Capítulo 16: Contradicción.

Vegeta entró en la habitación cerrando la puerta a la par que la orgullosa Briefs, la cual entró dentro de su cuarto también. Ambos frenaron sus pasos con una mueca enojada en sus rostros.

- Ese saiyajin engreido... Qué se habrá creido... -

- Esa mujer vulgar... ¿Con quien cree que está tratando?. -

- IDIOTA. -

- Hmp. - Escuchó el insulto desde el otro lado, pero al no saber si se refería a él, prefirió no darse por aludido.

- CERDOO. -

- Hmp. - Aquello comenzaba a enojarle más de lo que estaba. ¿Le insultaba a él?. Se iba a enterar.

Bulma cambió su expresión enojada por una de felicidad. Esa noche iría a una fiesta, así que paró su sesión de insultos y se metió en la ducha.

Vegeta caminó dentro de la habitación airadamente, dispuesto a poner en su sitio a la mujer que se había atrevido a faltarle el respeto. Si estuvieran en la nave de Freezer o en otras circunstancias ya estaría muerta por mucho menos de lo que había dicho. Pero para su sorpresa, sólo encontró un montón de ropas tiradas en el suelo.

- Esa bruja... lo ha hecho a propósito... piensa que voy a caer en sus juegos pero está muy equivocada... - Susurró para sí mismo saliendo a toda velocidad antes que el sonido de la ducha aventara imágenes mentales que sólo lograrían turbarle más de lo que estaba al visualizar la ropa interior que aún caliente e impregnada del olor de Bulma lograba evocar una excitación imparable.

Tenía dos opciones, entrar en la ducha y darle una lección... "inolvidable" o salir de la habitación y salvaguardar el poco orgullo que le quedaba. Por supuesto, haciendo acopio de estoicidad, se marchó a entrenar, prometiéndose que esa mujer le daba igual.

Varias horas más tarde, Bulma había salido a la fiesta. Vegeta seguía entrenando a todo su potencial con la esperanza de quitarse de la mente la bruja que le había hechizado. Y lo logró, pero cuando hizo una pausa, se pilló a si mismo sondeando la casa en busca del ki de esa mujer. Lo peor de todo es que se percató de que no era la primera vez que lo hacía, de hecho, era casi una costumbre diaria... Y lo que era aún más terrible es que no encontrar su ki comenzó a ponerle ansioso y nervioso como un colegial. Era imposible que deseara librarse de ella y al mismo tiempo deseara tenerla cerca. No podía comprender su mente, sus hormonas, su cortex, su lado más animal y visceral. ¿Era sexo?. ¿Era la unión maldita que hacía efecto?. ¿Qué le hacía sentir aquello?. Lo ignoraba, pero su lado racional no dejaba de repetirle "mátala" y su lado irracional, no paraba de susurrarle "ámala", sólo que para un saiyajin el amor es un concepto totalmente diferente a el de los humanos.

Para un humano, el amor significa estar con alguien, demostrarle tus sentimientos de afecto, ir juntos en la vida, hacer cosas juntos, compartir aficiones, formar una familia... El amor humano es de duración variable y de volubilidad absoluta, para un saiyajin el amor se llama unión, y la unión es algo que tiene que ver con una compenetración espiritual y física. La unión saiyajin es algo animal, que obedece a un deseo sexual, pero también a sentimientos complejos de entender si no se mira con los ojos de una raza guerrera que ha vivido miles de años buscando la perfección genética de modo innato. Es de por vida a no ser que se rompa debido a una anomalía extraña, pero posible. Bulma era el especimen de hembra que el cortex de Vegeta entendía más inteligente, hermoso, combativo, compatible y perfecto para fines reproductivos de entre los que había conocido. El cerebro racional del príncipe se perdía en reflexiones de una mente inquieta y atormentada por una vida ciertamente difícil, que le había obligado a suprimir cualquier atisbo de sentimientos. Y por otro lado el alma de Vegeta, se debatía en un herial de contradicciones. Por un lado la maldad, por el otro la bondad. El bien y el mal asolándole y tratando de tirar cada uno hacia un lado de la balanza. Demasiada presión. Al final el guerrero comprendió la situación analizándola con la frialdad de un antropólogo. Pero aún así... ¿Cómo librarse de esa angustia?.

La mujer se había marchado y su posesividad se desataba por minutos. Iba a una fiesta, llena de machos que podrían seducirla. Era inaceptable. Ni su orgullo, ni su parte animal, ni siquiera su lado más racional podría aceptar esa situación. Era suya, y no iba a ir con otro macho... porque tenía que ser la que engendrase a su heredero. Un viento helado y frío recorrió la espina dorsal de Vegeta. ¿Cómo podía pensar en tal cosa?. Pero si, lo pensaba y la mujer iba a servir para sus planes. No podía luchar contra su propia naturaleza, así que acataría los dictámenes de su instinto antes de que la represión del mismo le hiciera enloquecer. Además, era inaceptable que Kakarotto se reprodujera y él no. Su linaje tenía que seguir adelante. Su casta, la de los mejores guerreros del Universo, tendría que prevalecer y extenderse en el tiempo. Y esa mujer era la elegida para sus planes. Tendría un hijo con ella, dejaría que el mocoso estuviera bajo su tutela los primeros años, hasta que pudiera valerse por si mismo, y después... partiría con él en una nave espacial y recorrería el Universo con el muchacho a hacer realidad sus sueños más oscuros de grandeza.

Ya era noche cerrada y se sumergió en la oscuridad sondeando desde el aire el ki de su elegida. La localizó unos kilómetros al norte. Voló hasta allí, pero algo le frenó cuando estaba a unos metros de distancia de ella. Se encontraba dentro de un edificio lleno de humanos. No deseaba entrar allí porque si lo hacía, quedaría en evidencia comportándose como un humano. ¿en evidencia ante quien?. Podría alguien preguntarse. Ante sí mismo, como representante y ejemplo de una raza cuasi extinta... pero como fuere, no entraría en esa fiesta a por la mujer. Pero entonces... ¿Cómo hacerla salir?. Podría provocar un incendio y obligar a todos a salir de allí. Cuando pusiera un pie fuera del edificio, aparecería en su espalda y utilizando la supervelocidad, la alzaría volando sin que nadie lo notase y se la llevaría. ¿Pero qué excusa le pondría?. Eso le conferiría el haber ganado la batalla con él. Si actuaba así, la mujer esa iba a descubrir sus planes y si los descubría... No, tenía que actuar con mayor discrección...

Se sentó en un gran árbol sin dejar de mirar por la ventana de la fiesta tratando de localizarla. ¿Cómo podría hacerla salir?. Y de repente, se le iluminó una idea. Si era cierto que la unión estaba haciendole efecto, quizás podría turbarla a ella también, aunque claro... él no la había mordido, de modo que quizás no sería tan fuerte... y además se trataba sólo de una humana, pero... Quizás funcionase. Cerró los ojos y se concentró en el ki de Bulma. Comenzó a transmitir una especie de llamada, una sensación de malestar, un sentimiento oscuro de soledad, de rabia, de decepción, de angustia... Volcó sus sentimientos en ella, concentrándose en los más intensos y dolorosos. La reacción no se dejó escapar a sus ojos, que captaron una melena azul asomándose a la ventana para tomar un poco de aire. Tampoco ella estaba feliz, lo podía sentir.

Bulma miró la luna. De pronto le había llegado una sensación de malestar inmenso y había pensado en Vegeta casi inconscientemente. Suspiro tomando una bocanada de aire nocturno. ¿Por qué pensaba en él?. Era un caso perdido el suyo... Siempre se enamoraba de los hombres equivocados. ¿Por qué tendría tan mala suerte?. Estaba cansada de esa fiesta desde hacía un buen rato, pero permanecía sólo por demostrar que su orgullo valía más que las penas. Sólo que ahora, con ese agujero de sensaciones oscuras que percibía, no tenía más ganas de seguir sonriendo con superficialidad a personas que sólo se reunian porque eran ricas, famosas y putrefactamente idiotas. ¿Qué hacía ella perdiendo el tiempo en una fiesta en la que jamás conocería a su hombre ideal?. Ella no quería a su lado a alguien normal, lo sabía desde que era una niña, pero tampoco quería a su lado a una rata de laboratorio, un hombre pusilánime y escualido. quería un hombre fuerte, porque ella era fuerte. Quería a alguien con el suficiente caracter como para no dejar que ella le convirtiera en una marioneta que diera si a todo lo que ella ordenase. Quería un hombre con un espíritu libre y una personalidad recia, alguien con quien discutir fuera divertido y con quien conversar resultara excitante. Alguien con una inteligencia superior a la media, pero que no pasara todo el día alardeando de sus conocimientos como si se tratara de una enciclopedia con patas. Quería a alguien con sentido del humor... pero que no fuera un payaso, un hombre valiente, estoico, decidido, con tenacidad para lograr sus objetivos... Su hombre ideal tenía que ser Vegeta. - Maldición. - Pronunció sacando una mueca divertida en su espía.

Sin pensarlo dos veces se escurrió fuera de la fiesta. No quería que la prensa la viera salir sola, así que salió por una puerta trasera que abrió ayudándose de una ganzúa que inventó sobre la marcha. - Soy un genio. - Y nada mejor que caminar con el aire de la noche para despejar las ideas. Así que se soltó el tocado del pelo, se revolvió la melena y caminó por las calles hasta casa. Vegeta la seguía de cerca mirándola desde el aire. - Buena chica... vuelve a casa... - Susurró sonriendo torcidamente anticipando la serie de cosas que tenía en mente hacer con ella esa noche.

- Vaya, ¿pero qué tenemos aquí?. - Bulma aceleró el paso después de mirar atrás. Su corazón latía a 1000 por hora. Ese grupo de maleantes no querrían nada bueno con ella.

Eran 3 hombres. Uno alto y muy fornido, otros dos de mediana estatura. Y se aceracaban peligrosamente. La peliazul corrió por las calles seguida de los maleantes y espiada por Vegeta de cerca, que sentía una morbosa curiosidad por averiguar qué tal se las arreglaría su elegida con esos mamarrachos, que aunque miserables para él, eran pesos pesados para ella.

El desconocimiento y el nerviosismo la hizo llegar corriendo y fatigada hasta un rellano sin salida que quedaba cerca de un polígono industrial. - Dios santo, Bulma, ¿por qué no les das una pistola también y disparas por ellos?. - Susurró para si misma. Se había metido solita en la boca del lobo. Allí no había nadie para socorrerla.

Bien, una situación desesperada requería de una acción inteligente. Y ella era inteligente. Se escondió detrás de unos cubos de basura ante las risas de los hombres que la perseguían de cerca pero sin prisas. - Eh nenaa, sal para que te veamos guapa... -

- Hmp. - Vegeta se cruzó de brazos ofendido por la actitud cobarde de aquella mujer que había juzgado más valiente. Y luego el oscuro sentimiento... si la mataban él seguiría teniendo al viejo doctor Briefs para atender a sus necesidades tecnológicas y se libraría del problema de una unión, de sentimientos estúpidos y de soportar a mueres vulgares como ella. Pero perdería la oportunidad de procrear a su heredero... Aunque mezclar su sangre con una mujer tan cobarde sería denhonroso. No, si sobrevivía, se ganaría el honor de ser la madre de su hijo, y si no, mala suerte... encontraría la muerte a una edad joven, por necia y por cobarde. Con una tranquilidad asombrosa se sentó a mirar la escena desde una escalera de incendios cercana. Lástima... seguramente iba a morir, no tenía una sóla oportunidad contra esos tipos, eran evidentemente más fuertes que ella. Se encogió de hombros sacando su lado más frío y calculador. - Así es la vida. Se gana o se pierde, se vive o se muere. - Eso era lo que le enseñaron, lo que sabía, lo que había vivido y experimentado toda su existencia.

Los 3 hombres se acercaron con la sorna de quien quiere atrapar a un gatito perdido y asustado. Bulma rebuscó en su bolso. - ¿Dónde estás preciosaaa?. - Uno de ellos se asomó al contenedor de basuras y dijo... - BU. - Para asustarla.

La peliazul gritó mientras accionaba su desodorante de bolso dirigiendo el pulverizado hacia la cara del hombre mientras sostenía un mechero encendido en la trayectoria. La llama de fuego que salió hizo arder en llamas el pelo del maleante más alto y musculoso, el cual se retorció de dolor en el suelo. Sus amigos fueron a apagar el incendio de su cabeza tirándole las chaquetas encima, y Bulma aprovechó para salir corriendo.

- COGED A LA ZORRAAA. - Gritó encolerizado el humillado malvado.

Vegeta reprimió a duras penas una carcajada. Desde luego que esa mujer era asombrosa. Bien, quizás tenía una oportunidad de sobrevivir. Aunque una cosa era segura. Ganara quien ganara esta batalla, aquellos tipos estaban sentenciados a muerte, y Vegeta esperaba que su ejecutor fuera la mujer... aunque si ellos la mataban antes, él mismo se encargaría de acabar con la vida de quienes se atrevieron a tocar lo que era suyo. Pasara lo que pasara, mañana no verían la luz del sol.

Los dos hombres salieron corriendo detrás de Bulma, y para su desvntura, eran más rápidos que ella, de modo que ganaban poco a poco terreno. - PUTAA nos la vas a pagaaaaaar. -

La falta de entrenamiento hacía efecto en los pulmones de la peliazul que apenas podían soportar el ritmo de respiraciones aceleradas que su cuerpo le exigía. Se odió a si misma por haber empezado a fumar. Antes era mucho más rápida. - Piensa Bulma, piensa... - Se repitió.

Pasó una esquina y paró en seco. Era otra calle sin salida. Los dos chicos doblaron y al pasar, ella extendió una pierna para ponerles la zancadilla. Les hizo caer a ambos, sólo que al hacerlo, el que venía más atrás la arrastró en la caida consigo. Vegeta gruñó con una mezcla de rabia y de decepción.

Uno de los hombres la fijó contra el suelo con sus brazos. - Mira qué tenemos aquí. Hemos atrapado a la gatita... - Susurró lamiendo su oído.

- SUELTAMEEEEEE. - Chilló ella haciendo doler los oídos del príncipe. El la hubiera soltado y luego la hubiera matado por atreverse a emitir un sonido tan estridente y molesto. Aquellos hombres tenían otros planes diversos y comenzaron a desvestirla.

- ESPERAD, mi nombre es Bulma Briefs, soy la heredera de la Corporación Capsula. Podríais ganar mucho dinero si sois listos... -

Ambos pararon en seco sus acciones. - La... heredera... -

- ¿Tú crees que nos vamos a tragar eso?. Una tipa tan rica no andaría por las calles sola. - Dijo el otro no convencido.

- Mira mi ropa, es de Dior. ¿Tu crees que cualquiera iría con este tipo de ropa encima?. Mis joyas son buenas, miradlas bien. Llevarosla, y si me liberais podría pagaros una suma de dinero en efectivo. -

Vegeta se cruzó de brazos. Así no era nada divertido, aunque claro, ella no sabía luchar, ¿qué esperaba?.

- ¿Llevas la tarjerta de crédito encima?. - Preguntó uno de ellos cogiendola del pelo.

- S...si, podríamos ir a un cajero y sacar dinero... ¿Qué os parece?. -

Los dos maleantes se miraron y sonrieron. - Suena de puta madre. - La levantaron. Bulma sintió un terrible dolor en las costillas y en la cara por los golpes que le habían dado, por no hablar del agotamiento físico que la carrera le había ocasionado.

- Como intentes algo, te mato, ¿comprendes puta?. - La soltó del pelo y caminaron con ella en medio sujetándola de la cintura en pose amigable y apuntandola con un puñal oculto en la espalda, que clavaban un poco para recordarle que estaba en peligro real, y en efecto, lo estaba.

Bulma sabía que no la dejarían vivir cuando consiguieran el dinero. Lo había leido en sus miradas. La iban a matar. Así que mientras caminaba hacia la sucursal bancaria con esos dos a los lados fue ideando un modo de escapar de aquella situación. Muchas veces no es la fuerza lo que puede sacarte de una situación, sino la inteligencia y el buen uso de los conocimientos acumulados. Tenía un segundo para reaccionar, pero ella no podría contra los dos. Si tan sólo alguno de sus amigos estuviera allí... "Vegeta" pensó desesperada.

El príncipe sintió la desesperación que emitía pero se repitió que no intervendría. Era la batalla de la mujer y en ella probaría que era digna de ser su compañera. No había vuelta atrás. Morir o vivir, era su destino, y estaba en manos de sus propias acciones y decisiones.

- Ya está, hemos llegado. Ahora saca todo el dinero que tengas. -

- No mientras que me apuntas con esa navaja. ¿Cómo se que no me vas a matar después de que consigas el dinero eh?. -

- Tendrás... que confiar en mi palabra. - Le cruzó la cara con un puñetazo que la envió a estamparse contra la pared. - Y no tientes mi paciencia putita no sea que decida violarte ahora mismo... quizás luego estés más dispuesta a colaborar. -

- Quizás... podríamos pasar un buen rato... - Ofreció Bulma haciendo acopio de sangre fría.

El maleante la miró escéptico.

- Es una de mis fantasías, hacerlo en el cajero con un delincuente... -

- ¿En serio?. - Por lo que él sabía, los Briefs eran muy escéntricos, aquello podría ser verdad... Pasó la cuchilla por su cuerpo de un modo lascivo.

- ¿Qué haces?. Venga ya. - Dijo el otro nervioso.

- Ponte en la puerte y avisa si viene alguien, vamos a pasar un buen rato esta noche, tío. -

Bulma forzó una sonrisa lasciva y una pose sexy con mirada intensa y provocativa.

- Esto no me gusta tío, no me gusta... - Le dijo llamándole aparte.

- No seas cobarde joder, esa tipa está que te cagas de buena, y me la voy a tirar porque la tengo a huevo, así que ponte en la puerta y luego te la paso. -

La última declaración hizo mella en el amigo calmando sus nervios al mirar como la escentrica millonaria le guiñaba un ojo.

- Bueno, pero date prisa. -

El hombre se dió media vuelta guardando su navaja. - Cierra con seguro, no quiero que tu amigo entre a interrumpirnos con sus nervios. -

- Buena idea, putita. Me gustas... nena... - El malvado cerró desde dentro la puerta. Su amigo le miró amonestadoramente desde fuera pero no dijo nada cuando vió al otro besando a Bulma, y se volvió a tranquilizar.

Vegeta comenzó a echar chispas. Atreverse a tocarla... iban a morir de un modo lento y doloroso cuando acabase con ellos...

Bulma gimió fingidamente mientras la desvestía aquel hombre. Se le daba bien fingir, siempre lo hacía con Yamcha. - Oh, siii, siiii, siiiiiiii. -

- ¿Estás caliente eh zorra?. - Dijo orgulloso de sacar semejantes sonidos de excitación de aquella mujer que era seda pura en su tacto.

- Muy... CALIENTEEEEEEEEEEEEE. - Gritó estampándole la rodilla en la entrepierna.

Vegeta sonrió. - Bien hecho. - Ya tenía en mente un par de movimientos que podría realizar para vencer a ese insecto, y Bulma no decepcionó. Puede que no luchase, pero había pasado la mitad de su vida rodeada de especialistas en artes marciales, algo se le había quedado, rayos. A la patada de la entrepierna le siguió otra en la cabeza y una llave inmovilizadora sujetando el brazo en la espalda el tiempo suficiente para sacar la navaja de su bolsillo y apuñalarlo repetidas veces.

No pretendía matarlo, pero su instinto de supervivencia le decía que o bien le dejaba tan herido que no pudiera moverse, o bien ella acabaría muriendo del modo más indeseable del mundo, así que le apuñaló en diversas partes del cuerpo. No eran heridas mortales pero la sangre que brotaba de ellas le aeguraría que se mantuviera débil y no pudiera contraatacar.

Pero la suerte de la peliazul no podía ser tan buena... y el hombre al que había quemado el pelo y parte de la cara anteriormente, apareció en la puerta, con una pistola en la mano, dispuesto a reventar la cerradura de una puerta que no se abría debido a que tenía el seguro echado por dentro.

Continuará... JUAS

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No escribo contestaciones alos reviews porque esperaré a terminaros esta secuencia para eso, es que no tengo ya tiempo para seguir, pero os quería subir el capítulo. Besitos a todas. SuperBrave.