Y así como se dijo en Matrix, "todo lo que tiene un principio, tiene un fin"; y esta historia no iba a ser la excepción. Después de casi dos años, por fin hemos terminado. Sé que no puse estos dos capítulos el día que dije que los pondría, pero por más que nos apuramos, no se pudo. Pero bueno, me trato de consolar repitiendo que sólo fueron unas cuantas horas de retraso. Como sea, ahora sé que de todas formas ustedes leerán el fin de mi historia.
Nunca terminaré de agradecerles el hecho de que siempre estuvieron ahí, apoyándome, dándome fuerzas para terminar. Si ahora ustedes están leyendo éste, mi último capítulo, es porque ustedes me inspiraron para acabar.
GRACIAS POR HABERSE MANTENIDO FIELES, GRACIAS POR NO HABERME ABANDONADO, GRACIAS POR TODOS SUS COMENTARIOS QUE ME REVITALIZABAN EL ALMA Y ME LEVANTABAN EL ÁNIMO.
No estoy segura de que mi final guste mucho, pero por si me equivoco, y sí les gusta, quiero que sepan que estoy a su disposición, por si no entendieron algo, por si yo por error dejé cabos sueltos... por tener una plática sobre el nuevo libro (cuyo primer capítulo ya leí y escuché), por hablar de cosas cotidianas o para desahogar las penas. Nada me haría más feliz que mantener contacto con aquellos que hicieron mágicos estos dos años. Y ya que estoy haciendo esta pequeña actualización, aprovecho para decir que no, no voy a escribir más fics de Harry Potter (lo siento por aquellos que aún guardaban la esperanza).
Si se animan, les dejo mis tres mails, escríbanme a:
(tengo un problemita con los mails así que lo voy a escribir separado y sin poner gráfico el arroba, pero ya saben que es todo junto)
aego arroba msn . com
aego arroba ceiba msn . com
aego arroba ceiba yahoo . com . mx
Bueno, pues creo que eso sería todo, pero no me voy a despedir sin antes haberles dicho nuevamente: GRACIAS!!!
Y no olviden que algún día verán en el aparador de alguna librería, un libro cuyos autores serán aego y leyno. Espero que por los viejos tiempos, le den una oportunidad a nuestra historia. Nada me haría más feliz que saber que, a pesar de los años, seguimos en sus memorias. Eso sería un honor.
Harry Potter y la Palma de Godric fue para ustedes y por ustedes. GRACIAS!!!!
Y ahora, sí, sin nada más que decir, me despido.
Quedan de ustedes:
Adriana Elizabeth "aego" García Oviedo
Luis de Jesús "leyno" García Oviedo
y
Alicia "mamá" Oviedo López.
arrocillo!!!
Capítulo 36.
Y la vida continúa
–¡Mami¡Mami! –escucho tu voz llena de emoción, y siento tus manos sacudirme el hombro incesantemente, haciéndome despertar–. ¡Mami¡Hoy es el día¡Ya levántate!
–¿Hoy es el día¿Qué día? –te pregunto inocentemente sin abrir los ojos, pretendiendo que no sé lo que esa frase significa.
–¡Hoy nos vamos a Hogwarts! –exclamas, brincando en la cama–. Pero antes vamos a ir a ver a papá y a los abuelos.
Sonriendo, me siento en la cama.
–Tienes razón –te digo, acariciando tu cabello tan rojo como el mío, tus ojos tan verdes como los de tu padre–. Hay que apurarnos para poder desayunar con los abuelos.
No necesito decírtelo dos veces; de inmediato corres a tu cuarto para asearte. Pero yo no me puedo quedar atrás, así que, desperezándome, me levanto de la cama y me dirijo al baño. Me ducho lo más rápido que puedo y procuro no tardar en vestirme.
–¿Ya estás lista, Liza? –te pregunto mientras me calzo los zapatos.
–¡Casi! –me contestas al instante, pero yo sé que ese "casi" significa que acabas de salir del baño y que aún no te has vestido.
Me cepillo el cabello frente al tocador, y miro de reojo la fotografía del joven de cabello negro alborotado y ojos verdes, que me sonríe desde su marco, abrazándome en la fotografía. Hace tanto que nos tomaron esa foto; hace tanto que la contemplo; y sin embargo, nunca me canso de verla.
Repentinas imágenes invaden mi mente, haciéndome revivir aquel fatídico día en Azkaban. Ahora sé que las cosas fueron como tenían que ser, pero en aquellos momentos, al ver su cuerpo inmóvil tendido al lado del enemigo, simplemente me derrumbé. No podía, o mejor dicho, no quería aceptar que ya no estuviera conmigo. Era verdad que el mal finalmente había sido derrotado, pero a qué costo.
Él había hecho lo que tenía que hacer, pero era debido a eso, que no había visto nacer a su hija; no se había despertado a mitad de la noche para darle de comer, no había estado en ninguno de sus cumpleaños. Tantas y tantas cosas a las que se había visto obligado a renunciar, porque la paz dependía de él.
Me había resultado muy difícil aceptar su ausencia, sobre todo después de la noticia del embarazo, pero al tener a mi hija en brazos, me di cuenta de que, por darle un mundo mejor a ella, yo también hubiera dado mi vida gustosa.
Por eso estoy agradecida, porque a mí sí se me dio la oportunidad de disfrutar y de sufrir a Liza, mi adoración.
–Ya estoy lista, ma'. –Se asoma tu carita sonriente a mi alcoba–. ¿Nos vamos?
–Sí, vámonos.
Eres la primera en salir de la casa, y te sigo, guiando el equipaje. Estás tan emocionada.
–¿Nos vamos en las escobas? –preguntas con un tono suplicante.
–Hoy no, hija –te contesto, aunque comparto tu deseo de usar las escobas–. Recuerda que vamos a llevarle una sorpresa a tu abuelo.
–Es cierto –dices, sin mucho entusiasmo.
–¿Por qué no te subes mientras aseguro la casa?
Resignada, asientes y te diriges al auto nuevo. Comienzo a sellar puertas y ventanas; siempre he creído que es una casa muy grande sólo para nosotras dos, pero es que es tan tranquila y tan… oculta. Supongo que él la hubiera considerado la casa ideal, después de haber sido una figura conocida durante toda su vida.
Una agradable melodía suena por sobre mi cabeza, y sé perfectamente lo que significa.
–Cuídala bien, Fawkes –le digo al hermoso fénix que se encuentra aferrado al tejado.
Pese a que hace muchos años lo liberé, él simplemente no se va, le gusta estar en la casa del que fue su dueño por tanto tiempo. Tal vez es por costumbre, tal vez es por nostalgia; de cualquier manera, me tranquiliza el saber que está ahí; y aunque no nos sigue a donde vamos, siempre ha acudido a nosotras cuando lo hemos necesitado.
–¡Mamá¡Se nos va a hacer tarde!
Luego de colocar el último sello me encamino al auto, y con un movimiento de mi varita, guardo nuestros equipajes en el maletero encantado. Sé que a papá le encantará su regalo.
–¿Adónde vamos a ir primero? –me preguntas mientras me siento frente al volante y pongo el motor en marcha.
–Primero vamos a ver a papá, después a desayunar con los abuelos, y luego…
–¡A Hogwarts!
Estás tan emocionada como sé que el lo estaba cuando Hagrid lo acompañó a comprar todo para Hogwarts. Aún pensando en eso presiono el botón que acciona la invisibilidad, y emprendemos el vuelo. Fred y George tenían razón: vale la pena adquirir ciertas habilidades muggles, como conducir, aunque son un poco lentas.
–Oye ma'¿y en qué casa crees que me quede? –me preguntas repentinamente, y la respuesta es muy sencilla, aunque prefiero mantenerte en suspenso.
–Bueno, pues tu papá y yo éramos de Gryffindor, aunque…
–¿Aunque qué?
–Aunque no se sabe qué pueda pasar.
–Pues espero que me toque en la misma casa que a Harry –me dices muy decidida–, así ya tendría alguien con quien hablar desde antes de empezar las clases.
–¿Hablar, o discutir?
–No siempre discutimos mamá, a veces pasamos directamente a la pelea, aunque siempre le gano, así que no puede considerarse una pelea "en forma". Además, no es que yo quiera pelearme, es que él se burla de mí porque no le puedo ganar en el ajedrez mágico, pero no es justo porque a él le enseñó su papá, y mi tío Ron es muy bueno con el ajedrez mágico.
–Y luego tú te burlas de él porque le ganas en quidditch, y ahí comienza otra pelea¿verdad?
–Básicamente.
–Pues será mejor que en Hogwarts se tranquilicen los dos, porque como profesora, tu tía Hermione es muy estricta, y si tiene que castigarlos lo hará, no importa que sean su hijo y su sobrina.
–¿En serio es tan estricta? –La expresión asustada de tu rostro me deja ver que me entendiste.
–Sí, ése es como el estado natural de tu tía.
Ríes ante mi sentencia, y eso pone fin a nuestra conversación, pues acabamos de llegar al cementerio del Valle de Godric. Te he llevado muchas veces, lo sé, y lo hago porque quiero que siempre recuerdes a tu padre como el gran hombre que fue.
Parece mentira que ya hayan pasado tantos años desde que estuvimos aquí, enterrándolo.
Caminamos sin vacilación a las tumbas cuyas flores son perennes, y al estar ahí, de inmediato te arrodillas ante ellas.
–¡Hola, papá! –le dices con tu usual alegría–. ¡Hoy es el día¡A Hogwarts, al fin¿Puedes creerlo? Y aunque mamá dice que me tengo que comportar o si no mi tía Hermione me castigará, creo que va a ser muy divertido. Tú disfrutaste mucho estar en Hogwarts¿verdad, papá? Espero que a mí también me guste. Y vas a ver que voy a ser la buscadora del equipo de quidditch de Gryffindor, porque yo quiero entrar a Gryffindor¿sabes? Como mamá y tú. Espero que sí me acepten.
Mientras continúas hablando, no puedo evitar sonreír con lo que le cuentas a tu padre. La vida ha sido dura sin él, aunque no me quejo. Miro el magnífico ángel que resguarda sus restos y los de sus padres, y me convenzo cada vez más de que haber vuelto a encantarlo con Perpetuos Flora fue lo mejor que pude haber hecho. Además, agregar el pequeño tributo que está a los pies del ángel ha sido muy significativo.
Vuelvo la vista a la lápida en donde su nombre está escrito. "Sé que estarías muy orgulloso de tu hija, Harry –pienso, y estoy completamente segura de ello–. De hecho, me gusta creer que nos ves desde donde estás y sonríes".
–Despídete ya, mi vida, recuerda que el expreso de Hogwarts es muy puntual –te digo, cuando creo que ya se nos hizo un poco tarde.
–Sí, ma'. Adiós pa'. Deséame suerte.
Y al instante te levantas y caminas hacia el sendero. Después de murmurar quedamente un "te amo", te alcanzo y hacemos una carrera hacia el auto.
–¡Apresúrate ma', que vamos a llegar tarde con los abuelos!
–Ya voy, Liza, ya voy.
Nos toma un buen rato llegar hasta La Madriguera, mi antigua casa, pero lo vale.
–¡Ya están aquí! –escucho a papá gritar, y lo veo correr hacia nosotras.
–¡Abuelito! –exclamas, bajando del auto a toda velocidad.
–Mi princesita –le dice mientras la abraza con esa expresión de felicidad absoluta que tiene desde que es abuelo–. ¿Cómo estás¿Ya estás lista?
–Sip.
–¿Estás nerviosa?
–Nop.
–Entonces te mereces una rebanada muy grande de pastel de chocolate. Ve y saluda a tu abuela y a tus tíos, y pídeles tu rebanada, porque tus primos han estado babeando por ella desde que se terminaron las suyas.
No esperas a que te lo diga dos veces. De inmediato echas a correr a esa casa que, según me has dicho, tanto te gusta.
–Hola, hija –me saludas con un abrazo–. ¿¡Qué tienes ahí!?
–Hola, papá –y sonrío ante tu pregunta–. Éste es un regalo para ti.
–¿Para mí?
–Sí. Harry y Ron perdieron el que tenías, y como yo asumo la parte de Harry, estoy saldando la deuda. Sólo no le digas a mamá que este auto también está encantado.
–Pero, Ginny…
–Las cosas han cambiado, papá. Acéptalo, por favor, lo compré especialmente para ti.
–Gracias, hija –Y tu expresión de felicidad es mi mayor recompensa. Tomas las llaves emocionado, como siempre te pones con las cosas muggles–. Voy a guardarlo¿te molesta ir sola a la casa?
–Claro que no.
Prácticamente corres después de que te digo eso. Mientras camino, pienso en que las cosas realmente han cambiado. Antes, teníamos que volver a usar las cosas que iban dejando los hermanos mayores: ropa, libros, varitas, mascotas… Pero de eso ya hace mucho. Ahora nosotros somos los grandes, los sostenes de nuestras propias familias, y aunque en mi caso sólo seamos mi hija y yo, Harry se aseguró de que nunca nos faltara nada.
Aún recuerdo cuando Dobby me entregó esa carta, la carta que Harry había escrito y que le había confiado, con explícitas instrucciones de dármela si algo le llegaba a pasar. ¿Por qué me había nombrado su heredera universal? Tal vez algo en su interior le había dicho que una nueva vida se estaba desarrollando en mi interior. Sonrío ante el pensamiento. Hoy ha sido un día de muchos recuerdos.
–¡Ginny¡Mi vida! –Mamá me abraza efusivamente, como siempre hace.
–Hola mamá.
–¡Como siempre, tarde! –exclama mi hermano Bill. He aprendido a tolerar a su esposa, quien me sonríe alegremente.
–Ya era hora, Ginny –dice Ron, con son de burla.
–Claro que no, aún estoy a tiempo.
–Nosotros ya casi nos íbamos –dicen Fred y George quienes, estoy segura, ya reabastecieron a Liza con más Sortilegios.
–¡Bueno, bueno! Ya estoy aquí.
–Y todavía hay tiempo, Ginny tiene razón –me apoya Hermione con aplomo.
–¿Lo ven?
–Pero si no desayunan ahora sí se les va a hacer tarde –advierte mamá.
–¿Y los niños?
–Afuega, jugando con los gnomos –me informa Fleur–. Sólo comiegon pastel y se fuegon a jugag.
Miro por la ventana, y veo a seis niños jugando: Fleur y Molly, de Bill y Fleur (las dos, rubias como su mamá); Harry, Annie y Jane, de Ron y Hermione (de los tres, sólo Harry y Annie son pelirrojos, Jane es castaña al igual que su mamá) y mi Liza, pelirroja como yo pero con los ojos de su papá.
–¡Vamos¡Enciéndela! –le pide Jane (la más pequeña de los primos), a Liza (la más grande).
Y a petición popular, la mano izquierda de mi hija se ve envuelta por intensas llamas azules, al encenderse la Palma de Godric. Los cinco niños la contemplan asombrados. Si no hubiera sido porque Harry escogió como último pensamiento un recuento de su vida, yo no habría sido capaz de ayudarle a Liza con el manejo de la Palma
–¡Anda Ginny, que se enfría!
Me siento a la mesa al mismo tiempo que entra papá, con la emoción aún en el rostro.
–¿Qué tanto hacías allá afuera? –pregunta mamá.
–Guardaba un regalo.
–Nosotros ya nos vamos –anuncia George, levantándose de la mesa.
–Hoy es un buen día para vender Sortilegios –complementa Fred.
–Sortilegios que confiscamos todos los años –dice Hermione.
–No confiscan todos, cuñadita –le refutan al unísono.
Y tienen razón. Mientras mamá acompaña a mis hermanos, nosotros nos enfrascamos en una conversación bastante extensa, que comienza con la obvia ausencia de mi hermano Charlie debido a su viaje de bodas, pasando por la obstinación de Percy, y su negativa de admitir su error (¡cuántos años han pasado!); y terminamos con nuestras opiniones sobre el nuevo régimen ministerial bajo el mando de Alastor Ojoloco Moody. En cuanto al Ministerio se refería, Remus Lupin también se había encargado de modificar ciertas cosas obsoletas.
–¡Ya es hora niños! –informa mamá asomándose a los jardines.
Y es de esta manera que todos nos encaminamos a la estación de King's Cross, pues aunque sólo Harry y Liza ingresarán a Hogwarts este año, los primos quieren despedirse. Ya en el andén nueve y tres cuartos, los pequeños comienzan a llorar, y es que han estado tanto tiempo juntos, que en lugar de primos, parecen hermanos. Pero el expreso se va.
Nosotros, como profesores, no viajamos en la locomotora escarlata; nos aparecemos en Hogsmeade y nos encaminamos a Hogwarts.
–¿Y cómo piensan arreglárselas este año? –les pregunto a Ron y a Hermione.
–Bueno, este año será más difícil –me contesta Hermione–, porque ahora que Harry ya está en el colegio, vamos a dividirnos los días.
–Una noche Hermione se queda en Hogwarts para no dejar solo a Harry, mientras yo regreso con las niñas, y la noche siguiente cambiamos –me explica mi hermano.
–Y los fines de semana nos los pasamos todos juntos, como siempre –agrega Hermione.
La profesora McGonagall, directora de Hogwarts, ha tenido muchas concesiones para con nosotros, pues al ser maestros del colegio más prestigioso del mundo, y padres al mismo tiempo; podemos dejar Hogwarts después de clases para ir con nuestros hijos, y los fines de semana son para nuestras familias. En horas de trabajo los abuelos son de gran ayuda. Claro que eso ya acabó para mí y para Liza, pues ahora la tengo junto a mí. A Ron y Hermione todavía les quedan unos cuantos años de vivir aquí y allá, pues hay dos años de diferencia entre cada uno de sus hijos.
–¿Fueron al Valle de Godric? –me pregunta Ron con cautela.
–Sí. Liza quería hablar con su papá.
Guardo un poco de silencio, pero finalmente decido decirles lo que hice:
–Le conté todo a la niña.
–¿A qué te refieres?
–Hace dos semanas, cuando fuimos al callejón Diagon a comprar sus útiles, nos encontramos con un libro más sobre la supuesta vida de Harry Potter. No era más que basura, pero el haber visto eso me hizo entender que ella tenía que saber la verdad. En Hogwarts va a escuchar muchas historias sobre su padre, y la mayoría van a ser mentiras, así que preferí contárselo yo misma, ayudándome con el último pensamiento de Harry. Se lo conté todo.
Ustedes guardan silencio luego de mi explicación, y pienso que es porque creen que una niña de 11 años no puede con eso, pero luego me dicen:
–Fue lo mejor.
Estamos de acuerdo.
Llegamos a Hogwarts. Aún faltan horas para que los alumnos arriben, así que matamos el tiempo conversando con Neville Longbottom y Luna Lovegood. Perdón, es la costumbre. Luna Longbottom. El hijo de ambos, Frank, también entra este año.
Me gusta tanto esto, convivir todos los días con mis grandes amigos. Sólo nos falta Harry, pero de cierta manera está con nosotros, pues al haber dado su vida para proteger al mundo mágico, incluyéndonos, nos brindó una protección irremplazable e irrompible.
Pobres de aquellos que no entienden que hay cosas más grandes que uno mismo, más importantes que uno mismo; cosas que valen la pena defenderse hasta morir.
Harry Potter fue y sigue siendo el amor de mi vida, y al ver a mi Liza a los ojos, me doy cuenta de que él nunca me abandonará.
De pronto, nos vemos ocupados por los preparativos para el banquete de bienvenida, y en un abrir y cerrar de ojos, el Gran Comedor se llena de alumnos.
–Gusto en verla, profesora Potter –me saludan cortésmente algunos alumnos que pasan por enfrente de mí.
–Mañana que estemos en clase no dirán lo mismo –les contesto, pero saben que es una broma.
La profesora McGonagall ocupa la silla alta, y yo, al ser la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, me siento a su derecha. Neville, profesor de Herbología, se sienta al lado de Luna, su esposa y también profesora; profesora de Cuidado de Criaturas Mágicas, compartiendo el puesto con Hagrid. Horace Slughorn continúa como profesor de Pociones y Ron es ahora profesor de vuelo, y da asesorías particulares a algunos de los equipos más importantes. Nuestra profesora de Transformaciones es Tonks, quien bajo su condición de metamorfomaga, fue la candidata ideal.
El único asiento vacío es el de Hermione, profesora de Encantamientos y subdirectora del colegio, encargada de guiar a los alumnos nuevos a través del Gran Comedor. Después de acomodarlos en una sola fila, Hermione coloca el ya acostumbrado taburete, y sobre él, al Sombrero Seleccionador, y éste canta su canción. ¡Cuántas canciones le he escuchado desde aquella que cantó en mi selección!
Cuando el sombrero termina, Hermione comienza a recitar los nombres anotados en un pergamino. De nuestros hijos, primero va Longbottom, Frank, y es seleccionado para Gryffindor. Después de un rato, le toca a Potter, Elizabeth, que también se va a Gryffindor. No me sorprende pero celebro su triunfo, porque sé que para ella es un triunfo. Y luego de unos cuantos alumnos más, toca el turno a Weasley, Harry. Resultado: Gryffindor.
Ahora, es a ustedes a los que les toca vivir sus propias aventuras, que espero no sean tan peligrosas como las nuestras.
En todo el mundo quedaron marcas de lo que nos tocó vivir, incluso en Hogwarts, en donde dos sepulcros blancos todavía se encuentran en los jardines del colegio; uno, poseedor de los restos del mago más extraordinario del mundo: Albus Dumbledore. El otro, guardián del cuerpo de la mujer por la que mi hija tiene el nombre: Liza Dumbledore.
Y entre los dos aún refulge una pequeña flama azul que yo invoqué de vuelta; la misma que creyeron perdida y extinta, pero que nunca desapareció. La misma que llamea ante las lápidas a los pies de aquel ángel, en el cementerio del Valle de Godric.
FIN
