Hola!
Antes que nada, tengo que ofrecerles la disculpa más grande del mundo. Ahora sí se me fue la mano. PERDÓN! Sé que debí de haber puesto este capítulo hace como dos semanas, pero la verdad es que no tuve tiempo. PERDÓN! Quiero que sepan que comprenderé si no me mandan opiniones para este capítulo, eso es lo que me merezco.
Y bueno, antes de comenzar con los agradecimientos, me gustaría aclarar una cosita, ya van como dos o tres personas que me piden que las agregue a mi messeger, y ya lo hice, pero como esas personas se habrán dado cuenta, el mail que ocupo para mi messenger es El mail de también es mío, y con ése estoy registrada en esta página, de hecho ésa es la única función de ese mail, normalmente yo no lo frecuento y no lo uso para el messenger, es también por eso que cuando me envían una respuesta personal a ese mail yo ni me entero, así que por eso les aviso, y de esta manera los que me quieran agregar como contacto a su messenger, ya saben cuál dirección es la que tienen que utilizar.
Ahora sí, los agradecimientos.
Bella Black 123: GRACIAS POR TU COMENTARIO! Sí, yo también estoy de acuerdo, Liza es una persona complicada, y me alegro que alguien más haya captado ese detalle. En cuanto a lo de tu apodo, ya te anoté en nuestra lista, y falta que mi hermano la cheque, pero no te apures, si se nos ocurre algo aparte de las opciones que nos diste, nosotros te avisamos. GRACIAS!
-Andromeda HP-: No te preocupes por que no me pudiste dejar comentario, con el que pusiste en el capítulo 20 me conformo. Tienes razón, yo tampoco le hubiera dado la espalda a Voldemort, pero sólo Liza sabe por qué hace las cosas. Con respecto a lo de Nagini, en este capítulo te enterarás de la verdad tras esa serpiente. También aquí sabrás más cosas sobre la suerte de Liza, espero sinceramente que te guste el capítulo. Con respecto a lo de tus apodos, ya los anoté en la lista. GRACIAS POR TODO!
rochy true: PERDÓN POR LA TARDANZA! Te juro que se me cae la cara de vergüenza. Pero bueno, lo hecho, hecho está. Gracias por tu opinión, como siempre, me encanta saber lo que mis lectores piensan. Sobre lo de tu apodo, ya fuiste anotada en la lista como Alup. GRACIAS POR LA CONFIANZA DE DARNOS ALGO TAN IMPORTANTE PARA TI! De verdad, no sabes lo honrada que me siento. GRACIAS!
Sara Morgan Black: No, lo siento, no me llegó tu mail. Lo que pasa es que normalmente yo no checo ese mail, y para cuando tú me dijiste que me habías mandado un mensaje personal, mi cuenta había sido temporalmente suspendida. Si quieres mandarme un mail personal, envíamelo a Ese es mi mail cotidiano. Ahora, te aviso que ya fuiste anotada en la lista como Atersomnum, mi hermano y yo te agradecemos tu confianza. GRACIAS! Y otra vez te doy las gracias por tu comentario y por la felicitación, es bueno saber que hay alguien que cree que todos los capítulos son buenos, incluso los más aburridos. GRACIAS!
MARKO Vinicio: GRACIAS POR TU COMENTARIO! Aunque corto, fuiste directo al grano, y me alegraste el día. Lo del apodo ya lo comentamos y ya te anoté con el nombre que me dijiste. MUCHAS GRACIAS!
Celestana: No te apures por la tardanza, ahora yo me tardé más, y por eso me disculpo. Parece que te dejé con muchas dudas, pero no te preocupes, en este capítulo te respondo unas cuantas. Con respecto a lo de tu nombre, mi hermano y yo pedimos apodos o palabras significativas para ustedes, y si Baal Alba Celestana Senoremo es significativo para ti de principio a fin, entonces así será como se utilizará en nuestra historia. Gracias por darnos el permiso de usar algo tan importante para ti. GRACIAS!
Ya, aquí está finalmente el capítulo.
arrocillo!
Escrito por aego y por leyno
Capítulo 21.
Comienza el quebrantamiento
–¿Entonces la serpiente sí era o no un "Horcrux", profesor? –preguntó Harry por cuarta vez.
Después de que el muchacho había terminado de explicarles todo a McGonagall, Slughorn y Moody; el profesor de Pociones, sin tiempo que perder, se había dado a la tarea de averiguar si quedaba algún vestigio mágico en Nagini. Harry no podía evitar hacer la misma pregunta una y otra vez.
–¿Profesor¿Era o no un "Horcrux"?
Después de aproximadamente un minuto de silencio, Slughorn respondió al fin:
–Sí. Esta serpiente efectivamente era un "Horcrux". Hiciste bien en traerla contigo Harry.
–¿Está seguro de que era un "Horcrux", profesor? –inquirió Hermione con sutileza.
Todos los ojos se posaron en ella, y la muchacha comenzó a explicar prontamente:
–Bueno, piénsenlo: el anillo, el guardapelo y la copa estaban bien protegidos; ¿cómo es posible que Voldemort no haya pensado en proteger a su serpiente también?
–Por el mismo motivo por el que no protegió a su diario –contestó Harry pensativo–. Voldemort dejó ese diario en manos de Lucius Malfoy, creyendo que con él estaría a salvo. Seguramente también pensó que nadie se atrevería a hacerle daño a su serpiente, puesto que siempre estaba con él.
–Potter tiene razón –apoyó Moody con firmeza–. Esa creencia de superioridad es característica de Voldemort.
Hermione asintió y luego dijo:
–Tienen razón.
Hubo un momento de silencio en el que todos parecieron asimilar su nueva situación. Harry sintió una considerable disminución en el peso que llevaba sobre sus hombros. Ya solamente les quedaba encontrar un "Horcrux" más, y después… después habría llegado la hora de enfrentarse a Voldemort.
–Bueno Harry –habló Slughorn, rompiendo el silencio–, nos estamos acercando a la meta.
–Sí –confirmó Harry–, pero creo que encontrar el último "Horcrux" será difícil, más difícil incluso que los otros.
–Hace falta algo de Gryffindor o de Ravenclaw¿verdad? –preguntó Ginny pensativa.
–Sí –contestó Harry– eso sin contar el dichoso guardapelo que no sabemos dónde está; y en cuanto a lo de Gryffindor o Ravenclaw, la pregunta es¿qué?
–Tal vez Severus Snape también sepa eso –sugirió Luna con tranquilidad.
Los demás la observaron atónitos.
–Sí, él era el hombre de confianza de Voldemort –concordó Hermione–. Es muy probable que él sepa qué es el último "Horcrux".
–Entonces creo que ahora tenemos más cosas que preguntarle a ése –comentó Ron con desprecio, sin importarle que McGonagall, Slughorn y Moody estuvieran ahí.
Harry estaba de acuerdo con su amigo, y estaba a punto de sugerir que convocaran en ese preciso instante a toda la Orden para una reunión de emergencia, y de esa manera poder interrogar a Snape sin miramientos, pero justo en ese momento, Lupin y Tonks entraron al Gran Comedor.
Todo pensamiento sobre Voldemort y sus "Horcruxes" quedó relegado en la mente de Harry, quien al ver a los dos magos entrar, no pudo evitar ir hacia ellos y abordarlos con preguntas sobre el estado de Liza:
–¿Cómo está Liza? Lograron salvarla¿verdad¿Se pondrá bien¿Puedo verla¿Cuánto tardará en salir de la enfer…
–Harry, Harry –lo interrumpió Lupin con una sonrisa comprensiva–. Ella está bien. Tienes que agradecerle a la señora Pomfrey, no descuidó ningún detalle al curar a Liza.
–¿Estaba muy grave Remus? –preguntó McGonagall con el ceño fruncido.
–Vaya que lo estaba –respondió el mago–. Pero llegamos justo a tiempo y la señora Pomfrey aún pudo ayudarla.
–Aunque también tuvo mucho que ver la fortaleza de Liza –comentó Tonks–. Aun estando inconsciente, su cuerpo se negaba a rendirse ante el veneno de serpiente que circulaba por sus venas. Es la misma terquedad que he visto en alguien más –agregó la muchacha, dirigiéndole una mirada significativa a Harry.
–¿Puedo verla? –cuestionó Harry ya más tranquilo.
–Eso es mejor que se lo preguntes a la señora Pomfrey –contestó Lupin–. Ya sabes que ella decide quién entra y quién sale de su enfermería.
Harry se giró hacia sus amigos y los miró en silencio. Ellos habían estado muy preocupados por Liza, pero ahora que ella estaba fuera de peligro, Harry pensaba que lo más lógico era que él, siendo la única familia de Liza, fuera el primero en verla; además de que, en caso hipotético de que llegase a conseguir el permiso de la señora Pomfrey para poder ver a su prima, dicho permiso sólo sería para él, no para sus amigos, pero no quería parecer grosero con ellos y mucho menos quería que se sintieran desplazados u olvidados.
–Ve, Harry –le dijo Ginny, interpretando correctamente que el silencio en el que el muchacho se encontraba era causado por un dilema interno.
–Dile a Liza que esperamos que se recupere pronto –pidió Hermione.
–Pero¿y ustedes? –preguntó Harry viéndolos a todos.
–Nosotros vamos a aprovechar estos momentos de calma para descansar un poco –respondió Hermione.
–¡Buena falta nos hace! –agregó Ron con un suspiro.
Harry asintió, y sin esperar más, salió del Gran Comedor, dirigiéndose a la enfermería. La puerta de la enorme aula estaba abierta una vez más, y la señora Pomfrey estaba administrándole un humeante frasco de poción anaranjada a uno de los pacientes que estaba al comenzar la enfermería. Harry se aclaró ruidosamente la garganta. La enfermera lo miró y sin preámbulos se dirigió a él.
–Supongo que ya sabrás que Liza está fuera de peligro –le dijo plantándose frente a él, como si quisiera impedirle el paso en caso de que el muchacho se decidiera a entrar sin permiso.
–¿Puedo verla? –preguntó Harry sin rodeos.
La señora Pomfrey lo observó con detenimiento y después se giró para ver la cama que estaba justo al fondo del aula, la cama en donde Liza yacía. Guardó unos instantes de silencio, y después de lo que a Harry le pareció una eternidad, la bruja dijo:
–De acuerdo, pero antes tengo que advertirte una cosa: ella acaba de despertar, y aunque ya está bien, aún está débil. Si es posible, trata de que no se agite o se esfuerce¿entendido?
Harry asintió con convicción y después siguió a la enfermera hasta el final de aquel salón. Liza yacía bocabajo en la cama, con la espalda descubierta. Tenía las manos metidas debajo de la almohada, pero Harry pudo distinguir el guante negro que la joven siempre usaba. Eso sin duda quería decir que la Palma de Godric estaba encendida una vez más, dándole a Liza un poco de luz.
En la profunda herida que le surcaba la espalda, se le había untado una sustancia verdosa de aspecto baboso, que burbujeaba lentamente cada que se cumplía un minuto. A Harry le recordó un poco a la poción multijugos, sólo que lo que Liza tenía en la espalda no era tan espeso como aquella poción. La señora Pomfrey hizo aparece una silla y Harry se sentó con el mayor sigilo que le fue posible.
–¡Harry! –exclamó Liza en un susurro alegre, girando el rostro hacia el muchacho–, sabía que vendrías a verme.
–Voy a cerrar las cortinas para que tengan mayor privacidad –advirtió la señora Pomfrey antes de irse.
–Sí, gracias Poppy –dijo Liza sin moverse de la cama.
Harry observó a su prima en silencio, y aun cuando las cortinas estuvieron cerradas, el muchacho no dijo nada.
–Es asqueroso¿no es cierto? –comentó Liza con una sonrisa.
Su primo asintió, todavía guardando silencio.
–Pero¿sabes? –continuó Liza–, no importa cuán asqueroso se vea, no tienes ni una idea de lo bien que se siente.
–¿Cómo estás? –preguntó Harry finalmente, con un hilo de voz.
–Bueno, he estado mejor –respondió la muchacha–, pero dentro de lo que cabe, estoy bien.
–Yo debí de haber hecho algo –dijo Harry amargamente, externando al fin lo que lo carcomía por dentro–. Pude haber hecho algo para que Voldemort no te hiciera esto, pero no lo hice. Me quedé estático, sin saber qué hacer.
–¿Fue realmente eso Harry, o fue otra la razón por la que no hiciste nada?
Harry meditó unos instantes, tratando de encontrar la respuesta al planteamiento que Liza le acababa de presentar.
–No hice nada –comenzó a decir pensativo–, porque yo sabía, y aún sé, que todavía no es el momento para enfrentarme a Voldemort.
–Exacto Harry –concordó Liza, ampliando su sonrisa–. Yo, en lo personal, estoy muy orgullosa de ti por la determinación y sensatez que mostraste en San Mungo. Se requiere mucho coraje para hacer lo que tú hiciste.
–¡Pero pudiste haber muerto! –exclamó Harry sin dar crédito a lo que estaba escuchando.
–Esa nunca fue una posibilidad Harry –replicó la muchacha con seriedad–. Tú mismo lo oíste, Voldemort dijo que si yo sobrevivía a la herida que él mismo me había infligido, y al veneno de su mascota, ésa sería una prueba clara de mi legitimidad como su vástago, y es un hecho innegable que soy su hija. Sospecho que de una u otra forma yo hubiera sobrevivido, aunque claro, mi apariencia hubiera sido grotesca.
Harry sabía que ese último comentario de su prima había sido para aligerar la tensión en el ambiente, pero en lugar de relajarlo, lo que Liza había dicho le había llenado la cabeza de imágenes deformes y horrendas sobre ella.
–¿Sabes algo Harry? –dijo Liza pensativa–, no sé si fueron alucinaciones mías, o si Voldemort sólo habló de esa manera para convencerme de unirme a él, pero después de que me hizo esto, él se dirigió a mí como si yo fuera alguien importante; no me refiero a importante en un nivel emocional, todos sabemos que lo único que ese hombre puede sentir es odio o rabia, tal vez regocijo; a lo que yo me refiero es importante en sus planes. Como si yo tuviera algo qué hacer para él, algo vital. Aunque éstas sólo son conjeturas mías, nadie sabe lo que pasa por la cabeza de ese loco.
Harry no hizo comentario alguno. Era verdad, Voldemort le había hablado a Liza como si ella tuviera qué hacer algo importante para él, y ese detalle no había pasado desapercibido para el muchacho, y eso lo hacía preocuparse más por su prima.
–Estás muy callado Harry –opinó Liza–. Estoy consciente de que Poppy debió de haberte pedido que no me alteraras, pero no es para tanto. ¿Qué sentido tiene que vengas a verme si yo soy la única que habla?
Harry la miró sin saber qué decir y luego se encogió de hombros.
–¡Ah! Ya sé qué es lo que te tiene así –exclamó la muchacha de pronto, otra vez con su tono alegre–. Estás molesto porque ya no eres el único en la familia que tiene una cicatriz hecha por Voldemort.
Harry estuvo a punto de reprochar aquel comentario, pero Liza no se lo permitió, pues continuó hablando:
–No te preocupes, Harry. No hay razón para que te pongas celoso, no pienso robarme tu lugar, aunque, si debo decirlo yo misma, mi cicatriz es mejor que la tuya.
Aquella sentencia hizo que Harry soltara una carcajada limpia, acto que fue reprendido por la señora Pomfrey, quien amenazó con sacarlo de ahí.
–¿Ves lo que provocas? –reclamó el muchacho en un susurro, una vez que la enfermera se hubo marchado (después de que Harry le prometiera que aquello no volvería a ocurrir).
–Harry, Harry. No puedes culparme a mí por tus actos.
–Además, lo que dices es mentira –aseguró Harry–. Yo no tengo celos de ningún tipo.
–Sólo te estaba probando –dijo la muchacha, y ambos primos rieron por lo bajo.
Guardaron un poco de silencio, pero después Liza preguntó:
–¿Atrapaste a Snape?
Harry sabía que aquel cuestionamiento sería uno de los primeros que su prima le haría, y no se había equivocado.
–Sí. La profesora McGonagall lo trajo a Hogwarts.
–¿Y ya lo interrogaron?
–Aún no. Supongo que lo haremos hoy en la noche, o tal vez mañana.
Liza pareció meditar por unos instantes, y luego dijo:
–Escucha Harry, estoy segura de que voy a estar aquí por lo menos una semana, y aunque voy a hacer todo lo posible por salir antes, no puedo garantizarte nada; así que mejor voy a darte un consejo: no creas ni una palabra de lo que ese hombre diga. Es un cobarde, y puedes estar seguro de que por un lago rato, él les va a mentir, pero ésa no es razón para desesperar o abandonar; ya me has visto interrogar a los rehenes, diles a todos en la Orden que traten de seguir mi metodología para los interrogatorios.
–Tal vez yo sea la única portadora de la Palma de Godric, pero eso no significa que no puedan sacarle la verdad a ese traidor con otros métodos. Si es necesario, tortúrenlo un poco, pero sólo lo suficiente como para que sepa que su miserable vida depende de nosotros, de nada nos serviría si lo torturan hasta la locura.
Harry asintió, concordando con cada palabra que su prima había dicho.
–No te preocupes Liza, yo le diré todo esto a la Orden.
–Gracias Harry.
–Ya se terminó su tiempo –avisó la señora Pomfrey abriendo las cortinas.
–¿Tan pronto? –exclamó Liza decepcionada.
–Sabes que no debes agitarte ni esforzarte Liza –advirtió la enfermera–. Si quieres salir pronto de aquí, lo mejor es que descanses.
–De acuerdo –accedió Liza con un suspiro–. Vendrás a visitarme¿verdad Harry?
–Claro –respondió el muchacho, al tiempo que se ponía en pie–. Te vendré a ver todos los días.
–Y también trae a los demás. Me hará bien tener compañía.
La señora Pomfrey resopló ante aquel comentario, pero no dijo nada.
–Nos vemos luego Liza.
–Adiós Harry.
Y ya más tranquilo, Harry comenzó a avanzar hacia la salida, y entonces recordó lo que sus amigos le habían pedido que le dijera a Liza. Al instante, se giró hacia su prima y le dijo:
–Por cierto, Ron, Hermione, Neville, Luna y Ginny esperan que te recuperes pronto.
–Diles que no se preocupen –contestó Liza–. Con los cuidados de la señora Pomfrey estaré como nueva en unos cuantos días.
–Se los diré –aseguró Harry, y finalmente dejó la enfermería.
–No lo sé –replicó Hermione dubitativa y mirando a su alrededor–. ¿Creen que debamos hacer esto sin Liza?
–Ella dijo que así lo hiciéramos –dijo Ron–¿o no Harry?
–Sí. Eso fue lo que dijo.
Después de que Harry abandonó la enfermería, lo primero que hizo fue dirigirse al Gran Comedor y hablar con sus amigos sobre el consejo que Liza le había dado con respecto a Snape. Luego de haber discutido la cuestión por un rato, Hermione había llegado a la resolución de que la Orden del Fénix debía de estar al tanto del tema, y cuanto antes, mejor; pero justo en esos momentos, cuando ya todo estaba listo para el interrogatorio, ella ya no estaba tan segura.
–No sé –repitió Hermione–. No creo que logremos nada.
–Es posible –intervino Ginny–, pero de cualquier forma, los interrogatorios irán cansando a ese tipo, y eso le sirve a Liza¿no?
–Sí –afirmó Harry–. Para cuando ella salga de la enfermería Snape estará tan exhausto que Liza no tendrá que esforzarse por sacar el recuerdo que necesitamos de la mente de ese infeliz.
En ese preciso instante, Luna entró precipitadamente a la enorme aula.
–Ya vienen –les informó muy seria–. Neville me dijo que ya lo traen.
–¿Y dónde está Neville? –preguntó Hermione.
–Fue por sus papás. Según me dijo, ellos quieren estar presentes en el interrogatorio.
–Mejor –comentó Harry–. Mientras más aurores, mayor presión se ejercerá sobre Snape.
De pronto, todos los magos y brujas que se encontraban en el Gran Comedor comenzaron a tomar asiento en el círculo de sillas que se había colocado. Harry, Ginny, Ron, Hermione y Luna hicieron lo mismo (la silla alta correspondiente al director permaneció vacía, pues ese era el lugar que ocupaba Liza, y el hecho de que en esos momentos ella estuviera ausente, no era razón suficiente como para ocupar su lugar). El momento había llegado, tenían que tratar por todos los medios que Snape hablara. Neville y su familia fueron los últimos en sentarse, y justo detrás de ellos, Remus Lupin, Alastor Moody, Horace Slughorn y Hagrid entraron escoltando a Severus Snape.
El mortífago fue sentado y amarrado a una silla que estaba en el centro del círculo. Se le veía calmado e impertérrito, incluso relajado. Harry no pudo evitar que la ira lo invadiera, y que el odio se mezclara con su sangre y corriera libremente por sus venas. Quería torturar a ese hombre; quería hacerle pagar todos y cada uno de los crímenes que había cometido, quería que sufriera hasta el último aliento, y después quería matarlo. Pero en aquel momento, lo que más importaba era obtener la información que necesitaban, así que Harry debía controlarse.
–Severus Snape. –Fue la profesora McGonagall la que se levantó y se dirigió al mortífago–. ¿Sabes por qué estás aquí?
–Hay muchas respuestas a esa pregunta –contestó Snape cínicamente–. Aunque supongo que la más lógica es que quieren vengarse porque fui yo quien mató a Albus Dumbledore.
–Estás aquí –continuó la profesora como si aquel hombre no hubiera dicho nada– porque hay algo en tu cabeza que es de vital importancia para nosotros. Un recuerdo.
Harry había pensado que en el momento en que se hiciera mención del dichoso recuerdo de Voldemort, Snape mostraría estupefacción o sorpresa, pero no mostró ni una ni otra. Estaba tan impávido como al principio.
–Con que un recuerdo –dijo el mortífago en tono casual–. Deben saber que hay muchos recuerdos en mi cabeza, tendrán que ser más específicos.
–No es un recuerdo tuyo –informó Moody con desprecio, al tiempo que se ponía en pie y avanzaba hacia él–, es de Voldemort.
–¿Del Señor Tenebroso? –replicó Snape arqueando las cejas, luego en su rostro se formó una sonrisa burlona–. Esto se pone interesante. ¿Y saben acaso sobre qué es ese recuerdo?
Snape había formulado esa pregunta de la misma manera en que solía formular las preguntas en sus clases, o al menos así le parecía a Harry. Era ese tipo de cuestionamiento impregnado de un sentimiento de superioridad, con desdén en cada palabra y despotismo de principio a fin.
–Sabes perfectamente que el recuerdo del que hablamos es sobre Rina Blair –contestó McGonagall sin rodeos, fulminándolo con la mirada.
Aquello sí sorprendió a Snape. Sus ojos se abrieron asombrados y su piel cetrina palideció aún más (si es que eso era posible). Obviamente no le había pasado por la cabeza que la Orden supiera sobre Rina.
–¿Cómo saben de ese recuerdo? –inquirió, esta vez realmente interesado.
–No eres tú quien hace las preguntas –informó Moody, en cuyo rostro cicatrizado se dibujó una sonrisa de satisfacción.
Snape abrió y cerró la boca consecutivas veces, como si intentara decir algo pero las palabras se ahogaran en su garganta y se perdieran en su boca.
–Sólo danos el recuerdo –indicó la profesora McGonagall–, y nosotros te prometemos que no habrá sufrimiento.
–¿De verdad pensaron que sería así de simple? –preguntó Snape socarronamente–¿que yo accedería a darles el recuerdo sólo para que no hubiera sufrimiento? El Señor Tenebroso confía en mí más que en ningún otro de sus vasallos, y yo prefiero morir antes que traicionarlo, antes que divulgar el secreto que tan celosamente ha guardado por tantos años. El Señor Tenebroso fue sabio al haberme hecho guardián de ese recuerdo, pues de mí nunca saldrá nada, ni una sola palabra.
Harry miró a su alrededor, y por alguna extraña razón no le pareció anormal que nadie estuviera sorprendido ante la reacción de Snape. Todos sabían que si querían ese recuerdo, tenían que trabajar duro para conseguirlo, y debían tener mucha paciencia para con ese hombre.
–Muy bien –dijo la profesora McGonagall después de un rato–. Horace, el suero.
Slughorn se puso en pie y le dio una pequeña botella a la bruja, quien, con ayuda de Moody, hizo que Snape se bebiera hasta la última gota. Era Veritaserum.
Harry sabía perfectamente que aquello no iba a funcionar y estaba seguro de que la Orden también lo sabía, pero tal y como Ginny había dicho, los interrogatorios, así como los métodos para sacarle a Snape el recuerdo, irían cansándolo, y eso le serviría a Liza. Tal vez para cuando ella saliera de la enfermería Snape estaría tan exhausto, que sería sólo cuestión de segundos para ver aquello que Voldemort se había empeñado tanto en ocultar.
–¿Qué hay en ese recuerdo? –preguntó McGonagall con firmeza.
–No lo sé –contestó el mortífago–, ustedes son los interesados, ustedes díganme.
Harry se acomodó en su silla. Iba a ser una noche larga, muy larga.
