-Generaciones-Perdidas-
Cap14: La piedra de Erech
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El alba aún no se hacía presente pero Legolas sabía que tenía que despertar, se hallaba en la habitación con Minyamir, el se había dormido en el suelo y aún sujetaba su mano. La observó, como lo había hecho la noche anterior, se quedó así por unos segundos y de pronto ella se movió murmurando algo entre sueños.
-Mmmm… Legolas…- lo llamó ella en sueños.
-Que- dijo él aunque sabía que estaba durmiendo.
-'¿Me respondió?'- pensó cuando escuchó la voz del elfo, y abrió los ojos de golpe. Al abrirlos se encontró con unos ojos azules que la miraban muy cerca de ella. Retrocedió instantáneamente hasta que su espalda tocó la pared- ¿Qué haces aquí?- dijo como si estuviera asustada. Legolas levantó una ceja como no entendiendo nada de lo que pasaba.
-Ayer en la noche…- no puedo terminar ya que fue bruscamente interrumpido por Minyamir que casi se paró en la cama.
-¿¡Ayer?! …¿en la noche? Que…que pasó ayer- dijo entrecortado no pudiendo recordar nada de anoche, lo último que se acordaba era que estaba en el comedor con sus primos y Halbarad… estúpidos elfos, ya verían cuando los encontrase, pero ya se ocuparía de eso, ahora le preocupaba más lo que habían hecho, o mejor dicho lo que no había hecho ya que no se acordaba de nada debido a su situación, en ese caso él se habría…- ¡Aprovechador!- gritó muy fuerte, tanto que Legolas saltó de la impresión y retrocedió al dedo acusador de Minyamir que lo apuntaba.
-¿Qué…?- fue lo único que pudo decir, porque ahora si que no entendía ¿En que estaría pensando?
-¡Si! Te aprovechaste de mi situación poco conciente- saltó de la cama y corrió hasta el otro extremo de la pieza, mientras Legolas la miraba como si estuviera loca, y en verdad lo parecía ¿De qué se había aprovechado, de tomarle la mano? Algo andaba mal- Si, solo porque yo estaba un poco…- de pronto calló, y se miraba fijamente a un espejo que estaba frente a ella y luego se miró el cuerpo-… estoy…estoy con ropa, o sea que tu y yo no…- Legolas en ese momento entendió la situación y le pareció una completa estupidez ¿Cómo podía pensar que él haría una cosa así?
-Ya ves, no, no pasó nada y te digo algo no entiendo como puedes desconfiar de mí- lo dijo un poco dolido- yo solo te traje cuando estabas…ahogada en cerveza, y si no mal recuerdo fuiste tú quien me dijo: "No te vayas"- dijo imitando su voz- y yo me quedé y dormí en el suelo cuando pude haber dormido muy cómodo en una cama, pero me quedé cuidándote, y aún así desconfías de mí- terminó y luego se dispuso a ir a la puerta para salir de ahí. Minyamir se sintió muy mal por todo eso, había sido muy mala con él y Legolas solo la había acompañado cuando ella se lo pidió, aunque la verdad es que no se acordaba, y aún así pensó lo peor de él. Ahora sí que lo había arruinado.
-Legolas- dijo antes de que abriera la puerta, pero él no se dio vuelta solo esperó que ella hablara, y Minyamir se dio cuenta de que la situación era peor de lo que pensaba-, yo…lo siento, es que no sabía…no me acordaba de lo que había pasado, sé que no debería tratar de excusarme por un error que cometí- hizo una pausa en la que caminó hasta donde estaba parado en la puerta y se quedó detrás de él-, y lo siento por haberte culpado antes de que digieras algo, porque yo puede haberte escuchado antes de pensar cualquier cosa- Legolas se dio vuelta y quedaron frente a frente- y…- Minyamir no podía decir nada, se había quedado muda bajo la mirada de Legolas, y lo único que podía mirar eran sus ojos, como si el resto del mundo hubiera perdido su brillo y que si alguna vez se cerraban se volvería un lugar completamente oscuro y monótono, estaba hipnotizada por sus ojos azules, y supo que nunca más se quería separar de él. Una lágrima rodó por la mejilla de Minyamir, pero no de tristeza ni nada así, ni ella misma sabía el por qué de esa lágrima. Legolas se la recogió con su mano y luego le tomó suavemente la cara y la acarició. De pronto las rodillas de Minyamir se doblaron bruscamente haciendo que casi cayera de no ser por Legolas que la sujetó rápidamente.
-¿Estas bien?- preguntó él cuando la tenía entre sus brazos. Ella asintió y luego se posó su cabeza en el pecho de Legolas y se quedaron así por unos minutos, él le acariciaba su espalda y ella mantenía sus ojos cerrados queriendo que nunca acabara ese momento. Luego se separó un poco de Legolas para volver a mirarlo a los ojos, pasaron unos segundos y se besaron, se besaron con ternura pero deseándose el uno al otro, se besaron como dando cuenta a todos los besos que en mucho tiempo les había faltado, se besaron como no lo habían hecho hace mucho, mucho tiempo, estuvieron así durante un buen rato hasta que lentamente se separaron y volvieron a mirarse, luego Legolas le dio un fugaz beso y ella le sonrió tiernamente. En sus mentes no cabía nada más que esa habitación y ellos. Minyamir lo tomó de la mano y lo guió hasta llegar la cama donde los dos se recostaron abrazados, ella usó el pecho de Legolas como almohada, y él, con la mano que pasaba por la espalda de Minyamir, enredó sus dedos en el cabello de ella. Se quedaron así hasta que por una ventana que estaba alta en la habitación, comenzó a entrar luz, el sol aún no salía pero lo haría pronto y ya era momento de levantarse porque partirían pronto. Minyamir se levantó un poco para quedar cara a cara con Legolas, le dio un beso y se disponía a hablar cuando el la interrumpió.
-No hemos hablado mucho en este último tiempo- dijo Legolas quitándole las palabras de la boca, Minyamir le iba a decir lo mismo y es que tenía razón, desde ese día no habían tenido nada de tiempo para hablar o para estar a solas como para hacerlo, los últimos días habían sido muy agitados, sobretodo para ella, se había reencontrado con sus primos y eso era un gran avance lo que la había puesto muy feliz y había hecho que olvidara todo lo demás, pero ya estaba aquí y cambiaría eso por nada del mundo.
-Si, tienes razón, aunque igual los últimos dos días no fueron del todo tranquilo que digamos- pensó un segundo y dijo: -porque son dos días desde que nos vinimos del abismo de Helm ¿o no? No estoy segura, pero independiente a eso, el último tiempo no ha sido muy tranquilo- a veces Minyamir parecía como si hablara con ella misma y nadie la escuchara. Legolas, que seguía con la cabeza apoyada en la almohada, rió suavemente y tomó un mechón del pelo de Minyamir que le caía en la cara y se lo puso detrás de la oreja, luego se levantó un poco y le quitó un beso.
-Si, es verdad, tampoco habíamos tenido el tiempo para hacerlo- respondió Legolas volviendo a recostarse como estaba antes. Ella se inclinó un poco hasta llegar a la boca de Legolas y lo volvió a besar. Un beso dulce, como solo ella podía darlo, o por lo menos eso era lo que opinaba Legolas de sus besos. Se seguían besando cuando… toc toc: una doncella entró en el cuarto y parecía estar buscándolos.
-Disculpen que los moleste pero, el señor Aragorn lo está buscando y me ha dicho que si los veía que les dijera que si no bajaban a tomar desayuno ahora, se iría en este mismo momento- la doncella hizo una pequeña reverencia y luego pidió permiso y se retiró. Legolas y Minyamir se miraron con preocupación y luego sin motivo comenzaron a reír como un par de locos. Se levantaron, asearon y demás, para luego bajar a los comedores, ahí se encontraba Aragorn y todos los demás que los acompañaban en el viaje, todos ya estaban desayunando y cuando entraron algunas cabezas se voltearon a ver quien entraba, la mayoría de estas dieron vuelta al saciar su simple curiosidad, pero otras cuatro cabezas se quedaron observando: Gimli, Aragorn, Ellada, Elrohir y Halbarad. Minyamir se dio cuenta de aquello y sintió como su cara le ardía.
-'Que vergüenza' Legolas, yo creo que… emmm no tomaré desayuno- dijo mientras un rugido de su estómago se hacía escuchar y él la miró divertido, sabía que a ella nunca le habían gustado las presentaciones en publico.
-Vamos, no seas tonta- dijo mientras le tomaba una mano y la llevaba a la mesa donde estaban sus amigos, ella de vez en cuando trataba de soltarse de su mano pero él la tomaba fuerte. Al llegar a la mesa se escucharon dos risas de unos personajes iguales, Minyamir los miró con un leve tic en su ojo y un puño apretado, antes de que alguien pudiera decir algo, y sin previo aviso, Minyamir había golpeado en la cabeza a sus primos que ahora tenían sus manos sobre ellas, pero no podían dejar de sonreír.
-Estúpidos, todo esto es por su culpa- dijo enojada Minyamir.
-Vaya amanecer- dijo Aragorn por el temperamento que traía Minyamir en la mañana- ¿Qué hicieron estos dos?- Minyamir se giró hasta donde estaba Aragorn y dijo…más bien gritó.
-¿¡Qué que hicieron?! Yo te lo explicaré- dijo, luego tomó aire lentamente para respirar profundo, se tranquilizó y volvió a hablar, ahora más calmada y sin gritar- estos descerebrados hicieron que yo tomara mucha cerveza anoche, y no me acuerdo de casi nada de lo que hice o dije o algo por el estilo, entonces, como tomé tanto y no me acordaba de nada, hoy en la mañana cuando desperté, Legolas…
-¿Dormiste con Legolas?- la interrumpió de golpe Aragorn a punto de reírse mirándola a ella y luego a Legolas, este no sabía que hacer. Minyamir al estar tan enojada le respondió sin pensar.
-Si-exclamó rápidamente para seguir explicándole lo que había pasado pero luego comprendió que lo que había dicho-. O sea no- se apuró en decir. Pero Aragorn, sus primos y Gimli ya estaban riendo- ¡Que te importa!- gritando tan fuerte que todos callaron al grito de la chica y se voltearon a verla. Ella quiso morirse en ese mismo momento y estaba completamente roja de vergüenza. Luego todos volvieron a sus desayunos y Minyamir sintió un poco más de alivio pero aún así quería pegarle a Aragorn.
-Así que durmieron juntos, eso quiere decir que ya están juntos de nuevo- dijo Aragorn que seguía sonriendo.
-Y ¿Se van a casar? Como Aragorn y nuestra hermana Arwen- dijo Erohir, el que recibió otro golpe en la cabeza de parte de Minyamir.
-No, lo dudo, porque no creo que Arwen, su hermana, quiera casarse con Aragorn- dijo Minyamir mirando a Aragorn, ahora era ella la que llevaba la sonrisa.
-Y ¿Por qué no?- dijoesperando que Minyamir digiera alguna estupidez.
-Claro, no creo que quiera casarse después de saber un 'antes que usted viniera a agraciarlo'- dijo imitando burlonamente la voz de Aragorn lo que hizo que los otros se rieran. Aragorn la miró inexpresivo y ella esperó que le digiera algo pero no lo hizo nunca- Aragorn, Aragorn, ten mucho cuidado en lo que vayas a decir- dijo en la cabeza de Aragorn, este sonrió como que si eso fuese lo que estaba esperando, y ella pudo escuchar dentro de la mente de Aragorn que la llamaba y le decía:
-Dormiste con Legolas- dijo y luego rió y a ella se le quitó la sonrisa. Los demás que observaban no entendían que estaba pasando. Minyamir suspiró como si estuviera muy cansada y se sentó en una silla al lado de Aragorn.
-¿Cuándo partimos?- le preguntó Minyamir a Aragorn que seguía teniendo su sonrisa pero la de ahora era de triunfo.
-Cuando acabes de tomar desayuno- respondió el hombre dejando a los demás muy extrañados por la reacción del par.
-Entonces vayámonos - dijo Minyamir, y Aragorn y Minyamir se pararon al mismo tiempo. Luego Aragorn se retiró del comedor y todos los demás comenzaron a desalojarla porque sabían que ya venia la hora de la partida, Minyamir tomó la mano de Legolas y lo miró con una sonrisa-. ¿Vamos?- le dijo todavía mirándolo.
-¿Qué fue todo eso?- preguntó por la situación de antes con Aragorn.
-Nada, tonteras de tontos, o sea digo que el tonto es él no yo, claro- respondió Minyamir y Legolas rió, el comedor ya estaba quedando vacío.
-Será mejor que vayamos o nos van a dejar- dijo Legolas, ella asintió. Miró la mesa y todavía quedaba una persona.
-Gimli, vamos o ¿te da miedo ir? Yo te dije que te iba a dar miedo al final pero no mi hiciste caso- le dijo Minyamir, Gimli rió y fue hasta donde estaban ellos dos.
-No, no me da miedo…
-Aún- le dijo ella interrumpiéndolo.
-Mejor vamos- dijo Gimli al tiempo que rodaba los ojos. Los tres amigos salieron del palacio para dirigirse donde todos se preparaban para partir.
El sol todavía no aparecía por el Este y ya estaban casi todos los hombres montados en las cabalgaduras, y Aragorn se disponía a saltar a la silla cuando vieron aparecer a la Dama Éowyn vestida de jinete, ciñendo una espada, venía a despedirlos. Tenía en la mano una copa, se la llevó a los labios y bebió un sorbo deseándoles buena suerte, luego se la tendió a Aragorn y también bebió, y dijo:
-Adiós, bebo por la prosperidad de vuestra casa y por vos y por todo vuestro pueblo.
Legolas, Gimli y Minyamir, que estaban más cerca, creyeron ver lágrimas en los ojos de Éowyn, y esas lágrimas en alguien tan grave y altivo, parecían aún más dolorosas.
-¿Os iréis, Aragorn?-preguntó ella.
-Si.
-¿No permitiréis que me una a esta compañía como os lo he pedido?-
-No- dijo él- pues no podría concederlo sin el permiso del rey y su hermano, y ellos no llegan si no hasta mañana. ¡Adiós!- entonces Éowyn cayó de rodillas al piso.
-¡Os lo suplico!- dijo con gran dolor.
-No- dijo otra vez Aragorn y le tomó la muñeca para obligarla a levantarse, y se la besó, luego de un saltó montó la silla-. Vuestro deber es estar aquí con los suyos.
-Demasiado he tenido que oír de deber- dijo ella- pero ya bastante he tenido que esperar con las rodillas flojas ¿acaso no puedo vivir mi vida como yo lo deseo?
-Pocos pueden hacerlo con honra -respondió Aragorn-. Pero ¿no habéis aceptado el cargo de gobernar hasta que llegue el rey? Si no habrían nombrado a algún mariscal o capitán, y no podría abandonar el cargo aunque estuviese cansado de él.
-¿Siempre seré yo la elegida? Replicó amargamente- ¿Siempre tendré que quedarme mientras los jinetes parten, dedicándome a pequeñas tareas mientras ellos conquistan la gloria, para que al volver se encuentren con un lecho y comida esperándolos?
-Quizá no esté lejano el día en que no regresen- dijo Aragorn- entonces ese valor sin gloria será muy necesario, pues ya nadie recordará las hazañas de los últimos defensores, las hazañas no son menos valerosas por que nadie las alabe.
-Todas vuestras palabras solo significan una cosa: Eres una mujer y tu misión está en el hogar. Sin embargo cuando los hombres mueran, se te permitirá quemar la casa e inmolarte con ella pues ellos ya no la necesitarán. Pero soy de la casa de Eorl, sé montar y esgrimir una espada, y no temo al dolor ni a la muerte.
-¿A qué le teme entonces?- le preguntó Aragorn.
-A una jaula. A vivir encerrada detrás de los barrotes, hasta que la costumbre y la vejez acepten el cautiverio, y la posibilidad y aun el deseo de llevar a cabo grandes hazañas se hayan perdido para siempre- dijo mirándolo fijamente y un silencio se hizo entre ambos, un silencio que dejó escuchar el ruido y lo que hablaban los otros jinetes de la compañía, y ella habló nuevamente:- ¿Por qué es que la Dama Minyamir puede cabalgar y cruzar al destino que usted elija?
-Porque el deber de ella en esta guerra a sido este, acompañarme hasta el fin de la guerra o hasta que otro fin nos alcance- Aragorn respiró profundo- ¡Adiós!- diciendo esto, dio media vuelta y partió sin dar vuelta la cabeza para mirarla. Y solo aquellos que la conocían bien y que estaban cerca pudieron saber de su dolor. Los hombres comenzaron a seguirle el paso. Éowyn se quedó inmóvil como una estatua mirando a Aragorn, y en eso alguien se la acercó.
-Tu lugar no es en esta compañía, sino en la otra, tu destino está muy cerca y esta vez no tendrás que esperar a que los jinetes regresen ya que tú regresarás con ellos saboreando la victoria- dijo Minyamir que había escuchado con atención la conversación con Aragorn, y la entendía, la entendía más de lo que nadie se imaginaba. El estar en un sitio sabiendo que el lugar que le correspondía estaba muy lejos de ahí, y querer alcanzarlo sin triunfo alguno. Pero el lugar de Éowyn en esta guerra estaba muy cera 'de hecho en camino' pensó Minyamir.
-Pero como puede ser, me dices que mi lugar no es con esta compañía- dijo Éowyn sin quitar la mirada de los jinetes que avanzaban cada vez más.
-Tu lugar está con el rey y con tu hermano, no tengas miedo y ve adelante- luego no dijo más y fue donde estaba esperando su caballo, montó en él y le sonrió a Éowyn para darse vuelta y galopar hasta alcanzar la compañía que ya habían salido de Edoras. Éowyn los siguió con la mirada hasta que desaparecieron bajo el negro Dwimor, el Monte de los Espectros donde se encontraba la Puerta de los Muertos.
Continuaron cabalgando con un cielo aún gris, pues el sol todavía no trepaba por las cumbres del Monte de los Espectros, que ahora tenían delante. Pasaron por las hileras de piedras antiguas que conducían al Bosque Sombrío. Allí en aquella oscuridad de árboles negros, que ni el mismo Legolas pudo soportar mucho tiempo, en la falda misma de la montaña nacía un sendero y en medio de este se erguía una piedra, como un dedo del destino.
-Me hiela la sangre- dijo Gimli, pero nadie más habló y la voz del enano cayó muriendo en las húmedas agujas de los pinos. Los caballos no querían pasar por el lado de la piedra y los jinetes tuvieron que continuar a pie llevando a los caballos por la brida. Así llegaron al fondo del paso. Y allí, en un muro de roca vertical, se abría la Puerta Oscura, negra como las fauces de la noche. Figuras y signos, demasiado borrosas como para que alguien los leyera, coronaban el umbral de piedra, de la que el miedo fluía como un vaho gris. La compañía se detuvo y fuera de Legolas, Minyamir y los hijos de Elrond que no temían a los fantasmas de los hombres, no hubo un solo corazón que no se debilitara.
Minyamir, que al comienzo pensó que al llegar a las puertas se aterraría, pero nada le decía que tenía miedo o que la asustara, no supo la razón pero no temía entrar a ese lugar lleno de espectros.
-Es una puerta adversa- Dijo Halbarad-, y sé que tras ella me espera la puerta, pero sin embargo, me atreveré a cruzarla. Pero ningún caballo querrá cruzarla.
-Pero nosotros tenemos que entrar- le respondió Aragorn que iba a su lado- y por tanto los caballos también entrarán. Pues si salimos de esta oscuridad, del otro lado nos esperan muchas leguas, y cada hora perdida favorece el triunfo de Sauron. ¡Seguidme!
Aragorn se puso al frente, y era tal su fuerza de voluntad en esa hora de oscuridad, que todos sus compañeros, los Dúnedain, fueron detrás de él. Y era en verdad tan grande el amor que los caballos sentían por sus jinetes, que hasta el terror de la puerta estaban dispuestos a afrontar, si el corazón de quien los llevaba por la brida no vacilaba. Solo Iloen y Arod, los caballos de Rohan, se negaron a seguir adelante, y se detuvieron, sudando y estremeciéndose dominados por un terror lastimoso. Legolas le puso una mano en los ojos de su caballo y canturreó unas palabras que se perdieron en la oscuridad, y el caballo se tranquilizó, luego hizo lo mismo con el caballo de Minyamir y así se dejaron conducir y entraron por la puerta introduciéndose en la oscuridad. Gimli se quedó solo, las rodillas le temblaban y estaba furioso consigo mismo.
-¡Esto es increíble! -dijo- ¡Que un elfo quiera entrar en las entrañas de la tierra, y un enano no se atreva!- y con una resolución subita, se precipitó al interior. Pero lo pareció como si una pesadez se apoderara de sus pies, y una ceguera repentina se tomaba los ojo de Gimli hijo de Glóin, que tantos abismos había cruzado sin acobardarse.
Aragorn había traído antorchas, y marchaba a la cabeza del grupo llevando una en alto, y Elladan iba con otra a la retaguardia, y Gimli, tropezando tras él. No veía nada más que la débil luz de las antorchas, si la compañía ase detenía un momento, le parecía escuchar alrededor un interminable murmullo de palabras en una lengua desconocida. Nada atacó a la compañía ni le cerró el paso, sin embargo, el terror de Gimli seguía creciendo, sobre todo por que sabía que ya no era posible retroceder, todos los senderos que iban dejando atrás, eran invadidos por un ejército invisible que los seguía en las tinieblas. Pasó así un tiempo interminable, hasta que vio un espectáculo que siempre habría de recordar con horror. Por lo que alcanzaba a distinguir el camino era ancho, pero ahora la compañía acababa de llegar a un vasto espacio vacío, ya sin muros a uno y otro lado. El pavor lo abrumaba y a duras penas podía caminar. A la luz de la antorcha de Aragorn, algo centelleó a cierta distancia, a la derecha. Aragorn ordenó un alto y se acercó a ver que era.
-¿Será posible que no sienta miedo?- murmuró Gimli- en cualquier otra caverna, yo Gimli hijo de Glóin, habría sido el primero en correr atraído por el brillo del oro ¡pero no aquí! ¡Que siga donde está!
Sin embargo se acercó, y vio que Aragorn estaba de rodillas con Elladan sostenía en alto las dos antorchas. Delante yacía el esqueleto de un hombre de notable estatura. Había estado vestido con una cota de malla, y el arnés se conservaba intacto, pues el aire de la caverna era seco como polvo. El plaquín era de oro, y el cinturón de oro y granates, y de oro también era el yelmo que le cubría el cráneo descarnado, de cara al suelo. Había caído del otro lado de la pared de piedra de la caverna, y delante de él se alzaba una puerta rocosa cerrada a cal y canto. Los huesos de los dedos se aferraban aún a las fisuras. Una espada mellada y rota yacía junto a él como si en un último intento hubiera querido atravesar la roca con el acero.
Aragorn no lo tocó, pero luego de contemplarlo un rato, en silencio se levantó y suspiró.
-¿Adónde conduce esta puerta? ¿Por qué quiso entrar? Nadie lo sabrás jamás- y de súbito se volvió- ¡Pues esta no es mi misión! -dijo hablándole a la susurrante oscuridad- ¡Guardad los secretos y tesoros juntados en años oscuros! Sólo pedimos prontitud ¡Dejadnos pasar, y luego seguidnos! ¡Os convoco ante la Piedra de Erech!
No hubo respuesta, solo un silencio profundo, más aterrador aún que los murmullos, y luego sopló una ráfaga fría de viento que apagó las antorchas y fue imposible volver a encenderlas. Del tiempo que pasó, una hora o muchas, Gimli recuerda muy poco. Los otros apresuraron el paso pero él seguía atrás, perseguido por un horror indescriptible que siempre parecía estar a punto de alcanzarlo un rumor que crecía en sus espaldas como el susurro fantasmal de innumerables pies.
Minyamir iba al lado de Legolas, como era de esperar, y por extraño que fuera para ella, no sentía ni un poco de miedo. Cuando recordó que tendrían que pasar por aquí, algo parecido al miedo se apoderó de ella pero de inmediato esa sensación desapareció de su vientre y solo encontraba tranquilidad, sentía algo de curiosidad por saber como eran los fantasmas de los hombres pero nada que se le pareciera al miedo. '¿serán verdes, huesudos y harapientos como era en la peli?' se preguntó de repente y no puedo evitar imaginárselos.
-¿Alguna vez has visto un fantasma?- le preguntó en un susurro Minyamir a Legolas. Este la miró con una rara expresión por extraña pregunta que le había hecho.
-Creo que no- dijo este tratando de recordar en toda su vida, y Minyamir se percató que trataba de recordar y como su mente trabajaba muy rápido, se le ocurrió otra pregunta.
-¿Qué pasaría si un elfo tiene mala memoria? O sea yo me pregunto porque como viven…o sea vivimos tanto, es como difícil recordar todo lo que viviste, viste, oliste, sentiste, a donde fuiste y todas esa cosas que por lo general un hombre común que vive poco, recuerda muy pocas cosas de su niñez- luego miró a Legolas como si estuviera pensando en otra cosa y volvió a hablar -¿Recuerdas todo lo que has vivido?- dijo como si fuera la pregunta que hace todos los días al desayuno o en una conversación trivial del día. Legolas la miró como si fuera un Balrog con tiña e intentó contestar pero no sabía que. Luego de unos segundos habló.
-¿La falta de oxígeno te afecta al cerebro, o es la oscuridad?- le preguntó como si Minyamir no le hubiera preguntado nada antes.
-¿Falta de oxígeno? ¿Qué, los elfos estudian química?- fue la respuesta de Minyamir que le bastó a Legolas para saber su respuesta.
Siguieron caminando en silencio y luego de un largo silencio se escuchó el murmullo del agua. Al fondo del pasaje se notaba una luz que con cada paso que daban se iba acercando más y más. La compañía siguió caminando, atravesaron otra puerta y de improviso estaban caminando al lado de un río, y más allá el camino descendía bruscamente en unos riscos tan afilados como cuchillos contra el cielo. Supieron más tarde que faltaban solo dos horas para el anochecer, aunque por lo que Minyamir podía entender podría ser el crepúsculo o tratarse de otro mundo fácilmente. Al salir montaron nuevamente a caballo, Gimli volvió junto a Legolas. La tarde caía dando paso al anochecer con azul intenso en el cielo. Cabalgaban en fila, Minyamir iba detrás de Legolas y Gimli, cuando Legolas se dio vuelta para hablar con Gimli, el enano y Minyamir pudieron ver el destello de los ojos de Legolas, Minyamir pensó que era como un gato y se preguntó si a ella también le ocurriría eso.
-Los muertos nos siguen- le dijo Legolas a Gimli.
-Si, los muertos cabalgan detrás de nosotros, han sido convocados- dijo Elladan que iba un poco más adelante.
-Oh, gracias eso me ayudará a seguir adelante- dijo Gimli en sarcasmo y mirando aterrorizado hacia atrás.
-Si quieres devuélvete- dijo Minyamir burlándose del enano, Gimli la miró con cara de asesino y ella se limitó a sonreírle como niña buena.
Repentinamente la compañía salió al final de la hondonada y ante ellos se extendían las tierras montañosas de un gran valle y el arroyo que habían escuchado antes descendía como una voz fría en numerosas cascadas. Abajo en el valle se veían luces de pobladores y cuando bajaron y pasaban por las casas estas se iban apagando, las puertas y ventanas se cerraban y la gente que aún estaba en los campos daba gritos de terror y en todas partes se oía el mismo clamor: ¡El rey de los Muertos camina entre nosotros!
-¿Se referirán a Aragorn?- dijo de pronto Minyamir a nadie. Pero nadie respondió, solo una mirada de reproche de parte de Gimli.
Justo antes de la media noche, y cuando los caballos ya comenzaban a trastabillar de cansancio, y en una oscuridad tan negra como las cavernas de las montañas, llegaron por fin a la colina de la piedra de Erech. Era una piedra que parecía sobrenatural y parecía como si hubiera caído de lo alto, y así lo creían los que habían olvidado las leyendas del Oesternesse. Era completamente negra, redonda como un gran globo, de la altura de un hombre, aunque la mitad estaba enterrada en el suelo.
Minyamir, que entendía un cuarto de lo que estaba pasando y que los otros tres cuartos de lo que sucedía estaba mas perdida que el discman que llevaba en su mochila, por lo que decidió que ya era hora de conocer lo que estaba pasando y por qué habían llegado a una piedra gigante, (ok, se había leído los libros y visto las películas, pero su memoria no era algo por lo que la felicitaran mucho, de hecho generalmente la traicionaba y olvidaba todo) y decidió preguntarle a alguien. Justo atrás de ella iba su querido primo Elladan que cuidaba la retaguardia como lo habían programado antes del viaje. Paró un poco la marcha de su caballo hasta que Elladan la alcanzara para poder hablarlo más cómodamente.
-Holi- fue la iniciación de su conversación por parte de Minyamir, Elladan la miró con cara de 'cual es tu problema'
-Hola…creo- dijo Elladan- si no mal recuerdo ya nos habíamos saludado esta mañana.
-So what- dijo Minyamir muy normal- ¿no te puedo saludar de nuevo?
-Supongo.
-Oye, ¿qué estamos haciendo?
-Cabalgando- dijo Elladan como obvio (y lo era). Minyamir rodó los ojos.
-No me había dado cuenta- dijo fingiendo una voz sorprendida –no seas tan literal, ¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos? ¿Qué es eso que está al frente? ¿Y porque nos siguen los fantasmas, o sea no deberíamos ir a defender a Gondor con los fantasmas?- pensó un momento en lo que había dicho- o sea, no es porque yo sepa lo que está pasando y lo que vamos a hacer y cuales son su planes, pero era solo…una suposición, si eso era una suposición. Lindo paisaje 'estúpida'- Elladan solo rió de las reacciones que ella tenía, pero hizo caso omiso de lo que había dicho, ya que el y su hermano estaban al tanto de donde venía y que sabía, pero también sabía que tenía que dejar que las cosas pasaran por si sola y no estaba bien adelantarse a los hechos.
-¿Dónde estamos?- hizo una pausa- ¿Enserio quieres saber? Porque puede que no quepa en tu cerebro, y además para que quieres saber, si aunque te diga jamás podrás llegar de nuevo, eres la persona más perdida de todos los tiempos- decía mientras aguantaba la risa y Minyamir lo miraba con cara de asesina en serie.
-El que no va a tener sentido de ubicación serás tu si no dejas de decir estupideces.
-Está bien. Bajamos desde las fuentes de Moethond, en el río de aguas glaciales.
-¿Es una broma?
-Entenderías si conocieras más la tierra donde vives, te dije que no entenderías y…
-Está bien, está bien tu ganas, ahora- hizo una pausa e hizo una mueca como si tratara de recordar algo- cual era la segunda pregunta…Ah! Si…
-Shhhhh, no grites- dijo Elladan mirando al frente justo cuando la mitad de la compañía daba vuelta la cabeza para ver que era lo que había pasado. Legolas, curioso se detuvo para acercarse un poco a ellos y preguntar sin palabras que había pasado, Elladan y Minyamir negaron con la cabeza en señal de 'nada, no te preocupes' y la chica agradeció por que fuera de noche ya que sus mejillas ardían y supuso que estaba roja de la vergüenza. Luego que las cosas se calmaron un poco volvió a hablar.
-Bueno, ya me acordé de la otra pregunta.
-Si me di cuenta- dijo Elladan casi riendo.
-¿A dónde vamos?
-Bueno, a donde vamos y la siguiente pregunta que era '¿Qué es eso que está al frente?' se relacionan- hizo una pequeña pausa para mirar hacia delante y luego se volvió hacia ella y habló nuevamente:- estamos yendo hacia la piedra de Erech, que es lo que está en frente.
-Ya, y entonces ¿Qué es la piedra de Erech?
-No pero viene otra pregunta antes que…
-No me importa, ¡¿Qué es la piedra de Erech?!
-Está bien- dijo Elladan casi asustado por la reacción de su prima- pero es una historia larga y no se si alcance a contártela antes de que lleguemos. Tal vez sería mejor dejarla para otro día.
-Si bueno está bien, tienes razón.
-Y la respuesta a la otra pregunta es que, como ya lo había dicho antes, los fantasmas nos siguen porque han sido convocados por Aragorn que es el rey de Gondor, por lo tanto heredero de Isildur. Y bueno todo eso tiene que ver con la historia de la piedra de Erech.
-Si algo me acuerdo de eso.
Siguieron cabalgando por un momento en silencio y luego Minyamir volvió a hablar:
-¿Tu recuerdas algo de mi padre?- le preguntó sin mirarlo.
-La verdad es que muy poco, y las cosas que te podría decir son las que todos conocen, pero nada personal. En el momento en que tu te fuiste el regresó a Númenor.
-Como si yo hubiera querido irme- dijo en sarcasmo-. Pero a que te refieres con que volvió a Númenor.
-Bueno esa es una historia aún más larga que la de Isildur y la piedra de Erech. Y además no sé si soy el indicado para contare todas esas cosas.
Minyamir se quedó con aún más preguntas de las que tenía antes, pero no sabía como formularlas y al parecer todas las historias eran demasiado largas para contarla en un viaje como el que estaban haciendo. Y ahora que lo pensaba, ella no sabía nada de su madre, si estaba viva o muerta, y tampoco sabía su padre estaba vivo o muerto, estaba segura de que Elladan lo sabía pero no quería saberlo todavía. Tuvo la intención de preguntárselo pero una sensación extraña se alojó en su estómago y prefirió callar.
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Aiya a todas las que siguen mi fiiic!!!
Lo sientooooooooo no fue mi intención demorarme tantoo, espero que sigan leyendo y yo espero que no me demore tanto en actualizar otra vez.
Bueno las quiero mucho a todas las que siguen mi fic, ya se que no es de los mejores pero bueno.
Un gran beso y cuídense muchoo
Namrië
