23. Podridos cimientos:

Me enseñaron, o quizás aprendí, puede que tan sólo yo mismo me construyera, o quizás me hizo la vida, la experiencia de un forjar duro. Fuera lo que fuese, me hice un hombre y quise ser malvado porque estaba convencido de que era la única forma de supervivencia en este Universo maldito poblado por criaturas deleznables y dispuestas a realizar las mayores aberraciones contra cualquier ser, cuanto más débil, mayores.

Por eso no lograba comprender que el origen de mi nueva fuerza fuese lo que siempre había rechazado como una debilidad. Sentía que mis cimientos se tambaleaban y, entonces, cuando nada parecía estable salvo el hecho de que, por algún motivo incomprensible era capaz de alcanzar el estado de Super Saiyajin… temía perder lo adquirido. Me dediqué a suspender mi vida en un estado concreto y específico hasta que llegase el momento de la batalla.

Amaba a mi hijo, era la primera cosa mía que había tenido en esta vida, y que no me había sido arrebatada. Pero procuraba bloquear mis emociones, concentrarme exclusivamente en la batalla que se aproximaba, cada día más. Faltaban dos meses. Y cuando demostrase mi supremacía venciendo a los androides, me enfrentaría a Goku, mi venganza sería saciada. Después podría descansar. Y… quién sabe si me decidiría a formar una familia.

¡Formar una familia! Ese solo pensamiento me provocaba risa. ¿Yo? ¿Cómo había llegado a semejante estado de idiotez? Era frío, era malvado… Si descubrían mi debilidad… ¡No! Juraba a mi mismo. Jamás iban a descubrirlo…

Pero Goku sabía, sabía cosas que me colocarían en un compromiso maldito. El secreto del Super Saiyajin… Es por eso por lo que tenía que inventar una historia, una forma de atemorizar a esta panda de mentecatos. Yo no podía reconocer que había cambiado. Era inaceptable reconocer que los sentimientos humanos habían calado en mi hasta el punto de hacer florecer sentimientos que jamás creí que podrían crecer en mi árida alma regada con la sangre de tantos inocentes.

Por eso ideé el plan perfecto. No aparecería con Bulma, persiguiéndome por todas partes y dejándome en evidencia ante todos con el fruto de mi debilidad. Aunque no podía ocultar que era su padre, puesto que el insecto de Yamcha ya lo sabía… Daba igual, fingiría indiferencia ante ellos, ni siquiera les miraría si llegara el caso.

Recuerdo tan bien aquella mañana… Bulma estaba pletórica, normal, siempre ha tenido agallas. Creo que le gustaba tanto como a mí el aire de la batalla. Podía sentir como su corazón latía acelerado y olía su adrenalina, hechizándome, distrayéndome en exceso, haciéndome desearla como nunca. Pero había de contenerme y yo sabía hacerlo a la perfección, porque era una máquina militar perfecta.

¡Vegeta! ¡Oh, esto es demasiado emocionante! ¡Me muero por ver a los androides! Apuesto a que estás loco por comenzar la lucha ¿eh?

¿Acaso me tomas por un vulgar principiante, mujer? – recalqué a sabiendas de que mi tono abrupto y el denominativo final la enfadarían.

Y acerté. Volteó la cara con esa expresión engreída tan suya. Creí advertir un "hmp" pequeño que parecía haber copiado de mi repertorio de sonidos despreciativos. Y se encaminó a la puerta con el niño en brazos.

La cólera me inundó ante su insensatez. ¿Pretendía llevar a mi hijo a primera línea de batalla? – Te aconsejo que permanezcas en casa tomando un vasito de leche calentita, preciosa. No queremos que se estropee esa cara de niña engreída que tienes, ¿verdad? – me burlé.

Era un juego. Me ignoró a sabiendas. – Vamos a ver unos androides ¡Trunks! – canturreó con esa vocecita estúpida que utilizaba siempre para dirigirse a mi hijo, al heredero de la estirpe real saiyajin… ¡Cómo lo odiaba! Justa venganza a mi comentario, debía reconocer, no obstante.

Haz lo que quieras – murmuré pasando de largo.

¡Vegeta! ¿Es que no vas a venir con nosotros? Deben estar todos reuniéndose en la montaña cercana a la Ciudad…

Hmp – repliqué genuino y, encogiéndome de hombros, volé lejos de ellos.

Me pareció escuchar en un susurro cierta petición que encogió mi corazón preocupantemente "Protégenos". Preferí no preocuparme de ello en aquel instante. Pero luego, cuando el muchacho de cabellos lilas apareció nuevamente volviendo desde el futuro. Cuando el namekiano aseguró en un descuido que era Trunks, mi hijo, entré en una espiral enloquecedora.

Le tenté, su temple, su fortaleza, su capacidad para la estrategia y me gustó lo que aprecié a primera vista. Me gustó volar a su lado, competir en agilidad con aquel muchacho, intercambié un par de advertencias. Me plantó cara, sabiendo que era su padre, aseguró que lucharía contra mí si me oponía a sus planes. Mal que bien, aquello era prueba de entereza y me sentí orgulloso por primera vez en mi vida, de alguien que no fuese yo mismo. ¡Qué extraña sensación!

Aún así era demasiado ingenuo, demasiado noble; me propuse vacunarle contra la maldad… Hice proyectos sin siquiera darme cuenta de ello. Y entonces llegó la oportunidad de demostrar que yo era el más fuerte, de que no poseía una sola debilidad en mi cuerpo ni en mi alma.

Vi a mi mujer y al hijo que llevaba en brazos, sabía que si no los salvaba morirían aplastados por los escombros de aquella explosión. ¿Qué mayor demostración de entereza que no intervenir en su salvación aunque eso supusiera la muerte de ambos? Pensé unos instantes… Sería la primera derrota moral contra Kakarotto. Quizás, hasta me libraría de estos sentimientos extraños que anidaban dentro de mi y me confundían. Pero mi hijo del futuro se adelantó. Los tomó a ambos y llegando hasta mi altura me reprochó colérico - ¿Qué te pasa? ¿Es que no significan nada para ti?

Sentí su odio y pensé que era normal, preferible que me odiase. Yo también había odiado a mi padre, eso te hace fuerte en la vida. No era tan terrible. Mi hijo debía sobreponerse a sus fantasmas. Pero si le amaba y sí significaban para mí. Solo que… de haber muerto, hubiera podido resucitarlos. Él no contaba con ello… Yo sí, porque mi mente podrá ser retorcida, pero es perfecta para un guerrero. Lección número uno: Cuanto más te importe algo o alguien, más debes aparentar que no te importan. Sólo así puedes asegurarte de protegerles contra todo mal y de protegerte a ti mismo del posible uso que el enemigo pudiera realizar de tus puntos débiles. Trunks tenía mucho que aprender… Y me moría por entrenar con él en la sala del tiempo.

Fuimos los primeros en entrar… Y hoy me pregunto, ¿qué habría significado para él aquella estancia?

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En el siguiente capítulo descubriremos la respuesta a la pregunta de Vegeta…