Hola, hola!

Bueno. La verdad es que no recuerdo si era esta semana o la semana pasada cuando debía de haber puesto capítulo, pero como sea, aquí tienen el 22. Ahora, antes de pasar a los agradecimientos individuales, quiero hacer un agradecimiento general, y es que la verdad yo (aego) me esperaba que todos dijeran que el 21 había sido un capítulo aburrido y sin chiste, pues si he de ser sincera, a mí no me gustó. Es la primera vez que escribo un capítulo y que no me gustó ya terminado, pero supongo que es cierto que siempre hay una primera vez para todo. Y sin embargo, contrario a mis expectativas, sus comentarios fueron alentadores, y me animaron mis días. GRACIAS A TODOS!

Ahora sí, los agradecimientos individuales:

-Andromeda HP-: Te aclaro que fui yo (aego) quien dijo eso de los comentarios, y debo decir que tú tienes toda la razón, hasta el capítulo 21, yo no conocía muy bien a mis maravillosos lectores! Ahora, lo del momento final... todavía puede esperar. Lo de Harry en la enfermería, sí, aparte de que estaba preocupado por la salud de su prima, en un recoveco en su mente, aún estaba consternado por lo que Liza había dicho, y permanecía en silencio para no decir algo que después lo haría sentirse mal. Snape¿cómo puede ser tan cínico? Es exactamente lo mismo que yo me pregunto. Y pensar que a veces me da lástima, es exactamente lo mismo que yo reflexiono. Gracias a ti por escribirnos, y gracias por sacar los mínimos detalles, para mí es un desafío poder darte un agradecimiento que cubra todo lo que tú me escribes, pero hasta ahora, creo que no voy tan mal. MIL GRACIAS POR SER UNA LECTORA TAN MARAVILLOSA!

MaRkO vInIcIo: La verdad, a mí no me gustó nada cómo manejé todo, pero bueno, créeme que tu opinión es muy respetable, pues me hace sentir muy bien. Sí, lo sé, sé que los dejé en un suspenso terrible, pero espero que este capítulo lo compense un poco, aunque no creo, la verdad creo que va a haber más quejas que satisfacciones. Ahora, pasando a otro tema, la verdad me da mucha pena, pero no he podido avanzar con el ya sabes qué que me mandaste la última vez que nos encontramos en el messenger, pero te prometo que en cuanto memorice todo mi hiragana, me pongo en friega para avanzar a velocidad luz. GRACIAS POR TU COMENTARIO!

Nimue-Tarrazo: Gracias por lo de genial, realmente no me lo esperaba. Sobre lo de Snape, pagará, y con creces, no te preocupes. GRACIAS!

Celestana: Gracias, como ya dije arriba, no me esperaba este tipo de comentarios, pero¿quién soy yo para rechazarlos¿Quién soy yo para decir que no estoy de acuerdo con ustedes? Solamente soy una humilde escritora, que se esfuerza día con día por escribir algo de calidad, aunque no siempre lo logro. Con respecto a lo de Nagini, yo no había pensado en esa explicación, pero lo que tú dices tiene mucha lógica, la verdad, tiene muchísima lógica. Ahora, sobre los Longbottom, según yo, no sufren ningún trastorno al ver a un mortífago, lo que sí sienten es incomodidad al ver en práctica la maldición cruciatus. Después de todo, el mensajero carece de importancia, es el mensaje lo que en verdad importa. GRACIAS UNA VEZ MÁS!

Bella Black 123: Gracias por lo de demasiado bueno. Yo también me alegro de que Liza esté bien, aunque no sé si a la larga, eso será contraproducente. Sobre lo que Harry no preguntó, supones bien, aunque tienes toda la razón, Harry pudo haber sacado una respuesta de su prima en la enfermería, pues ése era el momento idóneo, pero la pregunta aquí es¿Harry hubiera creído lo que Liza le hubiera contestado? Ahora, sobre Snape, no te preocupes, alguien le sacará algo y será en este capítulo. GRACIAS OTRA VEZ!

dafri: Gracias, aquí está por fin el 22. MUCHAS GRACIAS!

Alohopotter: No creas que no leí tu comentario que está más abajo, pero preferí contestarte así porque de esta manera me explico mejor. Sobre lo de no cargarme a nadie más, no puedo prometerte nada. Lo siento. Sobre Voldy, en este capítulo se desvelará tu intriga. Gracias por tomarte la molestia de enviarme tu opinión, realmente aprecio la intención y me anima todo lo que me escriben. GRACIAS, GRACIAS!

rochy true: No te preocupes, probablemente en este capítulo ataré los cabos sueltos con respecto a lo que dijo Liza, al menos con un poco de lo que ella dijo. Lo de Snape, bueno¿qué se podía esperar de él? Gracias por la advertencia, pero, gracias a Dios, hasta ahorita no ha pasado nada. MUCHAS GRACIAS POR TU COMENTARIO!

Sara Morgan Black: Gracias por la reflexión de los capítulos aburridos, cuando lo leí no pude más que sonreír de satisfacción. La Palma de Godric. Bueno, en este capítulo no está precisamente en acción, pero por lo menos aparece. La respuesta a las dos preguntas que formulaste están en este capítulo, que espero te guste. GRACIAS UNA Y OTRA VEZ!

benjasast: Gracias, gracias. A mí también me gusta el papel de Liza, y realmente la voy a extrañar cuando todo termine. Pero mientras esto continúe, lo que me queda es disfrutar de todos sus comentarios. GRACIAS MIL!

Y bueno, ahora sí que me extendí, pero era necesario. Por último, quiero hacer un pequeño comentario personal:

El capítulo que están por leer, es quizá el que más he disfrutado escribir, es el que he escrito en menos tiempo, y es uno de los que he ansiado desde que la historia tomó forma en mi cabeza. Es verdad que sufrió algunas modificaciones desde entonces, pero la esencia sigue ahí, y eso es lo que importa. Espero de verdad que les guste tanto como me gustó a mí, y que disfruten leyéndolo tanto como yo disfruté escribiéndolo.

Sin nada más que decir, nos vemos en el siguiente capítulo.

arrocillo!


Escrito por aego y por leyno

Capítulo 22.

El sexto "Horcrux"

–¡No nos ha dicho nada! –exclamó Harry frustrado–. Lo hemos interrogado por cuatro días y no ha dicho nada¡ni una sola palabra!

–Pero los constantes cuestionamientos lo han ido debilitando poco a poco, y eso es algo¿verdad Liza? –preguntó Hermione.

–Sí, es algo –respondió la muchacha–, yo ya no tendré que trabajar tanto para quebrar sus barreras.

Harry, Ginny, Ron, Hermione, Luna, Neville y Liza se dirigían a los jardines de Hogwarts, compartiendo la frustración que Snape les provocaba. Liza le había avisado a Harry que saldría de la enfermería ese día, y justamente acababan de pasar por ella para después ir un rato al lago. En aquellos momentos no había mucho trabajo para la Orden, pues después del fracaso de San Mungo, los mortífagos no se habían atrevido a causar otro disturbio. Harry sabía que no querían darle otra oportunidad al Ministerio para atraparlos.

Y por consecuencia, a falta de cosas en qué ocupar la mente, lo único que preocupaba a la Orden era obtener el tan ansiado recuerdo, y finalmente resolver sus dudas. Esa era la razón principal por la que Liza había abandonado la enfermería antes de lo previsto, pues si bien era cierto que ya se había curado, la verdad era que la única forma de sacarle el recuerdo a Snape era con la Palma de Godric.

–Voldemort fue muy astuto al escoger a esa escoria como su guardián –comentó Liza cuando todos se sentaron a la orilla del lago–. Ese hombre preferiría morir antes que traicionar a su amo.

El odio se sentía en cada palabra que la muchacha había pronunciado. Harry ya había notado que cada vez que hablaban de Snape frente a Liza, el rostro de la joven se tornaba en una mueca de ira, y de sus ojos vacíos brotaba el mismo humo blanco que emanaba cuando hacía uso de la Palma de Godric. Y no era para menos; después de todo, ese hombre había asesinado a Albus Dumbledore, le había quitado la vida a su padre.

–¿Crees que ya estés lista para enfrentarte a él, Liza? –preguntó Neville sutilmente.

–No lo sé –respondió la joven–, tal vez no, pero no hay otra alternativa; sólo espero ser capaz de controlarme cuando esté frente a frente con él.

Hubo un poco de silencio que todos aprovecharon para meditar un rato. Harry miró el oscuro lago que se extendía frente a él. Su superficie estaba completamente en calma y en ella se reflejaban los oscuros nubarrones que cubrían el cielo. Era increíble pensar que años atrás, para esas fechas, ya habían celebrado Halloween en Hogwarts, y que las vacaciones decembrinas comenzaban a ser esperadas con ansia. Pero en esos momentos, con la guerra más que declarada y con la vigilancia constante de cada punto importante con potencial de ser atacado, todos los recuerdos felices parecían cada vez más lejanos. Era entonces cuando Harry se preguntaba cómo sería el mundo capaz de regresar a la normalidad, una vez que todo eso hubiese terminado, y en caso de que terminara para bien.

–¿Lo torturaron? –preguntó Liza de pronto, sobresaltando a todos.

Sobre aquello no se había hablado, pues Neville aún era muy susceptible al tema, pese a que ya había presenciado un par de veces cómo torturaban a Snape.

–Sí –respondió Harry.

–Pero sólo lo necesario –aclaró Ginny.

–Y ni aún así ha querido hablar –comentó Liza, con una extraña sonrisa–. Ya veremos si es tan fuerte conmigo.

Harry sabía que sin importar cuán fuerte fuera Snape, tarde o temprano cedería y Liza podría sacar el tan ansiado recuerdo, justo de la misma manera como había sucedido con Bellatrix, quien después de lo de San Mungo, se había vuelto muy dócil, tal vez por el temor que le inspiraba su amo. Al menos, eso era lo que Harry había escuchado decir a Moody; y aún no había podido comprobar semejante aseveración, pues ni él ni sus amigos habían regresado a visitar a los rehenes desde el día en que Liza los había pescado ahí, lo cual era toda una proeza, dado que debían mantener a Neville ocupado con otras cosas. El muchacho se había quedado sin habla cuando sus amigos le habían contado sobre los rehenes, tan solo dos días atrás, y desde ese entonces había intentado por todos los medios llegar hasta la mazmorra en que Bellatrix estaba encerrada, pero Harry, Ginny, Hermione, Ron y Luna se habían asegurado de nunca dejarlo solo. No podían permitir que cometiera alguna locura, considerando que todo a su tiempo tendría justicia.

–¡Aquí están! –dijeron las voces de Fred y George al unísono.

Los demás se giraron al instante y se pusieron en pie.

–Ya es hora –anunció George.

–¿Estás lista, Liza? –preguntó Fred, dirigiéndole una mirada bastante significativa que Harry no pasó por alto.

–Sí –respondió la muchacha con mucha seguridad en la voz, pero Harry sabía que sólo estaba fingiendo.

–Entonces vamos –indicaron los gemelos y comenzaron a andar el camino de regreso al castillo, rápidamente seguidos por los demás.

–Liza –dijo Harry sin moverse, justo cuando su prima había comenzado a caminar.

–¿Sí, Harry? –La muchacha se había detenido y se había vuelto hacia él.

–Tengo algo que es tuyo –le dijo, y sin rodeos, extendió su mano derecha y le mostró el anillo resquebrajado de Voldemort.

La muchacha observó la joya por unos segundos, y después la tomó lentamente.

–Así que tú lo tenías –dijo, con una ligera sonrisa–; pensé que lo había perdido.

–Después de que todos desaparecieron detrás de Lupin y de ti, lo vi tirado en el centro de la azotea –explicó al instante–. Siempre te vi usándolo, y pensé que te gustaría tenerlo de vuelta.

–Gracias Harry. –La muchacha se puso el anillo en el dedo corazón de su mano derecha–. No sabes lo que este anillo significa para mí.

Y después de eso, ambos primos se dieron prisa, ya que los demás les sacaban una ventaja considerable. Cuando llegaron al Gran Comedor, se apresuraron a tomar sus asientos, pues toda la Orden ya estaba sentada (excepto los encargados de escoltar a Snape de las mazmorras a la enorme aula). Harry se sentó con sus amigos cerca de los ventanales del lado derecho, mientras que Liza ocupó la silla alta del director.

Mientras el mortífago era llevado hasta ahí, Harry se dio el lujo de perderse en sus pensamientos. Aún no había hablado con Liza sobre lo que le había dicho a Voldemort cuando estaban en San Mungo, a pesar de que eso era algo que todavía lo perturbaba. Con el paso de los días, había intentado convencerse de que lo que su prima había dicho había sido una mera actuación, pero la verdad era que esa explicación no le bastaba. Todo había sido muy real, tal vez, demasiado real. De cualquier forma, si aún no le había dicho nada a Liza, era porque estaba consciente de que su prima todavía estaba un poco delicada, y no hubiera sido justo torturarla con preguntas. Además de que no se le había presentado la ocasión.

De pronto, el ligero murmullo que había reinado en el Gran Comedor cesó de repente, con la entrada de Lupin, Moody, Slughorn y Hagrid llevando a Snape. El mortífago fue atado a la que había pasado a ser su silla, pero esta vez de frente a la silla alta, de frente a Liza. Cuando todos estuvieron sentados, la muchacha se puso en pie. Harry notó asombrado que la sola presencia de Liza había causado una súbita expresión de sorpresa e incredulidad en el rostro de Snape. Tenía los ojos muy abiertos, como si no creyese que eso fuera verdad. Como si Liza fuera una especie de espejismo o alucinación.

La joven avanzó lentamente hacia el hombre demacrado, y ante la mirada atónita de todos, lo liberó de sus amarres. Harry se preparó para atacar en caso de que fuera necesario, aunque dudaba que lo fuera, ya que Snape no tenía su varita.

–Levántate –le ordenó Liza escuetamente.

El mago obedeció al instante, como si estuviera hipnotizado o bajo una especie de trance.

¡Crucio! –dijo la muchacha, apuntándolo con su varita.

Snape se desplomó en el piso, retorciéndose sin control.

–Liza –la llamó la profesora McGonagall con sutileza–, primero deberías intentar hacerle algunas preguntas. Nosotros ya lo hemos torturado bastante.

Pero la muchacha no escuchó, y no detuvo su agresión; simplemente se quedó tal y como estaba, con la varita y los ojos vacíos fijos en el hombre que se retorcía a sus pies.

–Liza. –Esta vez era Lupin quien le hablaba–. Ya fue suficiente.

Pero Liza no hizo caso, era como si no fuera capaz de escuchar a nadie.

–¡LIZA! –gritó Moody–. ¡YA BASTA!

Harry estaba aterrado y sorprendido. ¿Cómo era posible que su prima fuera capaz de semejante acto de crueldad? Snape comenzó a gritar de dolor, y en el rostro de Liza se dibujó una mueca de satisfacción; una mueca de felicidad sádica. Eso fue lo que le indicó a Harry que algo estaba mal. Sin que otra cosa mejor se le ocurriera, el muchacho hizo lo que nadie había pensado.

¡EXPELLIARMUS! –gritó apuntando a su prima, cuya varita voló al instante. Después, con el encantamiento convocador Harry logró hacerse de la varita de su prima. McGonagall puso fin a la maldición cruciatus.

Un tenso silencio cayó sobre el Gran Comedor, interrumpido solamente por los jadeos de Snape, quien yacía en el suelo incapaz de ponerse en pie.

–Ven Liza –indicó la profesora McGonagall, tomando por los hombros a la joven e intentando que la acompañara al aula que se encontraba detrás de donde había estado la mesa de los profesores.

Pero la muchacha, presa de la ira, logró zafarse y patear a Snape con furia, a falta de otra cosa mejor que hacer. Fue entonces cuando Hagrid se puso en pie, y sin problema alguno, levantó a Liza y la llevó en brazos hasta el aula que estaba dentro del Gran Comedor, pese a las múltiples quejas de la chica. Moody, McGonagall y los señores Weasley entraron detrás de ellos.

–¿Creen que esté bien? –preguntó Hermione en un murmullo, mientras Shacklebolt y Lupin volvían a amarrar a Snape a la silla.

–Eso es lo que se merece –sentenció Ron– aunque debo decir que a Liza se le pasó un poco la mano.

–No me refiero a él –corrigió Hermione–. Me refiero a Liza¿creen que esté bien?

–No –respondió Harry con rotundidad–, no está bien.

En ese preciso instante, la puerta del fondo se abrió y la señora Weasley se asomó por ahí.

–Frank, Alice¿pueden venir un momento? –les pidió con calma–. Liza quiere verlos. También ven tú, Harry.

El muchacho miró a sus amigos, quienes le devolvieron una mirada de incógnita, pero no dijeron nada. Harry se levantó y avanzó hacia la puerta, entrando al aula justo después de los Longbottom. Liza estaba sentada en un banco alto, y se cubría la boca y la nariz con ambas manos. Los demás estaban de pie a su alrededor, mirándola dubitativos.

–Lo siento mucho –dijo Liza angustiada, dirigiéndose a los padres de Neville–. Siento que hayan tenido que presenciar esto. No supe cómo controlarme.

–Cálmate, Liza –pidió Alice Longbottom maternalmente.

–Lo que importa es que dentro de unos minutos, cuando vuelvas a salir, estés tranquila –dijo Frank Longbottom con un tono comprensivo.

Liza asintió, respirando profundamente varias veces.

–¿Segura de que no quieres un té para calmarte? –preguntó la señora Weasley preocupada.

–No te preocupes Molly –respondió la muchacha–, estaré bien; sólo necesito un par de minutos.

–Entonces, los esperamos afuera –informó la profesora McGonagall, y salió al instante.

Los Longbottom fueron detrás de ella.

–Trata de que se calme Harry –pidió la señora Weasley antes de salir junto con su esposo.

–Lo haré –respondió el muchacho.

Moody salió después de ellos, pero antes de irse le dio unas palmadas a Harry en la espalda, como si estuviera brindándole su apoyo.

–¿Estarás bien, Liza? –cuestionó Hagrid, nervioso.

–Sí Hagrid. No te preocupes.

El guardabosques no se veía muy convencido, pero con un leve asentimiento y sin más que decir, salió del aula cerrando la puerta tras de sí. Harry avanzó hacia su prima y le devolvió su varita.

–Gracias, Harry –le dijo en un susurro.

–No tienes nada que agradecer –respondió el muchacho.

Un tenso silencio cayó sobre los dos. Harry miraba fijamente a su prima, tratando de descubrir por qué no se había podido controlar; mientras que Liza tenía sus ojos clavados en el suelo.

–No sé qué me pasó Harry –confesó de pronto, viéndolo con sus ojos blancos–. Yo había pensado que sí podría controlarme; pero entonces, cuando estuvo frente a mí… No puedo Harry, esto es demasiado.

–Claro que puedes –le dijo el muchacho–. Pudiste fingir muy bien cuando estuviste frente a Voldemort, no hay razón para que no puedas fingir frente a Snape.

–Es diferente –le informó Liza, negando con la cabeza.

–No, Liza. No es diferente. Sólo tienes que actuar, que fingir.

–¡Él mató a mi padre!

–¡Y Voldemort mató a tu madre, y sin embargo pudiste fingir!

Liza guardó silencio, mientras un repentino pensamiento crecía en la mente de Harry. ¿Y si todo lo que Liza le había dicho a Voldemort era verdad¿Si esa fuera realmente su manera de pensar? Si aquello era cierto, entonces Liza no había tenido que actuar frente a Voldemort en ningún momento, simplemente se había dedicado a contarle todo aquello que la Orden desconocía. Pero con Snape no podía hacer eso, pues en aquella ocasión, Liza no estaba sola, como lo había estado en San Mungo.

–No puedo Harry.

–Claro –dijo Harry, y sin darse cuenta comenzó a retroceder–. No puedes actuar de la misma forma en que hiciste con Voldemort porque eso no fue una actuación¿verdad?

–¿Qué? –preguntó Liza desconcertada.

–Todo lo que le dijiste era cierto. Esas son tus verdaderas intenciones…

–¿De qué estás hablando, Harry?

–¡Sabes perfectamente de qué estoy hablando! –exclamó Harry, apuntándola acusadoramente con su dedo índice–. ¡Nada de lo que le dijiste a Voldemort fue falso¡Cada palabra que brotó de tus labios era tu verdadera forma de pensar!

–Harry, lo que dije fue sólo para que Voldemort se enfureciera –aclaró la muchacha al tiempo que se levantaba y caminaba hacia él.

–No mientas. Todo este tiempo has mentido. Yo tenía razón al desconfiar de ti.

Estas palabras hicieron que la muchacha se parara en seco. Harry pudo ver en el rostro de su prima la decepción que la embargaba y el dolor que su desconfianza le producía. Pero el muchacho estaba convencido de lo que acababa de decir; desde que la conocía, Liza no había hecho otra cosa más que mentir.

–Mentirosa –le dijo con furia.

Liza lo miró con sus ojos vacíos e inexpresivos. En su rostro se había dibujado una careta de calma e impasibilidad.

–Bien –dijo fríamente–. Cree lo que quieras creer, Harry. Me da lo mismo si me encuentras culpable o inocente, ya no importa puesto que ya has desconfiado de mí.

Harry se estremeció con aquellas palabras, pero no pidió perdón. Liza abrió la puerta bruscamente y salió de ahí como una ráfaga y el muchacho hizo lo mismo después de ella. Obviamente los habían estado esperando, pues en cuanto Liza irrumpió en el Gran Comedor, los murmullos cesaron.

–Severus Snape –comenzó la muchacha, plantándose frente al mortífago, y sin esperar siquiera a que Harry se sentara–. La razón por la que estás aquí es porque hay un recuerdo de Voldemort dentro de tu cabeza, y ese recuerdo es de vital importancia.

–Eso ya lo sé –replicó Snape con cansancio.

Ante aquella interrupción, Liza hizo algo que nadie esperaba: le propinó una tremenda bofetada al hombre que estaba sentado frente a ella, lo que ocasionó que la silla se tambaleara. Después, apoyando sus manos en los brazos de la silla, la muchacha acercó su rostro a un palmo del de Snape.

–¡No hablarás hasta que yo lo diga! –le gritó con rabia–. ¡No tienes voz hasta que yo diga lo contrario¡Y si vuelves a interrumpirme otra vez, lo que no tendrás será lengua¿Me entendiste?

–Sí –contestó Snape, respirando con pesadez.

Liza lo abofeteó una vez más, con la misma fuerza que la primera vez.

–¿Eso por qué fue? –preguntó el mortífago indignado.

–Sólo estoy entrando en calor –respondió Liza con sencillez.

Harry sabía que Snape se merecía eso y más, pero en aquellos instantes, y estando tan ofuscado como estaba, lo único que quería era ver ese maldito recuerdo e irse para estar solo un rato.

–¿Te recuerdo a alguien, Severus? –cuestionó Liza mientras se paseaba de un lado a otro frente a Snape–. ¿No te parezco familiar?

El mortífago permaneció en silencio. Al no obtener respuesta, Liza se descubrió su mano izquierda y le mostró su flameante palma.

–Tal vez esto te refresque la memoria –le dijo, parándose frente a él.

Harry pudo ver que la expresión de sorpresa e incredulidad se había dibujado nuevamente en el rostro de aquel hombre.

–La Palma de Godric… –En la voz del mortífago se percibía un genuino tono de asombro–. Rina.

–Así es –confirmó la chica, sin volver a cubrirse su mano–. Rina Blair era mi madre y…

–Pero eso no es posible –interrumpió Snape sin poder contenerse.

Y su atrevimiento le costó caro: Liza lo apuntó con su varita, y sin pronunciar palabra alguna, lo maldijo. O al menos, Harry dedujo que lo que su prima acababa de hacer era una maldición, pues al instante, un gesto de dolor apareció en el rostro cetrino de Snape, quien comenzó a convulsionarse en la silla.

–¡Liza! –exclamó la profesora McGonagall, incorporándose–. ¿Qué…

–No te preocupes, Minerva –le dijo la joven con una ligera sonrisa de satisfacción–. Sólo es un escarmiento.

Dos gruesas gotas de sangre brotaron de las comisuras de los labios de Snape, y el mortífago comenzó a atragantarse con lo que Harry suponía sería su propia sangre. Liza finalizó su maldición y Snape pudo toser abiertamente, escupiendo sangre en cada arqueada.

–¿Te gustó? –preguntó Liza, ampliando su sonrisa–. Yo la hice. La llamo la maldición lingua exter. Es efectiva¿verdad? –La muchacha volvió a apoyarse en los brazos de la silla y se acercó al mago que ya había dejado de toser y que respiraba con dificultad–. En estos momentos estoy segura de que no puedes sentir tu lengua; es natural, ya que estuvo a punto de romper conexión con tu cerebro y con tu mandíbula. Así que voy a aprovechar este momento en que no puedes hablar para darte tu última advertencia: si me interrumpes otra vez, te arrancaré la lengua de tajo. Después de todo, lo que queremos de ti lo podemos obtener sin que hables.

Harry estaba asqueado de ver todo lo que podía hacer Liza, era como si ella estuviera disfrutando todo eso. Parecía que finalmente su parte sádica había salido a relucir, y esa parte de su personalidad era tan macabra como la de Voldemort. Después de todo¿quién gasta su tiempo creando nuevas formas de maldecir a los demás? Sólo los locos y los sádicos.

–Bueno –continuó Liza con un tono casual, volviendo a pasearse frente a Snape–, como te estaba diciendo antes de que me interrumpieras, Rina Blair era mi madre y el recuerdo de Voldemort que está dentro de tu cabeza, es sobre ella. Pero creo que eso ya lo sabías¿verdad? –agregó, visiblemente disfrutando el humillar a Snape.

La muchacha guardó unos instantes de silencio, sin dejar de caminar de un lado a otro.

–Según sé –dijo súbitamente–, tú también has hecho muchos hechizos¿verdad Severus? Pues bien, en esta atmósfera tan creativa que nos rodea, voy a preguntarte algo, de inventora a inventor. –La joven se detuvo frente a él y cuestionó con seriedad–¿Qué sentiste al matar a Albus Dumbledore¿Alivio¿Alegría¿Poder?

–¿Por qué te interesa eso? –inquirió Snape por toda respuesta.

Por un breve momento, Harry pensó que Liza haría uso de alguna de sus prácticas sádicas, pero para su sorpresa, la muchacha respondió:

–Albus Dumbledore era mi padre. No mi padre biológico, por supuesto, el hombre que me engendró fue Tom Riddle; "El-que-no-debe-ser-nombrado", el "Señor Tenebroso", tu amo y señor. –Las diversas formas de llamar a Voldemort las había dicho mofándose–. Sin embargo –continuó, caminando nuevamente, y sin prestar atención a la expresión de sorpresa de Snape–, Albus Dumbledore me crió como su propia y verdadera hija, y es por eso que quiero saber qué sentiste.

–Yo lo maté porque era mi deber –dijo Snape, tratando de justificarse.

–No te pregunté por qué lo mataste –lo corrigió, deteniéndose frente a él–. Eso no me interesa, tus razones me tienen sin cuidado, sólo quiero saber qué sentiste.

–¿En verdad importa eso?

Liza volvió a caminar de un lado a otro, con las manos sujetas detrás de su espalda.

–No –le contestó con simplicidad–, en realidad no importa. Sólo lo pregunté para ver si eras capaz de responderme.

Hubo otro momento de silencio. Harry comenzaba a cansarse de la situación. Liza estaba haciendo de todo, menos concentrarse en sacarle el recuerdo a Snape.

–Creo que ya nos hemos desviado mucho del tema –comentó Liza clavando sus ojos en el mortífago–. Tú me debes un recuerdo. Es lo mínimo que me debes después de haberme quitado a mi padre; y lo voy a obtener como sea.

La muchacha se acercó de nueva cuenta al hombre, y justo se disponía a presionar a Snape hasta los límites de la cordura, cuando el mortífago dijo:

–No será necesario que hagas eso. Yo te diré qué hay en ese recuerdo.

–¿En serio? –inquirió Liza incrédula–. ¿Me crees estúpida? Jamás traicionarías a Voldemort.

–Para el Señor Tenebroso yo ya no existo –explicó Snape despacio–. Él no intentará salvarme, y en caso de que ustedes no me maten, lo hará él. Ya no tengo nada que perder.

–Tampoco tienes nada que ganar –le informó Liza–. No te vamos a conceder una amnistía.

–Sí tengo algo que ganar –le informó con una ligera sonrisa–: el que tú sepas la verdad.

Aquello sí que era algo que nadie se esperaba. Harry había sido testigo de cómo Snape había sido interrogado por cuatro largos días, y no había dado su brazo a torcer, y sin embargo, en esos momentos, el mortífago estaba asegurando que revelaría el contenido del recuerdo, algo que solamente él, bajo su condición de guardián secreto, podía hacer. Aquello no sólo era extraño, era algo completamente anormal. Liza avanzó hacia la silla alta y se sentó, apoyando sus brazos en los de la silla y entrelazando los dedos de sus manos en un gesto reflexivo.

–¿Por qué habría de creerte? –cuestionó con rudeza.

–Porque yo amaba a tu madre –respondió Snape al instante.

Harry no podía creer lo que acababa de escuchar. ¿Snape, amar? Eso era algo imposible, además de antinatural y grotesco. Liza estaba anonadada, pero después dijo:

–Habla.

Snape respiró hondo y comenzó a hablar:

–Cuando Rina Blair entró a las filas de los mortífagos, se volvió casi al instante en una de las favoritas, si no es que la única favorita, del Señor Tenebroso; y todos sabíamos el por qué: era el hecho de que Rina descendía directamente de Godric Gryffindor, era la victoria de Slytherin sobre Gryffindor. Por años, aquella predilección se mantuvo, hasta el día en que Rina se fue.

–Nunca llegué a saber la razón por la que Rina había decidido irse, y supongo que tampoco la sabía el Señor Tenebroso; aunque ahora lo tengo todo muy claro, se fue por ti¿cierto?

Liza no respondió a la pregunta, pero al mortífago pareció no importarle, pues continuó con su relato al instante:

–De cualquier forma, no fue sino hasta cinco años después cuando la encontramos. Fue mera casualidad, pero eso es algo que nunca me he perdonado, y que estoy seguro nunca me perdonaré, puesto que fue mi culpa. Yo había escuchado la mitad de la profecía que hablaba sobre el némesis del Señor Tenebroso, aquél con poder suficiente para derrotarlo; y sin tiempo que perder, fui y se la conté a él. Después, cuando Pettigrew le reveló el paradero de los Potter, el Señor Tenebroso no perdió tiempo y fue al instante a matarlos.

–Con lo único que yo no contaba era con que Rina había pensado que ésa era una buena noche para visitar a su primo, James Potter. El Señor Tenebroso se topó con Rina cuando ella salía de casa de los Potter, y sin más, la mató. Eso era lo que él más deseaba: poder matarla personalmente, y Rina no opuso resistencia alguna, ni siquiera hizo el intento por defenderse, simplemente dejó que la vida se le fuese arrebatada. Lo que pasó después, todo el mundo lo sabe.

–Para cuando yo supe todo esto, ya era demasiado tarde. Fue entonces cuando acudí a Dumbledore, y le dije la única cosa sincera entre tantas mentiras: que estaba realmente arrepentido de haberle dicho sobre la profecía al Señor Tenebroso, pues él había acudido a matar a los Potter, y ahí, Rina también había encontrado su fin. Fue por eso que conseguí el trabajo de profesor de Pociones, y la confianza ciega de Dumbledore.

Cuando terminó esa frase, Snape guardó silencio. Después de haber escuchado todo aquello, Harry se dio cuenta de que, por fin, todo cuadraba. Snape nunca se había arrepentido por la muerte de sus padres, como Dumbledore le había dicho (en un intento indudable de proteger la existencia de su hija), sino que se arrepentía por haber ocasionado (sin intención alguna) la muerte de Rina, probablemente la única mujer que había amado. Ahora, todo tenía sentido.

–¿Mi madre tenía un guardapelo consigo cuando fue asesinada? –cuestionó Liza, poniendo fin al silencio.

–No –negó Snape al instante–. No tenía nada más que su varita, la cual ni siquiera usó.

–Es una historia realmente impresionante –dijo la muchacha, y Harry no logró distinguir si su prima hablaba en serio, o era puro sarcasmo–. Sólo hay algo que no me ha quedado claro¿por qué Voldemort quería matar personalmente a mi madre, cosa que terminó haciendo¿Por qué se tomó la molestia?

–Porque el Señor Tenebroso, en un intento por demostrar su superioridad sobre Gryffindor, y al mismo tiempo, demostrar la valía de Rina sobre nosotros, la convirtió en un "Horcrux". Ese hecho fue lo que agravó aún más la traición de Rina.

Pero esa última frase fue escasamente escuchada. Todos los ojos acababan de posarse en Liza, quien se veía completamente estupefacta.

–Y si ella era un "Horcrux" –continuó Snape, también mirando fijamente a Liza–, eso te convierte en uno a ti también.