Capitulo 3

Realmente no sabía donde se encontraba aquel oficial de policía, pero había escuchado que el mismo estaba trabajando nuevamente. Guiado por suposiciones, decidió buscarlo en la antigua central donde Parkman ejercía su cargo. Así fue como volvió a Los Ángeles. El viaje fue tranquilo, rápido y sin ningún inconveniente de por medio.

Lo primero que hizo al llegar a la ciudad fue buscar a Matt. Visitó la oficina de policías, pero no tubo suerte. La única información que consiguió fue cierto rumor de que el oficial Parkman no había vuelto nunca a su trabajo, a pesar de que se lo habían devuelto. Pero, usando algunas de sus habilidades pudo conseguir la dirección de su casa. No se encontraba lejos, y podría ir inmediatamente a hacerle una "amigable" visita.

El cielo se había nublado repentinamente, y una densa neblina comenzaba a cubrir la ciudad, algo no muy frecuente por allí. Oscurecía rápidamente, y Sylar se encontraba envuelto en un gran saco, cubriéndose del frío que se hacía cada vez más intenso. Podía observar aquella vivienda frente a sus ojos, y distinguía a dos individuos que danzaban felices en la sala de estar. La música se oía distante, aunque él podía escucharla perfectamente.

Las sombras pasaban por la ventana, marcando su silueta en aquella espectral noche de invierno. Una mueca extraña, asemejándose a una sonrisa, se creó en su rostro. Se dirigió hacía la puerta, y procedió a llamar a través del timbre.

Pasos. La música se detuvo.

-¿Quién es?

- Sylar

- ¿Q-quien?

Un haz de luz cruzó el umbral al entreabrirse de la puerta. Allí estaba Matt, parado con una expresión pálida y llena de temor dominando su rostro. No podía creer que aquel asesino se encontrara frente a él, y no sabía porqué le había abierto la puerta. Tal vez sólo fue el deseo de comprobar si era cierto, pero en ese momento no quería hacer otra cosa mas que cerrarla.

Un movimiento de su mano, y el oficial Parkman cayó de espaldas al suelo. Sylar entró sin miramientos, y al cerrar la puerta pudo distinguir la esposa de aquel hombre. Iba por su cuarto mes de embarazo, como bien se comenzaba a notar en su cuerpo. El miedo reinando en su ser, y no hizo mas que buscar el teléfono.

-Alto. – dijo Sylar suavemente, manteniendo la calma. Otro movimiento de sus dedos, y lo que aquella mujer intentaba agarrar se dirigió hacia sus manos. – No creo que sea una buena idea llamar a la policía. Además, ¿no es tu esposo uno de ellos? – una sonrisa irónica dominó la escena.

-N-no te diré está.

El policía ya se estaba recuperando del golpe, y se paraba lentamente para hacer frente a la situación. Se dirigió hacía su esposa. Por un minuto Sylar se había extrañado al saber que aquel hombre sabía el porqué de su visita, pero al recordar su poder no hizo mas que reír.

- Eso lo veremos, supongo. Si puedes leer mentes, sabrás lo que tengo pensado hacer – y sus ojos se dirigieron a la temblorosa mujer.

- ¡No tocarás a mi esposa! No te diré donde está Molly, porque no lo se...

- ¿Molly? ¿Así que tiene nombre?

- ¡Por supuesto! Molly Walker, y sólo es una niña – sentía que la ira comenzaba a apoderarse de su cuerpo, y buscaba con su mano libre la pistola que llevaba siempre con él.

- Walker... me suena familiar. ¿No será de aquella familia de la cual obtuve tan excepcionales habilidades? – y alzó un brazo lentamente. De él comenzó a salir una neblina densa y pesada. El frió comenzó a apoderarse de Matt, y sin poder reaccionar soltó el arma que tenía detrás de su espalda. Sylar bajó su brazo con una sonrisa. – ¿No entienden que esas armas mortales no me hacen nada? Patéticos.. – un tono de desprecio se apoderaba de sus palabras.

Le restó importancia a aquel asunto, y comenzó a pasear impacientemente por la sala. Debía apurarse, si la muchacha no se encontraba allí, tal vez lo estuvieran buscando. No podía arriesgarse a aquello, todavía no estaba preparado. Recordó a Suresh, y supuso que no tardaría tanto en sacarle la información a aquel individuo. Clavó sus ojos en Matt, y pudo ver el temor reflejado en los de él. Sabía lo que Sylar se proponía y de lo que era capaz, y no podía permitir que su esposa y su futuro hijo corrieran peligro.

- Está bien, te lo diré. Pero sólo con la promesa de que no harás lo que estas pensando, no puedo permitirlo.

Una risa fría llenó aquel lugar, volviendo el aire mas denso de lo que realmente era. Matt no entendía si aquello era un si o un no, pero no podía arriesgarse. Le tomó sólo unos segundos en entrar en su mente, y descubrir que podía confiar en él.

- Se fue con D.L. Ahora está con ellos, pero por favor, no la mates... sólo es una niña...

- Creo que no me hace falta contestar eso, ya sabes lo que debo hacer – una sonrisa amarga dominando sus facciones.

Una lagrima rodó por el rostro de aquel policía, mientras se daba cuenta de lo que había hecho. Había sentenciado la vida de aquella pequeña e inocente niña, pero no le quedaba otra alternativa. Era su propia vida la que estaba en riesgo, e incluso mas importante la de su familia. Por más que lo lamentara, debía convencerse de que aquello era lo correcto. Aún así, Sylar tardaría en llegar a donde ellos estaban, y había tiempo para advertirles. Todavía podía redimirse, y estaba completamente seguro de que se podrían defender.

Pero Sylar seguía allí parado, en frente de aquella puerta. Comenzaba a pensar claramente, y una idea se cruzó en su mente. "Una muerte más, una muerte menos... esto no hará la diferencia" pensaba mientras acariciaba sus manos. Podía sentir la mirada de su próxima víctima clavada en su nuca, y el repentino acelerar de sus latidos. Lo sabía, y ya no había vuelta atrás. Giró sobre sus talones y dirigió su mano derecha hacía el cuello de aquel hombre. Lo mantenía suspendido en el aire, sin siquiera tocarlo. Podía sentir los gritos incesables de aquella mujer, rogando por la vida de sus esposo. Pero ya no había por que rogar, ya estaba todo terminado.

- Dile adiós a tu esposa. – una petición incoherente, que sabía que no iba a ser cumplida. Alzó su mano izquierda, y con su dedo índice extendido comenzó a recorrer la cabeza de su victima, en la base del cráneo.

Concentró todas sus energías en aquel punto, sintiendo un calor recorrer por todo su cuerpo. La emoción de matar nuevamente, y la recompensa que obtendría al terminar aquello. Los gritos ya se hacían distantes, y las lagrimas rebotaban en el alfombrado suelo. Una melodía triste, creada por los sonidos de la miseria. La mujer dejaba de emitir sonidos, sólo se arrodillaba frente al cuerpo inerte de su esposo, el cual carecía de un cerebro. Sylar seguía de pie, concentrándose en la masa que flotaba frente a él. Podía verlo, podía sentirlo. Todo era claro, y la felicidad recorría su alma.

Aquella materia se desvaneció lentamente, y Sylar podía sentir una nueva corriente de energía atravesando su cuerpo. Pasaron unos segundos, y los lamentos volvieron a escucharse. La mujer seguía sin expresar nada a través de sus labios, pero Sylar la escuchaba igual. Sonrió una vez mas, disfrutando aquel nuevo poder, y abandonó aquella casa. Sabía que dejaba tras de si una mujer y un niño que todavía no había nacido, a los cuales le había arrebatado la persona más importante de sus vidas. Pero ni una gota de pena, lástima o lamento se hizo presente en él. Y se fue de allí, sabiendo que nada de aquello importaba, nada valía.