Hola!

Bueno, bueno. Sé que les dije que sólo me iba a tardar unos días en poner el nuevo capítulo, y esos días se convirtieron en semanas, pero como sea, lo prometido es deuda y aquí está mi capítulo (sí, sé lo que están pensando; "¡Finalmente!"). Ya lo saben, espero ansiosa sus comentarios. NO SE LES OLVIDE OPINAR! Gracias.

arrocillo!

Escrito por aego y por leyno.

Capítulo 18.

Un abandono no sabido

–Es bueno saber que los problemas entre ustedes ya se solucionaron –dijo Ron dirigiéndose a Harry y a Ginny.

–En realidad nunca hubo problemas –explicó Harry–. Sólo habíamos decidido esperar.

–¿Habíamos? –repitió Ginny con una sonrisa–. Si mal no recuerdo, fue algo que decidiste tú y que yo respeté.

–Bueno, hay algo de verdad en eso –admitió Harry, mientras todos se echaban a reír.

–¿Entonces tus papás se quedarán aquí? –le preguntó Ginny a Hermione.

–Sí. Dicen que nada les alegraría más que poder ayudarnos. Aunque sinceramente no hay mucho que puedan hacer, considerando que los pacientes que cuidamos sufren males causados por magia; pero de cualquier forma me alegra tenerlos aquí. Además, trajeron a Crookshanks con ellos, ya lo tenía muy descuidado.

–Lo mismo me pasa a mí con Arnold –comentó Ginny–, con todo lo que estamos viviendo es muy difícil cuidar a las mascotas.

–Por eso es mejor tener una lechuza –aseguró Ron–, ellas no necesitan de tantos cuidados.

–Y tú tienes que dar gracias por eso Ron –dijo Ginny–, porque de no ser así Pigwidgeon ya no estaría en este mundo, considerando lo atento que eres con ella.

Ron se puso rojo hasta las orejas, mientras los demás reían alegres. Después de la agitada mañana que habían tenido con la inesperada visita del ministro de Magia, todos habían vuelto para continuar con su desayuno (excepto Liza, quien se había perdido de vista acompañando a una furiosa profesora McGonagall), y los cuatro amigos ya se habían encargado de poner a Luna al tanto sobre todo lo que habían hecho como miembros activos de la Orden del Fénix. También le habían explicado todo lo relacionado con la Palma de Godric y con Liza Dumbledore.

–¿Y dónde está Neville? –preguntó Luna, con su usual aire de ensoñación–. Dijeron que él también estaba aquí.

–Supongo que estará con sus padres –respondió Harry.

–Aún estoy realmente sorprendida por lo que hizo Liza con los papás de Neville– comentó Hermione–. Fue algo extraordinario.

–Ya lo creo que sí –concordó Ginny–. Y también creo que Neville se merecía lo que Liza hizo por él.

Todos estuvieron de acuerdo con ella, sobre todo Harry, quien conocía perfectamente la historia de Neville, y también sabía cómo la misma profecía que lo había marcado como el idóneo para vencer a Voldemort, también había marcado en cierto modo a Neville, señalándolo como lo que pudo hacer sido, y sin embargo, no fue. Harry pensó en sus propios padres, y volvió a concluir que lo que Neville había vivido día tras día era más doloroso que aquello por lo que él tenía que pasar. Al menos, Harry siempre había tenido la certeza de que sus padres estaban muertos, en cambio, su amigo había tenido que vivir sabiendo que sus papás estaban encerrados en San Mungo, y que nunca lo podrían reconocer. Y ahora, todo era diferente, gracias a Liza.

–¿Neville ya sabe que tienen a esos mortífagos encerrados aquí? –preguntó Luna súbitamente.

–No creo que sea conveniente que lo sepa –respondió Hermione–. Bellatrix Lestrange torturó a sus padres hasta la locura, y aunque ellos ya están bien, un odio como eso no se desvanece de un día para otro.

–Pero tarde o temprano tendrá que enterarse –replicó Ron–. Si se va a quedar aquí junto con sus papás, tienen que saber que tenemos rehenes.

–¿Harry¿Te encuentras bien? –inquirió Ginny observando a Harry–. Estás muy callado.

–No es nada –repuso el muchacho al instante.

–¿No es nada? –repitió Ginny–. Sí, claro.

–Dilo de una vez Harry –ordenó Hermione–. ¿En qué estás pensando?

Harry los miró a todos de uno por uno, y después de un breve instante de silencio y un suspiro de resignación, dijo:

–Estaba pensando en nuestros rehenes.

–¿Qué con ellos? –cuestionó Ron.

–Bueno, sabemos, gracias al recuerdo que Liza y yo encontramos en el fondo de aquel lago, que Rina Blair se llevó el "Horcrux" verdadero…

–Rina Blair es la madre de Liza¿verdad? –interrumpió Luna.

–Sí –confirmó Harry, después continuó–: lo que no sabemos es si logró destruirlo o no.

–Sigo sin entender qué tiene que ver todo eso con los dos mortífagos –replicó Ron.

–¿No se dan cuenta? –preguntó Harry significativamente–. Seguramente Rina fue a buscar el "Horcrux" antes de acudir a Dumbledore para pedirle ayuda; y si fue así, lo más probable es que Voldemort mandara a algunos de sus servidores a buscarla y matarla.

Cuando Harry terminó de exponer su teoría, guardó un poco de silencio, mientras sus amigos digerían todo lo que acababa de decir.

–Pero Harry –dijo Ginny finalmente–¿tú crees que ellos saben algo sobre Rina?

–La verdad sí lo creo –respondió Harry.

–A mí no me parece tan probable –comentó Hermione–. Quiero decir, la única manera de que los mortífagos tuvieran información de Rina sería que ellos la hubieran encontrado antes de que llegara con Dumbledore, y eso no puede ser, pues ella no habría sobrevivido a ese ataque.

Harry meditó unos instantes y luego dijo:

–Puede que tengas razón Hermione, pero vale la pena intentar.

–¿Intentar qué Harry? –cuestionó Ron–. ¿Qué es lo que quieres hacer?

–Voy a preguntarle directamente a Pettigrew y a Lestrange.

–Ellos no te van a decir nada Harry –repuso Ginny–, aun cuando tengan información, no te dirán ni una palabra.

Harry no refutó aquello. Sabía que Ginny tenía razón, sus rehenes no tenían por qué responder a sus preguntas. Y entonces una idea surgió súbitamente.

–Tienen razón –concedió viéndolos a todos–. Tal vez Bellatrix Lestrange no me dirá ni una sola palabra, pero Peter Pettigrew es un caso diferente. Por miedo es capaz de todo, hasta de decirme aquello que no tiene permitido.

Los demás lo miraron resignados.

–Ya lo has decidido¿verdad Harry? –preguntó Luna en un tono inusualmente serio en su voz–. Irás a interrogar a los mortífagos.

–Sí –confirmó Harry–. No tienen que venir conmigo si no quieren, yo los interrogaré solo.

–Claro que no –negó Ginny–. Te acompañamos¿no es así?

Ron, Hermione y Luna asintieron prontamente.

–¿Le avisarás a Liza? –inquirió Hermione con calma.

–No –respondió el muchacho–. Es mejor que no lo sepa, pues como tú misma dijiste: es posible que ellos no me den la información que quiero.

–Bueno –dijo Ron, levantándose de su asiento–¿entonces qué esperamos? Vamos ya.

Todos se pusieron en pie y salieron del Gran Comedor con paso decidido, dirigiéndose a donde los dos mortífagos estaban encerrados: las mazmorras. No se encontraron con nadie en todo el camino, lo cual fue un alivio, pues no tuvieron que dar explicaciones a nadie.

–¿Saben en cuál mazmorra están? –preguntó Luna rompiendo el silencio.

Harry se detuvo abruptamente y se giró hacia sus amigos. Él no lo sabía y no fue necesario que su ignorancia con respecto al tema de la ubicación de los rehenes se expresara con palabras, aquel silencio fue más elocuente que un discurso de tres pergaminos de dos metros.

–Hay que ver en cada mazmorra entonces –indicó Hermione, y comenzó a avanzar hacia la puerta que estaba más próxima.

Nada. La mazmorra estaba vacía. Probaron con la siguiente, y tuvieron la misma suerte. Así continuaron hasta que llegaron a la última puerta, tras la cual, lógicamente, estaban Bellatrix y Colagusano. La puerta había sido sellada, pero Hermione no tardó nada en abrirla.

–¡Vaya, vaya! –exclamó Bellatrix en cuanto los cinco amigos irrumpieron en el aula–. Los pequeños han venido a cobrar venganza¿no es así?

Harry apretó los puños ante aquella burla, y le dirigió una fría mirada a la mujer que yacía frente a él, sentada y amarrada con magia. Pettigrew estaba sentado a la izquierda de la bruja, y de igual forma amarrado.

–No es venganza lo que venimos a buscar –replicó Harry conteniendo la ira, mientras Hermione se encargaba de sellar la puerta nuevamente–. Lo que queremos son respuestas.

–¡Un examen! –dijo Bellatrix con sorna–. ¡Me temo que no estudié!

–¿Qué saben sobre Rina Blair? –cuestionó Ginny sin rodeos.

–¡Oh! Ahora entiendo –dijo la mortífaga con una cínica sonrisa–. Ella no sabe nada¿verdad? No tiene información sobre su madre.

Harry, al igual que sus amigos, guardó silencio. Aunque aquella mujer tenía la razón, no le iban a dar la satisfacción de escucharlo.

–Era de esperarse –argumentó la bruja–. Dumbledore no le dijo nada a esa muchacha. No le habló sobre la clase de madre que tenía. ¡Una asesina¡Una asesina igual que nosotros!

–¡Pettigrew! –bramó Harry, ignorando a Bellatrix–. Después de que Rina desertó de los mortífagos¿Voldemort los envió a buscarla?

Pero Pettigrew no le contestó, ni siquiera lo miró. Tenía la vista perdida en algún punto de la pared frente a él, y contrario a lo usual, estaba bastante sereno.

–¡Contesta! –ordenó Harry avanzando hacia él y zarandeándolo–. ¿La buscaron¿La encontraron¡Habla!

–¡Pobre idiota! –espetó Bellatrix riendo estruendosamente–. ¿De verdad creíste que te diríamos eso? A la única persona a la que se lo diría sería a la misma hija de Rina, y no por hacerle un favor¡sino para ver la expresión de su rostro al saber la verdad!

En ese preciso momento, la puerta se abrió estrepitosamente, provocando un violento sobresalto en todos. Liza entró al instante.

–Me alegra escuchar eso –dijo la joven con calma–, estoy realmente interesada en conocer esa verdad de la que hablas.

Harry, Ron, Hermione, Ginny y Luna se miraron nerviosamente los unos a los otros, esperando el momento en que Liza estallara contra ellos por estar ahí sin el consentimiento de nadie. Pero esa reprimenda nunca llegó.

–¡Tú! –exclamó Bellatrix ante Liza, con el rostro contorsionado por la ira–. Te crees muy poderosa, pero ya verás cuando el Señor Tenebroso los mate a todos uno por uno…

–Si yo fuera tú sería más cuidadosa con lo que digo –la interrumpió Liza–. No olvides que es por nosotros que ustedes dos aún están con vida. Los hemos protegido de Voldemort.

–¿Protegido? –repitió Bellatrix con visible desconcierto.

–Así es. ¿O acaso pensaste que él estaría muy contento contigo después de todo lo que nos dijiste? Él te va a cazar hasta matarte.

–¡Yo no les dije nada! –estalló la mortífaga agitándose sobre la silla–. ¡Tú sacaste esa información de mi cabeza!

–Cierto. Pero eso no es lo que le vamos a decir a Voldemort¿verdad chicos?

Harry no entendía muy bien a qué se refería Liza, y parecía que los demás tampoco, pero decidieron que era mejor seguirle la corriente y afirmar con convicción.

–Nosotros le vamos a decir a tu querido amo que tú, la que se llamaba la más leal de sus vasallos, lo traicionaste por resentimiento; y después te vamos a abandonar para que Voldemort te cace y te mate.

–Eres igual a tu madre –le escupió Bellatrix con desprecio.

–¿En serio? Sabes, hay quien se atrevería a jurar que soy igual a mi padre –le respondió la muchacha con una sonrisa socarrona–. Bueno chicos¿qué les parece si nos sentamos? Esto va a ser muy interesante.

Y con una elegante floritura con su varita, hizo aparecer seis sillas, una de las cuales (la del centro) estaba colocada de manera opuesta a las otras (mientras las cinco sillas tenían el respaldo en dirección hacia la puerta, la sexta silla lo tenía en dirección a los rehenes). Todos ocuparon sus respectivos asientos (Liza al centro con sus brazos apoyados en el respaldo) frente a los prisioneros.

–Bien Bella, según pude oír, dijiste que a la única persona a la que le dirías la verdad sobre Rina Blair era a mí, así que comienza a hablar.

Y justo como había dicho, la mujer habló:

–Cuando tú madre se fue, él se enfureció tanto que nos mandó a todos a buscarla. No la encontramos, pero sabíamos que estaba con Dumbledore; él era el único capaz de esconderla de nosotros. Y después de un año de búsqueda, hartos de perseguir un recuerdo, ella apareció. Al menos un rastro de ella.

–¿Un año? –repitió Harry y observó a Liza, quien se había puesto pálida–. Pensé que habías dicho que tu madre había muerto después de darte a luz.

–Eso creí yo –replicó Liza con un hilo de voz–. Aunque ahora que lo pienso, mi padre nunca confirmó o negó mis conjeturas.

–¡Claro! Ahora todo cuadra –dijo Bellatrix, más que para los otros, para sí misma–. Rina estuvo con Dumbledore hasta que te dio a luz y después se fue. ¿Y sabes por qué Dumbledore nunca te dijo nada sobre eso¡Porque no quería que supieras que habías sido tan insignificante que hasta tu propia madre te había abandonado a los pocos días de nacida!

Liza no respondió ante aquel insulto. Al parecer estaba demasiado absorta en sus monstruos internos, como para prestar atención a las insinuaciones de aquella mujer.

–Pero entonces –dijo Harry después de asegurarse de que nadie iba a hablar–. ¿Rina aún está con vida?

–No Potter –respondió Bellatrix con una expresión de infinita satisfacción–. Rina fue encontrada y asesinada por el mismísimo Señor Tenebroso, cinco años después de que ella decidió darles la espalda a su amo y a sus hermanos los mortífagos.

Después de decir esas palabras, la mujer calló. Se veía bastante satisfecha de haber escupido todo su veneno. Liza, por su parte, estaba pálida como la cera, y tenía una expresión en el rostro muy similar a la que tenía Colagusano, una expresión de estar presente, pero no estar realmente ahí.

–Por lo que veo, no pudiste tolerar la verdad –dijo Bellatrix con regocijo.

–¡Cállate! –ordenó Harry poniéndose amenazadoramente en pie y apuntando a la mujer con su varita.

–¿O qué? –lo retó la mortífaga.

–O te las verás con todos nosotros –dijo Ron poniéndose también en pie, listo para atacar. Hermione, Ginny y Luna hicieron lo mismo.

–Tranquilos –indicó Liza, levantándose–. No debemos recurrir a la violencia. Al menos, no todavía.

Los demás se mantuvieron en su posición de pelea al menos cinco segundos más, pero después bajaron sus varitas lentamente.

–He tolerado verdades peores –informó Liza, respondiendo al comentario insinuante de la mortífaga–. Verdades mucho peores.

–Ahora dime Bella¿en qué lugar, Voldemort mató a mi madre?

–Descúbrelo –respondió Bellatrix sonriendo.

Pero, y Harry lo sabía, aquel momento no era el ideal para hacer ese tipo de comentarios, pues Liza estaba demasiado alterada; y su paciencia, puesta a prueba, había alcanzado finalmente su límite. La muchacha se quitó su guante negro e introdujo violentamente su palma izquierda en la cabeza de la mujer, hurgando en ella por un rato.

–Tú no sabes nada –dijo Liza cuando finalmente hubo sacado su palma flameante–. No tienes ni la más mínima idea de dónde fue asesinada mi madre. Al parecer, Voldemort no te consideró digna de saber esa información –agregó mientras volvía a cubrirse su mano.

Bellatrix enloqueció ante aquel comentario, y comenzó a agitarse violentamente en su silla, pero ya nadie le prestaba atención. Todas las miradas se habían dirigido a Colagusano.

–¿Ha estado así desde que ustedes entraron? –inquirió Liza con calma.

–Sí –respondió Hermione–. Si me preguntan a mí, creo que está hechizado.

Liza se inclinó hacia él y clavó sus ojos blancos en los ojos de él. Después, con una media sonrisa, se volvió hacia Bellatrix.

–Ingenioso –dijo la muchacha, ampliando su sonrisa–. Muy ingenioso. ¿Cuándo lo hiciste¿Cuando te trajeron a esta mazmorra?

Bellatrix la observó atentamente, y después contestó:

–Sí. Cuando me trajeron aquí logré hacerme de una de las varitas de esos ineptos y, antes de que me la quitaran, lancé la maldición. Nadie se dio cuenta de nada.

–Era de esperarse. Todos estaban más preocupados en encerrarlos.

–¿Qué sucede Liza? –cuestionó Harry.

–Hermione tiene razón. Pettigrew está hechizado; bajo la maldición imperius para ser precisa. Por eso está tan tranquilo.

–¡Claro! –exclamó Hermione–. Tiene todos los síntomas.

Liza anuló la maldición sin necesidad de pronunciar el contra-hechizo, y al instante, Pettigrew comenzó a hacer su usual acto de gelatina sobre la silla, viéndolos a todos nerviosamente. Con voz temblorosa, dijo:

–¿Qué…

–No te preocupes –lo interrumpió Liza–. No te vamos a hacer daño. Sólo queremos unas cuantas respuestas.

–¿Re-respuestas¿Sobre qué?

–¿Tú sabes en dónde fue asesinada Rina Blair? –preguntó Harry sin rodeos, tratando de conservar la calma.

–¿Rina¿Yo? No, yo no se nada.

–Mientes –sentenció Harry con desprecio.

–¡No! Es la verdad –se defendió el hombre, temblando de pies a cabeza–. ¡Yo no sé nada sobre eso!

–Liza, creo que tienes que hacer uso de la Palma –indicó Harry sin apartar la vista de Colagusano.

–No es necesario Harry –informó la muchacha tranquilamente–. Este hombre dice la verdad. Puedo saberlo por medio de la Legeremancia.

–¡No puede ser! –exclamó Ginny frustrada.

–¿Y ahora qué vamos a hacer? –preguntó Ron, no dirigiéndose a nadie en especial.

–Voldemort es el único que sabe lo que nosotros queremos saber –concluyó Hermione.

–Pero dudo que él esté mañana en San Mungo –comentó Harry.

–Por supuesto que no estará –confirmó Bellatrix–. Él se hará presente una vez que la Marca Tenebrosa esté sobre San Mungo. Quiere ver ese hospital destruido con sus propios ojos.

–¿Y si nosotros conjuramos la Marca Tenebrosa antes de que los mortífagos lo hagan? –sugirió Luna, quien hasta ese momento había permanecido callada.

Aquella sugerencia sonaba bastante descabellada, tanto, que incluso podría funcionar.

–Sí –dijo Liza pensativa–. Esa es una buena idea.

–Ustedes no pueden conjurar la Marca Tenebrosa –espetó Bellatrix.

–Dime Peter¿cómo se conjura la Marca Tenebrosa?

Pettigrew se convulsionaba involuntariamente sobre la silla.

–¡Contesta! –ordenó Harry exasperado.

–E-el conjuro… el co-conjuro…

–¡Habla de una vez! –gritó Harry perdiendo la paciencia.

–El conjuro no les servirá de nada –informó Bellatrix saboreando ese momento.

–¿Y por qué no? –inquirió Ginny con brusquedad.

–Porque solamente el Señor Tenebroso y sus mortífagos somos capaces de invocar la Marca. De nada les servirá saber el conjuro.

–Eso no es cierto –negó Luna, fijando sus grandes ojos azules en la mortífaga–. Liza puede invocar la Marca.

–¡Ninguno de ustedes puede! –dijo Bellatrix elevando la voz–. No importa cuán poderosos sean, simplemente no tienen lo que se necesita.

–Es ahí en donde tú te equivocas, y en donde Luna acierta –dijo Liza, y esta vez era ella quien saboreaba el momento. Se volvió hacia Colagusano, y le preguntó–¿Cuál es el hechizo?

–Bellatrix tiene razón –refutó Pettigrew en un susurro casi inaudible–. Ustedes no…

–No te preocupes por eso –lo interrumpió Liza–. Yo puedo conjurar la Marca, sólo necesito que me des la palabra.

–Pobre ilusa –dijo Bellatrix con lástima–. Ya te lo dije, ni siquiera tú eres capaz de invocar la Marca, y el hecho de que Dumbledore te haya educado no cambia eso.

–Tienes razón –concedió Liza–. El que Albus Dumbledore me haya educado no cambia en nada mi situación con respecto a la Marca; pero quizá el ser hija ilegítima de Voldemort me ayude.

–¿Qué? –dijeron ambos mortífagos al mismo tiempo.

–Así es. Su amo no es tan "casto y puro" como ustedes creían.

Harry vio con gran satisfacción que aquella revelación había dejado anonadados a ambos prisioneros.

–Así que dame la palabra que necesito –ordenó Liza amenazadoramente, volviéndose hacia Pettigrew–. Dime lo que quiero y te perdonaré la vida, por ahora.

Pettigrew balbuceó cosas sin sentido por unos cuantos instantes, pero después, finalmente accedió:

Morsmordre –dijo con un hilo de voz.

–¿Morsmordre? –repitió Liza.

En ese momento, Harry recordó que ya una vez él había escuchado aquel conjuro: en los Mundiales de quidditch, después de la revuelta que los mortífagos habían causado, Barty Crouch hijo había conjurado la Marca Tenebrosa estando a tan solo unos cuantos metros de distancia de donde él (Harry), Ron y Hermione se encontraban.

–No me estarás mintiendo ¿verdad Peter? –preguntó Liza incrédula–. No te conviene mentirme a mí.

–Ese es el conjuro –dijo Harry con aplomo–. Lo sé.

Liza fijó sus ojos blancos en Harry por unos instantes, y después dijo:

–Muy bien. Entonces ya no tenemos nada que hacer aquí.

Con otra floritura, Liza hizo que las sillas desaparecieran y, en silencio, las seis personas abandonaron aquella mazmorra, cerrando y sellando la puerta tras de sí.