Hola! Bueno, bueno. Esta semana no recibí un solo comentario y llegué a la conclusión de que eso se debe a que en mi historia continuaron siendo 10 capítulos, y supongo que ustedes creyeron que yo no había puesto nada. La cosa es que edité el aviso que di en lo que vendría siendo el capítulo 10 y sobre eso puse el capítulo correspondiente, por eso el número de capítulos no incrementó. Como sea, espero que lean el cap. 10 y el 11, y espero sus comentarios.
Escrito por aego, con la colaboración especial de leyno
Capítulo 11.
La Palma de Godric
–¡NO LES DIRÉ NADA! –gritó Bellatrix Lestrange por enésima vez–. ¡NADA! –La mujer emitió una fría carcajada.
Llevaban prácticamente toda la noche intentando sacar cualquier tipo de información de la mortífaga, pero no habían conseguido ni una palabra, pese a que ya le habían administrado mucho Veritaserum. Había sido interrogada por varios de los ahí presentes, pero sin importar quién se parase frente a ella, la mujer simplemente continuaba diciendo que no revelaría nada. En esos momentos, Ojoloco hacía su segundo intento:
–Será mejor que hables niña, porque si no…
–¡NO TE TENGO MIEDO, VIEJO!
–Esto no va a ninguna parte –susurró Harry en el oído de su prima.
–Lo sé –dijo Liza con un leve asentimiento.
–Deberíamos intentar otra cosa –opinó Hermione–. Algo diferente.
–Tienes razón –concordó Liza, y al instante se puso en pie.
–¿Qué haces? –preguntó Harry, tomándola del antebrazo.
–Algo diferente –murmuró la muchacha con una leve sonrisa, y después se aclaró la garganta ruidosamente.
Las miradas se posaron sobre Liza.
–Si no les importa, quisiera ser yo quien interrogue a esta mujer –dijo sin rodeos.
Aquello no sólo tomó por sorpresa a Harry, sino que también sorprendió a todos los que estaban sentados en el gran círculo, y Harry no pudo culparlos. Después de todo¿qué podía hacer Liza, dada su situación?
–Liza –comenzó a hablar la profesora McGonagall–, no creo que sea conveniente que tú hagas el interrogatorio en las condiciones en las que te encuentras.
–Mi querida Minerva, mis condiciones no afectan en nada a mi capacidad para persuadir –replicó la muchacha–. ¿O no me crees capaz de sostener un interrogatorio?
–No Liza, no es eso –contestó McGonagall–. Es que… –Dejó la frase suspendida, como pensando en algún argumento que pudiera defender su punto de vista.
Harry observó a su profesora atentamente. Parecía estarse debatiendo entre ceder ante las razones de Liza, o negarle rotundamente su petición.
–De acuerdo –accedió después de unos segundos.
–¿De acuerdo? –repitió Ojoloco incrédulo–. ¿Pero qué puedes hacer tú Liza?
–Confíen en mí –pidió la muchacha.
Todos los pares de ojos estaban puestos en la joven. Harry no entendía por qué su prima quería hacer el interrogatorio, pero confiaba plenamente en ella, así que se levantó al instante y dijo:
–Vamos Liza.
Harry la ayudó a llegar hasta donde estaba la mortífaga. Comprendiendo que Liza hablaba en serio, Ojoloco se apartó del camino y regresó a su lugar.
–Yo me puedo encargar desde aquí Harry –indicó Liza–. Gracias.
Harry no estaba muy seguro de que dejar sola a su prima fuera lo más conveniente, pero de cualquier modo, regresó sobre sus pasos y se sentó, listo para ver qué era lo que Liza había planeado. La joven extendió su mano izquierda y comenzó a delinear con las yemas de sus dedos el rostro demacrado de la bruja.
–¿Esto es todo lo que tienen? –preguntó la mujer con insolencia–. ¿Ella es su última esperanza¿Una ciega?
Y después de decir eso, trató de morder la mano de Liza, pero la joven fue más rápida y apartó su mano.
–Bellatrix Lestrange –Liza comenzó a hablar con voz firme–. Has ingerido ya cuatro dosis de Veritaserum, y sin embargo no nos has dicho nada sobre los planes de tu amo. Debo decir que tienes una voluntad en extremo fuerte. Pero todos se quiebran, y ese es mi trabajo ahora, quebrar tu fuerza de voluntad.
–¡Y tú crees que te tengo miedo? –espetó la mortífaga de golpe.
–Por supuesto que no –respondió Liza sin inmutarse en lo absoluto–. Y eso es porque aún no me conoces. Pero te garantizo que lo tendrás.
Bellatrix dejó escapar una carcajada estridente.
–Pobre ciega ingenua. ¡Creer que yo podría temerte a ti¡Yo, que he estado más cerca del Señor Tenebroso que nadie que jamás haya vivido¡Yo, que le soy fiel hasta el final¡Yo, que soy su vasalla más apreciada y valiosa!
–¿En serio? –inquirió Liza incrédula–. Entonces dime Bella¿por qué estás aquí?
–¿Qué?
–Si en realidad eres tan…, "valiosa" como dices ser¿por qué nadie te defendió para que no te atraparan? Y más importante aún¿por qué todavía sigues aquí¿Por qué nadie te ha rescatado?
–¿Te atreves a cuestionar los designios del mago más poderoso del mundo?
–Voldemort no es, y nunca ha sido, el mago más poderoso del mundo. Ese título le corresponde a Albus Dumbledore.
–¿Dumbledore? –repitió la mortífaga con tono de burla–. ¿Dumbledore¡Dumbledore está muerto¡Fue traicionado y asesinado por la persona en quien más confiaba!
Harry sintió la sangre hervir. Estaba a punto de levantarse invadido por la furia, cuando Liza soltó una glacial carcajada. Harry no sabía que Liza fuera capaz de emitir una risa tan fría, tan despectiva. Y la joven no sólo fue capaz de eso, sino que también fue capaz de continuar hablando en el tono más frío que el muchacho hubiera escuchado:
–Eres realmente leal a tu amo, de eso no cabe la menor duda. Pero la ingenua eres tú, al creer que eres importante para él.
En toda su vida, Harry había escuchado solamente a una persona hablar con semejante frialdad, y esa persona era Voldemort.
–No voy a escucharte –replicó la mortífaga rotundamente–. Yo sé que soy importante para él. ¡Él mismo me lo ha dicho!
–Entonces dime Bella¿qué se siente vivir en el país de los sueños?
–¡Maldita! –gritó Bellatrix con odio–. ¡Mil veces maldita¿Cómo osas cuestionar las razones del Señor Tenebroso?
–Las cuestiono porque tengo derecho –respondió Liza sin titubear–. Las cuestiono porque soy yo quien más cosas tiene que reclamarle a él.
–¿Quién eres? –preguntó la mortífaga viéndola fijamente–. ¿Quién eres?
–Ya te lo dije –contestó Liza con una sonrisa–: soy quien va a quebrar tu voluntad.
Harry pensó que su prima se manejaba con bastante soltura, pese a su situación. Tal vez las lágrimas de Fawkes habían sido más útiles de lo que Liza había dicho. Sin embargo, seguía creyendo que el interrogatorio no estaba yendo a ninguna parte. ¿Qué era lo que Liza pretendía con esas insinuaciones?
–No lo lograrás –sentenció Bellatrix–. A mí no me vas a quebrar.
–He quebrado la voluntad de magos mucho más poderosos que tú. Créeme, no serás la excepción. Además, ni tú misma estás tan segura de lo que dices. Has comenzado a titubear.
–¡Nunca!
–Dime Bella¿realmente crees que Voldemort está preocupado por ti¿Realmente crees que en estos momentos él esté fraguando un plan para rescatarte?
La mortífaga no dijo nada.
–¡Despierta! –exclamó Liza elevando la voz y apoyando ambas manos en los brazos de la silla, acercando su rostro al de la demacrada mujer–. ¡A él no le importan nada ni nadie¡Ustedes no son más que basura¡Tú te pudrirás estando aquí y tu querido "Señor Tenebroso" no moverá un solo dedo para evitarlo!
–¡Mentira¡Eso es mentira!
–¿Eso crees¿Pues sabes qué creo yo? Yo creo que para Voldemort, tú y todos tus compañeros mortífagos no son más que títeres. Como esos con los que los niños muggles solían jugar hace años. Ustedes son títeres y Voldemort es el titiritero. Él mueve los hilos de sus miserables vidas, y cuando se percata de que ya no le sirven más, entonces corta los hilos y los desecha. Sí. Eso es lo que son para él.
–¡No¡No es cierto!
–¿Qué te pasa Bella¿Por qué te alteras¿No te gusta oír la verdad¡Ustedes no son más que objetos desechables para Voldemort!
–¡NO!
Todo sucedió muy rápido. Harry había visto claramente cómo Bellatrix se echaba hacia delante, con la obvia intención de dañar a Liza (lo cual era absurdo, dado que estaba muy bien amarrada a la silla), y después, se había detenido abruptamente, con la boca ligeramente abierta y los ojos fijos en los de su interrogadora. Liza en cambio, se echó para atrás en el instante mismo en que Bellatrix se le abalanzaba, y con un movimiento rápido de su mano izquierda, había golpeado a la mujer en la cabeza. O al menos, eso era lo que Harry había visto.
Ninguna de las dos brujas se movió ni un milímetro. Estaban completamente estáticas, una frente a la otra. Incluso parecía que no respiraban. Como no ocurría nada, Ojoloco se levantó de su asiento y se acercó a las dos mujeres para ver qué era lo que las mantenía inmóviles.
–¡Pero qué demonios? –exclamó cuando estuvo cerca de Liza y Bellatrix.
Harry abandonó su asiento al instante y se encaminó hacia su prima, preocupado. Otros miembros de la Orden también se levantaron y se acercaron a las dos brujas, emitiendo expresiones similares a la de Ojoloco una vez que llegaban hasta ellas. Cuando Harry estuvo cerca, contempló la escena más extraña que jamás hubiera visto en su vida: Bellatrix yacía completamente rígida en su silla, mientras que Liza se mantenía firmemente en pie frente a ella, con toda su mano izquierda dentro de la cabeza de la mortífaga. De los ojos de la muchacha brotaba un denso humo blanco, exactamente igual al que se había presentado cuando había abierto sus ojos unas horas antes. ¿Qué tipo de magia había empleado Liza para poder hacer aquello¿Cómo había introducido su mano entera en la cabeza de esa mujer? Harry se sentía aterrado por esa visión.
Y de pronto, y justo tan rápido como había comenzado, Liza sacó su mano del cráneo de Bellatrix, y ambas inhalaron una profunda bocanada de aire, como si realmente hubieran estado conteniendo el aliento. Liza se tambaleó y Harry se apresuró a sostenerla, y fue entonces cuando la vio: Toda la mano izquierda de su prima estaba envuelta en llamas de un color azul intenso (el más intenso que Harry jamás hubiera visto); y dentro de su palma, la joven sujetaba una pequeña esfera refulgente.
–Te dije que todos se quiebran –dijo Liza entrecortadamente, pero con un tono triunfal inconfundible.
–¿Qué me hiciste? –preguntó Bellatrix con dificultad.
–Asalté tu mente –respondió Liza recuperando su equilibrio–. Observa.
Y entonces, y con un movimiento rápido de su mano izquierda, Liza arrojó la pequeña esfera contra el piso. La esfera se impactó contra el suelo y se incrustó en él, y emitió un prolongado fulgor. Harry miró a su alrededor: todo había comenzado a dar vueltas, y de pronto, la cocina se desvaneció por completo y en su lugar se erigieron los muros de piedra de un enorme salón. Estaban completamente sumidos en penumbras, pero pese a la oscuridad, Harry pudo distinguir que estaban rodeados de, por lo menos, una centena de encapuchados, los cuales yacían arrodillados y con los rostros cubiertos por máscaras vueltos al frente. Aparentemente estaban esperando algo, o a alguien.
Harry no entendía qué estaba sucediendo, y a juzgar por las expresiones de incertidumbre que predominaban, estaba seguro de que los demás tampoco entendían qué estaba pasando. Estaba a punto de preguntarle a su prima qué era lo que sucedía, pero en ese preciso momento, un hombre alto y delgado se perfiló de entre las sombras, frente a los encapuchados. Tenía la tez muy blanca y los ojos rojos, y en el lugar en donde debería estar su nariz, tenía dos rendijas similares a las que tienen las serpientes. Era Voldemort.
Al instante, Harry sacó su varita, dispuesto a atacar, pero Liza lo detuvo y dijo:
–No. Ellos no nos ven.
El muchacho la miró con el ceño fruncido, pero no le contestó. Voldemort, por su parte, había avanzado unos cuantos pasos y se había sentado frente a sus mortífagos en algo que parecía ser una especie de trono. Observó detenidamente a todos y cada uno de sus seguidores y después de un rato dijo:
–Mis leales vasallos, Albus Dumbledore ha caído.
Miles de expresiones de júbilo se dejaron oír. Voldemort permitió que sus mortífagos festejaran un rato, y después levantó una de sus esqueléticas manos para indicar silencio, y todos los presentes se callaron al instante.
–Albus Dumbledore ha caído, y con él, ha caído la última esperanza del mundo mágico. Ya hemos ganado la guerra, pues ya no existe rival alguno que me pueda desafiar.
–Es natural mi señor –repuso una voz femenina de entre los encapuchados que yacían arrodillados–. Usted es y siempre ha sido el mago más poderoso de todos los tiempos.
–Tienes razón Bella –concedió Voldemort con un inconfundible aire de superioridad–. Y ya es tiempo de que todo el mundo me reconozca como tal.
Harry comenzaba a comprender. Lo que todos presenciaban era un recuerdo, un recuerdo de Bellatrix. Lo que no se explicaba era cómo habían conseguido ver todo aquello sin un pensadero, aunque estaba seguro de que la esfera refulgente que Liza había obtenido era la clave de todo.
–¿Qué quiere que hagamos, señor? –inquirió otra voz proveniente de los mortífagos, pero esta vez había sido una voz masculina.
Era un voz fría que Harry reconoció al instante, pues en los seis años que había asistido a Hogwarts, eran contados los días en que no había escuchado aquella voz. Se trataba de Snape.
Voldemort sonrió maquiavélicamente antes de responder:
–La escuela de magia más prestigiosa del mundo ya no existe, ahora tenemos que destruir el centro de salud más importante del mundo mágico.
Hubo un ligero murmullo por entre los mortífagos, pero cesó en el mismo instante en que Voldemort se puso en pie.
–Sí, mis amigos –dijo, elevando su voz–. Atacaremos San Mungo. Y cuando ese…, "sanatorio" esté destruido, entonces todos aquellos que han osado oponerse a mí, caerán.
Los encapuchados vitorearon lo que su amo acababa de decir.
–¿Cuándo atacaremos, mi señor? –preguntó la Bellatrix que estaba entre los mortífagos, totalmente extasiada.
–No debemos atacar ahora –respondió Voldemort–. No ahora que el mundo mágico acaba de perder a su defensor. No. Esperaremos a que esto pase, y cuando ellos crean que todo ha vuelto a la normalidad, entonces destruiremos su "precioso" hospital.
–¿Pero por qué esperar, mi señor? –inquirió Bellatrix–. ¿Por qué no hacerlo ahora?
–Porque quiero que sufran Bella. Quiero que desesperen, quiero que se vuelvan locos por la incertidumbre.
–Tiene usted razón –concedió la mortífaga en una febril exclamación–. Eso es lo que se merecen.
Después de ese comentario hubo un breve instante de silencio, luego del cual, Voldemort dijo:
–Atacaremos el 31 de octubre. Es suficiente tiempo de espera. Además, fue en un 31 de octubre de hace casi 16 años cuando el mundo mágico pensó que yo estaba terminado. Deben tragarse sus palabras.
Las capuchas de los presentes se inclinaron. Todos habían asentido al unísono, aceptando la decisión de su señor.
–Y ahora, amigos míos, es tiempo de disolver nuestra reunión –indicó Voldemort con cierto aire casual–. Hay un funeral al que debo asistir.
Y entonces, el mago avanzó hacia las sombras y se desvaneció.
–Creo que eso es todo lo que necesitamos –informó Liza, sobresaltando a todos.
A continuación, la muchacha se arrodilló y extendió su mano izquierda, que aún estaba envuelta en llamas azules. La pequeña esfera refulgente tembló, y todo a su alrededor tembló junto con ella, hasta que finalmente los muros de piedra fueron absorbidos por la esfera, al tiempo que ésta se desincrustaba del suelo e iba a parar nuevamente a la palma de la joven. Habían vuelto a la cocina del número 12 de Grimmauld Place.
Harry observó atentamente a su prima mientras se incorporaba, y todos los presentes hicieron lo mismo. Incluso Bellatrix la miró atónita. Con un elegante movimiento de varita, Liza hizo aparecer una pequeña botella de cristal, en la cual guardó la esfera refulgente. Después guardó la botella entre sus ropas. Nadie dijo nada, y Harry pensó que eso se debía a que estaban demasiado impresionados por lo que había sucedido. Y entonces, la profesora McGonagall habló, un poco consternada:
–Liza¿ésa era…, ésa es…, la Palma de Godric?
Nota de la autora: Cuando yo imaginé este capítulo hace ya muchos meses, yo manejé el concepto de que la poción de la verdad o Veritaserum no es absoluta, se puede evadir, pero debo de confesar que no estaba muy convencida. Y después, hace como un mes, entré a la página de y entré al apartado de "Preguntas Frecuentes", luego a "Preguntas sobre los libros", y realmente me sorprendí mucho cuando leí que una de las preguntas de ese apartado era nada más y nada menos que: "Veritaserum juega un importante papel para sacar la verdad a Ojoloco Moody en el libro cuatro. ¿Por qué no se utiliza, por ejemplo, en los juicios mencionados en el mismo libro¿No sería mucho más sencillo utilizarlo para resolver cuestiones como por ejemplo, la culpabilidad o inocencia de Sirius Black?" Esa respuesta de Jo Rowling me convenció de lo que pretendía hacer. Les recomiendo que lean esa respuesta, realmente es muy buena.
