Caliente
Por: Maleysin
Capítulo 1
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-¡Taichi!
Dicha persona sonrió ampliamente. Ajustó su mochila en su hombro para acomodarla mientras con la otra mano sostenía el celular a su oreja.
-Yamato¿qué haces?
Escuchó una sonrisa juguetona del otro lado de la línea y sus ojos chocolate comenzaron a brillar.
-No vas a creer nuestra suerte.
El moreno paró en la esquina a esperar la luz que le indicara que podía pasar al mismo tiempo que brincaba en sus talones. No podía esperar a llegar a casa, acostarse un rato y comer mucho: la práctica lo había dejado agotado.
-¿Qué pasó?
-Mmm… -murmuró seductivamente el rubio- Sucede que papá acaba de venir a la casa, y ya sabes que sale hasta las ocho y eso es cuando sale temprano.
Taichi miró su reloj. Eran las seis veintitrés.
-También sucede, que en este momento está empacando su maleta. Va a hokkaido a cubrir un reporte sobre gatos o algo así. –la emoción se oía en su tersa voz- No llega hasta el martes, -los ojos de Taichi se abren grandes - ¿Y qué puedo hacer yo solito en esta casa por todo un fin de semana?
Taichi puede ver el edificio de su casa a dos cuadras de donde estaba, en la esquina donde la luz le decía que pasara. Ni siquiera lo pensó una sola vez, dio media vuelta y comenzó a correr las cinco cuadras que le faltaban para la casa de su novio.
-¿No se supone que tú todavía deberías estar en la escuela?
Yamato rió.
-Sí, iba a ir a tu práctica así que me salí temprano. Demasiado temprano supongo, porque tuve tiempo de llegar aquí a dejar mis cosas… así fue como me enteré. –El rubio bajó su tono a un necesitado gemido- ¿Vas a venir?
-Vete quitando la ropa, baby.
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Cuando Taichi llegó, con la respiración agitada y el corazón vuelto loco en su pecho, la puerta estaba abierta y las luces apagadas. Entró silenciosamente, tratando de calmar sus pulmones y estabilizar su corazón. Tiró sus cosas en el piso y se quitó los zapatos, notando el suave resplandor de una luz tenue que venía de dentro de la casa. Avanzó lentamente y se dio cuenta que la luz provenía del cuarto de Yamato y sonrió. A su novio le encantaban estas cosas.
Entró a la habitación y notó sólo la luz de la lámpara prendida. A punto de mirar alrededor, sintió dos delgados, pálidos brazos a su alrededor y tibios labios en su cuello. Suspiró y cerró los ojos un momento.
Tanto tiempo…
Después del fiasco del día del regreso, todo fue de mal en peor. La pareja debió haber supuesto que después de un mes de ausencia, Yamato tendría mucho en qué ponerse al corriente cuando llegara. Y así fue. Desde el día primero en que llegó a la universidad de nuevo, medio metro de trabajos y lecturas atrasadas le fueron puestas en frente por un compañero que lo quería lo suficiente como para ayudarlo a ponerse al día. Una semana se fue entera en la que el rubio sólo salía de la biblioteca a comer. A veces.
Taichi se sentía más frustrado que cuando su novio estaba de tour. Yamato estaba ahí, a su alcance, pero no podían verse. Cada hora, sin embargo, sonaba su celular con un pequeño mensaje: Te amo, o a veces Te extraño, en las horas de la noche era un Te necesito, cuando Yamato se sentía culpable Perdóname, y así dependiendo en el humor. El moreno amaba esos mensajitos, sonreía cada vez que los leía, pero no había nada que deseara más que poder besar y abrazar a quien tanto amaba.
Una húmeda lengua se deslizó por su oreja, y Taichi sintió su estómago dar vueltas.
-¿Me extrañaste? –gimió el rubio.
Incapaz de esperar un segundo más, Taichi volteó, tomando a Yamato por la cintura, juntando sus cuerpos sin dejar espacio alguno entre ellos y besándolo con la urgencia de una pareja que ha esperado más de un mes por intimidad.
Yamato se sentía derretir. Tener el cuerpo duro y grande de su novio envolviéndolo, la boca del moreno devorándolo y esas manos calientes quemándolo… sentía su cabeza dando vueltas, su boca trabajaba sola y se le escapaban sonidos involuntarios, que sin saberlo, volvían loco a Taichi; toda su energía y vida se le iban directo al centro de su necesidad: pulsaba y ardía cada vez más dura. Podía sentir a su novio en las mismas condiciones.
Taichi deslizó sus manos por la espalda del rubio, podía sentir seda y sonrió, despegando sus labios de los de Yamato para poder verlo mejor. Su novio traía puesta una bata de seda negra que había comprado en el tour para que Taichi disfrutara de verlo con ella. Era una simple bata, normal en todo sentido. Lo bueno era lo que estaba debajo.
El rubio sonrió también y comenzó a empujar a Taichi hacia la cama, donde cayó sentado. Inmediatamente el moreno tomó las caderas de Yamato y lo atrajo cerca, parándolo frente a él. Comenzó a lentamente deshacer el nudo en la cintura de su novio, y Yamato no pudo evitar sonrojarse -- era imposible no sentirse cohibido ante enormes ojos chocolate derritiéndose por él.
Desatado el nudo, procedió a desvestirlo. Sintió pulsar su erección y sus ojos nublarse ante la vista de Yamato: rosa en las mejillas y mirada baja, la diminuta tanga predilecta tapando realmente poco, pero excitando a Taichi bastante.
-¿Sabes que me encanta esto? –suspiró Taichi bajando un dedo por la cadera de Yamato, hasta la delgada tira de la ropa interior, moviendo su dedo por debajo de ella y jalando un poco hacia abajo, revelando los pequeños bellos rubios que adoraba.
Yamato cerró los ojos completamente y gimió cuando Taichi se dedicó a correr sus ardientes manos por sus muslos. Sólo pudo asentir débilmente con la cabeza.
Arriba y abajo, lentamente Taichi paseaba sus manos por la piel de porcelana que había necesitado, con cada toque sentía desbordarse, no podía esperar hasta estar dentro de Yamato, bañado en ese lugar apretado y de fuego, pero…
-¡Ah…!
Miró a su novio mordiéndose los labios y lo sintió temblar levemente bajo sus dedos al pasar accidentalmente por un pezón rosa. Sabía que tenía que esperar: lo mejor del sexo era la tortura de Yamato antes de la penetración. Sus gemidos, su impaciencia y sus finos bellos erizados eran el pasatiempo preferido de Taichi. Verlo así, era mejor que el clímax.
-Voltéate – dijo el moreno con voz baja.
Las mejillas de Yamato se volvieron escarlata, pero obedeció.
Los ojos de Taichi pasearon desde la cabellera rubia, pasando por cremosos hombros, suave espalda y la pequeña curva de su cintura, hasta donde la delgada tira de su ropa interior marcaba el inicio del tesoro que el moreno buscaba.
No sabía por qué le gustaba tanto esa prenda. Quizá era el contraste de la tela negra contra la piel pálida; quizá era la forma en que dejaba mucho qué ver pero cubría lo más privado; quizá era cómo su pequeño pero redondo trasero lucía enmarcado por dos finas líneas negras; quizá era la forma en que la tela desaparecía entre sus nalgas; quizá era la facilidad en quitarlo, o cómo ni siquiera eso era necesario. De verdad no lo sabía, pero de verdad no le importaba. Yamato se veía endemoniadamente sensual. Eso sí sabía.
Su instinto colocó sus manos sobre la cintura pálida y pudo sentir un pequeño brinco de su novio. Sin prisa, sus manos comenzaron a bajar por su contorno, cada curva y cada músculo sentía temblar. Por encima de la prenda pasaron hasta llegar a los dos lugares deseados. Taichi abrió sus manos y estiró sus dedos sobre el trasero de Yamato, luego los cerró, apretando la piel blanca. El rubio exhaló fuertemente.
-Me vuelves loco… -susurró Taichi mientras bajaba su cabeza, besando la espalda baja del rubio, justo donde la línea del trasero comienza. Yamato se llevó las manos a la boca tratando de disipar sus casi gritos y sus rodillas empezaron a sentirse aguadas. Era su punto más sensible.
Taichi sintió a Yamato a punto de caer y cesó sus besos. Inmediatamente después tenía a su novio sobre sus piernas, boca y lengua contra boca y lengua, pecho a pecho y erección contra erección. Yamato empezó a perder la paciencia y comenzó a mover sus caderas contra las del moreno mientras le quitaba la camiseta, tratando de no perder el ritmo.
Taichi no pudo evitar gemir. Yamato casi brincaba sobre él, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, cada vez más excitado y queriendo poder terminar ya. Pero el moreno quería continuar, quería estar en ese estado de ardiente perdición para siempre… su erección, sin embargo, le recordaba que tenía asuntos pendientes. Colocó sus manos en las caderas de Yamato, sus dedos alcanzando a tocar sus nalgas y apretándolas al mismo tiempo que sus labios se ataban en un desesperado succionar al pezón derecho de su novio, lo dejó sólo hasta que lo vio amoratado, y sólo entonces cambió al izquierdo para dejarlo en la misma condición.
Yamato comenzó a llorar. Necesitaba…
Empujó a Taichi con ambas manos hasta dejarlo acostado en la cama. Agradeció que su novio regresara de práctica, pues los pants no los necesitas desabrochar, sólo los tienes que bajar. Los ojos azules brillaron: la masculinidad de su novio, gorda, rígida y orgullosa estaba frente a él, llamándolo y tentándolo al pecado. Inmediatamente después movió la parte de atrás de su tanga a un lado y se colocó sobre la erección de Taichi.
-¡No! –gritó Taichi, con una luz de claridad entre la neblina de deseo. –Necesito prepararte, ha pasado mucho tiempo y te vas a lastimar.
Yamato negó fervientemente con la cabeza. Tomó con una mano el pene de Taichi y con la otra se separó el trasero. –Voy a estar bien… sólo quiero… -cuando sintió la dureza contra su entrada gimió desesperado, y justo cuando se iba a "sentar" sobre Taichi, éste lo detuvo con fuertes manos en sus caderas.
-Dije que no. –lo contestó severo.
El rubio lo miró implorante, llevándose una mano a jugar con un pezón, la otra bajó su única prenda de vestir, mostrando la erección que rápidamente comenzó a tocar.
-¿No puedes ver que te necesito?
Taichi se pasó la lengua por los labios. Sí, lo podía ver, y él mismo necesitaba alivio. La vista del rubio tocándose y su propia erección pegada a la entrada de Yamato lo volvían loco con la necesidad de meterse hasta lo más profundo de su novio, pero sería doloroso, y no se atrevía a lastimarlo. Con nueva lucidez logró poner a Yamato de espaldas sobre la cama. Se levantó y se colocó a los pies del rubio.
-¿Dónde está el lubricante?
Yamato dobló sus rodillas y abrió las piernas lo más que podía. Taichi tragó saliva, incapaz de despegar la vista del lugar que su erección más deseaba.
-Taichi… -murmuró necesitado, moviendo una mano hacia su entrada y sobándola con abandono.
El moreno detuvo la mano ocupada y paró a Yamato con una mirada impasible. El rubio suspiró derrotado.
-En el baño… -se resignó con un puchero.
Taichi deslizó una mano por el interior de un muslo de su novio en forma de gracias, y salió rápidamente hacia el baño. Justo al entrar, escuchó sonar el teléfono. Tomó el lubricante del cajón donde Yamato guardaba sus cosas del cabello (un lugar que su papá no se atrevería a tocar, por miedo de perder las manos), esperando que su novio no contestara.
Cuando regresó a la habitación Yamato estaba en la posición en que se había quedado, pero con el teléfono en la mano que estiró hacia Taichi.
-Es para ti.
El moreno frunció con la clara frase "¿para qué contestas!" mientras tomaba el teléfono, colocándose él también en lo posición en la que estaba, frente a Yamato.
-¿Si? – Yamato tomó el lubricante y lo abrió.
-¿Taichi? – se escuchó la voz de Hikari desesperada- Oh, Dios mío, que bueno que te encontré… ¡te marqué al celular pero nunca contestaste!
El rubio comenzó a poner el líquido generosamente en los dedos del otro.
-¿Qué pasó? – sonaba impaciente – Estoy ocupado.
Al mismo tiempo que Yamato colocó sus dedos morenos donde los quería, Taichi escuchó un sollozo de su hermana.
-Algo horrible… -se le salió un pequeño llanto y, al mismo tiempo el rubio gimió impaciente.
Taichi miró a su novio. En un segundo, su dedo índice estaba dentro de ese hoyito rosa que adoraba. Yamato se mordió el labio inferior y cerró sus ojos, una lágrima escapando cuando el dedo impuesto en él se empezó a mover. Taichi sintió su dígito hirviendo y apretado y deseó con todas sus ganas que Hikari colgara y le dijera luego quién se había muerto. ¡No podía esperar un minuto más!
-Taichi… no puedo decírtelo por el teléfono ¡necesitas venir! – su hermana se desmoronaba a cada segundo que pasaba, haciéndolo sentir culpable de sus previos pensamientos. De todas maneras, insertó un segundo dedo y se deleitó con el escalofrío de su novio –Todo fue de sorpresa y… tienes que estar aquí, mamá te necesita… yo…
El moreno removió sus dedos cuando Hikari estalló en llanto. Yamato, a punto de protestar, vio la expresión preocupada de Taichi.
-Hikari, calma… -trató con voz suave.
Hikari lloró más fuerte.
-Taichi… Tai, por favor…
Taichi suspiró y se levantó en seguida, subiéndose los pantalones y buscando su camiseta. No notó la mirada de decepción de su novio.
-Llego en un momento. –y colgó.
Yamato se sentó lentamente y vio con ojos tristes al moreno buscando su camiseta por el piso. Se pasó una mano por el cabello y se acomodó la única prenda que aún vestía.
-¿Qué pasó? –le preguntó.
-No sé, pero me tengo que ir a la casa ¿dónde demonios dejé mi camiseta? -dijo sin siquiera voltear.
El rubio se levantó despacio, de pronto se sentía pesado. Tomó su bata y medio se la amarró, luego tomó la camiseta amarilla de su novio, caminó hacia él y le tocó el hombro. Taichi volteó exasperado. Yamato le ofreció la ropa y bajó los ojos, saliendo silenciosamente del cuarto.
Taichi suspiró. Ahora su novio estaba decepcionado pero ¿qué se supone que debía hacer? Obviamente no iba a dejar que Hikari llorara hasta secarse, tenía que ir a su casa y arreglar lo que sea que la tenía a ella y a su mamá de esa manera. ¡Yamato debía entender! Pero… quizá no era la forma de reaccionar. El rubio no sabía ni siquiera lo que pasaba y no era su culpa que las cosas fueran tan frustrantes.
Se vistió rápidamente y salió, encontrando a Yamato en la cocina tomando agua.
-Perdóname, Yamato, -dijo caminando hacia él- no sé que está pasando en la casa pero parecía grave y voy a tener que irme…
Frente a frente, el rubio colocó su vaso en la barra y asintió suavemente.
-Entiendo. –en su murmullo se notaba una nota de tristeza.
Taichi tomó el pálido rostro entre sus grandes manos morenas y tiernamente besó labios rosas.
-Te llamo cuando todo esté arreglado ¿okay?
Yamato asintió de nuevo y compartieron un último beso en la entrada de su departamento, donde se despidieron. Cuando la figura de su novio había desaparecido en la distancia, el rubio suspiró y se dejó caer contra la puerta. Estaba preocupado por la familia de Taichi, claro, pero tampoco podía poner de lado sus propios sentimientos y, mirando el vacío corredor de su edificio, y sintiendo el silencio de su casa, no pudo evitar sentirse solo.
Suspirando de nuevo, cerró la puerta lentamente. Un día más.
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¡Hola, queridos lectores!
Me da mucha emoción estar de regreso, estoy segura que pensaban que no seguiría con este¿verdad? Pues, ya ven que no :P
¡Pobrecitos! Son horribles esas situaciones en las que deseas algo tanto y tienes que quedarte con las ganas, pero así es la vida¿no?
Gracias a todos los que dejaron review, y quienes no lo hicieron¡éste es el momento para ventilar sus frustraciones! Me da mucha alegría que no me hayan olvidado y que sigan mis fics, me hacen sentir muuuuy especial.
Yumi: Gracias por emocionarte tanto, no creí que mi regreso obtendría ese tipo de reacciones XD. Es algo buenísimo ser difícil de olvidar en algunas ocasiones, y ésta es una de ellas. Ojala este capítulo te haga sonreír.
Kea Langrey: Hace poco me di una vuelta por los rincones del taito en español, y es algo diferente a lo que se hacía hace unos años, cuando recién entré a éste fandom. Me da tristeza que vaya en declive, por eso debe hacerse algo y pues, ésta es mi contribución. ¡Tú también estás haciendo la tuya! Qué bueno.
Hakion n' Xubose: Es bueno que te guste mi trabajo, aunque debo admitir que en realidad es algo vergonzoso recordar mis historias de aquellos tiempos de adolescente obsesionada… XD Pero, los comienzos siempre son rocosos. Yo también espero que esto termine bien entre los dos, porque¿qué tanto tiempo pueden aguantar estos dos sin completarse?
Chyneiko-chan: Me encanta como somos una bola de sadistas –a todos nos ha gustado ver a esos dos sufrir de calentura… ¡Gracias!
Taika 1999: Es la mejor forma de llamar la atención de los clientes: creatividad, buena narración, Taito y… ¿crueldad? Así es. Crueldad. Merecen sufrir por ser nuestra pareja favorita, además, no todo debería ser sexo entre ellos dos¿verdad¿Verdad!
DiTa-AnImE-fAn¡Aja! Entendí lo que dijiste. Un amigo de la escuela estudia alemán y soy la que debe soportar sus infinitas pláticas de gramática, leer y escuchar poemas en ese idioma que se me figura tanto al inglés. Algún día aprenderé, será pronto, porque es básico para mis estudios pero… Viene segundo a mis clases de griego y latín :P Eh… ¡no me mates! Ya continué…
Terpsicore: No hay mejor adjetivo para describirlos, caliente es perfecto. Cuando estaba escribiendo esa parte dije, al demonio, voy a hacer que forniquen toda la noche y dejar la historia como one-shot, pero así se hace más emocionante¿no? Y pues, en el próximo capítulo verás cómo es su relación frente a las demás personas.
No se pierdan el próximo capítulo, si les gustó esto, les encantará lo que se viene. Y lo digo en doble sentido. ; )
-Maleysin
¡REVIEW!
