Yanki, gracias por tu extenso comentario, realmente este fic me está absorviendo energía mental. Yo si creo que Yamcha llegó a cometer una infidelidad, y así lo verás en el Fic, pero descubrirás que no fue exactamente como todos lo pintan que fue. Aunque para ese capítulo falta bastante. Espero que tu resaca de año nuevo ya haya cesado, jajaja.

Karo, como le dije a Yanki girl, mi versión de la infidelidad de Yamcha va a ser bastante distinta a la que muestran en todos los fics que he leido. En efecto, creo que él es un hombre con problemas serios a nivel sexual, y no lo digo yo, es que en la serie se veía claramente, por no hablar de que jamás logró llegar a tener hijos, y eso es bastante significativo, ¿no?.

Raykal, guarda las reverencias para Dios, jeje, a mi me envías un besote y muchas energías positivas, con eso me contento. Aquí va la nueva actualización, y si, tal y como voy, este fic va a tener bastantes capítulos.

Felpa, gracias por tus buenos deseos, espero que también para tí sea un año maravilloso. A ver que te parece la psicología de Freezer...

Shadir, yo tampoco le deseo esa pesadilla a nadie, pero creo que una persona que ha vivido una vida tan sangrienta, no puede tener pesadillas normales tampoco.

Runliney, me alegra que te esté gustando, feliz año nuevo a tí también.

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Capítulo 4: Alma corrupta.

Bulma cerró la puerta de la habitación y se apolló contra ella mientras respiraba y masajeaba su cuello adolorido, aún preguntándose cómo había sido el milagro para que estuviera viva.

Una sombra de temor la inundó por completo, sus piernas cedieron al descenso de adrenalina anterior, y las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas, de un modo incontrolable. Había estado demasiado cerca de la muerte y por más entera que se hubiese mostrado en ese instante, ahora su mundo se derrumbaba. ¿Que había hecho?. Estaba a varios metros de un asesino...

Vegeta, en su habitación, lloró como aquella noche maldita en que su destino le arrebató como un capricho, cualquier atisbo de felicidad. Si alguien osara entrar por esa puerta y mirar sus lágrimas, le mataría. Se levantó y cerró la puerta con un tremendo portazo. Nadie podía verle llorar, NADIE. ¿Qué pensaba aquella mujer?. ¿Qué se había creido?. ¿Pensaba que era un debil que necesitaba su inutil ayuda?. 'Deja que te salve'. Esa frase embriagadora se coló en cada célula de su cerebro. 'Deja que te salve'. Por más que cerraba sus ojos, la visión de su pesadilla anterior le atormentaba. Y de nuevo la rabia absoluta. 'Deja que te salve'. Y la sucesión de caras que gritan aniquiladas por él mismo. Disfrutó matándoles, rió en su dolor. Se deleitó en el sabor de la sangre salpicada en su cara tras el genocidio. El era un monstruo, y le gustaba serlo, era malo, MALO. ¿Quien necesita ser salvado?. Destruiría el infierno si era necesario. Sería el más malo entre los malos. - YO NO TENGO SALVACIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOON. - El grito desgarrador hizo temblar toda la casa.

Bulma paró de llorar, su corazón se congeló en la frialdad de aquella voz dolorosa y en su risa desquiciada.

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Maldijo una vez más su encierro, el infierno implacable que le tenía atrapado por la eternidad le hacía sentir que su mente comenzaba a perder la razón. No es que él hubiera sido una persona muy equilibrada en vida, es que ahora, después de vivir los horrores y sufrir en sus propias carnes las crueldades que él mismo infringió, se sentía deseoso de morir para no seguir padeciendo esas miserias. Pero irónicamente ya estaba muerto, y pertenecía al club de los enviados al infierno por Vegeta y sus amigos. Un club bastante tétrico, pero quizás lo único que le libraba de la locura permanente.

- ¿Por qué le dejaste vivir?. - Una sombra de silueta picuda le hizo frente.

La otra sombra, de texturas más lisas y tamaño menor se detuvo unos instantes antes de contestar. Estaba claro a quién se refería. - ¿De verdad lo quieres saber?. -

- ¿Tenemos algo más que hacer?. - Ambos rieron a carcajadas locas, realmente ese encierro les estaba afectando demasiado.

Por fin, uno de ellos paró de reir, se puso serio de repente y comenzó a contar la historia que le llevó a la perdición.

Yo sabía, sabía perfectamente que era un error dejarle con vida, una parte de mi lo intuía, mis leales consejeros me lo advirtieron, pero otra parte de mi me repetía engañosas palabras de tranquilidad. A esas alturas de mi vida, había probado todo, el sexo en todas sus formas, desde el bochornoso romance idílico y platónico, hasta la más sádica y salvaje violación o asesinato, pero ya nada me excitaba como antes, ni siquiera las drogas más selectas obraban en mi el efecto que buscaba, me sentía tan vacío, el poder había dejado de entusiasmarme, estaba de vuelta de todo, necesitaba tanto un aliciente... Ah, Cell, deberías haber vivido lo que yo para saber lo que se siente. En mi vida probé los placeres más... prohibidos. Hasta que descubrí mi verdadera vocación, mi mejor talento: Corromper almas.

Me deleitaba en la pasión retorcida de aniquilar la mente y el espíritu de mis elegidos. Les buscaba fuertes, dificiles de manejar, determinados, hostiles, pero mi último capricho era tomar un niño. Ver hasta que punto podría llegar a moldear su alma a mi imagen y semejanza. Yo, me eregí como la reencarnación perfecta de un creador de oscuridad. Así podía probar mi energía, no sólo la puramente violenta, sino la que escapa de la pura perversión más absoluta del espíritu. Soy un poeta de la tortura, jajaja, un poeta de las almas rotas. Es algo tan romántico, sentir como se desvanece la vida de unos ojos vivaces y llameantes de convicciones nobles, hasta llegar a acabar por odiar su propia existencia... Entonces es cuando surge en su interior. El mal es una semilla que se siembra cuando nacemos, y que se riega con el miedo, el odio, el dolor, la ira... Es un arte genuino el que yo poseo para explorar los sentimientos de cada cual, y llegar a invocar justo lo que yo deseo en ellos. Estaba excitado con la sóla idea de coger en mi regazo un niño saiyán y moldearlo, lentamente, malignamente, sutilmente... Sería mi obra maestra... Imagínate, ¡un cachorro de esa raza única!. ¡Qué creación podría salir de semejante material!. Una estirpe de guerreros férreos, indómitos, ingobernables, salvajes, rudos, nacidos para combatir... Tendría en mi poder nada menos que al Príncipe de los saiyajins, seleccionado durante décadas, para que fuese el más fuerte entre los suyos, el más orgulloso, bravo e implacable. Me ahorraron el trabajo de seleccionarlo yo mismo. Había barajado la posibilidad de la creación experimental en laboratorios de un niño con las cualidades idoneas para mi juego, pero no fue necesario, cuando le vi por primera vez, supe que era perfecto para mis planes.

Cuando ya estaba en mi poder, su padre hizo un intento estúpido por recuperarle, vino a mí, primero, tratando de convencerme con buenas palabras, y por fin, perdiendo su calma y atacándome. Pobre necio, en realidad tenía un plan en mente, y quería ganar tiempo. Quise explicarle la belleza del futuro que le esperaba a su hijo, pero una mente tan bruta era incapaz de comprender el delicioso placer de algo tan selecto. Murió con los ojos abiertos, jajaja, pobre idiota. Pensó que volando la nave podría derrotarme, quiso morir con tal de exterminarme, pero capturamos a sus secuaces antes de lograse su objetivo. Era un plan símplemente estúpido. Pero de nuevo eso me excitaba aún más, eran capaces de dar su vida en la batalla con tal de ganar, eso es algo que muy pocos en el Universo son capaces de hacer. Estaba entusiasmado con la genética y el cerebro saiyán, hasta un extremo enfermizo. No podía esperar para comenzar mi obra maestra.

Mantuve con vida, muy a mi disgusto, a esos dos súbditos suyos que sobrevivieron, pero luego me pareció una excelente idea, ya que alguien debía encargarse del niño. Por más que fuese letal a tan corta edad, tenía mucho que aprender, y quien mejor que ese viejo niñero descerebrado para enseñarle. Además, me gustaba verle en su papel de Príncipe, así era más divertido romperle. Si no tenía súbditos, no podía ejercer como Príncipe, y eso no era lo que yo quería. En fin, por eso le dejé vivir... ¿Satisfecho?. -

- Mmmm. ¿Y lograste romperle?. -

El lagarto sonrió abiertamente y luego rió a carcajadas. - ¿Quieres que te cuente mis travesuras?. -

- Si. -

- Ponte cómodo, será agradable recordar los viejos tiempos... -

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Las risas de vegeta habían cesado. Bulma no se había movido del lugar, casi no se atrevía a respirar. Dio gracias a Dios de que sus padres vivieran en un ala de la casa alejada de la suya, porque en caso contrario, hubiera sido muy dificil llegar a explicarles el comportamiento loco del invitado.

No podía dejar de pensar en esa cara desencajada, en esa expresión desvalida que sus ojos, siempre tan inexpresivos, tenían cuando ella le dijo aquella frase. - Deja que te salve. - ¿Por qué le dijo aquello?. Realmente le nació decirlo en ese instante. Que hombre tan atormentado era Vegeta, ese terrible sueño que estaba teniendo debía ser estremecedor. Su rostro sudoroso, su expresión dolorosa era tan triste. Murmuraba en sueños palabras initeligibles, hasta que gritó estremecedoramente. - SALVAMEEEEEEE. - Y ella sintió que debía salvarlo, que tenía que hacerlo. Pobre Vegeta, ¿qué habría tenido que vivir en su vida para tener semejantes pesadillas?. ¿Sería siempre así?. ¿Sufriría de esa manera cada noche?.

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Estaba empeñado en seducir esa alma infantil, hasta hacerla corromperse por completo. Pero antes, debía hacerle sentir el efecto de la soledad. Me jacto de ser un buen conocedor de la psicología de cualquier mente, y en toda mi experiencia, nunca encontré mejor arma contra una víctima potencial, que aislarle de cualquier fuente de afecto. Cuando volvió de su misión, junto con Nappa, le hice llamar. Al grupo se había unido ya el recién recogido Raditz, un guerrero de clase baja que el niño parecía despreciar totalmente.

- Bienvenido Príncipe Vegeta. - Sonreí al verles arrodillarse sumisamente ante mi presencia. Me sentía pletórico cuando les veía así de subyugados. Ah, ese día fue... glorioso. La energía fluia por mis venas hilarantemente, iba a comenzar el juego con mi joven mascota saiyán. Estaba tan excitado como nunca antes lo había estado en toda mi vida.

- Saludos gran Freezer. Nuestra misión ha sido un éxito. - Era incluso cómico ver a un niño tan pequeño haciendo el papel de digno mandatario. Contaba sólo con 6 años y ya tenía una formas y una prestancia honorables, propias de su casta real. Lo habían enseñado bien, no había duda de ello.

- Estoy muy feliz de vuestro triunfo, pero lamentablemente, os he citado aquí para informaros de un terrible suceso que supongo, os afectará tristemente. - Sus rostros estaban espectantes, y por un segundo observé la sombra del miedo en sus miradas. Oh, si, reconocería a distancia esa nube fangosa de turbación en las pupilas. Siempre he adorado invocar el miedo a mi alrededor. El terror... Quería llevarles al límite ese día, hacerles comprender que yo sería su única esperanza y una parte de mi necesitaba que me agradecieran que estuvieran con vida. Realmente debían hacerlo, estaban vivos porque yo lo quise.

- Es lamentable. - Hice unos minutos de silencio, la cola del adolescente comenzó a agitarse nerviosamente, en movimientos involuntarios que hicieron mis delicias. Estaban comenzando a impacientarse. Nappa le dedicó una mirada amonestadora y el muchacho de cabellos largos enrolló su cola firmemente en su cintura. Fue entonces cuando me percaté de que los tres tenían las colas asidas con extrema fuerza en su alrededor. Tensión... la tensión era palpable en la habitación. Casi podía olerla en el ambiente.

- Siento mucho ser yo quien tiene que informaros de algo tan trágico... - La nueva pausa hizo que los tres apretaran sus quijadas. Les estaba matando con tanta intriga. Sin embargo, me sorprendió que el pequeño príncipe estuviera tan entero o más que sus súbditos.

- La sucedido al Rey ha sido lamentable. - El niño dejó de mirar a ese punto en el horizonte sobre el que parecía concentrarse, y me miró fijamente, leí en su mirada, ahora transparente, una mezcla de incredulidad y desconcierto, que se borró cuando volvió a fijar su vista en ese horizonte inexistente.

- Y más de un modo tan deshonroso... - Me volvió a mirar, esta vez con ira en sus ojitos infantiles.

- ¿Qué ha sucedido Lord Freezer?. - Por fin logré arrancarle unas palabras. No se como pude evitar reirme. Era algo tan súmamente divertido.

- El Rey ha muerto. - Un ahh colectivo resonó en la habitación seguido de un berrinche de cierto monito de pelo puntiagudo.

- Imposible. - Me gritó con sus puñitos apretados. Juraría que sus palmas sangraban por la presión de sus uñas.

- Va a ser muy duro dejar de contar con los valiosos servicios que los saiyajins me estaban prestando. No se cómo vamos a hacer para suplir todo el daño que este suceso ha causado al Imperio. Las pérdidas económicas serán increibles, por supuesto. No se cómo es posible que se dejasen aniquilar de esa manera tan indigna. - Seguí con mi discurso de víctima anexoria de la tragedia. Después de todo, ciertamente, había salido perjudicado... en parte, jajaja.

- Entonces debo volver inmediatamente a mi planeta para reclamar el trono. He de gobernar en nombre de mi padre. - La dignidad con la que habló me sorprendió nuevamente. Ninguna muestra de afectación en la voz... Quizás mi trabajo no sería tan difícil de lograr después de todo. Su educación había sido dura, el viejo Rey Vegeta, era un bastardo grande.

En lugar de soltar una carcajada, forcé mi cara más sepulcral para responderle. - Me temo que tus esperanzas de ser rey se van a ver sumamente dañadas cuando sepas lo que ha sucedido. - Me deleité en cada una de mis palabras, tanto como en sus ansias por conocer la verdad que yo jamás le confesaría.

- Lord Freezer, debo... -

- Debes cumplir los últimos deseos de tu padre, y servir en este ejército con la misma fidelidad que él quiso inculcarte, Príncipe Vegeta. -

- Debo volver a mi planeta inmediatamente. - Su cola se desenrrolló y se agitó en un latigazo detrás de él. Seguro que estaba loco por irse a casita y dormir en su camita real. Pero no, le esperaba su austera habitación minimalista de paredes metálicas, el colchón duro, su ventana con vistas a la nada...

Ignoré a propósito sus palabras, quería continuar con mi diversión. - ¿Para qué?. Los únicos saiyajins que tienes para gobernar están en esta sala. -

- Lord Freezer, con todos los respetos, es costumbre de nuestra gente que cuando el Rey fallece, su hijo asuma su lugar. - El gigante descerebrado habló, ¿aún no se había dado cuenta de que no tenían donde volver?.

- Era un lugar agradable Vegetasei, recuerdo vagamente mis últimas visitas, y aún me impacta en la memoria los colores del cielo en el atardecer, junto al mar. - Vegeta cerró los ojos por un segundo como si el mismo viera ese mismo atardecer que describí con mis palabras. Le pillé un resquicio en su escudo protector. Era mi momento perfecto. Ahora que había tocado su tecla sensible, iba a pulsarla hasta romperla.

- Es una lástima que el planeta ya no exista. -

- ¿Qué?. - Los rostros de los tres eran un poema. Estoy seguro de que una onda de dolor les envolvió el alma de repente, pero lucharon por no demostrar sus sentimientos.

Raditz, tenía los ojos vidriosos y su faz demostraba un profundo luto interior. Durante el resto de nuestra audiencia, permaneció con un puño en su corazón, era esa pose que tenían los saiyajins para demostrar honor y respeto. Su saludo a la casa real, el gesto que empleaban antes de comenzar un combate, y el que utilizaban para despedir a los muertos.

Nappa tenía un temblos involuntario en sus manos, que procuraba ocultar escondiéndolas de mi vista. Sus ojos abiertos de par en par, demostraban un profundo choque emocional. Sinceramente, no se si llegó a escuchar el resto de la conversación.

Sin embargo, mi mascota, permanecía inmovil, con su mirada inexpresiva tan bien aprendida. - Como os decía, ha sido trágico, de haber estado mejor preparados tecnológicamente, no hubiera sucedido, estoy seguro de ello. -

- ¿Qué quiere decir con eso de que el planeta ya no existe?. - Sus palabras habían sido una provocación explícita, un vale para el infierno, de haber estado en otras circunstancias.

- NIÑO, modera tu lenguaje y cuando te refieras al Maestro, hazlo en un tono respetuoso si no quieres morir como el resto de tu raza de monos. - Dodoria le amenazó contundentemente y casi pude sentir la ira que pulsó al pequeño. Monos. Odia que le llamen eso y yo tomé mi nota mental para pulsar esa tecla adecuadamente en nuestros siguientes encuentros.

- Dodoria, no seas duro con él, no se descubre cada día que tu planeta y todos sus habitantes han sido destruidos por un meteorito. - Proseguí con una explicación pseudocientífica adornada con notas trágicas acerca de cómo era de terrible que hubieran muerto de modo tan humillante, sin siquiera una lucha digna.

El niño volvió a fijar su mirada en el horizonte imaginario que le ayudaba a concentrarse para no demostrar afectación. Yo procuraba hacer comentarios que le sacaran de su concentracion para desestabilizarlo, ya bien palmeando mi cola contra el suelo cerca de donde él estaba, acariciando su pelo paternalmente, o serpenteando a su alrededor como un depredador. Pero confieso, que ese día mis progresos fueron escasos, y no conseguí, al menos aparentemente, demoler sus estructuras internas tanto como había pensado hacerlo. Eso si, bombardeé sus cimientos repetidamente, y sabía que tarde o temprano, el daño causado se haría evidente. Ya me encargaría yo de eso.

- Jajajajja, eres un enfermo mental, ¿lo sabías?. - Cell reía a carcajadas.

Freezer sonrió un poco y luego descoloró su sonrisa, justo antes de dedicarle una frase mordaz, con bomba firmada. - ¿Quieres que te demuestres hasta que punto lo soy?. -

La risa del monstruo tornó a unos ojos angostados. - Prefiero que me sigas contando tus... 'travesuras'. - Y una sonrisa torcida.

- Como desees... -

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Bulma se levantó del suelo, llevaba una hora allí incapaz de moverse. Agudizó su oido dirigiendo su atención completa a la habitación de al lado.Algo le decía que Vegeta no era tan malo como parecía, pero a la vez, todas las señales de alarma de su cabeza gritaban por protegerse de él. O al menos, proteger a sus padres. Ella les había puesto en peligro al traerle a su casa. Pero no podía protegerles más que con su inteligencia. ¿Cómo podría... ?.

Por fin se decidió a salir de su cuarto. Se escurrió por la pared de puntillas, en la dirección opuesta a la puerta de la habitación de Vegeta. Con paso acelerado, aunque silencioso, caminó hasta su laboratorio. Miró el reloj. Las 3 de la mañana. - Será tiempo suficiente. - Y se puso manos a la obra.

Por fin, después de varias horas, lo tenía listo. - Es perfecto, ha quedado genial. - 'Nadie mata a alguien que necesita'.

Presa del cansancio, se quedó dormida en el escritorio de su laboratorio...

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Los sonidos del amanecer la transportaron a la realidad. - ¿Qué hora es?. - Miró su reloj espantada y corrió con su nueva invención bajo el brazo hasta el balconcito en el que sus padres solían desayunar. El dolor en su cuello le recordó que seguramente debía tener unos feos moratones. Así que cogió un pañuelo y se lo anudó en la garganta, como si fuera un accesorio de adorno.

Su corazón se congeló de repente al ver junto a ellos a Vegeta, siendo agasajado por su madre, con una bandeja de pastelitos. su pulso se hizo más acelerado por momentos. 'No le demuestres tu miedo'. Respiró hondo y puso su mejor cara de 'aquí no pasa nada'.

- Buenos días mamá, papá, Vegeta. - La señora Briefs cogió un pastelito y Vegeta tomó el que quedaba al lado. Era algo que había aprendido, desconfía de la comida que te ofrezcan, podría estar envenenada.

- Buenos días cariño, oh, ¿estás mala de la garganta o algo?. - Bulma suspiró. Su madre siempre tan inoportuna.

Vegeta la miró espectante de su respuesta, pero era imposible determinar qué clase de sentimiento estaba asomando detrás de esa mirada inexpresiva.

- Si... esta noche he cogido algo de frío... pero no es nada que no tenga solución en algunos días. - Contestó mirando de reojo al Príncipe saiyajin. En sus ojos, una sombra de extrañeza.

¿Por qué había mentido la mujer?. Era algo que él se preguntaba. Lo normal hubiera sido que confesara que el asesino de Vegeta la había intentado asesinar por haber disturbado su sueño, entonces él haría una advertencia colectiva para que nadie se atreviera a molestarle irrumpiendo en su habitación sin permiso. Pero no, ella mintió. ¿Por qué lo hizo?. Sus ojos se clavaron en cierto accesorio que llevaba en brazos, una especie de balón metálico.

- ¿Qué es eso mujer?. -

- ¿El qué?. - Se hizo la tonta a propósito.

- Ese cacharro. -

- Ah, ¿esto?. -

Vegeta apretó los dientes, parecía que odiaba decir palabras de más.

- Es un robot de entrenamiento. Estaba haciendo una tanda para Goku, cuando vuelva seguro que querrá utilizarlos. - El príncipe se levantó de su asiento tomando el robót de las manos de Bulma.

- Muestrame su funcionamiento de inmediato. -

- Por supuesto... - Tal y como Bulma pensaba, los saiyajins sólo piensan en luchar y comer.

Le acompañó al jardín y accionó el bot. Vegeta comenzó a lucharlo, sorprendiendose de la potencia que el laser tenía. En un descuido le había provocado un corte profundo en su hombro. Una sonrisa se conformó en sus labios. - "Así que este era el pequeño secreto de Kakarotto." Mujer. Quiero que me traigas 5 bots de entrenamiento como este, ahora mismo. -

- Claro... - Una sonrisa maliciosa se instaló en sus labios, le iba a hacer pagar por cada moretón de su precioso cuello. Laser con potencia máxima, y velocidad extrema. Eran unos pequeños monstruitos de un material tremendamente resistente. Quizás, con un poco de suerte, los bots le acabarían matando.

Pero cuando le vió entrenar en el jardín, su corazón pidió a gritos que no le pasara nada malo. No podría soportar ese cargo de conciencia, después de todo él no la había matado a pesar de haber estado súmamente trastornado. 'Yo no tengo salvación'. Eso fue lo que gritó tan desgarradoramente la noche anterior. Pero que pasa si ella podía salvarle realmente, después de todo era un genio. - "Te salvaré lo creas o no, Príncipe Vegeta, es promesa." -

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En el próximo capítulo seguiremos escuchando las confesiones acerca de los malvados juegos mentales que Freezer utilizó en Vegeta.