El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como todos los símbolos y elementos relacionados, son propiedad de Warner Bros., 2000. Esto no tiene fines de lucro.

Advertencias: Es posible que la personalidad de los personajes esté un poco distorsionada a lo que ha inventado JK Rowling y también que la trama sea un poco vulgar y hasta subida de tono (no sexualmente hablando, sino en chistes y diálogos). Sólo les digo esto para que no me lleguen reviews diciendo que cambié todo.


Capítulo 6: 'Bueno, bonito y barato'

-¿Adónde vamos? – preguntó Harry pensando que la única tienda de ropa que había visto en el Callejón Diagon era la de Madame Malkin. Y si su memoria no le fallaba, allí no vendían más que túnicas y uniformes de colegio, cosas que Ginny no tenía la intención de comprar.

-Oh, ya verás… es un nuevo sitio – respondió la pelirroja dedicándole una mirada excesivamente feliz – Se inauguró a hace pocos meses.

Pasaron por unas tres tiendas, y llegaron a un local muy pequeño. Entre la Tienda de Calderos y el Emporio de las Lechuzas, un a minúscula construcción de dos pisos se alzaba. Aún así no dejaba de ser llamativa por el tamaño: Colores como el verde limón, azul eléctrico y fucsia pintaban la fachada y un letrero con letras negras decía el nombre de la tienda Arco iris. En el escaparate había dos maniquíes vestidas con una combinación de ropa muggle y de bruja.

Harry se quedó viendo cómo los maniquíes se movían y posaban simulando una pasarela de desfile cuando Ginny le tomó la mano y lo hizo entrar.

Adentro se veía muy parecido a la fachada de la tienda: Colores fuertes y vívidos; al igual que la ropa. En un lado había un mesón donde una bruja oficiaba de cajera y a su lado las cosas compradas se doblaban y empaquetaban solas. También vio que si lo comprado era para regalo, en vez de empaquetarse, un papel salía debajo del mesón y envolvía la compra.

-Buenos días – dijo una muchacha muy joven caminando a ellos - ¿En qué les puedo ayudar?

-Hola. Queremos comprar cuanta ropa podamos – dijo Ginny entusiasmada por ver unas botas en uno de los estantes - ¿Cuánto cuestan?

-Esas botas cuestan cuatro galeones – respondió apuntándolas con su varita y las invocó a sus manos – Son hechas de un material parecido al cuero de dragón, pero son sintéticas. Son de buena calidad.

-No son para nada feas y no tan caras… creí que costarían más – dijo la pelirroja observándolas.

-No, no. Acá los precios son económicos y accesibles para todos. No hay nada más espantoso que la gente haga moda sólo por dinero y fama – contestó dándole las botas para que las viera mejor.

Harry leyó en una etiqueta que tenía en el pecho el nombre de Srta. Malkin y la vio mejor pensando que tal vez ella se tratara de algún familiar de Madame Malkin, de la tienda de túnicas. La muchacha tenía el cabello oscuro, y no era regordeta como Madame Malkin, pero en la cara tenían un vago parecido.

-Disculpe – dijo Harry - ¿Usted es pariente de Madame Malkin?

-Sí, es mi madre – contestó amablemente – Gracias a ella me interesa en diseñar ropa y abrir mi propio local.

-Es genial. Tu madre es una muy buena persona, me gusta ir a comprar allí… ¿Y cómo le va con el negocio?

-Bastante bien. Es difícil empezar diseñando un concepto nuevo de ropa que sea tanto muggle como de brujos, pero todo se puede.

-Me gusta el lugar. Está muy lindo y quiero estas botas definitivamente – dijo Ginny mirándolos - ¡Oh, mira esa chaqueta blanca!

-Eh… Ginny… compórtate, por favor – le pidió Harry sintiéndose enrojecer por el escándalo que hacía la joven por la chaqueta. Se alisó el flequillo para que nadie le viera la cicatriz, ya que con ese alboroto podrían reconocerlo.

-Te queda fantástica – dijo la señorita Malkin una vez que Ginny se había puesto la chaqueta – Parece que tú no eres muy amiga de las compras. ¿La acompañaste o viniste por algo especial?

-La verdad es que ella me…

-¡Le dije que tenía que acompañarme y aprovechar! – Ginny dio tres zancadas y quedó atrás suyo – Esta muchacha necesita mejor ropa, más moderna… Algo para varias. ¿Verdad que usted será nuestra asesora, señorita Malkin?

-Claro, las ayudaré en todo lo que pueda. ¿Me pueden decir sus nombres?

-Ginny Weasley y Hermione Granger – dijo Ginny dando saltitos para ver a la señorita Malkin por encima del hombro de Harry – Nuestro lema es: Bueno, bonito y barato.

-Si quieren damos una vuelta por la tienda y me comentan qué cosas andan buscando. Puede que viendo entre los roperos y estantes encontremos lo adecuado.

-¡Sí, vamos, Hermione! – Ginny le dio un golpe, un golpe bastante fuerte como para ser amistoso, en forma de ánimo.

Harry se encorvó un poco por el dolor y le asintió a la pelirroja pensando que estaba loca. Ir de compras transformaba por completo a Ginny. Estaba demasiado hiperactiva.

OoOoO

Llegaron a Londres muggle sin casi haberse dado cuenta. Hermione dejó de correr cuando vio a alguien abriendo una computadora portátil en un banco de la calle y se dio cuenta que además de estar en la ciudad muggle, ya se había alejado lo suficiente del Callejón Diagon. Volteó para ver que Ron ya había parado de correr y venía caminando con la mirada más perturbadora que le había dirigido. Se sintió la persona más pequeña e idiota del mundo al darse cuenta que su amigo la miraba con extrañeza, burla, risa, confusión y con un mensaje de: Hermione Granger es oficialmente la candidata a una visita a una habitación con paredes blancas y acolchonadas, con una camisa muy a la moda que no te dejaba mover los brazos y te costaba respirar. Algo como un corsé de los nuevos tiempos.

Ron se detuvo a su lado y sólo dijo:

-Creo que es hora de volver a casa.

-Eh… sí, yo también lo creo – asintió alisándose la falda, sin dirigirle la mirada.

-Busquemos un lugar donde desaparecer.

Empezaron a caminar sin saber adónde iban. O al menos eso pensaba Ron. Miraba a cada lado por si había un callejón, pero sólo había tiendas y edificios de oficinas. Si no encontraban un lugar decente para desaparecer, lo hacía en plena calle y tendría que soportar una seguidilla de eventos desafortunados que empezaban desde más de una decena de muggles viéndolo y terminaban con él en Azkaban.

Hermione sabía que inconcientemente Ron la seguía y por eso le parecía un beneficio para aprovecharse de la situación. Tenía que darle tiempo a Harry para que volviera a La Madriguera antes que ellos. Si la señora Weasley viera a dos Hermiones entrando al mismo tiempo sería catastrófico. Casi todos los años andaba por esa zona de Londres. Sus padres estacionaban el auto a unas dos calles y venían caminando a comprar ropa y otro tipo de cosas que los brujos no vendían. Sabía que había un callejón en la calle siguiente, así que dobló en la esquina.

-Ron… - dijo pasados cinco minutos de caminar en silencio - ¿Crees que estoy loca? – le preguntó descendiendo sus pasos. El pelirrojo simplemente la miró – Es que cuando estábamos en el café yo, yo… salí corriendo como una loca y gritaba y creo que hice el ridículo.

-Ni siquiera me molestaré en preguntar qué pasó – se limitó a decir sonriendo.

-¿Por qué?

-En esencia eres una desquiciada, Hermione, así que no me extrañaba que actúes así. Aunque prefiero que te vuelvas loca con el estudio y tus amiguitos los libros que conmigo en un lugar público.

-Me pregunto si eso es positivo o es más una crítica – comentó aliviada que Ron no la juzgara por su actitud de loca maníaca en el Callejón Diagon.

-Tómalo como una característica que, muy en el fondo y me cueste aceptarlo, me hace quererte un poquito – Miró al cielo comprobando que el sol estaba casi en el centro del cielo, por lo que debía ser mediodía. La castaña sonrió enternecida al comprobar que hacía eso para ocultar el sonrojado de sus mejillas - ¿No hay ningún lugar para aparecernos en casa?

-Es difícil encontrar uno cuando caminamos en un lugar tan concurrido de muggles… - dijo doblando a la derecha en otra esquina sintiéndose algo culpable de hacerlo caminar en círculos, pero le gustaba conversar con él – A mí también me hace quererte un poquito lo desordenado y desorganizado que eres… pero sólo un poco.

Ron la miró algo sorprendido y se atrevió a hacer algo que jamás hubiera hecho normalmente: Pasó una de sus manos por los hombros de Hermione y caminó de esta forma con ella.

OoOoO

-Mmm… tenemos diez opciones – dijo Ginny observando todo el colgador con el mismo diseño de suéter, pero en diez diferentes colores – Creo que deberías probártelos todos, Hermione.

-¿Todos? Pero déjame escoger el mejor color y sólo ese me pruebo… - dijo Harry espantado con el volumen de ropa que formaba los diez suéteres en los brazos de la pelirroja – Estás exagerando.

-Todas las opciones son válidas. Bien, tómalos y sal del vestidor para que me muestres cómo te quedan – Se los dio y Harry sintió que el peso del mundo se le venía encima – Yo esperaré sentada aquí.

La señorita Malkin ayudó a Harry con la tonelada de ropa y lo acomodó en el vestidor. Harry se sacó la chaqueta mientras se miraba en el espejo molesto. ¿Por qué Ginny podía haberse puesto las cosas fuera del vestidor y quedarse con la primera cosa que elegía? En cambio él debía probarse casi toda la ropa de la tienda para comprar una mísera prenda. ¿Qué color le quedaría mejor? Tomó el blanco y se lo puso.

Sacó su cabeza del cuello, se arregló el cabello y vio que el color de sus ojos se tornaba verde. Rápidamente de la cartera extrajo un frasquito y bebió un poco del contenido. Sus ojos volvieron a ser de un plano castaño.

-No, no, no. Ése no – dijo Ginny una vez que salió.

Entró y sacó el azul del colgador. Suspiró fastidiado pensando en lo terrible que debía ser para las mujeres salir de compras, aunque ellas lo disfrutaban. ¡Eras unas masoquistas! Era prácticamente imposible que alguien disfrutara con esa tortura de probarte, sacarte, probarte, tomar, sacar ropa que se ve igual, igualita. ¿Para qué se preocupan tanto del color cuando nadie se fija en los colores?

-¿Rosado? Por favor, Hermione… El otro – Ginny le señaló el vestidos después que salió por octava vez del vestidor.

-¡Morado! Ahora si que me estás bromeando… - dijo tapándose la cara fingiendo que estaba cometiendo el peor crimen de la moda. Harry bufó y se metió al vestidor mientras Ginny se reía sin que él supiera.

-Eh… Turquesa… Turquesa… está lindo, pero no vivimos con las sirenas – comentó poniéndose de pie y la examinó con la mirada – Me vas a querer matar, Hermione, pero creo que el blanco, el primero que te probaste, era el mejor que se te veía.

-¿QUÉ?

-Definitivamente el blanco. Vamos, trae los otros y se los pasamos a la señorita Malkin para que los coloque en los colgadores – Tomó su bolsito y caminó a la salida de los vestidores – Estaré afuera esperándote para ver qué tal andan las ofertas.

Apretó los puños y tenía el leve deseo de sacar su varita y lanzarle un maleficio. ¡Ni con Snape se molestaba tanto! Ginny estaba jugando con ella… con él. ¿Hermione tenía que soportar siempre ese tipo de conductas de su supuesta amiga? O quizás Ginny tenía razón y había que considerar todas las posibilidades de suéteres de distintos colores.

Cabreado le pasó todos los suéteres sin siquiera doblar a la señorita Malkin y buscó a Ginny en una de las esquinas de la tienda.

La pelirroja se encontraba muy campante analizando casi con microscopio el material con que estaba hecho un pañuelo para usarlo como cintillo en el pelo.

-Esto si que es una estafa… es bonito, barato; pero malo. A la primera lavada se le salen todos estos brillitos y queda peor que tela de vestido de hada mendiga – comentó dejándolo en una caja llena de esos pañuelos - ¿Hay algo que te interese?

-En realidad nada. Es suficiente con el adorable suéter blanco que compraré – dijo pensando '¡Quiero matarte!' y sacó un pantalón con bordados muy de estilo hippie – Esto esta lindo.

-Hermione, mi querida y adorada Hermione – Ginny le quitó los pantalones y se los enseñó mejor - ¿Tendré que repetirte el código de compras femenino de elite nuevamente? Creí que eso lo habías aprendido hace tres años…

-¿El código?

-Bueno, bonito y barato. Las tres B. Es casi la razón de las compras, la frase paradojal del consumismo. Es lo que mueve el mundo. ¿Me captas? – Con su dedo índice señaló la tela de mezclilla – Primer paso: BUENO. Podemos comprobar que esta tela es de buena calidad, no es ni gruesa ni tan delgada… De hecho también tiene un encantamiento de expandido por si engordas para que te queden bien.

-Sí… - asintió sin mucho interés.

-Segundo paso: BONITO. Es genial porque amo los años 70. Estos bordados de estilo hippie son muy lindos y están hechos con buenos hilos. Te durarán muchos años.

-No le veo el caso, Ginny – dijo cruzándose de brazos.

-Tercer y el paso más trascendental de todos: BARATO. A menos que hayas heredado una gran fortuna que no me hayas dicho o le robaste la cámara de oro a Harry Potter... – Le pasó el pantalón con la etiqueta del precio muy a la vista.

Se volteó para darle la espalda y no pudo disimular una risita estúpida. Su nivel de culpabilidad era ya casi inexistente y se sentía tan bien haciendo que Harry Potter se volviera loco. Lo primero que se le ocurrió al notar que por su extraño comportamiento no era Hermione, fue matarlo y hacerle la peor escena de su vida… Pero su mente malévola empezó a maquinar un plan perfecto. Si Harry quería hacerse pasar con Hermione, entonces tendría que soportar lo que eran las compras femeninas con la renovada, la tirana Weasley.

Es verdad que el lema 'Bueno, bonito y barato' era su Biblia de compras, pero le había arreglado varios conceptos. Para empezar debía hacer sufrir a Harry y qué mejor que convertirse en la peor amiga, la peor mujer consumista que puede existir… Una Cho Chang segunda. Vale, no sabía si la querida Cho era así; pero sin ser prejuiciosa y por su buen ojo en cuanto a cómo es las costumbres de las personas, ella debía ser una insoportable loca que se probaba toda la tienda, se desvivía por encontrar el tono perfecto. Ni dos tonos más oscuros ni uno más claro. Si era blanco, que fuera blanco invierno. No blanco perla ni blanco nieve; blanco invierno.

Sabía que dentro de unas cuantas horas -¿para qué mentir? Dentro de unas horas significaba dentro de dos años; sí, muchas horas- aparecería algo parecido a la culpabilidad. Y quizás, sólo quizás, pensaría que obró mal. Pero eso sería dentro de años y no le interesaba. Su rabia y el placer que sentía vengándose era demasiado dulce como para amargarse la vida recordando que Harry era un ser humano y ella una joven no tan perfecta. Todos cometemos errores… aunque algunos los hacemos intencionalmente porque nos encanta el efecto que traen.

-¿Están listas? – preguntó la señorita Malkin acercándose a ellos – Si ya han terminado de revisar la tienda, podrían pasar a la caja y pagar.

-Claro – dijo Harry sintiéndose agradecido que Merlín se acordara que vivía en desamparo y desgracia.

-No, espera, Hermione – Ginny le tomó el brazo para que no fuera a pagar – Falta una última cosa y pagamos… Mira esos bañadores… Míralos – le pidió con voz suplicante señalándolos. Harry se sonrojó levemente al imaginarse a Ginny con alguno de aquellos bikinis – Los vi y me enamoré. Me llaman… Oh, dicen: "Ginny, ven acá, Ginny, no huyas de nosotros… Ginny, eres la única que puedes usarnos con tu espectacular cuerpo. Ginny, se nuestra dueña". ¿No los escuchas?

-La verdad no – respondió riendo por la vocecita infantil que puso imitando a los bañadores.

-Vamos, por favor. Es lo último y nos vamos. Te lo prometo – Lo trató de llevar a la fuerza, pero él aún la miraba sin mucho entusiasmo - ¿Si? Por favor, por favor. Nunca puedo comprarme buenos bañadores porque ninguna compañía femenina me ayuda elegirlos… Mis hermanos preferirían taparme con una túnica y mi mamá tiene un gusto medieval.

Juntó sus manos y le miró de la forma más convincente que pudo. Esa carita de niñita emocionada jamás le había fallado. Y como era de esperarse, Harry no pudo resistirse al brillito infantil que emanaban sus pupilas y a ese pestañeo coqueto.

-Está bien, pero rápido. Tenemos que llegar pronto a la casa.

-¡Gracias! – 'Me preguntó por qué será' pensó Ginny con ironía y lo abrazó rápidamente – Volvemos rápido, señorita Malkin. Sólo escogeré un bañador.

-Muy bien. Cualquier consulta me llaman – dijo sonriendo y se retiró.

-Hermione, te lo agradezco tanto… Confío plenamente en que me dirás cuál se me ve mejor – le dijo mientras caminaban a los colgadores donde reposaban los bañadores.

-¿Eso qué quiere decir exactamente? – preguntó algo confundido.

-Que me dirás cómo físicamente me veo. Obvio… ¿crees que quiere usar algo que me haga ver demasiado voluptuosa o que se me trasluzca todo? – dijo lentamente mientras sacaba unos cinco bikinis – Salgo de inmediato.

"¿Quiere que yo la ayude a decirle con qué bikini se le resaltan más su atributos?... Nah, este día no fue tan malo después de todo. Disculpo que me haya hecho probarme diez suéteres para después decirme que el primero me quedaba bien" pensó Harry sentándose en un banco justo en frente del vestidor con la cara más lujuriosa que se podría esperar de un adolescente.

"Imbécil. Ahora si que te haré sufrir… Vas a ver lo que jamás podrás tener, Potter. Ahora si que viene mi venganza por proteger al mundo. Sí, claro. Prefieres hacerte el héroe en vez de estar conmigo" se dijo mentalmente la pelirroja mientras se quitaba los zapatos.

Se probó primero un bikini celeste con lentejuelas doradas en las orillas. Ginny dio unos pequeños saltitos para infundirse valor. Se veía tan… prostituta con eso. ¿Para qué había seguido esa improvisada idea? Nunca usaría algo así, porque sabía que la imagen de chica fácil no era un cumplido, y con eso… Bueno, a lo echo pecho. Enfrentaría la situación y se vengaría de Harry. Sí, eso haría.

-¿Cómo me veo? – preguntó corriendo la cortina del vestidor y puso sus manos en las caderas como tosa una modelo.

-Madre mía… - murmuró Harry con la quijada desencajada y los ojos desorbitados – O sea, digo… Bien…

OoOoO

Muchas veces le habían dado las ganas de abrazarla, de tomarle la mano o simplemente de hacerle un cariño en la cabeza. Pero nunca había seguido esos impulsos porque sabía que se podrían malinterpretar y Hermione le lanzaría una maldición creyéndolo de acosador. Todo eso cambió cuando escuchó de su propia boca que le gustaba su desorden. ¡A la prefecta perfecta Hermione Granger le encantaba su desorden! Siempre había creído que la desesperaba con su forma de dejar todo lanzado en todas partes, con sus cuadernos sin apuntes; pero eso no le molestaba para nada a la castaña. Era todo lo contrario. Esos deseos de abrazarla y de tenerla muy cerca aumentaron y sólo los siguió.

Se sentía tan bien hacerlo. Algunos de mechones enmarañados de su cabellera le rozaban el brazo y se sentían muy suaves, no eran secos ni ásperos como algún tiempo llegó a imaginar. El delicioso perfume de durazno que usaba le impregno todos sus sentidos y hasta la voz de la muchacha se le hacía más dulce y hermosa.

-… es por eso que tienes que tener cuidado con el ingreso a la Academia de Aurores. Podrían estafarte como a esos pobres chicos – finalizó y suspiró.

-¿Eh?

-Debería leer El Profeta para enterarte de los fraudes que le hacen a los estudiantes nuevos de universidades e instituciones como la Academia – le reprochó. Se fijó que si cruzaban la calle habría un callejón a menos de tres pasos. Trató de doblar hacia la derecha, pero Ron no la dejó y cruzaron - ¿Por qué no fuimos a la derecha? No hay nada si seguimos por este camino…

-Ya me da lo mismo encontrar o no un callejón. Sólo quiero seguir paseando contigo – respondió evitando su mirada.

Sonrió tímidamente y agradeció que no la mirara porque sino se daría cuenta de la cara de estúpida que tenía. ¡Rayos! Era tan tímida… él era el tímido… Ambos eran muy tímidos como para tomar riendas del asunto. Hermione sabía bien que le gustaba a Ron y el hecho que se haya atrevido y la haya abrazado, se haya acercado tanto a ella era un gran paso. Pero… quería algo más.

-¡Mira! – dijo Ron mirando el callejón cruzando al otro extremo de la calle. La muchacha giró la cabeza mientras llamaba mentalmente a Harry para decirle que si no se encontraba en La Madriguera, lo mataría lenta y dolorosamente - ¿Con qué no había nada si seguimos por aquí? Y pensar que no conoces la ciudad donde vives…

-No sé si te has dado cuenta, pero Londres es enorme – respondió crispando su boca – Vamos, Ron, vamos – Miró hacia los dos lados de la calle y se apresuró para cruzar.

Ron y Hermione se separaron. La castaña ya iba en medio de la vía automovilística mientras Ron recién ponía un pie en la calle.

-¿Ahora eres tú la que tienes prisa? – le preguntó llegando al final del callejón.

Ella estaba cruzada de brazos esperándolo apoyando su espalda y una de sus piernas flexionadas contra la fría pared de lo que parecía una tienda de ropa y alzó la cabeza altivamente para no dirigirle la mirada.

-No cuando… - "Necesito cualquier excusa para llegar lo más tarde posible a La Madriguera. ¿Qué puedo decir?" se pregunto angustiada – No cuando prefieres irte a casa antes de pasear conmigo. Pensaba que no cambiabas de opinión tan rápido, Ron.

-Es una estupidez. Obviamente quiero pasar tiempo contigo… o sea… digo… - Se enredó entre tantas palabras y enrojeció.

Una pequeña ampolletita se iluminó en su mente. Quizás ésta era la oportunidad perfecta para acorralarlo y obligarlo a confesar sus sentimientos. Si quería que eso pasase, debería actuar espontáneamente y sacarlo de sus casillas, hacerlo pensar y darle a entender explícitamente que quisiera que algo más pasará entre ellos que compartir una estúpida salida a la Universidad y luego a Londres muggle.

Se enderezó y caminó hacia él tratando de poner la cara más inocente y dulce que pudo, tratando de reprimir las ganas que tenía de tomarlo por el cuello de la camisa y gritarle que no podía ser amiga de él si tenía tantos pensamientos que rayan en lo fantasioso y pasional.

-Está bien, te creeré porque a mí también me gusta pasar tiempo contigo. Me agradas mucho, Ron, en serio – dijo y se atrevió a darle un rápido beso en la mejilla - ¿Vamos a casa o…?

-Er… bueno… - Ron lucía nervioso y tragó saliva antes de hablar – Me alegro, Hermione. Tú sabes que para mí eres muy importante.

-Vale. Iremos a La Madriguera. Aparezcamos en el pórtico o porque si es dentro de la casa podríamos aparecernos en cualquier lugar nada agradable… como dentro de la olla donde tu mamá cocina o en el cuarto de los gemelos.

-Tengo que decirte algo, espera – Le tomó el brazo justo cuando cerraba los ojos y arrugaba su nariz pensando en el lugar exacto dónde aparecería.

"Este es el momento de la verdad… ¡A la mierda con todo!" pensó el pelirrojo dándose ánimo mientras abría nuevamente la boca para decirle a Hermione lo tan ansiado para ambos.

OoOoO

Aquellos bikinis eran su perdición. ¿Por qué se veía condenadamente sensual con ellos? Cada vez que salía lo dejaba anonadado y no podía quitarse las imágenes acercadas deliberadamente a ciertas zonas donde se perdía continuamente. Ginny estaba buenísima. No había otra palabra para describirla. Además de su humor, inteligencia, amabilidad, alegría, el hecho que era deportiva, simpática… tenía ése cuerpo.

Por Merlín y todos los renombrados magos que habían hecho posible que la magia existiera y pudiera aprovechar aquella bendita vista, sólo para él, y que no tuviera ningún tipo de complicación en que su calentura se expresara con respuestas físicas que iban en contra de la gravedad (n/a: mal piénselo, por favor, ésa es la idea).

-Hermione… ninguno me gustó. La verdad lo pensé bien y creo que si saliera con algo así mis hermanos me encerrarían en un armario con Peeves antes que dejarán que los hombres me vieran mostrando tanto – dijo Ginny saliendo del vestidor con su propia ropa. Se le acercó y le pasó una mano varias veces muy cerca de su rostro para que de despabilara – Oye, te estoy hablando.

-Sí te escuchó, es sólo que… - "Es sólo que yo tampoco te dejaría salir así, sólo si estás encerrada en aquel armario, sin Peeves, conmigo" – Te encuentro la razón. No lleves ninguno.

-Imagínate si fueras un hombre. ¿Qué me hubieras dicho si me vieras con alguno de estos bikinis puesto? – le preguntó hipotéticamente mientras dejaba los bikinis en el colgador.

-Eh… Pues que te alimentas bien.

Ginny rió perversamente al ver la cara que tenía Harry. Fueron donde la cajera y la señorita Malkin se les acercó para preguntarles si llevarían algo más o simplemente pagaban.

-Muchas gracias y espero verlas muy pronto, chicas. Ha sido un honor conocer a Ginny Weasley, hermana de los dueños de Sortilegios Weasley – Le dio dos bolsas con las cosas que había comprado – y a Hermione Granger, amiga de Harry Potter… - Harry tomó sus compras – Que les vaya bien y hasta pronto.

Salieron de Arco iris y caminaron calle abajo para ir hasta El Caldero Chorreante para usar polvos flu. La verdad es que con las bolsas no era nada fácil aparecerse y ninguno consideraba que caminar era más esfuerzo que desaparecerse con sus compras.

Harry le lanzó una rápida mirada Ginny y observó el perfil de la muchacha. Aún no averiguaba si lo quería o no… Y ésta era su última oportunidad. No podía preguntarle de una forma tan directa, pero sino no habría otra posibilidad. ¿Actuaba o se dormía por los laureles?

-Ginny… tengo una duda muy grande. Por favor, respóndemela lo más sincera que puedas – le dijo disminuyendo el paso.

-Claro, dime – contestó sonriéndole muy amablemente. "Si me preguntas algo relacionado a ti, pequeño Potter, créeme que ahora si que sabrás cómo se siente mi puño en tu estómago" pensó malévolamente - ¿Qué ocurre? Te pusiste muy seria…

-¿Por qué es tan difícil lo tuyo con Harry? – preguntó lentamente observando con cuidado como la pelirroja bajaba la mirada – Aún lo quieres, pero… ¿Por qué no le das otra oportunidad? Él no es tan malo. Sabe que se equivocó y está haciendo todo lo posible para acercarse a ti, pero tú te escapas, ni lo miras. Él te quiere.

Dieron exactamente cinco pasos, cinco largos y lentos pasos, casi en cámara lenta. Subió la mirada y con sus ojos extremadamente brillantes, así de brillantes como cuando se está a punto de derramar lágrimas, la muchacha abrió la boca y le miró fríamente, como si esa pregunta no le hubiera afectado, pero se notaba que la había descolocado.

Lo que le dijo a Harry fue que lo más impresionante:

-Mejor tómate tu remedio para el resfrío porque tienes mal aspecto… Empezando por tu cara – dijo con la voz ahogada.

Se llevó las manos al rostro sin entender, pero al sentir que su nariz no era tan respingada como antes… ¡Sus manos también estaban cambiando! El efecto de la poción ya estaba pasando. Se detuvo sintiendo como si cada célula de su cuerpo ya no le diera energía y supo que estaba perdido. Estaba volviendo a ser Harry… ¡Debía hacer algo rápido!

Sacó de su cartera una botellita y la abrió fingiendo tos. Levantó la mirada listo para emplear otra mentira con Ginny, pero…

La pelirroja no le había esperado y emprendió corriendo lo poco que quedaba para llegar al pub. Lo único que podía ver era su menuda figura y su cabello rojo moviéndose sin cesar.

"¡POR LA MADRE DE MERLÍN!... ¡POR MI PROPIA MI VIDA EN MANOS DE LA ASESINA HERMIONE GRANGER!... Ginny me descubrió" pensó aterrorizado sintiendo como la poción multijugos le quemaba la poción, y de paso se le quemaba el pecho, su corazón. Y no precisamente por la poción.


Notas de la autora: Lo que a ustedes, quizás, les pareció una eternidad, para mí fue una eternidad en el infierno... Los exámenes me están matando. De hecho este fin de semana tendré que quedarme en casa trabajando en informes de disección, tésis y una maldita maqueta de arte. Por lo tanto mi ánimo no anda muy bien, pero sigo viva. Aún así me di un pequeño recreo antes de irme a dormir para terminar el capítulo.

Créanlo o no, amé el capítulo y queda poco para el final... ¡Ron y Hermione son tan lindos! Extrañaba escribir de ellos. Con los fics HG que tengo en el momento siento que he olvidado a esta parejita. Espero que se note que traté de darle la misma cantidad de líneas a cada pareja en cuestión aquí, en este capítulo. Además que en ambos pasan cosas muy interesantes.

¡Muchas gracias por sus reviews! Creo que todo lo dicho está y sólo me queda seguir agradeciéndoles por leerme... Es un honor que les guste el fic, y pues, sin ustedes nada de esto pasaría.

Muchos besos, FELIZ DÍA DEL PADRE, adiós pequeños lectores!