Gracias Shadir, ahora vamos a enfocar la historia desde los recuerdos de Bulma, y desués proseguiremos con el relato de las acciones.

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Capítulo 2: Mi 'amigo' Vegeta.

Bulma miró la lluvia fuera del confortable hogar. Su rostro se reflejó en el cristal de la ventana demostrando a la anciana en que se había convertido, madre y abuela... Su vida había pasado tan rápido. ¿Cómo habían pasado los años así de rápido?. Cerró los ojos nuevamente sumergiéndose en la historia de su vida, en aquellos años que marcaron su destino, que no fueron los más felices, pero sí los más intensos, que no fueron los mejores, pero si los más hermosos de recordar.

Era un atractivo casi bestial a pesar de ser apenas de mi misma estatura, pero tenía esos hombros anchos, esos músculos perfectos, ese cuerpo perfectamente proporcionado. - Eh pequeño, si quieres puedes venir a vivir a mi casa, pero no te hagas ilusiones... no quieras enamorarte de una chica tan bonita como yo, ¿eh?. -

El señuelo de la seducción fue servido en bandeja. Me gustaba... yo era hermosa, y lo sabía. Sabía la turbación que un guiño de mis ojos color cielo provocaba en los hombres. Mi cuerpo era tan perfecto entonces... me gustaba lucirlo, provocar, mirar de reojo la cara de bobos que ponían cuando yo pasaba contoneándome a propósito para hacerles babear. Era un vicio que he tenido toda mi vida, una necesidad de sentirme admirada, amada, anhelada... Un vicio al que jamás quise renunciar: la seducción. Yo era la encarnación de una 'ingenua libertina'. Me fingía ignorante del revuelo que ocasionaba cuando premeditadamente enseñaba un poco más de pierna en la reunión de inversionistas, y ellos se creían que no me daba cuenta de sus ojos desorbitados, de sus frentes sudorosas. Cómo disfrutaba haciendo eso... Y cómo adoraba pulsar todas las teclas, averiguar hasta que punto mi influencia podía llegar a ser poderosa. Si yo decía blanco, debían repetir 'blanco', aunque fuese gris. Esa sensación de poder, esa energía atravesando cada célula de mi cuerpo al sentir como se doblegaban las voluntades a mi paso, fruto de mi inteligencia, presos de mi belleza. Ah, que viejos tiempos, tan divertidos eran aquellos.

Mi naturaleza tenía algo de salvaje interiormente, era orgullosa, difícil, enojona, terca y dominante como una leona. Me gustaba mandar, controlar y gobernar, pero a la vez, me aburría sentir que todo fuese tan sencillo. Me planteaba retos cada vez mayores. Era un juego tan sólo, una diversión alocada. Enamorar a un hombre, notar como se vuelve lentamente loco por mi, y luego buscar otra 'víctima' de mis encantos. Pero no, si alguien piensa que eso significaba que yo era una novia infiel, están equivocados. Nunca había engañado a Yamcha, bueno, a no ser que el engaño de pensamiento cuente, jeje, Pero aún cuando fuera el único hombre que había besado en mi vida y el único hombre con el que había hecho el amor, aun cuando no me sintiera plena en mis relaciones sexuales, o incluso cuando sintiera algo de resentimiento hacia él por no permitir que le ayudara a superar sus tontos complejos, jamás le había traicionado. No me sentía capaz de hacerle algo tan terrible, yo no era así. En parte me daba miedo pensar que todo lo malo que uno hace acaba por pagarse, podría serle infiel, lo había pensado tantas veces... y había tenido incluso oportunidades de hacerlo, pero en el último instante me arrepentía, en parte temiendo la justicia divina, en parte porque le quería y no quería hacerle daño después de tantos años juntos, y en parte porque tenía miedo de que se llegase a conocer por los medios públicos, temía el escándolo, las murmuraciones, y por último, temía perderle, perder al único hombre que me convertía en la envidiada dueña de la Corporación Capsula, y no en la 'solterona' que muchas querrían atestiguar. A cuántas envidiosas les gustaría verme sola y poder decir: 'Oh, sí, mira todo sus lujos y su dinero, pero no tiene un hombre a su lado, ni una familia con la que compartir su felicidad'. En el fondo, no estaba dispuesta a arriesgar eso por nada del mundo. La seducción era un juego al que jugaba con cierta inocencia, y pureza. Nunca llegando a romper el corazón de nadie, tan sólo deseando sentirme Afrodita, ser diosa del amor por un rato, para luego volver a mi vida insípida pero confortable, a la seguridad de una pareja estable, a la monotonía de una vida cómoda sin alicientes, pero sin mayores complicaciones.

El problema era que dentro de mi, yo quería esas complicaciones... Y allí estaba él, mirándome con la cara desencajada, confundido totalmente. Muchas veces le pregunté qué sintió aquel día que le invité a venir a mi casa, hasta que una vez logré que me lo dijera: "Hmp, pensé que eras la mujer más vulgar y escandalosa que había sobre la faz de la tierra" Debió notar mi cara de desilusión y los hados saben que debí pillarle en su 'minuto tonto', porque se colocó detrás de mi, me sujetó de los hombros seductoramente y me reconoció al oido, bien bajito... "Pero cuando te seguí hacia la casa, por un segundo quise hacer esto..." Abrigó una mano en mi pecho amasándolo febrilmente, puso otra mano en mi entrepierna frotándola como sólo él sabe hacerlo y besó mi cuello chupando encantadoramente hasta que sintió el sabor de mi sangre en su boca. Me sorprendió, jamás pensé que fuera a reconocerme algo así, y aún hoy no se si lo dijo sólo para contentarme o era verdad, lo que si se, es que jamás nunca un hombre, había sido más difícil de conquistar como lo fue Vegeta. Mi gran reto, mi locura obsesiva, mi oscuro secreto, mi mejor 'ejemplar', el que me convirtió en víctima de mis propias artes, el que me acabó seduciendo...

Le hice frente al notar que no me contestaba. Por un segundo temí que dijera que no, así que pulsé un poco más las teclas. Cambié de postura estudiadamente, con un brazo bajo el pecho y otro en mi barbilla, realzando mi dotación natural. - Oh vamos, no creo que tengas dinero de la Tierra para alquilarte una habitación. Vamos, sígueme. - Me dí vuelta y él me siguió. WoW. Poder enunciar siquiera lo que sentí en aquel momento... me sentí diosa de la belleza personificada. Yo, Bulma Briefs, le hablé a aquel hombre, que sabía que era un asesino, que sabía que era peligroso, salvaje, malo, que podría matarme sin remordimientos... le dije que me siguiera y me siguió. Y todo con el poder de una sonrisa y unos pechos agraciados. Fue sencillo, le tenía en el bote, era mío, el Príncipe de los Saiyajins a mis pies. Qué equivocada estaba, Dios mío.

Moví mis caderas con gracia todo el camino hasta su habitación, la cual situé traviesamente junto a la mía. No es que pensara en hacer nada con él, pero quería 'torturarle' un poco, que supiera que yo estaba a escasos metros durmiendo. No pensé en las consecuencias, por mi mente no pasó la posibilidad de que fuera un violador despiadado, símplemente pensaba que podía lograr cualquier cosa con un guiño de mis ojos y una sonrisa inocente, incluso amansar a una bestia como él. De momento lo estaba haciendo muy bien... o eso creía yo.

- Aquí es. - Caminé dentro y le hice frente. El entró también. Su rostro gélido me estremeció por unos segundos y de nuevo una terrible excitación me sobrevivino al notar que estabamos sólos, en una habitación con aquella gran cama, y sus ojos negros se clavaban fíjamente en los míos, como queriendo leer dentro de mi mente. Me tomó toda mi fuerza de voluntad el lograr no tartamudear, parecer tranquila y confiada. Algo en mi interior me decía que si notaba que le tenía miedo, no dudaría en atacarme. Y yo le iba a demostrar que por más que me mirase penetrantemente, Bulma Briefs no se deja impresionar por nada, ni nadie... - Seguramente querrás descansar. - Me volví para no verle y salí de la habitación lentamente, contoneandome. Le miré de reojo antes de cerrar la puerta detrás de mi, y me estremecí al ver el ceño desconfiado con sus ojos angostados.

"No demuestres que le tienes miedo". Me repetí esa frase hasta autoconvencerme de ella, y con una sonrisa y un guiño pícaro me despedí de él. - Chaooo. - Era algo que había aprendido hacía años atrás. Cuando era pequeña, me daban miedo los perros, ellos olían mi miedo y se ponían a ladrarme ferozmente, entonces mi abuelo, me dijo algo que jamás olvidé en toda mi vida 'Si le demuestras que no tienes miedo, no te harán nada' . Mi intuición femenina me decía que Vegeta podía oler mi miedo, aunque sinceramente, jamás esperé que esa asunción metafórica fuese tan tremendamente real.

Bajé a organizar todo el lío con los Namekianos, sintiéndome afortunada al averiguar que sólo se alimentaban de agua. No había pasado ni siquiera 15 minutos cuando una voz retumbó en toda la Corporación.

- MUJEEERRRR, MUJEEERRRRRR. - Sentí verguenza por mis padres, por lo que pensarían al escuchar el escándalo que estaba organizando, pero de nuevo, me sentí afortunada al saber que mi padre posiblemente no se hubiera percatado aún de su presencia, y de que mi madre le sonreiría igual por más bestia que fuera el invitado que había llevado a casa. Siempre admiré esa capacidad de mi madre de poder sonreir a alguien que yo estrangularía lentamente. Realmente no se de quién pude heredar este caracter...

- Oye, tú, deja de gritar ahora mismo, esta es una casa respetable. - No medí mis palabras, que sonaron también a gritos, es un defecto que tengo, cuando me buscan, me encuentran. Pero a cambio parece que le desconcierto, y ese es un efecto que me gusta producir.

- MUJER. - Siguió gritando, parecía tan enfadado...

- Bulma. - Le corté, no me gusta que me denominen 'mujer', como si no tuviera un nombre. Esos comportamientos machistas me revuelven las tripas. Además, mi nombre es muy bonito.

- ¿Qué?. - Aún no entendió lo que le quería decir, o quizás es que le parecía tan increible que alguien le pudiera hablar con tal desparpajo, que no lograba encajar las piezas del puzle por más que lo intentaba. En cualquier caso, la situación no podía ser más... 'encantadora'.

- Que me llamo Bulma, y no hay razón para que des tantos gritos y te muestres tan agresivo, estás siendo invitado en esta casa cortésmente, estás entre amigos, ¿qué sucede?. - Amartilló una ceja casi sin creer mis palabras tan sinceras, suaves y amables. Luego volvió a su pose agresiva en un cambio de apenas décimas de segundos, pero no, a mi no me iba a intimidar, no le demostraría ni un ápice de miedo.

- 'Mujer'. - Recalcó esa palabra malvadamente, a propósito, con pose de superioridad estudiada, aunque su tono bajó de volumen. - Sirveme algo de comer ahora mismo. - Me tocó la tecla incorrecta. ¿Yo?. ¿Pretendía que yo le sirviera como si fuera una criada?. JA.

- Pero qué te has creido. - Grité toda roja de rabia. - Ahí tienes la cocina, si quieres comer algo sírvete tú mismo. - Mis piernas temblaron un poco al ver el sadismo puro que su mirada demostró en apenas un segundo. Su ceño se frunció, sus dientes se apretaron, y si hubiera tenido un medidor de ki, juraría que debió elevarse bastantes puntos.

- ¿Cómo te atreves a hablarme en ese tono, 'mujer escandalosa'? - Gritó tan sulfurado como yo estaba o más. Y su pronunciación de 'mujer' sonó como si escupiera en mi nombre mil veces maldiciendo, y casi... ¿regañándome?. - Para tu información estás delante del Príncipe de los Saiyajins, el guerrero de más grande alcance en el Universo, y me debes respeto y obediencia. - Por un segundo sentí una profunda decepción conmigo misma. Se suponía que yo era capaz de domar a cualquier fiera con mis encantos, pero Vegeta se resistía. No estaba en mis redes como yo pensaba, parecía odiarme con la misma intensidad que odiaba a Goku y al resto de los guerreros Z. Y peor aún, me había tomado por una especie de esclava a la que dar órdenes.

No se cómo lo logré, pero conseguí dejar de temblar. Me encrespé osgullosamente, no había nacido el hombre que se resistiera a Bulma Briefs. Caminé hacia la cocina, él me siguió. - ¿Ves esto?. - Abrí la puerta del frigorífico. - Ahí tienes la comida. - Le di la espalda y caminé lejos de él procurando no mirarle, pero a la vez, tratando de mover mi trasero lo más sinuosamente posible. Supongo que no supo que pensar. Quizás imaginó que las costumbres de nuestro planeta eran comer directamente del frigorífico y por eso no replicó.

Por un segundo, la diversión cruzó mi mente, Vegeta no sabía nada acerca de las costumbres de la Tierra, ¿cómo podría yo utilizar eso en mi propio beneficio?. Lo se, mi mente es muy retorcida, pero no lo era más que la de él. Y mi 2 a 0 me estaba comenzando a embelesar. Inteligencia vs bruteza. Está claro quien gana en esa batalla. No obstante, cometí un error, aposté a que no debía tener en esa cabeza más que aire, no en vano era un saiyain como Goku. Asumí que sólo le interesaría pelear y comer. Pero de nuevo me estaba precipitando, porque aquel príncipe violento, tenía muchas mas capas dentro de las que jamás pude imaginar.

Me dirigí a mi padre, para explicarle la situación, él estaba en su laboratorio, tal y como yo sospechaba, atornillando un artilugio. - Hola Papá. - Paró un segundo y me sonrió procurando que el cigarro no se le escurriese de los labios.

- Mmm hola cariño, ¿Ya estás de vuelta?. No te esperaba tan pronto. Ni siquiera escuché el aterrizaje. - Puse una leve mueca con tal de no explicarle que había sido teletransportada y fui al grano.

- Ejem, papá, mira, he invitado a casa a un hombre que es del espacio. -

- ¿Un hombre dices?. -

- Bueno... realmente es un extraterrestre, un saiyajin, pero su aspecto es similar al nuestro. - Papá me miraba con los ojos de par en par abiertos.

- Vivirá con nosotros una temporada, espero que no os importe a mamá y a tí. - Puse mi mejor sonrisa.

- Oh, por supuesto que no, cariño, tus amigos son bienvenidos en casa, ya lo sabes. - La cuestión era que Vegeta no podía llamarse precisamente 'mi amigo', pero en cualquier caso, tampoco había que explicar todos los detalles a los padres, y era afortunada porque ellos no se inmiscuían en mis cosas, me daban libertad absoluta, y es algo que les agradecí por siempre. De otro modo hubiera sido muy infeliz. - De todos modos pregúntale a tu madre antes. - Mamá era pan comido, salí del laboratorio tan contenta... y aún me preguntaba por qué habría de estar tan contenta de tener bajo mi techo a ese maleducado, machista, grosero, ... y tan guapo. La imagen de sus biceps captó por completo mi atención cuando lo vi subír las escaleras en dirección hacia su habitación.

Tal y como yo pensaba, convencer a mi madre me llevó muy poco esfuerzo, incluso diría que estaba contenta de tener invitados, mi madre era siempre tan servicial y amable... En cuanto lo supo, corrió a preparar unos pastelitos deliciosos para agasajar a 'mi amigo extraterrestre' con las delicias de la Tierra. Yo sólo recé a Dios para que no lo engriera más de lo que ya estaba.

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Bueno, ahora sí, ¿Qué os va pareciendo?. Necesito que me dejeis reviews, si no, ¿cómo voy a saber qué tal va la cosa?. Además, que si no me decís nada, mejor no sigo escribiendo, porque veo las estadísticas y estais leyendo mucha gente. Buu, mi premio son vuestros comentarios... T.T