandonar tu habitación-Dijo, poniéndose de pie y quitándose el suéter que llevaba puesto; se puso de rodillas para estar al nivel de Dick y le colocó la prenda.

Esto hizo que el niño se sintiera aun más abochornado. Ya no era el simple hecho de hallarse con él a solas, a esas horas de la noche, en la misma estancia (pues durante los entrenamientos Alfred se encontraba presente), también era el contacto con sus manos, su aroma, impregnado en el suéter; sin poder hacer nada para evitarlo se sonrojó y su temblor aumentó de intensidad.

-¿Te sientes mejor?-Preguntó Bruce con suavidad, notando que el cuerpo del pequeño Dick se estremecía más que antes.

-S…sí… gracias-Repuso regañándose otra vez por no haber huido cuando pudo hacerlo, pues así se habría evitado este gran problema.

Pues podía sentir la mirada de Bruce, aquella que conocía tan bien; escrutadora, analítica, inquisitiva; estaba usando sus habilidades de detective para averiguar si en realidad se hallaba bien.

¡Oh Dios!, ¿y si descubría su secreto?, ¿Qué pasaría si notaba sus sentimientos? ¡No podría volver a mirarlo a la cara si llegaba a sospechar, o peor aun, a darse cuenta, de lo que realmente sentía por él!

Bruce, tal como presintió Dick, analizaba al muchacho. Temía que algo grave (ya sea físico o mental) lo aquejara y deseaba saber que era para poder ayudarlo.

Pero, había algo, algo que no parecía denotar el miedo que mostrara en las últimas semanas; no, su trauma emocional no era lo que lo estaba atacando (reconocía perfectamente esas reacciones para aseverarlo), y tampoco era físico; tocó su frente, no tenía fiebre.

El niño se puso más nervioso. Bruce le tomó del mentón para girar su rostro y verle a los ojos; Dick, alarmado de que al hacerlo le leyera el alma como a un libro abierto, dijo de repente.

-¡Estoy bien!, ¡no te preocupes tanto!, solo que me asuste con la tormenta…es todo.

Bruce esbozó una sonrisa leve ante la necedad del joven; Dick, temiendo que el silencio diera paso a un nuevo análisis, continuó.

-Vaya tempestad…parece…parece que aun habrán otras… ¿verdad?

-Siempre en esta temporada…-Dick miró a Bruce con extrañeza-¿Lo recuerdas?, ¿Cuándo tenías poco de haber llegado a la mansión? Hubo una tormenta, muy similar a esta, te había asustado…-El niño sonrió, no esperaba que lo recordara-Y viniste aquí…a buscarme…-El chico dio un ligero respingo-Siempre lo recuerdo en esta temporada.

El joven giró su cabeza para verlo, más no esperaba que él le estuviese viendo de frente; sus ojos se encontraron y tal como Dick lo temía, estos dijeron lo que él no quería expresar.

Bruce lo observó y fue para él como una gran revelación. Los dulces y bellos ojos del pequeño gritaban desesperados todo aquello que quería callar; Bruce pudo ver al fin que lo que él sentía por él, era correspondido.

Quedó paralizado, no podía creerlo; era como si se hubiese concedido su más grande anhelo, como si de pronto le otorgaran la más inesperada y deseada felicidad. Por increíble que fuera, y pese a no considerarse merecedor de ello, el hermoso ángel le brindaba su corazón.

Dick bajó la mirada lo más rápido que pudo, esperando que no hubiese sido tarde. Bruce pasó con cierta reticencia su mano por el cabello del muchacho.

-Aun estás temblando-Susurró.

-T…tengo frío-Mintió.

-Bien-Repuso él. Lo tomó en sus brazos y volvió a tomar asiento en el sillón acomodándolo en su regazo, abrigándolo.

Dick se sonrojo de nuevo, ahora con más intensidad; su corazón latía desbocado y su respiración se agitaba. No, no era el recuerdo ni el temor de lo vivido con Slade, pues si de algo estaba seguro, era de que Bruce nunca lo dañaría; era su amor por él, el deseo de mantenerlo en secreto y la ansiedad de que éste lo descubriera y por ende lo rechazara, lo que le hacía padecer.

-¿Quieres que lea para ti?-Inquirió el otro con dulzura; Dick quiso asentir con la cabeza, pero no pudo, no podía pensar.

Bruce quiso tomar el libro, pero tampoco pudo hacerlo; miraba el rostro del joven y sus emociones (que generalmente controlaba y mantenía a raya) se desataron atormentándolo.

¡No podía más!, ¡si no lo hacía se volvería loco!

Se acercó al pequeño con delicadeza y suavidad, al tiempo que lo aferraba más a su cuerpo. Dick continuaba temblando, pero Bruce sabía que no era por temor a él, entendía perfectamente lo que pasaba por su mente y su corazón.

Librando los últimos centímetros atrapó los labios del chico con los suyos, besándolo apasionada y dulcemente.

Esto tomó por sorpresa al muchacho, que nunca imaginó que esto pudiera ser posible, este tipo de cosas solo se daban en sus sueños, y jamás pensó que llegarían a convertirse en realidad; como respuesta entreabrió un poco la boca y cerró los ojos, Bruce se adueñó aun más del niño por medio de esta tímida invitación, invadiendo y conquistando poco a poco su cavidad.

El hombre pasó su mano por el cabello de Dick, mientras refugiaba su cuerpo con el otro brazo. El chico rozó el rostro del hombre, suavemente, con sus finos y delicados dedos.

Se sentían sumergidos en una ensoñación, un hermoso paraíso que no quería abandonar.

Ambos se entregaron a sus emociones y deseos, prolongando el momento por un largo rato.

Cuando por fin se separaron (aunque solo fueron unos escasos milímetros), Bruce reaccionó. ¡Era terrible!, se había dejado llevar…Dick se encontraba en una situación vulnerable, el hecho de descubrir que el pequeño le amaba no significaba que podía aprovecharse de esa manera, ¡y sin embargo lo había hecho! Apenado comenzó a decir.

-Dick…yo…perdón, lo siento…no debí…

-Bruce…-Susurró el joven.

El hombre lo miró nuevamente con intensidad.

-Te amo…-Musitó Bruce sin poder evitarlo-Te he amado desde hace mucho tiempo…

-Yo…yo también te amo…-Dijo el chico; no cabía en si de felicidad.

Para Bruce esto era lo único que necesitaba. El escucharlo en propia voz de su amado ángel lo colmaba de dicha.

Dado que el niño no le había reprochado ni reclamado por su comportamiento, Bruce lo aferró aun más fuerte contra él y volvió a besarlo, Dick correspondió más activamente está vez, rodeándole el cuello con sus brazos.

Afuera los rayos caían acompañados por el fragor, la lluvia se convertía en un torrencial, pero la borrasca que agobiaba a la ciudad pasaba inadvertida para esas dos almas, que, después de pasar años confundidas, acalladas por sus propios temores, por fin, ahora, lograban decirse todas esas cosas que significaban su felicidad.

Ahora, las dos almas se habían fusionado y convertido en una.

¡¡¡TEEN TITANS FOREVER!!!