Hola amigas y amigos, aquí está vuestra SuperBrave, con hambre y un dolor de muelas horrible... tendré que ir al dentista (me como las uñas y tiemblo mientras mi cara se vuelve azul). SOCORROOOOOOOOOOOOOOOOO. Ahhhsss voy a darme un 'lingotazo' de vino dulce a ver si se me pasa el dolor y puedo escribir el capítulo que os he prometido. Soy una mujer de palabra.

Por cierto. Me habéis puesto en un dilema, porque resulta que los dos Fics con más reviews están empatados... grrrr. Ahora... ¿Qué hago yo?. Claaarroo, escribe de los dos. Hmmm, veremos, de momento actualizo este, y a ver si me da tiempo de actualizaros el otro. Ahhsss no soporto el dolor. Si el capítulo sale 'alegre', la culpa es del vino dulce jajaja. (Mientras no acabe cantando bajo la lluvia...). Al final me dio sueño y deje a medio terminar el capítulo, por primera vez en mi existencia, ufff. Bueno, lo termino ahora si o si.

Por cierto, he leído algunos mensajes en los que me decís que querríais que continuase también los otros. Para evitar un abandono de mis otros trabajos, la próxima actulización será del Fic que reciba más reviews, y que sea distinto de el que actualizo esta semana. De esa manera, espero ser un poco más justa con todo el mundo.

Gracias por las reviews. Al final del capítulo os dedicaré algunas palabritas a cada una personalmente.

Capítulo 7: Un pequeño empujoncito.

La señora Briefs estaba tomando un refresco sentada en el balconcito con su marido.

- Querido. -

- Hmm, ¿Si querida?. -

- ¿No crees que hacen buena pareja ese apuesto Vegeta y nuestra linda hija?. -

El Doctor Briefs bajó el periódico, y su cigarrillo descendió un cuarto de hora en el reloj de su cara, aún pegado a su labio. Dedicó por fin una mirada de atención a su esposa. - Pensé que su novio era Yamcha. -

- Ese muchacho es muy agradable, pero sinceramente, querido, si nuestra hija y él se amasen verdaderamente, después de tantos años de novios, ya se habrían casado. ¿No te parece? -

- Quizás tengas razón, pero no estoy del todo seguro de que Vegeta y nuestra hija sean... (tos) novios. - Aclaró asentando un poco las extrañas divagaciones de la mujer rubia, mientras tomaba un sorbo de café para calmar su tos repentina.

- ¿Tu crees que por fin podremos tener nietecitos?. - Cantó feliz haciendo que el Doctor Briefs escupiera el café de pronto, el gato se escurriera en su hombro en un intento infructuoso de mantener el equilibro, y el cigarro se desintegrara por la impresión.

- Querida... creo... que no deberías... - Replicó entre toses.

- Ohh, si no se deciden a tener niños pronto, voy a ser una abuela demasiado vieja. Yo creo que son tal para cual. "Aunque quizás haya que darles un empujoncito..." ¿No hace un día maravilloso hoy? - La señora Briefs se levantó de la mesa dejando con la palabra en la boca a su marido, el cual decidió que lo más sabio era dejar el tema ahí.

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Bulma fue a su enorme vestidor. Aún conservaba la ropa de cuando era una jovencita desvergonzada. Tomó uno de sus vestidos preferidos de entonces y se rió un poco asentándolo sobre su cuerpo maduro. A pesar de los años, aún seguía manteniendo una envidiable figura.

Con Vegeta, pasar del amor al odio en dos segundos, era algo de lo más normal. El mismo tenía esos cambios radicales de comportamiento, que ocasionaban turbación y anhelo a la vez. Me repetí miles de veces 'Bulma, tú quieres a Yamcha, llevas media vida con él, y Vegeta es sólo un asesino a quien no conoces siquiera.' Pensaba que repetir esa frase mentalmente me ayudaría a dejar de pensar obsesivamente en aquel príncipe extraterrestre arrogante. Pero no funcionaba de ninguna manera. Era su forma de mirarme cuando nos cruzábamos por los pasillos, tan penetrante, tan oscura, y a la vez tan atormentada. Era esa sensación de verle tan fuerte y sentirlo tan desvalido a la vez. Dios, era el deseo más febril de probar lo que sería hacer el amor con un saiyajin, con un guerrero tan temible. Me preguntaba qué clase de mujeres habrían existido en su vida, qué clase de placeres habría experimentado. Sentía una curiosidad morbosa por descubrir lo que sería capaz de evocar al tocar mi cuerpo con su erotismo natural. Sólo pensar en su piel rozando la mía, me enviaba descargas de placer por todo el cuerpo, haciéndome sentir como una colegiala inexperta. Aunque esa asunción tampoco era tan descabellada. El sexo con Yamcha era tan austero y poco original, que a pesar de que hacía muchos años que no era virgen, no podía decir que fuese una gran experta en las artes de la alcoba. ¿Lo sería Vegeta?. Me lo imaginaba como príncipe de un harem, o como visitante de un planeta dedicado al placer de los guerreros al servicio de Freezer. Me preguntaba si se habría acostado con prostitutas, y temía en mi corazón, que tuviera una esposa, o alguna mujer esperándole en alguna parte... o incluso una familia o hijos. Se que era irónico que yo me sintiera celosa de eso, siendo que no había renunciado, ni pensaba renunciar a Yamcha, pero la sóla idea de imaginarlo con alguna otra mujer me enfermaba totalmente. Aún cuando no fuese mío, Vegeta no podía ser de otra, ni hablar. Algo de mi orgullo femenino se exaltaba cuando pensaba en eso, hasta que decidí que quizás sondear un poco el terreno no sería tan mala idea...

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- "Maldito Kakarotto, juro que vengaré la ofensa cometida contra mi orgullo y te derrotaré. Te demostraré que yo soy el Super Saiyajin legendario, y te haré rendirte ante la evidencia. Yo, Vegeta, Príncipe de todos los Saiyajins, soy el guerrero más fuerte del Universooooooo." -

Derrotar a Kakarotto era mi único anhelo, mi obsesión absoluta. No había nada en este mundo que me importase más, que demostrar que yo era el más fuerte. Me sentía humillado profundamente, hundido moralmente por un guerrero de clase baja. ¿Qué hubiera dicho mi padre de mi de haber estado en vida?. Hubiera sido el hazmerreir de toda mi especie. Me sentía frustrado, rabioso, y lleno de una ira insana. Cólera, dolor, rabia, pena, los sentimientos se mezclaban en mi interior desbordando la falsa tranquilidad que había tenido hasta entonces. Mi vida había cambiado demasiado radicalmente, y sentía un vacío inmenso que sólo sabía llenar a base de un férreo entrenamiento. Los humanos me parecían la especie más extraña que jamás había conocido. No comprendía qué clase de motivación les movía para tratarme de aquella manera, desconfiaba de su amabilidad, pensaba que tarde o temprano me mostrarían su verdadero rostro. Nadie da nada por nada, eso era algo que había aprendido durante toda mi vida. Quizás me ayudaban por miedo a que destruyera su mundo, o quizás porque querían averiguar mis puntos flacos para destruirme, pero yo era buen estratega, y sabía guardar bien mis espaldas, por más desconcertantes que fueran las actuaciones de los Briefs. Decidí que lo mejor sería seguirles un poco el juego, utilizarles a mi conveniencia mientras me sirvieran, y aniquilarles una vez que me fueran inútiles. Si hubieran sabido los oscuros pensamientos que tenía hacia ellos, dudo mucho que hubiesen sido tan irritantemente amables conmigo.

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- Vegetaaaaaa. - Bulma gritó cantarinamente agitando su mano desde la puerta de la cocina - Ehhh, Vegetaaaaaa. - En ese instante, el aludido sufrió un descuido de atención y el rayo de uno de los bots de entrenamiento le alcanzó en el hombro de lleno, perforando su carne.

- ARRGG. MUJEEERR ESTÚPIDAAA. ¿Cómo se te ocurre interrumpir de esa manera mi entrenamiento?. Debería matarte por tu atrevimiento. - Se quejó sujetando su herida. Ella corrió a ayudarle. - Apártate. - Le increpó empujándola hacia un lado mientras caminaba a la cocina mascullando entre dientes palabras ininteligibles.

Bulma sin embargo, le siguió y cogió el botiquín de emergencias. Vegeta estaba en el fregadero aclarando con agua la herida. - Deja eso ahí y lárgate fuera de mi vista, terrícola idiota. -

- Hmmm. - Bulma se cruzó de brazos. - No creo que seas capaz de curarte tu solito esa herida, sólo con una mano. - Su tono subió en enojo. - Y deja de insultarme, no tengo la culpa de tener un cuerpo tan perfecto y hermoso que te hace distraerte de tu entrenamiento. - Suavizó un poco el tono viendo la abundante sangre. - ¿Te duele?. -

- Hmp. Mujer absurda... Esto es sólo un rasguño sin importancia. Estoy acostumbrado a heridas de verdad. Esto no es nada. - Mirando la sangre que corría profusamente por su brazo, creer aquella afirmación era terrible. ¿qué clase de heridas habría tenido que soportar?.

- ¿Qué pasa?. ¿Tu mujer no te ayudaba a curar las heridas que te hacías?. - Bulma mordió su labio. Le había salido del alma, era una pregunta forzada, pero tenía que averiguarlo, Tenía que saber si Vegeta tenía algún amor perdido por el inmenso espacio exterior.

El príncipe arqueó una ceja. - ¿Mi mujer?. -

- Ya sabes, tu esposa, tu novia. Supongo que habrá alguna mujer en tu vida ¿no?. -

- Hmp. No tengo tiempo para esas estupideces. - Por alguna razón, aquella respuesta hizo inmensamente feliz a la peliazul. Vegeta cogió de malas maneras el botiquín y se limpió la herida con una gasa impregnada en alcohol. Sorprendía que no hiciera ninguna mueca de dolor.

- WoW. - Susurró Bulma asombrada por su demostración estoica.

- ¿Qué te pasa ahora mujer?. - Preguntó con voz cansina, y ocultando bastante mal una media sonrisa.

- ¿No te duele?. -

- Hmp. Por supuesto que no. - La admiración en la mirada azul de la chica le estaba encandilando. Era fantástico sentirse así de alabado para su gran orgullo masculino. - No soy uno de tus débiles amigos. -

Bulma frunció el ceño. - Mis amigos no son débiles. Y si no recuerdo mal, te vencieron, así que no deberías... - Antes de que pudiera terminar la frase, Vegeta la tenía arrinconada contra la pared, con su cuerpo presionando el de ella.

La peliazul se ruborizó. - Mujer necia, no deberías presumir de cosas que desconoces, no me vencieron de ninguna manera, y la prueba de eso es que estoy vivo. La batalla aún no ha finalizado por lo que a mi respecta, y cuando finalice, me encargaré de enviar al infierno a todos y cada uno de los que han osado ir en mi contra. - El susurro de aquella voz gélida era temible y Bulma se estremeció al percatarse de la cólera que encerraba.

Vegeta cerró los ojos un segundo, había algo en el olor embriagador de aquella mujer que lo enloquecía... y fue entonces, que se separó de ella antes de que la sensación de excitación que se estaba transmitiendo en su entrepierna fuese conocida por cada uno de los miembros de aquella casa, y por sus propios enemigos. Jamás. El era un príncipe y debía demostrar la diferencia que suponía su condición.

Bulma quedó perpleja mirando la puerta de la cocina cerrarse detrás de la figura del saiyajin, que volvía al entrenamiento. Su respiración luchó por estabilizarse, y no de miedo, sino de lujuria pura. - Vegeta... - Entonces recordó la razón por la que lo había llamado anteriormente. Quería darle a probar un postre especial, una tartita de tiramisú, que su madre había comprado pensando especialmente en él.

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Yo era un joven adolescente, que se moría de ganas por vivir la vida. El escuadrón saiyajin me agobiaba en exceso, pero me gustaba la acción de la batalla. Disfrutaba de las misiones aunque fuesen duras, y cuando nadie me miraba, hablaba sólo, esperando que mi padre me escuchase allí donde estuviera. Por supuesto, nunca me respondió, pero me gustaba imaginar que hablábamos. Quizás era parte de algún tipo de locura, o quizás era un truco de supervivencia, no lo se, sólo puedo decir, que no había día que no le contase algo. Echaba tanto de menos poder tener a alguien de mi clase para poder tener una relación algo más amistosa... Al principio, Nappa siempre actuaba conmigo como si fuese una escoria, y Vegeta parecía ignorarme, cuando no trataba de humillarme, así que por las noches, después de nuestros entrenamientos o después de las misiones, me escabullía por entre los pasillos de la base militar hacia los salones de entretenimiento. Había un bar enorme, que era atendido por una chica llamada Serena. Recuerdo que tenía 4 brazos, y tres pechos, no era especialmente bonita, pero tenía unos volúmenes que encandilaban. Tampoco era especialmente joven, debía tener ya como 40 años, era una puta experimentada que había estado con la mitad del ejército de Freezer y cada vez que la veía, me quedaba embobado mirándole el escote. En aquel lugar me reunía con algunos hombres del ejército, que me instruyeron en todo lo que se pueda desear saber acerca de vicios., aunque de todos, el único al que sucumbí, fue al vicio de las mujeres. A medida que pasaron los años, y Vegeta fue creciendo, mi relación con Nappa se hizo algo más parecido a la de un padre severo y un hijo alocado. El viejo no era muy dado a frecuentar prostitutas, era bastante reservado, total, él había probado la vida de manos de una larga relación con su compañera, había tenido varios hijos, que habían fallecido todos con la tragedia de la destrucción de Vegetasei, y supongo que era demasiado serio como para frecuentar esos lugares que yo tanto visitaba, a los que designaba como barrio-bajeros. Interiormente me preguntaba qué pasaría cuando Vegeta llegara a la adolescencia. Si sucumbiría como yo a los encantos femeninos, o seguiría en su papel de príncipe serio y honorable. Pero hasta los príncipes son machos, y tienen necesidades. Por más que luchase contra estas tendencias, al final acabaría cediendo... Para nuestra sorpresa, un día, Freezer nos envió un regalo después de una de nuestras misiones especialmente exitosas. Chicaaasss. Eran preciosas, 3 gatitas... incluso tenían una cola peluda que hasta a Nappa logró hacer sonrojar. La cuestión era que Vegeta en aquel tiempo tenía sólo 10 años... Yo perdí la virginidad a los 13 años, con Serena, pero con 10 años, jaja, era algo impensable siquiera de lograr. No creo siquiera que le funcionase aún el pajarito. Ni siquiera tenía cuerpo de macho, aunque Vegeta siempre había sido corto de estatura, y eso hacía que pareciera más niño aún de lo que era.

Ese día, parecía ser el día oficial de los recuerdos en el infierno, porque paralelamente a la conversación de Freezer y Cell, en otro lugar de aquella superpoblada dimensión, Raditz y Turles, recordaban los viejos tiempos sentados en lo alto de un cerro elevado. El saiyajin más viejo asintió y le dedicó una mirada deseosa de saber algo más de aquella historia.

Pues bien, el principito, hizo lo último que yo hubiera pensado que haría.

- Marchaos de aquí putas baratas. -

- Miauuuu. - Protestaron ellas con un tono sensual que casi me hicieron derretir.

- Somos un escuadrón de guerreros y no de soldados bajos. -

- Ejem, ejem, - Tosí. Por primera vez en mi vida aquella afirmación de ser un guerrero de clase baja no me molestaba en absoluto reconocerla, pero me ignoró por completo.

Nappa se puso en su papel, tragó saliva y apoyó al niño. - Ya habéis escuchado, marcharos de inmediato. -

- ¿Podrían quedarse un ratito conmigo?. - Sugerí en un intento desesperado. - Después de todo son un presente de Freezer y quizás se lo tomaría a mal si las rechazamos. - ¿Dije un crimen?. Por que me miraron como si hubiera realizado una declaración de alta traición casi. Eran hembras, las más lindas que había visto jamás, al menos...

- Luego me encargaré de enseñarte modales muchacho. - Amenazó Nappa mientras Vegeta formaba una bola de energía apuntando a las chicas, quienes salieron corriendo despavoridas lejos de nuestras estancias. Bravo. Me gané una paliza de Nappa y encima me quedé sin mi premio.

La adolescencia de Vegeta fue la peor fase que debimos soportar Nappa y yo. Si antes había sido difícil de tratar, ahora era un dolor de colmillos constante. Yo empecé a notar algunos cambios en él, miraditas escondidas a las hembras que se nos cruzaban por la base, pero nah, de ninguna manera... el príncipe parecía de hielo. Al final llegué a la conclusión de que acabaría muriendo virgen con tal de preservar su estúpida flema principesca.

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Ya era todo un hombre, le había privado de cualquier atisbo de amor o sentimientos nobles, le había convertido en una máquina de matar perfecta. Le demostré con mis juegos mentales, que no podía confiar siquiera en sus propios congéneres del escuadrón, le había hecho sentir la soledad absoluta, la indefensión aguda ante mi, y me había propuesto demostrarle que el amor no existía. Todos mis intentos hasta el momento, había sido infructuosos a la hora aparearlo. Me estaba comenzando a plantear la propia hombría de mi mascota. Entonces fue cuando le asigné una misión exclusiva en el planeta Terididae. Era un planeta en el que la población femenina ascendía al 99, de modo que los extranjeros masculinos, eran muy bienvenidos, aunque tenían un oscuro secreto... que no quise desvelar a mi pupilo. No obstante, comprobé bien antes de enviarle, que no fueran compatibles genéticamente para la procreación. Si hay algo que no podía permitir era que los Saiyajins se reprodujesen. No en vano, había acabado con su raza por ese motivo.

- Lord Freezer... - Se arrodilló ante mi.

- Vegeta, te voy a encargar una misión un tanto especial. - Me miró con esos ojos fríos y con esa mirada que yo había ayudado a crear. - Deberás presentarte en el planeta Terididae, e interrogar a la población en la búsqueda de miembros de la resistencia planetaria, que deberán ser eliminados de inmediato. No debes, sin embargo, purgar el resto de la población. ¿Comprendido?. - Adoré observar la confusión de su rostro. No esperaba una misión de ese tipo. El no era un interrogador, sino un asesino, un guerrero, estaba dedicado a la aniquilación y purga de planetas completos, no a preguntar a sus habitantes por el paradero de enemigos del Imperio. - ¿Tienes algún problema con la misión, Vegeta?. - Le pregunté chocando mi cola contra el suelo y poniendo una voz sepulcral y amenazadora. El captó enseguida la indirecta.

- No, señor, mi escuadrón partirá de inmediato. -

- NO. - Grité. - Irás tu sólo. -

- ¿Cómo?. -

- Lo que escuchas, no es una misión para un escuadrón, sino para un sólo guerrero. El resto de información está siendo anexada a los ficheros de tu scuter. Partirás inmediatamente. -

- Si, señor. -

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La señora Briefs caminó hacia la cocina donde Bulma tenía aún una expresión furiosa.

- Cariñoooo. -

- ¿Ehh? Hola mama. -

- ¿Le gustó el tiramisú al apuesto Vegeta?. -

- No. -

- ¿No?. -

- Ni siquiera lo ha probado. -

- Pero hija, qué desconsiderada eres. ¿Cómo es que no se los has ofrecido?. -

- Mamá, no pienso volver a ofrecerle nada en toda su vida, es sólo un idiota integral, un necio que carece de educación, es... es... es orgulloso, presuntuoso, arrogante, y... -

- Apuesto a que debe ser un gran amante. -

- MAMAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA. ¿Cómo se te ocurre decir semejantes cosas?. - No es que Bulma se ofendiera por comentarios de ese tipo, ella misma hacía esas declaraciones, pero es que ahora las había hecho su propia madre y eso era incorrecto. Las madres no hacen declaraciones sexuales explícitas a sus hijas. Es una norma universal.

Antes de que Bulma regañase a su madre, la vió salir hacia el jardín llevando la bandeja del tiramisú y un zumo de naranja. - Mamá espera. -

La peliazul corrió detrás para evitar una tragedia con la nueva interrupción del entrenamiento de Vegeta. Pero la señora Briefs depositó la bandeja cerca del lugar donde estaba entrenando y se marchó. - Hija, voy a traer unas mesitas aquí, ayúdame, será agradable comer algo al aire libre. -

- "Desde luego que mi madre tiene ideas más locas..." - Bulma suspiró y la ayudó a instalar el camping en pleno jardín.

El olor de la comida se coló en las fosas nasales de cierto príncipe un rato más tarde, decidiendo hacer un alto del entrenamiento para reponer energías calóricas.

- Vegeta querido, que bien que decidiste acompañarnos a comer. - Bulma gruñó algo ininteligible que los oídos sensibles de Vegeta no alcanzaron a captar.

- Yo me voy. - El orgullo iba primero.

Vegeta y la señora Briefs quedaron sólos.

- Querido, estoy gratamente sorprendida. - Vegete procuró no mirarla y dedicarse a comer en silencio. - Jamás había visto a un joven tan fuerte como tú. - Después de todo, la señora no era tan desagradable. - No me extraña que mi hija esté enamorándose de tí. -

El Príncipe la miró un segundo. Ella sonrió ampliamente. Por algún motivo, esa declaración le había calado profundamente. - "¿La mujer escandalosa está enamorándose de mi?". - La situación comenzó a ser incómoda, de modo que se levantó asiendo una porción grande de tiramisú, y voló lejos de Corporación Cápsula a reflexionar un poco.

La señora Briefs sonrió y se felicitó mentalmente. - "Si esto no resulta, tendré que resignarme a no tener nietos jamás". - Suspiró. Luego se puso a canturrear felizmente.

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Espero que os gustase la nueva actualización. Por cierto, os animo a ver mi página Web, quedó chula, podéis acceder a ella desde el perfil. La hice hace tiempo, pero no encontraba espacio que me gustase, y el otro día lo encontré. Ah, también os animo a participar en el Foro de Dragon Ball que creé en Fanfiction y dar vuestra opinión.

Os recomiendo leer la historia "En tinieblas: el retorno del masacrador" de mi amiga Son Vegetzu, está genial. Pero dejadle reviews, porque si no, se va a aburrir y no va a actualizar. Yo estoy encandilada con esa historia ufff, que enganche tengo.

Mina, aquí va la actualización, gracias por tu mensaje.

Shizuka, en realidad dedicación, no puedo ponerle la que quisiera, pero muchas gracias por tu comentario, y por indicarme que eres seguidora de mis fics, eso me anima a continuar escribiendo.

Karo, a ver si es verdad que saco esa nota en los exámenes, que más quisiera yo. Pero estudiar y trabajar, llevar una casa, es demasiado, no creo que pueda sacar tan buena nota, con aprobar me conformo.

Amy, me alegra ver que tengo una compi de penurias, otra que estudia y trabaja, mucha suerte con ambas cosas amiga, y gracias por tu lindo mensajito.

Angelical, al final ganó tu porra jajajaja te saliste con la tuya pillina.

Runliney, desde luego la vida de Vegeta debió ser durísima, aunque en el próximo capítulo veremos su extraña misión al planeta de las mujeres... jejeje y habrá algunos momentos de comicidad.

Kasou, una mexicana. Adoro tu país, tengo tantos amigos allí. El siguiente capítulo tendrá algunas escenas más livianas de sangre, es promesa.

LadyJ07, ahora en este capítulo, he hecho una sutil comparación entre Freezer y su 'empujoncito' y la señora Briefs, con su otro 'empujoncito'. Seguro que en el siguiente capítulo si que te vas a reir. Vegeta en un planeta lleno de cientos de mujeres en celo. Fiuuuuu.

Si me da tiempo os actualizo entre semana el otro fic que estaba empatado "intercambio de cuerpos", ¿okis?. Besitos.