Capítulo 28.
De portadora a sucesor
–No lo entiendo –sentenció Harry, mientras veía cómo Liza colocaba la Palma de Godric sobre la pequeña flama que había dejado en el suelo, y ésta regresaba a su lugar en la mano de su prima, dejando la habitación sumida en la ligera oscuridad–¿de qué nos sirvió ese mensaje¿Acaso nos aclaró todas nuestras dudas?
–Es un acertijo, Harry –dijo Liza al instante.
–¿Y qué significa? –cuestionó el muchacho de inmediato, pensando que tal vez Liza ya había encontrado el significado de aquella carta críptica.
–No lo sé aún –admitió la joven con un poco de vergüenza en la voz–, pero voy a descubrirlo. Rina creía que yo podía descifrar su acertijo.
–¿Y puedes?
Liza no contestó a esa pregunta.
–Es mejor que regresemos a Hogwarts –dijo, dando la espalda a Harry–, no te ofendas, pero me da escalofrío estar aquí. ¿Fawkes?
Al oír su nombre, el fénix voló del juguetero y comenzó su descenso circular por sobre las cabezas de ambos primos, hasta que finalmente, el fuego los envolvió, llevándolos de regreso a Hogwarts. Aparecieron en medio de la estancia de las habitaciones del director, cuando la noche ya era lo único que se veía a través de los amplios ventanales.
–Quisiera que me dejaras sola, Harry –pidió Liza, caminando lentamente hacia el ventanal central–, tengo que pensar en las palabras de Rina, y necesito concentrarme completamente.
–Pero Liza –replicó Harry, sorprendido por la petición de su prima–, pensé que después de esto habías decidido salir del despacho.
–Y lo voy a hacer, Harry. Por lo menos ahora tengo una pequeña misión que me dará fuerzas para enfrentarme a lo que se venga, pero me gustaría tomarme toda esta noche para pensar un poco. Puede que tal vez encuentre la respuesta al acertijo.
Harry fijó sus ojos en Liza, con una expresión dubitativa dibujada en su rostro. Al notar el silencio, la joven agregó:
–Te prometo que saldré mañana; sólo dame esta noche. Por favor.
El muchacho estaba consciente de que no podía negarle aquello a su prima, y también estaba consciente de que en ocasiones anteriores él ya había puesto en duda la manera de manejarse de Liza, no podía y tampoco debía cometer el mismo error. Con un asentimiento resignado, finalmente dijo:
–Entonces nos vemos mañana, Liza.
–Hasta mañana, Harry.
Y sin decir más, Harry dio media vuelta y salió de la pequeña sala, bajando velozmente la escalera.
–¿Y Liza? –preguntó el retrato del profesor Dippet al ver que Harry bajaba solo.
–Saldrá mañana –informó prontamente–, me ha pedido que la deje sola esta noche, y después de eso, volverá a salir.
–¿Y estás seguro de eso muchacho? –cuestionó Phineas Nigellus Black.
–No tengo por qué dudar de ella –contestó Harry tajantemente, y después agregó–: Buenas noches, profesores.
Y tras una última mirada al retrato de un profundamente dormido Albus Dumbledore, abandonó el despacho, pensando que sus amigos ya lo estarían esperando para hacerle infinidad de preguntas.
–¿Y te atreviste a dejarla sola, incluso después de que ella te habló abiertamente sobre sus fatídicos pensamientos? –inquirió Hermione con los ojos muy abiertos.
–Hermione, Liza va a estar bien –aseguró Harry por cuarta vez–. El haber encontrado ese acertijo en la casa de mis padres le abrió los ojos y le hizo darse cuenta de que aún puede hacer muchas cosas por la Orden y por la misión.
–Hubiera sido mejor que la trajeras aquí –aseguró Hermione reflexiva.
–Liza quería estar sola –argumentó Ginny en defensa de Harry–¿qué se supone que iba a hacer Harry: traerla a rastras?
La castaña ya no respondió a eso.
–¿Puedes recordar lo que decía la carta, Harry? –preguntó Ron, en un visible intento de que se concentraran en otra cosa.
–Bueno, no lo recuerdo todo al pie de la letra –contestó el muchacho tratando de hacer memoria–, pero Rina habló sobre algo que ya había hecho y mencionó algo que estaba por hacer. También habló sobre magia antigua y un hechizo que sería lanzado. Después se dirigió a Liza llamándola "portadora" y le aseguró que el portador debe morir. –Después de decir eso, meditó un rato, y luego agregó–: Básicamente la carta decía eso.
–Bueno –comenzó Hermione con tono analítico–, sabemos que para cuando Rina Blair fue a tu casa, ya había encontrado y destruido el guardapelo de Slytherin, así que eso es lo que ya había hecho.
–Lo que estaba por hacer seguramente es lo que hace falta en el recuerdo –complementó Ginny siguiendo el razonamiento de Hermione–. Y eso tiene que estar relacionado con la magia antigua y el hechizo que sería lanzado.
–Claro –concordó Harry con los ojos muy abiertos aunque indistintos a su alrededor–. Y Rina nombró "portadora" a Liza porque es la portadora de la Palma de Godric.
–Creo que en esa parte Rina pudo haber querido referirse a otra cosa –comentó Ron con cautela.
–¿Como a qué?
–Pues, según lo que recuerdas Harry, Rina aseguró que el portador debe morir, pero Liza no morirá por ser la portadora de la Palma, sino por ser un "Horcrux".
–Es decir, por ser la portadora de un trozo de alma de Voldemort –concluyó Hermione de inmediato–. ¡Claro! Suena bastante lógico.
–Pero aún seguimos sin saber qué fue lo que Rina hizo en mi habitación –refutó Harry con pesar.
–¿Estás seguro de que habló sobre un hechizo? –preguntó Ginny con el ceño fruncido.
–Sí –confirmó Harry al instante–, recuerdo que dijo "y el hechizo será lanzado con éxito".
–Tal vez Rina estaba hablando del Avada Kedavra que se lanzó esa noche en tu casa –aventuró Ron con la mirada perdida.
Aquella opción fue meditada en silencio. Si Ron tenía razón, entonces Rina había acudido esa noche a casa de los Potter con la esperanza de que ésa sería la noche en que Voldemort atacaría; y si llegaba a la hora precisa, podría morir antes que su primo, y con ella, moriría una parte de Voldemort.
–¿Y la magia antigua? –cuestionó Harry luego del silencio–, recuerden que Rina también habló sobre magia antigua.
–Eso tiene que ser el sacrificio de tu mamá, Harry –dijo Hermione con mucha seguridad–. Sabemos que lo que ella hizo esa noche era magia antigua y…
–¿Pero cómo pudo saber Rina que mi mamá actuaría de esa manera? –la interrumpió Harry sin poderse contener.
–Creo que eso es obvio Harry –respondió Ginny con presteza–, cualquier madre daría la vida por sus hijos.
Harry también lo creía así. Pero en esos momentos, después de todo lo que habían deducido¿cuál había sido la importancia de esa carta? No les había revelado nada nuevo.
–Si tenemos razón –comenzó Harry–, entonces la carta y el recuerdo son inservibles.
–Bueno, si los hubiéramos encontrado antes entonces sí que hubieran sido de ayuda –aclaró Hermione.
–De haberlos encontrado antes hubiéramos sabido que Liza era un "Horcrux" sin necesidad de haber interrogado a Snape –complementó Ginny.
–Sí Harry, lo que pasa es que descubrimos el recuerdo y la carta cuando ya no nos servían de nada –dijo Ron con sencillez, concordando con Ginny y Hermione.
–Tienen razón –concedió Harry, al fin–. Mañana mismo tenemos que contarle todo esto a Liza.
–Aunque lo más probable es que ella haya llegado a las mismas conclusiones que nosotros –razonó Hermione en el acto–; no en balde estudió toda su vida con Albus Dumbledore como su maestro.
–Es verdad. Pero creo que no se pierde nada con decírselo.
Aquello no fue refutado por nadie. Ya a Liza le tocaría definir si la información que ellos tenían para darle le era útil o no.
–Ha sido un día largo –dijo Hermione luego de un rato–, es mejor irnos a dormir.
Y sin más, los cuatro se dirigieron a sus dormitorios. Harry se sentía terriblemente cansado, pero el hecho de encaminarse al que había sido su dormitorio cuando era estudiante, lo reconfortaba y lo relajaba. Aún no entendía por qué, pero era como si al apoyar su cabeza sobre la almohada, los problemas se esfumaran de su vida, y su mayor preocupación fuera la tarea que tendría que entregar al día siguiente.
–Sólo espero Harry –dijo Ron cuando ya se habían enfundado en sus camas calentitas– que Liza no se deprima porque ya resolvimos su acertijo.
–Eso espero yo también –admitió Harry, pero entendió que no estaba siendo escuchado cuando la respuesta de Ron fue un profundo y prolongado ronquido.
Para Harry, en cambio, fue más difícil lograr conciliar el sueño, y cuando lo logró, tuvo un sueño confuso y sin sentido aparente, como ésos que solía tener cuando algo le preocupaba.
En su sueño, se encontraba dentro de la Sala de los Menesteres cuando ésta era utilizada para guardar los objetos que se querían perder de vista por un rato. No hacía nada en particular, simplemente estaba parado frente a los interminables callejones en cuyas estanterías residían cosas tan antiguas, que Harry se preguntaba si dichos objetos no habían sido depositados ahí por los mismísimos fundadores de Hogwarts. Sin otra cosa que se le ocurriera, Harry comenzó a caminar frente a las callejas, mirándolas todas mientras pasaba.
Entonces, en el final de uno de los corredores, distinguió una figura a lo lejos. Sin siquiera pensarlo, echó a correr por el angosto callejón, con la vista fija al frente. Poco a poco la figura se delimitó mejor, y Harry pudo ver que se trataba de Liza. Tenía la mirada perdida hacia el frente, donde él se encontraba, y a sus espaldas había un objeto de gran tamaño que a Harry le resultó muy familiar. Sin embargo, en un determinado momento que Harry no logró identificar, Liza comenzó a perder sus contornos y empezó a desvanecerse, hasta que finalmente hubo desaparecido por completo.
Para ese momento, Harry se había detenido frente al espejo de Oesed, y se miraba con expresión sorprendida. Lo que había sucedido con su prima no lo tenía muy claro, pero tampoco pudo pensar mucho en eso, pues en esos momentos el espejo le mostró a una persona que no era su reflejo: se trataba de Rina Blair.
–El portador es el único que importa –le dijo con una voz lejana y llana.
–Ya lo sé Rina –respondió Harry–, lo sabemos todo sobre Liza.
–El hechizo será lanzado. Sólo así podrá el mal ser erradicado –continuó Rina como si no lo hubiera escuchado–, y el portador deberá entender esto antes de ofrendar su vida, de otra forma, no sabrá qué hacer.
–Ten por seguro que Liza sabe eso y ella…
–El portador debe morir.
–El portador es el único que importa. –Una voz detrás de él lo sobresaltó y lo hizo girarse en redondo al instante.
Era Liza. Tenía sus ojos blancos fijos en él, aunque parecía que en realidad no lo miraba. Sin dar tiempo a Harry para reaccionar, la muchacha continuó con su cantaleta:
–El hechizo será lanzado. Sólo así podrá el mal ser erradicado, y el portador deberá entender esto antes de ofrendar su vida, de otra forma, no sabrá qué hacer.
–El portador es el único que importa –repitió Rina, de igual forma con los ojos fijos en Harry.
–El portador debe morir –dijo Liza sin descanso.
–El hechizo será lanzado. Sólo así podrá el mal ser erradicado –prosiguió Rina sin parar–, y el portador deberá entender esto antes de ofrendar su vida, de otra forma, no sabrá qué hacer.
–El portador es el único que importa –volvió a decir Liza.
–El portador debe morir.
Aquello parecía no tener fin. Liza y Rina hablaban al mismo tiempo, y Harry no sabía cómo callarlas.
–¡Ya basta! –exclamó, en un intento de detener aquel parloteo–. ¡Cállense!
–¡Harry! –gritó de pronto Liza, y todo a su alrededor cambió, siendo sustituido por numerosos árboles–. ¡Harry!
–El portador es el único que importa. –Rina, ahora fuera del espejo, continuaba recitando su interminable verso.
–¡Es la única forma Harry! –decía Liza desesperada.
–El hechizo será lanzado. Sólo así podrá el mal ser erradicado, y el portador deberá entender esto antes de ofrendar su vida, de otra forma, no sabrá qué hacer.
–¿¡La única forma de qué, Liza!? –Harry tuvo que gritar su pregunta por sobre la voz de Rina, que parecía ir en aumento.
–¡HARRY! –Liza permanecía parada frente a él, pero estaba completamente fuera de sí–. ¡TODO DEPENDE DE TI!
Un cegador destello verde lo iluminó todo.
–¡EL PORTADOR DEBE MORIR! –gritaron Liza y Rina al mismo tiempo, antes de que aquella luz cesara y todo cayera en la profunda oscuridad.
–¡Harry!
El muchacho se incorporó al instante, con las voces de su prima y su tía aún sonando en su cabeza. El portador debía morir, eso le había quedado muy claro.
–Harry, soy yo, Liza.
–¿Liza? –repitió, totalmente desconcertado–. ¿Qué pasa, te ocurrió algo?
–No, sólo que es hora de comenzar con tu entrenamiento. Vístete. Te espero abajo. Y no tardes.
Y dicho eso, las pisadas de Liza se hicieron presentes, y después de abrir y cerrar la puerta, se perdieron escaleras abajo.
Harry parpadeó aturdido, y buscó sus gafas a tientas en la mesita que estaba junto a su cama. La noche todavía imperaba en el exterior, y se preguntó por qué Liza había ido a buscarlo tan temprano. Saliendo de la cama, se vistió tan rápido como le permitieron los ronquidos de Ron y luego se deslizó hasta la puerta que abrió y cerró con suma cautela. Tal y como había dicho, su prima lo estaba esperando en la sala común.
–¿Por qué me despertaste tan temprano, Liza? –preguntó, frotándose los ojos–¿qué no ves que todavía es de noche?
–Precisamente Harry –contestó la joven–. Con el tiempo descubrirás, al igual que yo lo hice, que no hay mejor momento para empezar con el entrenamiento que cuando el sol no ha salido, pero nos amenaza con despuntar en el lejano horizonte en cualquier momento.
–¿Pues sabes?, yo prefiero dormir en ése que tú llamas "mejor momento".
–Esto no será por mucho tiempo, Harry. Hoy te enseñaré todo lo que debes saber en teoría sobre la Palma de Godric, pero dependerá de ti continuar con tu entrenamiento cuando yo ya no esté. Hasta entonces pondrás todo tu conocimiento teórico en práctica, y también entonces entenderás por qué éste es el "mejor momento". ¿Nos vamos ya?
Harry asintió, a pesar de que en su interior aún quería estar en su cama, durmiendo cómodamente. En completo silencio, salieron de la torre de Gryffindor, y continuaron a paso constante a lo largo del corredor. El muchacho no preguntó adónde se dirigían, pues estaba más concentrado en mantenerse despierto, que en fijarse en el camino que recorrían.
–¿Por qué crees que no hay mejor momento para empezar con el entrenamiento que cuando todavía no amanece? –cuestionó Harry para romper con aquel silencio que lo adormilaba.
–En estos momentos, cuando no estás plenamente consciente, es cuando tu subconsciente trabaja más –contestó Liza–, y así, sin que tú te lo propongas, la información se almacena mejor, ya que se guarda directamente en el interior del cerebro.
–Pues sinceramente espero recordar todo lo que me digas aún después de que haya amanecido –dijo Harry bostezando.
–Lo harás.
Continuaron su ascenso por el castillo en silencio, hasta que Harry se percató adónde se dirigían: caminaban hacia la torre de Astronomía; la misma torre por la que Albus Dumbledore se había precipitado luego de haber sido asesinado. No hizo comentario alguno, pues esperaba que Liza le diera una explicación en cualquier momento, pero ésa nunca llegó. Cuando el aún nocturno aire frío les golpeó los rostros, una vez que se hubieron plantado en la torre más alta del castillo, Harry decidió que era tiempo de preguntar:
–Liza¿por qué vinimos aquí?
–El aire frío es un excelente despertador –respondió la muchacha, caminando hasta el borde de la torre–, además, cuando terminemos, tal vez me lance al vacío para poner fin a esto de una vez por todas.
–¡Liza!
La muchacha sonrió ante la exclamación de su primo.
–La verdad es que me gusta mucho el paisaje –confesó entre risas–, y aunque ahora ya no lo puedo admirar como antes lo hacía, el hecho de estar aquí de pie, ante el mismo paisaje que solía mirar con mi padre, me reconforta; y hasta cierto punto, me hace pensar que no todo está perdido.
Después de decir eso, la joven guardó silencio, mientras sus ojos blancos recorrían el horizonte.
–Estuvimos pensando en la carta de Rina –informó Harry luego de un rato.
–¿A sí? –inquirió Liza girándose hacia su primo–¿y llegaron al mismo resultado que yo?
–¿A qué resultado llegaste tú?
–A que la carta de Rina no sólo está dirigida a mí, sino que habla sobre mí. Yo soy portadora de la Palma de Godric, y también soy portadora de una parte de Voldemort. ¿Eso fue lo que dedujeron?
–Pues sí –admitió Harry, y no estaba sorprendido de que su prima hubiera llegado a las mismas conclusiones que ellos–. En realidad la carta no era muy reveladora¿verdad? No nos decía nada nuevo.
–Lo que aún no sé es a qué hechizo se refería Rina cuando hizo la comparativa de la magia antigua y el alma.
–Tiene que referirse al sacrificio de mi madre y a la maldición asesina¿no te parece?
–Eso mismo pensé yo, pero no lo sé, Harry; no lo tengo tan claro. ¿No sería muy obvio?
Harry no contestó, pero tuvo la sensación de que la única razón por la que Liza estaba dudando, era para que así pudiera seguir teniendo algo a qué aferrarse.
–Algo que también me parece demasiado extraño es el hecho de que Rina se refiere a mí como la última descendiente de Gryffindor. No te toma en cuenta a ti para nada.
–Tal vez Rina estaba segura de que yo moriría a manos de Voldemort –sugirió Harry luego de pensar un rato.
–Supongo que sí. En fin, dejemos por ahora ese tema, Harry, y concentrémonos en lo que realmente nos atañe: la Palma de Godric.
–La Palma de Godric, como bien sabes Harry, sirve para ver, extraer, modificar y manipular los pensamientos propios o ajenos; y lo que tendrás que aprender conmigo es cómo hacer todo eso. Antes que nada debes saber que no es fuego azul lo que se apodera de mi mano izquierda cuando enciendo la Palma, en realidad son mis propios pensamientos que adoptan una forma llameante y envuelven mi mano.
–Es por eso que la Palma permanece encendida aún debajo del agua –dedujo Harry al instante.
–Precisamente –confirmó Liza con un asentimiento, y después de una respiración profunda, continuó–: Todos los descendientes de Godric Gryffindor, y siempre y cuando tengamos magia, nacemos con cierta… predisposición, misma que después nos permite convertirnos en portadores, si es que llegamos a ser elegidos. Ahora, este minúsculo detalle nos diferencia de los demás magos y brujas, haciéndonos más susceptibles a la Legeremancia, por desgracia. Es un defecto que Gryffindor no pudo extirpar de su Palma; pero la buena noticia es que esa debilidad desaparece cuando la mano izquierda se enciende, porque es entonces cuando desplazamos todos nuestros pensamientos fuera de nuestra mente y los depositamos aquí.
Liza se quitó su guante negro y dejó al descubierto lo que Harry ahora sabía eran sus pensamientos y recuerdos.
–¿Es difícil? –preguntó el muchacho por inercia, contemplando la mano de su prima.
–Es difícil los primeros días –confesó la joven con una sonrisa–, es sólo cuestión de acostumbrarse; y debo ser honesta contigo Harry, el primer día es doloroso y muy agotador, pero ninguna de estas cosas es física, todo es mental. Cuando tú tengas la Palma y después de que practiques todo lo posible antes de que salga el sol para cuando empiece el día tendrás la jaqueca más grande que hayas tenido en toda tu vida.
–¡Vaya¡Eso sí que me reconforta! –ironizó Harry sin poderlo evitar.
–Es el precio que hay que pagar por un don tan raro –dijo Liza, siguiéndole la corriente a su primo–. Y ahora, Harry, el gran secreto de la Palma de Godric te será revelado, pero debo advertirte que cuando lo sepas te decepcionarás terriblemente. La verdad, es que no hay que hacer gran cosa para que la Palma funcione; de hecho, descubrí un buen truco que lo facilita todo. Lo único que tienes que hacer, es ver tu mano izquierda fijamente, mientras te concentras en algún pensamiento en concreto. Debes tratar de visualizar ese pensamiento en tu mano, y cuando lo logres, la Palma se encenderá.
–¿En serio es así de fácil? –inquirió Harry incrédulo.
–Harry, me convertí en portadora de la Palma cuando tenía cuatro años; mi imaginación era muy hiperactiva entonces, por cualquier cosa mi mano se encendía. A decir verdad, en mi caso, tuve unos cuantos problemas para mantenerla apagada, pero como ya te dije, sólo es cuestión de acostumbrarse. Eventualmente no será necesario ver tu mano.
–Ésa es la parte divertida, entrenar encendiendo y apagando la Palma. Por otra parte, la manipulación y modificación son un poco más complicadas. Para llegar a ese nivel, es necesario dominar completamente la materialización de los pensamientos en la mano, ya que de no ser así, se puede cometer el gravísimo error de volver a la normalidad la Palma mientras se está dentro de la cabeza de otro, causándole una muerte inmediata.
–En este punto es necesario que entiendas que, cuando la Palma de Godric está encendida, la mano izquierda se vuelve incorpórea, pudiendo ser capaz de atravesar cualquier cosa. Además, en caso de que estuvieras sosteniendo algo en el momento en que tu mano se envuelve en fuego azul, ese objeto también se vuelve incorpóreo, brindándote la oportunidad de moverlo o de introducir algo en él.
–Y así es como obtuviste la copa de Hufflepuff –dedujo Harry maravillado–, y también fue por la Palma que pudimos entrar esa noche al cementerio para ver la tumba de mis padres. Recuerdo que el candado en tu mano estaba cerrado y sin signos de haber sido forzado.
–Tienes una excelente memoria –dijo la muchacha, y se le veía asombrada–, eso será de gran ayuda. Pero como te estaba diciendo antes de hacer esta pequeña aclaración, la modificación y manipulación de recuerdos no es tan sencillo.
–Estoy segura de que recuerdas que existen dos formas para poder entrar en la mente de alguien más: por propia voluntad de la persona, o derribando sus barreras mentales. Confío en que también recuerdas cómo se derriban dichas barreras, Harry, porque eso es vital; y una vez derribadas, la persona en cuestión queda completamente vulnerable para siempre. En caso de que tengas que entrar muchas veces a la misma mente, no necesitas volver a hacer un interrogatorio. Cuando tienes la Palma dentro del cráneo de otra persona, se te presenta una vista completa de su vida a gran velocidad, permitiéndote crear una idea general de su mente. Después de esto, lo único que tienes que hacer es hurgar en busca del recuerdo que necesitas.
–En caso de que sea una modificación la que quieras hacer, debes de posicionarte al principio de la parte de vida que quieres cambiar, y una vez ahí, sólo debes de pensar en cómo quieres que quede el recuerdo, y la Palma hará la modificación. Si por otra parte lo que quieres es extraer un recuerdo, tienes dos opciones: sacar el recuerdo original, o crear una copia exacta que puedas sacar. Si haces lo primero, le crearás a la víctima un espacio blanco en sus recuerdos como si le borraras la memoria; pero con lo segundo, el recuerdo original se queda en donde debe estar, y tú simplemente posees una copia de dicho recuerdo.
–¿Y por qué existen esas opciones? –preguntó Harry tratando de entender–¿cuál es su utilidad?
–Si alguien ha visto de más, lo mejor es extraer ese recuerdo de tajo, y modificar las partes inconclusas para que todo parezca normal –respondió la joven con presteza–, en cambio, si lo que buscas es información, siempre es mejor conservar la fuente original intacta. No se sabe cuándo se podría necesitar.
–Y sin importar lo que se haya decidido hacer con el recuerdo antes de extraerlo, una vez que éste está afuera¿cómo haces para hacerlo líquido o esférico? –Harry había visto a Liza hacer eso muchas veces, y no se lo explicaba, aunque con todo lo que había oído, ya no estaba tan seguro de que la explicación lo sorprendiese.
–Mira, Harry, sé que te vas a reír cuando te lo diga, pero es mi deber decírtelo sin importar cuán ridículo o fácil parezca, así que ahí va: Si quieres que el pensamiento sea líquido para guardarlo en una botella, entonces piensas en agua; y si lo que quieres es que sea esférico, entonces piensas en algo redondo: una pelota, una Recordadora, cualquier cosa redonda.
–¿Eso es todo?
–¿Suena tan patético como siempre he creído que suena?
–No es que sea patético –repuso Harry–, es sólo que me parece demasiado sencillo.
–Pues sí lo es, pero sólo si aprendes bien el funcionamiento básico de la Palma. Ahora, para ver recuerdos, todo lo que tienes que hacer es impactarlos contra el piso, y ordenarles mentalmente que se vean, y automáticamente se incrustarán en el suelo, y se escenificarán a tu alrededor. Una vez que el recuerdo termine, debes ordenarle que regrese a tu mano izquierda.
–¿Cómo sabes cuando un recuerdo ya terminó?
–Las esquinas de los escenarios comienzan a desvanecerse, y el fondo en sí comienza a perder color. Si dejas que el recuerdo siga, todo desaparecerá y regresará a la pequeña esfera, como bien viste en días pasados.
Liza guardó silencio por un momento, tal vez para recobrar el aliento, tal vez para dar tiempo a Harry de asimilar todo aquello.
–Creo que eso es todo lo que puedes hacer con un recuerdo –dijo Liza pensativa–. Bueno, también está la comprobación de un recuerdo auténtico, pero eso ya te lo expliqué y ya viste cómo se hace, pero por si quedó alguna duda, lo único que debes hacer es introducir tus dedos índice y corazón dentro del pensamiento, y formar círculos en sentido contrario a las manecillas del reloj, después debes sacar tus dedos de golpe y esperar a ver el resultado. –La joven meditó otro rato en silencio, y luego dijo–: Cuando la Palma de Godric está encendida tienes más oportunidades de ver rastros mágicos o pistas ocultas como la que Rina dejó en tu habitación, pues tus sentidos están más abiertos que de costumbre.
–Y hablando de eso¿cómo hizo Rina para dejar esa carta escrita en los muros de mi alcoba?
–Técnicamente, lo que Rina dejó ahí es un recuerdo, sólo que sin imágenes. Para hacerlo, se introducen dos dedos en el suelo y se piensa en todo lo que se quiere dejar escrito, y se escribe. Para leerlo, deben clavarse los dos dedos exactamente en el mismo punto del que toda la carta se desprende, y se puede leer así, en cuclillas, o se puede dejar temporalmente un pensamiento en la ranura que mantenga todo encendido.
–Todo es de mucho pensar¿verdad?
–Eso me temo, Harry.
El sol comenzó a despuntar en el horizonte, mientras ambos primos permanecían callados, respirando con lentitud el aire matutinal.
–Eso es todo –dijo Liza, rompiendo el silencio–, pero si tienes alguna pregunta, ahora es el momento.
–Pues de hecho sí tengo –contestó Harry, y sin hacerse esperar, preguntó–¿Por qué necesitas guantes de piel de dragón para agarrar un recuerdo en forma de esfera¿Acaso quema?
–No. Eso es para no pervertir el recuerdo con el contacto de la piel humana.
–Ya veo. ¿Y qué me dices sobre esa conexión tan extraña que tú y yo tenemos? La conexión que me permite ver en tus ojos las cosas que quieres que vea.
–¡Ah, sí! Eso no te lo expliqué. Como ya sabes, en la antigüedad, cuando la Palma de Godric refulgió por primera vez, Godric Gryffindor dispuso que solamente uno de sus descendientes sería capaz de usarla, y si este descendiente moría, la Palma pasaría a manos del pariente que lo siguiera en edad. Aquel descendiente al que llamamos "portador", estaba obligado a saberlo todo sobre la Palma de Godric, y no sólo eso, sino que era el encargado de transmitir dicho conocimiento a aquél que se transformaría en su sucesor.
–Lo que no sabes es que en aquellos días, la Palma era vista con codicia y envidia, y en un intento de preservar su existencia, Gryffindor agregó un talento extra a la Palma, talento consistente en permitir que portador y sucesor pudieran tener comunicación telepática. De esta forma, los secretos de la Palma no eran transmitidos verbalmente, sino mentalmente. Lo único que el portador debía hacer, era sentarse frente a frente con su sucesor, y mente a mente, darle todos los conocimientos que requeriría como nuevo portador.
La joven se volvió hacia ese paisaje que según había dicho, tanto le gustaba y continuó:
–Actualmente, sabes que la Palma de Godric no en considerada más que un mito, haciendo que todo ese sistema de seguridad parezca mera vanidad, pero el talento extra sigue siendo heredado a través de las generaciones, y es lo que me permite mostrarte cosas con sólo vernos a los ojos.
La muchacha no dijo más por un rato, y por un momento, Harry creyó que ya había terminado, pero entonces súbitamente dijo:
–Aunque viéndolo en retrospectiva, creo que en realidad todo eso de la telepatía era para que no se descubriese lo fácil que era manipular la dichosa Palma de Godric.
Harry rió ante aquel comentario, al tiempo que caminaba hasta colocarse al lado derecho de su prima.
–Estoy de acuerdo contigo –le dijo, aún sonriendo.
Contempló el majestuoso paisaje que tenía a sus pies, y sintió que Liza estaba en lo correcto al gustar de aquella vista, era algo simplemente hermoso. Se veían las copas de los árboles del Bosque Prohibido mecerse con el aire gélido que imperaba en el ambiente. La cabaña de Hagrid lanzando espirales de humo al cielo; los amplios jardines delimitados por el inmenso lago negro; y el sauce boxeador irguiéndose orgulloso ante el amanecer. Todo coronado por el tímido sol que se abría paso lentamente por sobre el horizonte.
El muchacho estuvo a punto de hacer un comentario sobre el paisaje que tenía en frente, pero entonces, algo en el horizonte llamó su atención. El sol salía exactamente igual a como lo hacía todas las mañanas, pero en lugar de iluminar un camino desierto; esa mañana iluminaba también a dos figuras que corrían hacia Hogwarts, y una de ellas estaba envuelta por una capa negra, con la capucha cubriéndole el rostro.
