Mis queridas amigas y amigos, para este capítulo he tomado prestada alguna poesía de mis queridos amigos de siempre, los poetas malditos que tanto adoré leer y que tanto han exaltado mi alma siempre. Baudelaire y sus flores del mal comienzan el capítulo con el poema titulado "La destrucción". Continua el relevo Rimbaud, con un poema de su libro "Temporada en el infierno"
Capítulo 9: Síndrome de estrés post traumático.
El demonio se agita a mi lado sin cesar;
flota a mi alrededor cual aire impalpable;
lo respiro, siento cómo quema mi pulmón
y lo llena de un deseo eterno y culpable.
Los sueños de Vegeta no fueron clementes, ni fueron halagüeños. Intentó pensar en ella, pero no pudo evitar seguir escuchando el sonido de los huesos rotos, de los gritos desgarradores de las madres que vieron a sus hijos muertos. Por su mano, por su diabólica mano. El, que sirvió al mismísimo diablo tantos años. - ¿Cómo pude servirle?. ¿Cómo pude agacharme ante él?. Pero yo no sabía que había matado a toda mi especie. ¿O sí lo sabía?. Lo intuía... Le serví, quise ser como él, quise ser más fuerte, más malo, pensé que sólo así podía derrotarle y lo único que derrote fue mi propia alma. -
A veces toma, conocedor de mi amor al arte,
la forma de la más seductora mujer,
y bajo especiales pretextos hipócritas
acostumbra mi gusto a nefandos placeres.
- Sálvameeeee. - El grito de su sueño, de nuevo esa mujer que era un ángel extraño envuelto en luz y que alargaba una mano que jamás alcanzaba a tomar.
"Deja que te salve" Aquel susurro infame de esa humana... - Como si ella pudiera salvarme. -
"No me extraña que mi hija se esté enamorando de tí" Y aquella declaración de nuevo colándose como un consuelo inútil, como esa mano que se tiende para salvarle. Pero... ¿qué es el amor?. Algo prohibido, que no sirve para nada, algo que sólo te hace débil. Pero era tan grato sentirse amado por vez primera. Esa mujer ¿de verdad le amaba?.
- No, yo no se amar, no quiero mar, no puedo amar, no amo a nadie, ni siquiera me amo a mi mismo. - Saltó de la cama y se vistió con rapidez para salir volando a ninguna parte, a algún lugar que mitigase su dolor.
Así me conduce, lejos de la mirada de Dios,
jadeante y destrozado de fatiga, al centro
de las llanuras del hastío, profundas y desiertas,
No podía pensar en nada, nada más que el sonido de los gusanos devorando la carne de los desgraciados que murieron a sus manos. Era un niño cuando mató la primera vez, era un niño que vió demasiadas cosas, que vivió demasiado rápido. Y ahora lo comprendía, después de tantos años supo que él era la culminación de la venganza, él era el tributo que pagó su especie al diablo, en su juego macabro. Le enviaron al infierno en vida para salvarse, pero igualmente murieron, su sacrificio fue en vano. La pidió al Rey que entregara su hijo como ofrenda. Y el Rey cedió, entregó al Príncipe de su raza, lo envió a las garras de la oscuridad como un cordero que se envía al matadero. Sólo que él no se dejó matar. ¿O sí se dejó matar?. ¿Qué sentía su alma ahora si no era una muerte en vida?. - ¿De qué sirve vivir?. ¿Para qué sirve luchar?. - No, no podía pensar ahora, no podía llorar siquiera. Las lágrimas se le acabaron, y ya sólo podía gozar del débil placer de la opresión de su pecho, que le recordaba que aún tenía un corazón y un alma, que aún estaba vivo. El dolor, su maléfico amigo en ese tiempo...
y lanza a mis ojos, llenos de confusión,
sucias vestiduras, heridas abiertas,
¡y el aderezo sangriento de la destrucción!
Quiso destruir, quiso ser malo. Vivió en el infierno y quiso ser el amo. - Sobreviví, no pudo conmigo, sobreviví y él está ahora pagando sus crímenes. Kakarotto le mató. Pero tenía que ser yo. - ¿Por qué no fui yo?. - ¿Por qué fue él, un imbécil incapaz de pensar o hablar con coherencia. -
He bebido un enorme trago de veneno. ¡Bendito tres veces el consejo que ha llegado hasta mí! Me queman las entrañas. La violencia del veneno me retuerce los miembros, me vuelve deforme, me derriba. Me muero de sed, me ahogo, no puedo gritar. ¡Es el infierno, la pena eterna! ¡Ved cómo se alza el fuego! Ardo como es debido. ¡Anda, demonio!
- El vivió una vida fácil. No soportó la vergüenza de ser violado, no soportó la humillación de arrodillarse ante él, no soportó la soledad extrema que yo he vivido... - Y le hervía la sangre, que por primera vez clamaba por un poco de justicia. Aunque esa justicia fuera el consuelo de consumar una venganza. - Si no es a Freezer, será a él. - Tenía que matar algo, quizás el mal que le roía el alma, quizás a su enemigo, quizás a él mismo... Y después de eso, ¿qué sería de él?. ¿Sería capaz de amar?. Tomaría una compañera y partiría a hacerse el amo del Universo, la llevaría consigo y tomaría el lugar que debió siempre haber ocupado, el lugar para el que le educaron. Sería el Rey, el Rey del Universo, y entonces, quizás podría ser feliz. Y quizás... entonces... podría aprender a amar...
Yo había entrevisto la conversión al bien y a la felicidad, la salvación. ¡Pero cómo describiría mi visión, si el aire del infierno no soporta los himnos! Eran millones de criaturas encantadoras, un suave concierto espiritual, la fuerza y la paz, las nobles ambiciones, ¿qué sé yo?
¡Las nobles ambiciones!
La ambición de ser el más fuerte, de superar a todos, de gobernar TODO. La ambición de borrar la mancha de un pasado que le dolía demasiado. La ambición de demostrar de lo que era él capaz. El niño que dieron en tributo, el que sacrificaron, pero vivió...
¡Y esto sigue siendo la vida! ¡Si la condenación es eterna! Un hombre que se quiere mutilar está bien condenado, ¿no es así? Yo me creo en el infierno, luego estoy en él. Esto es el catecismo realizado. Soy esclavo de mi bautismo. Padres, habéis hecho mi desgracia y la vuestra. ¡Pobre inocente! El infierno no puede atacar a los paganos. ¡Esto sigue siendo la vida! Más tarde, las delicias de la condenación serán más profundas. Un crimen, pronto, y que caiga yo en la nada, según la ley humana.
- No existe la salvación para alguien como yo. - Pero quizás podría existir un poco de felicidad, una esperanza en su oscuridad...
¡Pero calla, cállate! ... Aquí están la vergüenza, el reproche: Satán que dice que el fuego es innoble, que mi cólera es espantosamente estúpida. ¡Basta! ... Son errores que me susurran, magias, perfumes falsos, músicas pueriles. -Y decir que yo poseo la verdad, que veo la justicia: tengo un juicio sano y firme, estoy a punto para la perfección... Orgullo-. La piel del cráneo se me deseca. ¡Piedad! Señor, tengo miedo. ¡Tengo sed, tanta sed! Ah, la infancia, la hierba, la lluvia, el lago sobre las piedras, el claro de luna cuando en el campanario sonaban las doce... a esa hora el diablo está en el campanario. ¡María! ¡Virgen Santa!...
Horror de mi estulticia.
- Raditz, ¿qué es esto?. Tú... estás muerto. - Palideció al verle volar a su lado. Frenó en seco.
- Señor. Nappa me ha informado mediante una transmisión de baja frecuencia que el enemigo está ocultándose detrás de esas montañas. - Sabía que no era real, que no podía serlo pero su mente le estaba jugando una mala pasada.
Aceleró el vuelo para demostrarse a sí mismo que detrás de esas montañas no había ningún enemigo, no al menos, esos enemigos que él sabía... no lo que Raditz decía... no podían estar porque ellos estaba ya en el infierno.
Allá lejos, ¿no hay almas honestas que me quieren bien?... Venid... Tengo una almohada sobre la boca y ellas no me oyen, son fantasmas. Además, nadie piensa nunca en los otros. Que no se me acerquen. Es seguro que huelo a chamusquina.
Raditz había desaparecido, su alivio en el corazón que temía estar volviéndose loco. Pero entonces algo que le asustó más que a muerte misma apareció frente a sus ojos. Eran Raditz y Nappa, y eran ellos, que iban a hacerles sufrir como aquella vez... - No, esto no está pasando, eso fue hace muchos años atrás. BASTAAAAAAAAAAAAA. -
Las alucinaciones son innumerables. Esto es de veras lo que me pasó siempre: ninguna fe en la historia, olvido de todos los principios. Me lo callaré:
Jadeando, sudando, voló hacia su cuarto de nuevo. Quería ocultarse de esas visiones que le perseguían, quería olvidar por primera vez en su vida, olvidar y no pensar en nada más que en vivir.
Poetas y visionarios se pondrían celosos. Yo soy mil veces más rico, seamos avaros como el mar.
El era poderoso, y sería más poderoso que Kakarotto, le vencería, y entonces recorrería el Universo haciéndolo suyo, cada ápice, cada ser, suyo.
¡Ah, es eso! El reloj de la vida se ha detenido hace un momento. Ya no estoy en el mundo. La teología es seria, el infierno está ciertamente abajo -y el cielo arriba-. Éxtasis, pesadilla, sueño en un nido de llamas.
Alcanzó la habitación y se sentó en la cama con un consuelo desconocido. Como se sentía de niño, después de un viaje largo, al volver a casa, a su hogar. Destruido... Sus oídos le traicionaron, escuchó el gritó de Nappa retorciéndose de dolor. Y el aullido de Raditz mientras le clavaban lanzas en el cuerpo. Habían sido capturados y él también. - No, no, no NO. - El no había sido capturado, él estaba en su cama, en casa, estaba lejos de eso, eso pasó hacía muchos años, ¿por qué esos fantasmas del pasado le atormentaban?. - ¿Me estoy volviendo loco?. - No supo si preguntaba o afirmaba.
Cuántas malicias para atender los campos... Satán, Fernando, corre con las semillas silvestres... Jesús camina sobre las zarzas purpúreas, sin doblarlas... Jesús caminaba sobre las aguas irritadas. La linterna nos lo mostró de pie, blanco y las crenchas brunas, en el flanco de una ola de esmeralda...
Si no miraba desaparecerían esas visiones. Pero ¿por qué podía escucharles como si estuvieran allí mismo?.
Voy a descorrer el velo de todos los misterios: misterios religiosos o naturales, muerte, nacimiento, porvenir, pasado, cosmogonía, nada. Yo soy maestro en fantasmagorías.
Era un truco, alguien loco que jugaba con él, algún veneno que había tomado, alguna droga administrada.
¡Escuchad!...
- No. - Tapó sus oídos para dejar de escuchar los sonidos de la tortura que él también padeció aquella vez, que no fue la única, ni la primera, ni la última...
¡Yo tengo todos los talentos! Aquí no hay nadie y hay, alguien: no querría derrochar mi tesoro. ¿Queréis cantos negros, danzas de huríes? ¿Queréis que desaparezca, que me hunda en busca del anillo? ¿Lo queréis? Fabricaré oro, medicamentos.
Se descoloraron los gritos, desaparecieron los torturadores, la paz le inundó por un segundo, hasta que su corazón se congeló mirando aquellos ojos desgarradores. Subido en ese trono, alardeando de poder, haciéndose el omnipotente. Freezer, adoctrinando a los soldados y todos humillados de rodillas, casi adorándole como a un Diós.
Fiaos en mí, la fe consuela, guía, cura. Venid, todos, hasta los niños pequeños, para que os consuele, para que se prodigue en vosotros su corazón, ¡el corazón maravilloso! ¡Pobres hombres, trabajadores! No pido plegarias; con sólo vuestra confianza, seré feliz.
"Si Maestro". - No, Maestro. NO, esta vez NO. -
Y pensemos en mí. Esto hace que añore poco el mundo. Tengo la suerte de no sufrir más. Mi vida fue sólo una serie de dulces locuras, es lamentable.
- Estoy muerto. - Declaró, ¿o preguntó?.
¡Bah! Hagamos todas las muecas imaginables.
- Qué importa. - Se rió entre dientes. ¿qué importaba estar vivo o muerto?. -
Decididamente, estamos fuera del mundo. No más sonido. Mi tacto desapareció. ¡Ah! mi castillo, mi Sajonia, mi bosque de sauces. Las tardes, las mañanas, las noches, los días... ¡Si estaré cansado!
Pero su cuerpo estaba caliente, su corazón latía, el sudor le chorreaba por la frente. Sus músculos estaban allí recordándole con su tensión que estaba vivo, que no era un muerto en el infierno. Y entonces, si estaba vivo, ¿por qué sufría de esa manera?.
Yo debería tener un infierno para mi cólera, un infierno para mi orgullo, y el infierno de las caricias; un concierto de infiernos.
Rabia, dolor, IRA. Orgullo herido que dolía recordando de nuevo el pasado que quería olvidar. Y de nuevo las torturas. - Desapareced. Iros... - Susurró cerrando los ojos, sin fuerza para resistir más tiempo esa tensión.
Me muero de cansancio. Esto es la tumba, voy hacia los gusanos, ¡horror de los horrores! Satán, farsante, tú quieres disolverme con tus hechizos. Yo reclamo. ¡Yo reclamo un golpe de tridente, una gota de fuego!
No podía morir así, no podía vivir así. Freezer arruinó su existencia y le dejó vivir porque sabía que sufriría más que de haber muerto con su especie. ¿Pero por qué le hizo todo aquello?. ¿Por qué tuvo que ser él?. y de nuevo, ¿Por qué no fue él quien le venció, quien se transformó en Super Guerrero?. - Tenía que ser yo. -
¡Ah, subir de nuevo a la vida! ¡Poner los ojos sobre nuestras deformidades! ¡Y ese veneno, ese beso mil veces maldito! ¡Mi flaqueza, la crueldad del mundo! ¡Dios mío, piedad, ocultadme, me siento demasiado mal! Estoy oculto y no lo estoy.
- Soy débil. - La declaración que se le escapó de los labios para hundirle más en la miseria. - NO, no soy débil. - El no, él no...
Es el fuego que se alza con su condenado.
Pero su alma le dolía demasiado... Y entonces la escuchó. al otro lado de la puerta, y cuando su voz sonó, se acabaron todos los gritos, y las voces, y las torturas, se apagó el sermón de Freezer, y se borraron de repente las locuras.
- Vegeta... - Ese susurro que colmó su alegría.
Abrió la puerta recomponiendo su pose antes desvahida. - ¿Qué quieres?. - Fingió indiferencia cuando anhelaba su compañía.
Bulma arqueó una ceja y puso mala cara. - ¿Son esos modales para tratar a una dama?. -
Vegeta forzó sus músculos de la cara para no reírse. ¿Por qué tenía que ser tan condenadamente graciosa esa mujer?.
- Vaya, ya veo que estás ensayando para el concurso de 'a ver quien pone la cara más seria'. - Vegeta se cruzó de brazos y algo le empujó a aceptar el duelo. ¿quería lucharle?. Bienvenida, aunque fuera una lucha verbal... a ver quien iba a ganar...
- En realidad es que viendo tu fealdad lo mejor que puedo hacer es permanecer serio, no sea que te reflejes en uno de mis colmillos y se rompa. - Y al final de la frase se le escurrió el labio hacia arriba. Le traicionó ese trocito de su cara.
Y bien, se dio Bulma, si quería guerra, eso tendría. ¿Quería una lucha verbal con ella que era la mujer más inteligente del planeta y quizás del Universo?. Bien... y a ver quien iba a ganar...
Bulma le miró y puso una mano en su cadera zalameramente. - Pues yo creo más bien, Vegeta, que deberías tener más cuidado con tus ácidos gástricos, ya que con tanto que babeas cada vez que me miras, es posible que no tengas que abrir la boca para que me refleje en tus colmillos, sino que tu dentadura acabe siendo mermada... naturalmente... - Y la sonrisa se apoderó de ella, era un juego divertido...
- Y ¿tu crees que te miro por hermosa?. Lo que pasa es que me sorprende que camine medio desnuda una mujer que debería ponerse una bolsa alrededor del cuerpo para paar desapercibida. Jeje. -
- Ja, ja. Cuidado, no te rías mucho, no sea que te quedes sin colmillos y no puedas presumir de dentadura, que es de lo único que puedes presumir en físico, 'pequeño'. -
Con el susurro más lascivo... - Hmp. Las apariencias engañan, te aseguro que no tengo nada pequeño. -
Bulma se sonrojó pero ocultó su rubor haciendo como que tosía. - Cof cof cof cof. Ya lo veo, según parece tienes una gran bocaza después de todo. Te traje el desayuno. Toma. -
Vegeta cogió la bandeja sintiendo un poquito de pena de que Bulma se marchase. Pero ella dio la vuelta a toda velocidad y salió escaleras abajo a sabe Dios donde.
Atrás quedó su terror y sus miedos, la risa le inundó al recordar los momentos anteriores, y su estómago se calmó con el suave dulzor del chocolate caliente. De todo lo que había probado en su vida, lo más delicioso sin lugar a duda era eso. Al principio fue escéptico de probarlo, era marrón, parecía barro, y su aspecto pastoso no lo hacía más deseable que un tazón relleno de hígado. Pero el olor que despedía era demasiado atractivo. Oh, si, el chocolate era algo definitivamente interesante...
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Y sus días fueron a partir de entonces rutinarios, pero con una rutina deliciosa, que calmaba cuantas visiones le atormentaron a los largo de los mismos.
Al alba desayunaba con Bulma y aprovechaba para mantener con ella la única conversación que podría permitirse tener con la terrícola, una lucha verbal. Y cuánto añoraba cada instante hacerla enfurecer, verla sonrojarse, incluso enfurecerse él mismo con las respuestas venenosas que lanzaba de cuando en cuando. Pero nunca dañosas en extremo, ambos sabían donde poner un límite, el límite que marcaba también su acercamiento. Un acercamiento que ninguno estaba preparado para digerir. Bulma no podía serle infiel, no podría mirarse a la cara, ni mirarle sabiendo que mientras estaba muerto, muerto por protegerla a ella y al planeta, le había sido infiel con el culpable mismo de su muerte... Vegeta, tampoco podía permitirse mayores aproximaciones, pues su orgullo le impedía reclamarla como compañera hasta que él demostrase a todos que era el guerrero más fuerte. Entonces, cuando derrotase a Kakarotto, podría rehacer su vida como siempre debió haber sido. Cuando eso sucediera, cuando se transformase en Super Saiyajin, ella sería suya, para siempre suya... Así eran sus leyes saiyajins, no podía ser de otra manera.
- ¿Se puede saber que haces ahí parado como un tonto Vegeta?. - Bulma apareció detrás de él, le llevaba mirando un rato mientras que él parecía absorto en sus pensamientos.
El príncipe sacudió su cabeza. - Pensaba cuánto tiempo me quedaría de tranquilidad hasta que vinieras a disturbarme. - Contestó fingiendo una molestia falsa.
- Oh, entonces... ¿pensabas en mi?. - Contestó picarona. Vegeta se sonrojó y se dio media vuelta.
- No digas tonterías, mujer. Si pensara en tí sólo conseguiría que se me espantaran las neuronas. -
- Ah ¿pero tienes neuronas?. - Vegeta la miró mal en advertencia.
- Bueno, ya me voy... - Le lanzó un beso provocativo marcándolo con un dedo en sus labios y soplándoselo en el aire. - Príncipe... -
Y así pasó el plazo y se convocaron las bolas de Dragón. No había conseguido transformarse en Super Saiyajin, pero no importaba, ahora que estaba en la corporación, podría entrenar hasta lograrlo y enfrentarse a él. Pero su enemigo no había muerto, estaba vivo, entrenando en el espacio. Y eso si que era humillante.
Por un segundo se olvidó que aún no había logrado la transformación, se olvidó de Bulma y de los recién resucitados, se olvidó de cualquier ápice de cordura, y sin pensar en nada más que encontrarle y matarle, partió con la nave espacial en busca de su rival. ¿Qué hacía él en ese miserable planeta, cuando el idiota de Kakarotto estaba entrenando en quién sabe dónde?. - Maldito... te encontraré. - Y cegado por la irá sin pensar en las consecuencias que tendría enfrentarse contra Goku en tamaña desigualdad de fuerzas abandonó sin decir adiós, a la única persona que había cuidado de él en su vida.
Bulma abrazó a su novio, estaba tan feliz, TAN FELIZ, tanto, que lloró, y lloró más cuando volvieron a casa y sus padres le dijeron que Vegeta se había marchado. Y dijo que eran lágrimas de felicidad, porque él estaba de vuelta, su querido Yamcha estaba de nuevo con ella. Y ya no estaría sóla, ya no sentiría esa soledad que la había vuelto casi loca esos meses atrás, de no haber sido... por Vegeta.
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En el siguiente capítulo, entraremos en los sentimientos de Bulma.
