Advertencia: Vuelvo a reiterar que ésta historia contiene vocabulario y humor físico subido de tono. Hecha ya la advertencia, no quiero reclamos por si no te gusta el humor o las palabras de los personajes. Te advertí.


Capítulo 2: 'Cómo ser del sexo opuesto'

Ninguno de los dos se atrevió a tomar el contenido de los vasos. A Harry le daba profundo asco… De hecho ya se le estaba revolviendo el estómago y presentía que dentro de poco estaría vomitando lo que había sido su cena horas antes. Trató de concentrarse en otra cosa para ganar tiempo –y, tal vez, encontrar milagrosamente una razón para no beber eso- y decidió dedicarse a contemplar los materiales de trabajos de su amiga.

El caldero, el cucharón; y un par de cosas que no había reparado antes: Unos frasquitos con ramas y bolitas de color oscuro, una bolsita raída y un enorme libro cerrado, en su portada mostraba unas letras doraras que decían "Mil y un ingredientes exóticos".

-Si no mal recuerdo, en nuestro segundo año usaste el libro "Moste Potente Potions"… ¿No sólo que en ése salía la poción? – preguntó recordando con exactitud cómo Hermione trabajaba laboriosamente en la poción multijugos años atrás.

-Fui bastante inteligente para copiar los ingredientes y la preparación en un pergamino que guardé hasta hoy – dijo Hermione sonriendo. Se sentía orgullosa por haber pensando que posiblemente esa poción le sería muy útil – Como son tan difíciles de conseguir los ingredientes, consulté éste libro… – Puso suavemente su mano sobre la cubierta del enorme libro, junto a los frasquitos – Para ver si algún ingrediente podía ser reemplazado por otro, y aún así la poción quedaría bien. Muchos podían ser reemplazados, así que compré sus variantes en el Callejón Diagon e hice la poción.

-¿Me estás diciendo que somos los conejillos de indias de tu poción alternativa? – preguntó Harry viendo con más aprensión el vaso en sus manos.

-Bueno, si lo ves de esa forma… ¡Te aseguro que la variación de ingredientes no afecta de ninguna forma la poción!

-¿Cómo lo sabes? – Dejó el vaso en el lavatorio - ¿Acaso la probaste?

-No, por supuesto que no – respondió dándose cuenta que Harry se estaba aterrando – Harry, confía en mí. Es una poción multijugos normal.

-Por primera vez en mi vida no quiero confiar en ti – dijo, sabiendo que muchas veces había pensando que su amiga estaba equivocada y no le creía, pero esto era mucho más de lo que podía tolerar – Lo siento, pero… No puedo.

-Oh, bueno, entonces quieres que Ginny salga con… - No terminó la frase al comprobar que Harry la miraba prestando mucha atención – Es tu problema, Harry. ¿Quieres conseguir a Ginny?

No quería manipular a Harry de esa forma, pero sabía que era tan apasionado respecto a afectos hacia alguien, que su mente y corazón eran tan vulnerables que era muy fácil poder hacerlo cambiar de opinión con sólo unas palabras y jugar con su mente. A lo largo de sus años de amistad, Hermione había comprobado que Harry se dejaba manipular con mucha facilidad. Y así tendría que convencerlo de tomar la condenada poción multijugos. Todo por saber si Ron sentía algo más que mera amistad y odio hacia ella…

-Claro que sí. ¿Con qué imbécil va a salir? – le preguntó indignado.

-Lo sabrías si fueras su leal amiga Hermione… - contestó sonriendo de manera burlona – Sabrías mucho más de lo que crees si fueras yo.

La imagen de Ginny estando con otro –e inevitablemente la imagen fue de Dean Thomas- acechó su mente y sólo puedo pensar en ser Hermione Granger para averiguar si ella aún lo seguía queriendo. Era peligroso, pero…

-¡Hagámoslo! – dijo con firmeza y mucha seguridad mientras tomaba el vaso. Se sacó unos cuantos cabellos y se los pasó a Hermione – Dame tú.

-¡Así se habla! – Hermione sonrió complacida. Se sacó unos cuantos cabellos y se los dio a Harry. Mientras el chico echaba los cabellos en la poción, ella ya acercaba el vaso a los labios – A la cuenta de tres… Uno… - Harry parpadeó – Dos… - dijo la castaña y la voz le tembló un poco – Y… ¡Tres!

Cada uno se bebió con asco el contenido de los vasos. Harry sintió nuevamente esa pasta rancia y no muy agradable al paladar bajando por su garganta. Hermione cerró los ojos y le dieron arcadas al estar tomando eso, pero tenía que beberla… Tenían que hacerlo por el bien de los dos. No sabían si se habían tomado dos o cinco tragos de la poción multijugos, pero Hermione fue la primera que se dio por vencida y fue al sanitario a vomitar. Harry trató de no mirar cómo su amiga botaba todo por la boca y dejó el vaso en el lavatorio sintiendo que sus tripas se revolvían.

Observó su reflejo en el espejo. Estaba pálido y sudaba frío. No era nada alentador verlo en ese estado. Pareciera que en cualquier momento se fuera a desmayar. Su pelo azabache contrastaba enormemente con la palidez de su rostro. Aunque… ¡Su pelo no era tan azabache cómo había visto! Estaba tornándose más claro hasta llegar a un tono castaño. Sintió que la temperatura de todo su cuerpo subía y unas especies de burbujas le cubrieron todo el cuerpo. Bajó unos cinco centímetros de estatura y sus brazos eran más delgados de lo habitual. Miró en el espejo que su pelo estaba creciendo rápidamente hasta llegarle un poco más debajo de los hombros. Y ahora entre ondulado y enmarañado. Su nariz se le alargaba un poco y era más respingada. Sus ojos eran castaños y sus pestañas largas. Sus labios más finos y en la espalda una molestia que lo hacía encorvarse un poco. Aterrado vio que sus uñas de las manos crecían y sus dedos eran mucho más delgados. Y…

-¡Mierda! – gritó Harry con la voz aguda. Una voz que no le pertenecía – Mierda, mierda, mierda, mierda… - repetía llevándose las manos a donde deberían estar sus no muy atléticos pectorales, pero pectorales al fin y al cabo.

-Tienes pechos. ¿Y? Por favor, a ti no te va peor que a mí – le espetó una voz masculina extraña. Era como si no supiera emplear un tono adecuado para que sonase bien.

Harry, aún con las manos en sus pechos, vio a su lado a Hermione… ¿O debería decir Harry?... Su amiga era Harry Potter. La castaña –o más bien dicho, la castaña en Harry Potter- le quitó sus lentes y se las puso diciendo que ahora veía mejor. Harry pudo comprobar que sus lentes no lo dejaban ver tan bien ahora. Los dos se miraron de pies a cabeza comprobando que uno era el otro, aunque había algo que no habían pensado: Hermione aún traía ropa de mujer y Harry ropa de hombre. Ver la imagen de Harry con ropa de mujer era realmente gracioso y perturbador; pero ver la imagen de Hermione con ropa de hombre no mucho.

-¿Puedes pasarme tu ropa para ponérmela? – preguntó Hermione acercándose fastidiada e hizo una mueca – Creo que tu espalda es tan ancha que rompí mi blusa favorita.

-No me pienso sacar la ropa para que me veas desnuda – contestó Harry riendo. Hermione sonrió – Es raro hablar usando el género femenino en mi persona…

-Me da lo mismo verte. Es mi cuerpo en el que estás, así que pásame tu ropa, Harry – le pidió de una forma tan femenina que parecía que fuera gay.

-Cuando te comportes como un hombre, te la paso.

-¡Soy un hombre! – afirmó no muy convencida – Tengo brazos, piernas, estómago y hasta… - Señaló su zona pélvica – tengo… este amiguito… Eso me hace hombre – terminó sonrojada.

-¿Amiguito? Es más que un amiguito, Hermione. Es tu vida. Primera lección de cómo ser hombre: Cuida a tu amiguito con tu vida. Si algo le pasa, además de dolerte muchísimo, te afectará tu vida completa – explicó elocuentemente - ¿Cómo pueden vivir con estas cosas? – preguntó señalando sus pechos y saltó un par de veces – Se mueven mucho…

-Es porque usamos un sostén, corpiño, etc. Además te acostumbras – dijo y después chasqueó la lengua – Y eso me recuerda que tengo sostén y tú no… Te lo pasó de inmediato para que veas que no es tan incómodo.

Hermione se metió la mano debajo de la blusa y después de un par de movimientos muy extraños y complicados, por el hecho de que su ropa le quedaba apretada al tener el cuerpo de Harry, sacó un sostén rosa. Miró a Harry, quien se sonrojó hasta los pies, y ella se tapó la cara dándose cuenta que era demasiado lo que ocurría.

Estaban hablando de pechos, del "amiguito", de sostenes y de formas del cuerpo del otro que jamás deberían estar teniendo. Mucha información. Ninguno de los dos pensó jamás que fueran a tener una conversación de ese tipo. Era tan privado para las mujeres o para los hombres que decirle a alguien del sexo opuesto era una idea inexistente. Y ahora debían hacerlo por el bien de los dos. Tenían que responder sus dudas, dar información, explicar cómo ser el sexo opuesto. Tenían un cuerpo ajeno y tenían formas que jamás habían tenido.

-Toma – La castaña le pasó el sostén aún con la otra mano tapándose la cara – Y… Escóndete en la ducha, con las cortinas cerradas, así te lo pones en privado.

-Pero… - Tomó el sostén y lo miró por unos segundos – No sé cómo ponérmelo. No entiendo ésta cosa.

-¿Quieres que te ayude? – preguntó después de toser.

-Sí… O sea, sé que debo ponérmelo por aquí. Acá van los brazos – Señaló los dos espacios – Y estos los sostienen; pero el abrochármelo será un problema – dijo mirando a todos lados, menos a su amiga.

-Ah, es fácil. Póntelo sin abrochártelo. Me dices y yo te lo abrochó. No te tendré que ver nada; sólo tu espalda.

Harry tragó saliva muy cohibido y avanzó a la ducha para cambiarse. Estaría en el cuerpo de Hermione, pero aún así no quería que su amiga lo viera. Cerró la cortina y se sacó su camisa bastante nervioso. ¡No podía ser que estuviera en el cuerpo de Hermione! Se desabrochó los botones y trató de mirar al techo conteniéndose de las ganas de mirar hacía abajo. Era un hombre –y qué hombre en el cuerpo de Hermione- y la posibilidad de ver semidesnuda a su amiga era muy tentadora. Aunque estuviera en su cuerpo. La tentación de ver lo prohibido y soñado por cualquier adolescente hormonal. Era casi un sueño hecho realidad. Incluso se le pasó por la mente la idea de tocarlos. ¿Y si lo hacía? Hermione no tendría por qué enterarse que había aprovechado de… conocer un poco su cuerpo. ¡Sí, conocerlo! Más que mal estaba en él y tenía que conocer en qué estaba metido. Abrió los ojos y casi con temor empezó a bajar su cabeza. ¡Ojala estuviera en el cuerpo de Ginny! Oh, eso sí que lo disfrutaría… El cuerpo de su obsesión pelirroja debía ser perfecto y afrodisíacamente…

-Harry, apúrate, por favor. ¿Por qué te demoras tanto? – La voz de su amiga le llegó como una campana recordándole que debía ponerse un sostén, que estaba en el cuerpo de Hermione, que era un maldito pervertido en el cuerpo de su mejor amiga y que hacía toda esa mierda por saber si Ginny aún pensaba en él – Mientras, pásame la camisa… Así me empiezo a cambiar. Yo te paso mi blusa.

-Sí… Claro, de inmediato – respondió y lanzó su camisa por encima del tubo que sostenía la cortina – Y ahora… Esto… - Sus manos le temblaban. ¿Estaba a punto de ver cómo era el cuerpo de Hermione? No, no, no. No podía hacerlo. Debía estar muy mal para estar pensando en algo así. Ya había cumplido 17 años, no era un adolescente; era casi un hombre maduro. Los hombres maduros no pensaban en aquellas cosas – Listo – dijo abriendo la cortina, de espalda a su amiga, para que le abrochara el sostén.

-Es fácil. Sólo pones esto aquí y ya… Ya tienes puesto un sostén, Harriet.

-Acuérdate que me llamo Hermione Granger y amo a Ron. Amo a Ron. Sueño con Ron, como con Ron, pienso en Ron y todo me huele a Ron – bromeó al oír como Hermione se reía de haberlo llamado Harriet – Pásame tu blusa, por favor. Ya me quito los pantalones para pasártelos.

-No siempre pienso en Ron. Grábatelo bien en tu cabeza – Le pasó de mala gana la blusa y él cerró nuevamente la cortina.

Se puso la blusa de algodón de su amiga. Empezó a mover los brazos de una forma extraña porque le incomodaba el sostén. ¿Cómo podían soportar las mujeres estar con esa mierda puesta? Era horrible. Apretaban mucho, aprisionaban.

-Necesito tu ropa interior… - dijo Hermione.

-Oye, eso es demasiado personal. ¡No puedo compartir contigo eso! – replicó aterrorizado el muchacho.

-Entonces no me pondré pantalones, lo que significa es que verán como Harry Potter se pasea en ropa interior femenina de color rosa con sus malditas piernas peludas, gordas y…

-Ya, ya. Entendí desde el verme con ropa femenina. Mis piernas son hermosas, Hermione. Son dignas piernas masculinas… Tan mal no estoy – Se empezó a quitar los pantalones.

-Pásame inmediatamente tu ropa interior, Harry.

-Espérate un poco – dijo ya con los pantalones en sus manos.

-Harry… Estoy tentada en verte a tu querido "amiguito" y no quiero verlo. ¡Tendré pesadillas! – gritó histérica mientras a Harry le caía una falda y unas pantaletas rosas.

-Acá van – musitó sonrojándose hasta la punta de los pies mientras se sacaba su bóxer y lo lanzaba junto con los pantalones por encima del tubo que sostenía la cortina.

Recogió la falda y se dedicó a observar las pantaletas. Era tan pequeñas, delicadas, hermosas y definitivamente increíbles. Por un momento olvidó que estaba hablando de las pantaletas de Hermione Granger, su amiga, y como cualquier adolescente hormonal empezó a admirar aquella bendita prenda.

Con mucha delicadez se puso las pantaletas, luego la falda y se observó por un momento. Sus piernas eran delgadas y no tenían ningún pelo. Y aún observándose abrió la cortina.

-Oh, qué sexy te ves, Harriet – le dijo Hermione haciendo un silbido.

Hermione era su propio reflejo, cuando era aún un hombre. Se veía como un Harry Potter cotidiano con sus pantalones oscuros y su camisa azul. El pelo rebelde, las gafas; incluso la cicatriz. Todo estaba en orden para que pareciera él.

-¿Parezco una Hermione?

-Obvio. ¿Parezco un Harry?

-Absolutamente – respondió sonriendo mientras salía.

La muchacha tomó su varita del lavatorio y limpió el caldero. Guardó los frasquitos, el libro, los vasos y la bolsita dentro del caldero. Hermione se lo pasó a Harry y observó su reloj de pulsera.

-Ya llevamos diez minutos… Nos quedan cincuenta – dijo con voz solemne – Ahora casa uno irá al cuarto que debe ir. Cuando sean las once di que vas al baño. Yo también haré lo mismo y acá volveremos a nuestros cuerpos originales. ¿Alguna duda?

-Ninguna. Sólo espero que tu maldita poción alternativa funcione – Se puso los zapatos de su amiga.

-Bien… - Se guardó el reloj en el bolsillo – Sólo debo advertirte que si pasan cosas… raras para ti, actúa normal. En general entre mujeres no tenemos pudor en varios ámbitos. Y también no abordes el tema de "¿Te gusta Harry Potter?" de golpe. Ve la forma de llegar al tema casualmente.

-Lo mismo para ti. Y no te dejes llevar mucho por las idioteces de Ron… A veces habla mucho de lo que en realidad no siente. Da una apariencia diferente a lo que es.

-Vale – asintió poniéndose las zapatillas de Harry.

Los dos se acercaron a la puerta y se miraron. Cada uno sonrió y se dieron un abrazo de apoyo mutuo. Hermione le deseó mucha suerte mientras Harry le decía que sólo harían esta locura por una vez en sus vidas. Al sentirse un poco más animados y valientes, Harry tomó el pomo y lo giro. La puerta se abrió dejando que aire puro entrara a ellos.

Subieron juntos la escalera de caracol en perfecto silencio. Estaban muy nerviosos. ¿Y si todo resultaba mal?

Llegaron rápidamente a la habitación que le correspondía a Ron. Hermione respiró profundo mientras se mentalizaba en cómo entrar a lo Harry Potter en el cuarto del pelirrojo. Miró de reojo a Harry antes de entrar y cerrar inmediatamente la puerta.

Harry siguió. Pasó el cuarto de los gemelos y su corazón empezó a latir violentamente al encontrarse con la puerta de Ginny. Sus manos le transpiraban y ya veía que en cualquier momento el caldero se le caía. Entró tratando de aparentar normalidad.

-¿Dónde diablos estabas?

Harry cerró la puerta y no pudo evitar sonreír al ver como Ginny aparecía en el cuarto desde una puerta del fondo –el ropero, por lo que pudo observar- y le hablaba como una persona normal. Por primera vez escuchaba la voz de la pelirroja dirigida a él… Bueno, en realidad a Hermione. Era bien patético, mejor dicho.

-Fui a… - Miró el caldero con las cosas en su mano - … buscar estas cosas que le presté a Harry – terminó no muy convencido.

-Ah. No me digas que ése tiene una nueva obsesión con las pociones. Tal vez Slughorn sea su nuevo maestro – comentó tendiéndose en su cama.

-Practicaba algunas cositas para el examen de ingreso a la Academia – Caminó hasta la cama vacía.

Dejó el caldero en el baúl abierto junto a la cama y se tendió. Tosió muy incómodo. No sabía qué decir o cómo continuar la conversación. Se sentía muy ajeno y perdido.

-Necesito que me prestes algo de ropa y ya sabes que amo tus nuevas poleras (n/a: o remeras). ¿Puedo? – le preguntó acercándose a su baúl.

-Claro. Saca cualquiera – respondió sintiéndose algo mal de prestar ropa que no era suya.

-Mmm… Ésta celeste está linda – dijo sacando una muy escotada. Harry abrió los ojos pensando para qué necesitaba ese tipo de ropa – Pero la negra es genial. Adoro que diga 'Se mira, pero no se toca' en la zona del busto. La verde me gusta… ¿Cuál crees que es mejor? – Le enseñó las tres.

-La negra – dijo rápidamente al ver que era la menos exhibicionista de todas.

-Genial. El negro resaltaría mi cabello. Me la pondré ahora – Dejó las otras poleras en el baúl y se llevó las manos adonde terminaba el dobladillo de su blusa morada.

¡Se iba a sacar su blusa allí mismo!

Consejo número uno de una chica a un chico en el cuerpo de una chica: Sólo debo advertirte que si pasan cosas… raras para ti, actúa normal. En general entre mujeres no tenemos pudor en varios ámbitos.

Debía ser normal. Normal. Él estaba en el cuerpo de la amiga de la chica que le gustaba y la chica que le gustaba se estaba desvistiendo en frente de él. Era totalmente normal entre mujeres y no debía dar muestras de asombro o… ¡Ginny era asombrosa! Harry vio en primera fila a su pelirroja sólo es sostenes. Eran de encaje celestes y la copa tenía una forma que hacía hacer ver tremendamente más grandes sus… ¡Estaba viendo a Ginny en sostenes! Y eso era normal. Claro, pero Hermione no le advirtió que era normal que ella viniera a hacerle eso en frente. ¿Pero de qué se estaba quejando? Era el más genial regalo de Merlín tener a la pelirroja así. Varias semanas de indiferencia eran rotas por el calor de Ginny en sostenes a casi dos metros de él. Tal vez debía haber hecho hace mucho tiempo esto de cambiar con Hermione. Refrescaba su vista.

-¿Cómo me queda? – preguntó dándose una vuelta lenta para que él alcanzará a verla bien – Me queda bien, según yo… Agradezco a Merlín que hace que me vea más delgada de lo que soy y que éstos – Señaló sus pechos – no se me vean enormes.

-Sí, te queda increíble – respondió aún embobado por la imagen anterior.

-Estás algo rara… ¿Te sientes bien?

-Claro que estoy bien, Ginny. Perfectamente bien – asintió con rapidez. Por su mente le pasó algo que le había dicho Hermione en el baño - ¿Con quién vas a salir, Ginny?

-Creo que te lo dije. En fin… Con Roger Davies.

-¿Roger Davies, el jugador de Quidditch de Ravenclaw en quinto año? – inquirió atónito.

-Sí, el mismo. Era cazador en el equipo de su casa y cuando fui buscadora en mi cuarto curso… Y para ti tu quinto año… me hice muy amiga. Era bastante simpático. También me ayudaba en la biblioteca cuando se me caían libros – dijo sonriendo y arqueó una ceja – Pero… Tú sabes cómo me hice amiga de Roger. ¿Para qué me preguntas?

¡Ése desgraciado hijo de puta iba a salir con Ginny! La imagen de Roger Davies en su cabeza era la de un tipo muy simpático, con quien Cho intentó darle celos en su primera cita, excelente cazador y capitán del equipo de Quidditch de Ravenclaw y con quien Fleur Delacour había asistido al Baile de Navidad del Torneo de los Tres Magos. Para él, Roger Davies había sido alguien más en su vida, un buen tipo, pero alguien más. ¿Cómo era posible que fuera a salir con Ginny? No tenía idea que se conocían, que fueran "amigos" como ella decía –sí, y yo soy el mejor amigo de ella-, que ese maldito tipo estaba involucrado en la vida de Ginny. ¿Qué estaba pasando en el mundo? Todo se estaba volviendo loco.

Ginny lo miró pensativa. Notaba perfectamente que algo malo le estaba pasando a su amiga porque se había quedado callada y apretaba los dientes enojada. Sin decir nada fue hasta su escritorio y sacó una de sus revistas para leerla mientras esperaba que –en teoría- Hermione volviera a ser normal.

-¿Hace cuánto sales con él? – preguntó tratando de lograr el tono de voz más despreocupado que pudo.

-Ésa es una pregunta tan idiota, Hermione – masculló Ginny sin levantar la mirada de un artículo de su cantante preferido – ¿Es una broma, cierto?

Aunque quisiera matar a ese engendro del demonio, tenía que pensar muy bien qué decir. Supuestamente Hermione sabía todo y si empezaba a preguntar tanto, Ginny se daría cuenta y quedaría al descubierto. Quizás éste fuera el momento propicio para sacar al tapete el tema de él. Sí… ¿Por qué no decir que le preguntó eso al saber que podría dañar los sentimientos de Harry? Y de paso pensar por qué estaba hablando de él mismo en tercera persona.

-No, no… - Se enderezó y buscó la forma de decirle lo que quería – Es que… Harry está aquí. No sé si te has dado cuenta, pero él está muy pendiente de ti. ¿Qué pasaría si se llega a enterar que sales con Roger? – preguntó pensando que en realidad estaba prácticamente babeándose por ella.

-Mi vida no gira en torno a él. Seguramente está pendiente de mí porque cree que debo seguir como un perrito encariñada… No por el hecho de haber terminado significa que me quedaré como una desahuciada llorando, sin vida. Es el pasado – Dejó la revista de lado - ¿Por qué te preocupas tanto por lo que él sienta? Preocúpate por mí… Estoy sola como un perro abandonado. Mi única entretención es salir con mis amigos.

Siempre se había preguntado cómo se podían tener dos sentimientos tan fuertes y antónimos. No hay tanto espacio en el cuerpo de uno para tener emociones encontradas. Bueno, ahora sabía que estaba muy equivocado. Por una parte estaba muy feliz por enterarse que Ginny estaba sola –como un perro abandonado, como había dicho ella- y el haber oído que le importaba una mierda los sentimientos de él no era nada alentador.

Bajó la mirada y se dio cuenta de algo atroz: Unos vellos empezaban a crecer muy rápidamente en sus piernas. Harry se llevó las manos a su cara espantado por ver que el efecto de la poción multijugos estaba a punto de acabarse. Sintió que la barbilla ya no era tan suave, sino que le estaba creciendo un poco su barba… ¡Tenía que hacer algo rápido!

Chilló y Ginny lo miró extrañada. Le pregunto si estaba bien y sólo asintió. Se puso de pie y trató como pudo de bajarse la falda para que no le viera las piernas. Tomó el largo cabello y se lo puso para taparse la cara. Seguramente Ginny debía estar viéndolo como si necesitará ayuda psiquiátrica urgente, pero no le importaba. Estaba volviendo a ser él mismo y no podía dejar que lo descubriera.

-¿Adónde vas? – preguntó Ginny al ver que salía del cuarto.

-Eh… bueno… Voy al baño… tengo una emergencia femenina… - respondió con una voz grave. A menos que Hermione tuviera un fuerte resfrío, esa voz era muy masculina para ser de ella.

-Ah, pero… Tu voz – musitó entornando los ojos. Era extraño que Hermione estuviera actuando así – Pero… Hermione…

-¡Mierda! – gritó Harry y salió corriendo.

Ginny vio como salía sin cerrar la puerta y en una de las actitudes más raras de su vida. ¿Estaba bien?

OoOoO

Por suerte Ron todavía no subía. Debía aún estar haciendo su nueva jugada o guardando las piezas del ajedrez mágico. El nudo en su garganta se aflojó poco a poco hasta que pudo concentrarse y no temblar. ¿En qué lío se había involucrado? Había arrastrado a Harry a hacer esa locura y ella… No quería ni pensar en el momento en que Ron entrará. No sabía cómo ser un chico; más bien dicho, no sabía cómo ser Harry Potter. ¿Harry que hacía cuando se encontraba solo en el cuarto? Quizás a gritar como loco diciendo que nada es su culpa como lo hacía típicamente hace casi tres años atrás o afeitarse. Sí, lo más masculino que se le ocurría era afeitarse la barba. Se llevó una mano al mentón y sintió como la barba mal cuidada de dos días se le incrustaba levemente en los dedos.

Fue hasta la cama de Harry y se sentó en ella pensativa. ¿Qué cosa haría un hombre esperando a otro? Leer no era una buena opción. Ella leería, pero tenía la seria idea que Harry no sabía lo que era un libro… ¿Hacerle mantenimiento a su escoba? Eran las diez de la noche y algo minutos y sería muy fuera de lugar hacer eso a estas horas.

Resoplando se levantó un poco los pantalones, dejando al descubierto sus pantorrillas. Se tocó pensando lo fácil que era la vida de un hombre al no tener que depilarse. También se llevó las manos a los no muy formados pectorales y sonrió al no tener que usar sostén. ¡Era libre!

-¿Qué carajo haces? – preguntó Ron entrando y Hermione se sonrojó – Haz eso en el baño, si quieres, pero no te toques así acá… Es profundamente enfermizo.

-Sólo comprobaba la firmeza de mis pectorales – dijo ella con una voz muy aguda – O sea… Bueno, tú sabes – Aún no sabía manejar la voz grave de Harry.

-Te aseguro que si jugamos ajedrez mágico te patearé el trasero en menos de diez segundos. Ahora me considero el emperador del ajedrez… - comentó avanzando hasta su cama y se sacó los zapatos.

-Sabes que siempre perderé contra ti.

-Algún día lejano puede que empates conmigo. Tal vez si yo fuera tu maestro aprenderías lo que es jugar de verdad – Se sacó la camisa para ponerse su pijama.

Hermione volvió a sonrojarse y apartó la vista. No estaba haciendo nada bien y ahora él se cambiaba en frente suyo… Sintió como la sangre le hervía y algo tenía mucha energía. Demasiada. Con horror bajó la vista y se dio cuenta que por estar en el cuerpo de un hombre, al tener un mínimo de estimulación visual esa… cosa… estaba cobrando vida. ¡Mierda, se estaba levantando!

-¡No! – gritó levantándose y dándole la espalda a Ron – No, no, no… Maldita sea.

-¿Qué te pasa, amigo? – preguntó el pelirrojo terminando de cambiarse.

-Eh… Nada. Creí que había una araña en la cama, pero… es una mota de polvo – respondió tratando de formar imágenes nada agradables para que "eso" dejará de tomar vida - ¿Ya terminaste?

-Sí – Ella se dio media vuelta y sonrió aliviada que ya no lo viera así – Ni que te diera vergüenza verme…

Volvió a recostarse en la cama y pensó que estaba haciendo todo mal. Debía estar averiguando si sentía algo más que amistad por ella y resulta que terminaba cayendo en un problema de excitación masculina. ¿O femenina? Daba igual. Estaba demasiado nerviosa y no se le ocurría ninguna manera de poner en el tapete el qué piensa él de Hermione Granger.

-¿Sabes si Hermione ha entrado ya a la universidad? – preguntó y se golpeó disimuladamente en la frente pensando que era una forma muy idiota de mencionarse.

-No sé… Pero creo que quería medimagia o psicología o economía o cualquier cosa que sea perfecta para su mente brillante – respondió riendo – Lo único que me alegro es que no haya querido ser auror como nosotros. ¿Te imaginas que siga insistiéndonos en hacer el trabajo y en torturarnos con eso de ser responsables?

-¿Eso qué tiene de malo? – inquirió frunciendo el ceño y poniendo las manos en las caderas.

-Eh… - Alzó una ceja al ver aquella posición de su amigo y Hermione inmediatamente se dio cuenta que era un hombre, no una mujer - ¿Qué tiene de malo? Odiamos eso, Harry. Por fin seremos libres de esa… obsesiva compulsiva por el estudio. Haremos las cosas por nuestra cuenta.

Consejo número uno de Harry para Hermione en el cuerpo de Harry: No te dejes llevar mucho por las idioteces de Ron… A veces habla mucho de lo que en realidad no siente. Da una apariencia diferente a lo que es.

Tenía que controlarse. Según Harry y ella misma sabía muy bien que Ron hablaba por hablar y no meditaba bien el efecto de sus palabras. Además que no podía enojarse porque Harry no se enojaría… ¿Y él no la defendía ante esas ofensas de Ron? Vaya, lindos los amigos que tenía. Para eso mejor tener amigos como esos dos que enemigos.

Pero ella era Hermione en el cuerpo de Harry. ¡Tenía que defenderse!

-¿Ah, sí? Bueno, creo que a veces Hermione hace lo correcto porque eres un flojo… Jamás por iniciativa propia has hecho los deberes en Hogwarts. Siempre tenía que yo… ella, sí. Ella, Hermione – se corrigió torpemente – la que te obligué o que estemos hasta el cogote con cosas atrasadas.

-¿Para qué la defiendes si sabes que tengo razón? – preguntó notando que su amigo estaba bastante raro – Pareciera que estuvieras enamorado de ella – comentó medio en broma y medio en serio. Hermione notó como la miraba expectante con alguna respuesta negativa a su afirmación.

-Por supuesto que no… Tú sabes que yo sólo tengo ojos para Ginny – agregó pensando en el amor sufrido y ya casi imposible de su amigo.

-Menos mal, pervertido. He notado como miras a mi hermana y antes que se te caiga la baba, mejor piensan en la golpiza que te daré si le haces algo – la amenazó con una sonrisa al oír que Harry sólo tenía ojos para su hermana.

¿Tal vez eso significaba que Ron le tenía sentimientos?

Sintió nuevamente como la sangre le hervía y algo se le levantaba. ¿Percibir que Ron la quería más que una amiga era tan excitante para que pasara de nuevo? Con odio por estar en el cuerpo de un adolescente hormonal bajó la vista y se dio cuenta que no era eso. O sea, algo sí se le estaba levantando, pero no… la cosa. Sus pectorales estaban creciendo para formar un busto. Observó como sus manos iban adelgazando y sus uñas crecían. Le molestaba ver con anteojos y se los sacó con horror al notar que ya debían ser más de las once de la noche porque estaba volviendo a ser ella misma.

-Harry… tu cicatriz… - dijo Ron apuntándolo muy sorprendido.

-¡Tengo que ir al baño! – Hermione salió corriendo y pensando que ya no debía tener la cicatriz y que ahora debía estar casi con su cuerpo original.

Bajó al baño y se encontró con la puerta cerrada. Tocó varias veces hasta que Harry le abrió la puerta y ella entró rápidamente. Si es que a eso se le podía llamar Harry… Era una horrible combinación entre hombre y mujer. Seguramente ella debía estar en las mismas condiciones que él.

-Me dijiste que las mujeres tenían poco pudor, pero jamás me advertiste que Ginny se iba a desnudar en frente mío… - dijo él respirando agitadamente.

-Oh, vamos. No te fue peor que a mí. No sabía que a los hombres se les parará tan rápido por unas pequeñeces – replicó molesta – Vi a Ron sin camisa y se me paró. ¿Sabes lo que es eso? Le tendría que explicar o que eras gay para que te excitara eso o todo nuestro plan.

-¿Te excitaste con eso? – preguntó quitándole los lentes de las manos y se los puso – Entonces necesitas ver más películas porno o pasar más tiempo con hombres desnudos… Eres una mojigata.

-¡Cállate! – Se sonrojó avergonzada – Y más encima me di cuenta que tú jamás me defiendes contra las palabras de Ron. ¿Es verdad que se sienten torturados sólo por preocuparme que sean responsables con sus deberes y trabajos?

-Bueno… A veces te excedes un poco.

-¿Excederme un poco?

-Bueno, bastante.

Harry sonrió y ella también. Comprobaron que cada uno volvía a ser normal e hicieron el mismo método para cambiarse de ropa. Harry le comentó brevemente lo que había pasado con Ginny desde la ducha y Hermione cómo le había ido con Ron.

-¿O sea que ninguno logro nada? – preguntó finalmente Hermione viéndose en el espejo.

-Nada… Tal vez esto fue una mala idea – dijo Harry acomodándose sus lentes – Aunque cada uno tuvo una muy buena recreación de vista. Me encanta tener esas imágenes en mi cabeza. ¿Tú no?

La única respuesta que Harry obtuvo fue un golpe suave de Hermione en su brazo. Los dos empezaron a reírse sin poder detenerse.


Notas de la autora: ¡Hola! Me demoré un poco con este capítulo, pero acá estoy. Gracias por todos sus saludos de cumpleaños. Me sentí muy especial y querida por todos ustedes… Pero, volviendo a mi demora… Me mudé de casa y ahora ando enferma. De hecho debería estar en cama, pero me salió mi inspiración literaria y tuve que terminar el capítulo. Acá el resultado.

¿Qué les ha parecido? Eso de tener poco pudor entre las mujeres es verdad. Al menos para mí. Como voy en un colegio se sólo niñas, tenemos excesiva confianza hasta el grado de pasearnos por todo el salón en ropa interior xD! Así que ya saben hombres: Siempre es una agradable visión el ver cómo una amiga le pide otra ropa prestada. Para Hermione fue un poco más difícil. Al estar en el cuerpo de un hombre, reaccionaría como un hombre. Las mujeres necesitan más que estimulación visual para excitarse… Los hombres necesitan casi nada ¬¬ Por mínimas cositas ya están batallando con "la energía excesiva". Y en especial al estar en la adolescencia como Harry.

Fue difícil lograr el cómo sentirse en el cuerpo de alguien del sexo opuesto. Espero haber logrado un resultado positivo con eso… El tener formas que jamás has tenido, el sentir cositas que se mueven que no es normal para ti, etc.

¡Millones de gracias por sus reviews! Obtuve hartos y me hace sentir súper feliz. Espero que me sigan mandando su opinión para saber qué hago bien y qué hago mal. Así mejoro el fic por sus sugerencias.

Para los lectores de 'Juegos de Amor' me demoro con el capítulo porque aún no encuentro un final perfecto. Me sale o muy romántico o muy celentón… Necesito encontrar un equilibrio, pero espero tenerlo dentro de ésta semana. Quiero ponerle fic ya a ese fic para dedicarme por completo a éste.

Cuídense mucho y recuerden que no les cuesta nada apretar el botoncito Go de abajo, adiós!