Recordamos a nuestros lectores que estou es una traducción. Para datos de autor y URL original, favor pasar al primer capítulo. Gracias!

El día siguiente, el trabajo podía ser considerado cualquier cosa MENOS normal. ¡Hiro y Suguru sonreían y coqueteaban incesablemente! Siempre que pensaban que no estaban siendo observados, se besaban y tocaban a escondidas. Ninguno de ellos podía dejar de pensar en las 24 horas anteriores, las que esperaban fueran las primeras de una seguidilla de muchas más.

La noche pasada habían hecho el amor dos veces más antes de colapsar, completamente agotados, y antes de salir hacia la casa de Suguru al otro día, habían hecho el amor otras dos veces. Una vez que llegaron a la casa del tecladista, se habían dado un gusto con el cuerpo del otro una última vez antes de volver al trabajo.

Justo como antes, Suguru había sorprendido al guitarrista. Jamás en un millón de años Hiro habría pensado que su novio podía ser tan ruidoso. Seguía esperando que los vecinos golpearan puertas o paredes demandando silencio. La segunda sorpresa fue el lenguaje de Suguru. El tecladista tenía una jerga sexual increíble, y ningún pudor a la hora de ponerlo en práctica.

Suguru, por supuesto, lo hizo a propósito. Pensó que a Hiro debía gustarle que le hablaran vulgarmente basándose en la primera vez que estuvieron juntos, así que lo intentó la segunda vez sin ninguna provocación. Si la primera vez se pudo considerar como un éxito, la segunda ganó la medalla de oro. Dirigió las acciones de Hiro con instrucciones explícitas, y éste estaba más que complacido de obedecer.

La tercera sorpresa fue la mayor de todas. La única referencia de sexo homosexual venía de Shûichi y sus narraciones de sexo con Yuki. Aprendió rápidamente que mientras muchas parejas gay podían ser como esos dos, no todas lo eran.


Ambos entraron a la habitación de Hiro, aun húmedos por la ducha, y cayeron a la cama con los cuerpos entrelazados, riendo y besándose. Su primera noche y mañana juntos había sido increíble, y aunque Suguru estaba adolorido por haberlo acogido en su interior tres veces hasta ahora, estaba listo para otra ronda antes de volver a su casa.

Con toda la naturalidad de alguien que había hecho esto un millón de veces antes, Suguru se quitó a Hiro de encima y rodó para quedar a horcajadas sobre sus caderas. Hiro amaba esta nueva faceta agresiva de Suguru, y giró sus caderas hacia arriba para él. El tecladista mordisqueó el cuello y barbilla del pelirrojo consiguiendo arrancarle unos maullidos de placer. Fue bajando por los brazos de éste hasta llegar a sus manos, y llevó cada dedo a su boca por un momento, rodeándolos con la lengua mientras chupaba. Hiro gimió mientras la lengua de Suguru se deslizaba por cada dedo, lamiendo la sensible piel.

El tecladista bajó su boca por el cuerpo de Hiro, deteniéndose para prestarle atención a cada pezón y colmar de atenciones la dura erección bajo él. Hiro se aferró de las sábanas y separó aun más las piernas, ofreciéndose para más juegos y atenciones. Suguru tomó esto como una invitación y llevó su lengua desde el cuerpo de la erección hasta sus testículos, bañándolos con una tibia humedad. Sin remover su lengua, continuó su camino hacia abajo.

Separando a Hiro aun más con sus manos, la lengua de Suguru revoloteó por la entrada de su amante, causando que Hiro se sobresaltara. No se había esperado ello, y perdió el aliento por las sensaciones que lo asaltaron. Antes de lograr recuperarse, Suguru lo hizo una, y otra, y otra vez, antes de embestir su lengua en su interior.

Hiro no tenía control sobre las reacciones de su cuerpo. Se dio cuenta de lo que le costaba respirar mientras embestía sus caderas para recibir la sedosa lengua de Suguru, silenciosamente demandando más de ello. Intentó detenerse, ÉL era el seme¿verdad? Aparentemente estaba equivocado esta vez. Uno de los dedos de Suguru entró en la boca de Hiro, y luego penetró con el lubricado índice la íntima entrada del guitarrista, acariciando su interior y llevándolo a un espiral de infinito placer.

Un dedo se volvió dos, dos se volvieron tres, y Hiro luchaba por mantener la compostura a pesar de las caricias en su próstata. ¡Nunca antes había sentido algo tan íntimo! Si esto significaba ser uke, sentir semejante placer y que tu pareja responda a cada una de tus necesidades, quizás estaba equivocado. Quizás él no era el seme, o quizás era una posición que iban a compartir.

Suguru sacó una botella de lubricante entre las sábanas de su última ronda de sexo. Embetunando sus dedos, continuó acariciando y dilatando el interior del pelirrojo, asegurándose de prepara bien su pasaje. Hiro no lograba generar palabras o pensamientos coherentes. Las sensaciones emanando de su cuerpo lo atravesaban como un espiral y se vio completamente perdido ante éstas.

El tecladista lentamente subió por el cuerpo de su amante, mordisqueando y lamiendo la sonrosada piel bajo él. Sus dedos continuaron entrando y saliendo de esa estrecha cavidad. La sensación de Hiro tensándose y relajándose a su alrededor lo llevaba casi al límite.

Se arrodilló entre las expandidas piernas de Hiro y retiró sus dedos, limpiándose el lubricante en las sábanas. Dejó la pierna derecha de su amante sobre sus hombros, y la izquierda alrededor de su cintura. Tomó el lubricante una vez más para cubrir su propia erección antes de colocar la cabeza contra el anillo muscular.

Hiro sintió a Suguru presionar contra él y forzó a su cuerpo a relajarse. No podía esperar otro momento por sentirse lleno, y cuando la cabeza del miembro de Suguru entró en él, arqueó su espalda y tomó las sábanas con fuerza.

No había dolor, solo un sentimiento de presión y plenitud que seguía aumentando. Sintió las manos de Suguru tomando sus nalgas mientras se enterraba profundamente en su interior. Hiro finalmente comprendió. No había una posición mejor que la otra. Sólo era diferente, pero no menos maravilloso por ello. Ser uke o ser seme no tenía nada que ver conDominancia o sumisión, al menos no en esta relación. Ellos estaban dispuestos a compartir sus cuerpos con el otro por completo.

Suguru se quedó quieto, esperando que Hiro se relajara lo suficiente. Respiraron pesadamente, hasta que el guitarrista necesitó continuar.

"¡Nene, por favor!" gritó desesperado. Suguru comprendió y retiró su miembro sólo un poco. Esa fracción de centímetro fue luego devuelta con fuerza. Repitió esta acción una y otra vez, lentamente provocando a Hiro.

Para Suguru no había nada más hermoso en este mundo que Hiro en ese preciso momento. El cabello del guitarrista estaba desparramado alrededor de su cabeza, mientras brillantes gotitas colgaban de su rostro y cuello. Los ojos de Hiro brillaban y quedaron sellados en los suyos, y su cuerpo estaba ruborizado y pesado debido al esfuerzo.

Hiro acercó a Suguru usando sus piernas entrelazadas a su alrededor. Desplazó los cuerpos de ambos y urgió a Suguru para que se moviera más rápido y lo penetrara más profundo. Suguru comprendió el mensaje y le dio a Hiro lo que deseaba. El pelirrojo se torció para levantar sus caderas y recibir cada embestida, y pronto ambos estaban jadeando y gritando fuertemente los nombres del otro.

Suguru tomó la verga de Hiro y comenzó a estimularla a contratiempo de sus embestidas, trayendo el orgasmo del guitarrista casi al instante. Sostuvo el miembro de Hiro y se estremeció al sentirlo vibrar en su mano, pasando el pulgar por la pequeña abertura mientras el cálido líquido escapaba por ella.

Hiro estaba viendo estrellas cuando su orgasmo atravesó su cuerpo. Era tan bueno, tan increíble, y sintió como quedaba inconsciente por la sobrecarga. Antes de perder el conocimiento por completo, sintió a Suguru embestirlo un par de veces más antes de que un chorro cálido lo traspasara. Suguru se estaba corriendo en su interior, marcándolo de la misma forma en que él había marcado a Suguru antes. Quería mirar, quería ver el rostro de su amante en medio del éxtasis. Pero la fuerza del cansancio era demasiado, y Hiro se dejó caer lleno de alegría.


"¿Yuki?"

Shûichi estaba de pie frente a la entrada de la oficina de su amante mientras esperaba la respuesta. Su única respuesta fue el sonido del teclado mientras Eiri lo ignoraba y continuaba trabajando.

"¿Yuuuukiiii?"

Eiri conocía ese tono de voz. Shûichi deseaba algo. Eso, además del hecho de que su koibito lo estaba llamando Yuki en lugar de Eiri le daba mala espina. Shûichi sólo lo llamaba Yuki cuando deseaba algo y no estaba seguro de cómo pedírselo. Eso normalmente significaba que la petición molestaría al novelista.

"¡Maldición Yuki, contéstame!"

"¡QUÉ!. ¡Qué quieres?. ¡Que no ves que estoy trabajando!" Shûichi buscó algo de amabilidad en la voz del rubio, alguna indicación de que el novelista no estaba molesto de verdad. Se estremeció al darse cuenta de que no había nada más que ira y malestar. El bastardo estaba de vuelta.

"Em, pues quería saber algo," dijo mientras movía sus dedos por las vetas del piso de madera. Cuando Eiri no respondió, decidió decirlo de una vez. "¿Cuál era el premio por ganar los 30 puntos?"

'Ahhh,' pensó Yuki. 'Así que de esto se trataba.' Había estado esperando que Shûichi trajera el tema del premio prometido desde que acabaron las escenas el domingo en la noche.

"Sabes muy bien, gakki, que no tengo ninguna intención de decirte lo que es. No lo ganaste. Punto. Ahora déjame solo para que pueda trabajar." Eiri volvió a tipear y deliberadamente ignoró al baka pelirrosa que aun merodeaba en la habitación.

"¡Pero YUUUKIIII!. ¡Por favor dime!" Ahora el mocoso estaba empezando a molestarlo de verdad. Shûichi sabía las reglas del juego. Sus escenas habían acabado, y tendría que esperar hasta la próxima vez para intentar ganar los 30 puntos nuevamente.

Eiri se dio vuelta y estaba a punto de gritarle a Shûichi cuando vio la mirada en los ojos del niño. Estaban nublados nuevamente, como cuando Shûichi estaba pasando por el sub-drop. Eiri sabía que tenía que manejar esto con sumo cuidado. Cualquier cosa equivocada dicha ahora podría llevar a Shûichi a una depresión. La última cosa que necesitaba era un Shûichi deprimido en casa.

Respiró profundamente y comenzó. "No voy a decirte cual era el premio. Aun está allí para ti. Todo lo que tienes que hacer es juntar 30 puntos, y es tuyo. No quiero que pienses que estoy decepcionado de ti, porque no lo estoy. Establecí esa meta para que la alcanzaras. Si hubieras sido capaz de obtenerlo en tu primer intento, eso hubiese significado que no te estaba desafiando lo suficiente. La próxima vez, trabajarás más duro. Eventualmente, cuando lo ganes, habrás alcanzado los 30 y te daré tu premio."

"Te diré esto. Valdrá la pena todo el dolor y sufrimiento. Puedes confiar en mi cuando te lo digo."

"Eiri, confío en ti en todo¿acaso no lo sabes?" El brillo normal regresó a los ojos púrpura, y Eiri supo que ya no necesitaba preocuparse.

El novelista sonrió ante la confesión y Shûichi se desmayó. Era una sonrisa tan maravillosa que el pequeño deseaba observar por horas, memorizando cada detalle del perfecto rostro de su amante.

"¿Confías en mi? Bien." Eiri se puso de pie y comenzó a caminar hacia el cantante. Puso sus manos en los hombros de Shûichi, lo besó tiernamente en los labios, los dio vuelta, lo llevó hasta la sala y cerró la puerta de su oficina tan fuerte que incluso tembló. Desde atrás de la puerta, Shûichi oyó a Eiri gritar, "Entonces confía en mí cuando te digo que si no me dejas en paz para trabajar¡me aseguraré de que NUNCA obtengas 30 puntos!"

Shûichi observó la puerta cerrada por unos instantes antes de gritarle, "¡ERES MALO!" y alejarse del lugar. Bien. Si así lo quería Eiri, sólo tendría que encontrar algo más para entretenerse. Sacó su Playstation 2 y se sentó a luchar contra Sin en el Final Fantasy World of Spira. La madurez era una cosa maravillosa, y ambos habían perdido ciertos hábitos molestos con los años que llevaban juntos. Gracias a dios, Shûichi estaba en un punto donde comprendía que no todas las peleas acababan en ruptura. Estaba tan seguro de su relación como para darle a Eiri el espacio que necesitaba. A veces.

Eiri, por el otro lado, estaba teniendo problemas en su oficina. Hablar del juego de puntos le traía recuerdos lo que lo dejó luchando contra una erección. No tenía tiempo para esto – su fecha de entrega estaba a unos cuantos días, y Eiri no quería que Shûichi durmiera solo mientras él se veía forzado a trabajar toda la noche. Su sub-drop no era tan fuerte ahora, pero aun quedaban signos de él presente. Hasta que todos los signos desaparecieran, se aseguraría de dormir con el niño entre sus brazos cada noche.

Ahora, que hacer con su erección. ¡Los recuerdos de su fin de semana no ayudaban en absoluto!


Shûichi y Eiri volvieron a entrar a la sala después de rasurarlo, listos para sacar otro juego de la caja. ¡Shûichi estaba emocionado! Hasta ahora, los juegos habían sido divertidos, y se anticipaba a lo que vendría.

Una vez que el collar de entrenamiento fue regresado a su cuello, Eiri indicó a su sub que sacara otro pedazo de papel de la caja blanca. Una vez que se lo entregó, el rubio leyó en voz alta:

"El sumiso deberá ser un muñeco sexual humano. Debe permanecer completamente pasivo y no emitir ningún sonido. Cualquier sonido resultará en castigo y perderá los puntos. El completarlo con éxito le otorgará 3 puntos."

Eiri se lamió los labios y sonrió. Había estado esperando este juego y no podía aguantar las ganas de comenzar. Repitiendo las instrucciones, y agregando que Shûichi no podría correrse hasta que se lo indicara, Eiri lo tomó y lo empujó contra la alfombra boca abajo.

Shûichi dejó su cuerpo completamente relajado. Yacía con los ojos abiertos observando una esquina de la habitación mientras esperaba que Eiri comenzara. Oyó el murmullo de ropas y logró ver de reojo la polera y botas de Eiri siendo colocadas ordenadamente en una pila sobre una silla. Aminoró su respiración – algo le decía que esta experiencia sería alucinante y no quería excitarse más de lo necesario.

Eiri se arrodilló al lado de su muñeco y palpó sus nalgas perfectamente redondas. Las amasó, no muy amablemente, apartándolas para exponer la rosada entrada oculta de la vista. Tomando un delgado vibrador de su caja de juguetes y untándolo con lubricante, lo deslizó dentro de su cuerpo para dejarlo reposando contra la próstata de Shûichi, oyendo como la respiración del niño se le hacia dificultosa ante la violación.

Eiri separó bien sus piernas, doblando las rodillas hasta que estuvo completamente desparramado sobre el piso. Quedándose de pie por un momento, se sumergió en la visión que tenía bajo él. Las piernas del pelirrosa estaban abiertas en casi 90 grados y sus brazos estaban tirados al azar frente a él. Su cuerpo se hinchaba y se relajaba con cada respiración, pero aparte de ello estaba completamente quieto. Shûichi era magnífico y a Eiri se le hizo agua la boca con el regalo que había encontrado en su amante. Su deseo de complacer a Eiri en todas las formas, no sólo durantes las escenas, le traía más placer a la vida del novelista que cualquier otra cosa posible. Jamás imaginó que otra persona lo pudiera amar y confiar en él a tal extremo.

Arrodillándose entre sus piernas, comenzó a acariciar el perineo de Shûichi. Los suaves roces enviaban ondas de placer a través de ambos cuerpos.

Eiri tomó bruscamente el cuerpo de su juguete y colocó a Shûichi sobre su regazo. Sus piernas estaban tiradas sobre las de Eiri, y su rostro estaba presionado contra la alfombra. Sin advertencia previa, Eiri encendió el vibrador y dejó que las suaves ondas golpearan contra la próstata de Shûichi. Podía sentir al cuerpo de su niño oponiendo resistencia a la estimulación. Hasta ahora, lo había hecho maravillosamente. Los músculos de Shûichi se tensaron en una placentera ansiedad cuando Eiri comenzó a sacar y meter el vibrador de su cuerpo.

Shûichi luchaba por permanecer quieto. Con cada movimiento, su verga rozaba los muslos forrados en cuero de Eiri, y las sensaciones estaban aumentando demasiado. El vibrador fue removido de improviso y fue reacomodado en el regazo de Eiri.

El rubio bajó la cremallera de sus pantalones. Liberó su miembro y la colocó entre las nalgas de Shûichi. Sin penetrar a su juguete, comenzó a masturbarse contra Shûichi, presionando su erección profundamente en la sedosa hendidura mientras mantenía las nalgas apretadas entre ellas. Acercó el lubricante y desde arriba arrojó un chorro sobre su longitud, frotándolo entre ambos cuerpos con sus movimientos.

Shûichi se forzó a relajarse. Sus músculos se habían tensado ante el increíble esfuerzo y comenzaba a sentir dolor mezclado con el placer. Respirando profundamente y contando en silencio hasta diez, sintió que su cuerpo comenzaba a relajarse. Eiri sintió el cambio y se sonrió. Shûichi estaba aprendiendo como tener control sobre su cuerpo, en lugar de permitirle a su cuerpo tener el control de él. Embistió contra su juguete por unos momentos más antes de detenerse y poner a Shûichi boca arriba.

Shûichi vio como su Amo gateaba sobre su cuerpo hasta que su erección estaba directamente sobre la cabeza del pelirrosa. Eiri le abrió la boca con la mano. Su Brazalete y Anillos de Amo se sintieron fríos contra su piel, las cadenas causándole suaves cosquillas. Eiri bajó su miembro y cerró la boca de Shûichi a su alrededor, y luego se movió en una nueva posición. Con su verga aun dentro de la garganta de Shûichi, se inclinó hasta que sus manos y brazos soportaran su peso junto con sus piernas. Joderse la boca de Shûichi de esa forma era inmensamente erótico, y estableció un paso brusco para su muñeco.

Shûichi estaba recostado lo más quieto posible mientras el miembro de su Amo entraba y salía de su boca. Diseñó un cierre hermético con sus labios que permitía que se creara una succión natural. A pesar de que no podía usar su lengua, la aspiración formada le daba un gran placer a su Dom, ocasionalmente forzando a sus dientes a rasparlo gentilmente. Escuchó como Eiri gemía en un puro placer sexual, mientras sus caderas lo embestían más fuerte y rápido. Su propio miembro dolía y se movía involuntariamente, dejando caer gotitas de semen sobre su estómago.

De pronto Eiri se enderezó y sacó su miembro de la boca de Shûichi. Bajó por el cuerpo del pelirrosa hasta que ambas erecciones estaban en contacto. Inclinándose, atrajo a su muñeco en un profundo beso. Arrullando la parte alta de su boca, acariciando sus dientes y haciendo bailar su lengua a su alrededor, Eiri bebió el sabor de Shûichi. El niño sabía como un vino exquisito, una mezcla de sabores que combinados se convertían puramente en Shûichi.

Las caderas de Eiri bajaron fuerte y veloces. Ambos estaban húmedos y pegajosos, y sus erecciones se deslizaban y movían contra otra con serenidad. Shûichi quería gritar. Quería chillar y embestir su cuerpo contra el de su Amo. Sólo su fuerza de voluntad lo detenía – sabía que si se rendía, la escena acabaría y sería castigado. Eiri lo embistió con más fuerza, haciéndolo ver estrellas, y no había alivio a la vista.

El novelista estaba disfrutando cada segundo de esto. El rostro de Shûichi retorciéndose en un doloroso placer, luchando por mantener su cuerpo quieto y su boca cerrada ante cualquier sonido. ¡Era la belleza encarnada! Esto le causó mucha risa, era tan caliente, tan jodidamente increíble, que se estaba aproximando a su orgasmo demasiado rápido. Le tomó cada gramo de fuerza el ponerse de pie. Shûichi permaneció tendido en el piso, sin hacer ningún movimiento más que la respiración que llenaba su pecho. Su cuerpo estaba enrojecido por la excitación y el esfuerzo, y su piel brillaba perlada por el sudor.

Eiri tomó una botella de agua y la bebió de un largo sorbo. Dándole la espalda a Shûichi, se quitó sus pantalones de cuero por completo, dejándolo sólo con su Brazalete y Anillos de Amo.

De la caja de juguetes sacó otro objeto, éste último desconocido para Shûichi. Parecía un marcador no permanente de punta alargada. Había usado objetos no sexuales en el pasado durante las escenas, por lo que quizás ese era el destino de aquel marcador.

Eiri se arrodilló frente a su sumiso una vez más y lo rodó para dejarlo sobre su estómago. Shûichi oyó como la tapa del marcador era removida, y de pronto sintió la fría punta sobre su piel.

El cuerpo de Shûichi se convirtió en la Piedra Rosetta de Eiri. Comenzando por la derecha y avanzando hacia la izquierda, dibujó los símbolos kanji sobre aquella piel sonrosada.

El primer símbolo decía 'puta', y fue ubicado entre sus omóplatos. El segundo símbolo fue dibujado en la parte trasera de su muslo izquierdo, y decía 'juguete sexual'.

Shûichi fue dado vuelta y otro símbolo fue impreso en su cuerpo. Este otro fue colocado en su estómago, terminando justo sobre la base de su miembro. Decía 'perra'. El siguiente símbolo fue escrito en la parte interna de su brazo izquierdo y decía 'jódeme'.

Eiri bajó por las piernas de Shûichi y escribió 'esclavo' por su pierna derecha tres veces. Subiendo nuevamente por su cuerpo, escribió 'MÍO' sobre su pecho.

Era momento de escribir los símbolos finales sobre el cuerpo de Shûichi. Levantó su pierna derecha muy alto, exponiendo el pliegue de su miembro entre sus bolas. Colocando el lápiz contra la piel, escribió Eiri Yuki, y se movió para admirar su trabajo.

"Si pudiera publicarte, lo haría. Debes ser mi mayor obra maestra." Shûichi no tenía idea de lo que tenía escrito en el cuerpo, pero las palabras de su Amo hicieron que el pecho se le hinchara con orgullo y amor. En su mente no cabía duda de que él haría cualquier cosa por este hombre, y momentos como este renovaban esos sentimientos de absoluta devoción.

El novelista estaba al borde de su resistencia. Necesitaba estar dentro del cuerpo de su niño, cabalgando las oleadas de placer mientras lo montaba. Se paró por encima del cuerpo del pequeño y estudió cada milímetro de piel expuesta. Sus manos bajaron para sostener su propio miembro, acariciándolo lenta y metódicamente. Los ojos de Shûichi seguían los movimientos de la mano de su Dom y deseó ser él quien le proveyera tal placer.

Shûichi fue girado sobre su estómago una última vez y Eiri se arrodilló sobre él. Se puso a horcajadas sobre la pierna izquierda del cantante y elevó y dobló la derecha en el aire, retorciendo el cuerpo bajo el suyo. La parte baja del cuerpo de Shûichi reposaba sobre su lado izquierdo, mientras que su parte alta seguía boca abajo sobre el piso. Eiri se acercó hasta que su verga presionaba contra la abertura expuesta, y con una enérgica embestida, se enterró en ese cálido pasaje. Trayendo la pantorrilla de Shûichi hasta su rostro, comenzó a lamerlo y joderlo a compás.

La mente de Shûichi era un caos incoherente. Continuaba luchando los deseos de moverse y gritar, forzando sus manos a relajarse y deshacer sus puños mientras era montado. Los gemidos y gruñidos de placer de Eiri aumentaron, haciéndose más y más fuertes con cada momento. Miró hacia abajo y se concentró en el punto donde sus cuerpos se unían, mientras seguía chupando y mordisqueando la dulce pierna de Shûichi. Estaba tan, tan cerca.

Una mano se dirigió hacia abajo a acariciar el miembro de Shûichi desesperantemente lento. Shûichi se vio forzado a jadear en busca de oxígeno. Los sentimientos que lo asaltaban de todos los puntos eran casi irresistibles, y con un grito silencioso, se corrió.

Cuando Eiri sintió aquel cálido líquido bañando su mano, llegó al límite. Con un aullido desgarrado, se vació dentro del cuerpo de su muñeco sexual, sintiendo el estrecho túnel convulsionando a su alrededor. Cuando la última gota de su semilla salió de su cuerpo, colapsó detrás de Shûichi y atrajo el cuerpo de su niño estrechamente contra su pecho. Shûichi sintió que se derretía ante aquel abrazo.

"Eso estuvo increíble. Dios Shûichi, estoy muy orgulloso de ti. Te ganaste esos tres puntos. La escena ha terminado, ya puedes relajarte." Inmediatamente, el pequeño fue abrumado por un ataque de llanto. Su cuerpo temblaba mientras tragaba aire.

Eiri lo dio vuelta inmediatamente, temiendo que Shûichi estuviera de regreso en el sub-drop. Inmediatamente se dio cuenta, con gran alivio, que esa no era la causa. Shûichi sólo estaba experimentando una liberación emocional muy extrema. Esta vez no era sub-srop, sino subespacio. Era casi como alcanzar el Nirvana para un sumiso. Total sumisión en una escena, una lujuriosa manifestación de sexualidad y relajación extasiada durante la escena, y ahora estaba sufriendo felizmente las consecuencias. Era como una cumbre sin final ni comparación.

Detrás de esas lágrimas, sus ojos brillaban con alegría y amor, y su boca estaba curvaba en una sonrisa a pesar de los poderosos sollozos. Se apretó a Eiri e intentó unírsele lo más físicamente posible. Para ayudarlo, el rubio giró sobre su espalda y colocó a Shûichi sobre él. El cantante se dejó abrazar y acariciar mientras las maravillosas emociones continuaban embriagando su sistema.

Eiri permitió que esto continuara por algunos minutos antes de levantar a ambos. Cargó a Shûichi sobre sus brazos y lo llevó al baño.

"Ya fue suficiente por ahora. Tú y yo necesitamos un descanso. Vamos a tomar un baño." Eiri normalmente reservaba el aftercare para el final del día, pero la extrema respuesta emocional de Shûichi requería administrárselo inmediatamente. Su sub necesitaba ser regresado a la realidad y lejos del mundo de las escenas antes de que pudieran jugar otra vez.

Esta no era la primera vez que Shûichi había experimentado el subespacio. Se esforzaba por conseguirlo en cada escena, y atesoraba los recuerdas de cada vez que alcanzaba el más hermoso estado mental. Cuando fue puesto frente al espejo para leer el trabajo de Eiri, sintió que el orgullo y amor regresaban al mil por ciento cuando leyó el símbolo 'MIO' escrito en su pecho. Eiri le permitió explorar su cuerpo lentamente, leyendo todos los símbolos en tinta sobre su él. Cuando terminó, Shûichi corrió hacia su amante y se lanzó a sus brazos.

"Una vez me preguntaste porque quería hacer esto contigo," dijo entre sollozos. "No sólo el pony play, sino todo. ESTE es el porqué. Esta mezcla de euforia y amor que me están abrumando por completo ahora. TÚ me haces sentir esto. Te amo muchísimo, Eiri." Shûichi sonrió con todo su cuerpo al hablar.

La única respuesta verbal de Eiri fue decirle, "también te amo, Shû-chan." Respaldó sus palabras compartiendo un encantador beso con su amante, antes de llevarlo a la bañera en un cálido y vaporoso baño.

Shûichi se sentó al borde de los azulejos y se permitió volar.

Continuará……

Notas de ffpanda: (grillos cantando) Ok, no realmente, al menos no al final del invierno, pero ya me entienden. Me siento un tanto agotada después de acabar este capítulo. Me tomó más tiempo escribirlo que cualquier capítulo anterior. De verdad espero que lo hayan disfrutado, y me disculpo por lo mucho que me tardé!

A mis reviewers y gente que me escribe al mail: Los amo a todos! De verdad! … … estoy muy cansada, lo siento. Dónde estaba? Mis reviewers! Los emails de su parte están aumentando! Me alegro haberles abierto un nuevo mundo a varias personas (Ashley: Culpable) Jamás imaginé que algo así pasaría cuando comencé con esto. En realidad era para mi placer personal. Me había estado imaginando a Eiri y Shûichi en escena por un par de meses, y finalmente llegó la hora de plasmarlo. Espero que continúen disfrutando esta historia tanto como yo disfruto escribiéndola!

Próximo Capítulo: AFTERCARE! WIIII! Y mucho, MUCHO más! Eiri y Shûichi van a explorar un poco más el campo del dolor (nada muy intenso, de hecho, es algo que cualquiera puede incorporar a su actividad sexual. Créanme!) Hiro y Suguru siguen enamorándose.

Notas de traducción: Nada que aclarar en este capítulo, solo reiterar mis disculpas por la demora y aprovechar de agradecer a ffpanda por ayudarme con ciertas cosillas en inglés y a Nadeshiko por ser mi beta en español n,n. Gracias a las dos por hacer de este fic un lugar mejor para vivir! Ojalá también puedan leer Adicto a Shûichi y Fanfic, un one-shot muy chistoso que traduje como disculpa por la enorme demora. Nos vemos! n,n