Tonks
Se dejó caer en el piso, sin importarle que tan frío o incomodo fuera. Suspiró mientras se apartaba un mechón rosa del rostro. Su pelo era un desastre. Mejor dicho, toda ella era un desastre. Respiró hondo mientras trataba de regresar su pulso a la normalidad y apretaba los ojos en lo que parecía un intento por cambiar su apariencia. No lo logró. Tal vez necesitaba calmarse un poco más.
Aún con los ojos cerrados sintió una mano extraña entre las suyas. No. Extraña no. Una mano familiar con un calor único que empezó a recorrer su cuerpo reconfortándola rápidamente. Él. Sonrió y abrió lentamente los ojos.
Y ahí estaba. Con vida. Cómo lo prometió. Y ella lo abrazó y escondió su cara en el dorso de él. Olía a sangre y a muerte…pero también a amor y a esperanza.
Tonks se despegó de aquél cuerpo que tantos sueños le brindaba y miró por encima del hombro de Lupin. La muerte se cernía sobre ellos. Había muchos cuerpos esparcidos por todo el lugar, mientras la sangre derramada teñía de rojo todo a su alrededor.
Y…a pesar de luchar contra algo que brotaba en su interior, a pesar de ser egoísta, a pesar del dolor de otras personas que en ese momento luchaban por seguir a flote o reconstruir sus vidas, ella sonrió. Sonrió y se sintió feliz. Feliz de estar con vida. Feliz de no ser un cuerpo inerte más. Feliz de aún poseer sus sueños. Feliz de estar al lado del hombre que la amaba y tener un futuro por delante.
Sabía que estaba mal. Sabía que era egoísta. Sabía que lo lamentaría más tarde, cuando en sueños, los espectros de aquellos que habían perecido en batalla se le aparecieran. Siempre lo hacían. Siempre le susurraban cosas al oído. Siempre recordaba lo peor de cada escena, aún cuando no estaba segura de haberlo vivido. Y siempre, siempre, despertaba sobresaltada y agitada. Asustada. Aterrada. Arrepentida de haber participado en algo que nunca debió pasar.
Aún le dolía tener que levantar la varita. Y pronunciar aquellas palabras que quería borrar por siempre de su vocabulario. No usarlas jamás y dejar que se perdieran en la inmensa oscuridad de los pensamientos más profundos. Pero no sería así. Regresarían. Cómo siempre.
Y, ahí estaba, sonriendo. Recordando que, a veces, la vida es bella. A veces, aún cuando todo marcha mal, hay algo porque reír y porqué luchar. Porque siempre hay un futuro.
Y ahí estaba. Sonriendo. Siendo feliz, aunque esa felicidad solo fuera por un instante. Por cinco minutos. O sólo fuera un sueño.
Lupin la miró a los ojos y sonrió también. Seguramente pensaba lo mismo. Y seguramente, se arrepentiría después. Claro que él era más fuerte. Tal vez por eso le gustaba tanto. Sus labios se unieron en un beso desesperado y lleno de amor y, por qué no, de lujuria y de pasión. Lo terminarían más tarde, en un lugar más seguro y reconfortante.
Platicarían e imaginarían su futuro no muy lejano, cuando todo fuera más fácil, cuando la vida se viera de un color diferente y la alegría fuera algo cotidiano nuevamente. Tomarían una taza de chocolate humeante y reirían.
Sí, tal vez era egoísta. Pero, por el momento, se permitiría ser feliz. Sólo por estar con el hombre a quien amaba. Sólo por tener un futuro. Sólo por estar con vida.
