Capítulo 8: Virgen
- ¿Entonces Vegeta era virgen?. - Preguntó divertido Cell.
- No exactamente... - Aquella respuesta enigmática encerraba un secreto oscuro que deseaba conocer.
- ¿No?. - Arqueó una ceja.
- Jajajajajaa. No. - Respondió simplemente no dispuesto a desvelar el misterio tan fácilmente.
- ¿Y quién... cómo...?. - Ahora si que no entendía nada. Por lo que había dicho anteriormente pareciera dar a entender que el principito era virgen.
Freezer endureció sus facciones, y luego sonrió con esa expresión desviada que aterrorizaba. - Había que enseñarle modales, era un niño demasiado engreído y desobediente. -
Cell le miró algo confuso, en su cerebro miles de posibilidades comenzaron a formularse mientras esperaba que aquel que un día llamó Maestro la mitad del universo, prosiguiera contando su historia.
- Jajajaja. - La nueva risa del lagarto demostraba un sadismo puro, esencial... - ¿Qué haces con un monito de 6 años que se atreve a contestarte y que se niega a arrodillarse ante tí, que eres el Maestro, el Lord del Universo?. -
- ¿Castigarle?. - La pregunta era casi una asunción. - Pero... - En el contexto en que estaban hablando, - ¿Cuál fue su castigo?. - Los ojos de Cell se abrieron desmesuradamente encontrándose de repente con la mirada fija de Freezer, ahora complacido por su deducción lenta. Algo en el estómago del malvado se revolvió sólo imaginando la escena. Ni el mismo hubiera deseado semejante castigo al peor de sus enemigos.
El lagarto frotó con un dedo el brazo de su oyente, el cual se atiesó repentinamente. Cuando quiso acordar, Freezer estaba demasiado junto a él, susurrando en su oido. - Tengo buena mano para los niños insolentes, después de aquel castigo, estuvo mucho más dispuesto a obedecerme, pero claro, siempre ha sido demasiado obstinado y... problemático... de modo que me vi obligado a enseñarle disciplina utilizando distintos métodos. Aunque sin duda, el más efectivo fue... aquel castigo. -
- ¿Q...qué castigo?. - El tartamudeo leve divirtió al sádico.
- ¿De verdad quieres saberlo?. - Susurró lamiendo su cuello en un acto repentino de lujuria.
- NO. - Gritó Cell apartándose y sintiendo leve compasión por su enemigo.
- Jajajaja. - Rió. - Eso mismo gritó él cuando lamí su cuello. - Cell retrocedió unos pasos.
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Vegeta aterrizó en el planeta que le habían asignado. Ya era un hombre, a pesar de tener 17 años, su aspecto era juvenil, pero su expresión era la de un adulto que ha vivido mucho. Había aprendido a cuidar sus espaldas muy bien. Y algo le decía que esta misión iba a ser bastante más complicada de lo que parecía a simple vista. Su sexto sentido le había salvado de más de una situación delicada.
Ajustó su scuter y localizó los kis más altos en varios kilómetros a la redonda, optando por acudir en la dirección del más fuerte de ellos, aún cuando no supusieran una amenaza real para él.
Descendió su vuelo sobre una especie de ciudad de aspecto extraño. Las casas eran de piedra, y estaban hundidas en el suelo, eran como sótanos. Cientos de hembras hermosas surcaban las calles de la ciudad haciendo tareas diversas. Todas eran muy parecidas entre sí. Cualquiera diría que eran hermanas de sangre. Su pelo era negro como el azabache. Eran de piel también oscura, cuerpo absolutamente tentador, pechos voluminosos, caderas anchas, cintura estrecha y nalgas abombadas. Los brazos eran delicados, finos, algo escuálidos para su gusto, adornados con brazaletes de un metal rojizo. Lo que más destacaba eran sus rostros, de facciones finas, aspecto frágil debido a la delgadez de sus rostros. En sus frentes anchas, todas ellas tenían unas marcas de color rojo intenso. Los ojos, negros totalmente, adornaban un conjunto absolutamente encantador.
Vegeta sacudió los pensamientos lujuriosos de su mente. Tenía una misión, no podía desconcentrarse. Su presencia no pasó desapercibida, sin embargo, para las nativas del lugar, que esbozaron amplias sonrisas al verle.
- ¿Deseas algo extranjero?. - Preguntó una nativa audaz.
Vegeta la miró analizándola con su scuter. - 50 unidades. Bah. - Hizo una mueca de desprecio. Una parte de él clamaba por la humillación de ser enviado a una misión tan estúpida. Así no podría hacerse lo suficientemente fuerte. Tenía que enfrentarse a enemigos poderosos si quería superarse y derrotar a Freezer. Lo mejor era acabar pronto con aquella estupidez y volver a la base para tomar una misión de verdad, una que le permitiera incrementar su poder. Aunque si seguía a ese ritmo, serían muchos años más los que necesitaría para derrotarle y para... vengarse. Pero no tenía otra opción, estar bajo su ala era lo mejor que podía hacer en esos momentos. Cuando le matase, reclamaría su trono y reinaría en el Universo, restaurando el poderío de su raza saiyajin.
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En algún lugar en las montañas, Vegeta luchaba contra enemigos imaginarios dando vueltas en su cabeza a aquella maldita frase que dijo la madre de Bulma. 'No me extraña que mi hija esté enamorándose de tí'. Esa frase, de apariencia tan inocente, le había provocado un vuelco en el corazón repentino y había desencadenado una serie de sentimientos que ya habían permanecido demasiado tiempo contenidos en Dios sabe qué extraña parte del cerebro que guarda a cada cual de no enloquecer en determinadas circunstancias. No, pero a él no le amaría jamás nadie, ¿Quién podría amarle?. - Absurdo. - Ni el amaría a nadie, porque era malvado, frío, calculador, un asesino despiadado, un guerrero hecho para la batalla y para dominar bajo su yugo a todo el Universo. Era una trampa. ¿Era una trampa?. - Maldita sea. Big Bangg AATAAAAACKKKK. - Gritó haciendo desaparecer toda una montaña. El les iba a demostrar que nadie juega con el Príncipe de los saiyajins. Era el soldado perfecto, un guerrero sólo hecho para matar. - Les mataré... - Susurró con sadismo contenido y sonriendo por un momento, para estallar en carcajadas locas. - Jajajajaajaja humanos insignificantes. - Les mataría a todos, eso iba a hacer. Y reiría lamiendo la sangre de sus víctimas salpicada en su boca y viendo sus miembros mutilados y sus vísceras rociadas por todas partes. Mataría a todos aquellos insectos malditos de un modo horrible y doloroso por intentar burlarse de él. Sólo querían burlarse de él. Pero eso era porque no le conocían. No sabían con quién estaban jugando. Y pensar que parecían tan sinceros. - No, no... nadie es tan idiota. - No podían ser tan estúpidos como para estar hablando seriamente. La sombra de la duda surcó su mente perdida. ¿Y si era cierto?. ¿Por qué el pensaba en esas cosas?. - No necesito a nadie. - Y sin embargo una parte de sí mismo sabía que las atenciones que había recibido en esos días le habían llegado a una parte del alma que el no sabía que tenía. ¿Quizás una parte buena?. - Yo soy malvado... - Trató de autoconvencerse. - Les mataré... - Sujetó su cabeza entre sus manos no pudiendo contener las lágrimas que asolaron sus mejillas. ¿Por qué estaba llorando?. ¿Por qué no deseaba matarles de repente?. - No, antes tienen que resucitarle. - Si, esa era la razón única por la cual él no les había matado aún. - Tengo que esperar un poco, mientras tanto, les utilizaré en mi propio beneficio. Cuando Kakarotto resucite, lucharé contra él y le mataré. Maldito seas, MALDITO SEAS KAKAROTTO. TE ODIOOO. TE ODIOOOOOOOOOOOOOOOOO. - La angustia que pulsaba sus venas era desoladora. Se derrumbó en el suelo como nunca antes lo había hecho en toda su vida. - Te odio. - Las lágrimas de impotencia se derramaron sobre la arena ardiente del desierto. Por más que luchase contra su enemigo, si no lograba alcanzar el nivel de super saiyain, no podría vencerle. Pero ¿qué importaba eso?. Su orgullo iba primero aunque acabase en el infierno. Sus puños se aferraban a la misma arena que se escurría de sus palmas, como la vida misma de sus víctimas se había escurrido en el pasado, entre sus propias manos, no hacía más que unos meses atrás.
Su mundo se había derrumbado repentinamente. - Freezeerr. - El dolor al pronunciar ese nombre era tal que desgarró su misma alma en dos. - Yo debía acabar contigo. Todo lo que pasé... Todo fue en vano. No pude... no pude vengarme. Maldito seas Kakarotto, maldito seas por siempre, tú y tu descendencia. Maldito seas. - Cualquiera que le viera no diría que el guerrero más fuerte del universo era aquel que lloraba en medio de la soledad de un desierto semidestruido. Pero así estaba él de asolado, como ese desierto sin vida. Había vivido toda su vida con la esperanza de la venganza, pero ahora estaba muerto el ser que tanto odiaba, y todos los que le habían humillado también. Entonces... ¿Qué iba a hacer ahora?. Estaba perdido. Sin súbditos que le reconocieran como príncipe, sin misiones que completar, sin el ser que era objeto de su venganza. Estaba perdido como nunca antes lo había estado.
Las memorias de sus vejaciones y torturas físicas y psicológicas más horribles surcaron su mente atormentándolo en la soledad intensa que había vivido toda su vida. Solo, sólo, siempre había estado sólo en el mundo... Y ahora, más que nunca. sin Raditz, sin Nappa. ¿De quien era Príncipe?. Príncipe de la nada. De un planeta muerto, de unos congéneres desintegrados. - SOY EL PRINCIPE DE LOS SAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAIYAJIIIIIINS. - Grito envuelto en el dolor más horrible que pueda existir, el dolor de un alma que ha visto y había sufrido más de lo soportable.
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- 'Soy el Príncipe de los saiyajins', 'Soy el Príncipe de los saiyajins'. Me repetía desde mi infancia acogiéndome a esa sóla oración como si se tratase de un rezo que habría de salvar mi alma. Al final de cada paliza, después de cada tortura, tras sufrir vejaciones y humillaciones tremendas, sólo tenía que repetir en mi mente 'soy el Príncipe de los saiyajins' y desaparecería el dolor. Porque el Príncipe de los saiyajins no siente dolor, ni angustia, ni desesperación, ni llora, ni siente nada. El Príncipe de los saiyajins es el guerrero más fuerte del Universo, eso me enseñaron, eso me dijo mi madre, eso me dijo mi padre. Yo, era el Príncipe de los Saiyajins. Eso era yo. Y no podía sufrír, ni morir, ni ser vencido. Yo no era débil, porque era el Príncipe de los saiyajins. Mi infancia, si puede llamarse infancia a lo que viví, fue indescriptible. Pero 'yo era el Príncipe de los saiyajins', podía soportarlo todo. -
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Pero ese día, aquella frase no sirvió para mitigar su dolor. Era demasiado horrible. Todo había cambiado de repente. Todo cambió el día que permitió que Raditz viajase a la Tierra a por su hermano. Todo cambió el día que murió y él se vió obligado a vengar su muerte acudiendo a aquel maldito planeta. Y su vida acabó de empezar a caer en un pozo terrible, cuando Kakarotto le venció. Un tercera clase, el último de sus súbditos, le humilló, le dejó vivir después de derrotarle. Más lágrimas brotaron hacia el suelo. Y luego, cuando estaba tan cerca de lograr la inmortalidad en Namek, él había tenido que arruinarlo todo de nuevo. Por si no fuera eso bastante, vino el descubrimiento tremendo de que había servido durante toda su vida, al ser que había destruido a toda su raza y su planeta. - Debí haber muerto junto con mi raza aquel día. Hubiera sido mejor eso que vivir con este deshonor maldito. - Pero no, no era suficiente, aún debía sufrir más. Sufrir, sufrir, esa había sido su maldita vida desde que era un niño. Un erial de sufrimiento, sangre, dolor, ira, rabia, odio. - Te odio. Odio todo. OS ODIOOO. - Y se odiaba a sí mismo por no haber sido lo suficientemente fuerte. Quería morir de pronto, acabar con su dolor tremendo. Morir, y alcanzar un poco de paz. Pero de nuevo la aplastante realidad le empujó al borde de la locura. - El infierno... - Los recuerdos de su pesadilla enviaron escalofríos a su cuerpo descompuesto por la ansiedad. ¿Era eso lo que le esperaba cuando muriese?. ¿Aún más dolor y sufrimiento?. ¿Es que nunca podría tener paz?. Ni siquiera la muerte le libraría de eso. La cabeza de Vegeta daba vueltas y vueltas incapaz de enderezarse de aquella penosa posición, aún arrodillado en medio de la nada, llorando lo que no había llorado en toda su vida. - Me volveré loco. No puedo soportarlo más. No puedo... - Kakarotto se había transformado en el Guerrero legendario, que él debía haber sido. EL tenía que serlo. Su madre se lo dijo poco antes de morir. Nadie más podría ser el Super Saiyajin legendario. - TENÍA QUE SER YOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO. - La vergüenza absoluta ensombrecía su alma. Había fallado a su madre, a su padre, a su raza. Era una vergüenza de guerrero y de saiyajin.
Algo le puso en guardia repentinamente. Era un ki que se aproximaba. Temiendo que pudieran verle en semejante situación se enderezó secando las lágrimas de su rostro. 'Soy el Príncipe de los Saiyajins' se repitió mentalmente tratando de controlar su mente y sus acciones.
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- Llévame con tu reina ahora mismo. - Amenazó con una bola de ki a la nativa, la cual sonrió torcidamente.
- Por supuesto, noble extranjero. - Contestó melosa y enigmáticamente.
- Apartaos hermanas, el extranjero va a ver a nuestra Reina. - Advirtió la muchacha mientras pasaba por las calles estrechas de la ciudad conduciendo al guerrero.
Entonces eran hermanas tal y como él había pensado. Era una raza extraña aquella. Pero eso explicaría por qué eran tan similares entre sí.
En el centro de la ciudad, existía una puerta grande y lujosa, con escasa luminosidad, que conducía hasta el interior de un palacio subterráneo. Las paredes eran de piedra pulida de color negro, sólo iluminadas por infinidad de piedras preciosas luminiscentes que adornaban el techo. Por fin alcanzaron una gran sala circular. El techo formaba una gran cúpula, totalmente repleta de todo un universo de luces fluorescentes, que hacían el ambiente turbador.
- Reina Viuti. - Saludó la hermosa nativa arrodillándose.
Vegeta buscó con la mirada en todas direcciones, pero no había rastro de la supuesta reina. Ajustó su scuter y por fin localizó una gran emanación de poder en el techo. En un abrir y cerrar de ojos, bajó lentamente asida a un hilo muy fino, la figura hermosa de una mujer algo más alta que las nativas anteriores, de cuerpo más voluminoso y erótico también. Sus labios rojos se mojaron levemente al presenciar la extraña visita.
- Este extranjero ha solicitado vuestra audiencia, madre. - Vegeta la miró sorprendido. ¿Todas aquellas muchachas eran sus hijas?. La reina no aparentaba tener más de 20 años de edad. Era sorprendente.
- Acércate. - Susurró seductora.
- Estoy muy bien aquí. - Contestó rabioso.
Aquella falta de respeto provocó una leve dilatación en las pupilas de la Reina, que demostró un eco de irritación, pero su autocontrol se hizo presente enseguida.
- ¿Que os trae a mi planeta, joven?. - Su tono seguía siendo igualmente sugerente.
- Ha llegado a los oídos de Lord Freezer, que bajo vuestra tutela, se encuentran instalados asentamientos rebeldes. Deben ser destruidos de inmediato. Ese es el objeto de mi misión. -
- ¿Rebeldes?. - La expresión era de extrañeza pura. - El sentido del humor de mi viejo amigo es encomiable. -
- Os aseguro que no se trata de ninguna broma. - Replicó enojado. - Si no traen a mi presencia de inmediato a los rebeldes, os aseguro que comenzaré a destruir el planeta hasta que yo mismo les encuentre. - Amenazó,
- Freezer no pudo haberos ordenado que mataseis a ninguna de mis hijas. - Gritó rabiosa.
- En efecto... - Sonrió. - Pero no dijo nada acerca de destruir las infraestructuras... -
Viuti frunció el ceño, luego le miró de reojo. - Algo no encaja. Llamaré al Maestro personalmente. Estoy segura de que debe ser un error. -
- Como quieras. - Vegeta se cruzó de brazos con una sonrisa torcida. Con un poco de suerte la hembra irritaría al lagarto con su llamada y Freezer le ordenaría luchar contra ella. Así al menos, conseguiría un buen punto en su misión. Su scuter marcaba que su poder estaba en 8.000 unidades. No era tanto como el suyo, pero sería un buen entrenamiento.
Para su sorpresa, sus órdenes fueron bien distintas. El rostro de Freezer apareció de repente en la pantalla gigante olográfica que se proyectó en el centro de la enorme sala.
- Vegeta, Vegeta, Vegeta... ¿Qué voy a hacer contigo?. Mi querida amiga Viuti estaba tan alterada por tu culpa... - Pronunció con fingido afecto. - En realidad, los rebeldes han sido capturados, parece ser que abandonaron el planeta hace una hora al saber que había enviado a alguien para eliminarlos. - Aclaró sonriendo.
- Bien, entonces me marcharé inmediatamente. - Afirmó su paso fuera de la habitación después de hacer una leve inclinación a Freezer.
- Oh, espera Vegeta... - Después de tomar una respiración se dió la vuelta. Sabía que en esta misión había algo más. Era uno de sus juegos mentales. ¿Qué clase de tortura tendría que sufrir ahora?. - No puedes marcharte sin más, estarías rompiendo el protocolo y dejarías mal al Imperio. -
Vegeta no dijo nada, sólo se cruzó de brazos deseando que terminase ya la farsa. - Debes cumplir un pequeño servicio antes de marcharte. -
El saiyajin estrechó los ojos. - ¿Qué clase de servicio?. - Preguntó irritado.
- Oh, jajaja, uno que estoy seguro te agradará bastante... - El tono divertido estaba comenzando a revolver su estómago. - Es costumbre que los extranjeros copulen con la reina antes de abandonar el planeta. -
- ¿Qué?. - Gritó con los ojos abiertos de par en par.
- Espero que no hagas una escena de las tuyas. - Amenazó golpeando con la cola en el suelo, avisando con este gesto, la irritación que supondría esa acción, y las consecuencias que tendrían para él.
- Cumpliré con ese 'protocolo' y me marcharé. - Aseguró Vegeta sin poder ocultar la rabia que sentía.
- Eso espero... - La comunicación se cortó y la Reina miró a Vegeta con una sonrisa lasciva.
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Vegeta voló lejos de los kis que se aproximaban. Después de una hora de vuelo, se sentía mucho mejor. De algún modo, haber llorado, haber permitido que todos esos recuerdos, sentimientos y emociones salieran fuera, le había aliviado el alma. Ahora veía claro su camino. Tenía que esperar a que resucitasen a Kakarotto, vencerle, destruir a los humanos, y luego marcharse al espacio para cumplir con su destino y reclamar su reinado sobre el Universo. Pero antes que eso, tenía que matarle. Una sonrisa fría volvió a su rostro. Mientras tanto utilizaría a los humanos como había estado haciendo estos días atrás. No estaba de mal tenerles de sirvientes. Incluso quizás, dejaría con vida a algunos de ellos para que les sirvieran como esclavos.
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Ya era bien entrada la noche y Bulma estaba en el salón de su casa pintándose las uñas. - Ese saiyajin estúpido... ¿Quién se ha creído que es?. El Príncipe de los... - Por alguna razón encontrar un calificativo 'resumen' de la personalidad de su extraterrestre preferido, era casi misión imposible. - Ahhsss. Tendría que utilizar todo el diccionario de insultos de todos los idiomas del mundo, y quizás del Universo... - Nadie la había tratado jamás en toda su vida como Vegeta lo había hecho. - Jajaja. - Y por algún motivo extraño, su propio enojo la había hecho reírse de sí misma. - Es tan subrealista mi vida, jajajjaa. Maldito. ¿Pero por qué tiene que ser tan atractivo?. ¿Me pregunto si de verdad será buen amante?. - De pronto un sonido parecido a un Hmp mezclado con una risa entre dientes la asustó y dio un brinco. Sólo alcanzó a ver la sombra de Vegeta que subía las escaleras para ir a su habitación.
Como si fuera un resorte, saltó y corrió detrás de él. - Eh, Vegeta. - Sin volverse a mirarla, frenó su subida a las escaleras. - ¿Te parece bonito andar asustando a las personas decentes?. Seguro que lo encontrarás divertido... -
Sin hacerle caso masculló algo que Bulma no llegó a comprender y siguió subiendo las escaleras. - Oyeee, estoy hablando contigoooooo. - Gritó en la tapa de sus pulmones haciendo que el saiyajin se tapase los oídos.
- MUJEER. ¿Es que no puedes estarte calladita un rato?. - Suspiró pesadamente.
- Lo estaré cuando me muera. -
- Eso puede arreglarse. - Susurró amenazante.
Bulma le encaró subiendo las escaleras, muy a sorpresa del saiyajin, que esperaba que saliera corriendo después de su amenaza. - Mira, puede que tu seas un Príncipe, pero aquí, en este Planeta, yo soy una personalidad muy importante, soy la mujer más hermosa e inteligente de toda la Tierra y quizás del Universo, así que debes tratarme bien. No se a qué estarás acostumbrado pero... -
- Jajajajjaa. - Vegeta comenzó a reír a carcajadas y la quijada de la peliazul se fue al suelo de repente.
- Pero si sabes reírte... - Contestó coquetamente haciendo que se pusiera mortalmente serio y siguiera subiendo las escaleras.
- ¿Los Saiyajins teneis manual de instrucciones o algo?. - Preguntó con picardía.
Vegeta la miró como si fuese una loca.
- Lo digo por que no hay manera de entenderos. -
Con otra especie de hmp mezclado con risa siguió subiendo las escaleras. ¿Por qué no la mataba?. El se repetía a sí mismo que era porque la necesitaba por ahora, pero en el fondo, muy en el fondo de sí mismo, algo en su personalidad le parecía demasiado divertido y relajante. Aunque claro, no iba a reconocerlo.
- Pues al final no se si escuchó lo que dije o no, pero por lo menos se ha reído. Aunque... realmente no se si eso es bueno o malo. -
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- Ven Vegeta... - Pronunció la reina Viuti con voz golosa.
- Acabemos con esto de una vez. - Masculló contrariado y tratando de ocultar el nerviosismo que sentía.
- Quítame la ropa léntamente. - Se puso de espaldas a él.
- Lo haré como yo quiera. -
- No querrás romper el protocolo y levantar la ira de Freezer... ¿verdad?. -
Sin más remedio se decidió a hacer como le indicó. - Así no, rozando mi piel, dejándote llevar. -
- Hmp. - El vestido de la reina se desplomó al suelo desvelando que no llevaba ningunas ropas interiores.
- Bien... ahora desnúdate lentamente. -
Con un gruñido, Vegeta se quitó la ropa sin atisbo alguno de erotismo. Más bien, como alguien que se quita la ropa antes de irse a la ducha después de un día especialmente pesado.
Viuti hizo un gesto para que se acercase. Se tendió en el suelo de la sala y Vegeta se acomodó sobre ella procurando no mirarla, en parte, para demostrarle que no le agradaba ser forzado a tomarla, y en parte, porque quería dejar claro que él era un Príncipe y que ella no era digna de su tacto siquiera. Pero su mente le traicionó con el roce de la piel, con el olor de la excitación, y el frío que había anteriormente en sus movimientos se extinguió para dar lugar a una naturaleza mucho más voraz y apasionada. Rayos, ¿por qué no disfrutar de ese momento?. Bien, le molestaba que fuese forzado, pero por otro lado, ¿no sería su mejor guantada disfrutar del encarguito?. Pero no, mientras que fuese algo que le encargó Freezer, jamás demostraría ni un sólo ápice de debilidad hacia nada.
Con fuerza y decisión la penetró sin preocuparse del placer de ella, sin ocuparse siquiera de algo más que no fuese el mero acto sexual al estilo animal más puro.
- No me has satisfecho aún, soldado. - Le encaró la reina cuando él se levantó de su regazo habiendo terminado la faena.
- Ah, ¿querías algo más?. - Se burló.
- No soy ninguna prostituta a la que usar y luego tirar. ¿Qué te has creido?. - Replicó ofendida.
- Y yo no soy ningún soldado ordinario. Estás delante del Príncipe de los Saiyajins. Date por contenta de haber tenido el honor de que me dignase a tocarte, mujer. -
El brillo en los ojos de la reina le resultó extraño, pero sin más, dio media vuelta dispuesto a marcharse. - Aún no hemos terminado, 'príncipe'. -
Vegeta se volvió a mirarla para contestar alguna frase mordaz, pero cuando se volvió, lo que vió detrás de él le dejó estupefacto, pues la mujer se había transformado de una especie de araña dispuesta a atacarle.
Fue por poco que logró esquivar una de las patas antes de que se le clavara en el pecho. La imagen de Freezer volvió a aparecer en la pantalla gigante presenciando la escena.
- Vegeta, pensé que sabrías satisfacer a una dama... -
- ¿Dama?. - Replicó golpeándola con una patada en la cabeza.
- Nt, nt, nt, nt. Quizás prefieras... el sexo masculino. - Agregó mordazmente desestabilizando al príncipe y haciendo que una de las patas de la araña se le clavase en el hombro, para dejarlo pegado al suelo.
El príncipe formó una bola de kí dispuesto a volarle la cabeza antes de que se le acercara más, pero el lagarto intervino. - BASTA. - Ambos pararon.
- Es mio, Lord Freezer, después de copular, mi especie siempre mata a los machos. -
- Mi querida amiga, la estoy librando de una muerte segura, me temo que Vegeta es más poderoso que tú. -
- AHHHHH. - Sin esperar a mayores halagos, el Príncipe cortó con un golpe de kí la pata de araña que aún estaba clavada en su hombro, sacándose estoicamente el excedente que tenía incrustado. Viuti volvió a su estado normal de mujer sofocando de ese modo el dolor del miembro perdido mientras se auto-regeneraba.
- Vegeta, vuelve a la base, y... si no me demuestras que eres bien hombre, te aseguro que no me importará dejar que Zarbón juegue un poco contigo... -
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- Cuando volví a la base me dirigí al bar. Raditz estaba allí bebiendo y tonteando con un par de putas. Dos más de ellas se me acercaron en cuanto me vieron entrar. Tomé a una y rompí su ropa. Todos miraron asombrados pero ninguno dijo o hizo nada para detenerme. La acorralé contra la barra y la violé allí mismo. No estoy orgulloso de lo que hice, pero era cuestión de supervivencia. Tenía que hacer eso si no quería que... Lo hice delante de las cámaras de seguridad de la base, a sabiendas que Freezer vería toda la escena, con la esperanza de que eso aplacase sus amenazas. Cuando terminé la maté. Todos miraron en otras direcciones. Yo sonreí a la cámara antes de dirigirme a la enfermería para que me curasen la herida del hombro. Ni siquiera recuerdo la cara de esa chica. ¿Por qué la maté?. Tenía que demostrar que no era cualquier soldado. Si me obligaban a hacer algo, yo me cobraría mi venganza, era eso lo que quería demostrar con esa acción. Pagó esa mujer inocente, lo se, no puedo hacer nada para remediar lo que hice. - Vegeta cerró los ojos y suspiró. Hacían tantos años de eso y aún se acordaba. - Y no tengo perdón. - Añadió mirando al infinito y recogiendo una toalla para finalizar su arduo entrenamiento. El agua de lluvia le empapó cuando salió de la Cámara de gravedad.
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- Cuando vi la escena de como mato a la puta en aquella barra del bar, me felicité mentalmente. Le había empujado un poco más allá. El pensaba que había ganado, pero estaba equivocado... era parte de mi plan. Había traicionado una parte de sus enseñanzas Saiyajins, una parte de si mismo al cometer aquel crimen, y yo... no podía estar más feliz con mi mascota. Por no decir, que ahora que había probado el placer de una mujer, sus misiones incluirían quizás, una nueva faceta de conquista... - Cell se sentó de nuevo viendo que el lagarto había adoptado una pose más natural. Si lo de antes había sido una broma, tenía un pésimo sentido del humor.
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Bulma subió a su habitación y se pegó a la pared para escuchar lo que hacía el príncipe en el otro lado. Mordió su labio temerosa de que de pronto la detectase y fuese capaz de enviar un disparo de kí a la pared o algo por el estilo matándola en el acto. Pero, de nuevo, la gran Bulma Briefs no se amilanaba ante nada. Vegeta era un misterio, un rompecabezas de mil piezas. Y ella era una tenía una mente científica naturalmente curiosa, demasiado curiosa...
Lo único que escuchó fue el sonido de la ducha. Imaginárselo desnudo no ayudaba demasiado a su conciencia. - Dios Bulma, para ya, Yamcha será resucitado dentro de poco y no haces más que pensar en ese... 'Vegeta'. Bah. Tampoco es tan guapo. - Pero de nuevo las imágenes mentales de ese cuerpo perfecto bajo el agua de la ducha, enjabonándose el cuerpo sudoroso, surcando la piel dorada... - Mmmmm. Esta noche sospecho que voy a tener unos bonitos sueños. - Total, ella no era de piedra, no estaba siendo infiel a su novio, noooo, por supuesto que no. Era una actividad... sana. Si, eso es, algo natural en una mujer como ella que tenía sus necesidades... - Ayyyssss. - Bulma cerró sus ojos para no seguir pensando más. - Pero... ¿Qué tal amante sería Vegeta?. - Una mueca se instaló en su cara auto regañándose mentalmente por no ser capaz de dejar de pensar esas cosas.
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En la ducha, Vegeta se reía aún entre dientes de la mujer de pelo azul. - "Tonta". - Si, había escuchado su charla consigo misma. Al principio pensó que hablaba con alguien, pero cuando se acercó para escuchar la conversación a escondidas, se percató de que estaba hablando sóla. - "Está loca". - Pensó. Pero una parte de él le recordó que no hacía mucho él estaba gritando sólo también, así que, quizás la cosa era contagiosa. - "El ambiente de este planeta me debe estar afectando". - Cuando se acostó, la sombra, el miedo a sufrir una neva pesadilla le asoló por un instante el alma. Al acostarse, vió junto a su mesa un objeto rectangular. Apretó un botón y se encendió la pantalla de una televisión. No se molestó en apagarla, estaba tan cansado que cerró los ojos y se durmió. Pero lo que se coló esa noche en sus sueños, distaba mucho de ser una pesadilla...
Flash (sueño de Vegeta)
La mujer de pelo azul bailaba para él, se movía seductoramente haciendo que cada vez su necesidad de ella creciera más y más. Dios, cómo necesitaba hacerla suya. Bailaba esa canción que estaba cantando en la cocina. Pero antes deseaba hacer algo que jamás había hecho a ninguna otra. Quería lamer su cuerpo, así que se acercó a ella y tirándola en sus brazos, comenzó a lamer sus pechos. Ella se retorcía de placer y...
Fin del flash.
Entonces se despertó. - ¿Qué diablos?. - En la televisión estaban pasando una película pornográfica en la que los protagonistas hacían justo lo que él estaba soñando. ¿Quizás eso había influenciado su sueño?. En cualquier caso, era mucho más deseable que el sueño de la noche anterior.
Con curiosidad morbosa, se permitió seguir mirando aquella extraña sesión de sexo televisivo, pero revisó antes visualmente que la puerta estuviera cerrada con el seguro. No podía permitir que una escena como la de la noche anterior volviera a repetirse. Nadie debía entrar en su habitación si él no lo autorizaba, y mucho menos cuando estaba dormido.
Su ceño dejó de fruncirse cuando se permitió a sí mismo, 'aliviar' un poco la tensión del día realizando una práctica bastante común para él, como era la autocomplacencia, mientras miraba las escenas eróticas de aquella pantalla. Sin ser demasiado consciente de ello, la peliazul se transformó en el objeto de sus fantasías sexuales. Qué extraños eran los humanos... hacían cosas tan raras para acoplarse... Lo peor es que realmente esas cosas parecían excitantes y le estaban empezando a gustar. Asshh, pero él no podía perder el tiempo con esas minucias. Bah. Tenía que concentrarse en derrotar a Kakarotto... y quizás el siguiente día se encargaría de interrogar a los terrícolas para averiguar qué clase de entrenamiento había seguido ese miserable tercera clase para llegar a ser tan poderoso. Seguro que tenía un secreto, tenía que ser algo especial... Y él lo iba a averiguar.
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Mina, gracias por tu votación, aunque voy a dejar el sistema de votaciones por reviews porque mi inspiración no funciona de esa manera, procuraré tenerlo en cuenta, lo prometo, pero manda la musa inspiración en esto. Aunque espero que no dejeis de hacerme saber cuál de mis fics os va gustando más.
Norma, no se que decir, que cosas tan bonitas me has dicho en tu review. Muchas gracias por compartir conmigo eso y hacerme partícipe de los sentimientos que he evocado en tí con mis escritos, es emocionante ser consciente de ello. Gracias.
Shizuka, pues aún no he ido al dentista, estoy a base de lavarme los dientes compulsivamente, y de masticar chicle sin azucar a cada rato... me da miedo el dentista, buaaa. Gracias por tus comentarios, espero que te guste el capítulo.
Yanki, has dado en el clavo amiga, justo quería representar eso y lo has cazado al vuelo, me pone muy contenta ver que me leeis entre lineas y no sólo veis las frases, sino los significados que encierran desde el título del capítulo, pasando por el título de la historia, el nombre de los personajes, y las situaciones paralelas...
Dulce-vg, ya ves que Vegeta no era exactamente virgen, pero no creo que cuente ese tipo de cosas en la virginidad. A mi también me encantó darle ese papelito especial a la madre de Bulma. U.U Ah, gracias por lo de las enseñanzas, es verdad que intento transmitir mis aprendizajes de la vida a traves de los fics, aunque sean, jajaja en situaciones pelin exageradas, como tu dices.
Kasou, ya tengo medio escritos los siguientes capítulos de La madre de Vegeta y Salvaje, así que no tardarán en salir, pero tenedme paciencia, porque toy más liada que la sandalia de un romano.
Runliney, aquí va la actualización, y "entre corrientes" tengo ya en mi mente lo que pasará, pero no tengo tiempo para ponerle en el papel... que pena tengo, tener tantas cosas en la cabeza y que no salga a la luz, buaaa.
Son Vegetzu, ¿tu dejando review?. ¿Tienes fiebre o algo? jajajjaja. ¡Ya era hora chica!. Bueno a ti no te escribo más que nos vemos en el messenger guapetona. A ver cuando actualizas el siguiente capítulo de en Tinieblas, que me tienes a dos velas y comiendome, como dice mi amiga Kawai, las uñas de los pies jajaja.
Angelical, Vegeta no había tenido a muchas mujeres, pero ya descubrirás en los siguientes capítulos, algo más de las experiencias sexuales que había tenido. Aunque claro, no son tan románticas como cabría esperar. El Príncipe era un rudo guerrero que no se preocupaba de satisfacer a la mujer, sino de satisfacerse a sí mismo. No podía ser de otra manera.
Lady, como ves si que le quitaron la "virginidad", aunque no era exactamente virgen el pobre. ¿Qué esperabais?. Estaba a cargo de un sádico vicioso, psicópata y enfermo, es normal pensar que hiciera algo como lo que describo con el pobre niño. La madre de Bulma tendrá algunos momentos estelares más adelante, es promesa jajaja.
Shadir, desde luego que se deben aburrir en el infierno, o quizás ¿será el día de San Vegeta que se andan acordando de el?. Quien sabe...
Karo, como dije un poco más arriba, tengo casi la continuación de salvaje escrita, pero le queda un trechito, no quiero sacar a la luz una chapuza, jeje. Ya verás lo que va a pasar. Oye por cierto, ¿estás estudiando para dentista?. Que HORROOOOOOS. Yo tengo pánico a los dentistas, Vade Retrooooo, noooo, no te acerques Karo... no te acerques más, Ahhhhhhh... jaja
Amy, estoy segura de que nadie imaginaba que sería así el viajecito de Vegeta, pero es que a mi me gusta mucho daros sorpresas y salirme de tiesto. Yo también quiero saber como voy a compaginar todo chica, de verdad, aún lo estoy pensando... ;)
