Hola, hola!!!

Sí, ya sé, ya había fijado mis días de publicación y ya me retrasé con un capítulo (y comienzan las excusas escusado!!!), pero la verdad es que sí tengo una buena excusa, y es que tenía muy desatendido mi estudio de japonés y preferí estudiar mis vocabularios, por eso, en lugar de haber puesto este capítulo el domingo, lo estoy poniendo hoy miércoles. Espero que no se molesten o que les haya afectado este cambio. A veces tendré que hacerlo así, recorrer el capítulo al siguiente día de publicación. Pero no teman, oh queridos lectores míos, si yo veo que la publicación del libro siete se acerca, entonces adelanto los capítulos que faltan y ya. No se preocupen, esta historia la terminarán de leer antes de que el libro siete salga.

Ahora sí, los agradecimientos: gracias a cecyleonor (que aunque no me dio una opinión del capítulo, me dio la bienvenida y me dijo que le gustaba mucho mi historia), a Sara Morgan Black (gracias por lo de la obra maestra!!! me llena de orgullo como no te imaginas), a Marko Vinicio (finalmente aquí está lo que contiene el recuerdo, aunque no creo que te aclare muchas cosas, y sobre el callejón Diagon, bueno...) y a --Andromeda-- (yo también creo que Liza no le haría ningún bien al mundo tirándose de esa ventana, pero es que en esos momentos ella se siente tan frustrada y poquita cosa que... bueno, póbrecita. En cuanto a Harry, el tiempo dirá, creo...). Gracias también a todos los que me leyeron y no me escribieron.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS A TODOS Y ESPERO QUE ESTE CAPÍTULO LES GUSTE TAMBIÉN!!!!

Como ya saben, el capítulo va para ustedes y por ustedes. Y sin más que decir, me despido

arrocillo!!!!

Escrito por aego y por leyno.


Capítulo 27.

El último legado

Aquella pregunta había dejado a Harry completamente anonadado. La verdad era que ya se había mentalizado para poder afrontar cualquier tipo de conversación que se viera obligado a sostener con Liza, pero nunca le cruzó por la mente que su prima formularía aquella pregunta. Él ya se había planteado esa cuestión, y lo cierto era que no se creía capaz de matar a Liza, a pesar de que entendía perfectamente que eso era parte de su misión.

Liza se irguió nuevamente, y con paso lento, regresó a su asiento, desde donde le dedicó una amarga sonrisa a Harry.

–No me contestes, Harry –le pidió, fijando sus ojos blancos en su taza de café medio llena–, en realidad no necesito saber.

Harry miró a la joven en silencio, sin lograr comprenderla, aunque aliviado por no tener que responder a su pregunta capciosa. Liza bebió el resto de su café sumida en un completo silencio y Harry no quiso interrumpirla. Se sentía terriblemente incómodo. De no ser porque en sus hombros recaía la total responsabilidad de sacar a Liza de su enclaustramiento, hubiera abandonado ese despacho sin pensarlo dos veces.

–Bueno, Harry –dijo la muchacha repentinamente–, ya es hora de ver ese recuerdo de Rina, creo que ya has esperado suficiente.

–¿No lo vamos a ver en presencia de la Orden? –cuestionó Harry extrañado.

–Ya te dije que no voy a salir –repuso la joven exasperada, al tiempo que, con su varita, atraía ambas esferas de cristal hacia sus manos–, y no hay nada que puedas hacer o decir para hacerme cambiar de opinión.

–Pero Liza…

–¿Quieres verlo o no? –preguntó la muchacha bruscamente, dirigiendo sus blanquecinos ojos a Harry.

Harry estaba sorprendido por la actitud de Liza, pero sabiendo que estaba hablando en serio, contestó:

–Sí. Vamos a verlo.

La joven asintió en un signo de aprobación y acto seguido, sostuvo una esfera en cada mano y las levantó a la altura de sus ojos.

–Es ésta –concluyó refiriéndose a la esfera que tenía en la mano derecha.

–¿Cómo lo sabes? –inquirió Harry, pensando que ambos recuerdos eran iguales.

–Este pensamiento resplandece más –respondió, y al instante le mostró ambas esferas para que pudiera comparar–. El recuerdo que tengo en mi mano derecha está más… concentrado, por decirlo de alguna manera. Si observas bien, debes notar que es de un azul más intenso.

Harry escudriñó ambas esferas, y entonces se percató de lo que su prima decía: una esfera era ligeramente más azul que la otra.

–¿Y eso a qué se debe¿A que es un recuerdo de Rina?

–No. Se debe a que éste fue su último pensamiento. Es importante que sepas, Harry, que a todos los portadores de la Palma de Godric se les da la oportunidad de dejar un último pensamiento en forma de esfera justo antes de morir; puede dejarse una despedida, un consejo, los últimos minutos de vida del portador en cuestión… incluso se puede dejar un registro completo de todo lo que se haya vivido; y la razón de que la tintura azul sea más intensa, es para facilitarle al siguiente portador el hallazgo del recuerdo. No me sorprendería saber que ustedes tuvieron un poco de problema en encontrar la esfera. El portador se educa para poder distinguir el destello, y en mi caso es más fácil, porque los pensamientos son todo lo que veo. Bueno, eso y sombras.

Liza guardó el otro recuerdo entre sus ropas, y después se descubrió su mano izquierda. Ni aún cuando la esfera de cristal entró en contacto directo con el fuego azul, sufrió daño o quemadura alguna.

–¿Y tú qué crees que es lo que el portado debería dejar? –cuestionó Harry, mirando a Liza trabajar.

–Personalmente, creo que es mejor dejar un registro de vida –respondió al tiempo que apuntaba con la varita a la pequeña esfera–, eso es de mayor utilidad. Aunque también conlleva sus riesgos, pues es un registro completo, en donde también se revelarían los secretos de la persona. Supongo que es por eso que ningún portador ha dejado un registro de su vida: para proteger los secretos de la Palma de Godric.

El cristal de la esfera se tornó de un rojo intenso, justo como se había puesto cuando Frank Longbottom lo había invocado. Y entonces, ante los ojos asombrados de Harry, la delgada capa de vidrio que cubría al recuerdo comenzó a burbujear, primero por lapsos espaciados, y después, el burbujeo fue tal, que Harry pensó que el cristal se derretiría. Y efectivamente, eso fue lo siguiente que el muchacho vio: el vidrio comenzó a caer en gotas sobre las llamas de la Palma, evaporándose al contacto; hasta que finalmente, el recuerdo estuvo libre de su protección.

–Ésa fue tu primera lección sobre la Palma de Godric, Harry –informó la joven de pronto, mientras avanzaba hacia el centro de la estancia–. Espero que hayas puesto atención.

Harry apenas tuvo tiempo de colocarse al lado de su prima, pues sin esperar a que le respondiera, Liza había arrojado el recuerdo hacia el piso, y en aquellos momentos la habitación giraba frenéticamente. Cuando todo se detuvo, ambos se encontraron de pie en medio del jardín de una pintoresca casa que reconocieron al instante: era la casa de los Potter, en el Valle de Godric. La oscuridad de la noche se cernía sobre ellos, pero aún así pudieron distinguir perfectamente la silueta que se perfilaba frente a la puerta principal, escasamente iluminada por las luces del interior de la casa.

Harry y Liza avanzaron hacia aquella persona. Se trataba de Rina. No hacía otra cosa más que permanecer parada frente a la puerta, y en el instante justo en que Harry iba a preguntar a Liza por qué no pasaba nada, la luz de la casa los iluminó de lleno. Habían abierto la puerta, y James Potter estaba de pie debajo del marco.

–¡Rina! –exclamó con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

–Hola, James –saludó la mujer con una sonrisa–. ¿Puedo pasar?

–¿Por qué habría de dejarte pasar? –Fue la contestación de James, quien había pasado de la sorpresa a la defensiva–. ¿No fuiste tú quien decidió no volver la vista atrás?

–Necesito hablar contigo –insistió la bruja, y en su voz se percibió un claro tono de desesperación–. ¿Por favor?

El hombre la miró unos instantes, tal vez decidiendo si debía dejarla pasar o si debía cerrarle la puerta en las narices. Finalmente, se hizo a un lado y la dejó pasar, cerrando la puerta tras de ella.

Como estaban dentro de un recuerdo, Liza y Harry sabían que no eran corpóreos, y por tanto, sólo tuvieron que atravesar la pared, y en seguida se encontraron en el vestíbulo de la casa.

–¿Quién era? –preguntó Lily Potter, saliendo de la cocina, pero se detuvo en seco cuando vio a Rina Blair en el vestíbulo de su casa.

–Hola, Lily –saludó Rina, de nuevo con una sonrisa.

–¿Tú? –inquirió Lily airada–. ¡James¿Cómo es posible que la hayas dejado pasar?

–Necesito hablar con ustedes –se apresuró a decir Rina–. Es muy importante.

–¿Por qué no pasamos a la sala? –sugirió James al instante.

Así lo hicieron, aunque Harry pudo notar que su mamá no estaba muy contenta que digamos. Cuando se hubieron sentado, Lily comentó glacialmente:

–No esperarás que te ofrezca algo de tomar¿verdad?

–No, no lo esperaba, y tampoco lo necesito. Lo que vengo a decirles es muy rápido.

–Tú dirás –dijo James, acomodándose en el sofá.

Rina tomó una profunda bocanada de aire, y después habló:

–Antes que nada, quiero que sepan que los entenderé si no me creen ni una sola palabra de lo que les diga. No tienen la más mínima obligación de creerme, después de todo, fui yo la que traicionó a mucha gente al haber elegido mal, pero deben saber que he comenzado a pagar por ello, y estoy pagando el costo más alto. Quiero pedirles perdón por lo que les hice, y aunque sé que con pedir perdón no basta, por el momento es lo único que puedo hacer.

–Hace cinco años que deserté de los mortífagos y si no les había dicho nada era porque tenía que aparentar que había desaparecido de la faz de la tierra. Todos estos años he estado trabajando en el anonimato, y el único que sabía de mí era el mago que me ayudó: Albus Dumbledore. Intuyo que en estos momentos unas cuantas preguntas se formularán en sus cabezas, pero como dije, lo que venía a decirles era muy rápido, y ya lo dije todo; así que les pido que mañana hablen con Dumbledore, él les aclarará las cosas.

Y sin más, la mujer se levantó.

–No te puedes ir así –sentenció James, también levantándose.

–Puedo, y lo haré. No quiero que mi presencia aquí los ponga en mayor peligro del que ya están. Hablen con Dumbledore.

–Prefiero hablarlo contigo –insistió el hombre.

Rina lo miró en silencio. Harry veía alternativamente a su padre y a su tía, mientras que Liza tenía el rostro fijo en su madre.

–Siempre fuimos buenos primos¿verdad James? –comentó Rina con nostalgia–. Nos decíamos todo, como hermanos; pero las decisiones que tomé me convirtieron en lo que soy ahora, y solamente hay una cosa que me resta por hacer. Lo único que te puedo decir es que lo que haré, marcará el destino de muchos, pero espero que sea para bien.

Rina abrazó a James mientras unas silenciosas lágrimas rodaban por sus mejillas.

–Gracias por haberme recibido –dijo, enjugándose los ojos con los extremos de sus mangas–, y siento mucho haberte causado un disgusto, Lily.

–No te preocupes.

–¿Puedo pedirles una última cosa? Quisiera ver a mi sobrino.

–Claro –concedió Lily, sonriendo–. Está dormido, vamos.

Ambas mujeres se dirigieron a la planta superior, seguidas de cerca por Harry y Liza, y cuando Lily abrió la puerta, se encontraron con un bebé de cabello negro y ojos verdes, parado en su cuna, aferrándose a los barrotes.

Rina se dirigió al niño y lo sostuvo en brazos. El risueño bebé no paraba de reír.

–Debe de tener hambre –pensó Lily en voz alta–. ¿Te molestaría cuidarlo mientras le preparo su leche?

–Para nada.

–Entonces vuelvo enseguida.

En ese preciso momento, toda la habitación se desvaneció de golpe, dejando a Harry y a Liza sumidos en una espesa niebla blanca.

–¿Qué pasó? –preguntó Harry sin dejar de mirar a su alrededor–. ¿Es el final del recuerdo?

–No lo sé –admitió Liza con el ceño fruncido–. No creo que lo sea, no tiene las marcas del final. No, esto es más como… pero no puede ser, Rina habría sabido que así no nos serviría de nada.

Liza estaba a punto de atraer la esfera del recuerdo con la Palma de Godric, cuando de pronto, volvieron a encontrarse en el vestíbulo de la casa de los Potter. James y Rina estaban ahí.

–Gracias James –dijo Rina volviendo a abrazar a su primo.

–¿Por qué?

–Por haberme recibido y escuchado. Gracias por todo.

–Eres mi prima, no te iba a dejar ahí afuera.

Rina sonrió y asintió, con la vista clavada en el suelo.

–Te pido que hablen con Dumbledore, por favor. Y también te pido que no la rechacen.

–¿A quién?

–Adiós, James.

Y sin decir más, Rina abrió la puerta y salió de la casa, sin contestar la pregunta de su primo. Harry y Liza la seguían, aún un poco confundidos por lo que había sucedido tan sólo unos minutos atrás. Fue por eso que no vieron al encapuchado que se acercaba, hasta que fue demasiado tarde.

–Hola, Rina –dijo una voz familiar–. Realmente es una sorpresa encontrarte aquí.

–Yo, en cambio, tenía la corazonada de que sería aquí en donde nos encontraríamos –repuso Rina sin inmutarse–. Tenemos intereses en común.

–Sabes que no voy a perdonar tu traición¿verdad? –preguntó Voldemort sacando su varita.

–Lo sé, pero sinceramente, no quiero tu perdón –aclaró la mujer, también sacando su varita–. Lo que quiero es que termines con esto de una vez por todas. –Y tras decir esa frase arrojó su varita al suelo.

Voldemort rió, y tras apuntar a Rina con su varita, gritó:

¡Avada Kedavra!

Una intensa luz verde lo iluminó todo y después, la escena que los envolvía comenzó a girar hasta que fue absorbida por la esfera azul que estaba incrustada en el piso. Harry y Liza guardaron silencio después del abrupto final.

–¿Qué fue eso? –preguntó Harry luego de un rato de absorto silencio.

–No estoy segura –respondió la joven, mientras avanzaba hacia la esfera–, aunque creo saber qué fue lo que pasó.

Y sin más, Liza se hincó junto al recuerdo, y aproximando su mano izquierda envuelta en llamas azules, clavó sus dedos índice y corazón en la esfera que continuaba incrustada en el suelo. Eso era algo que Harry nunca le había visto hacer, pero prefirió no interrumpirla hasta ver adónde les llevaría todo aquello. Con ambos dedos completamente sumergidos, Liza comenzó a hacer pequeños círculos levógiros dentro de la esfera, como si estuviera licuando el pensamiento. Así estuvo durante un rato, hasta que, cuando lo creyó pertinente, sacó sus dedos de golpe, provocando que, como si de un líquido se tratara, el pensamiento se regara en forma de gotas por toda la habitación.

–Como lo suponía –murmuró Liza, poniéndose en pie.

–¿Qué pasa? –inquirió Harry al ver que su prima ya había terminado con su tarea.

–Verás Harry, cuando yo hago lo que acabas de ver que hice, con un pensamiento normal, al sacar mis dedos, el recuerdo se propaga en forma de humo, y después regresa a su forma esférica. Cuando, en cambio, el recuerdo está alterado, éste se riega como si fuera un líquido, y eso es porque la persona que lo pensó se esfuerza tanto en cambiarlo, que lo hace más pesado de lo que en realidad debería de ser; y es también debido a eso que no retoma su forma de esfera a menos que yo lo invoque. Mira.

Y tras decir eso, la joven levantó su mano izquierda. Las llamas azules, antes tranquilas, comenzaron a revolverse violentamente, y poco a poco todas las gotas que manchaban el suelo, flotaron y se depositaron en la Palma de Godric, hasta que el pequeño recuerdo se hubo formado una vez más.

–¿Pero por qué Rina te dejaría un recuerdo alterado? –cuestionó Harry sin comprender–. ¿De qué podría servir?

–Creo que lo que importa no es por qué me dejó un recuerdo alterado, sino por qué alteró el recuerdo que me dejó.

–¿Qué quieres decir?

–Quiero decir que tal vez lo que necesitamos saber no es lo que vimos, sino lo que no vimos. Eso explicaría por qué, siendo ése su último pensamiento, Rina se esforzó tanto por ocultar lo que hizo en tu habitación, a tal grado que hizo el recuerdo tan pesado como la lluvia.

–¿Y tienes alguna idea de lo que pudo haber hecho? –preguntó Harry, esperando que su prima le diera una respuesta afirmativa.

–Muchas, pero ninguna me convence. No nos va a quedar más remedio que ir a tu casa a buscar más pistas.

–Ya estuvimos ahí, y lo único que encontramos fue ese recuerdo, Liza.

–No me malinterpretes Harry, no estoy dudando de sus habilidades detectivescas, pero si mi corazonada es cierta, Rina dejó otra pista en tu casa y sólo yo, como actual portadora de la Palma de Godric, puedo verla.

Harry no estaba muy seguro de entender lo que Liza pretendía encontrar. ¿Cómo era posible que Rina hubiera dejado otra pista y ellos no la hubieran visto? Aunque su prima lo dijera, Harry no pensaba que la Palma de Godric fuera tan indispensable para encontrar una pista. Además, Liza ya había estado en esa casa, y no había hecho mención de nada extraño.

–¿Vienes conmigo Harry? –cuestionó Liza, sacando a Harry de sus cavilaciones.

–Creí que habías dicho que no ibas a salir –recordó el muchacho.

–Sé lo que dije, y puedes estar seguro de que no lo haría, de no ser porque estoy consciente de que sin mí no sabremos lo que falta en el recuerdo de Rina, y estoy segura de que es importante. ¿Vienes o no?

–Claro que voy –respondió Harry, y comenzó a caminar hacia la puerta–. Vamos.

–No Harry –lo detuvo Liza, tomándolo del brazo–, no vamos por allá. Nos vamos directamente con Fawkes.

Harry no quería discutir; después de todo, ya había logrado que su prima abandonara su encierro; así que sin hacer comentario alguno, esperó a que el fénix descendiera sobre ellos después de trazar sus ya acostumbrados círculos en el aire. Cuando Fawkes estuvo al alcance, Liza se asió de su cola y en una llamarada repentina, ambos muchachos desaparecieron junto a la criatura mítica. Al instante siguiente, las llamas que los envolvían los depositaron en el ya conocido jardín de los Potter.

El sol se ponía en el horizonte, bañando el Valle de Godric de intensos tonos rosas y rojos. Mientras habían estado en las habitaciones del director, Harry no se había percatado de cuánto tiempo había estado hablando con Liza, y no fue sino hasta ese momento, con el horizonte sangrante y el débil fulgor de tímidas estrellas en el firmamento, que se dio cuenta de todo el tiempo que había transcurrido. La noche se les venía encima.

–Aquí fue donde encontraron el recuerdo¿verdad? –cuestionó Liza al tiempo que avanzaba a un determinado punto en el jardín y lo indicaba. Fawkes se había posado sobre su hombro.

Harry dirigió la vista hacia ahí. El césped que Ron había arrancado y el pequeño hoyo que habían cavado para sacar el recuerdo habían desaparecido completamente.

–No lo sé –admitió, después de un rato de razonamiento–, creo que sí, pero no lo entiendo; no debería de haber césped ahí, Ron lo quitó y para sacar la esfera tuvimos que hacer un pequeño agujero y…

–Es un encantamiento perenne de reparación –explicó Liza, interrumpiéndolo–. Antes, el poder de mi padre sostenía ese conjuro, y después me hice cargo yo. Es para que, sin importar los años que pasen, la casa no se deteriore; y eso incluye a sus jardines. Si la casa llegase a ser quemada, al apagar el fuego la casa volvería a la normalidad.

–Pero entonces¿cómo sabes que fue ahí si no hay ninguna seña que lo indique? –preguntó Harry sin entender.

–¿Recuerdas la última parte del recuerdo? –cuestionó la joven por toda respuesta–, la parte en que Rina se encuentra cara a cara con Voldemort¿la recuerdas?

El muchacho asintió.

–Pues bien, según el recuerdo, Rina estaba de pie justo aquí –y a continuación, la muchacha se desplazó dos pasos hacia adelante, dentro del sendero– y Voldemort estaba ahí enfrente¿verdad? Ahora, sabemos que Rina no peleó, simplemente dejó que la mataran; entonces, si tomamos en cuenta que el cuerpo de Rina estaba ligeramente inclinado hacia su izquierda, como estoy yo ahora; podemos deducir que, tras haber recibido la maldición asesina, y visto desde la casa, su cuerpo inerte se desplomó hacia el lado izquierdo del sendero.

–El punto donde ustedes encontraron el recuerdo es el punto en donde yació su mano izquierda, es el punto en el que la Palma de Godric brilló por última vez en el cuerpo de Rina Blair. Puedo asegurarte, sin temor alguno a equivocarme, que el cadáver de Rina fue consumido por el mismo fuego que consumió tu casa; y el recuerdo, al ser tan poderoso como la mente misma, no sólo no sufrió daño alguno con la destrucción, sino que perduró a través de los años, siempre listo para ser encontrado, lo que por fin terminó sucediendo.

–Pero aún sigo sin entender cómo sabes que el recuerdo estaba ahí –repuso Harry, pensando que no por el hecho de que el cuerpo de Rina se hubiera desplomado ahí, significaba que el recuerdo también había estado en el mismo lugar. Liza no tenía manera de saber la posición exacta del pensamiento, y Harry no le había contado con lujo de detalle en dónde lo habían encontrado; y a pesar de eso, la muchacha hablaba con mucha seguridad, indicando el punto preciso en el jardín.

–El último recuerdo del portador no puede ser encontrado lejos de donde cayó el cuerpo, Harry –explicó la muchacha con paciencia–, es completamente imposible dado que, al ser éste el último recuerdo, el portador está muerto cuando el pensamiento toma forma física fuera de su mente. Antes de que la llama de la Palma de Godric abandone a quien fuera su último dueño y aparezca en la mano de su siguiente portador, permanece sólo el tiempo suficiente para que el recuerdo se forme, y al desaparecer el fuego azul, la esfera del pensamiento queda incrustada en la mano izquierda del cadáver, y de ahí no se mueve, pues está literalmente clavada en la mano. Al pudrirse el cuerpo y convertirse en cenizas, el recuerdo se hunde en la tierra, hasta que alguien lo encuentre, como pasó con ustedes.

–Ya veo –dijo Harry, bastante sorprendido de que su prima fuera tan gráfica en cuanto a detalles se refería.

–Ésa fue tu segunda lección sobre la Palma de Godric, Harry –continuó la joven, caminando hacia la casa y abriendo la puerta–, y espero que no haya quedado alguna duda, porque cuando yo muera, tendrás que arrancar mi último pensamiento de mi mano ya inmóvil.

–¡Liza! –exclamó Harry al oír aquel comentario.

–Es mejor que te vayas haciendo a la idea.

Ambos primos se adentraron en las crecientes penumbras del vestíbulo de la casa.

–¿Notas algo extraño? –inquirió Harry al instante.

–No –respondió Liza con un movimiento de cabeza–, y no me sorprende. La parte del recuerdo que falta es aquélla en donde Rina está contigo en tu habitación. De haber dejado otra pista la hubiera dejado ahí.

–No hay nada ahí, Liza –aseguró Harry mientras los dos subían los escalones corriendo, con Fawkes volando frente a ellos– ya estuve ahí dos veces, y si no mal recuerdo tú estuviste ahí una.

–Sí, pero ahora es diferente.

Harry no veía nada diferente en la casa, pero esperaba que Liza tuviera razón. Se precipitaron a abrir la puerta de la que había sido la habitación de Harry, y una vez dentro, el muchacho repitió su pregunta:

–¿Notas algo extraño?

La joven avanzó en silencio por la alcoba, dirigiendo su rostro al suelo, luego a las paredes, y finalmente al techo. Daba lentas vueltas sobre sí misma, mientras sus ojos blancos se paseaban por todo el derredor. Fawkes había volado hacia el juguetero y desde ahí aguardaba en silencio alguna indicación de su dueña.

–Sí, Harry –contestó al fin–, dimos con lo que buscábamos.

Y tras decir eso, colocó una rodilla en el piso y comenzó a palpar el mismo con ambas manos. Harry no lo entendía. Desde su punto de vista, la recámara estaba exactamente igual a como había estado la noche en que Liza lo había llevado ahí por primera vez. ¿Qué era lo que la muchacha había visto ahora que no había visto antes?

–Acertadamente dijiste que yo había estado aquí una vez, cuando te traje el día anterior a tu cumpleaños –dijo Liza, al tiempo que Harry se colocaba a su lado para ver lo que hacía–, pero se te olvidó que la situación ha cambiado. Aquella noche cuando entré a tu habitación, no tenía encendida mi Palma, pero ahora, bajo mi condición de ciega, sabes que me es vital conservarla llameante. Es por eso que hoy veo lo que no vi hace meses, y tú estás a punto de verlo también.

Y ante los ojos asombrados de Harry, la joven clavó dos dedos de la Palma de Godric en el suelo. A partir del punto en el que Liza tenía sus dedos incrustados, finas líneas azules comenzaron a dibujarse por toda la habitación, como grietas cubriendo el suelo, las paredes y el techo. Las líneas se cruzaban unas con otras y se extendían a lo largo y ancho de la alcoba, y finalmente todo el movimiento cesó, dejando ver qué era lo que las grietas habían formado.

–Parecen… parecen palabras –declaró Harry sin salir de su asombro.

–Más que palabras, Harry –aclaró Liza–. Lo que tienes ante tus ojos es el último mensaje escrito de Rina Blair. Mensaje concebido gracias a la Palma de Godric.

Y dejando una pequeña flama danzarina de la Palma en el lugar donde un segundo antes habían estado encajados sus dedos, la joven se puso en pie, y comenzó a leer en voz alta:

Si estás leyendo esto, Liza, quiere decir que has llegado al final de tu viaje, al punto donde no hay regreso; y lo que tienes frente a ti es mi último legado, hecho sólo para que tus ojos lo vean.

Un hombre no debe deshacerse de su alma, Liza; un hombre sin alma no es un hombre en absoluto, es solamente una marioneta sin voluntad, un remedo de dementor, un trozo de carne que se limita a aspirar y exhalar el aire lastimeramente y nada más. Pero si a pesar de esto el alma ha de fragmentarse, es nuestro deber tratar de destruir lo más que se pueda de esa alma torturada. Si mi plan funciona, y así lo espero, yo habré cumplido con este deber, saldando por fin una deuda que he cargado sobre mis hombros por mucho tiempo, desde el instante mismo en que decidí dar la espalda a todos aquellos que confiaban en mí.

Sin embargo, todo brillante plan tiene su falla, y el mío no es la excepción. En caso contrario a mis deseos y si esto no funciona, quiero que sepas que aquello que nadie contempla, aquello sobre lo que nadie sabe y que nadie espera, está a tu lado, esperando el momento preciso para actuar. Yo lo dispuse todo para que nadie sospechara y nadie lo hará puesto que sólo tú eres capaz de leer esto. Sin embargo, no puedo arriesgarme a relatarte lo que ya hice y lo que estoy a punto de hacer, pues si por razones que escapan a mi lógica, alguien que no seas tú es capaz de leer este mensaje, yo le estaría proporcionando demasiada información.

Lo que ya hice lo sabrás a su tiempo, y es tu tarea descifrar lo que voy a hacer por medio de este mensaje, el último de mi vida; ya que después de esta noche, destruiré otro fragmento de aquella alma torturada y con eso se me irá la vida. La magia antigua es la más compleja, al igual que el alma; es por eso que, por lo menos, sé que la primera parte de mi plan funcionará y el hechizo será lanzado con éxito. Y la segunda, si por alguna razón no funciona esta noche, lo hará a la larga.

No se puede extirpar el fragmento de alma perteneciente y depositado por alguien más cuando es el propio cuerpo el que la resguarda. El portador debe morir. Sólo así podrá el mal ser erradicado, y el portador deberá entender esto antes de ofrendar su vida, de otra forma, no sabrá qué hacer. El portador es el único que importa.

No siento angustia por lo que pueda pasarle a este mensaje, ya que lo he escrito de una forma indeleble, y si la casa llegase a ser destruida en un futuro ataque, le he pedido a Albus Dumbledore que la reconstruya para ti. Ahora, por fin, puedo decir que moriré con la certeza de que el Señor Tenebroso encontrará la horma de su zapato. Te pido me perdones por mi completa ausencia en tu vida pero¿qué hubieras hecho tú en mi lugar? Cuando respondas esta pregunta, sé que me perdonarás.

Lo que sí lamente sobremanera es que el linaje del gran Godric Gryffindor termine contigo, su última descendiente, pues no creo que el Señor Tenebroso deje a James con vida. Aún así, no dudes de lo que tienes qué hacer Liza; es, como ya dije, nuestro deber tratar de destruir lo más que se pueda de esa alma torturada.

Adiós portadora, y sé fuerte, no flaquees en el momento crítico. Te quiere

Mamá.

Cuando la voz de Liza se perdió en el silencio, éste se conservó por varios minutos, hasta que finalmente Harry preguntó:

–¿Qué significa todo esto?

Su prima no contestó al instante. Tenía el ceño ligeramente fruncido, y en sus labios se leía la última frase de la carta, las líneas con que Rina había dado por concluido su legado. Tras un rato de espera, la joven volvió el rostro a Harry y fijando sus ojos blancos en los verdes del muchacho, finalmente dijo:

–No lo sé, Harry; no lo sé.