Hola!

Antes que nada, quiero disculparme porque se supone que este capítulo debió de haber estado disponible el viernes, pero la verdad es que el trabajo no me dejó nada de tiempo para la historia. PERDÓN!

Y bueno, ahora quiero avisarles que voy a cambiar el modo de agradecerles. Normalmente ponía todos los nombres seguidos y si tenía que hacer algún comentario, lo ponía entre paréntesis; pero ahora, después de la propuesta que les hice,tengo que contestarles a todos, así que, a partir de hoy, responderé individualmente (seguramente muchos han de pensar que ya no tiene sentido que cambie mi modo de agradecer, pero la verdad es que si no lo hago así, estoy segura de que me voy a revolver mucho). Con la pena, pero les tengo que pedir un favorcito¿podrían leer todas las respuestas que escribí? Esque a todos les dije cosas importantes y si todos leen todo lo que contesté, entonces no se van a quedar con dudas. POR FAVOR!

Celestana: Bueno, primero lo primero: la palabra "ecuánime" está definida en el diccionario como "igualdad y constancia de ánimo" o "imparcialidad de juicio". Cuando en el capítulo digo que "continuó la profesora, visiblemente nerviosa, pero firme y ecuánime", quiero decir que, a pesar de que McGonagall estaba nerviosa o preocupada, estaba decidida a lo que iba a hacer y no cabía ninguna duda en su mente. Hay una constancia de ánimo y una igualdad. Ahora, con respecto a lo que me dijiste de Harry, lo sé, sé que el se veía como un niño estúpido al insistir e insistir, y no creas que eso me gusto mucho, pero la verdad es que yo necesitaba que Harry estuviera presente en esa conversación, en este capítulo verás por qué. Y por último, con respecto a la propuesta que les hice, creo que hubo una pequeña confusión; la historia sobre la que les hablé, no será un ff, sino que será un libro, un libro por elque mi hermano y yo lucharemos contra viento y marea para que se publique. Sin embargo, te tengo otra propuesta: si te parece bien, cuando el libro se publique (cruza los dedos porque así sea) yo te mando un mensaje a tu mail¿sí? Me respondes cuando me dejes tu opinión. Ahora sólo necesito que me digas qué palabra es la que quieres que utilice en la nueva historia. ESPERO TU RESPUESTA!

rochytrue: Hola y gracias. No sabes cómo me anima el saber que por lo menos en esta página sí hay quien se preocupa por darme una opinión. Con respecto a lo del apodo (dijiste que de tu parte no había ningún problema), sólo dime qué palabra quieres que sea y yo la anoto en mi lista. GRACIAS OTRA VEZ!

Bella Black 123: No. Gracias a ti por escribirme, no sabes cómo valoro tu opinión y la de todos mis lectores. En cuanto a lo del nombre, te explico que no precisamente tiene que ser tu nombre, puede ser un apodo, pero si tú quieres que utilicemos tu nombre, sólo dímelo y te anotamos con tu nombre (o de la manera como te gusta que te digan). ME RESPONDES CUANDO ME MANDES TU OPINIÓN!

TachiFk: La verdad yo tampoco me acuerdo si ya me habías escrito o no, pero GRACIAS! Bueno, tú no me dijiste nada sobre la propuesta que hice, así que no sé si la leíste o no. Si no la leíste, pásate por el cap.19 y léela, es muy importante para mí. Si sí la leíste y estás de acuerdo, entonces te pido que me digas qué palabra quieres que utilicemos para ti. GRACIAS!

-Andromeda HP-: GRACIAS, GRACIAS! (Son dos gracias: uno mío y otro de mi hermano) No sabes cómo me alegra el saber que después de 19 capítulos, aún tenemos "el toque". Aunque bueno, es gracias a ti y a todos los lectores que mi hermano y yo nos esforzamos por conservar ese toque, porque ustedes se merecen leer algo de calidad, algo que los atraiga y que los deje con la duda de qué pasará en el siguiente capítulo. Ya lo dije y lo vuelvo a decir: GRACIAS, GRACIAS! Ahora, con lo que dijiste sobre los apodos, de ninguna manera, el honor es todo nuestro. Y respondiendo a tu pregunta, no, no necesariamente tiene que ser de un lugar, mira, te voy a poner un ejemplo. La palabra "leyno", es una palabra que yo inventé y es un apodo que yo le puse a mi hermano (ese día no tenía nada más que hacer) y así se le quedó ya, así le digo yo. Pero como nosotros somos los autores de la historia, decidimos que leyno y aego van a ser nuestros seudónimos, entonces no los podemos usar como nombres de ciudades dentro de la historia. Piensa en una manera como te digan o como te gustaría que te dijeran, y cuando lo hayas decidido, me avisas para anotarte en la lista. No te preocupes, no hay prisa, aún hay "Harry Potter y la Palma de Godric" para rato. TE ESPERO!

MARKO Vinicio: Antes que nada, gracias por ese cumplidote, lo leí y sentí mariposas en el estómago.Pero bueno, tú tampoco me comentaste nada sobre la propuesta que les hice, así que te pido que pases a la respuesta que le escribí a TachiFky la leas. Es importante (disculpa por no ponerte lo que le puse a él, pero sería muy repetitivo si lo vuelvo a escribir todo) GRACIAS!

Eso es todo, y ahora, sin más preámbulos, aquí está el 20.

arrocillo!


Escrito por aego y por leyno

Capítulo 20.

La serpiente y el traidor

Sin embargo, la supuesta larga espera no fue tan larga como Harry había pensado, pues algo que ni él ni Liza habían previsto pasó: Nagini se lanzó sobre Liza y la mordió en el antebrazo izquierdo, provocando una profunda herida y la abrupta separación y caída de Voldemort y la joven. Liza gritó ante el inesperado dolor.

–¡Maldita serpiente! –bramó con rabia. Se zafó de los colmillos de la enorme víbora, apuntó al reptil con su varita y gritó–: ¡Avada Kedavra!

La inmensa serpiente cayó inerte, en toda su longitud y magnificencia.

–No importa –dijo Liza al tiempo que se ponía en pie, visiblemente cansada–. Ya había visto lo que necesitaba.

–¿Y qué era eso? –preguntó Voldemort con odio, aunque también se le percibía cansado.

–Un recuerdo tuyo que no está en tu cabeza. Lo escondiste en alguien más. Muy inteligente de tu parte. Pero el nombre de quien guarda tu secreto sí está en tu mente: Severus Snape. Tú ya no me sirves para nada más.

Liza le dio la espalda a Voldemort y comenzó a avanzar hacia la puerta, muy cerca de donde Harry se encontraba desilusionado. Harry estaba consciente de que su estado de desilusión no lo hacía incorpóreo, así que con el mayor sigilo se alejó de la puerta, para que Liza no lo sintiera. Fue por eso que el muchacho no vio venir lo que pasó a continuación: Voldemort se puso en pie rápidamente y sin pronunciar ni una sola palabra, atacó a la joven por la espalda, provocándole un terrible y profundo corte que le surcaba toda la espalda.

La joven se desplomó al instante, y comenzó a desangrarse a borbotones. Harry sabía que tenía que hacer algo, pero la mente se le había quedado completamente en blanco ante aquella escena, pues sabía de sobra que no podía abandonar su disfraz ya que, por mucho que le pesara, aquél no era el momento para que se enfrentara a Voldemort, puesto que aún no había cumplido con su misión, y si se arriesgaba a atacarlo estando desilusionado, Voldemort, al no tener a nadie más a quién atacar, mataría a Liza sin contemplaciones; pero por otro lado, si Harry no hacía nada, Liza inevitablemente moriría desangrada.

Preso de aquel dilema, Harry vio con impotencia cómo Voldemort recogía el anillo que minutos antes Liza le había arrojado y después avanzaba lentamente hacia la muchacha. Cuando llegó al lugar en donde la joven yacía, colocó una rodilla en el suelo y se inclinó hacia ella.

–Eres una muchacha muy audaz –le dijo en un susurro–; muy audaz, o muy estúpida. Nadie le da la espalda a lord Voldemort. Pensé que eso ya te había quedado claro.

–¿Por qué no me matas de una vez? –preguntó Liza con odio.

–Porque tu lugar no está en la muerte, y tampoco está con esos idiotas seguidores de Dumbledore. Tu lugar es conmigo. Únete a mí, y juntos reinaremos sobre el mundo mágico y el muggle.

–¿Por qué unirme a ti cuando yo puedo lograr eso por mi cuenta?

Voldemort rió ante la respuesta de Liza. Sin saber qué más hacer, Harry se acercó sigilosamente a ellos.

–Dices eso porque todavía no lo entiendes; aún no sabes la verdad.

–¿La verdad? –repitió Liza entrecortadamente–. ¿Qué verdad?

Voldemort se puso en pie y la miró intensamente.

–No voy a matarte –le dijo, sin responderle su pregunta y dejando caer el anillo que sujetaba justo frente al rostro de la joven–, voy a dejarte exactamente como estás ahora: desangrándote lentamente por esa herida, y con el veneno de Nagini corriendo por tus venas. Si sobrevives, será una prueba clara de que eres mi hija, y entonces serás digna de saber la verdad. Y después de que sepas la verdad, ya veremos qué es lo que decides hacer.

–¡Nunca me uniré a ti! –exclamó Liza con obstinación.

–Tú me perteneces, y si aún después de conocer la verdad no aceptas tu destino, entonces morirás. Yo mismo te mataré. Adiós niña.

Y sin decir más, Voldemort desapareció del lugar. A toda velocidad, Harry finalizó su estado de desilusión y, siendo visible nuevamente, se acercó precipitadamente a su prima. Se arrodilló a su lado. Los ojos blancos de la muchacha se fijaron al instante en él.

–¡Sabía que estabas aquí Harry! –le dijo con una lastimera alegría–. Ni siquiera tu ingenioso disfraz es capaz de ocultarte de mis ojos vacíos.

–No hables Liza. –Harry estaba realmente preocupado–. No gastes energías.

–Vete Harry –le ordenó la muchacha con firmeza–, dile a la Orden que no deje escapar a Snape. Lo necesitamos.

–No Liza –negó Harry, al tiempo que, con las manos, trataba de evaluar cuán profunda era la herida de Liza–. No te voy a dejar aquí sola. Además, ni siquiera sabemos si Snape está aquí.

–Harry…

–Escucha, sé que puedo cerrar tu herida…

–… Harry…

–… sólo necesito que me digas qué tengo que hacer…

–… Harry…

–… pero todo va a salir bien Liza, no te preocupes…

–… ¡Harry! –La muchacha aferró la muñeca de su primo y apretó con la poca fuerza que le quedaba–. Yo estoy bien, ahora vete.

–¡Pero Liza… tu palma!

Harry no había tardado nada en percatarse de que la mano con la que Liza lo estaba sujetando era la mano izquierda, la misma mano en donde segundos antes había estado encendida la Palma de Godric.

–No te preocupes Harry, tuve que volver mi mano a la normalidad para poder detenerte. Ahora escúchame, tienes que irte y atrapar a Snape; yo no soy importante, déjame y vete. Sé que él está aquí.

–Pero Liza…

–¡Haz lo que te digo, maldita sea¡Atrápalo vivo!

Harry miró a Liza con una infinita angustia, pero sabía que ella tenía razón: necesitaban a Snape; además, tenía el presentimiento de que si no hacía lo que su prima le pedía, lo único que ocasionaría sería alterarla y eso sólo la acercaría más a la muerte.

No teniendo opción, el muchacho se puso en pie y corrió hacia la puerta, precipitándose escaleras abajo. Llevaba la varita en alto y estaba listo para atacar en cualquier momento, sin embargo, no fue necesario que lo hiciera, pues al llegar a la quinta planta, se encontró con que ésta estaba completamente vacía. Aquello no le dio buena espina y estaba comenzando a pensar que cosas terribles debieron de haber ocurrido en su ausencia, pero entonces recordó que el plan de la Orden era acorralar a todos los mortífagos en la planta baja. Seguramente la Orden había cumplido con su cometido.

Ligeramente más tranquilo, aunque no sin aminorar el paso, Harry continuó con su carrera, sabiendo que en ese momento lo más importante era el tiempo que se tardara en llegar a la planta baja. Mientras menor fuera el tiempo, mayores serían sus posibilidades de buscar y atrapar a Snape.

Bajó y pasó por los siguientes pisos como un bólido, hasta que, en la primera planta, se detuvo abruptamente. Aquel piso no estaba vacío; Ojoloco Moody comandaba a un grupo de integrantes de la Orden que finalmente habían logrado acorralar a los mortífagos, y estos, al verse atrapados y derrotados, habían comenzado a descender a la planta baja a toda velocidad.

–¡Síganlos! –gritó Ojoloco–. ¡No dejen que escapen!

–¡Moody! –exclamó Harry.

–¡Potter¿Qué estás haciendo a…

–No hay tiempo para explicar. Dime¿has visto a Snape¿Está en San Mungo?

–¿Snape? –repitió Ojoloco y guardó un poco de silencio mientras recordaba–. ¡Sí! –dijo después de unos segundos–, él llegó a cargo del segundo grupo de mortífagos. Está abajo.

Pero para cuando el mago terminó de formular su oración, Harry ya estaba descendiendo por las escaleras a toda velocidad. Ya en la planta baja, el muchacho pudo ver cómo los mortífagos comenzaban a abandonar el edificio, ya fuera saliendo de él o desapareciendo. Miró a su alrededor y se sorprendió un poco al ver que no solamente la Orden del Fénix estaba ahuyentando a los enemigos, sino también todos los aurores del Ministerio de Magia, comandados por el mismísimo ministro de Magia, Rufus Scrimgeour. A decir verdad, Harry había pensado que Scrimgeour no cumpliría con lo que había dicho sobre ir a San Mungo, y sin embargo, allí estaba.

En ese momento Harry recordó que tenía que encontrar a Snape antes de que éste escapara, así que comenzó a buscar con desesperación, pero no lo encontró por ningún lado. Seguramente el muy cobarde ya había escapado. Y entonces (para alivio del muchacho), lo vio en un rincón de aquella planta, peleando arduamente contra la profesora McGonagall.

Sin tiempo que perder y haciendo uso de sus últimas fuerzas, Harry forzó a sus piernas a correr hacia donde la pelea se desarrollaba. Tenía que ayudar a McGonagall a evitar que Snape escapara. Pero antes de que el muchacho llegara al lugar de la pelea, la profesora McGonagall logró dejar inconsciente a Snape, y por ende, incapaz de huir.

Harry finalmente se sintió tranquilo, y sin siquiera percatarse de ello, aminoró la marcha. Ya no tenía sentido que se apresurara si alguien ya había conseguido atrapar a Snape. Y justo en ese instante, cuando Harry creía que todo había acabado, la profesora McGonagall levantó su varita amenazadoramente y apuntó al mago que yacía frente a ella. Iba a matar a Snape.

–¡No profesora! –gritó Harry volviendo a emprender la abandonada carrera.

Pero la mujer no lo escuchó. Continuó apuntando al hombre con la misma determinación y Harry pudo ver claramente que la bruja gesticulaba las palabras de la maldición asesina.

–¡NO! –Harry se abalanzó sobre la profesora, provocando que ambos cayeran dolorosamente.

–¡Potter¿¡Pero qué demonios te pasa?

–Escuche profesora, no puede matarlo. Lo necesitamos, él tiene la información que queremos.

–¿Cómo lo…

–Es una historia larga para contar en este momento, sólo hágame caso profesora, no lo mate.

La mujer lo vio en silencio durante unos segundos, y Harry concluyó que la bruja pensaba en si debía hacerle caso o no.

–De acuerdo Potter –accedió finalmente–. Pero me tendrás que explicar esto en cuanto lleguemos a Hogwarts.

–Lo haré profesora.

Ambos se pusieron en pie y miraron a su alrededor. Los mortífagos ya se habían ido, pero habían dejado atrás muchos heridos y algunos muertos.

–¡Llévense a todos los que estén con vida! –ordenó Scrimgeour.

Los aurores comenzaron a revisar aquí y allá, buscando sobrevivientes, y Harry sabía que si encontraban a Snape, se lo llevarían sin dudar y la Orden del Fénix no tendría oportunidad de interrogarlo. Con esta idea, el muchacho se volvió hacia la profesora.

–Lléveselo profesora –le dijo en un susurro.

La mujer lo vio en silencio, como si tratara de comprender qué era lo que Harry le había dicho.

–No Potter –contestó al fin, de igual forma en un susurro–. Llévatelo tú.

–Yo no puedo llevármelo. Si llegase a despertar yo no podría detenerlo. –Esa era la verdad, por mucho que le doliera.

McGonagall apretó los labios y miró fijamente a Snape y después a Harry. No parecía muy convencida de lo que el muchacho le pedía hacer.

–No podemos dejar que lo atrapen profesora, lléveselo. Moody se hará cargo de la situación, sólo lléveselo.

–Muy bien –accedió finalmente la mujer. Se inclinó sobre el cuerpo inerte de Snape, lo tomó del brazo derecho, y desapareció con él, rumbo a Hogwarts (el hechizo anti-aparición no había sido reestablecido, pues en caso de que se necesitara, la Orden debía tener un lugar a dónde enviar a los heridos en poco tiempo).

–¡Harry!

El muchacho se giró ante el sonido de su propio nombre. Ginny iba corriendo hacia él, y un poco más atrás, Ron y Hermione se acercaban.

–Harry. –La pelirroja le echó los brazos al cuello, abrazándolo fuertemente. Harry correspondió de igual manera. Se sentía realmente aliviado al ver que ni Ginny ni sus amigos estaban heridos de gravedad.

–¿Están bien? –les preguntó cuando se hubo separado de Ginny.

–Sí –respondió Ron.

–¿Y tú? –preguntó Hermione alarmada–. ¡Harry¡Estás cubierto de sangre!

Harry se miró las ropas. Era verdad, estaba cubierto de sangre, de la sangre de Liza. Como el muchacho no respondía, Ron insistió:

–¿Pero qué te…

–No es mi sangre –explicó Harry atolondradamente–. Escuchen, necesito que lleven ayuda a la azotea¿de acuerdo¡Rápido!

Y sin decir más, Harry reemprendió el camino de regreso a donde su prima estaba. Sentía su cuerpo ligeramente pesado por el cansancio, y cada uno de sus músculos estaba en tensión, pero no se detuvo ni un momento. Tenía que llegar con Liza, tenía que ayudarla. Así subió todas las plantas, consciente de que en aquel momento, la suerte de Liza dependía de cuán rápidos fueran sus amigos. Cuando finalmente llegó a la azotea, la angustia lo invadió.

Liza yacía exactamente de la misma manera como Harry la había dejado, a diferencia de que se había formado un charco de sangre a su alrededor. El muchacho se precipitó hacia la joven y se arrodilló a su lado. Liza estaba totalmente inconsciente. Harry no quería moverla, pues tenía miedo de lastimarla, pero si no lo hacía, su prima se ahogaría con su propia sangre. Con sumo cuidado, Harry rodeó el cuerpo inerte de la joven con ambos brazos y lentamente la volteó.

–Liza –la llamó preocupado, zarandeándola ligeramente–. Liza.

Pero Liza no respondió. Para alivio de Harry, la muchacha respiraba, aunque débilmente; además, estaba fría. No sabiendo qué más hacer, la abrazó, con la esperanza de que su temperatura corporal ayudara a nivelar la de Liza.

–¡Harry!

El muchacho se volvió. Remus Lupin corría hacia ellos, con el semblante preocupado. Detrás de él venían Tonks, Ron, Hermione y Ginny.

–¿Qué pasó? –preguntó Tonks asustada.

–Fue Voldemort –dijo Harry, mientras Lupin revisaba cuán grave era el estado de Liza.

–Tenemos que llevarla a Hogwarts –informó el licántropo–, y rápido.

Sin decir más, el hombre tomó en brazos a Liza, y desapareció con ella. Los demás hicieron lo mismo, excepto Harry, quien se quedó un poco más en esa desolada azotea. Dumbledore alguna vez le había dicho que pensaba que la serpiente de Voldemort, Nagini, era el sexto "Horcrux", y si él estaba en lo correcto, entonces Liza acababa de destruir otro "Horcrux", acercando a Harry un poco más a su meta. Sin embargo, aquella había sido una mera suposición de Dumbledore, nunca se había comprobado si tenía razón.

Harry miró a la serpiente inerte y pensó que, tal vez, si Nagini realmente había sido un "Horcrux", algún vestigio de magia debía de haber quedado en el cuerpo del animal. Resuelto, el muchacho recogió a la serpiente y se preparó para desaparecer; fue entonces cuando vio el anillo de Voldemort en el suelo. Desde que conocía a Liza, siempre había visto ese anillo en su mano. Nunca se lo quitaba, y Harry había llegado a pensar que, de alguna forma, Liza recordaba a su padre, a Albus Dumbledore, al usar ese anillo. Después de todo, el anciano director casi había perdido su brazo derecho para obtener esa joya. El valor sentimental que el anillo representaba para Liza era incomparable. No muy convencido, Harry recogió el anillo, se lo guardó en las ropas, y desapareció.

Una vez en el Gran Comedor de Hogwarts, Harry se dispuso a seguir a sus amigos que ya se habían adelantado, pero en ese momento alguien lo llamó:

–¡Harry!

El muchacho se volteó y vio que Luna y Neville se apresuraban hacia él.

–¡Harry¿Qué pasó? –preguntó Luna angustiada.

–El profesor Lupin apareció con Liza en brazos y se fue sin decir palabra –explicó Neville–. Y después Ron, Hermione, Ginny y Tonks también aparecieron y lo siguieron, sin detenerse para decirnos qué fue lo que pasó.

–Liza se veía muy mal –comentó Luna con su sinceridad característica, haciendo que Harry se preocupara aún más–. ¿Qué fue lo que le pasó?

–No se los puedo explicar ahora –replicó Harry atropelladamente–. Me tengo que ir. ¿Podrían cuidar esto? –cuestionó, poniendo a los pies de sus dos amigos a la enorme serpiente, y sin esperar respuesta, corrió hacia la enfermería.

Desde antes de la batalla se les había informado a todos que la enfermería se mantendría desocupada y lista para recibir a aquellos que hubieran sido heridos o maldecidos, para que de esa forma no hubiera confusión ni desorden; y Harry realmente había tenido la esperanza de que ninguno de sus amigos necesitaría los cuidados de la señora Pomfrey, pero después de todo, siempre hay algo que tiende a salir mal en los grandes planes.

Cuando finalmente llegó a su meta, vio a Ginny, Ron, Hermione y Tonks parados frente a las puertas cerradas del aula. No sabía si lo habían estado esperando ahí o si habían entrado y la señora Pomfrey los había obligado a salir; pero cualquiera que fuera la respuesta, él abrió las puertas violentamente y buscó con premura a su alrededor. Había bastantes heridos, aunque no de gravedad. Y ahí, en el final de la enorme aula, Liza yacía en una cama, con la señora Pomfrey y Lupin trabajando sobre su espalda.

–¿Cómo está? –preguntó Harry acercándose a la cama.

Lupin levantó la mirada, caminó hacia el muchacho, le rodeó los hombros con un brazo, y lo condujo de vuelta a la salida.

–Escucha Harry –le dijo mientras avanzaban–. Liza está muy delicada; perdió mucha sangre y la mordida que tiene en el brazo podría ser venenosa…

–Es venenosa –informó Harry al instante.

–Entonces es aún más importante que nos dejes trabajar¿de acuerdo?

Habían llegado a la puerta. El licántropo regresó al fondo de la enfermería y Tonks fue con él, sellando la puerta tras de sí, y dejando a los cuatro amigos en silencio, mirando la entrada del aula con una infinita impotencia.

–Es mejor que nos vayamos Harry –indicó Ginny–. Por ahora no hay nada que podamos hacer.

Harry observó a sus amigos. Sin duda se veían preocupados, pero también se veían agotados y extenuados, así que pensando en ellos, Harry accedió y lentamente se alejaron de la enfermería con el propósito de descansar un poco. Sin embargo, descansar no estaba en sus destinos. Inconscientemente sus pies los condujeron por el camino hacia el Gran Comedor, y antes de que llegaran a la enorme aula, Neville y Luna salieron a su encuentro (Luna estaba cargando la serpiente que Harry les había encargado).

–¿Están bien? –inquirió Luna preocupada.

–Sí –respondió Hermione observando inquisitivamente a Nagini–. Aunque no se puede decir lo mismo de Liza.

–¿Qué fue lo que le pasó? –preguntó Neville.

–Harry es quien conoce la historia –informó Ginny.

Todos los ojos se posaron en el muchacho.

–Vamos al Gran Comedor –indicó Harry–. Ahí les contaré todo. Luna, ya me puedes devolver eso.

La joven le devolvió al enorme animal. Ginny comenzó a formular la pregunta que todos querían saber:

–Harry¿esa serpiente…

–Eso también se los contaré en el Gran Comedor –la interrumpió Harry al instante–. Vamos.

Así lo hicieron, y una vez sentados a una de las mesas del Gran Comedor, comenzó con el relato.

–Así que es por eso que trajiste esa serpiente –concluyó Ginny una vez que Harry hubo terminado de hablar.

–Tenemos que comprobar si realmente era un "Horcrux" –complementó Hermione.

–Exacto –confirmó Harry.

Hubo un poco de silencio, y luego Ron cuestionó:

–¿Pero entonces Liza no consiguió el recuerdo que necesitábamos?

–No. Voldemort ya lo había sacado de su cabeza y lo había puesto en otra –respondió Harry–. Lo puso en la mente de Snape.

–El encantamiento Fidelio –comentó Hermione pensativa.

–Supongo que sí –dijo el muchacho encogiéndose de hombros–. No se me ocurre otra forma en que Voldemort se haya desecho de ese recuerdo.

–¿Y Liza está muy grave? –preguntó Luna con los ojos muy abiertos.

–Lupin dijo que estaba muy delicada –contestó Harry.

–Pero todo va a salir bien –aseguró Ginny–. Ella se recuperará, ya verás.

Harry asintió por inercia, pues sabía muy bien que no podía hacerse falsas ilusiones.

–¿Y la batalla? –inquirió Neville–. ¿Cómo les fue?

–Pensamos que nos llamarían, pero no lo hicieron –dijo Luna un poco decepcionada–. Fawkes nunca se movió de su lugar.

–La profesora McGonagall estuvo a punto de llamar a Fawkes para que avisara a todos los refuerzos –contó Hermione–; un segundo grupo de mortífagos había aparecido y ellos nos ganaban en número.

–¿Y entonces por qué no nos llamaron? –inquirió Neville.

–Porque todo el Cuartel General de Aurores del Ministerio de Magia se hizo presente –respondió Ron–. La verdad, yo había pensado que Rufus Scrimgeour no cumpliría con lo que había dicho, pero hasta él mismo estuvo en la batalla.

–Odio admitirlo, pero nos ayudaron bastante –dijo Ginny–. Incluso Percy ayudó, aunque sigue siendo un idiota.

–¿Percy estuvo ahí? –preguntó Harry un poco sorprendido.

–Sí –confirmó Ron–. Llegó junto con Scrimgeour, y como ya es costumbre en él, no nos dirigió la palabra, ni siquiera nos miró.

–No es más que un imbécil –dijo Ginny con rabia.

–Pero Harry, dijiste que la profesora McGonagall había traído a Snape a Hogwarts¿verdad? –cuestionó Hermione, tratando de cambiar el tema de conversación.

–Sí –afirmó el muchacho–, y antes de desaparecer, también me dijo que en cuanto llegáramos a Hogwarts, tendría que explicarle por qué necesitamos a Snape, y creo que es un poco extraño que aún no me haya buscado para que le explique todo.

Fue como si las palabras de Harry hubieran sido un conjuro o una invocación, porque justo en ese momento, la profesora McGonagall cruzó las puertas del Gran Comedor, acompañada de Ojoloco Moody y de Horace Slughorn.

–Muy bien Potter –le dijo en cuanto sus ojos se posaron en él–. Ahora me vas a explicar la razón por la que, según tú, necesitamos a Snape.

–¿Y él dónde está? –preguntó Harry interesado–. ¿Está bien vigilado?

–No te preocupes por eso muchacho –dijo Ojoloco–, él está tan bien vigilado que cuando despierte se sentirá cohibido.

Harry asintió un poco más tranquilo. Al menos, ya no tenía que preocuparse porque Snape lograra escapar. Ahora lo único que le preocupaba era el estado de su prima.

–Bueno Harry. –Slughorn lo sacó de sus pensamientos–. ¿Qué te parece si nos cuentas qué fue lo que pasó?

Harry observó en silencio a los tres magos que lo miraban expectantes, y finalmente dijo:

–Sí, sí. Les contaré qué pasó.