24. Resucitando a un muerto:

Las confesiones de Mirai Trunks.

- Padre, necesito que me escuches unos instantes antes de comenzar el entrenamiento. Me resultaría imposible concentrarme sin decirte todo cuanto deseo.

- Bah. Di lo que quieras. Con tal de que pueda entrenar tranquilo...

Mirai trunks contuvo con esfuerzo una ira voluble e insana y comenzó a relatar su historia, la historia de un padre muerto y e un hijo que le amaba...

Crecí embriagado con la leyenda de ser el descendiente último de la estirpe real de los saiyanes. Me sentía afortunado y heredero de una causa y una raza. Y, como no pude tenerte a mi lado, creé un mundo de sueños mezclados con realidad en los que tú estabas presente de alguna forma extraña. Pensé muchas veces que me protegías desde el infinito mundo del más allá. Quería verte en las nubes, imaginaba el rostro que, si conocí, olvidé. Me asaltaba la nostalgia de unos abrazos no recibidos, y de unos instantes felices arrebatados por dos asesinos que se jactaban, sonrientes, de arruinar el mundo, mi mundo. Lloré de rabia muchas veces imaginando tu muerte, padre. Y te visualizaba alzándote tan orgulloso como mamá decía, herido pero incansable, con tus últimas fuerzas, valiente, como el guerrero honorable que me narraba Gohan, plantando cara al enemigo mientras pensabas en mamá, y en mí, prometiéndonos protección, jurando que nos mantendrías vivos y lográndolo; pues aquí estoy.

Cuando era pequeño asaltaba a mamá con preguntas que, esquiva, me respondía con una sonrisa dulce; me contaba lo que ya sabía miles de veces, porque nunca me cansaba de escucharlo. Mis cuentos, antes de dormir, eras tú. ¿Qué niño no pregunta por su padre? Muerto o no, quería mantenerte vivo con los recuerdos, alimentando una imaginación viva y ansiosa de conocimientos. ¿Qué es un fruto que no sabe del árbol del cual procede? Me sentía roído en las raíces por una tristeza infinita, que jamás moría. Qué fácilmente perece la felicidad y qué difícil es resucitar la alegría cuando la congoja alimenta el espíritu con el infausto pan de la injusticia… Sentía que no debías haber muerto, que no merecías haber perdido la vida sin gozar aunque fuese de un beso de tu hijo o de un "te quiero" de tu familia.

Pronto aprendí a no pedir más cuentos nocturnos, a no preguntarle por tí demasiado porque, aunque jamás existió un solo reproche en mi madre a la hora de hablarme de tí, podía percibir la tristeza de sus ojos azules, el dolor en su pecho cuando suspiraba palabra a palabra, como una rosa que se marchita lentamente. Y, después, por la noche, odiaba tener oídos tan finos que sentían un caer de lágrimas furtivas y unos sollozos ahogados por la almohada. Aún te amaba, después de tantos años de haber muerto, mamá te quería. Y yo pensaba, que tanta dedicación, tanto amor, se debían al haber compartido momentos hermosos. Creía que yo era fruto del amor, que era el deseado descendiente de un guerrero noble y valeroso. Nunca imaginé ser hijo de un asesino.

Por eso me extrañó cuando me advirtió, momentos antes de mí partida al pasado, cuando más ansioso estaba por conocer al hombre que me engendró:

- No esperes demasiado de tu padre…

Y me enfadó, aquel comentario hirió algo profundo dentro de mí. Mortificó los momentos en los que entrenaba imaginando lo orgulloso que estarías de verme tan fuerte. Gohan fue como un hermano mayor para mí, pero jamás pudo sustituir la imagen del héroe que dio su vida por proteger la tierra. El héroe que era mi padre. ¡Mi padre¡Padre¡Tú¡El mismo dispuesto a dejar escapar a los androides con tal de tener una estúpida lucha¡Mis raíces eran ensoñaciones!

Un príncipe, valiente, noble, un guerrero tenaz… un maldito, un asesino, un príncipe indigno, alguien capaz de arriesgar el futuro de la humanidad por un capricho, un loco, un ser incomprensible incapaz de amarnos siquiera. Rompiste mis sueños, todas las historias que recreaba en mi imaginación acerca de ti eran mentira. Me hiciste sentir huérfano, más huérfano de padre que nunca. Tu alma esta muerta, la mató Freezer, tu pasado oscuro, tus maldades, los lastres que arrastras sin saberlo o sin querer reconocerlo. Dios mío, me siento tan solo…

Incluso… ¡pensabas dejarnos morir! No moviste un músculo, ni tu rostro demostró un solo gesto de temor, o pesar… eras una estatua fría que miraba como una mole caía sobre las únicas personas que te habían querido en tu maldita vida, sin merecerlo siquiera… Te reproché, no pude más, te odié, te odié más que a los androides por haberme arrebatado al padre que creí tener y haber quebrantado la fuente que me daba energía en los momentos oscuros. Ya no deseo demostrarte cuan orgulloso puedes estar de mi. Tampoco creo que mi concepto de orgullo coincida con el tuyo. Me has hecho sentir, no obstante, afortunado de ser de otra manera, distinto a tí¡opuesto! Te aborrecí y te aborrezco tanto como la hiel pero, aún así, eres mi padre. Por más doloroso que sea, eres tú. He de aceptarlo.

Y ahora sé por qué no había de esperar demasiado de ti. Porque nunca me abrazarías, ni me mirarías con lágrimas en los ojos, orgulloso de mi valentía, ni me dirías que me quieres. Envidio a Gohan, porque habiendo muerto su padre… Goku, también en esto te supera.

Oh, sí, por fin pareces interesado en lo que digo. Estás obsesionado con él, no tienes vida si no es venciéndole. Tienes que derrotarle ¿verdad? Y después ¿qué? Él será siempre mejor que tú, el más querido, porque luchó por los que amaba, dio su vida por ellos. Y esto es algo que tú jamás podrás hacer. ¡Maldito! Si un día hubieras de dar tu vida en una batalla, no tendrías la delicadeza de haber abrazado jamás a tu hijo, de haberle dicho cuanto le querías, de haber permitido que el amor llenase tu corazón aún en los últimos instantes de existencia. En esos momentos pensarías en Goku, y rabiarías por no haber sido lo suficientemente fuerte como para derrotarle. Hasta en eso te ha superado, como padre, como esposo... Porque tu corazón está lleno de una miseria inmensa. ¡Eres el príncipe de la miseria!

- ¡CALLA YA! Maldito crío resentido... ¿Crees que me afectan tus rabietas¿Quién eres tú para hablar así? Apenas has cruzado dos palabras conmigo y me juzgas ligeramente como un monstruo. Pero está bien. Está bien que creas eso, porque es lo que soy. Y tú eres el hijo de un monstruo, pero saiyajin, el hijo del Príncipe de los monstruosos saiyajins. Y tendrás que aceptar que por tus venas corre mi sangre. ¿Qué culpa tengo yo de que imaginases absurdas escenas? Ódiame si es lo que quieres, de hecho, lo prefiero.

- ¿Por qué¿Por qué prefieres que te odie¿Ahora callas¿No brotan de tus labios más palabras? No veo las lágrimas en tus ojos. Mira los míos, no importa que caigan libremente, sigo siendo quien soy... y también te supero.

- ¿Ah, si? Demuéstralo entonces… vamos… enséñame tu gran y enorme poder, muchacho, quiero ver cuanto me odias.

No existieron los androides durante meses, sino un visceral odio entre padre e hijo. Un círculo vicioso que se alimentaba con reproches y sarcasmos. La batalla que libraban ambos era más espiritual que física. El uno matando sus fantasmas, el otro admitiendo que había querido resucitar un muerto. Y, al final, cuando algo llega al fondo del río, puede pasar que se ahogue para siempre en su lecho, o que resurja a la superficie. Porque cuando se está abajo, ya solo puede ascenderse. Cuando se reconoce que se ha perdido, ya solo se puede ganar. Cuando se admite que algo ha sido concluido es cuando puede comenzarse…

Los comienzos del amor son como el nacimiento de un árbol. Débil, desprotegido, pequeño, influenciable por las inclemencias del tiempo. Pero ha de hacerse fuerte poco a poco cuando la semilla es buena y resistente. El corazón de ambos era como una mata fuerte que se agarra a la tierra ansiosa de vida. Así que, un día, surgió el instante, ese punto diminuto en que dos personas deciden apartar la tierra que les impide ver la luz del astro sol y admirarse de las maravillas del mundo. ¿Por qué odiar cuando se anhela el amor?

Tanto como el hijo necesitaba al padre, necesitaba el padre al hijo. Y donde la necesidad surge, el amor custodia las puertas del corazón y las abre. Primero un resquicio, después un cuarto…

Y se abrieron de par en par cuando Trunks le pidió que le matase... y le reconoció que no era capaz de vivir odiándole pues le quería. A pesar de cómo era, incomprensiblemente, era su padre, y le quería.

- Así que mátame, porque no soporto el dolor ni el deshonor de vivir en estas circunstancias, sabiendo que soy un hijo no deseado, un feto que debió ser abortado… Haz ahora lo que no pudiste hacer en el pasado.

Fue tal la angustia que aquella petición desató en el alma de Vegeta, que por un instante fue olvidado el rencor por las palabras que escocían el orgullo y fue necesario contenerse infinitamente para no abrazarle y demostrarle cuan equivocado estaba en juzgarle así.

- Escucha muchacho, y deja de decir tonterías... Vegetasei era el planeta donde nací, de donde proceden tus raíces. Mi padre, tu abuelo, era el Rey y le admiraba y le temía… tanto como le apreciaba. Jamás me abrazó, ni me dedicó palabras de amor como si fuese una princesita al más puro estilo de cuentos de humanos. Por el contrario me educó para ser fuerte y recio. Gracias a eso logré sobrevivir a cuantas dificultades encontré, que fueron muchas. Nunca vi error en aquella forma de actuar, pues un guerrero ha de aprender a formarse desde su infancia. Ahora, deja de actuar como haría un hijo de Kakarotto. Lamento que uno de ellos se encargase de tu educación pues... hubiera querido entrenarte, de no haber muerto. Habría procurado enseñarte las costumbres en que me crié. No tengo la culpa de no ser como tú creías, pero tampoco soy como piensas ahora.. Soy un saiyán. Soy el Príncipe de los Saiyajins y tú eres mi descendiente. Ten orgullo, levanta la cabeza, deja de llorar, ponte en guardia, y demuestra que eres digno de tu estirpe. Porque te aseguro que cuanto creías acerca de la nobleza y valentía de la misma es cierto. Vamos. Ahora, hijo mío, no es momento para rendirse, es momento para la ¡LUCHAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Cuando finalizó aquella jornada y, ambos, exhaustos, rendidos ya en sus fuerzas, cayeron al suelo frente con frente, Vegeta hizo un gesto con los dedos, algo extraño, con una media sonrisa enigmática en los labios.

Este es el signo del orgullo y de la victoria. Es el saludo que realiza un general que reconoce la valentía de un soldado, y de un padre que reconoce que está orgulloso de su hijo...

Aprendí a no preguntarle, a dejar que fuese él quien me respondiera sin solicitárselo… Ese día supe que, aunque no fuese el padre que yo soñaba con tener, me quería, era el padre que cuidaba de mi desde el más allá, el que sentía observándome en las nubes, sonriéndome en la distancia, animándome a continuar con esa misma expresión de ahora, con ese gesto con los dedos alzados misterioso, secreto, que solo él y yo conocíamos.

Cuando finalizó la batalla y volví a casa lo hizo de nuevo. Fue su despedida. No me abrazó, no me dijo que me quería y, aunque hubiera deseado que lo hiciera, supe que, cuando regresara a mi hogar podría mirar al sol y devolverle el gesto, esperando que una media sonrisa iluminase como un rayo de sol el infinito mar que es el cielo de los guerreros, donde habita su alma desde el día en que dio su vida, por nosotros...

Quiero agradecer todos vuestros comentarios, también los emails recibidos. Es un honor para mi saber que os gustan tanto mis historias. Podría citar muchos nombres, quisiera nombraros a todas, pero lo dejaré para el final de la historia, que está cercano, por cierto... Solo espero no olvidar ningún nombre de quienes me habéis acompañado en este viaje de capítulos. Quiero que sepáis que si escribo es gracias a vuestros ánimos. Un abrazo fuerte.

SuperBrave.