Cuarto capítulo! En vista del creciente club de fans que tiene nuestro buen amigo Kolya Poliakoff, le cedo a él la palabra. Kolya, cuando quieras.
Kolya: Ejem. Gracias, gracias. La verdad es que como no juego a quidditch ni soy tan fuerte como Viktor no creí que ninguna mujer excepto mi madre fuera a hacerme caso durante más de cinco minutos seguidos! Me siento muy honrado y espero poder concertar una cita con todas vosotras. Desgraciadamente, mis ojos ya están puestos en alguien, como descubiréis en este capítulo. Pero os aseguro que me sobra amor para todas.
Me amáis vostras a mi? Amáis esta historia? Dejad un review y me haréis más feliz a mi y a la autora! Mostradnos vuestro apoyo!
Viktor terminó de ajustarse las botas y se echó la toalla al cuello, dando por acabada la ducha post-entrenamiento que tanto le gustaba. No había nada como el agua caliente y el vapor para hacer desaparecer las huellas de seis horas de duro ejercicio. Últimamente, sin embargo, no conseguía relajarse del todo.
¿Estaría ahora en la biblioteca? De los tres días que había ido con la esperanza de verla, había coincidido con ella dos. Por lo visto era el sitio perfecto para encontrarla.
Cerró la funda de la escoba y se la cargó al hombro.
-Me voy- fue todo lo que les dijo a sus compañeros.- Si Karkaroff pregunta, estaré en el castillo.
Sus compañeros de equipo cruzaron miradas de complicidad y alguien soltó una risita.
-Últimamente se te ve muy feliz… Krum- constató una voz en tono desagradable.
Viktor se volvió y se quedó mirando sin pestañear a Vodia Riabonovich, que le sonreía fríamente.
-¿Qué te hace pensar eso?- le replicó, con calma. No pudo dejar de notar el silencio que se había hecho en el vestuario.
Vodia lanzó una significativa mirada al resto de sus compañeros y luego se volvió hacia él. La sonrisa retorcida no había desaparecido de su rostro, ni tampoco la palpable antipatía de su mirada.
-No sé, tú sabrás. Desapareces horas enteras y nadie sabe dónde estás.- la sonrisa se volvió abyecta- Nos encantaría que nos contaras a quién te estás follando. O si tiene amigas. No es bueno acaparar¿sabes?- su mirada se volvió insolente y Víktor frunció el ceño- Podrías dejar algo para los demás. O compartir la tuya- remató, ignorando las miradas de advertencia que le llegaban del resto del equipo.
La mirada de Viktor se volvió sombría.
-Sabes, Vodia- dijo suavemente, casi con delicadeza- Yo que tú cuidaría mi lengua.
La sonrisa desapareció del anguloso rostro de Vodia. Se había puesto pálido, y en sus ojos castaños brillaba una febril animadversión.
-O qué, Krum- desafió, sintiéndose acorralado. Su rostro se contrajo en una mueca de desprecio– Yo también sería muy valiente con Karkaroff pegado a mi culo.
Viktor abrió mucho los ojos y plantó la escoba en el suelo con tanta fuerza que el sonido sobresaltó a todos los presentes. Ninguno osaba moverse. Todos los ojos estaban clavados en su rostro, temerosos de lo que pudiera pasar. La mirada de Viktor era glacial.
-Yo no veo a Karkaroff aquí- constató secamente- Si tienes algo que decirme, ahora es el momento.
Vodia le miró con odio. Avanzó un paso hacia él.
-Vodia, cállate- le susurró Dimitrov, tirándole del brazo- No haces más que liarla.
Pero Vodia había ido muy lejos como para recular sin ver herido su orgullo ante todos. Se desasió de un tirón y miró a Viktor con resentimiento.
-¿Qué puedo decirle a la super estrella del quidditch búlgaro?-terció, derrochando cinismo- Si te partiera la cara, como te enfrentarías mañana a la primera prueba del torneo?
Viktor le clavó una mirada acerada.
-¿Por qué no lo intentas?- sugirió, con una suavidad letal.
El silencio del vestuario se volvió tan denso que podría haberse cortado con un cuchillo. Todos estaban asustados y sus miradas se posaban indistintamente en uno u otro. Vodia, aunque era un año más mayor que Víktor y también era más alto, estaba temblando y su cuerpo flaco y blanco parecía insignificante comparado con la brutal solidez de la complexión del buscador. Consciente de ello, optó por sonreír con desprecio.
-Un día- le siseó, rompiendo el silencio- Un día te arrepentirás. Por todo.
Viktor irguió el rostro y le sostuvo la mirada con desdén.
-Te estaré esperando - le aseguró, antes de salir del vestuario con la escoba al hombro.
Vodia se sentó en un banco y se pasó la mano por la cara. El nervioso temblor de sus piernas no le permitía estar de pie más tiempo.
-Y vosotros qué cojones miráis- les espetó a sus compañeros, que le miraban con compasión- Malditos cobardes.
-Habla por ti- le escupió Vania con desprecio, mientras recogía sus cosas- Tú eres quien se ha achantado.
De camino a la biblioteca, Viktor trató de dejar de lado el incidente del vestuario, pero no podía. Siempre había sido consciente de que Vodia le tenía una envidia atroz, pero nunca habría pensado que llegaría a mostrarla tan abiertamente. Le creía más listo. O quizá preparaba algo. Viktor frunció el ceño inconscientemente. En el fondo, la culpa era suya. Se había pasado al retarle de aquella manera. Quizá tendría que haberse reído del comentario y haber seguido haciendo lo que le viniera en gana, pero por algún motivo, le había molestado el brillo soez de su mirada y que hablara de "compartir".
No, no quería compartirla. Era estúpido. Ni siquiera había hablado seriamente con ella aún. Cuando entraba en la biblioteca, le saludaba con casi una sonrisa, pero nada más. Realmente, no había absolutamente nada que les uniera como para justificar su reacción posesiva ante el comentario de Vodia.
Viktor suspiró y dejó atrás el gran Hall de Hogwarts. Quizá estaba perdiendo la cabeza totalmente y su obsesión no iba a llevarle a nada bueno. A lo mejor tendría que olvidarse de ella. Total, no hablaban el mismo idioma, no compartían ninguna afición y, lo más importante, vivían con un continente de por medio. Ella era muggle, él era purasangre. Aunque esto último no le importara, Viktor sabía que la gente se mataba por eso.
Y además tenía cosas en teoría más importantes en las que pensar. La primera prueba del torneo Trimago-o mejor dicho, Cuatrimago- era al día siguiente y aún no se había hecho a la idea.
Oh, mierda. Sus pasos se detuvieron en seco al ver a Karkaroff al otro lado del pasillo, de espaldas a él. Quiso dar media vuelta y escabullirse, pero en ese momento, su maestro se volvió y lo llamó.
-Viktor!
Con resignada obediencia, el buscador se arrastró hasta él. Karkaroff se despidió con una falsa sonrisa de la mujer con quien estaba hablando- y que Viktor recordaba haber visto entre los profesores de Hogwarts- y se volvió hacia él. En su rostro, había una expresión que no le gustó nada.
-He averiguado cúal es la primera prueba- le susurró, triunfal.
Viktor apartó discretamente el rostro. El aliento de Karkaroff siempre había sido un repulsivo hedor a ajo y vodka que le ponía la piel de gallina.
-Prefiero no saberlo- le contestó, con determinación.-No está bien jugar con ventaja.
La expresión triunfal de Karkaroff se transformó en una mueca de irritación.
-No seas estúpido, Viktor- siseó, agarrándole del hombro- O quieres perder como en los últimos Mundiales?
Viktor tensó la mandíbula. Aquella derrota aún le escocía como una herida abierta. Odiaba profundamente que Karkaroff usara ese recuerdo para manipularle.
-No voy a perder-bufó- Y si ganara por esto, sería como una derrota.
Karkaroff palideció y el labio inferior le tembló de ira, como siempre le sucedía cuando alguien contravenía sus deseos. Viktor no dudaba de que si se hubiera tratado de otro, aquello le habría costado muy caro. Pero Karkaroff aún le necesitaba. Era el campeón, al fin y al cabo.
-Óyeme bien- le dijo, con dureza-Vas a hacer lo que te diga, y punto. Es lo que siempre has hecho hasta ahora, así que no empieces con estupideces ahora. La primera prueba son dragones. Vas a venir conmigo ahora y vamos a planear una estrategia.
Viktor se sintió impotente, pero antes de que pudiera oponer más resistencia, Albus Dumbledore entró por el pasillo acompañado de otro profesor.
-¡Ah, Igor¡Precisamente estábamos hablando de ti!- sonrió el viejo director de Hogwarts, acercándose hacia ellos.
Viktor pudo captar el dilema que reflejó el rostro de Karkaroff durante una milésima de segundo. Sin embargo, el raciocinio pudo más. Sintió que aflojaba la presión en su hombro y se volvía hacia ellos con una sonrisa.
-Estaba diciéndole a mi chico que se concentrara- le miró y le dio una sonora palmada en la mejilla que sólo Viktor supo interpretar como una advertencia- Mañana la va a necesitar.
Dumbledore asintió afablemente y se retiró la pipa de la boca para hablar.
-¡Ya lo creo! Aunque para un campeón con tanta experiencia, esto en realidad es pan comido, no es cierto?- le dijo.
Viktor suavizó el gesto y asintió, con una pequeña sonrisa de agradecimiento. No pudo evitar preguntarse cuan diferente hubiera sido su vida si en vez de Durmstrang con Karkaroff le hubiera tocado estar bajo la tutela de Dumbledore en Hogwarts. Mucho mejor, pensó. Pero quizá entonces nunca habría sido campeón de quidditch.
-Si me disculpan- dijo, educadamente.
-Ve, ve, y no te canses mucho- le dijo Karkaroff, en un inglés chirriante- Mañana vas a necesitar todas tus fuerzas.
Viktor asintió y tras saludar con una inclinación de cabeza a Dumbledore y al profesor, se marchó de allí tan aprisa como la cortesía le permitió. El corazón le iba más rápido por las palabras de Karkaroff: dragones. No era la primera vez que veía uno, ni muchísimo menos. En Durmstrang estaban más habituados que los alumnos de Hogwarts a tratar con criaturas peligrosas desde que eran pequeños. Pero siempre habían manipulado crías, o ejemplares de tamaño medio (Viktor aún tenía una quemadura en el muslo cortesía de un dentado danés), nunca dragones adultos. El nivel de peligro sería infinitamente más alto, y necesitaba encontrar un plan rápido.
Perdido en sus cavilaciones, comenzó a subir las escaleras , pero de pronto, un terrorífico murmullo le hizo detenerse en seco y aguzar el oído. Voces. Voces femeninas. Chillonas. Y se acercaban.
-Está tardando mucho. No dijiste que le habías visto venir hacia aquí?
-Shhh he oído pasos! A lo mejor es él!
Aterrado, Viktor reconoció las voces de su club de fans y giró 360 grados para esconderse tras un cortinaje que ocultaba la esquina en el recodo de la escalera.
Definitivamente, no quería vivir en Hogwarts. Nunca había visto chicas tan tenaces.
-A ver, que no me lo he inventado!- protestaba una indignadamente- Vamos a bajar y ya veréis como viene para aquí. Se habrá entretenido con alguien.
-Como sea con una chica, la mataré. ¡Es MIO!- gritó otra.
Viktor cerró los ojos. Se le había puesto la piel de gallina. Qué espeluznantes podían ser los posesivos. Se apretó contra la pared, como si quisiera fundirse con ella, y agradeció mentalmente a quien fuera que allí se les hubiera ocurrido poner un cortinaje. Las chicas, perdidas en sus discusiones, pasaron de largo y comenzaron a bajar por las escaleras. Una vez constatado que se habían alejado, Viktor salió corriendo como alma que lleva el diablo y entró en la biblioteca como una tromba.
Madam Pince levantó la vista y le miró con franca desaprobación. Viktor se irguió.
-Ejem- carraspeó, alisándose la casaca marrón.-Perdón.
La bibliotecaria volvió a bajar la vista a su libro, meneando la cabeza con disgusto. Sintiéndose a salvo, Viktor oteó los pasillos visibles en busca de Hermione y su sorpresa no pudo ser mayor cuando distinguió, sentado de espaldas a él, una casaca marrón idéntica a la suya, y sobre ella, una cabeza rubia que conocía muy bien.
Perplejo, se acercó hasta él y se plantó delante.
-¿Se puede saber qué haces aquí tú?-le preguntó.
Kolya levantó la vista y le miró, muy serio.
-Estudiar.
Viktor arqueó una ceja con descrédito y se volvió para mirar a un grupo de chicas que se sentaban en frente. Diez o doce chicas, sentadas en corro, y aparentemente muy concentradas.
-Ya veo- murmuró.
Kolya cerró el libro y le miró, agitado.
-No, tú no la has visto bien. Es una diosa. He tenido que seguirla hasta aquí. Dios, y yo que creí que estabas loco por venir a la biblioteca- dijo, atropelladamente.
Viktor no pudo reprimir una sonrisa divertida. Vaya vaya. No le sorprendía el tono apasionado de su amigo. Kolya siempre se enamoraba a lo grande.
-¿Cúal de ellas es?-susurró.
Kolya estaba ensimismado. Le habló sin apartar la vista del grupo.
-La rubia no, la pelirroja a su izquierda. Mírala, por Dios. La he visto hace diez minutos en el pasillo y he tenido que seguirla. Es un ángel. Mira cómo habla. Mira qué par de…
-Libros.- dijo Viktor.
-No, no me refería precisamente a…- Kolya se interrumpió, y haciendo un gran esfuerzo, apartó la mirada de las chicas para dirigirla hacia su amigo- ¿Viktor?
El buscador no le contestó, y Kolya vio pasar por delante al motivo. Hermione acababa de entrar en la biblioteca, con dos enormes libros en los brazos, y la cartera colgada de un hombro. Los dejó sobre el mostrador de la bibliotecaria e intercambió algunos comentarios con ella antes de seguir su curso hacia el fondo.
-Venga, vete. Estás deseándolo- suspiró Kolya, dándole un manotazo en el estómago- Pero dile algo. Es de psicópata seguir tres días a alguien sin decirle una palabra.
-Lo mismo te digo- replicó Viktor, con un gruñido.
Kolya volvió a suspirar y se cogió la cabeza con las manos.
-Claro, qué fácil- resopló- La tuya al menos va sola. ¿Cómo voy a acercarme a la mía con todas esas al lado?
-¿Caminando?- sugirió Viktor con sorna.
Kolya le dirigió una mirada sombría.
-No tienes gracia- le dijo, frunciendo los labios con reproche. Volvió a abrir el libro y le dijo- Y vete, que estoy estudiando.
Con un bufido divertido, Viktor se alejó de él y puso rumbo a la apestosa sección de botánica. A medida que se acercaba, el nudo en su estómago crecía y sus pasos se ralentizaban por el disimulo.
¿Dónde..?
Ah.
Al verla a punto de girarse, Viktor se puso nervioso y cogió el primer libro que encontró. Cuando ella se dio la vuelta, le vio sentarse en la mesa de enfrente de la suya, aparentemente absorbido por un libro de la sección de Sociología.
Consciente de que ella le estaba mirando, Viktor leyó a conciencia siete veces la misma frase, esperando a que ella se sentara.
La homosexualidad siempre ha sido una plusvalía agravante en la persecución y exterminio de los..
Viktor frunció el ceño. ¿Pero qué libro había cogido? Miró la tapa.
Homosexualidad y magia en la historia: ensayo sobre el agravio sexual en la sociedad mágica.
Genial.
Jugueteó distraídamente con la esquina de una página hasta que percibió el crujido de la mesa frente a la suya y la oyó sacar las cosas de su mochila. Esperó unos minutos más y entonces levantó la vista.
Hermione estaba con la cara apoyada sobre la mano, leyendo con atención un libro muy pequeño. Su otra mano acariciaba inconscientemente el contorno de uno de los nudos de la madera de la mesa. Viktor la contempló leer y el corazón le dio un vuelco. Kolya creía que aquella chica pelirroja era un ángel, pero tendría que haber visto a Hermione ahora. A la tenue luz de las velas de la sección, su cabello parecía esponjoso y suave, casi una aureola en torno a su pequeño rostro concentrado. Y sus dedos seguían rozando suavemente, resiguiendo en círculos aquel defecto de la mesa.
Viktor tragó saliva.
Lo que habría dado por ser la mesa en esos momentos.
Hermione se movió en la silla y dejó escapar un pequeño suspiro. Viktor bajó la vista automáticamente hacia su libro.
Grinnych se equivoca al fundamentar su teoría de que la analidad del comportamiento mágico homosexual sea equiparable al comportamiento muggle, al menos no desde la teoría freudiana tardía…
Con mucho cuidado, Viktor volvió a levantar la vista. Hermione ahora estaba escribiendo algo muy rápidamente, y sólo de vez en cuando volvía la vista a un lado para consultar el libro. Entre sus labios asomaba la punta rosada de la lengua, prieta contra el labio superior.
Inconscientemente, Viktor se humedeció los suyos y volvió a bajar la vista hacia su libro. Se sentía como un psicópata, allí sentado, espiándola mientras estudiaba. Y además, tenía catorce años. En qué estaba pensando. Debería marcharse y dejarla en paz, en vez de imaginarse lo que se estaba imaginando.
El crujido de su silla le hizo volver a bajar la vista automáticamente. Al oír el leve roce de ropa, supo que ella se había puesto en pie, y la siguió con la mirada. Hermione caminaba con un papel en la mano y murmurando algo hacia la sección de Bestias Mágicas. La vio detenerse frente a una de las estanterías y mirar con atención la fila de libros que tenía delante. Aparentemente no estaba el que buscaba, porque retrocedió un paso y levantó la vista para inspeccionar la de arriba.
-Oh, menos mal- la oyó decir. Hermione extendió la mano hacia el libro, y se puso de puntillas. Viktor intentó no fijarse demasiado en la piel que la falda dejaba al descubierto en aquella postura. Catorce años. Su madre le despellejaría vivo si lo supiera.
Hermione emitió un chasquido de fastidio, y volvió a intentar llegar al libro, sin éxito. Conseguía rozar el lomo con los dedos, pero era demasiado pesado como para sacarlo sin una silla.
-Dónde está la escalera cuando la necesitas- la oyó gruñir.
Viktor sonrió inconscientemente. Le parecía adorable que hablara sola. En su interior, las palabras de Kolya resonaron como un pistoletazo.
Dile algo.
Tamborileó los dedos nerviosamente en la mesa, indeciso. ¿Y si la ofendía, por cualquier motivo?
Dile ALGO.
Cuando vio que ella miraba con fastidio la capa en la silla- donde debía tener la varita- se puso en pie, como movido por un resorte, y caminó hacia ella. Los ojos castaños de Hermione se agrandaron al verle acercarse. Ahora ya no podía huir. Sin darse cuenta, tomó aire y dijo:
-¿Necesitas ayuda?
El rostro de Hermione se suavizó y apareció en él algo muy parecido a una sonrisa.
-Sí, muchas gracias- le dijo. Señaló un libro grande, un tomo verde que estaba encajonado entre una enciclopedia roja y el tratado de Bestias de Octavius Finch.- Es que no llego.
Viktor asintió y estirándose un poco, le cogió el libro y se lo entregó.
-Gracias- repitió ella, y esta vez sonrió del todo, iluminando la estancia.
Viktor estaba seguro de que en aquel momento tenía una expresión estúpida en la cara.
-De nada- consiguió articular, sin apartar sus ojos de ella.
Deja de mirarla así. Vas a asustarla, se ordenó.
Ella debía opinar lo mismo, porque en sus mejillas apareció una leve sombra de rubor y apartó la mirada. Viktor tragó saliva. Podía oírse el corazón en las sienes.
Sigue hablando. Vamos. Dile algo. Pregúntale que está leyendo.
-Siempre te veo por aquí- dijo de pronto ella, sonriéndole con timidez.- ¿Te gusta estudiar, o vienes para refugiarte de aquellas chicas?
Viktor sonrió a su vez. Olía muy bien a algo que no podía concretar. Se acercó ligeramente a ella, para sentirlo más de cerca.
-Las dos- respondió con sinceridad. Ella no tenía por qué saber que se dedicaba a estudiarla a ella. Hermione se echó a reír, divertida, y Viktor se sintió enormemente complacido por ello.
-¿Cómo van tus progresos en inglés?- le preguntó entonces.
Viktor la miró y volvió a tragar saliva. Se acuerda. Se acuerda de ese día.
-No muy bien- admitió, con cierta vergüenza - Me cuesta mucho prronunciarr algunas cosas.
La sonrisa de Hermione se ensanchó con simpatía. La manera en que el búlgaro pronunciaba las erres y aspiraba las v hacía que sonara exótico. Arqueó una ceja.
-¿Cómo por ejemplo?
Como tu nombre, pensó él, mirándola intensamente.
-Como… eh… "arr merrio, arrmarrio"- respondió, intentando no reírse- Pero no hablo tanto sobre ellos como para que lo necesite- añadió, intentando que sonara a chiste.
Bingo. Hermione volvió a reírse y bajó la vista con recato. Viktor sintió que el corazón le daba un tirón. ¿Era su imaginación, o ella también estaba algo nerviosa?
-Si quieres, puedo ayudarte con las cosas que no entiendas- se ofreció entonces ella.
Viktor la miró de hito en hito. No podía creer su suerte. Era mucho más de lo que había deseado.
-Eso me gustarría mucho- respondió, y se abofeteó mentalmente por lo apasionado que había sonado el "mucho".
Hermione se rió complacida. Se había puesto roja y apretaba el libro contra el pecho como si pensara que se lo iban a arrebatar. La intensidad con que el búlgaro la miraba la hacía sentir extraña. El estómago se le encogía, y la sangre le corría más aprisa por las venas, pero era una sensación agradable. Le miró con simpatía.
-Me llamo Hermione Granger- le dijo, ofreciéndole la mano que tenía libre- Es un poco más difícil que armario, pero no es imposible.
Viktor arqueó una ceja. No estaba demasiado de acuerdo con lo último.
-Víktor Krum- respondió, y estrechó su mano, recreándose en lo suave que era.
-Bueno – sonrió ella, mientras se dirigía hacia donde él estaba sentado- Si quieres podemos empezar ya. ¿Qué estás leyendo?
A Viktor se le demudó la expresión.
Kolya os recuerda que si dejáis un review será más feliz y...a lo mejor os hace un striptease! Venga chicas, a ver si llegamos a los trescientos reviews!
