Adolescente Otra Vez
Summary: Ciertos Mortífagos intentan matar a Draco con una poción, pero lo convierten en adolescente. ¿Ir a Hogwarts? Y esa niña... ¿Tan igual a él? Pero... ¿Por qué no recuerda quién es? DG.
Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, son propiedad de Rowling y la Warner. Hay personajes nuevos que si son míos, si quieres usarlo, tan solo avísame.
Aclaraciones: hay dos tipos de cursiva, los recuerdos y los pensamientos. Supongo que se sabrán diferenciar. Cuando hay un recuerdo, los pensamientos estarán normales. ¿De acuerdo?
Capítulo 03: El peor de los llantos
Virginia estaba más que alterada. ¿Cómo que su hija estaba en la casa de su hermano? Nadie le había dado ese consentimiento... Estaba que se la llevaba el diablo en cualquier momento. ¿Por qué sucedían esas cosas? No quiso pensar todo dos veces y salió en busca de su hija, no podía esperar a Harry.
Golpeó fuertemente la puerta y un joven de quince años la atendió.
- ¿Donde esta Galilea?
Más directa y al grano, imposible.
Thungur suspiró. Se esperaban eso y mucho más de Virginia. Él y ninguno de sus hermanos consientes de lo que sucedía apreciaban en lo más mínimo a su tía Virginia. Thungur murmuru un: "espera un momento" y la dejó esperando. Estaba nerviosa y tenía un mal presentimiento, como que se hiría sin lo que había ido expresamente a buscar. Y eso pasaría.
- Gabrielle.
- Virginia.
Ambas mujeres se miraron intensamente, ninguna quería perder la batalla, y menos, la guerra.
- Nuestras sospechas toman forma cada vez más consistentes. No tenemos ninguna duda de ello. El por qué de esta reunión son dos situaciones distintas pero que tienen más unión que nunca, claro está. Uno de ellos es Draco Malfoy, y el otro es Galilea Weasley, que para nosotros es nada más ni nada menos que Estrella Malfoy.
Las personas se removieron un poco en sus asientos. Tantos años en búsqueda de la niña que su madre insistía en que estaba muerta, y las sospechas apuntaban más y más a que estaba viva. Más de diez años hacia ya que se reunían, el mismo grupo de gente, las mismas personas y con la misma misión: encontrar y proteger a la persona que puede ser nuestro exterminio o nuestra salvación.
- Tenemos un testimonio que es muy fundamental. Ronald y Gabrielle son muy respetados en donde viven. Sabían que su primer hijo fué recibido con mucha alegría y cariño. Su segundo hijo nació dos años después, y también fue tan querido como el anterior. Dos años más y tenían a su tercer hijo en brazos. Y casi tres años después llegó su cuarto hijo. Entonces, esto es lo que tenemos. Los dos varones mayores: Thungur, y Edwin. Leia de cuatro y la pequeña Kathlenn de casi un año. No existía ninguna Galilea en la familia Weasley.
Luego se removieron, era claro que algo no encajaba.
- Otro testimonio de un jovencita es que una mujer encapuchada, muy entrada la madrugada, llegó a la casa de la pareja, donde la felicidad era mucha porque estaban terminando de festejar el primer añito de suhija menor. Pero la encapuchada no estaba sola, dijo, llegó acompañada de alguien más pequeño, también encapuchada, que solo pudo ver un mechón rubio que se escapó de su encierro. Se quedó esperando a ver que sucedía, a las horas, antes del amanecer, la mujer marchó, pero sin la ompañía con la que había llegado.
Unas pocas semanas después Ronald y Gabrielle dejaron Francia, pero no eran cuatro hijos con los que iban, sino que ya eran cinco. Galilea, luego de festejar su cumpleaños número diez junto a su "familia" arrivó Inglaterra. Y lo demás ya lo conocemos. Ellos viven acá, desmienten haber dicho que cuatro eran sus hijos sino cinco, que Galilea siempre estuvo en sus vidas y demás cosas.
Pero lo que yo pienso es claro. La encapuchada era Virginia Weasley y la jovencita era Estrella Malfoy. Más que nunca, debemos encontrar algo que nos ayude con esto. Tenemos que hacer que Virginia recapacite.
Hermione terminó de hablar. El grupo no era la Orden del Fenix, sino un grupo no tan alejado de ese. Ellos no debían hablar del tema con nadie más y fuera de las reuniones, solo debían cumplir con su tarea.
- A mi me toca la parte de Draco Malfoy. Lo que tengo yo es una buena noticia. Lo hemos encontrado.
Todos murmuraron. Severus los calló con un gesto, debía continuar hablando.
- Pero no todo es bueno. No tiene memoria, no sabe quién es. Nombre y datos falsos es lo que tiene consigo. Y una mujer es la que lo está cuidando. La que lo reconoció apenas lo vió. Pero le tomó mucho años tomar la desición de ponerse en contacto conmigo, pero al fin lo hizo, y está dispuesta a ayudarnos en lo que pueda. Ella ahora forma parte de este grupo.
- Bien - Hermione retomó la palabra - Lo que haremos será indispensable. Nos urge tener a Virginia de nuestro lado pero sabemos que eso es un imposible, así lo que haremos es mantener vigilados tanto a Estrella como a Draco, ellos son nuestros puntos importantes. Yo sé, que cuando sea el momento, la madre de la niña nos ayudará, pero no hablo de Virginia, sino que me refiero a Gabrielle, ella, es la madre de Galilea, y ambas (Galilea y Estrella) son dos personalidades encerradas en una persona, y es a la persona a la que debemos proteger.
Hermione estaba nerviosa, no todo sucedìa como realmente querían. Estrella (Galilea) crecía cada vez más y no sabían bien que camino elegiría. Por lo que sabía por Severus no era una mala persona, pero tenía ese odio por la magia lo que a Hermione le aterrorizaba tanto. Tenía miedo. Tenía miedo por el futuro del mundo mágico, por su familia: sus padres, su esposo, su hijo, que era su adoración, por sus amigos. Y tenían miedo por Galilea misma y por Draco, que aunque lo odió en el colegio, le había tomado un cariño impresionante, se había transformado sin lugar a dudas en su segundo hijo, al cuál protegería con su propia vida.
Pero tenía que actuar, no como miembro de la Orden, ni como bruja, sino como madre. De madre a madre hiría a hablar con Gabrielle, ella la ayudaría, lo sabía, lo presentía. Pero en ese momento estaba esperando a otra mujer, que aunque le tendría que revelar muchas cosas que la otra mujer desconocía sabía que entendería y sin lugar la ayudaría. No porque era una auror y porque pertenecía a la Orden, (aunque desconocía lo de Estrella/Galilea, no formaba parte de ese selecto grupo), sino que la ayudaría porque era madre.
Y aunque no lo sabían, sus hijos tenían algo en común.
Los dos estaban enamorados de la misma chica.
Y esa misma chica era la que podía ser la destrucción o salvación del mundo entero.
Y apenas tenía 16 años...
Thungur y Edwin tenian su mirada puesta sobre su hermana mayor, la cuál caminaba nerviosa por toda la habitación. Nunca la habían visto así, perdiendo la calma, tan nerviosa, tan fuera de sí. Se quedaron observándola, era como si presentiera algo y como si estaba por tomar una desicón muy grande. La joven portadora de unos bonitos ojos grises heredado de su padre, se sentó en la cama de Thungur y apretujó con fuerza sus manos. Se mordían los labios y miraba con inquietud hacia la puerta, como si pudiera ver más allá de ella y poder saber que estaba sucediendo en la sala con Gabrielle y Virginia.
Gabrielle le había ordenado a Thungur que se encerraran todos en la habitación de él y que no salieran hasta que ella se los diga. Le habló de una manera tan segura que él no iba a protestar. Pero antes de hacer lo pedido, buscó unas galletas en la cocina, para que sus hermanos menores comieran algo y no se impacientaran tanto.
Leia jugaba con el pequeño Aaron, mientras que Kathlenn leía un libro de animales que Galilea le habían regalado mientras que con la otra mano abrazaba a un puma de peluche, era su animal predilecto, regalo cortesía de Thungur.
Thungur fué el primero que se le acercó a su hermana mayor y colocó una de sus manos en sus hombros, intetandole darles fuerzas.
Sus miradas se encontraron, ojos grises contra ojos celestes. Galilea sonrió. Una sonrisa sincera, auténtica, llena de agradecimiento.
Aún recordaba el día en el que la jovencita había llegado a su casa, en Francia. Cubierta con una capa, donde apenas sobresalía el brillo de su cabello dorado. Cuanta melancolía, hacía bastante tiempo que no la veía con su verdadero color de cabello. Siempre estaba con cabello rojo fuego, por exigencia de Virginia. Pero algo que no le habían podido negar, era portar sus bellos ojos grises, y menos le pudieron quitar, la tristeza que se adueñaba de su belleza.
Recordaba su timidez, su escaso trato con personas, la sintió maltratada, herida, y desde un primer momento eso le había enfurecido. ¿Quién le haría tanto daño a una niña que parecía de lo más inofensiva? Él no se lo explicaba. Y a pesar de que ella era más grande que él por un año, se prometió cuidarla como su hermano mayor.
Cosa que se disputaba con James Potter...
Porque ella pasaba la mayoría de los veranos con los Potter, por exigencia de Virginia, no por desición propia. Y porque había vivido siempre en esa enorme casa, aunque escondida, por lo que también sabía. Y que por eso James se consideraba su hermano, aunque no pudiera gritarlo a los cuatro vientos.
Y Thungur si podía. Él si podía presumir de la hermana mayor que tenía, y era algo que enfurecía a James Potter.
Porque era él (James) el que había estado siempre con ella, sorteando la vigilancia y escabulléndose donde habitaba Galilea, llevandole chocolates a escondidas, libros, juguetes, hasta rompecabezas. Era él el que escondía comida entre sus ropas y se las llevaba a su "Estrella rubia", como la había apodado.
Y eran frecuentes los encontronazos entre James y Thungur, peleando para ver quién tenía derecho a llamarse hermano de Galilea, porque ninguno de los dos lo eran realmente. Ninguno de los dos eran hijos de Virginia o de Draco. Y aunque James fuera como un hijo para Virginia, no lo era, y aunque Galilea se hacía pasar por hija de Gabrielle, no lo era.
Pero ambos la amaban como solo un hermano puede amar a su hermana, y ambos tenían ese sentimiento de protección hacia la joven rubia.
Y ambos querían protegerla, ser los mejores hermanos.
Thungur sonrió. Ahora estaba en ventaja, James no la tendría más en su casa, porque Virginia no iba a llevarsela. Y ella sería su hermana, nuevamente, y no de James. Porque para él y para toda la comunidad, Galilea era una Weasley, hija de sus mismos padres.
Y él estaba feliz por tenerla de vuelta en su casa, y por presumir ser su hermano, y porque ella le preguntaría como se prepararía para su quinto año, a pesar de su preocupación por lo que sucedía con Virginia y Gabrielle.
Y él le pediría, si le dejara observar otra vez, como estaba en libertad, su largo cabello dorado.
Porque a su parecer, el dorado le iba más que el pelirrojo.
- Me la llevo de aquí. Ahora.
- No.
- ¿Que dices?
- Que no. Que no te la llevas.
- ¿Cómo te atreves?
- ¡¡Tu como te atreves!! No sé como eres capaz de venir aquí exigiendo llevartela. No tienes derecho, Virginia.
- Es mi hija.
- No pareces su madre. No tienes derecho de ser su madre.
Virginia levantó su mano dispuesta a estrellarla sobre la mejilla derecha de Gabrielle, pero está reaccionó a tiempo y detuvo su mano. Ella estaba más que decidida. Ella no iba a dejar que nadie sacara a Galilea de esa casa. Porque Galilea necesitaba protección, necesitaba amor, necesitaba una madre. Y ella sería su madre.
- Te pido que te retires.
- Quiero a mi hija.
- Pero ella no te quiere a ti. No sé porque no la dejas ser feliz¡¡déjala en paz!!.
- Tu no sabes lo que dices. Yo todo lo hago por su bien¡¡por el bien de todos en este mundo!!
- ¿A alguien le hace bien que hayas mantenido encerrada a esa niña desde que nació en un lugar tan oscuro, tan sola? Tan necesitada de cariño... aún recuerdo el miedo en su rostro, en su mirada, no saber lo que es una caricia de amor, una sonrisa de ánimos, de preocupación. No sentirse querida. No sabes lo dificil que ha sido toda su vida para esa niña que dices que eres su madre, que lo único que haz sido con ella es ser un monstruo. ¿Que madre le niega amor a su hija¿Que madre parece despreciarla con tanto afan? Dejala vivir, dejala ser querida.
Cada palabra que pronunciaba Gabrielle era como espadas que se iban clavando en su cuerpo, en su ser. Saber que todo lo que decía era cierto, pensar que tal vez no actuó correctamente. ¿Pero que más podía hacer? Tenía entre sus brazos a una pequeña bebé que parecía ser una arma para una próxima guerra, que cualquiera de los dos bandos querría tener. Ella quiso alejarla de todo ello.
No quiso exponerla, y menos quiso que la alejaran de su lado.
Esta bien que la mantuvo junto a ella de una manera un poco retorcida, la tenía como prisionera, pero cuando no encuentras otra salida¡¡si decía que estaba viva la alejarían de ella y nunca más podría verla!!
Y la simple idea la aterrorizaba.
Virginia trago con dificultad.
¿Que hacer?
Una parte de ella decía que tenía que hacer lo correcto.
Pero a esas alturas.
¿Que diablos era hacer lo correcto?
¡¡Que alguien le diga!!
- Quiero verla.
- No.
- Tan solo, dejame verla, una vez más. Solo una vez más.
- Lo siento, pero no creo que sea lo mejor.
- Prometo no llevarmela. Quiero verla. Y saber que hice mal.
"¿Que hiciste mal?" pensó Gabrielle. ¡¡Ela podía responderle si se lo podía!! Muchas cosas había echo mal, muchas. Pero no pude evitar conmoverse al ver que contenía sus lágrimas, ver su rostro cargado de culpa, y apretar sus puños para controlar sus emociones.
Dio un suspiro de resignación, tal vez se arrepentiría, pero que más daba.
Subió las escaleras en busca de Galilea, no quería confrontar a madre e hija, pero tal vez una mirada de la pequeña, bastaría para terminar de hacerle entender a Virginia todo el daño que le había echo.
- En unos minutos se termina la poción. - sentenció.
Comenzó a destrenzar su largo cabello pelirrojo, y en cada destrenzada, su tono se iba aclarando, bajo la atenta mirada de todos sus "hermanos" menores.
Sacudió su larga melena dorada, que ahora estaba libre y mostraba todo su esplendor.
Unos golpes en la puerta los trajo a todos a la realidad.
- Niños, soy yo, mamá, dejenme pasar.
Gabrielle pasó y se quedó enmudecida viendo a Galilea. Y sonrío. Definitivamente el dorado le iba más que el pelirrojo.
- Ven conmigo un momento.
La sonrisa se le esfumó de su cara.
- Todo estará bien, te lo prometo. - acariciando su cabello - todo estará bien.
Galilea asintió, y siguió a su madre escaleras abajo.
Draco se removió en el sofa. Se sentía extraño, como si algo estuviera paando en otro lugar y él tenía que estar ahí. Dos imagenes vinieron profundamente a su mente, las ambas pelirrojas, la que creyó recordar, y la que vio en persona. Una duda lo asaltaba enormemente. Y no tuvo mejor idea que preguntarle a Brian.
- Oye Brian... Conoces a alguna Ginny Weasley.
Brian bufó. ¡¡Había muchos Weasley's¿A que iba esa pregunta?
- ¿Ginny? - se puso a pensar - Que yo conozco, o haya oido hablar no. Los Weasley's son muchos, y muchos de ellos asisten a Hogwarts. Pero no, definitivamente no.
- ¿Y que ahora no esté en el colegio?
- Pues... no lo sé. ¿Tu dices como una hermana de los que esté ahora?
- Tal vez.
- Tampoco, creo. La mayoría asisten ahora.
- ¿Y la madre de la chica que tanto detestas?
- ¿Galilea? La madre se llama Gabrielle, no Ginny. No se adonde vas con todo esto.
- Nada, no te preocupes. Mejor sigo estudiando.
- Galilea.
Silencio.
Un tenso silencio se formó en el ambiente.
Virginia miraba a Galilea. Galilea miraba a Virginia.
Pero no se decían nada.
Virginia sintió como otra estaca en el corazón.
Verla ahí parada, con sus ojos grises clavados en ella. ¿Que sentían esos ojos?
¿Rabia¿Odio?
La despreciaría seguramente.
Se sentía la peor persona del mundo.
Tanto daño le había provocado a esa niña... y aún siendo su propia hija no podría descifrar lo que pensaba, lo que podía llegar a sentir. Tenía el mismo color dorado del cabello de su padre, tenía sus ojos, su esencia. ¿Que había heredado de ella¡¡Ni Gryffindor, había salido!! Era Slytherin. Y la sintió tan lejos. La sintió tan de Draco.
Y esa niña ya no le pertencía.
Porque aunque siempre ivió bajó el apellido Weasley, y en este momento estuviera bajo la protección de ellos, era tan Malfoy, y nunca podría impedirlo.
Solo rogaba que tomara el camino indicado.
- Lo siento mucho. Espero que algún día pudieras entender porque lo hice.
Y otra vez el silencio.
Se dio media vuelta, dispuesta a irse.
- Me gustaría que tu me lo dijeras. Desde que tengo memoria todas las noches y todos los días me pregunto porque lo hacías. Porque mantenerme ahí, tan alejada, tan alejada de ti... ¿Me odias¿Me aborreces¿Que fue realmente lo que hice para que nunca me hayas querido? Para que me hayas mantenido encerrada, sin poder salir a mis anchas, sin poder tener tus abrazos, tu cariño. Siempre me lo cuestiono, y aún no encuentro una respuesta. Y creo nunca poder encontrarla.
Virginia se dio vuelta de inmediato, y chocar con la infinita tristeza de esos ojos le rompió el corazón.
Y lloró.
Lloró con el peor de los llantos.
No el que hace agua en los ojos, sino el que se acumula tierra en el corazón.
- Aún no entiendo que hacemos aquí.
- Tenía pensado no contarte toda la historia, pero lo pensé mejor y te lo contaré. Necesito tu ayuda, más que nunca, pèro te lo al mismo tiempo que lo hablemos con Gabrielle. Necesito la ayuda de ambas.
- Cuentas conmigo.
Ambas brujas se encontraban en la entrada de la casa de Ron y Gabrielle. Estaban por golpear la puerta, cuando sintieron que esta se abrió y dejo salir a Virginia.
- Virginia.
- Hermione, Tonks. ¿Que hacen aquí?
- Vinimos a hablar con Gabrielle.
- ¿Piensas llevartela? No te atrevas Hermione, no te atrevas a llevartela.
- Siempre te he respetado, Ginny, pero para todo hay un límite, y tu lo haz cruzado hace mucho. Tanto tiempo teniendola cerca, en mis clases, en Hogwarts. Y nunca pude aclarar las sospechas. Pero ahora tu lo confirmas todo.
- No lograras nada. Ella aborrece la magia, no los ayudara, no podran usarla.
- ¿Usarla? Nosotros queremos protegerla.
- ¿Protegerla¡¡No me hagas reir!!
- ¿Que es todo este alboroto? - dijo Gabrielle asomando su rostro por la puerta.
- Tonks y yo vinimos a hablar contigo.
- Quieren llevarsela, Gabrielle, no lo permitas.
- No es así, solo queremos hablar contigo. De madres a madre. Te lo rogamos.
- Esta bien. Pasen.
Las tres mujeres tomaban un café. Gabrielle estaba un poco alterada por todo lo que pasó, y aún había más, y no sabía si podría llegar a soportar aquello.
Hola.
Hace añales que no actualizaba, pero mejor tarde que nunca.
Un beso enorme.
Shampalwe.
