No me matéis por la tardanza! He estado muy muy ocupada y encima me he quedado sin ordenador! Tened piedad de mí :D.

A aquellas que leéis Muérdago y Mortífagos: tranquilas, que no me olvido de esa historia! El próximo capítulo estará subido pronto!

Respecto a este capítulo: no, el baile será en el próximo, pero las pasiones están que arden! Ron está enfadado, Hermione nerviosa, Viktor ansioso, Ginny emocionada…¿qué puede pasar el día antes?

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-No.

-¿Estás seguro? Sabes que eres un bocazas. Podría habérsete escapado en un momento u otro delante de él.

Kolya le miró, evidentemente ofendido por la acusación.

-Yo no he dicho nada- respondió a la defensiva.-Te lo juro.

Viktor se pasó una mano por la cabeza nerviosamente. Llevaba cinco minutos paseándose arriba y abajo del cuarto. Ni siquiera se había quitado aún el uniforme de entreno, manchado y sudado.

-Pues es imposible que no hayas sido tú.-insistió- Aparte de mi, sólo tú sabías que iba a ir con ella al baile. Yo no se lo he dicho a nadie más. No tiene sentido,

-Ah. Sin embargo sí tiene sentido que yo vaya a Karkaroff a contárselo.- repuso Kolya con sarcasmo- ¡Oh sí, ya lo recuerdo! "Karkaroff, querido amigo, te hace un vaso de vodka? Me gustaría que me contaras tu truco para rizar tu barba y ah, de paso, sabes con quién va mi mejor amigo, a quien nunca traicionaría, al baile?"

-Pues si no has sido tú, cómo se ha enterado?- exclamó Viktor, irritado.

-¡Yo qué sé! ¿Crees que soy del servicio de inteligencia de Karkaroff? A lo mejor alguien os ha visto juntos y le ha ido con el cuento. No es por nada, pero no te faltan enemigos. Vodia, por ejemplo, estaría muy contento de amargarte la vida.

Viktor ladeó la cabeza ligeramente, sopesando las palabras de Kolya. En las dos o tres veces que se habían visto después de la petición en el lago, juraría que no había nadie cerca, pero todo podía ser.

-Es posible-admitió lentamente- pero nunca hemos quedado cerca de un lugar concurrido. Es más, estoy seguro de que no había nadie cerca.

Kolya frunció el ceño.

-¿Y si ella se lo hubiera contado a alguien en un ataque de emoción?

-Imposible.- sentenció Viktor, bastante seguro de que Hermione no era propensa a los "ataques de emoción"- Yo le pedí que lo mantuviéramos el secreto y ella estuvo de acuerdo en que era mejor así. Sé que nunca me traicionaría.

-Gracias por la parte que me toca- comentó Kolya, arqueando una ceja.

Viktor se dejó cer sobre la silla de su escritorio y suspiró con cansancio. Empezaba a notar en las sienes las familiares punzadas de una jaqueca.

-Está bien. Lo siento.- murmuró, tocándose la frente-Es sólo que no me esperaba esto.

Kolya le miró y frunció el ceño al verle tan preocupado. Era raro ver a Viktor en aquel estado de agitación. Nunca le había visto dejarse llevar por los nervios o por la angustia. Tenía una paciencia y una sangre fría admirables. Por eso, verle ahora angustiado le chocaba. Normalmente era al revés.

-¿Tan malo ha sido?- preguntó suavemente- Lo que te ha dicho Karkaroff.

Viktor se mordió el pulgar abstraídamente. Sus ojos oscuros estaban fijos en el suelo.

-No sé si ha sido tan malo o ha sido simplemente la sorpresa por su estallido.- respondió finalmente, apesadumbrado-No me lo esperaba en absoluto.

-¿Qué te ha dicho exactamente?

Viktor le miró con tristeza. Sobre el escritorio, su mano se habíoa cerrado en un puño y se movía ligeramente, como si estuviera sellando algo inconscientemente.

-Bueno, ha estado quince minutos gritando. Resumiendo: es una vergüenza que haya elegido como pareja a una sangresucia. Es una deshonra para lo que Durmstrang representa, para mi posición y mi familia, e incluso para mis amigos. Me ha ordenado que cambie de pareja.

Kolya parpadeó, impresionado.

-¿Y qué le has dicho tú?- preguntó.

-Que o iba con ella o no iba. -respondió Viktor, mirándole a los ojos. Sus pupilas oscuras ardían agresivamente .- Así que no intentara hacerme cambiar de opinión.

Kolya abrió la boca de par en par, hasta que hizo juego con sus ojos desorbitados. Aquello era demasiado y necesitaba tiempo para computarlo. Durante varios segundos no se oyó nada, excepto el tic tac del reloj de mesa de Viktor.

-Tú…tú has desafiado a Karkaroff? – consiguió articular finalmente. Hablaba como si acabara de ver a su abuelo resucitado.

-No es desafiar- corrigió Viktor- Es dejar las cosas claras.

-No, es tener ganas de morir- gimió Kolya, conmocionado.- ¡Estás…estás loco! Más te vale ganar la copa del torneo, o nunca te lo perdonará. Lo sabes, no?

-Soy perfectamente consciente de ello- respondió Viktor secamente. – Lo hecho, hecho está. No tengo que pedir excusas por nada.

-Sí, pero tú nunca…bueno, no me malinterpretes- advirtió Kolya, anticipando las justificaciones por si acaso.- …pero…quiero decir, es la primera vez que te has negado a hacer algo que Karkaroff te ha pedido.- vio la expresión sombría de Viktor y se apresuró a añadir.- No es que crea que eres un lameculos, ya sabes, pero…!

-Ya, ya - gruñó Viktor, interrumpiéndole con un gesto con la mano. –Antes no me importaba decir que sí. No me jugaba nada. Pero no en esto. No puedo permitirlo. No cuando se trata de mi relación con ella. ¿Qué te hace tanta gracia?- le espetó de pronto, al ver la expresión socarrona de Kolya.

-Nada, nada.- se excusó éste rápidamente- Cualquiera diría que en vez de ir al baile le has pedido matrimonio.- remató, y se echó a reír.

-No digas tonterías.- resopló Viktor, frunciendo el ceño- Ella es demasiado joven.

A Kolya se le cortó la risa de golpe. Se puso en pie de un salto y se quedó mirando a su amigo de hito en hito, como si no pudiera creerse lo que acababa de oír.

-Creo…creo que no te he entendido bien. -dijo- ¿Has dicho que ella es demasiado joven para casarse?- tosió, atónito- Es decir, que si no tuviera quince años se lo pedirías?-se quedó mirándole y abrió mucho los ojos- OH MERLÍN!- estalló en carcajadas- SE TE HA PASADO POR LA CABEZA! QUE VENGAN TODOS! EL GRAN KRUM…

Viktor saltó de su asiento y le tapó la boca, temiendo que alguien pudiera oírle.

-Mmmmmmm!

-¡Yo no he dicho eso!- le siseó Viktor furiosamente, mirando preocupado hacia la puerta por si alguien lo había oído. Se volvió hacia él, que le miraba amordazado, y le ordenó- No grites! Vas a estar callado?

Kolya asintió obedientemente y Viktor le soltó. Kolya movió la mandíbula como si se le hubiera agarrotado.

-Día 23 de de Diciembre- anunció muy serio, como si estuviera dictando - Hoy, mi amigo, además de pederasta, está completamente loco.

-No soy un pederasta- se defendió Viktor, lanzándole una mirada sombría- Sólo nos llevamos 3 años. Ella cumplió los quince en septiembre.

-Ya, pero tú tienes dieciocho. Técnicamente, eres un adulto. Uno abusón.

Viktor optó por ignorar la provocación. Se quedó observando pensativamente el ojo de buey.

-Me pregunto cómo se habrá enterado Karkaroff.

-Me encanta cuando cambias de tema. – dijo Kolya, imitando su tono. Dejó escapar un profundo suspiro y se puso erio- Sea quien sea, lo sabremos pronto. De todas maneras, Karkaroff no tiene otra opción que aceptar lo que hay. No puede matarte en Hogwarts, si te sirve de consuelo.

-Qué bien.

-Sí, son buenas noticias. Aprovecha para pasar lo que te queda de vida junto a ella estos meses- añadió Kolya, guiñándole un ojo.-Por cierto, has pensado en la estrategia de mañana?

Viktor se volvió hacia él como si acabara de recordar que estaba ahí.

-¿Qué estrategia?

-Mañana es el baile. Ya sabes, chico, chica, bailar, jijí, jajá…-arqueó una ceja al ver que Viktor le miraba como si se hubiera vuelto loco- Joder, Viktor. Ya sabes a qué me refiero. ¡Mover ficha!

Viktor le miró enfadado.

-No voy a "mover ficha". Tú lo has dicho. Tiene quince años. No voy a tirarme sobre ella como si fuera un lobo.

-¿Y si ella te lo pide?- preguntó Kolya entre risas.

Viktor se preguntó de dónde le venía aquel deseo repentino de estrangular a su amigo. Le molestaba que le hablara de aquel tema tan íntimo. Y más cuando concernía a Hermione.

-Ella no es una chica cualquiera y yo no soy un animal.- respondió secamente.

Pero la prudencia no era una de las virtudes de Kolya.

-¿Ni un besito? -insistió.

-A dormir, Kolya- resoplí Viktor con hastío- Cuando se te pasa tu hora te pones muy pesado.

Kolya se rió entre dientes y se dirigió hacia la puerta.

-Sí, sí, a dormir, Kolya, qué tonterías dices. Ya veremos cuando tengas que darte una ducha fría después del baile. Entonces te acordarás de mí…y llorarás.

Viktor le miró con los ojos entornados y una sonrisa socarrona bailándole en las comisuras de los labios.

-Como si tú fueras a llegar muy lejos con la chica del puñetazo.

-Señorita McKenzie para ti- corrigió Kolya, molesto-Y para que te enteres, es todo dulzura.

-¿Eso quiere decir que ya la has besado?- preguntó Viktor, conteniendo las ganas de reír al ver su expresión ofendida.

Kolya frunció los labios contrariado.

-Bueno, no.-admitió entre dientes.- Pero eso está cerca.

-Ah.Ya veo- comentó Viktor, arqueando las cejas con condescendencia. Ahora era su turno de reírse de las desgracias amorosas de Kolya. Echó la silla para atrás y se balanceó distraídamente, mirándole divertido.-Exactamente, ¿cómo de cerca?

-Mil veces más cerca que tú.- respondió con retintín-Para empezar, tiene 17, lo cual allana el camino.

-También tiene unos buenos nudillos, por lo visto-repuso Viktor- Habrá que ver cuantos dientes te cuesta ese primer beso.

-Oh, cállate -bufó Kolya. Se había puesto rojo, pero no de enfado sino de vergüenza. Viktor se echó a reír. Siempre le había parecido muy curioso ver a Kolya sonrojarse. Era de aquellos fenómenos que sólo sucedían una vez cada cien años.

Kolya carraspeó.

- Me alegro de que te haga gracia. Bueno, qué-nos vemos allí para la cena?- preguntó, con un gruñido.

Viktor asintió.

-Me ducho y voy para allá.

Kolya asintió a su vez y sin decir nada más, salió del camarote. Viktor meneó la cabeza, incapaz de borrar la sonrisa de su rostro. Kolya era ruidoso, era parlanchín, era irónico y malicioso, pero la vida era mucho más divertida a su lado, por más que a veces resultara un incordio. También estaba el factor de la lealtad.

Viktor sabía que podía contar con él, y tenía el presentimiento de que no tardarían en saber quién le había contado a Karkaroff que el gran Krum iba con una sangresucia al baile.

Viktor soltó una maldición entre dientes mientras se quitaba la ropa de un tirón. Nunca le había dado importancia a aquel tema antes. Quizá se debía a que nunca había tenido que preocuparse por la pureza racial porque todas las personas que conocía eran purasangres. ¿Importaba que Hermione no lo fuera? ¿Acaso era menos humana? ¿Menos hermosa? ¿Menos inteligente?

¿Tenía que frenar lo que sentía sólo porque había alguien que creía que Hermione no era digna de ser amada?

Había cosas que Viktor nunca entendería. Y ya estaba demasiado enamorado como para echar marcha atrás.

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-¿No es un poco…?

Ginny se quitó el alfiler de la boca para sujetar la tela en el hombro de Hermione y la miró a través del espejo.

-¿Un poco qué?

Hermione se pasó las manos por la suave tela del vestido, alisándoselo nerviosamente.

-Un poco…no sé, impropio?

Ginny puso los ojos en blanco.

-¡Hermione, por favor, no tienes 90 años!-exclamó- Y el vestido no es impropio para nada, estás guapísima.-sentenció, tirando un poco de la tela de la cintura y apartándose para admirar su obra- Ya verás cuando todo el mundo te vea.

-Pero no parezco yo-repuso Hermione, poniéndose de perfil y observándose- Me siento como disfrazada. Como si fuera otra persona.- suspiró.- Es…extraño.

-Bueno, de eso se trata, ¿no?- dijo Ginny- Durante una noche, serás otra persona. Serás…

-Una chica?- acabó Hermione, imitando lo que le había dicho Ron una semana antes.

Ginny abrió mucho los ojos y se echó a reír a carcajadas. Hermione no pudo evitar secundarla. Aquel episodio en el que Ron se había vuelto hacia ella y le había dicho: "Hermione…tú eres una chica!" aún la hacía reír, aunque al principio se había sentido dolida. Ginny se llevó las manos a los costados, que empezaban a dolerle de la risa.

-Oh, Merlín-gimió, con el rostro rojo- No puedo tener un hermano tan tonto. Debo ser adoptada.

-No te quepa ninguna duda -dijo Hermione, tosiendo ligeramente.- Hay que ser bruto…

-No se lo creerá cuando te vea-dijo Ginny, con los ojos brillantes por la emoción- Estás tan guapa! Mi madre opinaría lo mismo, seguro. El vestido es muy bonito. Ojalá el mío fuera así.

-Nada de eso- se apresuró a consolarla Hermione- Es muy bonito y seguro que a Neville le da un infarto.

-Espero que no- se rió Ginny, imaginándose a su pareja cayendo fulminada en la pista- ¡porque quiero bailar toda la noche! A quien le va a dar algo va a ser a Krum.- dijo, guiñándole un ojo a Hermione.

-Oh.- Hermione se puso roja al oír su nombre y se dio la vuelta para quitarse el vestido, cuidando de no clavarse los alfileres- No creo. No es de esos chicos.

Ginny sonrió con malicia y carraspeó.

-Ya. No quiero parecer mi hermano, peero…Viktor es un chico. Y bien masculino por cierto- añadió, como un segundo pensamiento.- No creas que se le va a pasar por alto ese bonito escote.

Hermione se llevó las manos a la cara. La tenía tan caliente que podría haberse tostado las palmas.

-Repite eso y no me pongo el vestido mañana- murmuró, azorada.- Espero que no piense que me estoy exhibiendo.

Ginny arqueó una ceja.

-Si lo piensa es que no te conoce.-dijo suavemente.- Quieres dejar de preocuparte? Eres la mejor alumna, este vestido es precioso, tú estarás preciosa, y encima te va a llevar al baile la estrella de quidditch más deseada del momento. Un chico maduro, extranjero y terriblemente guapo que además está loco por ti!- abrió mucho los ojos y resopló- Yo voy con Neville y mi vestido es gris y de segunda mano. ¿Crees realmente que puedes quejarte?

-Ir con Neville no es un castigo, Ginny- le reprochó Hermione, vistiéndose de nuevo con el uniforme para bajar a cenar- Es un gran chico y te aseguro que es de largo mejor bailarín que Harry.

-Sí, es cierto. Y al menos se ha dado cuenta de que existo.- dijo Ginny, pero en su sonrisa había una nota de tristeza. Se quedó unos segundos en silencio, mirándose al espejo, y murmuró con suavidad- No todas podemos ser tan guapas como Cho Chang, ¿verdad?

Hermione se acercó a ella por detrás y la abrazó.

-No necesitas ser como Cho para ser maravillosa, Ginny-le dijo.- Olvídate de lo que pueda pensar Harry. Él y Ron son unos niños.- le apretó cariñosamente el brazo- Tú ya eres la mejor, y te mereces bailar mañana hasta que no puedas más.

Ginny apretó los labios en una línea tensa y asintió. Había un brillo emocionado en sus ojos cuando se volvió hacia Hermione y la cogió de la mano.

-Mañana-le dijo apasionadamente- Mañana, las empollonas y las hermanas pequeñas ganamos. Por una noche, la victoria va a ser nuestra.

Hermione sonrió.

-Como en Cenicienta.- De pronto, miró el reloj, y tiró de Ginny- ¡Llegamos tarde a cenar!

-¿Qué es Ceni…?- inquirió la pelirroja mientras bajaban apresuradamente las escaleras en dirección al gran comedor.

-Oh, es un cuento muggle-le explicó Hermione.- Cenicienta es una chica guapa y buena a la cual sus hermanastras y su madrastra tratan muy mal.

-Como Fred y George!

Hermione se rió.

-Algo así. Un día, hay un gran baile en el que el príncipe del reino elegirá una esposa entre las que asistan, pero ella, evidentemente, no está invitada.

-La entiendo-suspiró la pelirroja. Esquivó a un par de alumnos de primero que iban perdidos y se volvió hacia Hermione con interés- ¿Y qué hace ella?

-La madrastra y sus hermanastras se marchan al baile y ella se queda sola llorando, pero entonces, se le aparece un hada madrina.

-¿Qué es eso?-preguntó Ginny, arrugando la nariz.

Hermione arqueó las cejas, sorprendida por la pregunta. ¿Era posible que no supiera qué era un hada madrina siendo bruja?

-Bueno…es…ehm…algo así como una bruja…

-¿Y se aparece así, sin más? ¿Y qué hace el Ministerio de Magia? No puede aparecer ante una muggle!-se escandalizó Ginny.

-Eso da igual. No había Ministerio entonces-solucionó rápidamente Hermione- Digamos que el ha…la bruja le hace un vestido precioso y una carroza para que pueda asistir al baile. Pero…

Ginny se detuvo en medio del pasillo, embebida por la historia.

-¿Pero?

Hermione tiró de ella.

-Sigue caminando. La bruja le dice que asista al baile, pero que la magia desaparecerá a las 12 de la noche. Cenicienta asiste y por supuesto, es la más guapa del baile- había una nota de sarcasmo en la voz de Hermione- Tanto, que el príncipe se enamora y sólo baila con ella. Pero llega medianoche y ella sale corriendo antes de que pueda decirle quién es.

-¡Oh, no!- exclamó Ginny, entrando en el comedor.

-¿Qué ocurre?- preguntó Ron, acercándose a ellas.

-Nada, me está explicando una cosa- respondió rápidamente Ginny- No es cosa tuya. Vete con Harry.

Ron arqueó una ceja con suspicacia y las miró, ofendido.

-Ah, claro. Secretitos.- dijo con resentimiento, sentándose junto a Harry.

-Cállate, Ronald-bufó su hermana, sentándose en el banco y dejando espacio a su lado para que se sentara Hermione-¿Qué pasó entonces?

-El príncipe se vuelve loco buscándola, y la única pista que tiene para encontrarla es un zapatito de cristal que ella se olvidó al huir.

-Podría hacer un hechizo para que el zapato le llevara hasta la dueña- dijo Ginny, pensativa.

-Ya, pero es que es un cuento muggle y ahí la única con "poderes mágicos" es el ha…la bruja.-explicó Hermione.

-Sigue-la instó Ginny.

-El príncipe decide probarle el zapato a todo el mundo, hasta dar con ella, y entonces…

-Espero que no fuera un país muy grande.

Hermione se quedó pensativa.

-No, no lo era.- no lo sabía, pero daba igual- Entonces llega a casa de cenicienta, y por supuesto las hermanastras se lo prueban, pero ninguna logra meter el pie en el zapato porque era muy pequeño, y no quieren dejar que Cenicienta lo haga porque sospechan de ella.

-Cerdas.- bufó Ginny indignada.

-Sí, unas brujas.- resopló Hermione, pero al ver la cara de confusión de Ginny, se corrigió.-Unas arpías, quiero decir. De todas maneras, el príncipe insiste en que Cenicienta se pruebe el zapato también y entonces se da cuenta de que es ella, y se casan.

Ginny suspiró embelesada. Hacía un minuto que tenía un bollo de calabaza en la mano, sin morderlo.

-Me gusta ese cuento- dijo, en tono soñador- Me gusta porque es como nosotras.

Hermione se rió y se echó verduras en el plato.

-Bueno, por eso te lo he contado.

De pronto, sintió que alguien le tiraba una miga de pan y se volvió con cara de pocos amigos hacia sus compañeros de mesa.

-¿Vas a decirnos de una vez con quién vas al baile, o vas a estar toda la noche cuchicheando con Ginny?- saltó de repente Ron.

Hermione le dedicó su mejor ceño fruncido.

-Déjame en paz. No te importa.

-Entonces será que es mentira, y que lo único que te pasa es que no quieres pasar la vergüenza de admitir que no tienes con quién ir.- repuso Ron, indignado por la negativa.- Pues si estás sola es porque quieres. No cuentes conmigo. Voy con Padma Patil, que lo sepas.

Hermione no se molestó en mirarle. De todas maneras ya lo sabía; Ginny se lo había dicho.

-Felicidades.- dijo, con total indiferencia.

Ron se puso frenético.

-Es una orgullosa, ¿has visto?- le siseó a Harry en tono ofendido.

Harry se limitó a encogerse de hombros y a guiñarle un ojo a Hermione. Ella le dedicó una pequeña sonrisa furtiva. De pronto, Ginny le dio un codazo.

-Ya ha llegado tu príncipe azul.- susurró, haciendo un imperceptible gesto de cabeza que pasó totalmente desapercibido para el ultrajado Ron.

Hermione alzó con cuidado la vista y sus ojos hallaron los de Viktor, que iba de camino a la mesa de Slytherin, acompañado de aquel chico flaco de nariz aguileña que iba siempre con él. Al verla, él le dedicó una pequeña sonrisa y ella no pudo evitar sonreír a su vez.

Ron lo vio y se dio la vuelta inmediatamente para mirar a quién había sonreído Hermione. En ese momento pasaba Severus Snape por el pasillo. Ron se quedó lívido y se volvió hacia Hermione como si le hubiera dado un ataque de apoplejía.

-¿¿¿Con Snape?

Hermione y Ginny estallaron en risas.

Después de la cena, todos los estudiantes se dispusieron a marcharse a sus respectivas casas. Ron caminaba un par de metros por delante de ellas, cuchicheando furiosamente con Harry y volviéndose de vez en cuando para mirar a Hermione. Esta no tenía ninguna duda acerca de cúal era su tema de conversación.

De pronto, sintió que alguien le tocaba el brazo y se volvió. Para su sorpresa, vio que se trataba del amigo de Viktor, aquel chico delgado de perilla oscura que siempre iba con él. El chico hizo un gesto con la cabeza y vio a Viktor, esperándola varios metros atrás, semioculto por una cortina.

Hermione asintió en silencio y se volvió hacia Ginny.

-No te preocupes-le dijo esta rápidamente- Te espero en la escalera. Así no sospecharán nada.

Hermione asintió y esperó a que el pasillo quedara desierto para dirigirse con disimulo hacia donde la esperaba el buscador. Éste descruzó los brazos y se irguió cuando la vio llegar. En su rostro había una sombra de barba que Hermione juzgó muy favorecedora. Si más no, al menos le hacía parecer mayor, alguien responsable, no como Ron. Como siempre, sus ojos oscuros eran dos obsidianas ardientes que parecían devorarla de una sola mirada.

-Hola.-saludó ella con timidez. Se habían encontrado ya cuatro veces a solas, pero por algún motivo, siempre le parecía la primera. El mismo inexplicable nerviosismo, el mismo calor en las mejillas. Nada que ver con su habitual seguridad y autoconfianza.

-Buenas nochies.-respondió él, acariciando su rostro con su mirada.- No querría…molestarr…

Hermione sonrió, y se puso aún más roja al notar la situación en la que estaban: silencio, penumbra…parecía que estuvieran haciendo algo malo.

-No te preocupes, no pasa nada- se apresuró a asegurarle Hermione- A Ginny no le importa esperar un poco.- se le ocurrió que había pasado algo malo, y frunció el ceño- ¿Ha pasado algo malo? ¿Es…es algo del baile?- de pronto, le angustió que fuera algo relacionado con el baile. Se imaginó que ahora él le diría que se lo había pensado mejor, y que no iba a ir con ella, o…

-Sí-respondió él. Al ver la expresión de ella, él también frunció el ceño, preocupado, y le puso una mano en el hombro con delicadeza- ¿Algo mal?

-¿No quieres ir conmigo?- preguntó ella de sopetón.

A él se le desencajó la expresión. ¿Es que tenía pinta de ir a rechazarla?

-No, no!- exclamó enseguida.- No. Sólo querría saberr a qué horra debo…venirr a buscarrte?

Hermione sonrió con alivio. Dios, a veces era demasiado alarmista.

-A las ocho está bien- respondió.

Él asintió. Sus ojos brillaban aún más en la penumbra.

-¿Dónde?- preguntó, y la manera en que lo pronunció, ronca y suave, hizo que a Hermione se le subieran aún más los colores.

-En…en…la escalera del fondo, al lado del comedor- respondió ella. ¿Era su imaginación o de repente hacía mucho calor?

-Bien-dijo él.

-Víktor- dijo ella de pronto, como si acabara de acordarse de algo muy importante. Él la miró, expectante.- No te lo dije el otro día, pero…bueno…es que…no sé bailar muy bien- confesó, algo frustrada.

Víktor sonrió como si le hubiera hecho gracia y le cogió la mano. Hermione contuvo la respiración al sentir sus dedos calientes encerrar a los suyos y elevarlos hasta sus labios.

-No prreocupes- dijo él, besándole la mano con galantería. En sus ojos bailaba una sonrisa.- Yo sí.

Hermione sonrió aliviada, y sin mediar más palabra, se despidieron y cada uno se fue por su lado. Hermione se miró la mano que él había besado como si no la reconociera. ¿De dónde le venía aquella extraña sensación de mareo? Por alguna razón desconocida, su corazón parecía dar brincos dentro de su pecho. Hermione quiso creer que se trataba de la expectación por el baile del día siguiente, pero en el fondo sabía que la manera en que Viktor la miraba tenía mucho que ver.

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