No os quejaréis, que este capítulo es el doble de largo que el anterior! Como esto siga así el próximo tendrá veinte páginas XDD.

Pues aquí lo teneís: la petición del baile. He ignorado algunas cosas aposta (por ejemplo, que se lo pida en la biblioteca, y la existencia de determinados hechizos reparadores) en bien de la historia. Espero que os guste de todas maneras.

Stanislav, te sigo esperando! Si vosotras también le esperáis para casaros con él, poneos a la cola! Y mientras esperáis a que os llegue el turno...DEJADME UN REVIEW! Contadme qué os parece el capítulo, cúal es vuestra parte favorita, de qué color queréis que sea el vestido de Hermione en el baile...lo que sea, pero...REVIEW!

Próximas actualizaciones: Hasta después de exámenes no podré volver a actualizar ni esta historia ni Muérdago y Mortífagos, pero no nos preocupéis, que no me olvido de ellas! Un gran abrazo a todos, y espero que os guste!


Hermione se mordió el labio y releyó lo que acababa de escribir. No estaba mal, pero estaba muy lejos de la perfección que solía alcanzar con sus ensayos sobre transfiguración. Muy a su pesar, tenía que admitir que la perspectiva de que Viktor Krum pudiera presentarse de un momento a otro allí le impedía concentrarse debidamente. Cada vez que oía el inconfundible chirrido del portón de la biblioteca, su cabeza se disparaba hacia arriba.

Bajó la vista de nuevo hacia su ensayo y suspiró, molesta.

-Por Dios- murmuró, limpiando una imaginaria pelusa del pergamino. Me estoy convirtiendo en una de esos seres mononeuronales en celo.

Se refería, por supuesto, a aquella horda temible y ruidosa que seguía a Diggory y a Krum allá donde fuesen. Aquella horda que ante la perspectiva del baile había redoblado sus esfuerzos por ser aún más molesta de lo que ya era.

Hermione frunció el ceño y masculló una maldición.

El baile. No quería ni oír hablar de él.

No sólo había dado al traste con la habitual tranquilidad de Hogwarts, llenando todas las esquinas de corros de chicas que estallaban en risitas cada tres segundos, sino que encima tenía que soportar que Ron y Harry se pasaran el día oteando en busca de alguna que quisiera ir con ellos, ignorando dolorosamente el hecho de que ella ERA UNA CHICA.

Poque lo era¿no? Ya estaba empezando a dudarlo.

Aunque tratara de quitarle importancia al asunto- sólo era un estúpido baile de Navidad, un gesto diplomático hacia Beauxbatons y Durmstrang - lo cierto es que le molestaba que no la consideraran una posible pareja. Sí, tenía un pelo imposible y creía sinceramente que la principal función ropa era proteger del frío, pero eso no quería decir que no tuviera su pequeña vanidad.

¡Su pijama era de tirantes! Eso cuenta como vanidad.

Sólo porque no se comportara como una idiota en celo no significaba que no fuera una mujer.

Quién quiere ir al baile de todas maneras, bufó. Como si no tuviera que estudiar para los exámenes y no tuviera mejores cosas que hacer que disfrazarse de maniquí y sonreír cogida del brazo de algún idiota.

Al contrario.

Era un triunfo, una muestra de auténtico carácter.

Hermione dobló cuidadosamente el pergamino por la mitad y lo metió en la mochila.

En el fondo, tenía que admitir que le hubiese gustado que alguien se lo pidiera, aunque fuera Neville. Aunque sólo fuera para saber qué se sentía. Hermione suspiró y mojando la pluma se inclinó sobre el pergamino nuevo. Pero antes de que pudiera empezar a eseribir, una sombra se cirnió sobre ella.

-¿Ya tienes pareja, Granger¿O estás esperando que algún libro te lo pida?

Hermione sintió que se le erizaba la piel al oír la desagradable voz de Draco. Con su mejor mueca de disgusto, levantó la cabeza y le miró.

-Qué te pasa ahora, Malfoy?- replicó fríamente. - ¿Te acaban de decir que los hurones no están admitidos como pareja?

Draco forzó una carcajada, pero las orejas se le habían puesto rojas al recordar aquel molesto incidente con Moody. Se inclinó sobre la mesa con una insufrible sonrisilla de prepotencia estampada en la cara.

-Para tu información, Granger venía a hacerte un favor.

-¿Oh, de veras?- musitó ella. Lo mejor sería que se marchara de allí. No tenía ganas de escucharle, y de todas maneras las fans de Viktor ya empezaban a revolotear por la biblioteca, echando por tierra la paz. Comenzó a recoger sus cosas con gesto displicente.

-Verás, he pensado que podrías limpiarme el cuarto- le espetó Draco.- Incluso podría darte un par de sickle por ello.

Hermione se detuvo en seco y le miró, atónita.

-¿Qué?

La sonrisa de Draco se volvió retorcida.

-Bueno, como no vas a hacer nada la noche del baile, he pensado que sería una buena manera de aprovechar el tiempo. Es un gran honor que te lo proponga, sangresucia.

Hermione le miró, lívida e incapaz de articular palabra.

Definitivamente había sido buena idea recoger sus cosas, porque si se quedaba un segundo más le estamparía el tratado de Transfiguración: Involución de segundo grado en toda la cara.

La desagradable sonrisa de Draco ganó centímetros, expandiéndose como una infección.

-¿Qué pasa?- preguntó, viendo que ella no decía nada- Oh, es verdad!-exclamó, con fingida contricción- Debería habérselo ofrecido a Weasel primero. Tienes razón. Con esos 3 sickle su familia come durante un mes.

Hermione apretó los dientes con tanta fuerza que chirriaron. Arrambló la cartera con un manotazo furioso y le empujó para que la dejara pasar.

-Tengo una idea mejor: por qué no te los quedas y te compras una neurona!- le espetó desabridamente- ¡Aunque se sentirá muy sola ahí dentro!

Al oírla, toda la biblioteca se volvió hacia ellos y Madame Pince se puso en pie, escandalizada y sorprendida de que Hermione, que después de tantas horas allí prácticamente era un libro más, se comportara de aquella manera.

-¡Señorita Granger!- exclamó, horrorizada.

Hermione la miró y sintió que se ponía roja. A su espalda, las risitas de Draco aguzaban su mortificación. Agachando la cabeza ligeramente, Hermione musitó una disculpa y salió de la biblioteca apresuradamente.

¡Maldito Malfoy!

Cómo se atreve, rugió para sus adentros Lo que más rabia le daba era que sus palabras habían hecho diana allí donde dolía. Porque efectivamente, la noche del baile ella iba estar estampando chapas para la P.E.D.D.O mientras sus compañeras hacían piruetas por el gran salón.

¡Maldito baile!

¡Mald…!

Ni le vio venir. El impacto fue tan fuerte que rebotó hacia atrás, y se habría caído si no fuera porque dos manos la aferraron fuertemente por los hombros, devolviéndole el equilibrio. No obstante, la cartera se le cayó al suelo y se abrió, desparramando todo su contenido. Al oír el sonido del vidrio al romperse, Hermione quiso morirse. Bajó la vista y contempló horrorizada cómo la tinta se escapaba del frasco roto y empapaba rápidamente en un charco los pergaminos. Por no hablar de los libros.

-Oh, no- gimió, pálida. ¿Es que todo le iba a salir mal ese día?

Sus deberes. Ahora tendría que volver a hacerlos. Pero los libros no podría limpiarlos.

Ahogando un grito de frustración, levantó la vista y se encontró con los ojos oscuros de un igualmente horrorizado Viktor Krum.

-Lo…siento- murmuró él, apretando la mandíbula con fuerza. Se agachó de inmediato y comenzó a recogerle las cosas mientras repetía una y otra vez: Lo siento. Lo siento.

Hermione le miró sorprendida. Parecía tan abatido que despertó su compasión.

-No pasa nada- le aseguró, conmovida. Se agachó también y comenzó a meter los libros en la cartera- Ha sido culpa mía. Iba sin mirar. De veras- añadió, pero él seguía muy serio.

Viktor se sentía estúpido. Si no hubiera perdido tanto tiempo esa mañana afeitándose y preparándose, no habría llegado tarde, y no habría tenido que correr. Le había podido más el miedo a no encontrarla ya, y cuando se le apareció de repente en la esquina ya era tarde para frenar.

Así se hace, Krum, se fustigó para sus adentros. Por qué de paso no la pisas? Miró abatido los pergaminos manchados que tenía en la mano y tragó saliva. Seguro que eran sus deberes. Seguro que llevaba horas haciéndolo. Muy bien, patán!

Haciendo un esfuerzo por disimular su frustración, alzó la cabeza y la miró a los ojos.

-Lo siento- repitió. Sabía que ya se lo había dicho como quince veces, pero no le parecía suficiente. Al ver la manera en que ella le miraba, el corazón le dio un vuelco y bajó la vista, avergonzado.

Por primera vez en aquella mañana, Hermione no pudo evitar sonreír. Era extraño ver a Viktor Krum, el Halcón, el mismo que ayer vociferaba órdenes en búlgaro a su equipo, disculparse una y otra vez como si temiera que ella fuera a hacerle algo.

-No te preocupes - dijo ella, buscando de nuevo su mirada- Está bien, de verdad. No pasa nada. Siempre hago un borrador de mis deberes. No todo está perdido-le aseguró, sonriéndole. Para demostrárselo, metió la mano en la cartera y extrajo efectivamente lo único que no se había caído: una pequeña carpeta con copias de papel cebolla dentro. Él no tenía por qué saber que eran simples notas del año pasado.- ¿Lo ves?

Viktor miró las hojas con recelo y pareció tranquilizarse, pero sólo un poco. Seguía pensando que había quedado como un bruto estúpido y torpe. Le tendió las hojas que había recogido y se puso en pie.

-Ya está, no ha pasado nada- sonrió ella, metiendo el último libro en la cartera y cerrándola.- Esta tinta es buenísima. El papel la absorbe enseguida.

Viktor asintió y se pasó una mano por la cabeza, nerviosamente. De repente, Hermione se echó a reír y él la miró asustado.

¿Y ahora qué?

-Tus manos -rió ella.

Viktor no se atrevía a mirárselas. Se limitó a tragar saliva muy despacio, horrorizado.

Idiota.

Seguro que las tenía manchadas de tinta. Y acababa de pasarse la mano por la cabeza. Se sintió desfallecer.

Oh, Merlin. Vete corriendo. Es lo más digno que puedes hacer después de esto.

Pensó en lo que diría Kolya cuando supiera que no sólo casi la había tirado al suelo, sino que le había echado a perder los deberes y varios libros, y además, se había quedado callado y rígido como un pasmarote durante un minuto. Y con la sien manchada de negro.

Después de aquello¿cómo iba a pedirle a Hermione que fuera al baile con él? Si sólo pudiera contener su nerviosismo. Dentro del pecho, su corazón había iniciado un trote que se convirtió en galope cuando la vio acercarse a él decididamente con un pañuelo en la mano.

-Tranquilo, está limpio-dijo ella. Viktor se preguntó qué cara debía haber puesto para que ella sintiera la necesidad de explicarse.

-Ah- fue todo lo que consiguió articular en respuesta. Quería hablarle, decirle algo, lo que fuera, pero no sabía qué ni cómo expresarlo en inglés. Se limitó a quedarse muy quieto, con la docilidad de un animal ante su amo. Ella le puso el pañuelo contra la sien y empezó a frotar suavemente para eliminar la mancha mientras le hablaba de algo referente a la biblioteca. Viktor quería escucharla, pero no podía. Su proximidad le aturdía. La tenía tan cerca que incluso podía distinguir las diminutas pecas de sus mejillas, y el minúsculo lunar que tenía cerca de la boca.

Viktor tragó saliva y deseó fervientemente que el rostro no fuera el espejo del pensamiento, porque su imaginación se había disparado hacia vías peligrosas. Se vio inclinándose sobre ella, sobre sus labios húmedos y suaves. Se imaginó sus brazos cerrándose con fuerza en torno a su cintura, estrechándola, apretándola contra él, sin más barrera que la ropa. Al llegar a este punto, Viktor pegó un respingo y se obligó a pensar en otra cosa.

Catorce años, se recriminó. Qué diría tu madre si supiera que años de modales y buenas maneras sólo han servido para que pienses en abusar de una menor.

Le cogió la mano y le quitó el pañuelo con suavidad. Hermione le miró, sorprendida, y se apartó ligeramente.

-Gracias. Ya puedo yo- razonó él, limpiándose la cabeza con más energía. ¡Milagro, su voz había vuelto! Hermione asintió con una sonrisa de aprobación y Viktor se sintió más tranquilo.

Bien, bien. Has recuperado el control de la situación. Ahora a la biblioteca. Vamos.

-¿Quierres…irr a biblioteca?- ofreció, sin apartar la mirada de su rostro.

-Oh! Sí, pero es que…ya debe de ser casi la hora de comer- respondió ella.

Viktor sintió que el corazón se le caía a los pies. Intentó no parecer demasiado decepcionado, pero eso era demasiado esperar.

-Es verrdad -musitó. Podría haber gritado de frustración. Se miró los pies, incómodo.- Bien, eh…

-¿Qué vas a hacer luego?-saltó ella de pronto.

Viktor levantó la vista, sorprendido. ¿Había esperanza?

-Nada- respondió inmediatamente- Lo que tú quierras- añadió, sin creerse que de verdad lo hubiera soltado.

Hermione enarcó una ceja, divertida. Viktor se abofeteó mentalmente. ¡En qué estaba pensando!¿Lo que tú quieras? ¿Se podía sonar más desesperado? Gracias a Merlín por su piel morena, porque juraría que se había puesto tan rojo como el uniforme de la selección búlgara.

-Si quierres…podemos irr luego a biblioteca- balbució azorado en un intento de arreglarlo- o a pasearr.

Pasear era decoroso¿no? Al ver que ella le miraba pensativa, se preguntó si había sonado irrespetuoso al sugerirle que pasearan solos. No sabía si las normas de cortejo para las chicas inglesas se diferenciaban mucho de las del resto del mundo. Él solía guiarse por la filosofía de su madre: pide siempre la mitad de lo que realmente quieres y nunca serás grosero. Pero intuía que Hermione no podía incluirse en el catálogo general de "mujeres", así que no sabía qué esperar.

¿Una bofetada?

Aparentemente no, porque Hermione sonrió.

-Un paseo estaría bien, si no nieva- concedió ella- Además, la biblioteca está demasiado llena estos días.

Viktor apenas pudo reprimir la sonrisa de satisfacción que se ensanchó por su rostro.

-Paseo entonces- dijo. Sus ojos oscuros brillaban intensamente.- ¿Dónde?

-En la puerta principal, a las tres- respondió ella con una sonrisa, antes de darse media vuelta.

Viktor asintió, y esperó a que ella desapareciera del pasillo para pegar un salto de júbilo.

Ahora sólo tenía que encontrar a Kolya. Con el corazón ligero como una golondrina, se dirigió rápidamente al gran comedor.

Por favor, que no nieve.

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-¡Un copo de nieve!-gritó Kolya, mirando por el ojo de buey del camarote.

Viktor alzó la cabeza alarmado. Al ver su expresión desesperada, Kolya se echó a reír con todas sus fuerzas. La expresión del buscador se volvió sombría.

-Vete a la mierda- le dijo, enfadado.- No tienes moral.

Aquello hizo reír aún más a Kolya. Tanto, que le dio un ataque de tos y se puso rojo.

-Lo siento- tosió, pero sin dejar de reírse. Los ojos le lagrimeaban de la risa.-Es que no puedo evitarlo. Estás demasiado gracioso, mirando cada dos por tres por la ventana.

-Me alegro de que alguien vea divertida esta situación- bufó Viktor, sarcástico.

Kolya se sentó en la cama, junto a él, y le dio una palmada en el hombro.

-Vamos, hombre. Estoy descubriendo cosas de ti que ni sabía que existían. Creo que en una sola semana has hablado más que en todos los años desde que te conozco.

Viktor gruñó, y por toda respuesta, se levantó para mirar por enésima vez que no estuviera nevando. Kolya resopló, divertido.

-Lo ves? A eso me refería!- se puso en pie y se acercó a él.- No, no está nevando, como tampoco lo estaba hace diez segundos. ¿Crees realmente que en dos minutos va a desatarse un temporal que te impida verla?-sacudió la cabeza- Realmente estás loco por ella. ¿Hola?

-¿Eh?

Kolya fingió que se golpeaba la cabeza contra la pared.

-No me estabas escuchando-acusó- Para variar.

Viktor carraspeó y tamborileó los dedos en la pared.

-Lo siento. Estaba pensando en cómo pedírselo.

-¿Qué tal "Hola, como no ha nevado, quieres ir conmigo al baile?

-¿Qué tal si te rompo la cabeza?- replicó Viktor, enfadado.

Kolya soltó una carcajada.

-Hombre, no me encantaría, pero si te hace sentir mejor…-sonrió, comprensivo- Oye, ahora en serio…yo creo que ella te dirá que sí. No tiene ningún motivo para rechazarte. Y francamente no creo que sus amigos se lo hayan pedido, porque cada vez que los veo están los dos juntos y espiando a grupos de chicas. A lo mejor se les ha pasado por alto ella- concluyó con una risita.

-Ojalá -murmuró Viktor, abstraídamente. De pronto, miró el pequeño reloj de madera de la pared y se puso en pie de un salto.- Me voy. Dentro de un cuarto de hora tengo que estar allí.

-Abrígate.-dijo Kolya con retintín- Parece que va a nevar.

Viktor le lanzó una mirada de advertencia, pero antes de salir, abrió el armario y cogió su abrigo más grueso. Por si acaso.

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Hermione miró por el ventanal del pasillo y se frotó los brazos. En realidad no tenía frío, y tampoco estaba nevando, pero por algún motivo, sentía escalofríos cada dos por tres. Aunque se había dicho a sí misma que aquello no era una cita, no podía evitar estar un poco nerviosa, y no tenía mucho sentido, porque él no le gustaba¿no?

No era su tipo. O al menos no parecía reunir lo que ella buscaba en un chico.

No podía negar que le parecía curioso el choque entre su comportamiento, tan gentil, y su fiera apariencia, pero tanto como gustarle…no. La halagaba que fuera amable con ella. No se comportaba como el resto de chicos que conocía. Se notaba que era tres o cuatro años mayor. Pero que fuera amable no significaba que estuviera enamorado de ella, como apostaba Ginny. Simplemente, se sentía en deuda con ella por haberle salvado aquel día en la biblioteca.

Simplemente quería ser su amigo, y eso era estupendo. Respondía al lema del torneo: la cooperación entre los miembros de la sociedad mágica. Miró el reloj. Eran las tres en punto. Nada más levantar la vista del reloj, y como si hubiera estado esperando el momento justo para entrar en escena, Viktor apareció al final del pasillo.

Hermione tragó saliva e inconscientemente se alisó el abrigo. ¿Por qué estaba nerviosa¡Le ponía nerviosa no saber por qué estaba nerviosa¿No había servido de nada la autoexplicación anterior?

Estás a punto de ganar un buen amigo, eso es todo, se dijo. Él se siente en deuda contigo. Sólo eso.

Pero a medida que él se acercaba por el pasillo, sin apartar la mirada de ella, Hermione sentía que respirar le resultaba cada vez más difícil. De repente, no recordaba cómo comportarse con naturalidad. Le sonrió, haciéndole un pequeño gesto con la mano, y él le devolvió la sonrisa.

Hermione arqueó las cejas, asombrada. ¿Era ahora, o siempre había tenido aquella sonrisa tan dulce? Bajó la vista, y se llevó disimuladamente una mano a la mejilla. Se había puesto roja, de eso estaba segura. Vio sus botas negras detenerse junto a ella.

-Hola- oyó que la saludaba.

Hermione levantó la vista. Viktor llevaba un abrigo marrón muy grueso, con un voluminoso cuello de piel que prácticamente sólo dejaba al descubierto su rostro. Se había puesto un gorro de piel ruso, y bajo la frente morena, refulgían sus profundos ojos negros. Hermione trató de apartar la vista de ellos, pero tenían un extraño efecto hipnótico.

-Hola- respondió ella finalmente, saliendo del letargo. Se sentía como un conejo hechizado por una boa.

-Aún quierres pasearr?- preguntó él suavemente, mirándola con cierta ansiedad- Si no quierres pasa nada.

Tragó saliva. No sabía si había articulado bien la frase, pero le daba igual. Ella le sonrió.

-Claro que quiero. Podemos ir por la zona del lago- ofreció, haciendo un gesto de cabeza hacia la puerta.- ¿Vamos?

Viktor sonrió y la siguió. Hermione abrió la puerta y se hizo a un lado para que él pasara, pero Víktor se negó.

-Después de ti- murmuró suavemente, aguantándole la puerta.

Hermione soltó un pequeño resuello de agradable sorpresa. Aparte de Sirius y su padre, nadie le había aguantado nunca la puerta. Harry alguna vez. Ron jamás. No sabía cómo catalogar la actitud de Víktor. Parecía anticuada, porque hoy en día nadie se comportaba así. Sin embargo, no estaba segura de que ése fuera el adjetivo exacto.

Comenzaron a bajar por el camino en dirección al lado, y durante unos minutos lo único que salió de sus bocas fue vaho. Hermione casi podía oír los engranajes de la cabeza del búlgaro gestando las frases, pero no dijo nada, dándole tiempo a construirlas bien.

-Ehm- carraspeó él. Se pasó la lengua por los labios, como para infundirse ánimos, y dijo:- Un amigo me dijo que erres muggle.- alarmado, constató que la expresión de Hermione perdía brillo y ganaba cautela. ¡Idiota! Rápidamente, añadió- Me-me gustarría mucho saberr…cosas sobre sociedad muggle. Sobrre…ti.- bajó la vista, avergonzado- Perdón si no está bien pregunta.

Hermione sonrió de alivio. Por un momento, se había acordado de que Durmstrang sólo aceptaba purasangres y había creído que Viktor iba a despreciarla. Afortunadamente, se trataba de simple curiosidad.

-No te preocupes, no es una mala pregunta- sonrió ella- La verdad es que debería ser una pregunta normal.- se quedó en silencio durante unos segundos y luego dijo- Sabes, en el mundo muggle, la magia sólo existe en los cuentos. De hecho, los padres les dicen a sus hijos que si no son buenos vendrá una bruja a llevárselos. Para los muggles, las brujas dan miedo.

Viktor arqueó una ceja, divertido.

-¿Te daban miedo?- preguntó. Le resultaba difícil de imaginar.

Hermione se echó a reír.

-No, porque estaba convencida de que no existían.- Víktor se echó a reír con ella, y Hermione no pudo evitar pensar que sonaba muy agradable.-Pero los fantasmas me daban miedo. Cuando era pequeña, dejaba a veces la luz encendida.

Viktor frunció el ceño, desconcertado.

-¿Por qué?

-Porque…- dios, nunca lo había pensado, pero realmente era ridículo.- Porque parece que las cosas malas sólo pueden pasarte en la oscuridad. Creía que si dejaba la luz encendida al menos vería si algo se me acercaba.

-Perro aquí tenéis fantasmas.-señaló Víktor.

-Sí, y a excepción del Barón, ninguno da demasiado miedo- explicó ella- Bueno, Peeves casi da miedo de lo pesado que es, pero nada más. ¿Tenéis fantasmas en Durmstrang?

Viktor negó con la cabeza. Le hacía gracia cómo había pronunciado ella el nombre de su escuela, casi sin erres.

-No. No es diverrtido…como aquí.-murmuró, y se quedó en silencio, como perdido en sus pensamientos.

Hermione le miró con curiosidad. Su cambio de ánimo había sido tan notorio que no podía por menos que preguntarse el motivo. Le puso la mano en el brazo, sorprendiéndole.

-Fue en la escuela donde empezó a gustarte el quidditch?- le preguntó, intuyendo que aquello le gustaría.

Funcionó, porque sus ojos oscuros se iluminaron y sonrió.

-Sí. Yo…tenía un herrmano que jugaba a quidditch- explicó, sonriendo con dulzura- Vassilij.

-¿Tenías?- preguntó ella, no muy segura de que él no hubiera confundido los tiempos verbales.

-Murrió- respondió él simplemente.

Hermione se puso roja y le miró contrita, pero antes de que pudiera decir nada para disculparse, Viktor negó suavemente con la cabeza y dijo:

-Está bien. Hace años ya. Yo iba siemprre con él. Fans de Vrasta Vultures los dos. Cuando él murrio, yo cogí su escoba y…-se detuvo, indeciso.

-¿Te entrenaste?- le ayudó ella.

-Me entrenaste- afirmó él.- Quierro decir…me entrrené.- internamente, deseó no estar haciéndolo tan mal como a él le parecía.-Yo querría serr un buen buscadorr, como él.

Hermione sonrió conmovida. Nunca hubiera pensado que detrás de Viktor hubiera una historia tan tierna.

-Entonces debes estar contento- le dijo- Porque ya lo eres. Te ví en los Mundiales de este año¿sabes? Oh, creo que ya te lo dije.- mierda, se estaba poniendo roja.- Fui con mis dos amigos, Harry y Ron. No sé si los conoces. Oh, claro que los conoces, cómo no los vas a conocer. Harry está contigo en el torneo y… Ron… es…bueno, el pelirrojo que está siempre con nosotros…-se detuvo, horrorizada, sin atreverse a mirarle.

¿Qué te pasa, Hermione¿Des de cuándo dices tantas tonterías! Contrólate!

-Conozco- asintió Viktor, sonriendo amablemente. No podía dejar de mirarla. Le daba igual si era de psicópatas o no. Adoraba su pequeño rostro, el brillo de sus ojos cuando hablaba, la dulzura de su sonrisa. Nunca antes había sentido un deseo tan irreprimible de decirle cosas bonitas a nadie. Tenía la sensación de que ella era la única que se las merecía todas.

Pídeselo. Vamos.

-La verdad es que Harry es muy conocido- continuó Hermione, ajena a la adoración de Viktor - Por ser el único que ha sobrevivido a…ya sabes.- Viktor asintió- Pero supongo que debe pasarle lo mismo que a ti. Es muy conocido, pero nadie sabe como es realmente. Es decir- sintió que las mejillas se le ponían rojas ante el escrutinio de búlgaro- que a pesar de su fama, a veces está más solo que nadie.

Viktor se detuvo en seco y se volvió hacia ella. Hermione le miró, extrañada.

-¿Qué ocurre…Viktor?- la intensidad de su mirada hizo que se le extinguiera la voz.

Viktor tragó saliva. Quería cogerle la mano, pero no se atrevía. En lugar de eso, desvió la mirada hacia el lago.

-Erres…inteligente- dijo, con un nudo en la garganta- No sólo de librros. También de perrsonas.- tomó aire- Nunca he hablado…con chica…como tú.

Vale. Era oficial. Ya estaba más roja de lo que había estado en toda su vida. Al ver su silencio, Viktor quiso pegarse. ¿Había ido demasiado rápido?

-Chicas son norrmalmente…muy tontas- explicó atropelladamente para arreglarlo- Grritan, hacen…- a falta de palabra, Viktor hizo el gesto de una caída de ojos y Hermione se echó a reír.- Ellas siemprre dicen "Viktor Viktor", y nunca estoy trranquilo. Ni en biblioteca.-añadió casi en susurros.

Hermione asintió, solidarizándose con él.

-Están alteradas por el baile- dijo, casi escupiendo la palabra- Desde que se enteraron de que se celebraría, ya no puedes dar un paso sin que las veas cuchicheando sobre el vestido que llevarán o persiguiendo a algún pobre desgraciado.-Hermione chasqueó la lengua, indignada- Es patético. Vamos a bajar por aquí, el otro camino está helado- le dijo, desviándose por un sendero que parecía más limpio de nieve.

Viktor la siguió, intentando que no cundiera el pánico. Ahora era el momento de pedírselo. Ahora o nunca. Apretó el paso para seguirla, pero de repente, el hielo del camino le hizo resbalarse y la empujó sin querer.

Hermione soltó un grito y se cayó de culo para atrás, como si hubiera decidido sentarse repentinamente. Viktor, cuyos reflejos le habían librado de caerse también, se quedó de pie, deseando que se le tragara la tierra.

Hermione le miró y se echó a reír a carcajadas.

-Oh, Dios-gimió, dando una palmada al suelo nevado- ¿Tan difícil es estar de pie contigo?

Viktor tragó saliva, azorado, pero al ver que el comentario no tenía malicia, se echó a reír también y se acercó para ayudarla a ponerse en pie.

-Bueno, yo tenía razón.-dijo Hermione entre risas. Aceptó la mano que él le ofrecía- Este camino no estaba helado; estaba totalmente congelado-dijo, y los dos se echaron a reír, sin saber muy bien por qué les parecía tan gracioso.- Mejor que salgamos de aquí. No ha sido una gran idea venir hacia el lago después de todo.

Viktor asintió e hizo ademán de salir del camino. En ese momento, Hermione, que estaba comentando algo sobre la sal y la nieve, dio un paso al frente y se deslizó por el hielo como si llevara patines.

-¡Viktor!- gritó alarmada. El búlgaro rápidamente saltó hacia delante y la abrazó por los hombros, doblándose. Parecía que estuviera secuestrándola, o arrastrándola en el mejor de los casos. Caminando con mucho cuidado, Viktor la arrastró fuera del camino, hasta dejarla en el terraplén. Hermione estaba roja del frío y del rubor.

-Lo siento-se disculpó, avergonzada.-Normalmente no soy tan patosa. En serio- se apartó nerviosamente el pelo de la cara y se arregló el abrigo, que se le había torcido y estaba mojado por atrás de la caída anterior.- ¿Lo ves? Todo es por culpa del baile. Empezamos a hablar de él y me caigo. Menos mal que no pienso ir.

Viktor se quedó blanco. ¿Cómo que no iba a ir¡Pero tenía que ir¡Iba a pedírselo! Mierda, mierda! Si por lo menos Kolya estuviera ahí para interpretar la situación! La miró, consternado, y finalmente preguntó:

-¿Puedo preguntar porr qué no quieres ir a baile?

Hermione bajó la vista, incómoda, y se hizo un extraño silencio de varios segundos.

-Porque es una estupidez.- respondió finalmente.

-Ah.-dijo él. Sintió que se le caía el alma a los pies. Estaba desesperado, y no sabía cómo salir del trance- Yo…crreí…-se calló, frustrado. Cuando más necesitaba las palabras, más huían de él. Soltó un taco en búlgaro.

-¿Tú creías?-le dijo ella, como animándole a que continuara.

Viktor tragó saliva y la miró, dolido.

-Crreí que tú irrías con Harry Potter. Tu…amigo- tartamudeó.

-No-dijo ella amargamente.- En realidad, no me lo ha pedido nadie. Esperaba que lo hicieran pero…bueno. No soy precisamente la chica más guapa de Hogwarts. A algunos es lo único que parece importarles.-añadió, pensando en Ron.

Viktor dio un paso hacia ella, clavando sus ojos en los suyos intensamente. Hermione advirtió que estaba muy nervioso: su respiración se había acelerado, y no parecía que el frío fuera la causa.

-Si…si una perrsona te pidierra…tú dirrías sí?- preguntó.

Hermione le miró, sorprendida.

-No lo sé- respondió sinceramente- No se ha dado el caso.

Viktor cerró un momento los ojos, como para reunir todo su coraje, y dijo:

-Si si yo te lo pidierra…tú querrías…venir…conmigo? Al baile.

Hermione pestañeó, desconcertada, y le miró como si no le conociera.

-¿Conmigo? Tú- le señaló, incrédula- quieres ir conmigo?

Viktor se preguntó dónde estaba el enigma. Asintió, con el corazón en un puño.

-Pero…- empezó ella, y él sintió miedo- No lo entiendo. Siempre tienes a chicas pisándote los talones. Chicas guapas.-añadió.-Estoy segura de que no te dirían que no. Podrías ir con alguien mejor. Podrías ir con quien quisieras.

-Tú erres mejorr. Quierro ir contigo!-repuso él, desesperado. ¿Qué tenía que hacer para que le creyera? La miró. Parecía sorprendida por su arrebato, así que suavizó el tono- No he pedido nadie más porrque sólo querría prreguntarrte a ti. Si tú dices no, yo…bailarré con Karkaroff.

Hermione anotó sorprendida que ésa era la frase más larga que le había oído, y se echó a reír. Viktor aún estaba pálido por el mal trago, pero se alegró de que su chiste tuviera éxito. Se quedó mirándola en silencio, expectante.

-Sí.-susurró Hermione, finalmente, fijando tímidamente la mirada en la piel de su abrigo- Me gustaría mucho ir contigo.

Víktor jadeó de alivio y una sonrisa le iluminó el rostro. ¡Victoria! Ni en los Mundiales del 93 había sentido tanta felicidad. Hubiera querido abrazarla, pero dudaba que fuera correcto. En lugar de eso, se frotó las manos. El corazón le iba al galope. Su felicidad era tan evidente que Hermione se río con timidez.

-Tienes frrío- observó él entonces, mirando su nariz roja. Le ofreció su brazo, a la antigua usanza, y preguntó-¿Volvemos?

Hermione miró el brazo como si fuera la primera vez que veía uno.

-Sí- respondió, sonriendo con timidez y preguntándose de dónde le venían de pronto las ganas de soltar una risita estúpida. Bajo la ardiente mirada de él, aceptó su brazo y bajó la vista con recato cuando sintió que la mano enguantada del búlgaro cubría la suya.-Volvamos.

Quince minutos más tarde, una Hermione con el rostro rojo como el traje de Santa Claus irrumpía en la sala común de Gryffindor. Ginny, que estaba leyendo junto al fuego, la miró enarcando una ceja.

-¿De dónde vienes? Los chicos han ido a buscarte a la biblioteca.

Hermione se acercó, sin poder ocultar la sonrisa que le surcaba el rostro de oreja a oreja.

-Ginny- dijo, como sin aliento-¿Crees que aún puedo encontrar un vestido de fiesta en Hogsmeade?


De qué color quieres que sea el vestido de Hermione, rosa como en la peli o azul como en el libro? Con volantes o sin volantes? Demuéstrame tu amor a esta historia con un review!