Hola! Aquí está el capítulo 12. Ojalá les guste. Gracias a TachiFky a Shaman por haberse tomado el tiempo de redactarme unas cuantas líneas. No saben cuán importantes son sus comentarios para mí. GRACIAS! arrocillo

Escrito por aego, con la colaboración especial de leyno

Capítulo 12.

De vuelta a casa

Harry no sabía de qué estaba hablando la profesora McGonagall, pero antes de que pudiera preguntar, Liza contestó:

–Sí Minerva. Ésta –dijo la joven, levantando su mano envuelta en llamas– es la Palma de Godric.

McGonagall se quedó boquiabierta, y de igual forma se quedaron muchos de los ahí presentes.

–Había leído sobre la Palma de Godric –musitó Hermione con los ojos muy abiertos–, pero no sabía que ustedes dos eran…

No completó la frase. Harry supo al instante que cuando Hermione había dicho "ustedes dos", se había referido a Liza y a él mismo; lo que no sabía era a qué se referían cuando hablaban de la "Palma de Godric".

–Ya sé quién eres –dijo Bellatrix repentinamente, con su voz impregnada de desprecio y odio–. Tú eres hija de Rina Blair. Esa traidora también podía hacer eso con su mano.

–Se nota que apreciabas a mi madre –repuso Liza con una sonrisa sarcástica–. Esta mujer ya no nos sirve –informó la muchacha con tono indiferente–. Al menos, no por ahora. Lo mejor será que descanse en alguna habitación. Cuando se reponga, podré obtener más datos importantes.

Todos escucharon lo que Liza había dicho, pero nadie se movió.

–¿Qué sucede? –inquirió Liza ante tal silencio.

–Nada –respondió Ojoloco al instante–. Yo me encargaré de llevar a la mortífaga a alguna habitación.

–Gracias –dijo Liza con una inclinación de cabeza.

–¡Espera! –exclamó Bellatrix al ver que Ojoloco la apuntaba con su varita–. Debo saber quién eres, necesito saber tu nombre bruja.

–¿Para qué Bella? –preguntó Liza con insolencia–. ¿Necesitas saber mi nombre para poder dormir tranquila?

–No. Necesito saber tu nombre para poder decírselo a mi señor, una vez que él me haya salvado.

Harry comenzaba a perder la paciencia. Esa mujer estaba realmente enferma.

–¡Ya basta! –rugió Ojoloco preparándose para aturdir a Bellatrix–. Se acabaron las preguntas.

–Espera –pidió Liza con una señal de su mano, y después dirigió sus ojos enteramente blancos hacia la mujer. Aquel acto le confirmó a Harry que su prima no estaba tan ciega como decía estar–. Liza Dumbledore. Ese es mi nombre.

–¿Dumbledore? –repitió la mortífaga pasmada.

–Sí –confirmó la muchacha–. Dumbledore.

Bellatrix abrió la boca para decir algo más, pero antes de que pudiera articular palabra, Liza había levantado su varita y la apuntaba fijamente.

–Dulces sueños –le dijo la muchacha, y después utilizó el encantamiento aturdidor.

La mortífaga cayó inconsciente al instante. Ojoloco hizo desaparecer las cuerdas que mantenían sujeta a Bellatrix, y después guió su cuerpo inerte fuera de la cocina. Todos se quedaron en silencio. Harry aún se preguntaba qué era la dichosa "Palma de Godric", así que se dispuso a preguntar:

–Liza¿qué…

–Aún no, Harry –lo interrumpió la joven–. Esperemos a que Alastor regrese.

Harry no se atrevió a objetar lo que su prima había dicho, así que simplemente esperaron a que Ojoloco regresara. Cuando el mago entró una vez más a la cocina, Liza comenzó a hablar:

–Bueno. Ya tenemos el lugar y la fecha. La pregunta es¿qué vamos a hacer?

–Espera –dijo Harry desconcertado–. Pensé que ibas a hablar sobre la Palma de Godric.

Los demás emitieron expresiones de concordancia con Harry. Al parecer, todos querían hablar sobre eso.

–Eso no es importante en estos momentos –repuso Liza con un movimiento de la mano–. Lo que nos debe preocupar es el asunto de San Mungo.

–Pero Liza…

–Todos queremos saber Liza –repuso la profesora McGonagall muy seria.

La muchacha se quedó callada unos instantes, como meditando sobre lo que tenía que hacer, y entonces dijo:

–Escuchen, les propongo esto: yo les digo todo lo que quieren saber sobre la Palma de Godric, una vez que hayamos solucionado lo de San Mungo. Cuando estén a salvo cada mago y bruja que se encuentra en el hospital, les prometo que hablaremos sobre eso.

Los demás guardaron silencio, probablemente cavilando sobre la propuesta de la joven.

–Bueno, entonces¿qué esperamos? –dijo enérgica la profesora McGonagall–. Si contamos este día que acaba de comenzar, faltan sólo tres días para el 31 de octubre.

–Tenemos que evacuar San Mungo –repuso el profesor Slughorn mientras se estrujaba las manos nerviosamente–. ¿Pero dónde vamos a meter a todos esos enfermos?

–Necesitamos un lugar que sea grande –comentó el señor Weasley–. Lo suficientemente grande como para alojar a toda esa gente, y además tener espacio para recibir más.

–¿Alguna sugerencia? –cuestionó McGonagall.

Todos guardaron silencio, pensando. Harry se concentró en buscar la solución. No podían llevar a todos esos enfermos a Grimmauld Place, de eso estaba seguro; pues aunque hechizaran la casa para hacerla más grande, no estarían a salvo; además, no tenían las suficientes condiciones salubres para albergar a cientos de enfermos. Una casa normal tampoco era la solución, pues tendrían que acondicionarla para los enfermos, y tendrían que protegerla con todos los hechizos posibles; y ambas cosas llevaban demasiado tiempo. No debía olvidar que sólo tenían tres días. Harry frunció el entrecejo, concentrándose aún más. Lo que necesitaban era un lugar grande (enorme de ser posible), que ya contara con toda la protección suficiente. Un lugar lejos de los ojos muggles, y suficientemente comunicado con el mundo mágico. Y fue entonces cuando se le ocurrió:

–Hogwarts –dijo conteniendo la emoción del descubrimiento–. Podemos llevarlos a Hogwarts. Es grande, y tiene toda esa protección.

Los demás meditaron la cuestión por unos segundos.

–Sí –dijo Liza pensativa–. Sí. Ésa es la solución. Además, Voldemort nunca pensaría que nosotros fuéramos capaces de regresar al castillo después del asesinato de mi padre. Es perfecto.

–Yo no creo que sea muy buena idea –opinó Lupin–. Nadie quiere poner un pie en Hogwarts. Creo que eso quedó bastante claro en las respuestas de las familias del alumnado. Todos consideran que después de lo de tu padre, Hogwarts es el lugar más peligroso del mundo. Los magos y brujas que trabajan en San Mungo jamás accederán.

–No vamos a pedirles permiso –informó Liza con calma–. Si se quedan en San Mungo, no hay duda de que morirán, y eso no lo podemos permitir. Los llevaremos a Hogwarts a la fuerza si es necesario.

–¿Qué opina usted profesora? –preguntó Hermione dirigiéndose a McGonagall.

La bruja guardó silencio por unos instantes, y luego respondió:

–Me parece una buena idea, pero tenemos que apresurarnos. Liza, tú y un grupo de voluntarios irán hasta San Mungo con la ayuda de Fawkes, y pondrán sobre aviso a los sanadores. Después nos enviarás de vuelta a Fawkes y todos nos transportaremos al hospital.

–De acuerdo –contestó la muchacha con prontitud, y en menos de un minuto, el grupo de voluntarios se formó y juntos desaparecieron en una llamarada de fuego. Liza, Ojoloco, Flitwick, Slughorn, Bill y el señor Weasley se habían ido al hospital.

Después de que el pequeño grupo desapareciera, la profesora McGonagall se volvió hacia Harry:

–Escucha Potter. Tú tienes una tarea especial. Tienes que aparecerte en Hogwarts y…

–Pero profesora –la interrumpió sin poderse contener–, no se puede aparecer en Hogwarts, recuerde que está protegido por el hechizo anti…

–Ya lo sé Potter –informó la mujer bruscamente–, y el hechizo sobre Hogwarts es permanente; pero como directora del colegio, tengo la libertad de retirar temporalmente el conjuro, por lo menos de una parte del castillo. Te aparecerás en el Gran Comedor y luego irás a buscar a Hagrid, a la profesora Grubbly-Plank y a la profesora Sprout, y les contarás todo. Deben estar listos para recibirnos. Remus y Nymphadora te acompañarán. Tus amigos también pueden ir si así lo desean.

–Está bien profesora.

Y sin necesidad de ponerse de acuerdo, Harry, Ron, Hermione, Lupin y Tonks desaparecieron con un sonoro estallido, y reaparecieron frente a cuatro largas mesas de madera. Harry miró a su alrededor. Hacía tan solo unos cuantos meses que no había visto aquel salón, y sin embargo, un gozo repentino inundó su pecho, como si en lugar de meses, hubieran sido años de no estar en ese lugar. A pesar de que el castillo había estado deshabitado por un considerable espacio de tiempo, todo estaba muy ordenado y muy limpio. Sin duda, los elfos domésticos habían continuado con su incansable tarea de mantener en óptimas condiciones el colegio.

Harry se preguntó si esa responsabilidad se había delegado en los elfos con la consigna de ser cumplida aun en la ausencia permanente del director; o era una responsabilidad que se habían tomado la libertad de auto asignarse. Fuera cual fuese la respuesta, Harry no pudo continuar indagando sobre el tema, pues la voz de Lupin lo trajo de vuelta al mundo:

–No hay tiempo que perder –urgió, comenzando a caminar hacia las enormes puertas del Gran Comedor–. Vamos.

Los demás lo siguieron prontamente. Avanzaban en silencio, concentrándose enteramente en apresurarse, hasta que la voz de Ron puso fin al silencio:

–Bueno, ya dinos –le dijo a Hermione.

–¿Qué? –preguntó ésta desconcertada.

–Qué es lo que sabes de la dichosa "Palma de Godric" –aclaró, enfatizando especial acentuación en las últimas tres palabras.

–Sí –apoyó Harry–. ¿Qué es lo que sabes?

–No es gran cosa en realidad –contestó Hermione–. No es algo que se encuentre en muchos libros. De hecho, en los libros escolares jamás se menciona, pero siempre me ha gustado tener más fuentes de información y…

–Sí, sí, sí –cortó Ron tajante–. Ya sabemos que te encanta tragar libros. Sólo dinos qué es y ya.

Hermione lo miró con cara de pocos amigos, pero luego dijo:

–Es una especie de don. Una rara habilidad que le permite a quien la posea el poder entrar en la mente de otros, incluso por la fuerza. Además, es ciento por ciento fiable.

Hermione guardó silencio después de terminar esa frase, y no habló durante unos cuantos segundos. Aparentemente, ya había terminado.

–¿Por qué? –cuestionó Harry.

–¿Por qué qué? –contestó Hermione.

–¿Por qué la Palma de Godric es ciento por ciento fiable?

–Pues no lo sé. En el libro que leí no se especificaba la razón de su fiabilidad. Sólo decía que aquella aseveración había sido pronunciada por la primera persona que había poseído ese don.

–¿Y quién era esa persona? –preguntó Ron curioso.

–Godric Gryffindor. –Esta vez había sido Lupin quien había dado la respuesta–. Godric Gryffindor es el primer mago poseedor de la Palma que se conoce en toda la historia de nuestro mundo. No se sabe cómo la obtuvo, o si nació con ella. Lo único que se sabe es que él fue el primero en tenerla. Es por eso que se llama la "Palma de Godric".

–¿Y entonces cómo la obtuvo Liza? –inquirió Ron pensativo.

–¿No te das cuenta? –dijo Hermione un poco exasperada–. Ese tipo de habilidades tienden a descender de generación en generación.

–¿Estás diciendo que Liza es descendiente de Godric Gryffindor? –preguntó Harry con los ojos muy abiertos.

–No existe otra forma de que Liza haya obtenido la Palma de Godric –repuso Tonks–. Eso no es algo como mi habilidad de metamorfomaga. La Palma de Godric se hereda, así fue como Gryffindor lo dispuso; y eso no se puede cambiar.

–Y por tanto, si Liza es descendiente de Gryffindor, también lo eres tú, Harry –concluyó Hermione.

Harry sintió que su corazón dejaba de palpitar por unos cuantos segundos, debido a la sorpresa.

–Bueno, no necesariamente –refutó el muchacho después de unos segundos.

–¿Qué?

–Que no necesariamente es verdad que yo también descienda de Gryffindor. Liza pudo haber sacado ese parentesco por parte de su abuelo, y si es así, no tiene nada que ver conmigo.

–Es cierto Harry –concordó Lupin–. Pero la posibilidad existe –agregó con una sonrisa–. En fin, la única que te puede aclarar eso es Liza.

–Sí –dijo Harry pensativo–. Sólo Liza.

Emitió un ligero suspiro, con la vista perdida en el horizonte. Ya una vez, cuando tenía 12 años, había creído que era descendiente de uno de los fundadores del colegio, pero había resultado ser una teoría falsa. En aquella ocasión, se había sentido aterrado al pensar que Salazar Slytherin podía ser su tatara-tatara-tatara-tatarabuelo. Pero Godric Gryffindor… Eso era algo completamente diferente.

–Descendiente de Gryffindor –dijo en voz baja, saboreando la idea.

–Ya no pienses tanto en eso amigo –le dijo Ron con una ligera carcajada y dándole una palmada en la espalda–. Ahí está Hagrid.

Un hombre de proporciones enormes corría hacia ellos, con los brazos extendidos.

–¡Pero qué sorpresa! –exclamó cuando les hubo dado alcance–. ¡Qué alegría! –dijo, al tiempo que estrujaba efusivamente a todos–. ¿Pero qué hacen aquí?

–Aún no podemos explicártelo Hagrid –respondió Hermione–. Necesitamos que las profesoras Grubbly-Plank y Sprout también estén presentes.

–Entonces vamos a buscarlas –repuso Hagrid–. Ambas están en los invernaderos.

Sin tiempo que perder, el pequeño grupo se encaminó a los invernaderos.

–¿Puedo preguntarte algo Hagrid? –cuestionó Hermione, después de haber avanzado unos cuantos metros.

–Claro.

–Después de lo que pasó en el castillo, sabía que tú te quedarías aquí¿pero por qué las profesoras Sprout y Grubbly-Plank también están en Hogwarts?

–La profesora Sprout dijo que se quedaba porque quería cuidar de los invernaderos. Dijo que eso es lo que Dumbledore hubiera querido, y yo no pude estar más de acuerdo. En cuanto a la profesora Grubbly-Plank, ella se quedó para ayudarme con algunas criaturas del bosque; y debo decir que es de gran ayuda, sobre todo porque yo ya no puedo entrar tan seguido al bosque. No después de lo de Aragog.

Su voz se apagó al instante. Era obvio que aún sentía mucho la muerte de su araña gigante. Continuaron en silencio, hasta que finalmente llegaron a los invernaderos, y se encontraron con las dos profesoras.

–¿Pero qué… –Había comenzado a decir la profesora Sprout, pero fue interrumpida casi al instante por Lupin.

–No tenemos mucho tiempo –dijo de prisa–. Debemos ser breves.

Ambas mujeres los miraron con curiosidad.

–Entonces comiencen a hablar –ordenó la profesora Grubbly-Plank, al tiempo que aparecía un grupo de sillas.

Se sentaron de inmediato, y comenzaron a relatar todo lo que habían visto en el recuerdo de Bellatrix, cumpliendo por fin con la misión que se les había encomendado.