Lady, celebro que te guste este fic, Bulma durante toda la serie se había dedicado a tratar de seducir a cuanto malo guapo salía, así que es lógico pensar que Vegeta no sería la escepción.

Raykal, jajaja, me has hecho gracia con eso de que actualice este antes que los demás, venga, va, concedido.

Camii, me alegra volver a verte aparecer, ya me dirás que te parecieron las actualizaciones, besitos guapa.

Risaku, me encanta saber que estás enviciada a mis Fics, es bastante halagador, gracias.

Karo, no entiendo muy bien lo que quieres decir con eso de que decía amarla y era tan tímido. Yamcha, al principio de la serie tenía un terrible complejo con las mujeres, si lo besaban, se desmayaba el pobre. Yo he querido pensar que Bulma le 'ha curado' bastante de sus complejos, pero no todos.

Shadir, el siguiente capítulo será menos oscuro que este, pero tenía que reflejar de algún modo los sentimientos de Vegeta, ¿qué tal?.

Angie, comprobarás que al final es una cuestión más espiritual que puramente frívola, pero si, Bulma es una libertina y no puede evitar ser así, es parte de su encanto y de lo que encandiló al Príncipe.

Aquí está, mi regalo de fin de año. FELIZ AÑO NUEVO. Que todo lo malo que os rodea muera, y todo lo bueno resurja en vuestras almas.

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Capítulo 3: Muerto.

Vegeta jadeó después de su última serie de ejercicios. Se sentó en el suelo de la cámara de gravedad a descansar brevemente. - Ahhss. Me estoy haciendo viejo. - A sus 87 años comenzaba a sentir los primeros síntomas de su declive físico. Su pelo estaba adornado por unos mechones en tono grisaceo, su cuerpo, seguía siendo perfectamente musculoso, aunque su rostro reflejaba ya algunos surcos. Sin embargo, apenas aparentaba unos 60 años.

Cruzó sus piernas, relajó su tono muscular y cerró sus ojos. Pero ese día por alguna razón, su mente no podía concentrarse en otra cosa que no fuesen sus recuerdos. Los recuerdos de esos años que fueron la trampa perfecta para el asesino, esos años en los que murió el ser que Freezer moldeó en su interior y renació su alma de entre las cenizas de su decadencia espiritual.

Era un ser oscuro, un demonio viviente forjado a golpes y a dolor. Era un monstruo destructor, pensaba que no tenía alma, me burlaba de Dios y de la vida, con el desparpajo de un niño que mata como un juego. Tenía apenas 6 años, cuando mi padre me envió con Freezer, sin ninguna explicación, sin ningún abrazo, con su mirada fría y su pose incólume. Mi mundo se resquebrajó en dos. No quería abandonar mi vida en Vegetasei, ¿acaso mi padre ya no me quería?. Mis preguntas eran muchas, demasiadas para un niño de tan corta edad, pero no podía rebajarme a preguntarlas, demostrar un ápice de debilidad. Si hay algo que me enseñaron, es que si muestras tu debilidad a alguien, lo mejor que puedes esperar, en el más deseable de los casos, es acabar 2 metros bajo tierra. No demostré afectación cuando me comunicaron la destrucción de mi mundo por un meteorito. Freezer me pulsó hasta el límite, quería ver si acabaría llorando, quería ver un niño destruido moralmente, asustado y triste, y se topó con el digno príncipe que era yo. No, mi rostro no mostró ningún sentimiento, por más que mi alma se hubiera rasgado en dos. Mi padre, mi planeta, mis congéneres, todos muertos, ser el príncipe de un cúmulo de polvo destruido miserablemente, ese fue mi cruel destino. Esa noche deseé haber muerto con todos los demás, lloré hasta caer rendido en la solitaria oscuridad de mi habitación, y después la rabia se apoderó de mi. Yo tenía que haber muerto, no debería estar condenado a vivir bajo el techo de un monstruo cínico ante el que debía arrodillarme, que gozaba humillándome, arruinando mi orgullo saiyán y jactándose de ser el Maestro, el amo del Príncipe de la raza de guerreros más increible que jamás había existido sobre la faz del Universo. Durante años el odio, el rencor, la ira, fueron los únicos sentimientos capaces de forjarse un espacio en mi corazón. Los secuaces de ese maldito lagarto sádico disfrutaban ridiculizándome, Zarbón, Dodoria, Kiwi, todos ellos se burlaban de mi gran talento. Pero yo sabía que en mi interior, tenía un poder que les acabaría superando a todos ellos, incluso a Freezer. Y esa fue mi sóla obsesión, acabar con él, matarle, vengarme de todos esos años humillantes que viví bajo sus órdenes, y luego ser el amo del Universo.

Mi única válvula de escape era saber que aún seguía siendo Príncipe, que aún seguía teniendo súbditos que se arrodillaban ante mi. Nappa, Raditz, no eran compañeros de batalla, ni amigos, sino mis fieles basallos, que debían humillarse ante mi, y mostrar su lealtad ferrea a cuantas órdenes les dictase. Por eso permití que Raditz viajase a la Tierra para encontrar a su hermano, tendría mi ejército de súbditos, cualquier vida saiyajin era valiosa, una esperanza para un mañana en el que mi raza volviera a resurgir. Yo les conduciría a la victoria, después de una batalla épica. Mi nombre sería pronunciado por generaciones de generaciones, y tomaría el trono que por usticia nunca me debió ser arrebatado. Yo cambiaría el destino cruel, sería el más grande entre los grandes. Vegeta, el Rey de los Saiyajins, el Emperador del Universo.

Pero ese estúpido Kakarotto arruinó todo, mató a Raditz. Las leyes saiyajin exigían la venganza de su sangre, Nappa y yo fuimos a ese maldito planeta alejado de todo, en el otro confín del universo para cumplir nustro código del honor, pero Kakarotto me venció, me humilló dejándome huir de la batalla para salvar mi vida, y aún hoy no entiendo por qué cometió tamaña estupidez. Ese día prometí que sería lo suficientemente fuerte, me enfrentaría a él y lo derrotaría. Moriría a mis manos, y demostraría mi poder por siempre.

Ya en Namek, Dodoria me contó la terrible verdad, Freezer había aniquilado mi planeta, me mintió. Él, me humilló aún más, debió divertirse con la sóla idea de tener a su servicio al Príncipe de los que asesinó, cómo debió reirse al engañar a ese niño de 6 años que era yo entonces. Me juré vengarlos, Freezr pagaría, pero fallé. Lloré de rabia, de impotencia, no podía fallar, no podía sucederme esa injusticia, tantos años de sufrimiento, de dolor, de amargura, no podían ser en vano. Nadie puede nacer en su maldita vida sólo para sufrir un día tras otro. Yo tenía que ser el super saiyajin legendario, y no ese tercera clase con tamaña debilidad de caracter que no pudo terminar mi vida, pero incluso entonces, aún cuando morí miserablemente, cuando le ví transformado, algo de esperanza se coló en mi corazón. No sería yo quien consumara la venganza, pero lo haría él, el último saiyajin puro que quedaría sobre la faz del Universo. Le conté la historia que debía saber, la historia de cómo Freezer acabó con nuestro mundo, el dolor asolaba mi pecho atravesado por aquella daga de ki tremenda, iba a morir, y mi corazón bombeaba sangre hasta mi boca ahogándo las frases angustiadas que quería pronunciar. Si yo mismo no podía consumar la venganza de mi pueblo, como Príncipe debía ordenarle al último de mis súbditos, que lo hiciera en mi nombre, en nuestro nombre. Y lo vi, vi en sus ojos la determinación de la victoria. Cómo deseaba vivir, no quería morirme ese día, no podía morirme ese día, nadie lloraría mi tumba, nadie lamentaría mi muerte, al contrario, se alegrarían de librarse de este diablo que era yo. Pero morí, y el infierno me mostró su cara más oscura.

Si tenía alma, si existía el infierno, si se pagan los pecados que se cometen, el dolor que había sufrido durante toda mi existencia no era nada comparado con el dolor que me aguardaba por sufrir eternamente. Dolor, dolor, dolor, dolor, dolor... ¿Por qué?. ¿Cómo alguien puede soportar tanto dolor?. Grité hasta que sentí que mis pulmones se rompían. Y entonces, desperté, con mi armadura aún atravesada por el rayo mortal que me arrebató la vida, con la sangre aún en cada porción de mi cuerpo, que de un modo inexplicable había dejado de dolerme. Me levanté desorientado, cientos de namekianos estaban a mi alrededor, y yo no sabía que pensar. ¿Estaba muerto?. ¿Estaba vivo?. ¿Qué pasó con el infierno?. Y entonces capté su voz. - No os preocupeis, habeis sido transportados al Planeta Tierra, estais vivos y a salvo. - ¿Era eso posible?. No quise volverme a mirar el origen de aquella voz, estaba demasiado confuso y afectado por lo que acababa de vivir.

Pero ella se dirigió a mi. - Eh pequeño, si quieres puedes venir a vivir a mi casa, pero no te hagas ilusiones... no quieras enamorarte de una chica tan bonita como yo, ¿eh?. - Y sufrí una epifanía, supe entonces que había muerto y resucitado. Muerto, había muerto realmente. El infierno se quedó con quien yo fui, y renací de mis cenizas, para ser quien yo siempre anhelé ser. Pero hay veces, que engañarse a uno mismo es tan sencillo, que asusta. Lo que yo pensé que quería ser, distaba mucho que lo que realmente anhelaba ser. Pero eso, fue algo que descubrí lentamente, y que por gracia de esa fuerza superior que representa el bien del Universo entero, no me fue arrebatado por mi propia estupidez. Me fue concedida una segunda oportunidad de vivir. ¿Merecía esa oportunidad?. Aún hoy se lo vuelvo a preguntar a Bulma, y cada vez que le pregunto, ella me repite como aquel día que le conté todos mis pecados, rodeando mi cabeza entre sus brazos, acunándome sobre sus pechos maternalmente, y llorando sobre mi pelo encrespado y salvaje: 'Todos merecen la oportunidad de salvar sus almas'.

El primer día que pasé en Corporación Cápsula, me sentía receloso de todo, y de todos, nadie me había tratado tan amablemente jamás, nadie me había dado algo por nada, y los engranajes de mi cerebro trabajaban a marchas aceleradas para descubrir las motivaciones para ese comportamiento. Tras analizar la situación, me di cuenta de que la respuesta estaba clara, me temían, con Goku muerto, y Freezer aniquilado, nadie podría ahora hacerme frente, yo era el más poderoso. Seguramente imaginaban que yo iba a aniquilar su mundo, y no estaban equivocados en esa afirmación. Yo era malo, sádico, despiadado, frío, calculador, ... les mataría a todos, y reiría observando el polvo que se levantaba sobre sus cadáveres sangrientos y mutilados. Pero antes, mi orgullo de guerrero humillado, debía ser vengado. Tenía que vencer a Goku antes de hacer todo eso, esperaría hasta que le resucitasen y después le derrotaría. Pero para cumplir esa misión, antes debía superarme, demostrar que yo era el verdadero Super Saiyajin legendario. Yo, el Príncipe Vegeta, tenía que derrotar a Kakarotto, y después de esa batalla sin igual, me encargaría de tomar mi lugar como amo y señor del Universo. Restauraría mi raza, ahora sabía que era posible, que existían descendientes de saiyajins, la esperanza no estaba perdida aún. Esperanza... esa palabra me mantuvo vivo, mezclada con la 'venganza', y en mi mente, sinónimas inseparables la una de la otra.

Llegó la noche, y sucumbí al sueño que necesitaba mi cerebro, después de tantos días en vigilia. Pero el dolor seguía estando cada noche, agitada y turbulenta, tormentosa, recordándome que había nacido para sufrir el dolor insufrible en mi alma día a día, noche a noche.

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- ¿Dónde estoy?. - Vegeta estaba rodeado de oscuridad por todas partes, no podía percibirse nada, salvo un sonido extraño, gelatinoso, y un olor putrefacto. De repente todo se iluminó con una luz rojiza, y el calor insoportable abrasó cada porción de su cuerpo.

A su alrededor, millones de gusanos serpenteaban devorando los cuerpos de cientos de víctimas. Vegeta se elevó y sacudió algunos gusanos de sus botas. Miró alrededor buscando una salida, pero estaba rodeado por todas partes, en la dirección que volase, encontraría los mismos cuerpos corroidos, los mismos gusanos entrando y saliendo de la putrefacción sangrienta sobre la que se encontraban. Los rostros de sus víctimas parecían estar en cada cuerpo atormentándole, recordándole que él fue quien les causó la muerte.

- Tú nos mataste... - La voz sepulcral de millones de voces al unísono provocó una onda de temor a todo su cuerpo.

- NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO. - Gritó aterrado enviando una onda expansiva de ki en todas direcciones.

Pero su onda sólo logró que se desplomasen hacia él cientos de gusanos, en una lluvia indescriptible. - NOOOO, NOOOOOOOOOOOOOOOOO, NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO. - Su respiración era desigual y en vano trataba de quitárselos de encima. - FUERAAAAAA. MORIIIIIDD. AHHHHHHHHHHH. -

- Por fin seremos vengados... - De nuevo esa voz tétrica de mujeres y niños, de hombres y ancianos al unísono atormentando su alma.

Cada vez que utilizaba su energía para eliminar los gusanos y los cuerpos, una lluvia más intensa le caía encima, y su cuerpo comenzó a cubrirse sin remedio por todas partes, de ellos. - AHHH, NOOOOOOOOOOOOOOO. -

Miró su pierna que comenzaba a ser devorada por ellos, sus brazos, su torso, todo su cuerpo estaba comenzando a descomponerse y los gusanos seguían comiéndose su carne provocándole un dolor indescriptible e incesante. - Nuestras muertes serán vengadas... - Esa voz le atormentaba mezclándose con sus gritos desgarradores. Pero no moría, por más que sus entrañas estuvieran siendo destripadas, no había paz alguna, no podía morir, no podía desmayarse siquiera para dejar de sentir aquel dolor barbárico. Las lágrimas surgieron de su rostro, por el que comenzaron a danzar más ordas de anélidos.

- No es justo, nooo, nooooo, nooooo. - Sus ojos se abrieron llenos de lágrimas de sangre para fijarse en la figura increiblemente hermosa de una mujer envuelta en luz angelical y clara, que le miraba con tremendo amor, como nunca antes nadie le había mirado.

No podía descifrar sus facciones, debido a la intensidad de la luz que la envolvía, tan sólo podía atestiguar esa mirada clavada en la suya como nunca antes se clavó ninguna. - Ayúdame. - Alzó la mano hacia ella y cientos de manos putrefactas le agarraron para impedirlo.

- Nooo, ha llegado la hora de nuestra venganza... - La voz de millones resonó haciendo que su cuerpo se sumergiera, como si se tratase de arenas movedizas, en un fango de gusanos y de cuerpos sin vida.

- SALVAMEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE. - Su grito desesperado rugió en toda la habitación.

- Vegeta, despierta. - Bulma lo tocó con su mano en el pecho para despertarlo de la pesadilla. Vegeta abrió los ojos y como un acto reflejo la asió del cuello estampándola contra la cama.

Aún desconcertado de lo que había soñado, incapaz de determinar cuál era la realidad o el sueño, no cesó de apretar su cuello con los ojos desencajados. Bulma sujetó con sus manos su brazo, arañándole para lograr que la soltase, balbuceando sílabas incoherentes en una garganta que podría ser rota de un momento a otro.

Sus ojos azules le miraron repentinamente, y él, como si su cuerpo quemase, soltó su cuello y la sostuvo de su bata. - Perra estúpida. Pretendías matarme mientras dormía, ¿verdad?. -

- No. - El sonido salió estrangulado entre toses.

- ¿No?. ¿Qué hacias entonces en mi habitación?. ¿Eh?. CONTESTA. ¿Tan cobardes son tus congéneres que tienen que enviar a una mujer débil como tú para matarme mientras duermo?. - Su respiración caliente golpeaba sobre la piel pálida de su rostro.

Bulma lloró pensando que sería su fin, cuando vió una bola de energía encenderse en la mano del príncipe. - Dijiste que te salvara. -

Esa frase congeló los movimientos de Vegeta, sus ojos se abrieron en un terrible choque. Su sueño, su grito, la mujer, todo daba vueltas en su cabeza. - Fuera de mi vista. - La soltó y ella quedó congelada mirándole. - FUERAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA. - Bulma saltó corriendo. Detuvo su paso en la puerta para mirar la turbación que sufría aquel hombre parado inmovil sobre la cama, con la mirada perdida, y los ojos desncajados demostrando un dolor profundo en el alma.

- Deja que te salve. - Sus ojos se abrieron aún más y Bulma corrió hasta su habitación sin saber siquiera qué clase de estúpidez se había apoderado de ella para decirle aquello sabiendo que casi había estado a punto de matarla apenas unos segundos antes.

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