Hola! Pues después de eónes, aquí está el capítulo 10. Quiero agradecer a rochy true, a mary (ya te agregé a mi msn), a Mariale-I-Am, a RoLiTa, a MaClau-Hurv's, a Ange y a TachiFk. GRACIAS!Y aquí tienen el 10.
Escrito por aego, con la colaboración especial de leyno y aolelc
Capítulo 10.
La captura
Harry se había quedado sin habla y con la mente totalmente en blanco.
–No Liza –balbuceó torpemente–. ¿Por qué…
–Era necesario –lo interrumpió la joven–. Yo debía conservar mis ojos abiertos para poder extraer el pedazo de alma que residía en el "Horcrux". Ahora, este objeto no es más que una simple copa.
–Pero ahora estás…
–… ciega –complementó Liza–. Sí.
Un silencio mortecino cayó sobre la habitación. Estaban más que anonadados por lo que había sucedido.
–Volvamos al cuartel –indicó Lupin–. Tal vez aún se pueda hacer algo por tus ojos.
–De acuerdo –cedió la muchacha.
Fawkes emprendió de nueva cuenta el vuelo, formando círculos y cantando. Cuando hubo finalizado, descendió lentamente. Lupin fue quien asió la cola del ave. Los demás ya habían formado una cadena. Al instante desaparecieron, y lo siguiente que Harry vio fue la cocina del número 12 de Grimmauld Place. Una preocupada señora Weasley estaba sentada a la mesa, completamente sola.
–¡Al fin! –exclamó, al punto del llanto–. Ya había pasado mucho tiempo desde que Fawkes se prendió fuego. Estaba muy preocupada y…¿qué pasó? –La señora Weasley acababa de percatarse de que Harry y Ron sostenían a Liza por ambos brazos.
Fred acercó una silla para que Liza se sentara.
–¿Qué pasó? –repitió la señora Weasley impaciente.
–Destruimos el "Horcrux" –contestó Liza ya sentada–. Ginny tiene el objeto.
Ginny le mostró la copa de oro a su madre.
–¿Pero qué pasó con tus…
–Era un requisito –explicó la joven al instante, sin siquiera permitir que la señora Weasley terminara la pregunta–. Sólo teniendo los ojos abiertos podía ser capaz de extirpar el trozo de alma que había en la copa.
–Pero tú habías dicho que habías pensado en un modo de evadir aquella barrera –refutó Harry, viéndola fijamente–. Tú dijiste…
–Y era verdad Harry –dijo su prima con calma–. Sí había pensado en una manera de cruzar la barrera, y la traspasé sin problemas. O al menos, mi mano la traspasó sin problemas. Y tal como les había dicho, la luz blanca se hizo presente, pero cerré mis ojos justo a tiempo.
–Entonces¿por qué…
–A eso voy Harry. Verán, estaba de pie frente a la copa, con mi mano dentro de la fuente de luz, cuando me di cuenta de que para poder extraer el pedazo de alma que había dentro, tenía que mantener mis ojos abiertos. El único detalle con el que yo no contaba, era con que la barrera se rompería en el instante mismo en que yo tocara la copa, haciendo que la luz explotara directamente frente a mis ojos. Ese impacto no lo pude evitar, y es por eso que ahora estoy ciega.
Nadie dijo palabra alguna. Estaban demasiado impresionados como para decir algo. Fawkes se había posado sobre el hombro derecho de Liza, y había comenzado a llorar.
–No debiste de haberlo hecho –reprochó Harry después de un rato–. No debiste destruir el "Horcrux" tú sola.
–Pero lo hice Harry, y no me arrepiento. Por el contrario, me alegro de haber sido yo y no uno de ustedes.
–No todo puede estar perdido –argumentó la señora Weasley, mientras evaluaba el daño en los ojos de Liza–. Debe haber algo que podamos hacer.
La joven les sonrió con gratitud y después dijo:
–Realmente aprecio lo que intentan hacer, pero estoy segura de que no hay nada…
–¡El fénix! –exclamó Harry de golpe, interrumpiendo a su prima.
–¿Fawkes? –inquirió Ron–. ¿Cómo nos puede ayudar Fawkes?
–¡Las lágrimas de los fénix tienen poderes curativos! –dijo con júbilo–. ¡Él puede curar tus ojos Liza! –agregó, al tiempo que aferraba fuertemente las manos de la muchacha.
–Harry, no va a…
–Tenemos que intentarlo –pidió el muchacho con obstinación–. Por favor, Liza.
Liza pareció meditar la cuestión por unos segundos y después, no muy entusiasmada, dijo:
–De acuerdo Harry. Si eso hará que te sientas mejor, adelante.
Al instante, y como si hubiera entendido toda la conversación, Fawkes voló del hombro de su dueña, y se posó en el brazo que Harry había extendido. Con sumo cuidado, Harry acercó su antebrazo al rostro de Liza, de tal forma que Fawkes estuviera un poco arriba de los ojos de la joven.
Lentamente las lágrimas comenzaron a caer, bañando los lastimados ojos de la muchacha. Cuando el fénix hubo terminado de llorar, todos los demás miraron a Liza, esperando que algo extraordinario sucediera. Harry se mantuvo frente a su prima, completamente en silencio. La joven parpadeó unas cuantas veces; después cerró los ojos, y con tres dedos de cada mano, presionó sus párpados. Volvió a abrir los ojos y parpadeó nuevamente. Sus ojos no habían cambiado en lo absoluto.
–¿Y? –preguntó Harry impaciente–. ¿Puedes ver?
Liza guardó silencio, como si estuviera asimilando la pregunta que su primo le acababa de hacer. Al no obtener respuesta, Harry insistió:
–¿Liza¿Puedes v…
–No –lo interrumpió la joven–. No puedo Harry. Lo siento.
–¡No puede ser! –exclamó Harry frustrado–. ¡Las lágrimas de los fénix tienen…
–Es verdad, Harry –corroboró la muchacha–, tienes razón. Pero hay heridas que son hechas con magia tan poderosa y tan oscura, que ni siquiera las lágrimas de los fénix pueden curar.
–¡No¡Las lágrimas tienen que funcionar!
–¿Qué no te das cuenta Harry? –inquirió Liza elevando la voz (algo que era inusual en ella)–. Si las lágrimas de los fénix pudieran curar heridas como ésta, entonces mi papá podría haber curado su brazo en cuestión de segundos, pero es imposible. ¡Y fue por eso que tuvo que pedirle ayuda a ese maldito desgraciado!
Liza se calló al instante. Esa era la primera vez que Harry oía a su prima hablar de aquella manera, y también era la primera vez que la oía mencionar a Snape. El muchacho miró a su alrededor. Los demás se veían tan sorprendidos como él.
–Discúlpenme –pidió Liza después de un rato–. Ustedes no tenían por qué escuchar eso.
–No tienes por qué disculparte –dijo Lupin al instante–. Todos sentimos lo mismo hacia él.
Liza asintió lentamente, y el ambiente comenzó a relajarse.
–Les prepararé algo de cenar –anunció la señora Weasley, tratando de sonar lo más animada posible–. Y no quiero excusas, ninguno de ustedes ha probado bocado alguno desde la comida, y ya es casi media noche.
Sabiendo que no tenían opción, se dispusieron a sentarse frente a la mesa, con aire de resignación.
–Vamos Liza –dijo Harry al tiempo que tomaba la mano de su prima–, te llevo hasta la mesa.
La joven se dejó guiar por su primo, y se sentó sin pronunciar palabra alguna. Harry se sentía terriblemente mal. Estaba seguro de que ya nada volvería a ser como había sido durante los últimos tres meses, pues Liza nunca volvería a ser como solía ser. No volvería a ser "normal".
–Creo que esto hará las cosas más difíciles –comentó Tonks–, ahora que ya no puedes ver.
Liza sonrió y dijo:
–Tienes razón Tonks, ahora las cosas serán más difíciles, pero no imposibles. Tal vez yo ya no sea capaz de ver, pero mi mente está intacta. Es sólo cuestión de que me acostumbre, y entonces, tal vez las cosas se nos simplifiquen.
Era increíble. A pesar de su nueva situación, Liza seguía conservando su positivismo, continuaba creyendo que nada era imposible. Aún poseía esa sabiduría que la caracterizaba, la misma que había caracterizado a Albus Dumbledore. Harry miró a su prima fijamente, sintiendo que un profundo sentimiento inundaba su pecho. Estaba orgulloso de Liza, y se sentía tremendamente honrado de ser su primo, de ser su única familia.
–Te ayudaremos Liza –dijo Harry con firmeza–. Todos nosotros, te ayudaremos a superar esto.
Los demás secundaron lo que Harry acababa de decir con expresiones tales como "claro" y "no te preocupes Liza".
–Gracias –dijo la muchacha con sinceridad.
Mientras hablaban, la señora Weasley se había apresurado todo lo que podía para preparar una pequeña cena, pero en el momento justo en que estaba sirviendo los platos, un tremendo estruendo se dejó escuchar en el vestíbulo. Los estridentes gritos del retrato de la señora Black no se hicieron esperar, y en menos de un segundo, todo el silencio que había reinado sobre Grimmauld Place se vio perdido.
–¿Qué sucede? –preguntó Hermione alarmada.
–Vamos a averiguarlo –dijo Lupin por toda respuesta.
Él y Tonks salieron de la cocina dirigiéndose rápidamente al vestíbulo.
–Será mejor que ustedes se queden aquí, con Liza –indicó la señora Weasley.
Harry quería saber qué estaba pasando, pero no quería dejar a su prima sola, así que no objetó lo que la señora Weasley había dicho. Al instante, la mujer salió tras Lupin y Tonks, dejando la cocina en completo silencio. Todos contenían la respiración, esperando a que cualquier cosa sucediera. Después de unos cuantos segundos, los gritos del retrato dejaron de oírse y el silencio se hizo presente nuevamente.
–¿Qué estará sucediendo arriba? –cuestionó Ginny en un leve susurro.
–Voy a ver –dijo Fred.
–Sí, vamos –apoyó George.
Los gemelos estaban a punto de cruzar la puerta, cuando el sonido de pasos aproximándose hizo que se detuvieran. Instintivamente todos se prepararon para atacar. Harry se colocó frente a Liza (quien permanecía sentada, con sus ojos sin vida clavados en algún punto de la mesa), dispuesto a defenderla si era necesario. Pero no lo fue, pues los magos y brujas que irrumpieron en la cocina eran integrantes de la Orden del Fénix.
–¡Tenemos a un rehén! –informó el señor Weasley, quien había entrado junto con el numeroso grupo–. ¡Capturamos a uno de ellos!
–¿Qué? –preguntó Harry desconcertado–. ¿A quién?
–Bellatrix Lestrange –respondió Kingsley Shacklebolt de manera triunfal.
Harry tardó unos segundos en asimilar esa información. La cocina continuó llenándose de gente, hasta que finalmente un cuerpo inerte envuelto en una túnica negra levitó dentro de la cocina. La profesora McGonagall cerró la marcha con su varita en alto, dirigiendo el rumbo del bulto flotante.
–Pero¿cómo? –preguntaron Fred y George al mismo tiempo.
–Fue una gran pelea –aseguró Ojoloco–. Pero el factor sorpresa estaba de nuestro lado.
–Estábamos vigilando las calles cercanas al orfanato sobre el que nos hablaste Harry –comenzó a explicar el señor Weasley–. Hemos estado vigilando ese lugar desde hace mucho, y nunca había pasado nada extraño.
–Pero hoy fue diferente –dijo Bill Weasley, que estaba de pie al lado de su esposa–. Un grupo de mortífagos apareció unas calles antes del orfanato. Creemos que Quien-tú-sabes los mandó para recuperar un "Horcrux".
–Ellos no sabían que estábamos allí –comentó Shacklebolt–. Ni por un segundo les pasó por la cabeza que nosotros sabíamos.
–Así que atacamos –concretó Ojoloco–. Nosotros los superábamos en número, y como era de esperarse, ellos terminaron huyendo, pero logramos aturdir a la mortífaga.
–Esperen un momento –pidió Harry al instante–. ¿Están diciendo que sostuvieron una batalla cerca del orfanato?
–A una calle antes de llegar al orfanato, para ser precisos –corrigió el señor Weasley–. ¿Por qué?
–Porque también nosotros estábamos ahí –respondió Lupin.
–¿Ustedes? –repitió Ojoloco–. ¿Por qué fu…
–Fuimos por el "Horcrux" que estaba dentro del orfanato –explicó Tonks antes de que Ojoloco pudiera formular su pregunta.
El grupo de magos y brujas que había entrado a la cocina los observó atentamente.
–¿Y? –urgió la profesora McGonagall, aún con la varita en alto–. ¿Lo tienen?
–Sí –contestó Liza desde su lugar en la mesa.
Las miradas de todos los presentes se dirigieron hacia Liza. Al parecer, ni siquiera se habían dado cuenta de que ella estaba ahí.
–Sí lo tenemos –informó–. Pero no fue fácil. Tuvimos que sacrificar algo para conseguirlo.
–¡Liza! –exclamó la profesora McGonagall–. ¿Qué…
–Es una historia larga –la interrumpió la joven–, y este no es el momento para relatarla. Lo importante ahora, es toda la información que posamos sacarle a Bellatrix Lestrange.
–Si es que podemos sacarle algo –apuntó Tonks.
–Tenemos que intentarlo –dijo Lupin.
Harry se percató de que la profesora McGonagall sí quería continuar hablando sobre la odisea por la que habían tenido que pasar para recuperar el "Horcrux", pero al parecer, se había dado cuenta de que Liza tenía razón, en esos momentos era más importante la información que esa mortífaga pudiera darles.
Sin perder tiempo, el profesor Flitwick hizo que la larga mesa de madera desapareciera, mientras que el profesor Slughorn se encargaba de ordenar sillas en un gran círculo. Eran suficientes sillas para todos los presentes. Un solo asiento se colocó justo en el centro de la circunferencia, y sobre ella depositaron el cuerpo inerte de la mujer. La profesora McGonagall conjuró unas cuerdas con las que amarró a la mortífaga a su silla, de tal forma que le fuera imposible escapar.
Los demás tomaron sus asientos en el gran círculo. Harry guió a Liza hasta una silla justo frente a Bellatrix Lestrange. El muchacho se sentó al lado derecho de su prima, y Ron y Hermione se sentaron al lado izquierdo. Sabían que obtener cualquier tipo de información por parte de la mortífaga no sería una tarea sencilla, pero también sabían que no podían rendirse sin siquiera intentarlo.
