Capitulo 12.

Alfred se encontraba muy feliz.

Conocía perfectamente a Bruce y Dick (pues no en balde había ayudado en la crianza del primero desde que era un bebé y cuidado del segundo en su infancia), no requería de las habilidades de detective que éstos poseían para saber lo que ambos sentían el uno por el otro. Para el buen mayordomo, el amor que se tenían era muy evidente y le impacientaba que no se decidiera ninguno a actuar al respecto; obviamente, tampoco valía de nada que él estuviese al tanto, pues no creía que fuera correcto presionarlos; si debían estar juntos ellos mismos se unirían, aunque tardaran en darse cuenta.

Así que, llegado el amanecer después de la tormenta; tras servirles el desayuno, notó el evidente cambio en los dos. Ambos sonreían, hablaban en voz baja y reían mucho, se tomaban de la mano y, lo mejor de todo, se besaban constantemente.

Al fin lo que sentían se abrió paso ante la inseguridad.

No hizo comentario alguno, pero no dejó de sonreírles con complicidad en un gesto que claramente les decía "¡felicidades, ya era hora!", a Bruce y Dick les hacía gracia darse cuenta de que, cuando ellos estuvieron ciegos, Alfred era el único que vio con claridad.

Pero la recién y total aceptación de sus sentimientos no significó que Bruce se ablandara con los entrenamientos; éstos siguieron siendo pesados, rigurosos y exhaustivos. Dick no se quejaba al respecto; no esperaba menos de él.

Para el joven todo era felicidad, pues al fin podía manifestar lo que sentía al hombre que amaba sin temor alguno.

Más por desgracia, existían dos sombras que nublaban su dicha.

Una de ellas era obviamente Slade, que continuaba rondando amenazante en Ciudad Gótica. Batman seguía persiguiéndolo, pero el otro se las arreglaba para evadirlo; en cuanto el murciélago daba con su paradero y llegaba al lugar, era solo para encontrar un revoltijo que indicaba su estadía y huída intempestiva; al parecer, Slade también se hallaba alerta y procedía con extrema cautela y velocidad.

Lo cual desagradaba a Bruce y preocupaba a Dick.

La segunda sombra era quizá más complicada de dilucidar, pues si bien el chico se encontraba entrenándose, previniendo un nuevo encuentro con su agresor, para esta no había solución aparente. Esta sombra eran Los titanes, sus amigos, a quienes extrañaba en todos los modos posibles, pues a pesar de que se sentía feliz de estar en casa (y más ahora, dada su actual situación con Bruce), aun así no podía evitar el lamentar no estar en la torre "T", al frente del equipo…al lado de sus amigos.

Pero seguramente no querrían saber de él; para Los titanes, Robin era un proscrito, un traidor que los había vendido para estar junto a Slade; cuando recordaba esta teoría (la cual Raven le gritara en la cara aquella vez) se le revolvía el estómago e incluso sentía enojo hacia ellos, por pensar que él podía ser capaz de una cosa como esa.

Más cuando éste pasaba, le entraba la tristeza y se decía a si mismo que quizá él, después de todo, fue siempre el culpable, que si creyeron que podía traicionarlos fue tal vez por que él mismo les dio los motivos para hacerlo; después de todo, cuando creó a "Red X" y fingió ser un criminal, no compartió su plan con ellos; y nadie podía asegurarle que esa fuese la única ocasión, probablemente hizo otras cosas anteriormente que no permitieron se ganara la confianza de los chicos.

Además, a esto debía añadir a Cyborg. No olvidaba aquello que le dijera esa noche cuando entró en los laboratorios. Cyborg le había dado a entender que sentía algo por él más allá de la amistad. Se sintió abochornado y apenado al recordarlo, pues, si acaso alguna vez llegó a pensar que podía ser posible, ahora era obvio y totalmente lógico que eso quedaba completamente descartado; él amaba a Bruce desde hacía mucho tiempo y era correspondido; Cyborg para él solo era uno de sus mejores amigos (ahora lo comprendía), y eso nunca cambiaría. Debía admitir que le asustaba la idea de encontrarse con él de nuevo después de esa declaración, no sabría como verle a la cara sabiéndose incapaz de corresponderle. En esas ocasiones, tal como le ocurría al chico cibernético, sentía deseos de no volver a la torre para ahorrarse el problema.

Pero cuando recordaba los buenos momentos vividos al lado de sus amigos, de todas aquellas cosas que pasaran juntos, descartaba la idea.

Era de noche, una noche apacible después de algunos días de llovizna y otros de tempestad; las estrellas brillaban claras en el cielo y la luna, redonda y luminosa, se encontraba en lo alto dando el último toque al bello firmamento.

Dick observaba este hermoso espectáculo desde la ventana de su habitación. Se suponía que debía estar durmiendo desde 2 horas atrás, pero los pensamientos que circulaban en su mente le habían ahuyentado el sueño.

Además, Bruce había tenido que salir al edificio de la compañía a revisar los documentos de un negocio importante y aun no había llegado; era su intención esperarlo hasta saber que se encontraba en casa, después volvería a la cama e intentaría dormir.

Sería sencillo, en cuanto viera entrar el coche a la casa volvería a acostarse y fingiría estar durmiendo; Bruce nunca sabría que estaba despierto.

-No te parece que es muy tarde para estar levantado-Dijo una voz algo lejana detrás de él. Dick se sobresaltó y volteó encontrándose con Bruce en la puerta de su habitación. ¡Maldición!, estaba tan absorto observando el cielo y hundido en sus pensamientos que no notó cuando llegó el auto y mucho menos cuanto entró en la casa, sobretodo por el andar sigiloso que para este hombre era ya parte de si.

-Eh…sí, perdón…ya iba a dormir…

Bruce entró en la habitación cerrando la puerta tras de si, decidido a devolverlo a la cama.

Lo abrazó y lo besó tiernamente en los labios, Dick con un leve sonrojo respondió al beso.

-¿Te encuentras bien?-Preguntó suavemente al niño-Te veo muy pensativo.

-Sí, estoy bien, no te preocupes tanto.

-No puedes pedirme eso, siempre me preocuparé por ti- El chico volvió a sonrojarse, ¡como odiaba el cohibirse tanto!

-Pensaba en mis amigos-Dijo lacónicamente-Es todo.

Bruce puso un poco serio el semblante; le desagradaba el comportamiento que Los titanes habían tenido para su niño.

-¿Qué hay con ellos?

-Nada…solo me preguntaba…que estarían haciendo en estos momentos.

El hombre suspiró.

-Deben extrañarte-Replicó mientras se sentaba en un sillón e hizo sentarse a Dick en sus rodillas.

-No lo creo-Susurró el chico-Después de todo lo que pasó.

Bruce volvió a suspirar.

-Después de la explosión de ese lugar-Dijo con reticencia, pues no quería recordarle cosas desagradables-Volví para averiguar que había sido de Él. Ahí me encontré con Cyborg- Dick se sobresaltó ligeramente-Me esperó durante días, quería saber como estabas, dijo que todos deseaban verte.

-¿En verdad?-Inquirió el niño con alegría.

-Sí-Respondió con una sonrisa-Te extrañaban, me preguntó si volverías con ellos; le había dicho que no, pero…es tu decisión.

Dick se acurrucó en el pecho de Bruce, feliz por la inesperada noticia.

-Entiendo-Susurró acariciándole el cabello-Pero espera hasta recuperarte por completo, ¿de acuerdo?, aun necesitas descanso.

-Ya estoy mejor.

-Lo sé- Bruce sonrió-Pero no quiero que te vayas tan pronto-Lo abrazó-Me agrada tenerte aquí para mí solamente-El chico hundió la cara en el pecho de su amado. Después de unos segundos, Bruce continuó-Ese chico…Cyborg, siente algo por ti, ¿verdad?

Dick levantó el rostro tímidamente para verlo, éste le observaba tranquilamente.

-C…creo que sí…-Balbuceó ahora más sonrojado.

-Pues lo siento por él.

-¿Eh?, ¿Por qué?

Bruce volvió a besar al muchacho suave y apasionadamente, luego se separó unos centímetros.

-¿Y todavía lo preguntas?

Dick tomó con ambas manos el rostro del hombre y lo acercó a él para besarlo de nuevo, éste no se hizo del rogar y satisfizo a su pequeño.

El beso fue esta vez más prolongado; Bruce acariciaba la cabeza de Dick, revolviéndole el cabello a la vez que acariciaba su espalda, para luego pasar la mano por su cintura.

La respiración de ambos comenzó a agitarse, convirtiéndose en leves y ahogados jadeos; las caricias empezaban a subir de intensidad, pronto, Bruce comenzó sentir como su miembro se endurecía; se detuvo antes de arruinarlo todo.

El chico lo miró extrañado, ante la pregunta silenciosa del joven, el otro respondió.

-Lo siento…no quiero presionarte…

El niño sonrió. Era verdad, la idea de estar en una situación tan intima le aterraba, pero era algo que J'onn le estaba ayudando a controlar; él debía seguir su vida y superar el hecho, le había dicho. Nunca olvidaría esa experiencia terrible con Slade, sería algo que lo acompañaría por el resto de sus días, pero no debía permitir que lo controlara por siempre; tenía que ser Dick Grayson quien dominara la situación y no su trauma, solo Richard John Grayson podía hacer lo que quisiera con su existencia y su cuerpo, no Slade.

Pero en especial deseaba estar con Bruce; lo amaba demasiado y disfrutaba su contacto, quizá se sentiría asustado, pero Bruce no lo dañaría, eso lo sabía bien; sería dulce, gentil, amoroso; además, cuando lo besó por primera vez, aparte de que era lo que más anhelaba, también le daba la sensación de que eliminaba el veneno que Slade había dejado en él. Bruce era el único antídoto que necesitaba.

Volvió a besarlo en los labios, rodeándole el cuello con los brazos.

El hombre lo miró fijamente, el rostro del chico reflejaba convicción.

Bruce lo abrazó aun más fuerte que antes, acercándolo más a él; sus manos comenzaron a pasearse por el delicado y esbelto cuerpo del joven con deseo y pasión. Dick, relajándose, disfrutaba de su tacto, ese con el que en otros días solo había podido soñar.

Tomándolo en sus brazos, Bruce llevó al muchacho a la cama, depositándolo sobre ella cuidadosamente. Le observó por un momento, tan bello, tan frágil e inocente, pero a la vez seductor, atrayéndole hacia él con su sola presencia. Con una caricia hecha a su rostro, le apartó unos cuantos cabellos de la frente.

Se recostó sobre él con cuidado mientras besaba su cuello de modo apasionado; el chico se aferró a él, estremeciéndose a cada beso, excitándose al sentir como las calidas manos de su amante le despojaban lentamente del pijama.

En un momento el pequeño yacía desnudo ante Bruce, su piel, blanca y suave, relucía en las sábanas de color azul marino; el hombre se estremeció al verlo, ¡Cuánto había deseado este momento! Y por fin estaban ahí, anhelantes el uno del otro.

Se quitó la corbata y la camisa (el saco del traje lo había dejado en el recibidor) y recorrió su tersa piel con los labios, partiendo desde los labios, el cuello y siguiendo el camino hasta llegar a su tierna entrepierna, donde, sin pensarlo, hizo presa al pene del niño con su boca, masajeándolo con la lengua al tiempo que arrancaba de Dick jadeos y gemidos de excitación y placer.

Éste acariciaba la cabeza de Bruce al compás de sus movimientos. Tenía los ojos cerrados y se retorcía sacudido por las sensaciones que la boca del hombre producía a su joven miembro y que le recorrían el cuerpo entero como una sutil y deliciosa descarga eléctrica.

Ambos se hallaban totalmente excitados, embargados por un sentimiento de felicidad que los hacía perder la noción de todo. Bruce liberó el pene del niño de la prisión que era su boca, pero la sustituyó con su mano, presionando, apretándolo suavemente, otorgándole una placentera tortura. Dick seguía retorciéndose en la cama, agitado, emitiendo pequeños gritos.

Bruce le besaba y chupaba las tetillas a la vez que seguía masturbándolo; sintiendo al mismo tiempo que su propio miembro se endurecía provocándole molestias, pues aún conservaba el pantalón; con su mano libre desbrochó la prenda para dar algo de espacio a su enardecido falo.

Dick notó este movimiento; en un arranque provocado por la estimulación y el momento, llevó una de sus manos al interior de la ropa de su amado y le masturbó del mismo modo en que lo había hecho con él.

Esto excitó aun más a Bruce, las suaves y finas manos del muchacho realizaban un trabajo por demás maravilloso; sus jadeos se volvieron más fuertes y audibles, su pene se endureció más, creciendo otro poco en la mano del niño.

Esto en vez de acomplejar al chico, le hizo sentir complacido, disfrutaba mucho de lo que Bruce le hacía y deseaba que él lo gozara por igual.

Aun más agitado por lo hecho por su pequeño ángel, Bruce terminó de desvestirse por completo. Dick admiró la impresionante figura de su amante y su bien proporcionada virilidad, lo cual si le asustó un poco (pensando en el momento de la penetración), pero terminó por desechar el sentimiento muy pronto.

Deseaba que él lo poseyera.

Bruce separó con cuidado las piernas del niño y volvió a hundir su rostro entre ellas, esta vez, besando y lamiendo el ano del chico, lubricándolo, preparándolo para lo que se avecinaba.

Dick se aferraba a las sábanas mientras volvía a retorcerse por el placer provocado por Bruce; después de unos minutos éste se incorporó un poco, se colocó otra vez sobre él con suavidad y le tomó de la mano.

Dick lo besó profundamente, dándole con este acto el sí que el hombre tanto esperaba.

Bruce acomodó la punta de su pene en el ano del chico, pasó su brazo libre por debajo de la cintura del muchacho y con calma empezó a empujar dentro de él.

El joven se arqueó emitiendo un grito, mientras cerraba la mano que Bruce le había tomado.

Éste dio otro empujón, quizá un poco más brusco y fuerte de lo que pretendía, pero eso bastó para penetrarlo por completo; los dos gritaron al mismo tiempo de dolor y placer.

Seguía tomados de la mano, sus dedos se entrelazaron.

Aun tomándolo de la cintura, Bruce comenzó a moverse dentro de Dick, empujando vigorosamente, abriéndose paso cada vez en el interior de su niño.

Dick gritaba, jadeaba, gemía junto con él, gozando plenamente de éste acto de amor, entregándose a él enteramente, como nunca antes había hecho.

Bruce lo besó profundamente mientras se movía, luego volvió a pasear sus labios por el cuello y el pecho del jovencito, por su parte, el chico acariciaba la ancha y fuerte espalda del hombre; refugiándose en sus brazos, acurrucándose en su pecho.

Las vigorosas embestidas de Bruce seguían una y otra vez, mientras le decía al oído cuanto le amaba, lo importante y valioso que era para él, y lo terrible que sería su vida si él no estuviese ahí.

El miembro del niño rozaba la piel del abdomen del adulto en cada vaivén, estimulándose de igual manera, colocándolos a ambos al borde del orgasmo. De repente, estallaron juntos en una oleada de placer y satisfacción, Bruce bañando con su simiente el interior del pequeño, Dick derramándolo entre las piernas de su dueño…su verdadero dueño.

Los dos estaban agitados, jadeando, temblando. Se miraron a los ojos aun envueltos en esa vorágine que acababan de experimentar.

Bruce lo besó profundamente, saliendo de él con cuidado para cubrirlo nuevamente de caricias en todo el cuerpo.

El chico, poco a poco, se deslizó hasta llegar a la parte baja de Bruce. Deseaba probarlo, sentirlo en su boca; pasó la lengua con cierta timidez por el miembro del hombre para después volver a hacerlo con mayor confianza y libertad.

Ahora fue él quien atrapó el pene de Bruce con su boca, quizá no por completo, pero si lo más que pudo, chupándolo, besándolo y brindándole todos esos mimos y caricias que él anteriormente le había prodigado.

Esto enloqueció a Bruce, ahora él era quien acariciaba la cabeza del pequeño mientras éste le masturbaba con los labios; los jadeos y gemidos del hombre predominaban en la habitación.

El niño disfrutaba de esto, era placentero y delicioso. Sujetó el miembro de Bruce con las dos manos, pasándolas algunas veces por sus testículos.

Loco por las sensaciones que esto le provocaba, e incapaz de esperar más, Bruce tomó al muchacho; sentado en la cama como se hallaba ahora, lo levantó y acomodándolo en su falo, lo hizo sentarse en él, volviendo a poseerlo.

Un grito emitido por los dos acompañó a esta acción, Bruce abrazó a su niño y lo guió de arriba hacia abajo una y otra vez; los jadeos continuaban, los besos proseguían.

En un giro suave, pero rápido, volvió a colocarse sobre él, dejándolo cómodamente recostado en los almohadones. Su respiración estaba fuera de control, la excitación los tenía cerca de un nuevo clímax, todo en compañía de promesas de amor eterno.

Volvieron a eyacular juntos; después de eso, Dick se acurrucó en él, Bruce lo refugió en sus brazos.

Así pasaron juntos toda la noche.

Algo nuevo había pasado entre sus dos amos, se decía Alfred al verlos a la mañana siguiente aun más cariñosos que antes. Parecían una pareja de recién casados en plena luna de miel; el buen mayordomo estaba 100 seguro de que si no estuviese él presente, pasarían cosas más allá de esos besos profundos y apasionados que constantemente se daban.

Y eso le quedó aun más claro cuando en los días posteriores se encontraba con que solo una habitación había sido usada; ya fuera la de Bruce o la de Dick, pero era obvio que los dos dormían en una sola cama.

-Debería mudar las cosas del señorito a la habitación principal-Llegó a pensar con una sonrisita pícara.

Pasaron unos días, en los cuales Batman continuó inmerso en su investigación personal.

Una noche, al volver a la cueva, notó que en el computador aparecía una llamada.

Era de la línea de La atalaya.

Suspirando de fastidio se acercó al aparato y contestó. Superman apareció en la pantalla.

-¿Qué pasa?-Preguntó secamente.

-Nada, solo que no te has reportado en varios días, ¿te encuentras bien?

-¿Qué no lo ves?

-Sí, ya me doy cuenta-Repuso el otro sin incomodarse ante la actitud del murciélago, después de todo ya estaba acostumbrado a ella-Como sea, ¿crees que te desocuparás pronto?-Batman hizo un gesto que claramente quería decir "¿por qué?"-Se nos ha presentado un problema difícil. Al parecer, alguien está robando resquicios de la tecnología de Cadmus y no logramos dar con su identidad y paradero, nos vendría bien tu ayuda.

-No puedo.

-Pero, ¿por qué?-Batman no respondió-Sabes que no te molestaría si no fuera importante, en verdad te necesitamos.

-Dile a otro.

-Pero…de acuerdo, nos veremos luego-Y el hombre de acero cesó la comunicación.

Batman apagó el computador y se quitó la máscara.

-No es necesario que hagas a un lado a la liga por mí.

Bruce se giró y se encontró a Dick.

-¿Qué haces aquí a esta hora?-Dijo tiernamente-Deberías estar cenando.

-Quise esperarte-Repuso con una sonrisa. Se acercó a él-No deberías dejar de lado el resto de tus compromisos por cuidarme…o por seguirlo a él.

-Sabes que para mí tú eres lo más importante.

Dick se abrazó a él, ocultando su sonrojo.

-Gracias…pero eres uno de los miembros fundadores, ellos también necesitan de tu ayuda.

-Pero no quiero dejarte solo, y menos cuando ese maldito esta cerca. Ellos pueden arreglárselas.

-Pues parecía que no. En verdad, no tienes que estar siempre haciendo de mi guardaespaldas.

-Pero Dick…

-J'onn me dijo que debía recuperar el ritmo normal de mi vida, y creo que eso también va para ti. No puedes detener todo por no dejarme solo-Bruce lo miró-La liga es parte importante de tu vida (a pesar de que dices que solo piensas ayudarlos ocasionalmente), no les des la espalda por mi culpa, me haría sentir muy mal. Además hemos entrenado mucho, no estoy desvalido, puedo cuidarme bien.

El hombre exhaló un suspiro.

-De acuerdo, hablaré con él otra vez. En serio, ¿por qué siempre debes salirte con la tuya?

El chico sonrió pícaramente.

Pasaron 4 días desde que Batman salió a asistir la investigación de La liga.

El caso era tan complicado que desgraciadamente ocupaba todo el tiempo de los implicados, Bruce solo conseguía comunicarse de vez en cuando para saludar a su adorado ángel y ver que se encontrara bien.

Salvo estos escasos momentos de dicha, el resto del tiempo pasaba lenta y aburridamente. Dick extrañaba sobremanera a Bruce, e incluso se reprochaba el haberlo alentado a ayudarlos, pero no debía ser egoísta. Bruce se había convertido en Batman con el fin de hacer justicia y combatir el crimen; esto era algo importante para él y si el caso del que se ocupaba La liga era tan importante, el chico no podía actuar de manera caprichosa con el tiempo de su amado.

-¿Desea que le traiga un vaso de leche caliente señorito?-Preguntó Alfred al niño, quien se hallaba intentando leer algo en el estudio.

-No, gracias Al. Ya es muy tarde, creo que mejor iré a dormir-Repuso levantándose del asiento y dejando el libro en su estante.

-No se preocupe por el señor Bruce, sé que resolverá ese caso rápidamente y volverá a casa pronto.

-Eso espero-Suspiró el chico-No sabes cuanta falta me hace.

-Me lo imaginó-Dijo amablemente el hombre.

-Será mejor que vaya a mi cuarto, gracias por todo Alfred.

-Le subiré la leche de todas formas joven Dick, le hará bien, verá como duerme mejor después de beberlo.

-Está bien-Sonrió, luego subió la escalera.

La noche se veía tranquila y serena, Dick miraba su denso manto tachonado de brillantes estrellas por la ventana del corredor de las habitaciones.

Pensó en Bruce y suspiró. ¡Vaya que lo extrañaba!

Dio media vuelta y se siguió su camino, volviendo a reñirse por convencerlo de volver a La atalaya.

De repente algo ocurrió; sin motivo alguno las luces se apagaron. Esto sobresaltó al muchacho, ¿Qué estaba pasando?, no había tormenta, el cielo nocturno no presentaba nubes.

Una sensación extraña le invadió, ligeramente asustado dio un paso hacia atrás.

Chocó con algo.

Un fuerte brazo lo atrapó por la cintura, una enorme mano le cubrió la boca.

Dick se sobresaltó…un aroma de sándalo y maderas le impregnó.

-No…no puede ser…

-Hola Robin-Saludó una voz glacial detrás de él.

¡OK, espero los cebollazos!

¡¡TEEN TITANS FOREVER!!