Hola! Bueno, espero que no se hayan desesperado mucho, aquí está el 15. Ahora sólo voy a agradecer a Andromeda, a Sara Morgan Blacky a Celestanapor sus comentarios. GRACIAS! arrocillo!

Escrito por aego y por leyno, con la colaboración especial de aolelc

Capítulo 15.

Un inesperado reencuentro

–¡Me muero de hambre! –exclamó Ron, sentándose en una de las pequeñas mesas redondas que se habían colocado en el Gran Comedor.

Las cuatro mesas habían dejado de ser necesarias, pues no tenía ningún caso conservarlas si no había alumnos que las ocuparan, así que en su lugar, el Gran Comedor se había llenado con mesas redondas para doce personas, de manera que se pudieran sentar en donde quisieran. Ante el desagrado de Hermione, los horarios de las comidas se habían conservado igual, lo que quería decir que los elfos domésticos continuaban con sus deberes.

–¡Tú siempre te estás muriendo de hambre! –espetó Ginny con una carcajada.

Pero a decir verdad, todos estaban hambrientos, pues sin lugar a dudas, aquella mañana había sido extenuante. Después de haber regresado del Bosque Prohibido, todos habían vuelto al castillo, y los cuatro amigos se habían dedicado a ayudar a los sanadores en todo lo que podían (Liza se había ido con McGonagall). Aunque no era muy difícil lo que tenían que hacer, debían ser constantes (además, debían cuidarse de Peeves, el poltergeist); y fue por eso que no pudieron detenerse para tomar un desayuno rápido, y se habían visto obligados a esperar hasta la hora de la comida. Bajo esas circunstancias, era comprensible que Ron se muriera de hambre.

Colmaron sus platos de comida, y apenas habían comido dos bocados cuando Hermione dijo:

–Estoy pensando muy seriamente en ir a hablar con los elfos domésticos. No tienen razón alguna para continuar con sus deberes.

–Ni se te ocurra Hermione –le advirtió Ron con la boca llena–, déjalos vivir tranquilos.

–Además, ahora más que nunca necesitamos que los elfos continúen con sus deberes –razonó Ginny.

–Ya lo sé –repuso Hermione–. Pero por lo menos deben recibir un sueldo por ello. La profesora McGonagall tendría que pagarles.

–¿Por qué ella? –preguntó Ron dejando su tenedor con comida a medio camino.

–Bueno, técnicamente ella es la directora de Hogwarts –respondió Hermione–. Aunque no sé si su cargo sea válido dado que el colegio ya no funciona como tal.

–Tal vez los elfos ahora le pertenecen a Liza –dijo Harry sin darle mucha importancia.

–No creo –negó Hermione–. Los elfos no eran de Dumbledore, sino de Hogwarts. Ellos están dedicados a cumplir los mandatos del director en turno.

–Disculpen. –La voz de Liza se escuchó desde las puertas del Gran Comedor, poniendo fin al tema de los elfos domésticos–. ¿De casualidad no habrán visto a Neville por ahí?

–No –respondió Harry al tiempo que los otros negaban con la cabeza–. ¿Lo necesitas para algo en especial?

–Tengo que hablar con él sobre sus padres.

–¿Les pasó algo? –preguntó Hermione alarmada.

–No, ellos están bien –la tranquilizó de inmediato–. Pero lo que tengo que decirle a Neville podría hacer que ellos estuvieran mejor.

Nadie entendió muy bien lo que Liza había querido decir con ese comentario, pero antes de que pudieran preguntarle a qué se refería, la muchacha les dijo:

–Bueno, si llegan a ver a Neville por ahí¿pueden decirle que lo estamos esperando en el aula donde se encuentran sus padres?

–¿Qué te parece si mejor te ayudamos a buscarlo? –ofreció Hermione.

Harry y Ginny apoyaron la propuesta de Hermione, pero Ron emitió un leve gruñido de descontento. Si Liza aceptaba, tendrían que interrumpir la comida para buscar a Neville.

–No quisiera que dejaran a medias su comida –repuso Liza con una sonrisa.

–Eso no es problema –dijo Hermione, fulminando a Ron con una fugaz mirada asesina.

–De acuerdo –accedió Liza al fin.

Los cuatro amigos se levantaron de sus lugares y abandonaron el Gran Comedor junto con Liza. Para cubrir más espacio, cada uno tomó un camino por separado; el primero que encontrara a Neville, lo llevaría con sus padres.

Harry deambulaba por los pasillos, cavilando. Antes de internarse en el Bosque Prohibido, Liza había mencionado algo sobre tomar "medidas drásticas" con respecto a los padres de Neville, pero Harry aún no terminaba de comprender qué era lo que su prima pretendía. Estaba pensando en eso, cuando cayó en la cuenta de que aquella búsqueda podía ser muy sencilla; lo único que tenía que hacer era ir a la torre de Gryffindor y buscar a Neville en el mapa del merodeador. Rápidamente se encaminó a la torre, preguntándose por qué no había pensado antes en el mapa. Sacó desordenadamente sus cosas del baúl, hasta que finalmente tuvo el viejo pergamino en sus manos.

–"¡Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas!" –murmuró, dándole unos golpecitos con su varita.

Finas líneas se dibujaron en todo el pergamino, dando forma al castillo y sus pasadizos; y cientos de pequeñas motitas de tinta aparecieron aquí y allá, todas con un rótulo a un lado, en donde se leían los nombres de los que en esos momentos se encontraban en Hogwarts. Y ahí, parada en el séptimo piso, la motita de "Neville Longbottom" estaba dibujada.

Dobló el pergamino, lo guardó en sus ropas y se apresuró al séptimo piso. Tal y como había visto en el mapa, Neville estaba ahí, de pie frente a un tramo de pared, dándole la espalda al tapiz de Barrabás el chiflado, que le enseñaba ballet a unos trols. Ahí era donde aparecía la puerta de la Sala de los Menesteres.

–¿Neville? –lo llamó con cautela.

–Hola Harry –lo saludó sonriente.

–¿Estás bien?

–Sí. Solamente recordaba.

Ambos guardaron silencio. Harry sabía muy bien qué era lo que Neville recordaba: las reuniones del ED.

–Neville, Liza te está buscando –le dijo Harry sin rodeos.

–¿A mí?

–Sí. Dijo que fueras al aula donde están tus padres.

–¿Mis papás? –repitió asustado–. ¿Les pasó algo?

–No. Ella sólo quiere hablar contigo.

Neville lo miró con una profunda angustia, y al instante se encaminó al aula en donde los enfermos que padecían daños provocados por hechizos estaban instalados. Harry caminaba a su lado, sin hablar. Sacó el mapa del merodeador de entre sus ropas, y vio que la motita con el rótulo "Elizabeth Dumbledore" estaba de pie junto a "Augusta Longbottom", "Frank Longbottom" y "Alice Longbottom". El único que faltaba era Neville.

–Qué bueno que llegas Neville –dijo Liza cuando ambos muchachos irrumpieron en el aula–. Te esperábamos.

–¿Qué sucede? –preguntó Neville ansioso.

–Nada malo, no te preocupes. Lo único que quería era hablar contigo y tu abuela sobre tus padres aquí presentes. Yo puedo volverlos a la normalidad.

Aquellas palabras dejaron anonadados a Neville y a su abuela; incluso el mismo Harry se había quedado mudo, pues de sobra sabía que los señores Longbottom no tenían cura.

–¿Co-cómo que volverlos a la normalidad? –inquirió Neville atónito.

–Estoy segura que una familia como la de ustedes habrá escuchado alguna vez algo sobre la Palma de Godric¿estoy en lo cierto?

–Sí –confirmó la abuela de Neville–. Sí, claro. Todos en el mundo mágico han oído cosas sobre la Palma de Godric; pero no es más que un mito, una leyenda.

–No, mi querida señora, la Palma de Godric realmente existe. –Liza se descubrió su mano izquierda y la levantó para que pudieran verla. Las llamas azules envolvían su palma–. Y yo soy su portadora. Con la Palma de Godric podría entrar en las mentes de Frank y Alice y arreglarlo todo. Podría poner en orden sus recuerdos e incluso podría poner recuerdos de ustedes en las mentes de ellos para que estén enterados de lo que sucedió mientras estaban convalecientes. Claro que todo esto lo haré si ustedes así lo quieren, si no quieren no pienso obligarlos a…

–¿Estás bromeando? –la interrumpió Neville no pudiendo evitar que su voz temblara de emoción–. ¿Cuándo puedes empezar?

–Ahora mismo si así lo quieres –le respondió Liza con una sonrisa–, pero será un proceso largo.

–No importa –repuso la señora Longbottom–. ¿Necesitas algo?

–Sí. Necesito que usted se quede aquí para poder hacer una copia de algunos de sus recuerdos, e introducirlos en la mente de Frank y Alice.

–Claro –accedió la señora Longbottom–. Lo que sea para que estén bien.

–Una última cosa. Harry ¿podrías decirles a Ron, Hermione y Ginny que ya no es necesario que sigan buscando?

–Por supuesto, Liza. Lo haré en seguida.

Harry se giró y comenzó a avanzar hacia la puerta.

–¡Y dales las gracias de mi parte! –exclamó Liza cuando su primo ya estaba en el pasillo.

–¡Lo haré! –le contestó Harry.

Caminó a lo largo del corredor con paso decidido, pero antes de que alcanzara las escaleras, la voz de Neville lo llamó:

–¡Espera Harry, voy contigo!

Harry se detuvo y se volvió hacia su amigo.

–Pensé que te quedarías con tus papás.

–Liza cree que es mejor que esté con ustedes, y me dijo que me avisará en cuanto termine.

–Ya veo. Bueno, entonces vamos a buscar a los otros.

Y juntos continuaron hacia las escaleras.

–Cálmate Neville, Liza sabe lo que hace –dijo Hermione por enésima vez–. Todo va a salir bien.

–Lo sé –contestó Neville, estrujándose las manos y caminando de un lado a otro–, pero no puedo evitarlo.

Después de que los cinco amigos se habían reunido, habían decidido esperar por el aviso de Liza en la comodidad de la sala común. Los sanadores finalmente se habían organizado, y ya no eran necesarios tantos voluntarios.

–Creo que debería ir a ver –repuso Neville deteniéndose frente a sus amigos–. Ya es de noche y Liza no me ha llamado.

–Si te vas solamente interferirás con el trabajo de Liza –razonó Ginny.

–¡Ya lo sé! Es sólo que… –Y sin completar la frase, Neville se dejó caer en una de las sillas, con la cabeza entre las manos–. Ellos no me conocen. Tengo 17 años y ellos no saben nada de mí, y temo que cuando lo sepan no…

Se calló al instante. Los demás se miraron entre sí, sintiéndose muy incómodos.

–Eso no pasará Neville –le aseguró Harry–. Son tus padres.

Pero esas palabras no lograron que Neville cambiara su expresión de desconsuelo. Afortunadamente, ocurrió algo que distrajo a todos: Nick Casi Decapitado emergió del piso y los miró con una sonrisa.

–Me da mucho gusto verlos –dijo con cierta ternura–, pero me temo que no podemos hablar en estos momentos, justo ahora tengo una misión especial –agregó dándose importancia–. Liza me ha enviado, dice que Neville tiene que ir a la Sala de los Menesteres de inmediato.

Y Neville no esperó más instrucciones. Rápidamente abandonó la sala común.

–Gracias Sir Nicholas –dijo Hermione mientras Harry, Ron y Ginny salían tras Neville.

Prácticamente tuvieron que correr para alcanzar al muchacho, quien acortó la distancia que lo separaba del séptimo piso como si de una ráfaga se tratase. Cuando llegaron al séptimo piso, vieron que Liza aguardaba por ellos afuera de la Sala de los Menesteres.

–Muy bien Neville –dijo Liza cuando lo vio–, sí que fuiste rápido.

Y sin decir más, Liza entró a la habitación, con Neville detrás de ella. Harry, Ron, Hermione y Ginny, decidieron sin palabras que era mejor quedarse donde estaban (en el marco de la puerta). Los señores Longbottom estaban sentados de espaldas a la puerta, y la abuela de Neville estaba frente a ellos.

–Frank, Alice –los llamó Liza–. Aquí está.

Los señores Longbottom se voltearon hacia ella. Harry notó aliviado que sus rostros demacrados habían recuperado vida, como si hubieran rejuvenecido. Se veían tan cuerdos como cualquier persona.

–¿Neville? –dijo la señora Longbottom al borde del llanto.

No fue necesario que el muchacho respondiera. Madre e hijo se abrazaron como nunca lo habían hecho. Era una escena bastante emotiva. Liza avanzó rápidamente hacia la puerta.

–Dejémoslos solos por un rato –dijo al tiempo que cerraba la puerta.

–¿Están bien? –preguntó Ginny curiosa.

–Completamente. Fue un trabajo duro, pero logré reconstruir sus vidas con éxito. Ahora si me disculpan, bajaré a las cocinas a comer un poco.

–Podemos acompañarte si quieres –sugirió Harry prontamente.

Los demás apoyaron la sugerencia.

–Claro –contestó Liza con una sonrisa–. Me gusta comer acompañada.

Y sin decir más, el pequeño grupo se dirigió hacia las cocinas del colegio. Después de hacerle cosquillas a la pera del retrato del frutero gigante, entraron a la enorme aula. Estaba muy similar a como Harry la recordaba, la única diferencia era que, al igual que en el Gran Comedor, las cuatro largas mesas habían sido sustituidas por un centenar de mesas pequeñas, acordes a las que se encontraban arriba.

En cuanto pusieron un pie en la cocina, se vieron rodeados por los pequeños elfos domésticos, que les ofrecían comida, gustosos.

–¡Harry Potter! –Un elfo que usaba un suéter y muchos gorros tejidos se abrió paso por entre sus dadivosos compañeros–. ¡Harry Potter ha venido a visitar a Dobby!

–En realidad Dobby, nosotros venimos a… –Harry iba a aclararle la verdadera razón de su visita, pero Liza habló antes de que él terminara.

–Sí Dobby, Harry vino a visitarte y a comer un poco.

Al instante, los elfos colmaron de comida cinco platos y los colocaron en una de las mesas cercanas a la puerta, pero justo cuando todos estaban a punto de sentarse, Fred y George irrumpieron en la cocina.

–Te dije que estarían aquí –le dijo Fred a su gemelo.

–Hermione, arriba hay alguien que quiere verte –informó George.

–¿A mí¿Quién?

–Tus papás –aclaró Fred.

–¿Qué? –Y sin decir más, Hermione abandonó la cocina corriendo.

–Por cierto, mamá quiere hablar con ustedes dos –agregó George dirigiéndose a Ron y Ginny.

–¿Ahora? –preguntaron los dos al mismo tiempo.

–Ahora –respondieron los gemelos al unísono.

Con gran pesadez, Ron y Ginny salieron de la cocina, con los gemelos detrás de ellos, pero antes de que Fred se fuera, Harry vio claramente como el muchacho había posado sus ojos en Liza con una expresión extraña en el rostro. Ambos primos quedaron solos, cenando en silencio, mientras los elfos los llenaban de atenciones.

–La amas mucho¿verdad? –inquirió Liza después de un rato.

–Sí. –Harry contestó sin reflexionar, pero al instante se dio cuenta de lo que había dicho, y corrigió–¿A quién?

–No es necesario que finjas conmigo Harry –dijo Liza sonriendo.

Harry suspiró y luego le preguntó:

–¿Cómo lo sabes?

–Harry, tal vez estoy casi ciega, pero no soy estúpida. Cualquiera puede darse cuenta de que no puedes vivir sin Ginny.

Harry se ruborizó ligeramente. Él había supuesto que estaba manejando la situación muy bien.

–¿Por cuánto tiempo más pretendes continuar así Harry?

–¿Así cómo?

–Lejos de Ginny¿por qué lo haces?

Harry conocía muy bien la respuesta, pues internamente se la había repetido una y otra vez, pero en aquel momento, siendo su prima quien se lo preguntaba, su mente se quedó totalmente en blanco. Pero entonces lo recordó:

–Es por el bien de Ginny.

–Pues yo creo que ella se encuentra bien –repuso Liza.

–No se trata de eso –refutó Harry–. No quiero que Voldemort se entere de lo que siento por Ginny, porque entonces ella sería su siguiente víctima.

Liza dejó de comer y lo miró fijamente.

–Harry ¿de verdad piensas que para estos momentos, él no lo sabe ya? –le preguntó con paciencia–. ¿Acaso te has olvidado de que antes de ser mortífago, Draco Malfoy fue tu compañero en el colegio? Existen muchas probabilidades de que él se enterara de tus sentimientos por Ginny. Además, no debes olvidar que también está Snape –agregó con desprecio–. Él es extremadamente bueno en Oclumancia, y por consiguiente, también lo es en Legeremancia. Fácilmente pudo haber visto dentro de tu mente en alguno de los castigos que cumpliste con él.

Harry escuchó todo aquello en silencio, y entonces cayó en la cuenta de que Liza tenía razón. Sin importar cuánto tiempo se había mantenido distante con Ginny, y cuánto tiempo pretendía continuar así, todo había sido y sería en vano. Voldemort ya sabía, no le cabía la menor duda; y si aún no había hecho nada, era porque la Orden había mejorado sus medidas de seguridad. O tal vez no había hecho nada porque no le había resultado conveniente. No aún.

–¿Qué crees que debería hacer? –le preguntó en un murmullo.

–Creo que deberías dejar de tener miedo a amar. Tus papás no tuvieron miedo, y fueron felices. Tú debes de ser feliz con Ginny todo el tiempo que puedas, de lo contrario, te arrepentirás por el resto de tu vida.

–No es tan simple –refutó Harry.

–¡Claro que lo es! Tú la amas, ella te ama; ¿sabes cuán difícil es que eso pase? Hay quienes nunca llegan a experimentar eso. Veme a mí, por ejemplo. Cuando Fred y yo estábamos en el desván del cuartel de la Orden, y tú llegaste a hablar conmigo, Fred me acababa de confesar ciertos sentimientos hacia mí. Me dijo que sería el hombre más feliz de la tierra si yo le decía que sí, que aceptaba intentar mantener una relación con él.

–¿Y qué le dijiste?

–Como estoy segura de que recuerdas Harry, nos interrumpiste. No le pude decir ni sí ni no, y desde entonces lo estoy pensando. Pero mi caso es diferente al tuyo, yo siento cariño por Fred, pero no lo amo; y no quiero darle falsas esperanzas, no sería justo después de que él se sinceró conmigo. Aunque creo que no debería dar un veredicto tan prematuro; después de todo, durante 17 años yo no tuve contacto con nadie más que mi padre.

Harry la miró sin saber qué decirle. Él era el menos indicado para darle un consejo de ese tipo (la experta era Hermione), sobre todo, considerando que acababa de darse cuenta de que estaba cometiendo un gran error con Ginny. Aún en silencio, volvió la vista a su plato y continuó cenando.

–Harry¿puedo preguntarte algo? Es sobre un tema completamente diferente.

–Claro.

–¿Qué encontraron mi padre y tú en esa cueva?

Harry había temido esa conversación desde que Liza y él se habían vuelto tan unidos.

–Encontramos un "Horcrux" falso. El guardapelo de Voldemort. Por supuesto, nosotros no sabíamos que era falso, así que tu papá hizo lo que sabía que se tenía que hacer, y poco a poco se fue debilitando frente a mis ojos. Por eso no pudo defenderse de…

No dijo más. Todo aquello aún resultaba abrumador.

–¿Cómo te diste cuenta de que el "Horcrux" era falso? –preguntó Liza fijando sus ojos vacíos en Harry.

–Bueno, viéndolo de cerca, el guardapelo era considerablemente más pequeño, y no tenía la marca de Slytherin. Además, en su interior había una nota que confirmaba que era falso.

–¿Una nota¿Y qué decía?

Harry buscó entre sus ropas y sacó el "Horcrux" falso; lo abrió y desdobló el trozo de pergamino que estaba en su interior. A continuación, leyó en voz alta:

–"Para el Señor Tenebroso. Ya sé que moriré mucho antes de que lea esto, pero quiero que sepa que fui yo quien descubrió su secreto. He robado el "Horcrux" auténtico y lo destruiré en cuanto pueda. Afrontaré la muerte con la esperanza de que, cuando encuentre la horma de su zapato, volverá a ser mortal. R.A.B.".

En cuanto terminó de leer posó sus ojos en Liza, quien tenía la mirada perdida en el frente, y movía los labios sin pronunciar palabra alguna. Harry notó que su prima estaba repitiendo las iniciales "R.A.B.". Entonces, y sin previo aviso, Liza se puso en pie intempestivamente.

–¿Qué pasa? –preguntó Harry alarmado.

–Tenemos que ir a esa cueva Harry. Ahora mismo.