Capítulo 5: 'Chantaje emocional'
Había un serio problema. Sí, era egoísta y sólo pensaba en él mismo y sus propósitos. Pero tampoco era tan egoísta. Pensaba en su pelirroja y en la felicidad de ella, en su propia felicidad y en la felicidad que traería al mundo saber que él y ella tenían posibilidades de volver. ¿Eso no era ser egoísta, verdad? Porque también pensaba en las buenas consecuencias que traería sus fines…
-Oh, pues… - dijo Hermione algo descolocada ante tal amabilidad de Ron – Gracias. Sí, me gustaría que me acompañaras a dejar mis solicitudes a la universidad.
-Sólo te acompaño para que no vayas sola, no pienses otra cosa – le advirtió el pelirrojo con brusquedad.
-Aún así lo agradezco mucho.
Tenía que pensar también en sus amigos. Hace años que llevaban jugando a las escondidas y los dos se esconden, pero ninguno sale a buscar al otro. Y finalmente cuando se atreven a salir del escondite es en el momento en el que menos necesita que eso pase. Intervendría en todos sus planes si entre ellos llegara a pasar algo más. Algo más como una relación formal o que se entienda que tienen ciertas ventajas de hacer cosas que sobrepasan una simple amistad.
-¿Cuándo vas a ir?
-Iré luego de terminar – respondió tomando otra tostada – El desayuno es una comida muy importante… no sé para qué te digo eso si tú lo sabes muy bien – agregó riendo.
-No sé para que me ofrecí a acompañarte si te ríes de mí – masculló cruzándose de brazos. Para cambiar el tema de conversación miró a Harry – Oye, has estado en silencio harto rato. ¿En qué piensas?
Movió ligeramente de la cabeza y se dio cuenta que Ron le estaba preguntando algo. Miró turnadamente a Ron y hermione y se sintió pésimo. Estaba casi rogando a Merlín que entre ellos no pasara nada para su beneficio.
-Eh… bueno, tú sabes… - dijo con su respuesta clásica y salvadora de aquellas preguntas a las que realmente no tenía deseos de revelar nada.
Aunque Ron estuviera molesto con Hermione, de todas formas intercambiaron una mirada preocupada; esa típica mirada que siempre compartían cuando Harry decía o hacía algo que era típico de él, como sacar conclusiones apresuradas, decir cosas que ya son más que sabidas y sólo a él se las ocultaban. Cosas que sólo por ser Harry Potter tenían que ocurrirle.
Hermione se puso de pie y con su varita hizo levitar sus trastes sucios hasta el fregadero. Allí la señora Weasley ya había hecho un encantamiento y los platos, tazas y otros trastes se lavaban solos.
-Eh… ¿No quieres venir, Harry? Podríamos los tres conocer la universidad de Londres – le animó la castaña y recibió una fulminante mirada de Ron – Me agradaría que nos acompañaras. ¿Vamos?
-Sí, sí, ven. Sería genial – dijo el pelirrojo totalmente fastidiado.
-Pues…
¿Asegurarse que no pasara nada entre ellos o ser buen amigo y velar por el amor de sus amigos? Era su fortuna personal o la de ellos. Era muy difícil decidir. Era básicamente entre decidir entre Ginny y sus amigos. No era que a Ron y Hermione no los quisiera, los quería mucho. Ellos lo habían acompañado en infinidades de desafíos y aventuras. Lo ayudaban cuando podían y le entregaban su apoyo incondicional. Pero… el amor hacia Ginny. Hacia Ginny que fue la única en hablarle cuando Dumbledore había fallecido, la única en sólo acompañarlo en silencio los días siguientes al funeral del director cuando todos intentaban animarlo con estupideces, la única que lo hacía reírse siempre… Ginny.
-Vayan ustedes. Prefiero quedarme descansando un poco. No me siento muy bien – dijo con el dolor de su alma. Vale, sus amigos eran muy preciados para él y velar por la felicidad de ellos era una gran prioridad.
-No me digas que te duele… bueno, esa parte. Eso fue hace casi dos semanas.
-Ron, se puede sentir mal porque no durmió bien. ¿Por qué siempre piensas en lo más drástico? – inquirió la castaña frunciendo el ceño - ¿De verdad no quieres venir?
-De verdad.
-Bueno… iré a lavarme los dientes. Bajo en cinco minutos.
Harry miró a Ron, quien terminaba de comer los restos del desayuno, y pensó que esa era su última oportunidad. Subió sin decirle nada a su amigo y siguió a Hermione con rapidez.
-¡Hermione! – La castaña abrió la puerta del baño y retrocedió un paso mientras gritaba su cuello para ver a Harry.
-¿Si?... ¡sabía que nos irías a acompañar! No es bueno que pienses en todos los eventos pasados, Harry. Estamos vivos y eso es lo que cuenta. El mundo está a salvo. No recuerdes las atrocidades que ocurrieron – dijo para animarlo. Harry negó con la cabeza. La muchacha arqueó una ceja y le preguntó qué ocurría. Él simplemente le sonrió de la forma más petulante y juntó sus manos como súplica – Oh, no, no, no… ¿Estás loco? Ya lo hicimos dos veces y la última fue horrible.
-Pero no te pondrás a jugar Quidditch esta vez… Además que saldrás con Ron. Yo podría estar en tu cuerpo y estar con Ginny hasta que ustedes vuelvan.
-¿Y qué hará Ginny cuando vea que por la puerta entra otra Hermione? – preguntó tratando de no subir el tono de voz – Es ridículo. Dijimos que era la última vez y…
-Lo dices porque Ron y tú están casi derramando miel. Ya están en su utopía de mundo, mientras que yo… Era un acuerdo mutuo. Nos tenemos que ayudar. Y eso significa hasta que yo sepa que Ginny…
-¡Pero si ella te ama! – exclamó incrédula por el anticuado discurso de su amigo.
-Hasta que sepa por qué Ginny trata de ignorarme cuando sé que aún significo algo para ella. ¿Qué pasa si le digo que la amo, que quiero intentarlo de nuevo y ella me manda a freír monos al África? Quiero averiguar si ella estaría dispuesta a intentarlo.
-Averígualo por ti mismo. Querías saber si te amaba y ya lo sabes. Tenemos que detenernos… Estamos jugando con Ron y Ginny transformándonos. Les ocultamos algo muy serio – dijo muy seria y miró por encima del hombro de Harry cerciorándose que nadie venía por la escalera – Hay que hacer las cosas por nosotros mismos.
Le lanzó la peor mirada del mundo. Hermione se encogió de hombros un poco asustada. Aquella fría mirada se la había visto sólo un par de veces, y siempre le producía lo mismo: Desprecio, temor, culpa, remordimiento hasta tal punto de pensar en cualquier cosa para remediar su error. ¿Pero qué error?
-No, Harry, no me hagas esto – le pidió tensando su cuerpo.
-Jamás creí que fueras tan egoísta como para ayudar a tu amiga. Perfecto, me alegro que estés tan bien con Ron… No quiero ser el tercero en su idílica relación – dijo girándose para irse.
¿Cómo era posible que Hermione no lo entendiera? Supuestamente la castaña era la más inteligente de Hogwarts, la sabelotodo que no lo sabía todo, por lo que veía… Ella más que nadie debía entenderlo en lo que era los sufrimientos que trae un amor no correspondido. Y no correspondido porque, aunque Ginny aún sentía algo por él, no lo mencionaba y eso era negarlo, no corresponder lo que sentía hacía él. Nunca se había llevado de lo mejor con Hermione, pero jamás se hubiera imaginado que su amiga le iba a dar la espalda en una situación tan difícil. Casi era el favor que demostraría que de verdad seguían siendo amigos después de Voldemort y ella le estaba demostrando que no lo eran.
Al bajar las escaleras se encontró con Ron. El pelirrojo le preguntó si estaba bien y Harry sólo se fue a la sala a leer 'El Profeta', o intentaba leer, ya que su mente estaba demasiado ocupada pensando en que jamás podría volver a estar con Ginny.
Unos pocos minutos después, Hermione bajó. A Ron le explicó brevemente qué tipo de papeleos haría y que se demoraría poco, pero también que quería hacer otras diligencias y le suplicó que la acompañara.
-No sé para qué tengo que ir… ¿Qué tipo de diligencias son?
-Sólo acompáñame, por favor – Sonrió y guardó unos papeles en su cartera. Se dobló un poco para ver que Harry se encontraba ofuscado leyendo el periódico - ¿Crees que nos debamos despedir de él?
-Está tan raro. Cada día Harry está de un humor de los mil demonios – comentó Ron pensativo – No tengo idea qué le estará pasando… Ni siquiera quiere conversar con nosotros sobre el tema.
-Vamos, no seas tan duro con él… Me iré a despedir. Si quieres espérame afuera y allí nos desaparecemos.
-Bueno – asintió y con la mano en los bolsillos de su pantalón salió de la casa.
La castaña suspiró y se encaminó hasta el sillón donde Harry leía, y ahora sí leía, furiosamente un estúpido artículo de 'El Profeta'. Se cruzó de brazos y trató de serenarse para hablarle lo más despacio a su amigo.
-Te juro que si me vuelves a hacer una de tus escenitas de víctima, verás de lo que soy capaz. No por nada puedo hacer una poción para que te envenenes… - le dijo después de quitarle el periódico de las manos. Él la miró algo asustado por el tono peligroso de su voz – Escucha y grábatelo bien: Esta es la última botella que te doy con poción multijugos, porque lo que quedaba la desaparecí.
Sacó apresuradamente de su cartera una pequeña botella, un frasquito, mejor dicho, y casi se lo lanzó en la cara.
-Gracias, Hermione – Harry acercó el frasquito a sus ojos y feliz lo observó.
-Más te vale que en una semana ya estés con Ginny y pares… paremos de hacer esto. Odio mentirles de esta forma tan cruel.
-Sino mal recuerdo fuiste tú quien me propuso la idea. No sabía que cambiábamos de papeles ahora.
-Todo tiene un límite – Cerró su cartera – Me iré. Ginny no sabe que me fui con Ron. Lo que todos sabrán es que Ron salió con Harry – Comenzó a caminar, pero se giro luego de unos pasos - Y… mucha suerte.
Vio como su amiga se iba y pronto escuchó que la puerta que daba al pórtico se abría y cerraba. En el fondo, muy en el fondo, se sentía mal de usar ese método tan inmaduro e infantil de hacer sentir culpable a Hermione para conseguir que le diera poción multijugos. Y la última. ¡Esta era su última oportunidad! Tenía que aprovecharla al máximo y cuidar cada detalle. Después cuando volviera Hermione le agradecería de la mejor forma por darla la última oportunidad.
Como era temprano en la mañana, sería ideal tomar la poción allí mismo, pero había un pequeño problema: Harry no tenía la ropa de Hermione. Pensó que seguramente Ginny aún debía estar durmiendo, así que se dirigió al cuarto que compartían las muchachas para sacar la ropa de Hermione, irse al bañar, transformarse y cambiarse.
OoOoO
-Porque la persona a la que más admiro eres tú… - le dijo y la miró directamente a los ojos.
-No sabes cómo he sufrido por ti, pero te quiero tanto. Vivir sin ti es un puñal mucho más grande que se clava en mi corazón y que me quita energías día a día, ignorarte me ha hecho estar tan ciega, que no he podido pasar momento en no pensar estar contigo. No me dejes, acéptame como soy, con mis errores y fallas – Se acercó y lo abrazó fuertemente – Por favor, discúlpame…
-Claro que lo haré. ¿Por qué no lo haría?
-He cometido tantas fallas…
-Yo también las he cometido. Te hice daño.
El mismo sueño de siempre. La misma pesadilla de siempre. Depende del lado que veía aquella quimera que cada noche aparecía cuando dormía. A veces era una maldita pesadilla que despertaba todo su rencor y odio, sintiéndose enojada y odiando a todo el mundo. Nadie se salvaba de su mal humor. Otras era un bendito sueño que la hacía sentirse realizada, feliz y esperanzada de conseguir lo que su corazón deseaba tanto. De cualquier forma, la misma alegoría era la misma: él vestido como príncipe de la época medieval, ella con un largo y ostentoso vestido, digno de cualquier princesa, y con palabras llenas de exageraciones, romanticismos y típicos de la literatura romántica y empalagosa que habían de esos años.
Sintió un ruido muy extraño y sus ojos se abrieron un poco más. ¿Qué era eso? No debían ser más de las nueve mañana, de un día de vacaciones y la despertaban con tanto alboroto. Se dio una vuelta para quedar mirando el lugar de donde provenía todo el ruido.
-Hermione… Granger… - dijo con la voz rasposa.
-¡Ginny! – gritó Harry asustándose al escucharla. Las sandalias que traía se le cayeron al suelo – Despertaste…
-No, estoy durmiendo aún – La pelirroja se restregó los ojos soñolienta - ¿Qué se supone que estás haciendo? Sabes que odio despertarme con tanto escándalo y tan temprano.
-Oh, sí, pero tuve problemas con mi ropa. Me puse zapatillas y me dio calor, así que vine a buscar mis sandalias.
-¿Y? – inquirió sentándose, aún con las cobijas en su cintura.
-No las encontraba…
-Las dejaste debajo de la cama. ¿No te acuerdas? – La miró un poco extrañada – En general no olvidas dónde dejas tu ropa. Y ahora por buscar innecesariamente en tu baúl, me despertaste… y de mal humor.
-Lo siento – Tomó las sandalias y se sentó en la cama para ponérselas cómodamente. No podía parar de observar a Ginny – Ahora que despertaste… ¿quieres desayunar?
Su pelo desordenado, sus mejillas sonrosadas, sus ojos castaños un poco más pequeños de lo usual porque recién venía despertando; todo en ella era perfecto. Verla sin maquillaje, al natural era verla de la forma más linda de todas. Se veía como un ángel despertando. No sabía que ella pudiera despertar luciendo tan bien.
-… tengo mucha hambre. ¿Los papás aún están durmiendo? – preguntó poniéndose sus pantuflas. Él asintió – Tendré que prepararme mis huevos revueltos solita. Que pereza. ¿Desayunaste, no?
-Sí, sí, no te preocupes. Vamos, te acompaño – dijo poniéndose de pie.
Era extraño estar en el cuerpo de Hermione. Era la tercera vez, pero lo extraño era que aunque sentía hambre –era un hombre, no tanto como Ron para comer todo el día, pero dos desayunos no era nada imposible para Harry Potter- sabía que podría engordar por comer tanto. ¿Por qué pensaba eso si era un hombre con el cuerpo de una mujer? Sólo había cambiado en apariencia, pero seguía siendo él mismo. Tal vez el estar transformado en el cuerpo de una mujer le estaba trastornando la mente… ¿Y si empezaba a hacer dieta de repente? Oh, no, algo estaba muy mal.
Ginny se preparó unos huevos revueltos y una taza leche tibia. Se sentó engullendo feliz mientras Harry leía de nuevo 'El Profeta'. Al menos tenía que cumplir las costumbres como si fuera la verdadera Hermione, leer el periódico siempre.
-¿Algo digno de contar? - preguntó la pelirroja terminando su primer emparedado con huevos revueltos.
-La verdad es que no – contestó gélida – Típicos anuncios aburridos del ministerio, artículos alabando a Harry, reportajes del los cambios de seguridad en Gringots… Desde que Él murió, ya no hay noticias interesantes.
-Ni se toman la molestia de poner la lista semanal de mortífagos capturados y mandados a Azkaban – dijo cerrando el periódico y miró a Ginny.
-¿Qué ocurre?
-¿Qué ocurre qué?
-¿Por qué me estás mirando así? – preguntó dejando su pan con huevo en el plato.
-¿Así cómo…? – Harry alzó una ceja sin entender.
-Así como… como… ¡no sé! Pero de una forma rara.
-¿Rara en qué sentido? – Ya había entendido. Ginny se refería a por qué la miraba de una forma tan detenida y pensativa momentos antes – De verdad que no comprendo – dijo sólo para seguir con ese lío de conversación.
-Rara como si pensarás en mí, no sé… Hay muchos tipos de 'raros' y específicamente no tengo idea de por qué me mirabas raro. Por lo que sé no tengo monos pintados en la cara o… - Se llevó las manos a la frente – Sí, y la crema hizo efecto en el grano. Así que dime por qué mi mirabas detenidamente.
-¿Acaso es un crimen perderme en mis pensamientos y justo te miré a ti?
-Hermione… - Torció los ojos y suspiró – Tú siempre te pierdes en tus pensamientos. Creo que no pasa día en que tu cerebro no pare de funcionar para encontrar las respuestas a cada mínimo detalle de la vida.
-¿Y todo ese discurso tiene sentido porque quieres llegar a…? – Le hizo gestos para que continuará – No entiendo cómo llegaste de que te miraba raro a que siempre busco soluciones a los problemas.
-Argh… - Tomó su pan con huevo – Olvídalo, Hermione, olvídalo – murmuró antes de seguir desayunando.
-Eres igual a tu hermano. Cada vez que se enoja conmigo siempre me dice que lo olvide y sigue comiendo – comentó riendo al observar el parecido que tenía su amigo y Ginny.
-Me cuesta aceptarlo, pero somos de la misma familia. Aunque soy superior a él. Él es la versión fallada y yo…
-¿El modelo perfecto de Weasley?
-¡Exacto! – asintió y los dos comenzaron a reírse por la absurda conversación que tenían.
Una vez que la pelirroja terminó su desayuno, le comentó los planes que tenía: Ir de compras. Básicamente Ginny tenía ya anotado todo lo que harían, comprarían y hasta cuánto podían gastar de dinero para las compras. Harry pensó en que Hermione nunca le había advertido que tendría que ir al Callejón Diagon… ¿Comprarse ropa cuando era un hombre? Y ropa de mujer. Ropa que sólo tendría que usar por un par de minutos y después dárselas a Hermione porque la visión de Ron preguntándole por qué usaba ese nuevo atuendo y él con una faldita no le hacía para nada gracia.
-Oh, vamos, no me pongas esa cara – le dijo Ginny poniéndose de pie detrás suyo y apoyo una de sus manos en el hombro de él – Sé que ir de compras no es el mejor panorama para ti, pero quiero aprovechar el dinero que me dieron mis hermanos para mi cumpleaños…
-Tu cumpleaños fue hace años. ¿Por qué no fuiste a comprar antes? – preguntó suponiendo que hasta en su cara se reflejaba que… ir de compras no era lo que tenía planeado.
-Estaba en Hogwarts y la ropa de Hogsmeade es horrible. ¡Vamos, Hermione, acompáñame!
-Está bien… pero volvemos antes del almuerzo.
-¡Sí, no puedo creer que seas mi mejor amiga cuando tienes gustos no tan femeninos! – Lo abrazó por el cuello y él se sonrojó levemente – Primero arreglemos nuestro cuarto para que mamá nos dejé salir y luego me visto…
OoOoO
-Olvídalo, Hermione, olvídalo – dijo el pelirrojo volteándose.
-Me desesperas, Ron me desesperas – imitó el tono sonso de voz con que él le había hablado – Mi punto es que siempre…
-¿Siempre qué? – preguntó desafiante.
-Siempre tienes que meterte en donde no te llaman. Hay algo que se llama privacidad.
-Y después andas diciendo que no me preocupo de los demás, que tengo poco tacto y que debería ponerle más atención a Harry y a ti.
-Jamás he dicho que deberías ponerme más atención. ¿De dónde sacaste eso?
Después de haber ido a la universidad a entregar las solicitudes de Hermione, recorrieron el edificio comprobando que se parecía mucho a Hogwarts, aunque se veía que el ambiente era de adultos y más sobrio. Casi no se veía a ningún joven o estudiante, lo que sí es que algunos docentes iban de un salón a otro como si la vida les dependiera de ello.
Hermione viendo que le sobraba mucho tiempo antes del almuerzo invitó a tomar un café a Ron. Se trasladaron a Londres muggle y en vista y considerando que Ron no podía convivir entre muggles y ordenar un tipo de café común y corriente, fueron al Callejón Diagon.
-Yo… no sé… - dijo atorándose con el café que intentó beber para tomarse más tiempo y responderle – Es… bueno… ¡Hermione, no me preguntes esas cosas!
-Está bien, no me cuestionaré nunca más las cosas que dices – Se alzó de hombros divertida – Sólo quería llegar a la conclusión que si sigues siendo tan protector, podrías alejar a los que más quieres.
-Sí, claro – asintió irónicamente.
-Ejemplo uno: Ginny jamás te cuenta nada porque eres un paranoico, desquiciado que no la deja tener contacto social con hombres.
-¡Eso no es verdad!
-Ron… Ésa ni tú te la crees. ¿Es normal que casi andes con un fumigador de hombres? Faltaría que metieras a tu hermana a un claustro… y fue una mala idea decir eso porque no tienes idea lo que es ser monja… En fin. Tu hermana tiene derecho a salir con quien se le antoje, y si se equivoca de hombre, pues que aprenda de sus errores.
-Lo que pasa es que no tienes idea cómo es la mente masculina. Las cosas perversas que pasan por nuestra cabeza, tantas que sería hasta un crimen. Perdón por querer proteger a mi dócil y desamparada hermana de este asqueroso espécimen – Hermione trató de contener la risa por la exageración de Ron y él sólo frunció el ceño – Y no sé para qué tenemos que seguir hablando de esto… también tengo cosas buenas.
-¿Ah, sí? Dime algunas…
-Hemos sido amigos por años. Supongo que tienes buenos adjetivos calificativos para con mi persona – Terminó su café y sonrió – Hermione, dime por qué te gusto.
-Eh… Ron…
-Gusto como persona, como amigo; claro está – corrigió sonrojándose furiosamente.
¿Se lo estaba preguntando en serio o bromeaba? Hermione bajó la mirada apenada y trataba de buscar alguna forma de salir airosa de la situación, pero no veía ninguna forma de escapar… Sólo contestar la pregunta frontal de su amigo. ¿Y qué le iba a decir? Si le decía la verdad, si le decía que –de una forma muy exagerada- lo amaba sería un impacto tan grande que a Ron le podía dar un paro cardíaco o que ella quedaría como una arrastrada, que se confiesa con bombos y tambores, viéndose la persona más perdedora y penosa del mundo... Allí estaba el dilema.
Sacó una de las galletitas del plato y comió lentamente. ¡Como desearía que una tropa de mortífagos psicópatas aparecieran con sus varitas y amenazando de muerte a todos! Sería la mejor distracción y forma de salir del problemita… Vale, estaba siendo un poco drástica -¿poco?-, pero cualquier cosa sería mejor.
Levantó la mirada teniendo la idea que se reiría y le diría lo típico de 'simpático, amable' para no dejar cabos sueltos cuando…
-¿Hermione? – preguntó sorprendida.
-No me digas que olvidaste tu nombre y me preguntas si es ese… - dijo Ron extrañado.
-Muy buena tu broma, Ron, me encantó. Súper gracioso – comentó irguiéndose un poco para ver mejor que Harry en su cuerpo venía con Ginny caminando a casi dos tiendas de donde se encontraban ellos – Eh… ¿Ya terminaste? Oh, perfecto. Vamos, vamos. Aquí dejo el dinero.
-Pero… ¿qué te pasa? – Ron la miró como si hubiera perdido la cordura – Aún no has terminado tu café y galletas y no sabes cuánto salió la cuenta.
-Que el mesero se quede con el cambio y… - Tomó su taza y se la bebió al seco, derramando un poco en su blusa - ¡Mira, terminé! Y las galletas… oh, mira, un truco de magia, desaparecen en mi boca – Se echo tres galletas y empezó a masticar mientras le sonreía.
Mientras tanto, a dos tiendas de distancia…
-Sí, ya vi que se trata de la nueva colección de Barredoras – asintió Ginny girándose.
-Pero mira lo lindas que son, Ginny, míralas bien y detenidamente… De seguro no has mirado todo el aparador.
-¿Para qué quieres que vea todo el aparador si no vine a comprarme nada de Quidditch? – le preguntó extrañada – Mejor vamos a la tienda de ropa.
-¡Míralas, Ginny, por favor! – Harry empezó a moverse de forma muy rara, casi dando saltitos y tomó su cara para obligarla a mirar el aparador - ¿Ves lo lindas que son?
Harry giró la cabeza –casi haciendo movimientos que ningún ser humano podría- y observó que Hermione aún no se llevaba a Ron. Al parecer Ron le preguntaba por qué estaba actuando tan extraño, y no era de esperarse menos si su amiga comía bestialmente galletas y hacía gestos intangibles, con una combinación de bailes cómicos. Lo único que esperaba es que Ron no se le ocurriera mirar a su espalda, porque sino lo vería y vería a dos Hermione… Y si Ginny miraba al frente se encontraría con la otra Hermione y… ¡Era tan complicado!
-Uff, allí van… - comentó al ver que Hermione salía corriendo y Ron iba detrás de ella.
-¡Hermione, déjame tranquila! – Ginny quitó sus manos de la cara y lo miró enojada - ¿Puedes parar de hacer el ridículo? Ya miré el maldito aparador y espero que seas feliz… ¿Y por qué estás así?
-Pues, estaba pensando en ser mimo – respondió haciendo una mímica de alguien encerrado en una caja – Aunque no me veo futuro en esto.
-¿Estás segura que además de un resfriado no tienes un problema a la cabeza?
Ya estando el ambiente más calmado –significa: Libre de la verdadera Hermione y su amado- siguieron caminando hacia la tienda. Ginny iba comentando una entretenida historia que le había pasado a una amiga suya de Hogwarts en una tienda de Hogsmeade y Harry no cabía en la felicidad de poder estar al corriente nuevamente de su vida. Aún le parecía demasiado surrealista que pudiera volver a escuchar su voz melodiosa y delicada de forma tan natural… aunque tenía asumido que sería la última vez antes que él mismo pudiera averiguar por qué era así con Harry Potter en el cuerpo de él mismo si aún mantenía sentimientos hacia él. Mmm, sí, tan enredado que ni un detective podría adivinarlo.
Ginny se detuvo en la biblioteca y la señaló. Lo miraba de una forma muy inspeccionadota, inquisitiva.
-Única oportunidad que te ofrezco antes de irnos a comprar ropa para que te deleites con libros.
-Eh… ¡claro!
Mientras entraban a la librería 'Flourish y Blotts', Harry pensaba que sería una buena forma de agradecerle a Hermione comprándole un libro. Había manipulado a su amigo con eso de hacerla sentirse la culpable de todo y que él era la víctima, que no lo apoyaba… y sentía algo de remordimientos. No era justo que convenciera de aquella forma tan ruin y cruel a Hermione de dejarlo usar por última vez la poción multijugos.
Al estar dentro, Ginny le hizo señas para que viera qué libro quería. Él empezó a revisar sin mucho interés uno que pudiera interesarle a Hermione; aunque la tarea no le era nada fácil si Ginny iba detrás suyo ordenándose un mechón rebelde a cada segundo detrás de la oreja o haciendo posiciones como una trompetita con su boca, lo que lo tentaba mucho a acercársele y plantarle un beso. Tampoco el hecho de saber que a Hermione le gustaba todo y quizás ya tenía más de la mitad de los libros de las estanterías.
-¿Y por qué no compras ese libro que me dijiste la otra vez? – preguntó Ginny observándolo cuidadosamente – Me dijiste la semana pasada que te encantaría tenerlo.
-Oh, sí, ése… claro… - ¿Y cuál es ese libro? – Entonces debe estar por aquí – dijo dirigiéndose a la zona donde estaban los libros de cultura mágica, en donde se ubicaban las tantas versiones de 'Historia de Hogwarts'. Escuchó una risita proveniente de Ginny - ¿Qué pasa?
-Me pregunto si el libro 'Alquimia antigua a pociones modernas' se encontrará por aquí… ¿No que los libros de ciencias, exclusivamente de pociones, están por allá? – Señaló la segunda planta de la librería - ¿O acaso no era ese el libro que me dijiste?
-Claro que era ése – asintió y se dirigió a la escalera – Como tengo tantos libros en mente se me olvidan, pero sería bueno tener ese primero… - comentó tratando de salvarse.
-Sí, muchos libros en mente – dijo la pelirroja casi en un tono sarcástico.
El famoso libro que Hermione quería era uno de los más caros, y casi con el dolor de su alma Harry fue a pagarlo. Una cosa era agradecerle a su amiga por soportarlo y ayudarlo, pero una distinta es que tuviera gustos tan exquisitos como hacerlo gastar casi la mitad de su fortuna.
Al llegar al final de la fila para pagar en la caja, Harry sonrió tímidamente a la señorita:
-Son 8 galeones y 2 sickles – dijo amablemente extendiéndole la boleta con el monto que costaba el libro.
-Eh… aquí tiene – Le pasó el dinero y se aplastó el flequillo para que no le viera la cicatriz. Ginny sonrió maliciosamente – Gracias – dijo una vez que le pasó la bolsa con el costoso libro.
-Muchas gracias a usted por su compra. Que tengan un buen día.
-¡Usted también! – dijo Ginny al salir de la tienda.
-¿Ahora iremos a comprar ropa?
-Sí, vamos a poner en práctica los conceptos básicos de compra: Bueno, bonito y barato – Rió torpemente y él sólo sonrió tranquilo.
Es una lástima que "Hermione" no sabe que ya descubrí quién es… Con razón a veces tiene unos cambios de personalidad muy dudosos, gustos extremos y gestos que no son los propios de su amiga castaña. ¡Era un idiota! Seguramente él era con quien había preparado el almuerzo y hablado sobre… ¡él mismo! Y hasta… No, no, no. ¡Era un maldito obsceno, pervertido que se estaba pasando de listo! Pues si con esas estaban, pues ella le daría guerra. Primero sería él y después las haría pagar a Hermione. Su amiga Hermione. De seguro ella estaba enterada del cambio de cuerpo de él. ¡Era una estúpida trampa! Pero no por nada era Ginny Weasley, hermana y discípula de los gemelos Weasley… Si creía que no se iba a dar cuenta, estaban muy equivocados. Debió haberlo pensado mucho mejor antes de taparse la frente con el flequillo. ¿Acaso Hermione tenía cicatriz? Idiota, idiota, imbécil, gran pedazo de imbécil. Eran muchas señales y la detonante fue la cicatriz.
Ginny trató de mantener la calma y le sonrió falsamente. Era Ginny Weasley ¿no?... Y con razón le hacía honor a su nombre, porque ya tenía preparada la venganza: Bueno, bonito y barato al estilo Weasley.
Notas de la autora: ¡Hello! Cof, cof… bueno, luego de un mes y algo más, al fin actualicé. Simplemente amé este capítulo y me alegra ¿saben? Ya en el segundo capítulo comencé a desinteresarme de la historia y hasta pensé en detenerla o borrarla porque la publiqué muy rápido, sin antes hacer un esquema de posibles ideas para la trama o para mentalizarme si estaba en estado de sentirme de buen humor sólo para escribir. Pero creo que, al fin, este fic va tomando buen rumbo. Espero que ustedes también lo noten, porque si comparamos éste con los últimos capítulos… Pues, traté de ponerle mucho más humor y situaciones que dieran hasta gracia.
¡Millones de gracias por escribirme sus reviews! Ya tienen más que claro que saber lo que piensan es lo mejor que me puede pasar, así que síganlo haciendo y si tienen ideas para continuar el fic, díganlas, por favor. Me serviría de mucho porque tengo un gran vacío mental a largo plazo en este fic. Y también gracias a los que leen y no me dejan reviews. Al menos les interesa la historia y es lo importante.
Ohh, este viernes (25 de mayo) iré a ver Piratas del Caribe 3! Me emocioné, la última… Johnny Depp! Orlando Bloom!... Y no digo Keira Knightley porque no soy lesbiana, pero me gusta como actúa xD! Imagínense cómo me pondré con La Orden del Fénix. Y mejor ni pensar en la publicación de Deathly Hallows… Allí tendré unos comentarios llenos de Spoilers y mensajes subliminales… Bueno, sólo quería comentarles mi emoción de ver Piratas del Caribe 3! Además que estos meses están llenos de estrenos. Ya vi Spiderman 3 (la mejor, la adoré), se vienen Los Simpson, Sherk Tercero, La Orden del Fénix… Así que a gastar los ahorros yendo al cine (o comprando películas pirateadas xD!).
En el próximo capítulo… ¿Cómo será que Ginny se entere que Harry es Hermione y Hermione es Harry? Correrá sangre y risas próximamente.
Muchos besos y suerte en sus vidas, adiós!
