Naru ni se había molestado en matarlas. Ya había ganado. Keitarô estaba muerto. Le había atravesado el corazón y le había matado sin que él siquiera tuviera una sola oportunidad de atacarla. Motoko lloraba desconsolada, mientras Mutsumi rezaba.
-de nada sirve rezar ahora. Keitarô está muerto, y todos nosotros no tardaremos en estarlo. Por eso no se ha molestado en matarnos con sus manos –dijo Kitsune.
-tal vez tengamos una esperanza –dijo Mutsumi –recuerda que soy una sacerdotisa que ha estudiado durante años técnicas curativas y de invocación. Puede que podamos traerlo de vuelta. Pero necesito ayuda.
Mutsumi les explicó el procedimiento a seguir. Debían invocar a los diez dioses, tanto a los demoníacos como a los benignos y permitir que las poseyeran, pero evitando que ninguno de ellos tome el control de sus conciencias. Parecía fácil en un principio, pero antes de eso tenían que pasar por una preparación muy fuerte, además de ofrecerle una cantidad de energía vital al cuerpo sin vida de Keitarô para que no se corrompiera y el alma del chico pueda volver a habitarlo, y que la herida fuera sanando poco a poco. Durante un mes entero se dedicaron al rezo y a darle energías a Mutsumi, que no solo invocaba a los dioses y los mantenía a raya mientras intentaban traer de vuelta el alma de Keitarô, sino que también se dedicaba a sanar el cuerpo herido del mismo. Por fin, cuando el cuerpo de Keitarô estuvo completamente recuperado, comenzaron el ritual de invocación de almas para devolverle a la vida. Mutsumi parecía estar en trance, incluso hablaba en un idioma incomprensible para las demás y de su garganta salían varias voces distintas, pero las acalló con su propia voz, evitando que los dioses tomaran el control de su cuerpo y llamaba a Keitarô, su voz hacía eco en el universo de los muertos. Fue entonces cuando Naru notó una leve presencia del chico de nuevo en el mundo de los vivos y sonrió.
-parece que al fin han despertado, es un gran logro que hayan conseguido abrir las puertas del otro mundo –comentó ella.
-¿vas a dejar que regrese? –preguntó Shinobu.
-para eso le maté. Ahora regresará mucho más fuerte porque su espíritu ha sido liberado y ha morado en la casa de los dioses. Al menos ahora me servirá de algo, además de tener un poco de diversión. Sin embargo, vamos a darle un pequeño incentivo para cuando regrese.
Mutsumi cayó rendida, exhausta por el gran esfuerzo, y miró a Keitarô con esperanzas de verle despertar. Y por fin, le vio abrir los ojos. En cuanto se levantó, ayudó a Mutsumi a levantarse y le dio sus mas sinceras gracias. Sus ojos tenían un brillo distinto, como si hubiera cambiado mucho y se hubiera hecho mucho más fuerte. Miró a Motoko que estaba deshecha en lágrimas y sonrió cálidamente. Sin embargo, tuvo la sensación de que a partir de ese momento, su romance había terminado. El chico tomó su báculo, que brilló por un momento al notar la enorme energía de éste. Parecía que su poder había madurado mucho, y no sólo se había incrementado considerablemente, sino que ahora tenía un control total de su zhao. Ahora le tocaba a él. Decidió atacar él directamente sin esperar a que ella volviera para tener otro enfrentamiento, guiándose de las sensaciones de energía que sentía de ella, de modo que se pusieron en camino. Por supuesto, Naru notó de inmediato que él se dirigía hacia sus dominios, de modo que preparó el batallón para recibirlos. Para cuando él llegó, ya estaban todos los demonios preparados, con Naru al frente acompañada un poco más atrás por su fiel Shinobu. Al fin, los elegidos volvieron a encontrarse cara a cara.
-parece que no te sorprendes de verme.
-y tú parece que tienes buenos amigos. También te has vuelto más fuerte. Al menos ahora la batalla será interesante –dijo ella sonriendo – Atacad.
Al instante cientos de demonios saltaron hacia ellos. Cuando Motoko iba a desenvainar la espada él la detuvo con un gesto. Sin siquiera volver a moverse, hizo congelarse a todos los demonios al momento.
-eres compasivo incluso con tus propios enemigos –dijo Naru sonriendo –pero no hacía falta que los dejaras vivos.
Tras decir esto, la chica hizo estallar los cuerpos de los demonios congelados.
-esto es entre tú y yo. ¿quieres bailar un rato?
Ella le miró sonriendo, casi parecía tomar un gesto inocente, mirándole con los ojos entornados, casi le pareció que con cariño. Pero justo después le lanzó un ataque a traición, aunque no llegó a tocarle, porque él ya llevaba un buen rato alerta.
-esta vez me toca a mí.
Naru y Keitarô comenzaron su particular batalla, esta vez en igualdad de condiciones. La destreza de lucha que había adquirido él era impresionante, tomándolo todo con frialdad y calma, lo que hacía que Naru no encontrase el hueco para herirle, aunque tampoco tenía muchas dificultades para evitar que Keitarô la rozase siquiera. Pero ella lo tenía ya todo pensado, y sonreía constantemente.
-¿te diviertes? –preguntó Keitarô.
-lo cierto es que sí.
-entonces espero que disfrutes con esto.
El báculo empezó a brillar y se transformó en una espada con los rasgos de una katana, pero de mayor envergadura y con muchos adornos y destellos. En el momento en que arremetió hacia ella y se defendió con el escudo de fuerza, Keitarô cortó la barrera limpiamente sin encontrar resistencia alguna y apresó a la sacerdotisa contra las rocas. Eso sí la había impresionado. Él se había puesto muy cerca de ella para intimidarla, pero lejos de hacerlo, incluso la excitaba.
-parece que te he subestimado.
-soy mucho más fuerte de lo que tú piensas. Lo cierto es que me hiciste un favor matándome.
-lo sé. Eso lo hace mucho más interesante. Además, tengo una sorpresa para ti. ¡Shino!
Shinobu apareció con un rehén encapuchado, y cuando se aseguró de que él miraba, destapó la cara del preso para que lo viera. Soltó de inmediato a Naru.
-mamá...
Miró de nuevo a Naru y volvió a apresarla mucho más fuerte y furioso. Había conseguido romper su calma.
-suéltala ahora mismo –ordenó él con la voz ronca de rabia, mirándola a los ojos.
Sin embargo ella siguió con la sonrisa dibujada en los labios, lo que le hacía perder aún más los nervios y amenazarla con la espada.
-ten cuidado con lo que haces o tu madre morirá –le advirtió.
Enseguida bajó el arma.
-¿qué has hecho con el resto de mi clan?
Ella tan solo amplió su sonrisa.
-¿no te lo imaginas?
Él casi no podía contener la rabia.
-te propongo un cambio. Tu te vienes conmigo y tu madre queda libre. Juro que nadie la tocará ni sufrirá daño alguno, y lo mismo te digo de tus amigas. Dejaré que se vayan.
Keitarô frunció aún más el ceño, lo que provocaba la diversión de la chica al ver su vacilación.
-¿hay trato?
