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Capitulo Tres

María Estrada; mejor conocida o "reconocida" a la derecha del mundo que operaba entre las sombras como la dama de los dragones por su carácter frío y calculador. Tenía una mirada que podía helar el corazón del más rudo y fuerte contrincante. Sus conocimientos sobre armas y tecnologías sobrepasaban lo inimaginable. Alguien de sangre fría y muchas veces hasta despiadada. Podía hacer cualquier cosa por lograr su objetivo.

Ángel Daniela Takashi; su nombre clave "pluma banca" lo había obtenido hace mucho tiempo por parte de su compañera en uno de sus ya extintos momentos de felicidad e inocencia. La mirada de Ángel podía ser igual de fría que la de Estrada, pero no más fuerte, esto se debía en parte a que no poseía la misma sangre fría; de alguna u otra forma Daniela no había conseguido desconectarse de su corazón y sus sentimientos como debió de haberlo hecho. Experta gimnasta con una elasticidad enorme, experta en combate libre y en tres tipos de artes marciales.

Por esto y más la combinación de ambas lograba una explosión mortal.

-Pluma blanca: aquí la Dama de los dragones, saldré más tarde, he decidido tomar la primera noche, de esa forma podré empezar con la revisión de los archivos de mi nuevo "jefe". Sabes a donde ir. Te veo mañana.

-Entendido, solo recuerda llamarme si surge alguna complicación o encuentro indeseado.

-Sería perfectamente capaz de manejarlo ¿Por quien me tomas?

-Tu sabes que no lo digo por eso. . .pluma blanca fuera.-

Estrada cortó la comunicación con el seño fruncido. No era la primera vez que Takashi actuaba así o decía ese tipo de comentarios; reprobaba vivazmente eso, no era sensato para una persona con un trabajo como el de ellas ser blando. Se debía tener todo el tiempo una actitud flemática.

María se encaminó a la oficina del presidente Roberts, forzó sin ninguna dificultad la cerradura.

Conseguir la clave para entrar al ordenador de su computadora fue pan comido al igual que ingresar en sus archivos personales.

Allí encontró cosas muy interesantes: archivos ocultos y secretos que ni el mejor hackeador o programa spywere hubiera podido detectar.

Indagó un poco más.

-Mis sospechas son ciertas después de todo. Definitivamente esto tiene la marca de Yaga por todas partes. . .-

Yaga: el jefe de la organización estadounidense de crimen organizado más rica y poderosa del mundo, cuyo objetivo como toda organización del mal que se respete era tratar de conquistar el mundo (eso sonó a pinky y cerebro).

María y Ángel habían estado tras su pista desde hacía 5 años; los tuvieron acorralados dos veces y las dos veces lograron salir impunes y bien librados, aunque con sus planes completamente arruinados.

Entre Yaga, la Dama y la pluma se había sembrado un odio y una enorme rivalidad. Yaga debía eliminar a las espías antes de que estas lo dejaran fuera del juego o ellas debían atraparlo antes de él las borrará del mapa.

-¿En que andas esta vez carajo. . . ?

María hondeó un poco más su investigación.

-Te has estado portando mal Yaga. . . Has sido un niño muy malo. . .¿Qué tenemos aquí? Recibos de compras de material para fabricar armas y bombas. . .

Decidió terminar por hoy. Definitivamente no encontraría ningún documento en papel.

Dió una mirada a la pantalla de la pequeña laptop que ahora transmitía los movimientos nocturnos del campamento. En una de las esquinas divisó algo raro. Dos sombras. Inmediatamente acudió al lugar.

Eran dos hombres, uno de ellos traía un pequeño paquete entre las manos y se veía excitado, el otro tenía la sensación de conocerlo de algún lado.

-Y bien. . .¿Lo tienes?

-Como prometí. . .20 pases más para hacerse pasar por un empleado de la concentración del equipo. Con la muestra que me diste no fue difícil reproducirlos.

La Dama de los dragones recordó de pronto al susodicho. Era el mismo tipo que esa tarde le había entregado su pase.

-Así que. . .¿Trajiste el botín?

-Aquí esta: Son 100 euros por pase.

-Es un precio justo. . .-habló el tipejo sin poder disimular mucho su emoción al ver el fajo de billetes.-¿Entonces. . .?

-¿Entonces que? Ya tienes tu dinero. Lárgate de una vez de aquí antes de que alguien me vea contigo.

-No hablo de eso. . .¿En que anda metido Yaga? Estos días ha estado muy generoso.

-¡¡Cierra la boca estúpido!! No menciones el nombre de mi jefe. Esas dos malditas espías ya oyeron rumores y se infiltraron. Podrían estar en cualquier lugar.

-No están aquí ahora. No hay nadie. Dime. Tengo entendido que esto es mucho más grande que todo lo que ha hecho hasta ahora ¿Qué puedes adelantarme??

-No lo se, y te aseguro que si todo el mundo se entera de ello no sucederá nada, por eso te conviene tener tu enorme boca bien cerrada, y que si por aquí se llega a saber que tu metiste la pata no la vas a contar. . .

-Eso lo tengo bien presente.- habló con un dejo de temor- Todavía me duelen las cicatrices de la ultima paliza.

-Y tuviste suerte. . . El último soplón que casi arruina todo terminó como chuleta en pequeños pedazos por toda Europa. . .

La chica no conocía al otro tipo, pero sabía muy bien de que estirpe se trataba. Lo más bajo en la cadena, la escoria del crimen. Hacían los trabajos más insignificantes, como vender droga en las esquinas o mercancía que ellos mismos saqueaban de las casas.

No podías confiar en ellos. A pesar de eso al ser unas ratas de alcantarilla iban y venían como les placiera, por eso mismo siempre estaban bien informados de todo lo que ocurría. Si necesitabas información de cualquier tipo, hacías un buen trato e inmediatamente comenzaban a soltar toda la sopa.

María pensó en hacerle un trato muy generoso. . .

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Schneider todavía no lograba quitarse el coraje y la humillación, así que terco como era decidió quedarse unas horas más a practicar en la noche, era algo así como su forma de eliminar el estrés. Hizo entrar el balón una y otra vez a la vacía red imaginando mentalmente que Wakabayashi se encontraba ahí, y que una y otra vez lo hacía morder el polvo.

Estuvo así un tiempo hasta que se desahogo y comprendió que era mejor volver a los dormitorios; los odiaba, llevaba mucho tiempo pensando en alquilar un departamento, solo que el entrenamiento lo absorbía demasiado. . .

Pasaba tras el edificio central cuando escucho algo parecido a un lamento.

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Lo más sensato en ese momento era interceptar al soplón, después se encargaría de aquel traidor. . .

El tipo contaba ilusionado su dinero cuando de un momento a otro se vio acorralado contra la pared y una calibre 45 apuntando a su cráneo. Entendió muy bien que no debía hacer ruido.

-¿En qué puedo ayudarla señorita?.-saludo cortésmente mientras se moría por dentro

-Tengo un trato muy generoso que ofrecerte.-contestó con una macabra sonrisa.

-Ya veo ¿Qué le podría interesar de mí una dama tan hermosa como usted?-se divirtió viendo como temblaba de pies a cabeza

-No necesitas preocuparte, si cooperas conmigo no tengo porque hacerte nada, matar a tipos como tu no me divierte. Dime todo lo que sepas sobre los nuevos planes de mi querido amigo Yaga.-

-La verdad, no se de que me esta hablando. . .

-¿A no? Y eso de lo que le estabas comentando hace rato al sujeto que te compró los pases no era nada. . .Déjame decirte que tengo muy poca paciencia. . .

-Estoy seguro que podemos llegar a un trato que nos beneficie a los dos. Que tal 5 libras por palabra.

-Te voy proponer algo más atractivo y que te convendría más. Tú me dices lo que yo necesito y yo no regare el pasto con tu sangre y tu cerebro. Dime ¿Te parece suficientemente atractivo eso?

-Si me matas no conseguirás nada. . .

-Tu vida me tiene sin cuidado. Si no me lo dices tú de cualquier forma lo investigaré y muy pronto lo encontraré, en cualquier momento puedo ir con cualquier otro soplón que valore más su vida. Ahora, mi paciencia se está agotando. Te doy cinco segundos para decirme lo que quiero antes de que jale del gatillo. 5. . .

-Tú no lo harías ¿Verdad?

-4. . .

-Seamos razonables.

-3. . .

-Se que en el fondo no lo deseas. .

-2. . .

-Tengo esposa y tres hijos. Imagina lo que sufrirán si muero.

-Déjame fingir que me importa un poco durante el segundo que te queda de vida…

¡Listo!- Le quitó el seguro a la pistola

-¡¡Esta bien!!¡¡Esta bien!!Te diré todo lo que se. . .

-Escúpelo todo.

-Pero primero, retira el arma de mi cabeza.

-No estas en condiciones de pedir nada ¡Habla antes de que me arrepienta de dejarte vivir!

-¡Ya¡Ya! Lo único que he escuchado son rumores pero por lo visto esta noche, todo es real.

-Dime que planea.

-No lo se concretamente pero es algo mucho más grande de lo que hemos visto en su repertorio hasta ahora. Ha estado produciendo material bélico como nunca. Al parecer intenta afianzarse al poder comenzando una guerra. Está usando este lugar como punto para esconder todas sus operaciones, tiene de su lado a varios cónsules estadounidenses y a un sin número de miembros del senado.

Observo un momento al tipo que tenía enfrente, estaba demasiado aterrorizado para mentir, no cualquiera lograba dominar una situación como esa.

-Espero por tu bien que todo lo que me dijiste sea verdad y que no hayas omitido nada porque te juro que los chicos de Yaga son un juego de niños comparado con lo que yo te puedo hacer.

Guardo el arma en el bolsillo de su gabardina blanca. Nunca salía de casa sin su querida calibre 45. El tipo al verla distraída sacó una navaja de su bolsillo, pretendía dejarla inconsciente para luego cobrar una buena recompensa por ella, pero los reflejos de la Dama eran 10 veces más agudos, dio una vuelta rápida y le arremetió un puñetazo en el estomago que provocó que jadeará un sonido parecido a un lamento y luego un golpe en la nuca que lo termino dejando inconsciente en el suelo.

Para su desgracia alguien llegó en ese instante, al estar tan concentrada en sacarle la sopa al tipejo no advirtió en que alguien se había acercado.

Karl se quedó de a una pieza al divisar esa larga cabellera castaña desde lejos y más aún al ver tremenda escena.

-Pero. . .¿Qué sucedió¿Qué hace en las instalaciones a estas horas de la noche?-Karl esperaba que volteará a verlo pero no lo hizo.

-El Sr. Roberts ésta tan saturado de trabajo que decidí pedirle permiso al conserje para quedarme Unas pocas horas más. Cuando salí este tipo me interceptó y descaradamente aprovechó para darme un susto y robarme.- contestó muy calmada, como respondiendo una pregunta como cualquier otra.

-¿Pero se encuentra bien?-preguntó Karl preocupado

-Si. Estoy bien.

-Eso se nota. . .

-¿Disculpe?- la chica volteó por fin, pero no era lo que Karl hubiera deseado, en vez de eso se encontró con unos fríos e insensibles ojos, la mirada más fría y dura que jamás contempló.

-No es nada. . .Me alegro que se encuentre bien Srita. María.-

-¿Cómo es que sabe mi nombre?.- frunció el seño con desconfianza.

-Se lo escuche decir al empleado durante la tarde, el que le entrego el pase.

Que ironía de la vida. . .

-Ya debo irme ¿Podría usted reportar a este malandrín con seguridad?

-Por supuesto. Solo tengo una pregunta que hacerle ¿Cómo hizo para dejarlo noqueado de esta forma?

-Lo único que le diré es esto: Las apariencias muchas veces engañan. . .

Karl suspiró derrotado mientras la miraba irse. Ese encuentro lo había dejado atónito, ya no sabía que pensar. Definitivamente una chica que guardaba muchos secretos.

Estrada decidió irse al departamento, era obvio que ya no habría más accidentes como esos. Al llegar encontró a Ángel despierta, aprovechó para contarle todo lo sucedido.

-Debiste permitirme quedarme contigo.

-Las órdenes fueron muy claras, una por noche.

-Me importan un bledo las órdenes.

-Tal vez a ti. . . Ese tipo, no puedo creer que no haya sentido su presencia. . .

-No te martirices por eso. Todos cometemos errores.

-Si, solo que a nosotras un pequeño error de esos puede salirnos muy caro.

-. . .

-A propósito, mantente al margen, hoy te sentí muy distraída desde que atendiste a ese japonés.

-No se de que me hablas. Yo siempre me mantengo al margen.

-Eso espero por tu bien pluma. . .Te recuerdo que no tenemos tiempo de sentirnos mal o enamorarnos. No me vayas a fallar.

-No lo haré. . .

Pero algo dentro de Ángel la traicionó. María se acostó a dormir las horas que quedaban de la noche, sin darse cuenta que seguía pensando en aquellos hermosos azules, la única persona que hasta ahora había resistido su mirada.

Continuará

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