Estoy de vuelta! Y con un largo capítulo. Mis más sinceras disculpas. He ido recibiendo todos vuestros reviews y cada vez que me llegaba uno me sentía más y más culpable por no actualizar. Espero que este capítulo os compense un poquito :). Habéis visto cuantos reviews tenemos ya? Un montón! Y todo gracias a vuestro apoyo!
Ya queda poco para que esta historia se acabe: sólo dos capítulos más ( la tercera prueba, y la despedida). No creo que haga una secuela del tipo "Verano en Bulgaria", pero nunca se sabe. Al parecer, la Rowling ha dicho que es posible que Viktor vuelva en el séptimo libro, yuju!
Sé que la espera ha sido larga, y que tenéis derecho a estar enfadadas conmigo...pero contadme si os gusta este capítulo! REVIEW!
-Ron.
No obtuvo respuesta. El pelirrojo estaba apoyado en el alféizar de la ventana de la torre Gryffindor, contemplando el paisaje primaveral con tanta intensidad que parecía querer aprendérselo de memoria.
-Venga, Ron.-insistió Harry, cansado del huraño silencio de su amigo.- ¿Qué te pasa?-como seguía sin hablar, decidió sacar el tema espinoso- Es por Hermione¿no?
Ron se volvió como si alguien le hubiera pinchado en el culo y miró a Harry con expresión indignada.
-¡Claro que no!-respondió.
-Bueno, entonces, si no es por ella¿por qué estás así?
Ron no le miró. Empezó a hurgar con la uña en el musgo de una de las piedras del alféizar, con el ceño tan fruncido que podría haberle tapado los ojos.
-Por nada.
Harry puso los ojos en blanco y dejó escapar un profundo suspiro.
-Vale.
Sabía por experiencia que era inútil tratar de sonsacarle nada a Ron cuando se cerraba en banda de aquella manera. Normalmente, lo mejor era esperar a que estallara.
Y a juzgar por la rabia con la que estaba atacando el musgo que crecía en el resquicio de piedra, no tardaría mucho.
Y efectivamente, tras cinco largos minutos de silencio…
-Es sólo que me decepciona ver que la ayudas en su traición –bufó de repente Ron, sin mirarle.
Harry volvió a suspirar.
-Ron, sólo me ha pedido la capa de invisibilidad.
-Sí, claro. Para poder reunirse con su compinche y así tramar mejor su traición- insistió Ron , hosco.
-Me da igual para qué quiera la capa-repitió Harry por enésima vez- Hermione es mi amiga. Es nuestra amiga. Si me la pide, se la doy. Sé que no hará nada que no deba.
-Oh, claro.- se indignó Ron.- ¿Y por qué no le dice la contraseña de entrada a la torre directamente¿Total, ya no puede traicionarnos más de lo que ya lo ha hecho!
-¿No estás llevando esto un poco lejos? Hermione no nos ha traicionado, Ron. Si Víktor le gusta es asunto suyo. Y además,- añadió rápidamente, antes de que Ron le interrumpiera-, creo recordar que el otro día en el lago tú parecías muy contento de que Fleur confraternizara contigo…
Ron apretó los labios obstinadamente, pero en sus mejillas apareció un ligero rubor al recordar el beso que le había dado la campeona de Beauxbattons en la segunda prueba del Torneo.
-¡No es lo mismo¡Yo no pretendía ir al baile con ella para cuchichearle los secretos de la escuela impunemente!
-Pero si tú mismo me dijiste que te gustaría ir con ella.-replicó Harry.
Durante un segundo, sólo se oyó silencio mientras Ron encajaba el golpe y buscaba desesperadamente una salida para su dignidad.
-Eso, ahora ponte de su parte tú también. -bufó- Traicióname como Hermione ha traicionado a Hogwarts. ¡Traicionadme todos! -exclamó dramáticamente.
Harry se mordió la lengua para no reírse. Algún día –porque ahora no era el momento- le diría a Ron lo mucho que le costaba mantenerse serio cuando adoptaba aquel tono de trascendentalidad barata. Con todo, la actitud de Ron hacia Hermione desde el Baile de Yule había cambiado tanto que Harry comenzaba a albergar ciertas sospechas.
Quizá sí era el momento de preguntárselo, ahora que estaba en un estado de sinceridad irreprimida.
Miró a Ron de reojo y carraspeó. Había que elegir las palabras cuidadosamente.
-Porque tú no…mmm…no estás celoso¿no? De Viktor.- dijo, más pobremente de lo que había planeado.
-Sí hombre- resopló Ron, cuya tez parecía haber palidecido por momentos.-Celoso de alguien que lleva a una obsesa de los estudios al baile. Tú no estás bien de la cabeza.-le espetó.
Harry se encogió de hombros tímidamente.
-No sé, como antes te gustaba tanto Viktor…ya sabes, estabas todo el día hablando de lo increíble que era jugando a quidditch, y ahora de repente…es como si le odiaras.
-Porque me he dado cuenta de que no es tan bueno.-repuso Ron.- ¿No te fijaste que giraba mal en el partido? En el Mundial la distancia engaña, parece que vuele mejor de lo que vuela.
Harry le echó una mirada de incredulidad. Si Viktor Krum giraba mal en el aire, entonces Minerva McGonagall no sabía transfigurar.
-Además- prosiguió Ron, envalentonado por el silencio de Harry- ¡Hermione es nuestra amiga!. Es nuestro deber protegerla de esa clase de tíos. No sabe nada de la vida. Como sabemos que él no es un violador?- preguntó, entrecerrando los ojos con suspicacia.
-Porque está enamorado de ella.-respondió Harry.
-Eso no puedes saberlo-bufó Ron.
-Vino a hablar conmigo después de la prueba del lago.
Ron soltó un resuello y se cruzó de brazos.
-¿Ves? Eso no me lo habías contado-se indignó.-Ya estáis ocultándome cosas los dos.
-¡Pero si te lo expliqué!-exclamó Harry, algo cansado ya del tema.- Te expliqué que había venido a hablar conmigo de ella justo después de que acabara la prueba. Te lo expliqué, pero tú estabas demasiado ocupado pensando en Fleur como para hacerme caso.
Ron volvió a ponerse rojo.
-Bueno¿y qué quería?
-Asegurarse de que Hermione y yo no estábamos saliendo. Por como hablaba parecía…bueno, que ella le importaba de veras. Estaba como muy nervioso.
-¿Quién estaba nervioso?-preguntó de repente Neville, apareciendo por detrás con una bolsa de ranas de chocolate en la mano.
-Nada.- zanjó Harry rápidamente.- Ron, que se ha vuelto a dejar los deberes de Pociones.
Neville abrió los ojos desmesuradamente y se llevó la mano al corazón. Su rostro había perdido el color.
-¡Qué¡Yo no tenía apuntado que tuviéramos que hacer nada para pociones!
Ron le lanzó una mirada sombría mientras Harry intentaba tranquilizar a Neville.
-Mejor vamos hacia clase ya-murmuró.
-Oye¿por qué tienes las uñas verdes?-le preguntó Neville, mirándole la mano con extrañeza.
Ron no respondió.
Miserable vida la suya.
La mañana transcurrió apaciblemente, como todos los jueves. Sin embargo, Hermione experimentaba una inusual dificultad para concentrarse en su poción. Y la penetrante mirada fija de Ron desde la otra punta de la clase no la ayudaba precisamente.
-El color que deberían obtener es negro. Totalmente líquido, sin grumos. Cualquier otra tonalidad es sinónimo de suspenso.-decía Snape.
Hermione removió la suya. Era marrón oscuro, casi negro, y razonablemente líquida. Cuando se completara el tiempo de cocción probablemente quedaría negro. En el pupitre de atrás, el equipo Parvati-Lavender estaba atravesando una crisis.
-¿Te parece negro esto?-dijo Lavender, mostrándole el caldero a Dean.
-Bueno…no mucho. Parece más bien barro.-respondió el chico.
-¿Barro?-repitió Parvati, examinando decepcionada su caldero.
-Te llaman, Granger.-se rió Draco Malfoy, tirándole una bolita de papel a la cabeza.
-Oh, piérdete.-resopló ella, quitándose la bolita de papel del pelo y tirándola sin mirarle.
-Veo que Gryffindor tiene muchas ganas de perder puntos hoy- constató Snape en su inconfundible tono sarcástico desde la tarima.- Sigan hablando y veremos qué puedo hacer para ayudarles.
Hermione frunció el ceño y se concentró en mover su poción. Años atrás habría intentado protestar, pero ya no; conocía bien la política de Snape respecto a los puntos.
-¿Hoy no te enfadas, Granger? Qué lástima.-le llegó el susurró de Draco, que se había apoyado sobre los codos en su pupitre para inclinarse sobre ella.
-Tiene mejores cosas en que pensar que tus gracias, Malfoy- acudió inusitadamente Lavender al rescate.
Hermione se volvió, atónita, y la miró¿lo sabía? Aparentemente sí, porque Lavender le guiñó un ojo con picardía.
Hermione se puso roja. ¿Cómo se había enterado de lo de aquella noche? Y nada más preguntárselo, la respuesta le vino como una revelación.
Oh, Ginny. Le dije que no se lo dijera a nadie.
Aquella misma tarde, Ginny fue sometida a un interrogatorio.
-Sólo se lo dije a Parvati.-se defendió.
Hermione suspiró.
-Entonces lo sabe todo Hogwarts. Ya decía yo que notaba algo raro en Lavender.
-No pude resistirme-insistió Ginny, compungida- Oí que decían que Viktor te había dejado y tuve que decirles que no era cierto, que teníais una cita esta noche.-vio que Hermione se llevaba las manos al rostro y gimió.- No te enfades conmigo, Hermione. Esto es algo muy bueno. Te aseguro de que en estos momentos no hay ninguna chica que no quiera estar en tu lugar.
Hermione retiró las manos de repente y la miró.
-¿Cómo que "ninguna"? Pensaba que se lo habías dicho solo a Parvati.-dijo, con un punto de ironía.
-Bueno, también estaba su hermana delante. Y Lavender. Y Susan Bones. Pero aparte de ellas, nadie más.
-Oh, ahora estoy más tranquila.-terció Hermione, liberando-ahora sí-toda la ironía acumulada.
-Lo siento.-dijo Ginny, cabizbaja.- No sabía que te importaba tanto.
Hermione suspiró, sintiéndose mal por haber hecho que Ginny pagara el mal humor acumulado desde hacía meses.
-No, lo siento yo.-musitó. Perdona. Es que estoy cansada de este inesperado protagonismo. Si voy a la biblioteca y Viktor se sienta a mi lado para estudiar, tenemos 50 pares de ojos clavados encima. Por no hablar de las risitas, los comentarios, y las "amigas" que me han salido repentinamente. Es como si estuvieran esperando en todo momento que justifique por qué merezco más la atención de Viktor que ellas.
-Entiendo.-murmuró Ginny.- No debe ser fácil para ti.
-No, no lo es. Es la primera vez que estoy en el centro de atención y no estoy segura de que me guste, la verdad. Por eso te dije que no le dijeras a nadie lo de esta noche.-explicó Hermione.
Al oírla mencionar la cita clandestina de aquella noche, el rostro de Ginny se encendió.
-Siento mucho haberlo contado.-repitió, casi mecánicamente, justo antes de frotarse las manos y decir, extasiada:-¡Pero no me niegues que no es increíblemente romántico¿Dónde va a llevarte?
Hermione sonrió algo azorada y se encogió de hombros.
-Ni idea. Sólo sé que tenemos que encontrarnos esta noche, a las diez, detrás de la casa de Hagrid. Donde iremos lo decidirá él con la escoba, supongo.
Ginny frunció el ceño, preocupada.
-Hermione, tienes que ir con cuidado. No eres precisamente una experta en esto de…bueno, ya sabes. Romper las reglas. Y con los mortífagos…-Ginny carraspeó.-Mira, yo no creo que Viktor sea uno de ellos, aunque Karkaroff lo fuera en el pasado. Pero por si acaso, ve con cuidado¿vale?
-Soy consciente de ello.-asintió Hermione, frotándose los brazos.- Por más que él diga que no le importe que sea nacida de muggles, sé que eso no me deja en una situación menos peligrosa. He visto como me miran sus compañeros. Sé que me desprecian.
-Que se atrevan a hacerte algo.-siseó Ginny, agitando amenazadoramente el puño cerrado en el aire.- Los mato.
Hermione se echó a reír.
-Bueno, menos mal que aún cuento con el apoyo de alguien dentro de la familia Weasley.
Ginny meneó la cabeza.
-No de alguien;-corrigió con una sonrisa orgullosa- ¡De la mejor Weasley!
Nunca más, se juró Hermione por quincuagésima vez en lo que iba de noche. A pesar de que había calculado al detalle la operación Salida Clandestina del Castillo Después del Toque de Queda, aún seguía al borde de la taquicardia. No es que hubiera tenido algún problema: todo había ido como la seda. Ni Filch, ni Snape, ni Malfoy, ni mortífagos, ni Gondric Gryffindor habían aparecido para desbaratar sus planes.
¿Entonces, por qué temblaba como si fuera la primera vez que se escapaba?
Las otras ocasiones en que había infringido las normas había sido en bien de una causa mayor: normalmente, salvar el mundo. Sin embargo, escaparse después del toque de queda para ir a volar por ahí con un chico no contaba como "causa mayor". Al menos, no para Hermione.
Así tengo algo "rebelde" que contarle a mis nietos, se dijo mientras se dirigía rápidamente hacia la casa de Hagrid. Aunque iba completamente tapada con la capa de invisibilidad de Harry, seguía caminando encorvada, como si fuera doblemente invisible gracias a inclinar la espalda.
Tenía que admitir que parte de su nerviosismo no tenía nada que ver con el toque de queda. Hacía un mes que apenas podía verse con Viktor, a causa de los deberes y de las obligaciones de él con Karkaroff. Tenía entendido que éste les había prohibido verse, pero Viktor aun así se las ingeniaba para encontrarse con ella en la biblioteca. Allí fue donde concertaron a hurtadillas la cita de aquella noche.
Rodeó la casa de Hagrid con mucho cuidado y se quitó la capa. Desde el Bosque Prohibido llegaban susurros extraños y una brisa helada que no hacía más reforzar la sensación de estar haciendo algo terriblemente malo.
¿Y si Ron tenía razón?
¿Y si Viktor fuera un espía? Peor aún¿y si fuera un mortífago?
Podría haberla hecho creer que era un simple jugador de quidditch enamorado de ella para sonsacarle información, a sabiendas de que nunca había tenido una relación y era fácil conmoverla.
Hermione cerró los ojos con fuerza y meneó la cabeza, asustada por el rumbo que estaban tomando sus pensamientos. En el fondo de su corazón, quería creer que no era así; pero ya fuera por la tensión del momento o por el hecho de que Viktor no estaba allí y debería estar allí, comenzó a tener sudores fríos.
Miró hacia la cabaña con aprensión. Si gritaba nadie la oiría. Estaba demasiado lejos del castillo, y Hagrid dormía con tapones en los oídos para que no le molestaran sus bestias.
Hermione, qué has hecho. Márchate de aquí rápido.
Con las manos temblorosas volvió a echarse la capa por encima, pero justo antes de que pudiera cubrirse la cabeza, algo la agarró por el hombro. Hermione abrió mucho los ojos y chilló, pero su grito se vio rápidamente sofocado por una mano tapándole la boca.
-Shh, Errmione, soy yo.-siseó rápidamente la voz de Viktor a sus espaldas.
Hermione cerró los ojos con alivio al reconocerle. El corazón aún le latía desbocado. Asintió suavemente, y sintió que Viktor aflojaba la presión y la soltaba.
-Qué susto me has dado.- gimió volviéndose hacia él con la mano en el pecho.-Creía que me moría. No te he visto.
-Yo tampoco-admitió Viktor.-Estaba sentado aquí y no te vi llegarr.-alargó la mano y tocó tentativamente la capa de invisibilidad, que colgaba doblada del brazo de Hermione, y preguntó con genuino interés - ¿Qué es esto?
-¿Esto¡Ah! Es una capa de invisibilidad. -explicó Hermione.- Para poder salir del castillo sin que me vieran.
-¿Porr qué usa capa en vez de hechizo?-preguntó Viktor, extrañado.
Hermione frunció el ceño. Estaba tan oscuro que apenas si distinguía su silueta.
-Um… ¿Hechizo?
-Para serr invisible.-explicó Viktor.-Quizá aún no os han enseñado.
Era evidente que no, o Hermione se acordaría de ello. Sin embargo, le sonaba que había leído una vez algo referente a los conjuros de invisibilidad.
-Hum…no será el "Occhi Mutabilis"¿verdad?- preguntó, con cierta reserva en la voz.
-Sí.-respondió Viktor como si fuera la cosa más natural del mundo.- ¿Quierres que yo te enseñe? No es difícil.
Hermione sintió un escalofrío.
-Es un hechizo de las Artes Oscuras, Viktor.-musitó, tensa.
Al percibir el repentino cambio de actitud de Hermione, Viktor quiso abofetearse por su inconsciencia. No había caído en la cuenta de que ella era nacida de muggles, y que las artes oscuras normalmente servían para su exterminio.
Imbécil, se fustigó. Bonita manera de empezar la noche.
-Yo…eh…- de nuevo, las palabras le venían en búlgaro, como siempre que se ponía nervioso. Para colmo, no podía ver bien el rostro de Hermione en la oscuridad, cosa que le generaba aún más inseguridad. -Perrdona. No pensé…en Durmstrang, nosotros aprrendemos…-se interrumpió y dijo, buscando su mano en la oscuridad.- Herrmione, yo nunca, nunca te harría daño. ¿Tú sabes…no?- preguntó, ansiosamente.
Seis meses aquí y sigues sin dominar el inglés bajo presión, se echó en cara. Será increíble si ha entendido algo de lo que has dicho.
Pero Hermione lo había entendido. Apretó la cálida mano de Viktor entre sus dedos fríos.
-Lo sé. Perdóname tú también. Supongo que estoy nerviosa estos días.-confesó, sintiéndose culpable por haber dudado de él.-Y además, vamos a volar, y no estoy acostumbrada…
-Todo irrrá bien.-le aseguró Viktor, aliviado. Su voz había recobrado la alegría.-Yo te enseño.
-Es una pena que no haya luna.-comentó Hermione, mirando el cielo cuajado de estrellas- No veo nada de nada, sólo formas que se mueven. ¿Dónde estás?-preguntó en broma.
-Aquí.-respondió él suavemente a su espalda, tan cerca de su cuello que Hermione soltó un respingo y se le puso la piel de gallina.-¿Frrío?-preguntó, acariciándole un brazo con la punta de los dedos.
Hermione tragó saliva y meneó la cabeza. Sentía de nuevo ese extraño calor en su estómago, ese cosquilleo que trepaba por su columna. Se movió hacia atrás, contra su pecho, y al notar algo duro que presionaba contra su nalga derecha, se puso roja y se apartó de un salto.
-Es la escoba.-se apresuró a aclarar Viktor, poniéndose rojo como instinto reflejo. Le dio un golpecito con el palo en el muslo para que ella lo comprobara-¿Ves?
-Ah.-es lo único que pudo decir Hermione, y soltó una risita nerviosa.
¡Pero qué haces, Hermione!
Viktor se montó en la escoba y meneó la cabeza, para sacudirse de la mente las imágenes eróticas que amenazaban con hacerle perder la calma. Extendió el brazo y tanteó la oscuridad hasta dar con la mano de Hermione.
-Ven. Cuidado, la escoba está aquí -dio una palmada al palo, para guiarla.- Abre las piernas.- indicó, y carraspeó, azorado. Merlin¿por qué todo lo que decía le parecía insinuante?
Afortunadamente para él. Hermione estaba menos sensible a los dobles sentidos. Se limitó a obedecerle, situándose a su espalda con una pierna a cada lado de la escoba.
-Bien.-dijo él.-Ahora cruza pierna debajo del palo.
-Pero entonces me quedo a la pata coja.-repuso Hermione, obedeciendo. Se apoyó en él para no perder el equilibrio.
-¿Qué?. -Viktor acababa de perderse en la traducción.
-Nada, nada-dijo Hermione rápidamente.- ¿Ahora qué hago?
-Voy a despegarr dando un golpe a tierra.-explicó en tono profesional.- Muy imporrtante: en el airre, tú crruzas las dos pierrnas al palo y apoyas en estrribos. No deben colgarr. ¿Está bien?
Hermione respiró hondo, nerviosa.
-Vale. Entendido.-murmuró, asiendo el palo de la escoba con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
-Herrmione.- Viktor volvió la cabeza, y casi pudo ver sus ojos asustados en la oscuridad.-Acérrrcate más a mi y abrrázame.-sintió como Hermione se pegaba a él y le rodeaba la cintura fuertemente con los brazos.- Bien. ¿Prreparrada?
Hermione asintió, con los ojos fuertemente cerrados. Estrechó un poco más a Viktor, hasta que sintió la forma de su costillar contra sus brazos. Tenía que tranquilizarse. Viktor era un experto en volar. Era imposible que sucediera algo.
Si muero no servirá de nada el trabajo para subir nota en Pociones, le vino a la mente. De hecho, no me servirá nada. Oh, Dios.
En aquel momento, Viktor dio una vigorosa patada al suelo y la escoba se elevó fulgurantemente hacia el cielo, arrancando un chillido de sorpresa a Hermione.
-Las pierrnas.-le recordó Viktor, gritando para hacerse oír por encima del estruendo del viento.
Temblando como una hoja, y sin aflojar la presión de su abrazo en ningún momento, Hermione obedeció. Aunque no tenía ningún espejo delante, sabía que estaba pálida. No se atrevía a mirar abajo. Es más, ni siquiera podía despegar los ojos. Sólo sentía la escoba balancearse bruscamente con los golpes de aire.
-No te asustes.-oyó que le decía Viktor.- Sólo viento. Ahorra ganarremos altura para dejar la corriente.-y dicho esto, saltó ligeramente sobre la escoba para propulsarse hacia arriba.
Hermione seguía sin abrir los ojos. Con la mejilla fuertemente apretada contra la espalda de Viktor, sólo sentía el viento helado golpeándole la cara y la ropa ondulando violentamente hacia atrás mientras ascendían sin parar hacia lo más alto del firmamento.
Y de repente, se detuvieron.
Hermione abrió un ojo, sorprendida. ¿Qué había pasado? La escoba parecía haber escapado al azote del viento; ahora se deslizaba suavemente. El aire era gélido, pero apacible. Haciendo acopio de valor, abrió ambos ojos y se atrevió a mirar abajo.
-¡Dios!.- gritó, al ver las nubes a sus pies, tapando la tierra. Se aferró a Viktor aún más fuerte.
-Ahorra ya podemos volarr bien.- comentó Viktor.- Ya hemos pasado las corrientes. No mirres abajo, Herrmione.- le dijo, viendo su desasosiego.- En vez de eso, mirra…arriba.
Sin entender muy bien a qué se refería, Hermione obedeció y alzó la mirada.
Y se quedó boquiabierta.
-Viktor…-murmuró, extasiada.
Cientos de estrellas, más brillantes, más cercanas de lo que las había tenido nunca. Una auténtico mar rutilante que se extendía sobre sus cabezas, enorme, infinito, frío y misterioso.
Tan hermoso…
-Oh, Viktor…-repitió, conmovida, sin apartar los ojos del cielo- ¡Esto es!…Ahora entiendo por qué te gusta tanto volar...¡es precioso!
Viktor se sintió feliz, inmensamente feliz de oírla hablar en aquel tono soñador.
-Aún queda más porr verr.-dijo suavemente, volviéndose hacia ella.- ¿Me perrmites cogerr velocidad? No pasarrá nada.-le aseguró.
-Bueno.-asintió Hermione. La verdad es que al ver el cielo se le había olvidado ya el miedo y el vértigo.
O casi.
Cuando Viktor se dejó caer en picado varios metros, Hermione tuvo que morderse la lengua para no gritar de pánico. Parecía que fueran a estrellarse. Su estómago se encogía cada vez que se dirigían a cientos de kilómetros por hora hacia el suelo y remontaban la altura en el último momento en una pirueta espectacular.
Era una sensación…extraña. El corazón le latía muy aprisa. El miedo aguzaba sus sentidos, y sentía cada inyección de adrenalina como una descarga eléctrica. Era peligroso. Era excitante.
Se sentía viva.
Abrazó fuerte a Viktor y apoyó el rostro en su espalda. Quería perderse en aquella sensación; prolongarla eternamente. Bajo la capa de él, sentía sus músculos moverse, contraerse para controlar la escoba. Sentía su respiración expandir su caja torácica. Le sentía tan cálido, tan fuerte, tan vigoroso. Tan vivo, como ella.
Volaron durante media hora más, sobrevolando lagos, pueblos del tamaño de hormigas, y brumosas praderas. Finalmente, Viktor se decidió por una de ellas, cercana a un riachuelo, y comenzó a descender en círculos hasta que tomaron tierra.
Una vez allí, sacó una manta de su bolsa y la extendió por la hierba.
-Espera. Ahora sí que podemos tener luz -dijo Hermione, sacando su varita.-Lumos!
Viktor sonrió cuando la punta de la varita de Hermione se encendió y vio sus ojos refulgir sobre su rostro enrojecido por el viento. Hermione le sonrió y clavó la varita en la tierra, justo al lado de la manta.
Viktor se recostó en la manta y dio una palmadita a su lado, invitándola a que le imitara. Hermione se estremeció. A la luz de la varita, Viktor le parecía aún más guapo. Pese a las sombras que cubrían parcialmente su rostro, distinguía el brillo intenso de sus ojos oscuros, como dos luceros sobre sus pómulos. El ardor con el que la miraban hizo que se sonrojara un poco. Se sentó a su lado, pero no se tumbó.
No tentemos a la suerte, se dijo, algo nerviosa. No es que no confiara en que él la respetaría, pero prefería sentirse un poco dueña de la situación. No tenía ganas de que su inexperiencia quedara expuesta de manera aún más evidente.
Intuyendo que ella se sentía incómoda, Viktor la imitó y se incorporó para sentarse a su lado.
-¿Te ha gustado?- preguntó, en ese tono grave y suave que tanto le gustaba a Hermione.
-Mucho. Muchísimo.-admitió ella, entusiasmada.-Nunca había sentido nada parecido¿sabes? Es como…si estuviera muy viva. El corazón me iba tan rápido que creí que se me iba a salir del pecho. Tenía miedo, pero por otro lado…no quería que acabara.
Viktor asintió, entendiendo perfectamente lo que quería decir.
-Aqui abajo.-dijo, palmeando el suelo.- Aquí abajo todos dicen: "Viktor, esto. Viktor, lo otrro. Viktor, tienes que ganarr. Viktor, no puedes fallarr.".- hizo una pausa y sonrió- Perro arriba, en el cielo…sólo hay silencio. Hay…paz. Puedo pensarr. Cuando mi herrmano murrió, yo volaba horras y horras para no estarr en tierra con gente llorrando. Ahorra paso tiempo volando…parra pensarr en ti.-musitó, rozando la mejilla de Hermione con los dedos.
Hermione le miró, conmovida, y cerró los ojos bajo la ternura de su caricia. Sintió como él se aproximaba y besaba su mejilla varias veces. La calidez de su aliento le puso la piel de gallina.
-Ven conmigo a Bulgarria.-musitó él. Había una nota de pena, de súplica en su voz.
Hermione no respondió. Viktor ya se lo había propuesto en el lago, en la segunda prueba del Torneo; y ese día ya le había respondido exactamente igual que ahora:
-No lo sé, Viktor…me gustaría, pero…no sé si mis padres estarían de acuerdo en dejar que me marchara a Bulgaria sin conocer a tu familia.
-Perro la conocerrás.-dijo Viktor, besándola de nuevo.- Vienen la semana que viene, para Terrcera Prrueba. Me prregunto si… si tú querrías…conocerrlos.
Ellos desde luego sí querían conocer a Hermione. Al escribir a casa, Viktor la había mencionado por encima, y la imaginación de una madre ávida de ser abuela había hecho el resto. Como siempre había sido muy introvertido, el hecho de hablar simplemente de una chica ya era una gran señal.
Y su madre no se equivocaba.
Hermione sonrió.
-Me gustaría, pero no sé nada de búlgaro.
Viktor se rió suavemente.
-Bueno, ellos tampoco saben nada en inglés. Más bien, -corrigió.- su inglés es peorr que el mío.
-No lo hablas tan mal, has mejorado mucho.- se rió.- Ya casi dices bien mi nombre.
-Crruel…-se rió Viktor, abrazándola como si quisiera castigarla.
-La culpa es de mis padres, por no ponerme Anna o Helen. Un nombre normal- sonrió Hermione, intentando en vano soltarse del yugo de sus brazos.
Con un gruñido juguetón, Viktor la tumbó sobre la manta y se apoyó sobre los codos para mirarla desde arriba.
-Una perrsona extraordinarria tiene que tenerr un nombrre extraordinarrio-dijo, muy serio.-Aunque yo no pueda prronunciarrlo.
Hermione sonrió ligeramente y luego le miró a los ojos, con igual seriedad.
-Me gusta cómo lo pronuncias, aunque lo hagas mal.-le dijo.
Por toda respuesta, Viktor inclinó el rostro hacia ella y la besó, de la misma manera en que la había besado aquel día en el baile; el mismo ardor contenido, la misma sinceridad, la misma sensualidad.
Hermione no opuso resistencia. Cuando sintió la cálida lengua de Viktor presionando contra sus labios, los abrió y le permitió enlazarse con la suya. Sus piernas temblaron al sentir ese juego húmedo y exquisito, el roce de su incipiente barba contra su mejilla suave, su mano abrasando su cintura.
¿Por qué iba a decirle que no, que se apartara¿Por qué iba a negarse? Su intuición le decía que estaba bien rendirse. Le decía que era lo correcto, y que se lo merecía.
Por eso, cuando Viktor pasó una pierna a cada lado de su cuerpo, hasta quedar a horcajadas sobre ella, Hermione no pensó en que aquello fuera un error. Había en su interior una sed extraña, desconocida hasta ese momento, que suplicaba tenerle más cerca, más…¿dentro?.
Hermione cerró los ojos, sin molestarse en sentirse escandalizada por la traducción de sus sentimientos. De sus labios entreabiertos escapó un pequeño gemido de placer cuando la lengua de Viktor encontró el lóbulo de su oreja.
Deseo.
Cómo no lo había identificado antes. Y pensar que llegó a creer que nunca lo experimentaría. Y menos con Viktor Krum, buscador de la selección búlgara. Había pasado de ser un borrón fugaz en los Mundiales de fútbol a pasar a ser una realidad.
Y qué realidad.
Le echó los brazos al cuello y se apretó contra él, besándole con una pasión torpe pero vehemente.
Viktor se sorprendió de su arrebato, pero estaba demasiado ocupado manteniéndose a sí mismo a raya como para cuestionarse el motivo. Tenía la sensación de que Hermione no sabía cúanto le estaba haciendo sufrir con aquellos pequeños golpes rítmicos de su cadera. Prefería no pensarlo, o se volvería loco.
Si de él dependiera…
Pensó en las duchas frías de Kolya y no pudo evitar reconocer que, en el fondo, había tenido razón. Debería haberse dado una. Era un verdadero suplicio sentirla receptiva, entusiasmada, y no poder acariciar su cuerpo.
15 años, intentó recordarse. No tienes derecho.
Cuando sus dedos, desobedeciendo completamente su buen juicio, rozaron el pecho de Hermione, supo que había llegado el momento de apartarse. Si seguía por aquel camino, no estaba seguro de poder desandarlo.
Y él aún era un caballero. El último caballero.
O el último idiota, como seguro que le diría Kolya cuando lo supiera.
Haciendo un esfuerzo titánico, se apartó de ella y se dejó caer a su lado, jadeante.
Hermione se sintió como si le hubieran dado una bofetada. Se volvió y le miró, sin comprender el por qué de tan brusca interrupción. Avergonzada y confusa, se llevó las manos frías a las mejillas, que las tenía ardiendo. Todo su cuerpo parecía estar en llamas, y de repente, haber sido sumergido en agua helada.
-¿Estás…estás bien?-musitó, inquieta, al ver que él permanecía silente.
Viktor suspiró y se pasó una mano por la cara.
-Sí.
NO.
-¿He…he hecho algo mal?.- aventuró ella, dubitativa.
Viktor rió suavemente, y le cogió la mano.
-No, clarro que no.- le aseguró, con dulzura.- De verrdad. Perro se nos hace tarrde. Deberríamos volverr ya.
-Oh.-Hermione no estaba muy convencida, pero decidió dar por válida la respuesta. Además, seguro que era tarde, y Viktor tenía razón: era mejor regresar ya. Se puso en pie y apagó su varita mientras él recogía la manta y la metía en su bolsa. Al retroceder en la oscuridad, sin embargo, chocó contra el pecho de él.
-Viktor…¿He hecho algo mal, verdad?-no pudo evitar preguntarle de nuevo.- Estás muy callado.¿He hecho algo que haya podido molestarte? Ah, la escoba.- dijo, notando el mango contra la espalda.
Viktor carraspeó y meditó si decírselo o no durante varios segundos. Puntos a favor: aquello zanjaría enseguida la preocupación de Hermione. Puntos en contra: no estaba seguro.
En cualquier caso…
-No es la escoba, Herrmione- dijo, con amabilidad. Y para restarle hierro al peliagudo asunto, añadió rápidamente.-¿Vamos?
Hermione agradeció mil veces aquella profunda oscuridad. Estaba tan roja que podría haber alumbrado el paisaje.
El punto pícaro de la historia! (en algun momento tenía que justificar por qué es rated T, jeje).Si queréis ganar una sesión de campo y manta con Viktor no dudéis en enviar vuestro REVIEW! Kolya dice que también está disponible, para el segundo premio. En fin, qué os ha parecido?
PD: A todas aquellas que aún seguís Muérdago y Mortífagos...sé que llevo siglos sin actualizar, pero no desesperéis: sigo escribiendo. El capítulo de la noche de Navidad será tan largo que probablemente tenga que partirlo en dos, pero la primera parte no tardará en llegar. Conoceréis a la familia loca de Hermione :P
