Bueno, pues aquí está el siguiente capítulo. Esta vez sólo voy a agradecer a MaClau-Hurv's, por haber sido la única persona que me escribió un comentario. GRACIAS!
Otra cosita. Este fan fic lo escribo enteramente yo, pero siempre cuento con la colaboración especial de leyno; pero en el capítulo pasado (cap.7 "Haciendo las paces") una persona más me ayudó, y yo me olvidé de darle las gracias, así que aprovecho este espacio para agradecer la colaboración especial de aolelc. Sin ella, el capítulo no se hubiera podido poner el sábado pasado, y probablemente ustedes hubieran tenido que esperar más tiempo para leer el capítulo 7. GRACIAS! Y como ya no tengo nada más que decir, me despido. arrocillo!
Escrito por aego, con la colaboración especial de leyno
Capítulo 8.
Una prueba de confianza
–Pero profesora, no podemos continuas perdiendo el tiempo –dijo Harry irritado.
–Ya te lo dije Potter –respondió la profesora McGonagall, perdiendo la paciencia–. No buscaremos los "Horcruxes" guiándonos por la poca información que tienes. Y esa es mi última palabra.
Y dicho eso, la reunión de la Orden del Fénix se dio por concluida. Poco a poco, los magos y brujas que habían acudido aquella noche a Grimmauld Place, comenzaron a marcharse, vaciando lentamente el cuartel general.
–¡No puedo creer que aún sigan pensando eso! –exclamó Harry frustrado–. ¿Qué no se dan cuenta de que estamos desperdiciando tiempo valioso? Hace casi tres meses que le di a la Orden toda la información que tenía.
–Tranquilízate Harry, tarde o temprano tendrán que ceder –dijo Hermione al instante.
–Pero mientras eso sucede, nuestras oportunidades de vencer a Voldemort desminuyen –refutó Harry ofuscado–. Para estos momentos tal vez Voldemort ya sabe que nosotros sabemos sobre los "Horcruxes". Puede que incluso haya recuperado sus "Horcruxes" y los haya puesto bajo mayor seguridad.
Ni Ron ni Hermione refutaron eso. Ellos también habían considerado esa posibilidad.
–¿Y si hablas con Liza? –sugirió Hermione en un leve susurro–. Ya sabes que ella tiene una especie de puesto especial dentro de la Orden.
–Eso es verdad –concordó Ron–. McGonagall no hace nada sin primero consultar a Liza.
–Ya había pensado en eso –confesó Harry–, pero creí que yo mismo podía hacer cambian de parecer a McGonagall, y obviamente me equivoqué.
Guardó un instante de silencio, considerando la única alternativa viable que tenía.
–Lo haré –dijo después de unos segundos–. Hablaré con Liza.
Y dicho eso se levantó de su silla, mirando a su alrededor, buscando a su prima. Pero ella no estaba ahí.
–¿Dónde está Liza? –preguntó mirando a sus amigos–. ¿La vieron salir?
Ron y Hermione negaron en silencio.
–Tal vez Fred sabe dónde está –dijo Ron de pronto.
–¿Fred? –repitió Harry sin comprender–. ¿Por qué tendría que saberlo Fred?
–Porque Fred y Liza han estado pasando mucho tiempo juntos –contestó el pelirrojo, poniéndose colorado–. Pensé que lo sabías.
–No –respondió Harry–, no lo sabía.
Aquel comentario lo había tomado por sorpresa. Después de la boda de Bill y Fleur, su relación con Liza había cambiado completamente, se habían vuelto muy unidos, y el enterarse de que su prima le ocultaba que pasaba mucho de su tiempo con Fred Weasley le provocó un poco de resentimiento. Después de todo, él le había contado toda su vida, le había abierto su corazón completamente, y no le pareció justo que ella nunca mencionara nada sobre Fred, sobre todo porque no era nada malo. Escudriño toda la cocina en busca de Fred, pero no lo vio por ningún lado.
–Pues Fred tampoco está –informó en voz alta.
–¿Fred? –repitió uno voz a sus espaldas. Los tres amigos se giraron y se encontraron de frente con George–. Fred está en el desván, con Liza. Están hablando de no sé qué.
Harry salió al instante de la cocina, dirigiéndose al desván. Ron y Hermione no l o siguieron. Seguramente habían pensado que querría hablar a solas con su prima, y no se habían equivocado. Avanzó con paso veloz por el oscuro vestíbulo en dirección a las escaleras, y comenzó a subir rápidamente. Mientras trotaba por los escalones, pensaba. ¿Por qué Liza no le había contado nada sobre su relación con Fred¿Qué acaso no le tenía la suficiente confianza?
Finalmente se detuvo frente a la puerta del desván, y pese a que su instinto le ordenó que irrumpiera en la habitación, sus modales le dictaron que tocara a la puerta, cosa que hizo con un poco de recelo.
–Adelante. –La voz de Liza fue la que respondió.
Abrió la puerta al instante. Justo como había dicho George, Fred también estaba ahí. De acuerdo a la posición en que Fred y Liza se encontraban, Harry dedujo que antes de llegar a interrumpir, ellos habían estado viendo a través de la única ventana de la habitación. Los dos jóvenes lo miraban fijamente, esperando que dijera algo, pero como no lo hizo, Liza tuvo que preguntar:
–¿Qué sucede Harry?
En ese momento Harry recordó la razón por la que había ido al desván, así que al instante contestó:
–Quiero hablar contigo. Es muy importante.
–Claro Harry –contestó la joven con una sonrisa.
–Los dejo solos –dijo Fred rápidamente–. Tengo que hablar con George sobre los nuevos Sortilegios.
Y entonces avanzó hacia la puerta, pero antes de salir, se volvió hacia Liza y le dijo:
–Piénsalo¿de acuerdo?
–Lo haré –respondió la joven sonriéndole.
Fred continuó avanzando, y en cuanto salió de la habitación cerró la puerta tras de sí, para darles mayor privacidad. Liza miró de nuevo a través de la ventana, y Harry se acercó a ella e hizo lo mismo. Después de casi tres meses de convivir a diario, Harry había descubierto que mirar las estrellas era uno de los pasatiempos favoritos de su prima. Estuvieron unos cuantos minutos en silencio, hasta que Harry preguntó:
–¿Me vas a decir o no?
–¿Qué?
–Pues qué hacían tú y Fred Weasley en esta habitación, completamente solos.
–Claro. Estábamos hablando –respondió de manera sencilla.
–¿Hablando? –repitió incrédulo.
–Sí. ¿Qué otra cosa podríamos estar haciendo?
Harry sintió que sus orejas se calentaron, y estuvo totalmente seguro de que se había puesto rojo. ¿Cómo era posible que Liza le preguntara eso? Pero después de pensarlo bien, Harry se dio cuenta de que era natural que su prima no le entendiera. Ella había sido educada por el mismísimo Albus Dumbledore, y seguramente su educación había sido completamente enfocada a la magia.
–Olvídalo –dijo Harry después de unos segundos, cuando sintió que la temperatura de sus orejas regresaba a la normalidad–. No sabes de qué estoy hablando.
–Sé perfectamente de lo que estás hablando, Harry Potter –contestó Liza calmada, pero mirándolo intensamente–. ¿Acaso crees que vivía en una cueva? Si te hice esa pregunta fue para ver si eras capaz de decirme de frente lo que pasaba por tu mente.
–Habías dicho que no usarías la Legeremancia –reprochó el muchacho.
–Y no la usé –se defendió la joven–. Bastaba con ver la expresión de tu rostro para comprender qué pensabas que había sucedido entre Fred y yo.
Harry clavó su mirada en el piso. Se avergonzaba de sí mismo y de lo que había imaginado. Pero entonces recordó que Liza no le había contado nada con respecto a Fred, y un renovado resentimiento se hizo presente.
–¿Por qué no me dijiste nada? –le reclamó, levantando la mirada y viéndola fijamente–. ¿Creías que no me iba a dar cuenta?
–¿Cuenta de qué? –Una ligera sonrisa de desconcierto se dibujó en los labios de la joven, lo que irritó aún más a Harry.
–¡De la relación que hay entre tú y Fred! –farfulló exaltado.
–Harry, entre Fred y yo sólo hay una relación de amistad y…
–Pues según sé, has pasado mucho tiempo con él.
–Tú también pasas mucho tiempo con Ron y Hermione.
–Eso es completamente diferente –argumentó en defensa propia–, ellos son mis amigos.
–Y Fred es mi amigo también.
–¡Pero él no te ve como amiga! –le espetó, elevando la voz–. ¡Él te ve como…, como…, otra cosa!
–¿Como qué, Harry? Según tú¿como qué me ve Fred Weasley?
–¡Él te ve como mujer!
Y dicho eso le dio la espalda a su prima. No era capaz de mirarla a los ojos después de haberle gritado eso.
–Escucha Harry –dijo Liza después de un rato en silencio–, no sé por qué reaccionas de esta manera. Si yo no te dije nada, fue porque mi relación con Fred no pasó, ni ha pasado, de una relación de amistad…
–Es porque no quiero que te lastimen¿de acuerdo? –la interrumpió bruscamente, girándose hacia ella–. Entiéndeme, eres la única familia que tengo. Y no, los Dursley no cuentan –aclaró al ver que su prima había hecho un ademán de hablar–. Ellos nunca fueron una familia para mí, y tú sí. Es por eso que no quiero que sufras.
Liza lo observó en silencio. Probablemente estaba asimilando todo lo que Harry acababa de decir. Él evitaba verla de frente.
–Mírame Harry –indicó la joven después de unos segundos. El muchacho la miró a los ojos. Liza tomó el rostro de su primo entre sus manos, y le dijo sonriente–: Lo que acabas de decirme realmente me reconforta, porque me doy cuenta de que en verdad nos hemos transformado en una familia. –Hizo una pausa para medir el impacto de sus palabras, y luego continuó–: Pero los Weasley son también una especie de familia para ti. Los conoces desde hace muchos años. Tú dime¿crees que Fred Weasley sería capaz de lastimarme?
Harry no necesitó meditar aquello. La respuesta era obvia, y se sintió tremendamente culpable y avergonzado por haber pensado otra cosa.
–No. Ni en un millón de años se atrevería a lastimarte. Perdóname.
Liza le sonrió ampliamente y lo besó en la frente.
–No te preocupes.
Y dicho eso, lo soltó y se giró de nuevo hacia la ventana, contemplando la negra noche que se cernía en el exterior. Era una noche sin luna, lo que hacía que las estrellas refulgieran aún más.
–A pesar de que hemos tenido una charla muy interesante –dijo Liza sin dejar de mirar a través de la ventana–, estoy segura de que eso no era sobre lo que querías hablar.
–No, no era sobre eso –corroboró Harry–. En realidad, quería que habláramos sobre Voldemort y…
–… sobre que no has podido hacer que Minerva cambie de parecer –completó Liza con una sonrisa–. Lo sé. Yo también he pensado mucho en eso. Y me temo que tendremos que hacer caso omiso de las órdenes de Minerva.
Harry la miró atónito.
–¿Estás segura? –preguntó sorprendido.
–Completamente. No podemos darnos el lujo de perder más tiempo. Además, mi papá te proporcionó toda la información que creyó que te sería de utilidad; y yo confío en su criterio, y en el tuyo también. Estoy dispuesta a acompañarte a los lugares en donde tú supones que están los "Horcruxes". Si es necesario, en este preciso momento iremos. Prefiero eso a continuar esperando aquí, consumiéndome por la incertidumbre.
–Entonces¿iremos a buscar los "Horcruxes" ahora? –cuestionó Harry entusiasmado.
–Sí. Yo me encargaré de informar a Minerva. Mientras tanto, reúne un grupo que nos acompañe. Necesitaremos de todos los voluntarios posibles.
Harry asintió y salió al instante de la habitación. Tenía que reunir a Ron, a Hermione, a Ginny, a Tonks, a… Súbitamente se detuvo a la mitad de la larga escalera. No. A Ginny no debía decirle nada. Ella no debía ir. Continuó descendiendo con paso veloz, hasta que finalmente estuvo en la cocina.
–¿Y? –Ron y Hermione salieron a su encuentro totalmente impacientes.
–¿Qué te dijo? –inquirió Ron.
–Que salimos en este mismo momento.
Ron y Hermione lo miraron con los ojos como platos y la boca abierta. Después de un rato, Ron balbuceó:
–Sa-salimos…, e-esta…
–… esta misma noche –completó Harry impaciente–. Sí. Escuchen, tenemos que reunir voluntarios que nos acompañen.
Sus dos amigos no dijeron nada, sólo lo miraron completamente atónitos.
–¡Vamos! –urgió Harry–. ¡Debemos darnos prisa!
Y dicho esto, los tres se separaron y comenzaron a reunir voluntarios, lo cual fue una tarea sencilla, pues sólo tenían que avisar a todos aquellos que creían que Harry tenía razón, y eran realmente pocos los que pensaban eso.
Para cuando Liza entró en la cocina, el pequeño grupo ya estaba listo. Estaba conformado por Remus Lupin, Tonks, Fred, George, Ginny, y obviamente, Harry, Ron y Hermione. Debido al entusiasmo que había invadido a Harry, se había olvidado de pedir a sus amigos que no le dijeran nada a Ginny. Fue por eso que Hermione no vio inconveniente alguno en invitarla. Los señores Weasley también estaban ahí, pero no iban a acompañarlos. Ellos ya tenían asignadas sus misiones para aquella noche (el señor Weasley debía vigilar cierto lugar, junto con otros integrantes de la Orden; mientras que la señora Weasley debía quedarse en el cuartel a hacer guardia, en caso de que se necesitase ayuda adicional), y no podían cambiarlas.
–¿Ya hablaste con Minerva? –preguntó Lupin en cuanto Liza se les unió.
–Sí.
–¿Y? –inquirió Tonks ansiosa.
–Ella no está de acuerdo con lo que vamos a hacer –respondió muy seria–. Pero dijo que no va a evitar que vayamos.
Una sonrisa de triunfo se dibujó en los rostros de los integrantes del pequeño grupo.
–Bueno Harry –dijo Liza, también sonriendo–. ¿Adónde vamos primero?
Harry meditó unos instantes. La verdad era que no había pensado a qué lugar debían ir primero. Entonces se le ocurrió que lo más recomendable era que comenzaran por el principio, y la historia de Voldemort había empezado en los alrededores de Little Hangleton, en la casa de Marvolo Gaunt. Pero Dumbledore ya había estado ahí, y había recuperado el anillo que Liza estaba usando en ese preciso momento, así que, cronológicamente, el orfanato era el siguiente lugar que había marcado la vida de Voldemort. Ahí era a donde debían ir.
–Al orfanato –dijo después de un corto silencio–. Vamos al orfanato en donde Voldemort vivió los primeros once años de su vida.
–De acuerdo –concordó Liza–. Si son tan amables de formar una cadena, por favor. Yo los guiaré.
El grupo obedeció al instante, y la cadena humana se formó.
–¿Sabes en dónde está? –le preguntó Harry a su prima, mientras la tomaba por el brazo derecho.
–Sí –respondió la joven–. Mi padre me lo mostró hace mucho tiempo, pero puedo llegar allá sin ningún problema.
–No estoy segura de que sea una buena idea –opinó la señora Weasley, angustiada.
–No te preocupes Molly –le dijo Liza con tono tranquilizador–. Si se llega a presentar algún percance, llamaré a Fawkes, y él puede traernos de regreso en menos de dos segundos.
–Liza¿crees que esté bien que dependas tanto de un fénix? –inquirió la señora Weasley, mirándola.
–Los fénix son criaturas extraordinarias y muy fieles. No importa en dónde me encuentre, Fawkes siempre acudirá a mí cuando lo necesite.
La señora Weasley no refutó aquello, y el señor Weasley aprovechó ese momento de silencio para decir:
–Buena suerte. A todos.
El pequeño grupo agradeció a coro, y después de un último vistazo a la cocina, Liza dijo:
–Vamos.
Y a esa indicación, desaparecieron, yendo finalmente en busca de los "Horcruxes".
Nota de la autora: El libro "Harry Potter y el Cáliz de fuego", es el primero en presentar el nombre del pueblito en donde vivía el padre de Voldemort (Tom Riddle), y lo traducen como Pequeño Hangleton>>, pero ese término no me gusta, por eso usé la versión en inglés, espero que no les moleste.
