CAPITULO 3
Por la mañana muy temprano Albert ya se encontraba en el despacho, quería sacar lo más pronto posible el trabajo que tenía pendiente para poder estar con Candy, además de que el insomnio se había apoderado de él sólo de pensar que la tenía a una puerta de distancia.
Buenos días William ¿madrugando? – preguntó George sorprendido y notando un gran cambio. Se le veía más animado, feliz y con esa chispa en los ojos que sólo una mujer era capaz de provocarle - Por lo que veo te fue muy bien con la señorita Candy.
Acertaste. Ayer le pedí que regresara a Lakewood conmigo y aceptó. Ahora está durmiendo – comentó con una gran sonrisa en los labios.
¡Ahora entiendo este cambio en ti! - exclamó George riendo.
El millonario se sonrojó un poco ante el comentario de su buen amigo.
Debemos ponernos a trabajar hay mucho por hacer y no quiero dejar mucho tiempo sola a Candy.
Nos daremos prisa no te preocupes.
Así pasaron las horas ya eran las 11am y su amada pecosa no se había aparecido por el despacho por lo que salió a preguntarle a Dorothy por ella. La encontró cuando iba camino a despertarla, le pidió que esperara un momento y volvió minutos después con una dulce Candy en la mano.
Entrégale esto de mi parte Dorothy.
Sí Señor.
Dile que cuando termine su desayuno la espero en la biblioteca.
Se lo diré señor.
Dorothy entró en la habitación de Candy y corrió las cortinas para dejar entrar la luz. Al sentir los rayos del sol sobre su rostro la joven comenzó a despertar.
¿Por qué me despiertas tan temprano? – preguntó adormilada y estirándose perezosamente.
¡Candy son las 11 de la mañana! ¿de verdad crees que es temprano?
La rubia brincó de la cama
¿Las 11 has dicho? – Preguntó espantada - ya no he podido desayunar con Albert y me hubiera encantado – decía un poco triste.
Me encontré al señor abajo y me dijo que te veía en su despacho cuando acabaras de desayunar, además me dio esto para ti – le entregó la dulce Candy mientras observaba la sonrisa que se formaba en el rostro de la pecosa.
¡Que lindo! me apresurare para verlo.
Se dio una ducha rápida y como el día estaba algo caluroso se puso un vestido sin mangas color verde pastel que llegaba hasta sus rodillas. La parte superior iba ajustada a su cuerpo hasta la cintura, saliendo a partir de allí un pequeño vuelo. Se puso unos zapatos del mismo tono y Dorothy le arregló el pelo sujetándolo con unos bellos prendedores en una media cola. Por último un leve toque de carmín sobre los labios.
Hacía mucho que no se arreglaba tanto. Aunque no lo reconocía en su interior quería que Albert no la viera más como una niña sino como una mujer.
Bajó al comedor y desayunó rápidamente porque no era muy agradable desayunar sola. Después se dirigió al despacho, la puerta estaba entreabierta y pudo escuchar a Albert hablando con George sobre una inversión. Su pulso se aceleró sólo con oír su voz. Trató de tranquilizarse un poco y tocó a la puerta.
El millonario dio el pase, se imaginaba que era el té que había pedido George. Ninguno de los dos volteó hasta que a Albert le llegó ese olor que lo había perseguido todos esos años, esa mezcla de lavanda y rosas se esparcía rápidamente por toda la habitación por lo que levantó la vista y al ver esa preciosa imagen su ritmo cardíaco se acelero. George por la expresión de Albert se giró y al observar a Candy no pudo más que sonreír, era realmente una mujer hermosísima.
Buenos días -saludó ligeramente ruborizada al ver que Albert no dejaba de mirarla de arriba a abajo.
Buenos días señorita Candy es un placer verla de nuevo - contestó George levantándose a besar su mano.
¡Bueno días dormilona! – dijo su querido príncipe acercándose para depositar un beso en su mejilla - ¿Descansaste bien?
Sí, hacía mucho que no dormía tan bien – respondió con una gran sonrisa.
Me alegra princesa ¿ya has desayunado?
Hace un momento.
Bueno pues a mi aún me queda un poco aquí, si quieres puedes esperarme e iremos a dar el paseo que te prometí. No se si quieras que te busque luego en tu cuarto – le decía al tiempo que volvía a sentarse frente al escritorio.
Si me parece bien – le contestó saliendo del despacho - Hasta luego.
Albert se quedó un rato mirando la puerta vacía como ido y con una sonrisa en sus labios.
Si no dejas de soñar no acabarás a tiempo para el paseo - comentó George bastante divertido.
El joven se sonrojo y volvió a sus papeles.
A la media hora estaba firmando finalmente lo último.
Por hoy no trabajaremos más. Ahora dedicaré a mi persona lo que resta del día, necesito tiempo para mí.
Pues agradezcamos que está la señorita Candy aquí para recordarte que necesitas descansar ¿no te parece? – le contestó sonriendo.
Sabes perfectamente lo que siento por ella – respondió a medio sonreír – Nos reunimos nuevamente mañana por la mañana. Que tengas un buen día – dijo levantándose y apurando a George ya que no podía esperar más para ir al lado de ella.
Si Albert ya me voy, no te preocupes y que tengas una excelente tarde. Hasta mañana.
El rubio subió las escaleras a toda prisa, tenía la imperiosa necesidad de volver a ver su rostro, sus ojos … a ella con todo su encanto.
La enfermera se encontraba sentada en una silla de su balcón mirando el paisaje. Sintió que la tomaban por los hombros, un escalofrío recorrió todo su cuerpo y supo de inmediato quien era. Sólo él podía provocarle esas reacciones.
No pensé que acabarías tan pronto – saludó girándose para verlo.
He decidido tomarme la tarde libre para pasarla contigo - decía mientras se ponía frente a ella extendiendo su mano para ayudarla a levantarse.
Que alegría tan grande, pensé que no te vería hasta tarde y que pasaríamos sólo un rato juntos - no pudo resistirse y lo abrazó, de hecho siempre necesitaba abrazarlo - Y ¿Qué vamos a hacer?
El la sujetaba muy cerca y con todo lo que estaba sintiendo casi no podía hablar. Tenía que relajarse y tomar las cosas tranquilamente.
¿Qué… te parece si salimos a dar un paseo a caballo?
Me encantaría hace mucho que no monto a caballo, si quieres me cambio y te veo abajo
No hace falta. Que tal si llevamos un solo caballo y así puedes ir tal como estás – habló inconscientemente ya que no quería separarse de ella , necesitaba ese contacto sublime de sus cuerpos.
Esta bien - respondió con mil pensamientos en su cabeza -Ir tan cerca de él ¿por qué me habrá pedido esto? ¿Por qué me gusta tanto que me lo haya pedido? ¡Ay Candy ya deja de darle tantas vueltas! – pensaba la joven emocionada por lo que sucedería en unos cuantos minutos.
Bajaron para dirigirse al establo. En la puerta estaba Dorothy con e almuerzo en una cesta, la cual tomó Albert. El caballo ya estaba preparado, era un precioso semental negro que Candy nunca había visto ahí.
Este caballo lo compré hace poco, realmente me enamoré al verlo – decía mientras acariciaba su crin – Es hermoso.
¡Es precioso Albert!- en ese momento no pudo evitar pensar en sus pasados amores. Ambos tenían caballos blancos, era curioso que precisamente su príncipe tuviera uno negro.
Albert la tomó de la cintura y la elevó para subirla al caballo.
Eres tan fuerte y me siento tan segura en tus brazos – pensaba – se que no caeré y nada me pasará.
Subió en la parte posterior el rubio quedando muy juntos. Sentirlo tan cerca la hacia vibrar y más aun cuando la abrazo para sujetarla.
Tu aroma es tan exquisito – pensaba la joven perdiéndose en el olor a maderas finas que la invadía.
Quizá fue muy atrevido pedirte que cabalgáramos juntos en el mismo caballo. Soy feliz al tenerte cerca y no hiciste nada por evitarlo ¿Sentirás algo por mi?
Estuvieron paseando lentamente por el bosque, como si no quisieran separarse nunca. Al fin llegaron al lago, él bajó del caballo para ayudarla a descender y al hacerlo sus cuerpos volvieron a quedar demasiado juntos. Unos ojos verdes miraban intensamente y sintió como una corriente eléctrica recorría todo su ser. Moría por besarla pero el recuerdo de la noche anterior y lo que pensó lo hizo separarse de ella para bajar la cesta.
Como me gusta estar en sus brazos, me hace sentir cosas que nunca había sentido – pensaba a la vez que se reprimía por pensar así de su tutor – No puedo engañarme, es como si fueran mi hogar … mi dulce y protector hogar.
Albert colocó debajo de un árbol el contenido de la cesta para que pudieran comer.
Ambos se sentaron observando los destellos que daba el sol en el agua del lago. Comieron y platicaron alegremente. Cuando habían recogido todo lo del almuerzo la pecosa se recostó sobre el pasto poniendo su cabeza sobre sus piernas como tantas otras veces. El comenzó a acariciar su cabello, tenía sus ojos cerrados como disfrutando del momento, ella no podía evitar mirarlo se veía muy guapo con ese gesto relajado mezclado con una pequeña cara de ensoñación y una ligera sonrisa.
Abrió sus ojos lentamente y se encontró con esas esmeraldas escudriñándolo y no pudo evitar ruborizarse.
Que bien me siento de haberme tomado la tarde libre. De no ser por ti lo único que haría sería trabajar -dijo repentinamente con un dejo de tristeza.
Debe de ser difícil para ti este cambio de vida, haciendo cosas que realmente no son lo que te gusta. Cuanto daría por poder aminorar tu carga.
Candy con sólo estar aquí a mi lado haces que me sienta feliz y no piense que no vivo de la manera que me hubiera gustado – la miraba fijamente y con todo el amor que sentía por ella.
No pudo evitar sonrojarse. Le gustaba que se sintiera a gusto a su lado ya que a ella le pasaba lo mismo.
Entonces lo que haré es tratar de que los momentos libres que tengas sean muy felices -prometió guiñándole un ojo.
Estuvieron ahí platicando hasta que comenzó a oscurecer. Cuando estaban juntos no se aburrían y el tiempo se le iba volando.
Pequeña será mejor que volvamos ya esta anocheciendo - decía incorporándose y ayudándola.
¡Sí, que rápido se me ha pasado el tiempo!- exclamó. No quería que ese momento tan hermoso acabara.
La subió al caballo subiendo él después y empezaron el camino de regreso. Al llegar a la mansión estaban los dos muy cansados y decidieron no cenar así que Albert la acompaño a su dormitorio.
Muchas gracias me ha encantado el paseo.
Gracias a ti por ser tan hermosa compañía pero sobre todo por estar aquí conmigo – dijo tomando su mano.
Mañana antes de irte a la oficina pasa a verme no quiero que te vayas sin despedirte. Intentaré levantarme, no me gustaría no verte por la mañana – dijo sonrojada y nerviosa por lo que le estaba pidiendo.
Claro que si Candy, mañana antes de irme pasaré a decirte adiós. Buenas noches, que descanses - se acercó a ella y la beso en la mejilla, apartándose lentamente para dirigirse a su habitación.
¡Buenas noches Albert!
El muchacho avanzaba y Candy corrió repentinamente para alcanzarlo y abrazarlo ante la sorpresa de él.
¡Muchas gracias, nunca había sido tan feliz!
La estrechó entre sus brazos, no podía creer que ella fuera feliz, que ya no sufriera por el pasado amor
¡Dios mío, por favor que yo pueda ocupar su corazón! - Rogaba de forma silenciosa –Ni yo tampoco preciosa, muchas gracias a ti también.
Se quedaron así abrazados. Los segundos querían que fueran horas pero se vieron interrumpidos por el sonido de unos pasos. Era Dorothy que venía a ver a Candy por si se le ofrecía algo antes de dormir. Se separaron muy a disgusto deseándose buenas noches y entrando a sus cuartos.
¿Qué tal el paseo Candy? – preguntó curiosa la doncella.
Muy bien Dorothy la pasé estupendamente- contestó poniéndose el camisón - Pero sabes, estoy preocupada por Albert … no es muy feliz con la vida que lleva. Creo que es mucho trabajo y me encantaría poder ayudarlo.
Candy perdona mi intromisión pero ¿no has pensado que quizás podrías ayudarlo estudiando todo lo necesario para ser una dama?.Quizá así podrías ayudarlo más y él se sentiría mejor. Serías una excelente compañera - dijo Dorothy pícaramente.
¡Cómo dices esas cosas!. Albert y yo somos como hermanos – respondió la joven Andrew roja como un tomate.
Porque te niegas lo evidente. Tú amas a ese hombre y él te corresponde. Se puede ver a kilómetros de distancia.
¿Lo crees? – preguntó con sorpresa – la verdad es que estoy muy confundida.
Piensa en lo que te dije sobre tus sentimientos y también en lo de estudiar. Incluso podrías aprender algo sobre negocios para poder ayudarlo ¿no crees Candy? - Le decía terminando de colocar las almohadas en la cama.
Lo pensaré … quiero que sea feliz y si eso significa que tengo que ser una dama refinada y dejar a un lado mi carrera de enfermera lo haré. Él ha hecho demasiado por mi- afirmó decidida metiéndose en la cama.
Bueno Candy descansa y te repito, piensa en lo que te dije. Buenas noches- se despidió Dorothy desde la puerta.
Buenas noches.
Se quedó pensando en lo que le dijo su amiga
¿Amo a Albert? ¿De verdad es tan evidente a los ojos de los demás? Pero eso de ser correspondida me parece increíble ¿Cómo un hombre como él se va a fijar en mí?- se sorprendió dándose cuenta de que ya no pensaba ni un sólo momento en Terry- ¿Albert me has hecho olvidar tú todo? - Se quedo dormida recordando sus ojos azul cielo y el paseo que habían compartido.
A las 8 am Albert ya se iba al trabajo y estaba parado frente a la puerta de Candy un poco indeciso.
Es muy pronto además no sé si sea propio entrar así a su cuarto, pero me lo pidió expresamente y no quiero defraudarla. Además yo tampoco me quiero ir sin verla – pensaba.
Tomó aire y entró. Ella aún dormía, sus cabellos rizados se extendían por la almohada, se veía realmente hermosa con una sonrisa dibujada en su rostro, sin duda tenía que estar soñando algo muy bello. Estaba ligeramente descubierta y no pudo evitar verla con ese camisón que dejaba ver una buena porción de sus pechos, estaba con los ojos fijos sobre ese cuerpo que parecía una visión. Se dijo a sí mismo que no era correcto así que se sentó a la orilla de la cama y la cubrió con la sabana. Comenzó a acariciarle el rostro con mucha ternura y a llamarla. Candy abrió muy despacio sus ojos y al toparse con esos bellos ojos azules sonrió de inmediato abrazándolo.
Albert, que lindo despertar. Pensé que no vendrías, muchas gracias por pasar a despedirte ¿que hora es?
Muy temprano pequeña son las 8 de la mañana, me tengo que ir antes. George me llamó para avisarme que tendremos un desayuno de negocios.
Pero es muy temprano y ayer te dormiste tarde – dijo la rubia preocupada.
¡Ese el problema de ser el cabeza de los Andrew!. Tú sigue durmiendo. Hoy no podré venir a almorzar contigo pero ponte muy bonita porque esta noche saldremos a cenar para compensarte
¡Que bien! estaré lista para cuando vengas por mi. Además así aprovecho y te comento unas cosas que he pensado – exclamó feliz.
En la noche hablaremos de todo lo que quieras – le dijo acariciándole el cabello- Ahora vuelve a dormir - la recostó otra vez en su cama y la arropó.
¡Espero que tengas un buen día!
Por supuesto que sí, sobre todo después de ver a una mujer tan hermosa.
¡Adulador! ¿qué mujer se puede ver bonita medio adormilada y despeinada?– repuso ella tratando de ocultar el color que se había subido a su rostro.
¡Tu Candy! Tú siempre estás preciosa – afirmó mirándola intensamente a los ojos
Se sonrojó aún más. Se sentía tan emocionada al saber lo que pensaba él de ella. En un impulso se acercó para darle un beso en la mejilla, sólo que el movimiento repentino de Albert para decirle algo hizo que éste terminara demasiado cerca de sus labios. Ambos se ruborizaron y nerviosamente se dijeron adiós para verse por la noche.
¡Vaya manera de comenzar el día! Y ese beso sorpresivo tan cerca de mi boca. Espero poder mantener la concentración todo el día y no desviarme hacia ti pequeña – pensaba el joven heredero sonriendo y caminando hacia su auto.
La responsable de esos pensamientos volvió a dormir recreando lo que había sucedió momentos antes y por supuesto pensando en Albert, quien últimamente ocupaba todos sus sueños.
CONTINUARA…..
Espero les guste, espero todos sus comentarios.
Gracias Scarlett por la edición de este capítulo.
