Capítulo 4: Galletas de chocolate

Gracias a la dolorosa y creíble interpretación de Hermione, el verdadero Harry tuvo que pasar toda la noche y el día siguiente en reposo en su cama.

El lado negativo de la situación es que debía soportar las miradas extrañas que le lanzaba Ron porque según él actuaba demasiado raro –bueno, Hermione no sabía como hacer de Harry-, que le preguntarán cada treinta minutos si se encontraba bien y las burlas de los gemelos que extrañamente habían decidido ir esa noche a cenar con sus padres y justo tenían que ir a ver la habitación de su hermano menor. Claro, querían ver la indecente condición de él para después reírse de la forma en que se había golpeado en cierta parte.

El lado positivo era que la señora Weasley le traía pastelitos, galletas y otras exquisiteces con frecuencia y obviamente no se iría a quejar de eso. Remus se había apenado tanto del accidente del hijo de su difunto amigo que le había mandado varias cartas que James le había escrito a su amigo cuando estaban de vacaciones en la época de Hogwarts. Y lo mejor de todo era que Hermione se sentía tan culpable, que hasta se hacía pasar por su sirvienta y le hacía caso en todo, le daba todo lo que quería.

La castaña entró con un gran vaso de jugo con cubitos de hielo en la mano y le sonrió a Harry. Detrás de ella venía Ron malhumorado.

-No sé si te gusta el juego de papaya, pero era el único que la señora Weasley había hecho… Y tampoco sabía si querías hielo o no, aunque supongo que estás muriéndote de calor acostado con este calor horrible… y…

-¡Hermione, por favor, no hables tan rápido! – Se quejó el pelirrojo sentándose en su cama – Es verdaderamente molesto que parezcas la esclava de Harry. ¿Sabes que este es mi cuarto y no te quiero a cada rato aquí?

-Estoy ayudando al pobre de Harry. ¿Es que no entiendes que… el pobre tuvo una lesión fatal? – preguntó pensando que en realidad ella era la culpable que su amigo tuviera que malgastar su tiempo en quedarse descansando y fingiendo un dolor inexistente.

-Lo único que entiendo es que todas las mujeres de esta casa parecen las enfermeras de ti – le dijo a Harry cruzándose de brazos – Mamá prepara comida como si fuera a venir Dumbledore y toda su familia ultra poderosa, noble y tan Dumbledore como él. Hermione – Miró a la mencionada – parece una loca subiéndote casa cosa que se le ocurre y Ginny…

-¿Qué pasa con ella?- inquirió Harry irguiéndose.

-Bueno… ella… - dijo lentamente el pelirrojo.

-Sí, sí, ella… ella… - asintió Harry entusiasmado.

-Mi querida hermana…

-Sí, vale, dime, Ron.

-Está como loca…

-¡Vamos, dilo de una vez!

-Lo que realmente fastidia es ver como torturas a Harry – dijo Hermione y se empezó a reír divertida – Ya díselo, Ron, tal vez eso le sane su lesión mortífera.

-Mi hermana me ha preguntado varias veces cómo estás y si te pasa algo, quiere que se lo diga inmediatamente – informó interesado al ver la reacción de su amigo – Si es que eso quiso decirme con su monólogo de palabras y significados subliminales… ¿Verdad?

-Traduciéndolo desde el vocabulario femenino: sí, eso quiso decirte – asintió la castaña.

-Y está ayudando de una forma demasiado voluntaria a mamá a prepararte golosinas.

-¿Muy voluntaria? – preguntó Harry.

-Casi como si ella misma obligara a mamá a tratarte como un rey. ¿Qué tal, amigo? – le preguntó riendo.

Nuestro héroe Potter tuvo la inmensa necesidad de ponerse de pie, de subirse en la cama y empezar a saltar como loco mientras hacía gritos de triunfo. No le era indiferente a Ginny, ella se preocupaba mucho por él y hasta ayudaba voluntariamente a su madre en agasajarlo un poco. ¿Qué más quería? Quizás el que Hermione haya sido tan descuidada y dejar que le pegaran en cierta zona. Todos lo consentían mucho y Ginny… ¡Oh, ya quería volver a comer las galletas y postres que le trajera Hermione porque debían estar hechos por su pelirroja!

-¿Te das cuenta que está cocinando a pesar que odia hacerlo? – reflexionó el pelirrojo – Y lo hace muy bien, pero odia cocinar…

-Me imagino que esto debe darte muchas esperanzas – dijo Hermione sentándose a los pies de la cama de Harry.

-No pienso seguir hablando del tema ni contestar a eso – murmuró sonrojándose y se hundió en la almohada.

-Sí, no quiero hablar de lo que sientes por mi hermana… Todavía no puedo borrar aquellas imágenes de ustedes besándose cuando eran novios. Son recuerdos que aún me persiguen.

-Pero no son tan terribles como los tuyos con Lavender Brown – comentó la castaña lanzándole una mirada dura - ¡Perdóname, pero es vomitivo!

-Tanto que me lanzaste canarios… ¿Cuál es tu problema?

-Mi problema es ver como te besuqueabas con esa loca y que me critiques a cada rato. Si quiero hablar rápido o si quiero hacerle la vida más fácil a mi amigo Harry que recibió un ataque de tu parte… es mi asunto – terminó frunciendo el ceño.

Harry se volvió a erguir y observó a sus amigos meticulosamente.

-Creí que las relaciones entre ustedes estaban bien, pero parece que vuelven a pelear… ¿Cómo llegamos a ese tema?

-No lo sé – contestó la castaña.

-Tampoco lo sé… pero es raro que la admiradora de McLaggen no lo sepa – agregó furioso.

-Argh, eres tan estúpido, Ron. Nunca cambiarás – dijo Hermione y tomó el vaso vacío de Harry – Si quieres otra cosa grítamelo porque estaré bien lejos de aquí y vendré cuando la estupidez desaparezca del lugar.

Una vez que Hermione se había ido, Harry le lanzó una mirada extrañada a su amigo y él sólo fingió estar muy concentrado en el hermoso cielo despejado que se apreciaba desde la ventana.

-No sé porque siempre tienen que estar peleando. Los dos son estúpidos – dijo volviendo a apoyar completamente su espalda en la cama – Ni yo soy así con las mujeres.

-Eso si que es un buen chiste - contestó Ron lanzando una risotada – Tu primer amor fue una histérica llorona que te dio tu primer beso… Adivina cómo… ¡llorando!

-Sí, pero Cho es diferente porque estaba algo… desequilibrada emocionalmente. A ella se le murió su novio; es comprensible que estuviera así. Pero que yo sepa ni a ti ni a Hermione se les ha muerto su pareja. Los dos andan vivitos y coleando.

-¿Qué quieres decir con lo último? – Solamente preguntaba para hacerse el desentendido, porque se notaba que había captado a la perfección lo que su amigo quería decir.

-Que Hermione y tú siempre andan caminando en círculos y no llegan a ningún lado… Los dos se quieren, pero no dicen nada – 'Y me obligan a tomar poción multijugos para que ella se convierta en mí' pensó sintiéndose usado por Hermione – Es patético.

Harry esperaba que Ron viniera a decirle un discurso de disparates, pero muy a su sorpresa él se quedó en completo silencio mientras todo su rostro adquiría un color rojizo. Ron apretó las cobijas de su cama y quería ocultarse en ellas hasta desaparecer, no quería estar allí junto a Harry porque su amigo le había dicho algo que era muy cierto y lo había pensado tantas veces que la cabeza siempre le llegaba a doler. ¿Por qué Harry tenía que restregarle en la cara algo tan obvio? Bueno, él no sentía nada más que amistad por Hermione y no tenía ni la más mínima idea de lo que es sentir por la castaña lo que él sentía.

Se puso de pie y nervioso caminó hasta la puerta. Caminaba casi automáticamente porque se sentía atrapado por Harry. ¿Por qué debía confrontarlo de esa forma? Algún día sería capaz de enfrentar sus sentimientos, asumirlos y luego, si es que la posibilidad se le presentará, hablaría con Hermione.

-Y si él sigue así tendré que dejar que Hermione se transformé en mí para que le digas lo obvio… Que te gusta, Ron – musitó el muchacho luego que el pelirrojo se había marchado.

OoOoO

-Cualquiera que te viera diría que eres la mamá de Harry o su…

-¿Su qué? – preguntó Ginny dándose vuelta.

-Su asesina. Podrías prepararle algo con veneno y así se muere – dijo riendo – No sé qué pensaste que iba a decir.

-En realidad lo sé, pero agradezco que hayas dicho eso a último momento… ¿Por qué estás aquí y no arriba?

-Porque se me da la gana – respondió Hermione y volvió a bajar la vista para continuar leyendo su libro.

Ginny pensó que seguramente se debía a su hermano. Siempre pasaba lo mismo una vez por semana en donde se odiaban mutuamente, se decían más idioteces y luego hacían la paz de una manera que aún nadie sabía. Aún así se mantenían distantes por algunos días procurando no decir o hacer nada que incomodará al otro. Y así sucesivamente. Era un ciclo que se repetiría hasta el fin de sus días. ¿Cuándo dejarían de pelear o harían las paces como es debido? No sin esas actitudes precavidas ni reservadas. A fin de cuentas ellos eran los que sufrían más que todos –aunque eso estaba en seria duda, porque ya era intolerable aguantar a esos dos discutiendo siempre- y terminarían haciéndose Merlín sabe qué… Podrían matarse, odiarse o, si era muy optimista, terminarían juntos.

Dejó de amasar y tomó el rodillo.

-¿Me lo encantas para que aplane la masa, por favor? – le preguntó con suavidad a su amiga.

-Claro – dijo la castaña y tomando su varita encantó el rodillo para que aplanara la masa mientras seguía leyendo.

Buscó entre los cajones los moldes para darles figuras a las galletas. Entró unos cuantos con forma de estrella, corazón, nube, luna y un sombrero de mago. Apoyó sus codos en el mesón y reposó sus mejillas en sus manos. Miraba fijamente como la masa se iba haciendo delgada hasta adquirir el grosor que debía tener una galleta. Esperaba que le gustaran a Harry. Era conciente que la cocina se le daba bien, pero no le gustaba que siempre fuera usada para encasillar a las mujeres… ¡Maldito machismo! Por eso se negaba rotundamente a ayudar en la cocina de forma voluntaria. En la casa también estaba Ron y precisamente no era la persona más ocupada del mundo. Tenía tiempo de sobra para ayudar a preparar el almuerzo y la cena. Pero bueno, no seguiría dando vueltas siempre en lo mismo que pensaba cada vez que se le presentaba la oportunidad de pelear en contra del machismo.

Una vez que la masa ya estaba lista, comenzó a cortarla con los moldes y dejaba ya las galletas con formas en la bandeja para luego calentarlas en el horno.

Se escucharon unos pasos y acto seguido Ron entró en la cocina.

-Eh… Hermione – dijo después carraspear.

-Estoy leyendo – contestó ella con brusquedad.

-¿Podemos hablar?

-¿Quieres retarme o decirme que ahora soy la novia de McLaggen? – preguntó aún con la mirada puesta en el libro, pero no leía.

-Sólo quiero… hablar – Se sonrojó.

-Apuesto que Harry te dijo algo para que sintieras lástima y remordimiento, así que viniste – Alzó la vista y se encontró con Ginny. La pelirroja le sonrió divertida y asintió para que accediera a conversar con su hermano. Oyó como Ron tartamudeaba y decía palabras incoherentes – Lo suponía. Eres tan predecible.

Cerró el libro y se puso de pie. Ron retrocedió un paso nervioso por la cercanía, la verdad no era nada exagerada la cercanía, pero estaba tan nervioso que por inercia lo hizo. Ella se cruzó de brazos molesta y dándole una mirada dura para que hablara de una buena vez. Él miró de reojo a Ginny, quien los observaba con mucho interés descaradamente, así que señaló la puerta que daba al cobertizo y salieron.

Hermione dejó entreabierta la puerta y vio como el muchacho se apoyaba en uno de los antiguos y roídos pilares de la casa.

-Sabes que odio que siempre tengamos que terminar así – dijo ella haciendo una mueca rara con la boca - ¿Por qué, Ron?

-Yo… - bajó la mirada cohibido – La verdad… a veces me provocas y las palabras salen de mi boca. Y odio que siempre sientas que todo lo que dices es lo correcto.

-Tú me sacas de quicio. Me juzgas todo el tiempo.

-¿Ves? Los dos nos sacamos de quicio. Es extraño que seamos amigos si siempre nos llevamos mal…

-¿Nos llevamos mal? O sea, tenemos algunas diferencias, pero… ¿Te agrado? – inquirió lanzando el libro a una de las desvencijadas sillas del cobertizo.

El pelirrojo abrió los ojos y parpadeó un par de veces. Esa pregunta lo había tomado desprevenido. Ella se le acercó esperando impaciente su respuesta.

-Vaya, no sabía que…

-¡Te lo digo en el sentido si me consideras alguien que vale la pena! – gritó al ver que le iba a decir cualquier estupidez – Digo… - Se sonrojó furiosamente – vale la pena como… persona para relacionarte sea como amiga, confidente o lo que sea en tu vida.

-Pues… - Era casi imposible quitar a Hermione de su campo visual porque la castaña estaba muy cerca de él, pero puedo ver por encima del hombro de ella que Ginny se encontraba observándolos y escuchando la conversación - ¡Ginny, cierra esa ventana ahora mismo! – le gritó enojado.

-La ventana estaba accidentalmente abierta. Además hace calor y…

-¡Ginny!

-Ya, ya. Estaba tan interesante – murmuró inclinándose para cerrarla – Después me cuentan si se agradan o no – agregó riendo.

Hermione resopló para atraer la atención de Ron.

-Sí, sí, me agradas mucho – 'Y no sabes cuánto' pensó mientras la expresión facial de su amiga se ablandaba y lo abrazó efusivamente – Oye… ¿Qué te pasa? – preguntó sin corresponder su abrazo.

-Tú también me agradas mucho, Ron – dijo dando pequeños saltitos – Discúlpame si siempre creo que tengo la razón, pero es que estoy tan acostumbrada a saberlo casi todo… Trataré de mejorar eso.

-Me alegro. Nos harías un gran favor a Harry y a mí si aceptas que también te equivocas de vez en cuando.

-¿Y tú no me dirás nada como que cambiarás tu maldita actitud de siempre juzgarme hasta la forma de cómo respiro? – Lo soltó y lo miró expectante.

-Bueno… sí. Prometo no siempre juzgar lo que haces – Suspiró aliviado que habían hecho las paces.

-Con eso me contento – dijo ella y tomó su libro.

El pelirrojo encorvó un poco su espalda notando lo tenso que había estado cuando hablaba con Hermione, y ahora todos los músculos de su espalda le dolían. Cerró los ojos sintiéndose algo cansado y escuchó como la puerta rechinaba. Seguramente Hermione ya iría a entrar a la casa.

-Ah, y retiro lo dicho. El guardián de Quidditch que más me gusta eres tú. ¡Viva, Ro-Ro! – vitoreó antes de entrar.

Una sonrisa estúpida se formó en sus labios. Ahora si que estaba muy feliz.

Hermione entró caminando de una forma muy infantil y alzó el dedo pulgar de su mano derecha cuando Ginny le preguntó qué había pasado. La pelirroja simplemente sonrió y se giró para ver como las galletas iban en el horno.

-Si supieras qué le dije después… - dijo acercándosele.

-Supongo que me lo dirás en la noche. Aquí es peligroso porque el involucrado está afuera con la baba cayéndosele… Los dos se ven totalmente enamorados – comentó risueña.

-Lo de enamorados podrías haberlo obviado.

-¿Para qué negar lo obvio? – le respondió alzándose de hombros – Nadie puede negar que algo muy bueno pasa entre ustedes dos.

-Sí… - Una campanilla sonó desde el horno - ¿Las galletas se hornearon tan rápido?

-Es un horno mágico, Hermione. Son más rápidos que los muggles – dijo mientras se ponía los guantes para sacar la bandeja - ¿Me ayudas a poner las galletas en un tazón?

Sacaron alrededor de unas 25 galletas. Hermione dejó lavando gracias a un encantamiento los trastes sucios en el fregadero mientras Ginny se quitaba el delantal.

-Le llevaré esto a Harry. Como mamá salió al Callejón Diagon, ya debe estar muerto de hambre…

-Sí, claro – murmuró con una sonrisa burlona.

Una vez que la pelirroja subió las escaleras, Hermione pensó que su amiga era demasiado temperamental o tenía serios trastornos a la personalidad. Primero ignoraba por completo a Harry y ahora lo atendía como si fuera un dios. Era incomprensible. Una cosa es que de verdad lo quería y que se sentía resentida por lo que habían pasado al terminar su relación, pero no podía comportarse así. Verdaderamente no sabía qué era lo que le pasaba a la mente y al corazón de su amiga…

OoOoO

Alguien tocó su puerta y él dijo con una voz muy débil que pasará. Tenía que interpretar su papel de pobre niño desahuciado a la perfección y había estado practicando ese tono desde que Ron se había ido. Estaba tan aburrido que ya planeaba ensayar para imitar voces de otras personas. Sería útil imitar a cualquiera para salvarse de una situación riesgosa. El alma casi se le cae a los pies cuando vio que era Ginny.

La muchacha entró lentamente. Contempló unos segundos las paredes como si nunca hubiera visto el cuarto de su hermano mayor.

-¿Qué… pasa? – preguntó tapándose hasta el cuello con las sábanas.

-Pues, hice galletas con chispas de chocolate – dijo acercándosele - ¿Quieres?

-¿Las hiciste tú?

-Claro. ¿Quién más sería? No creo que quisieras comer algo hecho por Ron… - comentó sonriendo divertida.

-Es cierto. Podría intoxicarme – Asintió y le recibió el tazón con galletas – Huelen muy bien y están calentitas… Que rico – musitó antes de devorar una con mucho placer.

-¿Le das el visto bueno a mi plato culinario?

-Por supuesto – dijo después de tragar una y sacar otra – Están exquisitas. Gracias.

-No es nada… Después de todo estás accidentado.

-Sí, pero lo digo porque no creí que te preocuparás tanto por mí. Me hiciste galletas, Ron me contó que ayudaste mucho a tu madre en prepararme exquisiteces y me viniste a ver – explicó sin dirigirle la mirada.

Ginny abrió la boca sorprendida.

Y entonces, dime qué quieres que haga
...loco
juegas con fuego y me quemas
...el alma
deja que sea la noche
...el vino
que embriague tus labios en mí

Había decidido ser indiferente con Harry costará lo que le costará. A veces se sentí miserable al notar como él buscaba alguna señal de parte de ella, pero le retiraba la mirada con ingenio. Muchas veces se contentaba sólo escuchar su voz cuando hablaba con Ron y Hermione; cuántas veces quería hablarle y confrontarlo. Decirle todo lo que sentía y después preguntarle por qué aún se quedaba como idiota esperando que ella fuera a sus brazos. Siempre lo había esperado, siempre había esperado la oportunidad de que se diera cuenta que ella existía, que estaba allí y cuando al fin lo hizo… ¡Maldito Voldemort! Esperaba que escuchará muy bien sus palabras y que ese cadáver intacto –sí, ni siquiera los gusanos se atreverían a comerse esa asquerosidad-¡Eres el ser más repugnante del mundo, me has arruinado la vida innumerables veces!

-¿Cómo te sientes? – preguntó con un tono extraño de voz.

-Bien… no me duele tanto. Creo que mañana podré ser un hombre libre y sano de nuevo – contestó notando que su rostro adquiría esa aura de frialdad.

-Eso es genial. Me alegro.

-Eh… Ginny… - le dijo dudoso.

-Dime.

-No sé si puedo decirte esto, pero no te ves tan feliz porque me mejore. ¿Te pasa algo?

Dentro de dos meses será poco
todo sacrificio
que haya hecho por nosotros

Se notaba el cambio radical de Ginny: Llegó entusiasmada y con una genuina sonrisa, pero al decirle que se sorprendía de su preocupación, volvió a poner esa muralla que los separaba hasta tal grado que pareciera que ni se conocían. ¿Qué había pasado? Era cierto que fue una de las mejores cosas que le habían pasado esto de estar postrado en la cama fingiendo que había recibido un golpe fatal y que ella le viniera a ver, incluso con galletas preparadas por sus inmaculadas manos; pero más allá de la sorpresa inicial, lo que realmente le entusiasmó fue ver que todos sus gestos, su desplante, su sonrisa, su mirada y sus gestos eran reales. No fingía preocuparse por él sólo para parecer educada, sino porque… ¿de verdad lo sentía?

-Me veo feliz. De verdad es genial que ya mañana no estés mal – dijo forzando una mueca que trataba de ser sonrisa – Bueno, me voy.

-Gracias por las galletas de chocolate…

-De nada.

-Eh… Ginny…

-¡Merlín mío! – exclamó ella después de moverse para irse - ¿Qué quieres ahora? – le preguntó en un tono divertido, aunque se notaba que quería salir corriendo de Harry.

Harry la miró fijamente a los ojos y dejó a medio morder la galleta de chocolate.

Todo lo que tengo no es bastante
todo mi pasado
es como una gran cicatriz
me está matando esta condena
me hace falta tu cariño y tu consuelo,
ya nunca tienes tiempo.

-Cuéntame de ti… ¿Cómo anda tu vida? Hace tiempo no hablamos – dijo disimulando las ganas que quería de gritarle que cambiara su actitud.

-Mi vida anda bien. Estoy de vacaciones y las disfruto como puedo – contestó Ginny cruzándose de brazos – Supongo que no preguntaré de la tuya porque es obvio que estas últimas horas han sido un suplicio… Si quieres me vengo de Ron por lanzarte la quaffle.

Harry rió y Ginny se sentó en el borde de la cama.

-Fue mi culpa por no atraparla.

-Es cierto, es raro que estuvieras distraído. No es típico en ti – pensó en voz alta.

-Pero puedo tener mis momentos de no perfección… El Gran Potter se puede equivocar.

-Ni me lo digas - musitó sarcásticamente.

Me pena cada momento vivido
cada lugar que estuve me regaló un recuerdo
y entonces cómo puede ser que con el tiempo,
el tiempo es mi enemigo
la distancia es el infierno

No pudo evitar decirle eso. Esa conversación era una tortura… ¿Por qué no la dejaba ir? Harry no era un estúpido –aunque lo lento nadie se lo quita- y debía saber que actuaba fría ante él, que reprimía mucha de sus emociones porque se trataba de su humanidad. Sí, de la humanidad de Harry Potter. Y por alguna razón extraña la retenía allí con la excusa de una conversación amistosa. ¿Amistosa? Por favor, déjenla reírse, porque era un campo de batalla muy silencioso. Aquellas miradas, los tonos de voces hasta los gestos demostraban que ni ninguno bajaba la guardia ante nada.

-Bueno, Harry, ahora si que me voy. Tengo que ver si Ron y Hermione siguen en su nube de amor – Utilizó como una muy buena salida de escape a su mejor amiga y su amado hermano.

-¿Se reconciliaron?

-Sí, y parecen novios… aunque sin que ellos lo sepan. Les diré que lo son para que dejen de jugar a las escondidas – comentó con una risita nerviosa y se puso de pie.

Debo confesar en todo caso,
estoy algo cansado,
Algo confundido…
perdido.

Era exagerado decir que con la ida de Ginny la vida se le iba, porque era algo tan trillado y tan… típico. Sí, no era eso. Sino que sentía que esa conversación lo había dejado igual que antes¿Por qué se preocupa por mí y no expresa nada? Era lo peor de todo. Se sentía desolado y confundido porque no podría ni compartir su sentimiento con sus amigos. No lo entenderían. No entenderían lo que es saber qué ocurre pero no saber cómo reaccionar. Ginny lo quería, estaba seguro, pero se alejaba de él y tenía que averiguarlo.

La pelirroja le preguntó si le cerraba la puerta o si la dejaba abierta, él prefirió que la dejara abierta para que entrara más oxígeno. La muchacha le dio una rápida mirada y se fue corriendo.

Y entonces, dime qué quieres que haga
...loco
juegas con fuego y me quemas
...el alma
deja que sea la noche
...el vino
que embriague tus labios en mí

Suspiró caninamente y recostó toda su espalda. Volvió a sentir que había estado tan tenso en la conversación con Ginny que todos los músculos le dolían. No era nada bueno para su salud tener esos problemas, estaba tan nervioso que algún día le podría dar cáncer –sí, cáncer muggle- por estrés emocional de Hermione y hermanos Weasley. Ellos eran la causa de sus males… Igual como si no lo pasara bien con ellos, pensó sonriendo.

Tomó una galleta del tazón y la olió. Ya no olía exquisitamente, sino que sólo olía a una galleta común y corriente preparada hace minutos.

-Necesito ser una vez más Hermione para saber por qué se distancia de mí – dijo en voz alta y pensó que ya estaba loco por hablar solo.

Le dio un mordisco a la galleta de chocolate y cerró los ojos ideando su plan perfecto.


Notas de la autora: ¡Hola! Sí, sí no ando desaparecida sino haciendo estudiando y yendo de parranda… ¡Y por primera vez en mi vida no me siento culpable por mi tardanza en actualizar porque me di cuenta que así es mi vida siempre! (o será que trato de convencerme de la cruda realidad, allí debo pensarlo). Pero lo que sí creo es que no quieren saber de mi vida, así que mejor concentrémonos en este capítulo.

Empezó siendo bastante gracioso, incluso me reí en varias cosas; pero creo que el dramón tiene que venir con Harry y Ginny, cuando Harry es él mismo. Traté de hacer notar que es casi imposible que Ginny actúe como una persona madura y consecuente en frente de él, sino que es una cría a la que quieres golpearla más de una vez (y de paso a Harry, obvio), pero Harry en el cuerpo de Hermione… Sí, se vienen momentos cómicos memorables.

Ron y Hermione son unos tiernos y los adoro y creo que por ser tan malvada con ellos en el pasado (lean sino mis anteriores fics) haré que queden juntos sin muchos dramones más que típicas peleas idiotas y… siendo ellos mismos. Se merecen el amor ahora.

La canción es… Ya, alguna vez fui niña y amaba Supernova; lo sé, ese grupito hueco y pop de Chile y… no me siento culpable. La canción es "Juegas con fuego" de Supernova y Glup! (ya, ese grupo es más decente, no?). Sentí que calzaba perfecto con la última parte del fic y la agregué…

¡Millones de gracias por sus reviews! Les agradezco de corazón que se tomen el tiempo de leer las locuras que escribo y que me digan cosas lindas. Espero que el fic vaya por buen rumbo, sino díganmelo y ahí veo qué podemos hacer para que sea una historia buena y de su gusto. Siempre lo digo, pero mis fics son por y para ustedes.

Bien, eso es todo por hoy. Espero sus reviews (presionen Go! más abajo) y recuerden que una buena cantidad de reviews podría ser una buena forma de estimularme para que el siguiente capítulo salga rápido del Word.

Cuídense mucho y les deseo lo mejor del mundo, adiós!