Capítulo 3: 'Con una no basta'
Hermione y Ginny se encontraban en el jardín. La pelirroja leía una novela mientras Hermione terminaba de llenar algunas planillas de ingreso a la universidad. Después de desayunar muy temprano salieron a tomar un poco de sol, y a aprovechar de hacer sus cosas.
La pelirroja le lanzó una mirada extraña a Hermione antes de cambiar la hoja de su libro. Y su amiga sólo dejó caer su cabeza encima de las planillas pensando que Harry era un imbécil al decirle a Ginny que iba al baño por una emergencia femenina. ¿El decirle que las mujeres tenían poco pudor no le había dejado claro que entre ellas no había secretos? Su período había acabado la semana pasada y Ginny lo sabía, así que al oírla –mejor dicho oír que Harry en su cuerpo- decir que tenía una emergencia… Era raro. A menos que su cuerpo tuviera cambios hormonales serios o sufriera una hemorragia, era sospechoso. Es por eso que en el desayuno le dio la peor explicación usando las hormonas muggles, estrógeno y progesterona, para salir airosa del asunto, pero Ginny la veía extraño porque sabía que le mentía.
-¿Podrías dejar de mirarme así? – le preguntó la quinta vez que le lanzó aquella inquisidora mirada.
-Cuando me digas por qué saliste corriendo ayer… Estabas rara, en serio. Y eso de tener problemas con tus niveles hormonales de no sé qué cosa muggle no me aclara el asunto.
-Es tu problema que no me creas – Se sentó y cruzó los brazos molesta – A todo esto… ¿Por qué tengo que mantenerte informada de mis ciclos menstruales? Para eso mejor te paso un calendario informándote mi ovulación, mi período, cuándo tengo reflujos y…
-¿Pero de qué hablas, Hermione?
Ella se quedó pálida y abrió la boca ligeramente al saber que esa voz era de Ron. Vio como Ginny se doblaba de la risa y sonrojándose giró la cabeza para encontrarse con el pelirrojo y Harry. Ron la miraba entre asco y espantado y Harry simplemente sonreía sabiendo la razón de esa extraña conversación.
-¿Y qué te importa? Soy una mujer y hablo de mi cuerpo – dijo Hermione sintiéndose la persona más pequeña y patética del mundo.
-Pero es asqueroso… ¿Por qué hablan de eso? – inquirió sentándose junto a ella.
-¿De verdad quieres saberlo? – Habló esta vez Ginny lanzándole una mirada divertida a su hermano.
-Creo que eso es una negativa – dijo Harry de lo más entretenido al ver como Ron apartaba la mirada avergonzado – Supongo que podemos hablar de otra cosa, porque no quiero saber nada más de sus asuntos femeninos – Miró que para verles las caras a Ron y Hermione tendría que ir al lado de Ginny.
-Los dejaré tranquilos para que conversen – anunció ella sin mirar a Harry y con absoluta naturalidad se puso de pie.
La voz de Ron le llegaba como si estuviera muy lejos y la imagen tratando de esconderse bajo su enmarañada melena era borrosa. No le importaba nada porque ella se iba con lentitud a La Madriguera, dejándolo solo. ¿Acaso no podía ni estar cerca de él? Ginny sabía bien que se iría a sentar a su lado y por eso se iba… Como si fuera un enfermo con lepra.
A la mente le vino nuevamente esa idea. Desde que se había despertado estaba tentado a preguntarle a Hermione si había guardado poción multijugos, si podía conseguir otra lista para no esperar un mes. No habían averiguado nada, la misión no la habían cumplido. Era más que lógico que debían volver a transformarse… ¿Verdad?
Cerró los ojos y sintió que las imágenes de Ron sacándose su camisa, viendo su cuerpo… ¡cada vez que cerraba los ojos se acordaba de Ron así! Sus mejillas seguramente estaban tornándose aún más rojas. Era una idiota pro haber persuadido a Harry de hacer esa locura. Además de no hacer nada de lo que planearon, tampoco podía borrarse esas imágenes de su pelirrojo. Se estaba volviendo una pervertida porque hasta le gustaba. Y mucho.
-¿Qué estabas haciendo antes de hablar de esa porquería con mi hermana?
-Planillas de ingreso a la universidad. Postulo a cinco carreras – respondió automáticamente aún con los ojos cerrados.
-Me pregunto por qué tienes los ojos cerrados. ¿En qué estará pensando, Hermione? Quizás cositas sucias – comentó Harry volviendo a la realidad y Ron se rió a carcajadas.
-Cierra la boca… Sino quieres que vaya a decirle a Ginny que te devuelva toda la baba que se te caía al verla irse. ¿Tan desesperado estás? – Arqueó una ceja y una pequeña sonrisa se asomó por sus labios.
-Y yo creía que era el único con el derecho de pelear contigo – le dijo Ron a la castaña aún riendo.
-¿O sea que soy tu juguetito de discusiones? – inquirió molesta y recordó perfectamente que la noche anterior él había dicho que ella era una obsesiva por el estudio, que no lo dejaba ni respirar.
-Eh… no. Jamás he pensado eso.
-Me alegro porque a veces eres insoportable – Tomó todas las planillas y su pluma – Ambos son insoportables – agregó lanzándole una mirada asesina a Harry antes de partir a la casa.
Ron lanzó un soplido mientras ponía los brazos detrás de la cabeza y se recostaba.
-Tal vez sí deba darle ese calendario a Ginny con su ciclo menstrual y esas idioteces para saber cuando está de buen humor – comentó sonriendo.
-¿De verdad quieres saber todo eso de Hermione? Es demasiada información.
-¡Es verdad! No quiero saberlo todo como ella – asintió mientras reía junto a Harry.
OoOoO
La señora Weasley le pidió a Ginny que la ayudara a buscar entre las bolsas del mercado unas verduras que necesitaba para el estofado y que ordenara su cuarto lo más rápido posible. La chica empezó a reclamar que no podía hacer dos cosas a la vez y Hermione se ofreció a ordenar la habitación, más que mal dormían juntas allí, aunque toda la basura y el desastre eran por parte de Ginny, ya que no era para nada pulcra ni limpia.
Así es como Hermione terminó sacando papeles, periódicos, revistas, pergaminos y un sin fin de porquerías de los rincones del cuarto de Ginny. Descargaba su ira en contra de Ron lanzando lo más fuerte que podía la basura a la bolsa. ¿Cómo podía ser tan cínico de bromar con ella como si nada cuando le decía a Harry que era una obsesiva compulsiva por el estudio? Sólo se preocupaba por ellos, pero si agradecían el hecho que ya no estudiarían en el mismo lugar… ¡Le gustaba ese idiota que la llamaba torturadora!
-Aquí estás – dijo Harry entrando a la habitación y recibió un cuaderno en su cara - ¡Oye, eso me dolió! – gritó sobándose la nariz mientras dejaba el cuaderno en una cama - ¿Qué te pasa?
-¿Te parece que es una muestra de compañerismo empezar a bromear sobre tú sabes qué?
-¿Cuándo hablas de tú sabes qué debería saber qué cosa? – preguntó confundido.
-¡Que hay imágenes que no se borran de mi cabeza!
-Ah, eso… Sólo era una bromita – dijo pensando que su amiga era un poco exagerada.
-Es que no entiendes nada, Harry. Me importa una… - Se abstuvo de decir una palabra que siempre Ron decía y ella lo retaba por decirla – Que sea una broma. Es más que una broma porque me hice pasar por ti y no sé si él me quiere. Lo único que pude sacar como conclusión es que odiaría que tú y yo fuéramos algo más que amigos.
La castaña se sentó en su cama y escondió rostro entre sus manos. Harry algo consternado por ver a su amiga tan afectada le dio unas palmaditas en la espalda en silencio. Nunca antes había visto a su amiga hablando así. Siempre había tenido la imagen que Hermione era una especia de mujer sin corazón o con el corazón muy bien escondido porque en contadas ocasiones demostraba sus sentimientos… Y en este caso era la desesperación de no saber si Ron la quería como más que una amiga. Se sintió algo insensible al considerar que su amiga no tenía corazón y llegó a comprender cómo se sentía Hermione.
-Ya, ya… Debo ser fuerte – dijo reponiéndose y se levantó para seguir recogiendo la basura del cuarto - ¿No estabas con Ron en el jardín? – preguntó para cambiar de tema.
-Sí, pero dije que vendría al baño – Miró que nadie se encontraba en el marco de la puerta y que ningún pasó se escuchaba proveniente de las escaleras – Creo que deberíamos transformarnos de nuevo.
-¿Qué? – Hermione abrió los ojos desmesuradamente – Dijimos que era sólo una vez.
-Pero ninguno concretó nada. Y una hora es muy poco… Por favor, Hermione, estoy casi seguro que quieres volver a hacerlo cuantas veces sea necesario – dijo para tratar de convencerla – Ahora sería mejor porque nos diremos muy bien todos los pequeños detalles para que no se den cuenta que cambiamos y… Todo será perfecto.
-Y me decías a mí que era una loca – masculló mientras lanzaba un pergamino arrugado en la bolsa – No lo sé… Es muy arriesgado.
-Pero vale la pena arriesgarse.
Pasaron lo que podría decirse dos minutos en los cuales Hermione meditaba el asunto mientras Harry observaba como limpiaba el desastre de habitación.
-Está bien – dijo la chica terminando de recoger el último papel. Suspiró y se sentó en su cama pensativa – Tenemos que tomar precauciones como aclarar detalles de cómo ser del sexo opuesto, nuestros gustos, etc. No podemos cometer los mismos errores.
-Exacto – asintió Harry sonriendo.
-Y una hora es muy poco… Investigaré cuál ingrediente podría alargar el plazo de la transformación, así que si queremos más tiempo necesitaremos beber cada hora la poción por ahora.
-¿Tienes más poción multijugos? – preguntó pensando que debían haber salido al menos dos litros de poción y que llenaban mucho más que dos vasos.
-Por supuesto. Guardé en una botella lo que sobró de ayer – respondió ofendida al pensar que Harry creía que eran tan idiota para botar poción multijugos - ¿Quieres que lo hagamos ahora?
-Bueno… podría ser ahora, si quieres – dijo tratando de disimular la desesperación que tenía por estar junto a Ginny.
-Vale – asintió pensativa – Necesitamos saber cómo tomar cada hora la poción para seguir transformados y hablar de los detallitos de ser una mujer. O un hombre – concluyó.
Sin que su amigo pudiera decir algo a lo último se giro para buscar en su baúl la botella con poción multijugos. Abrió el baúl y ordenadamente comenzó a sacar su ropa muy bien doblada, unos libros, unas cajas de madera, pergaminos, un bolso y finalmente una botella muy parecida a las de vino muggle llena con un asqueroso líquido espeso color alquitrán.
Hermione se quedó mirando a Harry mientras sostenía la botella y volvió a girarse a buscar algo en su baúl. Parecía que se le había ocurrido una idea.
-Verteré poción en estas botellitas. Cada hora toma y si te preguntan di que es un remedio muggle para el resfriado… - Le pasó una típica botellita de jarabe para la tos vacía y empezó a verter poción multijugos en ella – Ya que te sientes un poco mal, te cuesta respirar y tu garganta está inflamada – agregó para que Harry se convenciera que estaba "enfermo".
-Supongo que tú dirás la misma excusa.
-Sí. De todas formas buscaré otra forma más para tomar la poción cada hora sin levantar sospechas – dijo dejando la botella grande en el baúl – Por favor, no hagas ningún escándalo si Ginny vuelve a sacarse la ropa enfrente de ti o dice cualquier comentario sobre un chico. Vas a ser yo y tienes que comportarte como tal. Y tampoco quiero que mires con asco algunas cositas que… son naturales en la mujer.
-La verdad me aterra cuando me das esos consejos. ¿No podrías ser más específica? – le preguntó, aunque no quería saber nada más. Ella negó con la cabeza rápidamente – Eh… Te tiene que gustar el Quidditch, así que habla muy emocionada de las tácticas de no sé qué jugador y muéstrate interesada en todas las nuevas estrategias que te diga Ron. Habla siempre mal de Snape y trata de evitar el tema del ministro. Pierde siempre en el ajedrez y…
-¿Cuántas cosas más me dirás? Sé cómo eres y sé cómo posiblemente tendré que ser ante Ron – exclamó enfadada por todos esos consejos más que sabidos.
-Lo siento, pero debes saberlo. Y el último… – Estiró la mano. Ella sacó su varita y por medio de un simple hechizo se cortó unos cuantos cabellos. Hizo lo mismo con el pelo de Harry - ¡No seas una mojigata! – Vertieron los cabellos en los frasquitos.
-Oh, no es mi culpa que empezará a darme un show de desnudamiento – contestó sonrojándose.
Sabiendo que molestar a Hermione terminaría en un gran discurso, caras de decepción y todas esas cosas odiosas que hacía cada vez que su amiga hacía al sentirse amenazada; bebió con rapidez la poción. La castaña lo miró con reproche y lo imitó, pero le importó poco por el asco que le causaba esa repulsiva textura pastosa en su garganta. Sintió como su cuerpo ardía un poco y comprobó que ya estaba tomando la forma de Hermione.
Al ya estar transformados empezaron a cambiarse de ropa sin muchos problemas –es decir, Harry no tuvo aquellas tentaciones masculinas- y en menos de cinco minutos cada uno salía para ir a hacer lo suyo. Obviamente se desearon suerte y Hermione le dijo que le informaría a qué hora ya no tomaran más poción multijugos para volver a la normalidad.
OoOoO
-¿Ya terminaste? – preguntó la señora Weasley una vez que Harry apareció en la cocina con una bolsa de basura. Harry asintió - ¡Oh, querida, qué amable! No puedo creer que hayas hecho lo que Ginny debía hacer. Es su cuarto y tú eres nuestra invitada.
-No se preocupe. Quiero ayudar en lo que sea necesario – dijo depositando la bolsa en el enorme tarro de la basura.
Unos pasos se escucharon y vieron que Hermione –bueno, físicamente Harry- salía de la casa con mucha rapidez.
-¿Te ayudo? – le preguntó a Ginny.
-Gracias, Hermione… Odio cocinar. Lo odio. Es peor que una tortura china – musitó para que su madre no la oyera.
Fue hasta donde la pelirroja cortaba varios vegetales para el estofado. Últimamente a la señora Weasley le gustaba que su hija hiciera grandes cooperaciones con el almuerzo para que se fuera habituando a cocinar. Más que mal tenía estipulado que su hija fuera a la universidad y próximamente trabajara, se comprara su casa, se casara e hicieran una vida próspera. Y para eso debía saber cómo sobrevivir: cocinando por si misma.
Harry observó como hábilmente la muchacha cortaba en pequeños cuadraditos las papas y los dejaba en un tazón. Luego tomaba otras dos papas, las pelaba y hacía el mismo procedimiento.
-¿Encontraste muchas asquerosidades en mis aposentos? – preguntó sonriendo.
-Bueno, no te diré que eres exactamente limpia… pero dejé impecable la habitación – contestó tomando un cuchillo - ¿No sería mejor hacer esto con magia?
-No me saques en cara que soy menor de edad… Tú podrías usar magia, pero no lo hagas. Me sentiría inferior – Tomó los cubitos y los dejó en el tazón – Si quieres puedes pelar las papas y yo las corto en cubitos.
-Vale – Tomó una papa y la peló con mucha facilidad. De algo le servía haber cocinado el desayuno y cena en la casa de los Dursley.
-Bueno… No pude terminar de contarte mi salida con Roger, ya que empezaste con tus planillas de ingreso a la universidad… - Cuando dijo eso Harry sintió que algo llamado celos aparecía en su ser, pero sería mejor escuchar como buena amiga – Es tan tierno. Vino a despedirse y me dijo que me extrañaría… Pero seguiría a Catherine hasta el fin del mundo, así que partiría tras ella hasta Japón. Ah, y obviamente te mandó muchos saludos. Todavía persiste en la idea que deberías haber sido Ravenclaw.
-Lo sé, pero soy una Gryffindor de corazón – contestó aliviado al saber que en realidad eso de ser amigo era ser amigo y nada más.
-Ah, también le mandó saludos a Ron y Harry… Y que esperaba verlos ganando el Campeonato Mundial de Quidditch – agregó riendo. Tomó las papas peladas por Harry y las empezó a cortar - ¿Te los imaginas como jugadores profesionales? Eso sería raro…
-¿Por qué? – preguntó y trató de pensar como Hermione – Juegan bien, aunque Harry quiere ser auror. Ron podría dedicarse al Quidditch.
-Podría, pero sigue a su amigo en la idea de ser auror. De todas formas creo que Ron tiene mucho potencial, ya sea como auror o en el Quidditch, sólo que debe estudiar más y tener más confianza.
Así estuvieron conversando fluidamente por mucho rato. De vez en cuando Harry tosía y respingaba la nariz haciendo un extraño ruido nasal para justificar el que tomara cada hora la medicina muggle –o poción multijugos para los ya enterados- mientras se retorcía de la risa con todas las ocurrencias de Ginny.
Le encantaba sentirse apreciado por ella. Le hablaba de una forma tan normal y sentir el constante sonido de su voz. Esas miradas frías y desconcertantes habían quedado en el olvido, porque lo miraba con alegría y confidencia. Sabía que estaba en el cuerpo de Hermione y que esas palabras y miradas eran dirigidas para Hermione, eran parte de la amistad que mantenían las dos muchachas; pero aún así le gustaban. Era como volver a los viejos tiempos en donde ella le contaba cómo había sido su clase con Slughorn, lo miraba con cariño, le acariciaba con delicadeza su mano y se reía mordiéndose un poquito la lengua por cada contestación que le daba a sus bromas… Cuando todo eso era dedicado a él expresamente.
Giró la cabeza al darse cuenta que por varios segundos no escuchaba a Ginny hablar. Se encontró con la pelirroja de perfil observando atentamente por la ventana. Miraba hacia el jardín, específicamente cerca del roble donde un pelirrojo y otro de cabello negro hablaban. Harry volvió a concentrarse en Ginny y parecía ver nostalgia y tristeza en su rostro. Ya no tenía esa sonrisa impresa en su boca como cuando hablaban hacía pocos minutos, sino que lanzó un profundo suspiro. Un suspiro apagado. Sabía que jamás se pondría así al ver a su hermano, así que debía estar viendo a Harry –era bastante extraño nombrarse en tercera persona, pero Hermione era Harry ahora-… ¿Eso era significativo?
-La verdad no te entiendo – dijo Harry sintiendo como todos sus sentimientos afloraban al instante, pero mantuvo una calma digna de admirar – Actúas como si fuera un desconocido y ahora suspiras por él…
-Ni yo misma lo sé bien aún – respondió vagamente y de inmediato bajó la cabeza para cortas las últimas papas.
-¿Qué pasa?
-Creo que ya es suficiente. Comeremos papas por un mes con esto… ¿Mamá? – Se giró y buscó en la cocina a su progenitora, pero no se encontraba – Espera, Hermione. Iré a preguntarle a la torturadora de adolescentes de vacaciones si tenemos que cortar zanahorias o hacer porotos verdes.
El verla tan pensativa y triste había sido más efímero que los diversos romances de la actriz Elizabeth Taylor. Cambió e hizo como si nada hubiera pasado. Era la misma de Ginny que conocía desde hacía varios meses.
De esto podía sacar dos conclusiones: Era alguien significativo en su vida y que ya habían hablado el tema. O sea que Hermione sabía de adrede que Ginny sólo fingía darle aquel trato frío e impersonal.
OoOoO
Ron le dijo que se había tardado demasiado para ir al baño y bromeó al preguntarle qué cositas hacía en el baño.
-Pues, fui con tu hermana… - respondió Hermione de una forma tan convincente, y lo era porque aún hervía por ser su juguetito de discusiones.
-¿Qué? – preguntó pálido.
-Es broma – dijo ésta vez riendo y se sentó a su lado – Me demoré porque Hermione ocupaba el baño y no quería salir nunca…
-Es un misterio el por qué se demoran tanto. ¿Les cuesta mucho hacer sus necesidades básicas y salir? Se tardan una eternidad.
-Porque además de hacer sus necesidades se arreglan en el espejo y todo depende si están con… - El pelirrojo la miró extrañado. Hermione se sonrojó – O sea, eso creo yo. No es porque sea una mujer y haya entrado al baño como una mujer.
Le era muy difícil separar su rabia por las idioteces que le decía Ron cuando era ella misma y la forma en que debía hablarle siendo Harry. Estando en el cuerpo de su amigo era mucho más simpático, gracioso y hablaba con más soltura de lo habitual. Eso quería decir que cuando estaba siendo completamente Hermione en cuerpo y alma, Ron era un poco más… insensible.
-Bueno, cambiando de tema… Pensaba que ya deberíamos ir a presentarnos a la Academia de Aurores. La otra noche que vino Tonks a cenar dijo que se están acabando los cupos.
-Vayamos mañana temprano – dijo pensando que sus amigos eran unos irresponsables por aún no solicitar cupo en la Academia – Hay que ir antes de almuerzo si queremos causar una buena impresión…
-Lo mismo opino – Se recostó en el pasto y cerró los ojos – Espero que entremos. No me gustaría fracasar. ¿Y si lo hago mal? Digo, tú lo harás bien porque eres bueno haciendo toda clase de hechizos, encantamientos… Pero yo…
Justamente este tipo de cosas que decía Ron le causaban ganas de abrazarlo y decirle que estaba tan equivocado, que él era un gran mago que estaba destinado a grandes cosas. Tal vez no se diera cuenta de ello; tenía buenas cualidades, que a ella le desesperaban, pero eran buenas al fin y al cabo. Se inclinó un poco y se quedó helada al recordar que era Harry. Estaba en el cuerpo de Harry. Y abrazar a Ron y decirle todo eso sería un poco extraño. ¿Qué hacía Harry en esos momentos? En general cuando pasaba esta situación, su amigo sólo lo negaba y pasaba algo –como que viniera alguien a molestarlos- y se olvidaban.
-Ambos lo haremos bien. No eres ni peor ni mejor que yo, Ron – dijo no muy convencida, pero al ver la expresión del rostro del pelirrojo siguió con más confianza – Sin ti no hubiera hecho nada de lo que hemos logrado en Hogwarts. Has ayudado muchísimo. Al igual que Hermione – agregó pensando que ella también era una ayuda principal para su amigo.
-Sí, pero… Siempre se te ha reconocido que eres bueno. Y Hermione es una sabelotodo. ¿Qué soy yo? No soy bueno para casi nada.
-¿De qué estás hablando? – Se puso de cuclillas y habló casi enojada – Eres un gran amigo, te preocupas mucho por mí, te preocupabas de mis estúpidos sueños, guardabas en secreto las cosas que no quería que Hermione se enterara, eres perseverante y tienes sentido del humor. Si eso es ser bueno para casi nada, pues estás muy mal, amigo.
Había usado las palabras perfectas. A los pocos segundos Ron se sentó y le sonrió agradeciéndole de forma cómplice sus palabras de aliento. Sabía que no le iría a agradecer más explícita y eso era suficiente.
La muchacha sonrió levemente y notó que sus mejillas se sonrojaban, pero era tan leve esa sensación que confío en que él no se diera cuenta. Más que mal estaba en el cuerpo de Harry y debía aparentar serlo.
-Ya me dio hambre… ¿Cuándo estará listo el almuerzo? – preguntó viendo hacía La Madriguera.
-Cuando fui estaban cortando los vegetales para el estofado. Creo que ya deben estar terminando – respondió Hermione poniéndose de pie – Vayamos para que te alimentes, como eres un niñito desnutrido…
-Estoy en pleno crecimiento – se defendió también parándose.
-Esa excusa viene con cinco años de atraso. Añeja tu explicación – comentó riendo mientras caminaban.
Supuestamente al almuerzo vendría el señor Weasley, ya que no tenía tanto trabajo en el ministerio y tenía la tarde libre, los gemelos y Bill con Fleur. Pero ellos brillaban en su ausencia. Ron y Hermione sólo encontraron a Harry y Ginny hablando sentados ya en la mesa y a una señora Weasley muy enojada. Ron se sorprendió de ver a su madre despotricando por la impuntualidad de sus hijos y de su marido.
Ron se sentó junto a las muchachas –claramente, Harry como Hermione- y ellas se quedaron calladas. La verdadera Hermione le lanzó una mirada interrogante a Harry y él sólo se alzó de hombros… Estaba empezando a actuar como cualquier chiquilla que habla con su amiga y se ríen cuando llegan seres del sexo opuesto. Harry estaba asumiendo muy bien el papel de amiga cómplice de Ginny.
-¿Por qué nadie ha llegado? – preguntó Hermione sentándose junto a Ron.
-No sé… La señora Weasley le envío ya un vociferador a los gemelos y está a punto de ir a la casa de Bill para darle el reto de su vida – dijo Harry después de notar que Ginny miraba el techo aburrida.
-De todas formas Bill ya está bastante grandecito como para que mamá vaya a retarlo – intervino Ron sintiendo vergüenza ajena – Es una pena…
-Pero se comprometieron a venir. Sabes como es tu madre con los compromisos. Hay que venir a la hora – dijo Hermione - ¿Eso quiere decir que esperaremos a que se les dé las ganas de venir?
-Tú también tienes hambre… - comentó el pelirrojo riendo.
-Tal vez. Supongo que podríamos almorzar antes – dijo Harry y le lanzó una mirada tentativa a la señora Weasley, quien estaba en la sala escribiéndole una carta a su marido.
-¡Sí, niños, almuercen nada más! – gritó la mujer, quien escuchaba todo lo que decían, y volvió a concentrarse en su carta.
Harry y Ginny sirvieron el almuerzo. Hermione sonrió contenta porque por primera vez en su vida no tenía que ayudar en servir el almuerzo, poner los platos con ensaladas ni nada… Así que ser hombre significaba ver como ellas trabajaban. ¡Lo mejor era la cara de Harry! Su cara de "¿qué mierda estoy haciendo?" era buenísima… Pero… odiaba ese machismo. Si algún día fuera a casarse, haría que todos ayudaran en la mesa. No sólo las mujeres.
Harry puso los platos hondos con el estofado y Ginny les pasó los cubiertos.
-Apuesto que papá está tardándose porque tiene no sé cuántos inodoros que le explotan a muggles… - dijo Ron observando con ansías el estofado - Buen provecho – Y empezó a comer.
-Es de mala educación comer antes que los demás no tengas la comida – le retó Hermione como siempre hacía.
El pelirrojo la miró extrañado y Harry le puso el plato de estofado de forma brusca. Movió la boca diciéndole "Harry jamás reta a Ron por eso". Se alzó de hombros y trató de concentrarse en otra cosa… Era difícil dejar de lado las costumbres.
-Preparar el almuerzo me dio hambre – comentó Ginny sentándose al igual que Harry.
-¿Me puedes pasar el pote con cilantro, por favor? – le pidió Harry a la pelirroja.
-Pero… - Ginny frunció el ceño – Eres alérgica al cilantro, Hermione.
-Sí, Hermione. Eres alérgica – afirmó Hermione y lo pateó por debajo de la mesa - ¿Verdad?
-Oh, lo siento… Me duele un poco la cabeza. Eso es todo – se disculpó sonrojándose.
-¿O no será que te duele otra cosa? Porque para tener esa extraña conversación de los fluidos de tu cuerpo con mi hermana…
-¡Ron, eso es asqueroso! – chilló Hermione casi escupiendo de la boca el estofado.
-Estamos comiendo… - musitó Ginny haciendo una muesca desagradable.
Luego de terminar, Hermione se ofreció a recoger los trastes sucios junto con Harry.
-Tenemos que tomarnos la poción ahora – le susurró Hermione - ¿Has conseguido algo?
-Bueno, sí… Parece que no soy tan indiferente para ella como creía – respondió dejando las cucharas en el fregadero - ¿Y tú?
-No, por eso te quería pedir si puedes discutir con Ron por algo estúpido.
-¿Y cómo peleó con él?
-Sólo… llévale la contra en algo. Si quieres menciona el reportaje de El Profeta que salió hoy. Hay un artículo sobre que podrían liberar a varios mortífagos, en donde ya no se tienen pruebas que lo fueron por voluntad propia… O incluso han dado varios sacos de galeones. Como Lucius Malfoy – le explicó rápidamente – Ron dirá que no inmediatamente, pero tú razone y di que es posible, una lástima que ya no hayan pruebas y… bueno, algo así.
-¿Y quieres que discuta con él ahora de eso? – preguntó. Ella asintió – Estás loca. Es un tema muy…
-Difícil de tratar, lo sé. Pero es eso o… - Sonrió – Ya sé. Pondré yo el tema.
-Bueno, debo llevarle siempre la contra a Ron – memorizó.
-Y… Odio que Ginny sea así conmigo. Ahora te entiendo. Odio estar en tu cuerpo. Mi mejor amiga ni me habla – dijo antes de ir hasta el cobertizo, donde los hermanos Weasley jugaban ajedrez mágico.
Tal vez Ginny le fuera mucho mejor en la escuela que a su hermano, quizás ella era mucho más talentosa para varias cosas; pero definitivamente el ajedrez no era lo suyo. Ron le pateaba el trasero como siempre hacía con cada adversario, le ganaba con lentitud, haciéndose el que no sabe la jugada que hará, el que no tiene ningún plan… pero siempre manteniendo una concentración envidiable. El ajedrez, además del Quidditch, era su dominio.
Harry y Hermione llegaron para ver como Ron le restregaba en su cara que había ganado mientras la pelirroja le sacaba la lengua molesta. Los dos sólo sonrieron y se tomaron la poción multijugos al mismo tiempo.
-¿Qué es eso? – preguntó Ginny interesándose para que Ron dejara de molestarla.
-Medicina muggle para el resfrío… - respondió Harry al instante.
-No sé para qué usan eso. Con una simple infusión y se recuperarán – comentó Ron tomando las piezas del ajedrez para guardarlas.
-Hermione - dijo la misma Hermione lanzándole una mirada muy comprometedora a Harry – Hoy leí en El Profeta algo muy interesante…
-¿Qué cosa? – inquirió él sin mucho interés y se sentó junto a su querida pelirroja.
-Hablaban sobre las nuevas promesas del Quidditch nacional. Y adivina quién estaba – Se sentó junto a Ron y lo miró cuidadosamente para ver la reacción de sus palabras – Estaba McLaggen.
Múltiples reacciones. Harry entendió que ese era el tema para poner a prueba a Ron e inmediatamente empezó a actuar como si estuviera nervioso. Ginny sólo le lanzó una mirada preocupada y trató de mantenerse al margen del tema, ya que sabía que allí ardería Troya. Pero Ron… Él primero palideció y muy pronto empezó a toser compulsivamente como si se estuviera ahogando hasta tal grado que Hermione le dio unas palmadas y le preguntó si estaba bien.
-¿Con qué tu queridito McLaggen promesa de Quidditch? – inquirió con una voz muy dulce para ser verdadera – Supongo que estarás saltando de la alegría – dijo mirando a Harry.
-Pues… no, pero me alegro por él. Juega muy bien – respondió evitando su mirada. Primero porque McLaggen le caía pésimo, segundo porque no jugaba bien y tercero porque sabía que Hermione terminó odiándolo – Genial por él. Espero que le vaya bien.
-Oh, claro… A ti te gustan… ¿Cómo era? – Volteó a Hermione - ¿Te acuerdas de esa frase, Harry? Oh, sí… - Giró su cabeza y con una gran sonrisa agregó – "Me gusta salir con buenos jugadores de Quidditch".
-¡Nunca dije eso! – dijo Hermione y rápidamente se corrigió – O sea, nunca dijo eso… Dijo parecido, nada más.
-Sólo estaba feliz por él, Ron… No sé para qué tienes que tratarme así – dijo Harry haciéndose el ofendido.
-Bueno, debes estar tan feliz por él que deberías salir… ¿No? Si quieres te recomiendo varios locales oscuritos para que te des arrumacos con tu amado.
-Eres tan idiota, Ron – dijo Ginny cruzándose brazos – Mide tus palabras.
-Si sólo digo la verdad. ¿No hay nada malo en ser honesto, no, Harry?... Además a ti te encantan los que juegan bien Quidditch.
-En realidad… - Sólo me gusta una que juega bien Quidditch, pero tengo que estar en el cuerpo de Hermione para que me hable – Eso no influye… ¿Pero qué te importa a ti? Son mis parámetros de gustos… O tal vez estés celoso que él juega muchísimo mejor que tú – agregó sintiéndose bastante mal por la escenita de celos que le estaba armando. Bueno, a Hermione, pero si él fuera Hermione no toleraría que Ron le dijera todas esas cosas.
Y ardió Troya.
-Las bromas nunca han sido tu fuerte, querida amiga – dijo Ron poniéndose de pie – Y esta no es la excepción… ¿Así que él juega mejor que yo? Pues te demostraré lo contrario. Vamos, Harry.
-¿Qué? – preguntó Hermione mientras veía que él estaba dispuesto a entrar en la casa.
-Vamos a buscar nuestras escobas… Si Hermione cree que estoy celoso por la forma de jugar de McLaggen, está muy equivocada. Ese niñato no es más que un engreído y antipático.
-Pero… ¿Cómo? – inquirió con algo de temor.
-Pues hay un par de aros en la bodega, y los haremos flotar con magia. Tú me lanzarás cinco veces la quaffle y no dejaré pasar ninguna – Se giró y entró a la casa.
-Pero… Harr… Hermione – dijo Hermione lanzándole una mirada inquieta a su amigo – Yo no puedo jugar… No puedo. Y lo sabes.
-Tienes que hacerlo.
-¿Cómo?
-Es sólo… algo simple. No creo que tengas problemas.
-Oh, claro, como soy un experto. Sí, el gran Harry Potter, el verdadero Harry Potter…
Algo raro estaba pasando. Harry decía que no podía jugar, pero Hermione le decía que debía hacerlo. ¿Qué era todo eso? Era como si… Harry fuera distinto. Se estaba negando a jugar Quidditch, ya sea por una idiotez de Ron de demostrar que era mejor que McLaggen, pero era sentirse inseguro en algo que era tan suyo; era el Quidditch. Y él mismo había comentado la noticia de McLaggen, aún sabiendo que Ron tendría su ataque de celos. No era normal. Para cualquiera las peleas de Ron y Hermione eran insoportables y se trataba de hacer todo lo posible para que no sucedieran, pero él había dicho intencionalmente eso. ¿Sería eso o sólo eran imaginaciones suyas? De algo estaba segura, Harry actuaba raro.
Hermione miró a Ginny y ella esquivó su mirada con avidez. Luego la muchacha miró a Harry y suspiró sabiendo que dejaría muy mal a su amigo con la demostración de Quidditch. Volvió a concentrarse en Ginny y pensó que podría haberse dado cuenta de algo extraño, ya que estaba muy nerviosa… Pero habían sido lo más discretos posibles. O eso pensaba.
Ron llegó con las escobas y rápidamente fue a buscar la quaffle y los aros. Hermione lo siguió sin muchos ánimos mientras Harry sonreía.
-No puedo creer que le hayas dicho eso. Pobre de mi hermano – dijo Ginny sonriendo – Sé que es algo insensible, pero no se puede comparar con McLaggen…
-Eso le pasa por molestarme. A veces me saca de quicio – respondió Harry acomodándose para ver como su amiga podía siquiera montar la escoba.
No ayudó en nada a Ron, él solo hizo flotar los aros y sacó la quaffle de una desvencijada maletita. Estaba aterrada. Pasó una pierna por la escoba y trató de recordar sus lecciones de vuelvo en Hogwarts. Había sido hacía unos siete años atrás y era prácticamente imposible que pudiera volar al nivel que lo hacía el verdadero Harry. Estaba perdida. ¿Para qué Harry le había dicho que jugaba peor que McLaggen? Le había salido el tiro por la culata. Pero bueno, lo hecho echo estaba… Ahora debía mentalizarse en que iría a jugar bien. Al menos no gritar cuando estuviera a tres metros del suelo.
-¿Qué estás haciendo? – le preguntó Ron ya volando encima suyo.
-Pues… - Estaba volando, sí, pero tambaleándose – Sólo probaba si la escoba estaba bien.
-Rápido, Harry. Aquí está la quaffle – Le lanzó la pelota de mediano tamaño. Casi se le cae e hizo un gran esfuerzo para que ella no se cayera – Ya, lánzame cinco tiros…
-¿No crees que jugar después del almuerzo es malo? Nos podría dar una enfermedad. Deberíamos descansar como una hora…
-Por supuesto que no. Juego mucho mejor que McLaggen y le cerraré el pico a Hermione. Si quiere que se vaya con su McLaggen, pero yo… No sé por qué me hace esto – murmuró frunciendo el ceño y voló hasta los aros.
Tragó saliva y tomó la quaffle con una de sus manos. Con una se afirmó de la escoba y pensó muy bien lo que iría a hacer: Volar, dar un par de vueltas para distraerlo y lanzar. Era fácil, en su mente, pero sabía que llevado a la práctica sería un milagro que lanzará algo decente…
Rogándole a Merlín se impulsó llevando su cuerpo hacía el mango de la escoba y salió disparada justo hacia los aros. Meció un poco su cuerpo y empezó a doblar a la derecha. Bien, todo iba a la perfección. Dio una vuelta, luego giró a la izquierda y se sostuvo mejor de la escoba. Alzó su mano con la quaffle y la lanzó con todas sus fuerzas.
Ron hábilmente se abalanzó y tomó la quaffle con maestría. La alzó como si fuera un trofeo y se la volvió a lanzar a Hermione para que hiciera los cuatro tiros restantes.
Sonriendo volvió a repetir lo mismo. Se sentía bastante bien porque para ser ella, estaba jugando excelente. Pero por las miradas que Ron le mandaba se notaba que el nivel de juego de "Harry" había disminuido mucho… Si tan sólo supiera que no era Harry, sino Hermione quien estaba montada en la escoba.
Ya iban por el quinto y último lanzamiento. Harry veía entusiasmado cómo su amiga había estado saliendo airosa de la situación. Ginny sólo sonreía pensando que era imposible comparar a McLaggen con su hermano. Ron esperaba ansioso el último tiro y Hermione feliz porque podía lanzar la quaffle decentemente… E hizo lo mismo de siempre. Voló hasta los aros, giró a la derecha, luego a la izquierda y lanzó la quaffle. Pero esta vez retrocedió para admirar desde más lejos la parada espectacular de Ron, sin saber que… Ron en vez de tomarla le golpeó con la escoba para lanzársela a Hermione. A la verdadera Hermione. Así hizo una pirueta increíble sin contar con que la quaffle le pegó directamente en una parte muy sensible a Hermione.
-¡Oye, eso dolió! – gritó Hermione haciendo una mueca rara, pero no era lo peor del mundo.
-Oh, Merlín… Perdóname, Harry. Nunca quise… ¡Es tu culpa Hermione! – gritó hacía Harry - ¡Si Harry no puede tener hijos…!
-No seas escandaloso, Ron – dijo Hermione bajando hasta el pasto y desmontó la escoba – No es nada grave. Estoy bien.
-¿Estás bien? – inquirió sorprendido - ¿Aún cuando te golpeé… allí? Mierda, debes ser muy resistente en esa zona…
-¡Harry, no puedo creerlo! – gritó el verdadero Harry corriendo hasta ellos – Te debe doler muchísimo. ¿Verdad?
-No.
-Harry, por favor, no mientas – dijo y la miró de una forma muy penetrante para que se diera cuenta.
Bingo.
-Soy un hombre… Se me había olvidado – musitó al darse cuenta que en esa zona tenía algo más que haría que se golpe fuera la peor catástrofe del mundo - ¡Mierda, está bien! Me siento horrible, siento que moriré… Oh, estoy viendo0 cerdos volando – dijo recostándose en el pasto e hizo unos gemidos de dolor – Me matase, Ron. Te odio, idiota. Y si… ¿No puedo esparcir mi herencia en el mundo? Yo quería tantos Harrys pequeños.
-Eso ya es algo exagerado – dijo Ginny mientras caminaba hacía el trío.
-¡ME DUELE!
-Yo… no sé. ¿Qué hacemos, Hermione? – El pelirrojo volteó a ver a Harry.
-Eh… Supongo que dejarlo reposar durante unas horas y darle algo… helado para esa zona – contestó tratando de no reírse por la interpretación de su amiga.
Notas de la autora: Ok, ok… Sí, me demoré muchísimo. No lo negaré. Pero estar en tercero medio (el peor curso que puede pasar para cualquier chileno en el colegio) me está estresando y casi no tengo tiempo de escribir. Aún así no piensen que dejaré de escribir. Todo lo contrario: Seguiré hasta que mis ganas se acaben… lo que no pasara en mucho tiempo más. Sólo que me demoraré, y trataré de apurarme. Así es la vida del estudiante.
El capítulo fue menos gracioso de lo que seguramente pensaban, pero quise que fuera un poco más de acercamientos entre los personajes. Hermione ve el lado inseguro de Ron y Harry se da cuenta que para Ginny no es tan invisible. Cosas importantes que tienen que darse en el fic.
Ya vendrá mucho más de Ginny en los siguientes capítulos. Tal vez una perspectiva de algunos acontecimientos desde su punto de vista o algo así. Allí habrá que ver. Podría jugar con el narrador: hacerlo algunos capítulos omnisciente, en otros que sea un personaje, etc. Lo pensaré. Y si ustedes tienen ideas al respecto díganmelas.
No respondí los reviews del capítulo pasado, pero los de éste sí. Recuerden que los anónimos no puedo responderlos; pero sepan que siempre leo todo lo que me escriben y se los agradezco desde el fondo de mi corazón. ¡Muchísimas gracias por el apoyo!
Cuídense mucho, adiós!
