Recordamos a nuestros lectores que esto es una traducción. Para datos de autora y disclaimers pertinentes favor pasar al primer capítulo.

Nota de autor: Advertencia! Escena consensual sin consentimiento a continuación!! Significa que no es realmente una escena sin consentimiento.


En la mente de Hiro se repetían las conversaciones que había entablado ese día. No podía creer que Yuki iba a dejar a Shûichi Dominarlo esa noche. Suguru y él cambiaban de lugares casi todas las veces que hacían el amor, pero Hiro dominaba la mayor parte del tiempo, y ellos ni siquiera habían montado una sola escena. No sabía si, llegado el momento, sería capaz de entregar el control de la manera en que Yuki lo haría.

Mirando su regazo, intentó enfocarse en el aquí y ahora. 'Aquí' léase como Suguru, 'ahora' léase como la increíble mamada que Hiro estaba recibiendo. La lengua de Suguru se enrollaba alrededor de la cabeza de su miembro haciéndole ver estrellas. El guitarrista amaba esto, pero deseaba más. Había una parte de su conversación con Shûichi que lo intrigaba. Una escena de violación. Hiro había leído sobre violación en el mundo BDSM, y como era una forma de juegos de rol que podía llegar a ser muy intensa. Oh, lo que daría por poder intentarlo ahora mismo, y sabía exactamente como lo haría. Su mente volvió a perderse, esta vez, permitiendo que su fantasía completara su excitación.

Hiro se ocultaría en la habitación de invitados después de decirle a Suguru que regresaría en un momento. Después de unos largos minutos, Suguru saldría en su búsqueda. Cuando entrara a la habitación, Hiro saldría de su escondite y con sigilo se pondría detrás de su novio. Tendría un pequeño cuchillo en su mano, un cuchillo de mantequilla, nada más peligroso que ello. Presionándolo contra la espalda de Suguru le advertiría, "si gritas o intentas escapar, saldrás herido."

Levantando la polera del hombre más joven, llevaría el frío metal contra su piel, manteniendo la ilusión de peligro. Suguru perdería el aliento. Sabría que era Hiro, no podía ser nadie más, pero la posibilidad de peligro sería intoxicante. "Por favor, haré lo que desee, sólo no me haga daño."

"Buen chico. Ahora arrodíllate en la cama." Suguru seguiría las órdenes, temblando ligeramente. Hiro se movería detrás de él llevando sus manos para pellizcar el trasero del menor fuertemente. "Mmm, qué dulce. Te gusta esto¿verdad?"

Suguru no respondería, pero con sólo un pequeño vistazo de los pequeños trazos de piel desnuda revelaría que estaba sonrojado con excitación y nerviosismo.

Hiro tomaría el dobladillo de la polera de Suguru en sus manos, y de un tirón, desgarraría la prenda hasta que estuviera completamente descosida. Llevando la tela hacia delante, la deslizaría por los brazos del tecladista hacía la cama frente a ellos.

"¡Po... por favor! Haré lo que sea, sólo no me hag…" presionaría el frío cuchillo contra la espalda de Suguru, deteniendo sus ruegos.

"¡SILENCIO!" Los pequeños sollozos de respuesta aumentarían la excitación del pelirrojo. Llevando el cuchillo a través de sus omóplatos y luego por la columna de Suguru, disfrutaría la visión de la erizada piel de su víctima. "Sabes que deseas esto. No eres más que una pequeña y sucia perra, MI perra. Voy a cogerte. Muy. Fuerte."

Con esa promesa, Hiro buscaría dentro de los pantalones de Suguru hasta dar con aquella apretada entrada. Deslizando un dedo en su interior, Suguru jadearía ante la intrusión ligeramente dolorosa. "Esta parte de tu cuerpo no puede esperar hasta tenerme adentro. Me está absorbiendo. Quítate los pantalones."

Suguru cumpliría de prisa, llevando sus pantalones hasta sus rodillas. Antes de que pudiera quitárselos por completo, Hiro lo detendría. "Eso es suficiente. Ahora los boxers." La última prenda sería removida y Hiro llevaría un dedo a su interior fuerte y rápidamente.

"Uhh, por favor, oh dios, lo que sea¡por favor!"

"Inclínate, perra. Déjame ver ese dulce trasero tuyo. Quiero ver mi dedo penetrándote." Presionando el cuchillo fuertemente contra la espalda de Suguru, forzaría a su víctima a ponerse sobre sus manos y rodillas. La restricción en sus rodillas mantendría sus piernas cerradas. "Sabes que deseas esto. No puedes esperar hasta tenerme en tu interior, cogiéndote con furia. ¡Dímelo!"

El cuerpo de Suguru estaría sudando y temblando. "Es cierto, dios¡lo deseo!. ¡Por favor!. ¡Es demasiado!" El pasaje de Suguru respaldaría sus palabras, succionando y liberando el dedo de Hiro.

Acercándose y colocándose a horcajadas sobre las piernas de Suguru, Hiro abriría sus jeans y sacaría su erección. Cubriéndolo con lubricante y sin advertencia, presionaría completamente dentro del tecladista con una firme embestida. "¡Perra!"

El grito de Suguru retumbaría a través de la habitación. Sin esperar que se ajustara a la intrusión, Hiro retiraría su miembro y volvería a hundirlo en su interior con fuerza brutal. Una, y otra, y otra vez, el cuerpo del tecladista se vería envuelto en una ola de dolor y placer.

Saliendo totalmente de su interior, Hiro retrocedería y le quitaría por completo la ropa a Suguru, liberando sus piernas de su confinamiento. "Date la vuelta." Habiendo realizado lo indicado, Hiro arrojaría el cuerpo de Suguru sobre la cama y le abriría las piernas. Levantando el trasero de su víctima, se pondría en posición y seguiría con su ataque. "!Te voy a coger hasta que te desmayes!"

Suguru lo observaría intensamente, sus ojos muy abiertos y sus labios ligeramente bañados en saliva. Hiro lo embestiría con un paso salvaje, penetrando violentamente el pequeño cuerpo debajo de él. Llevaría su mano hasta el cabello de Suguru para coger un mechón con fuerza y presionarlo contra la cama. Suguru estaría completamente inmóvil, su voz alternaría gritos y sollozos. Y así Hiro se acercaría al orgasmo.

Podía sentirlo. La completa rendición de Suguru sería la perfección absoluta¡DIOS, estaba al borde del clímax!

Hiro llevó sus manos hacia su regazo, entrelazando el suave cabello de Suguru entre sus dedos. Manteniendo al tecladista quieto, embistió dentro de su boca para llenarla con su semilla, mientras escenas de sí mismo penetrando el cuerpo debajo del suyo se proyectaban frente a sus ojos. Era uno de los orgasmos más fuertes que había experimentado. ¡DIOS! Necesitaba hacer que Suguru experimentara algunos juegos BDSM con él. Cuanto antes, mejor.


Estaba sentado en su auto terminando su último cigarro. Restaban cinco minutos para las seis. Shûichi le había dicho que no estuviera en casa hasta las seis de la tarde, y ya que el cantante estaba a cargo esa noche, Eiri obedeció la orden. Le fue complicado mantenerse ocupado durante el día. Salió a comprar al centro comercial, la experiencia le recordó el porque detestaba tanto el paraíso de los compradores, pasó la mayor parte del tiempo en una de esas grandes cadenas de librerías con cafetería en el piso superior, e incluso fue a ver una película. Todas esas salidas habían apretado el nudo en su estómago.

Estaba nervioso.

Seguía diciéndose a si mismo que no tenía motivo para estar nervioso. ¡Era sólo Shûichi!. ¡Su uke supremo!. ¡El mayor de los sumisos! El chico no tenía un ápice de violencia en su cuerpo. Pero Eiri sabía que sumiso o no, Shûichi tenía el control de la batuta y seguramente estaba planeando algo salvajemente inimaginable para su escena.

Otra bocanada de su cigarro, otro minuto que pasaba. Golpeteó el volante con sus dedos y trató de buscar un estado mental apropiado para encarar lo que estaba por suceder. No estaba funcionando, pero realmente no importaba. Había hecho esto una vez con su mentor. No había amado a su mentor, simplemente le había enseñado los límites. Someterse a esa mujer había sido casi imposible, pero lo había logrado. Debería ser mucho más sencillo someterse a Shûichi, sólo basándose en la unión emocional que compartía con el pequeño. Todo gravitaba en torno a la confianza, y Eiri confiaba en Shûichi.

¡Mierda, que lento avanzaba el reloj! Había estado sentado frente a la casa por demasiado tiempo. Decidiendo que ya casi era la hora, el novelista salió del vehículo y tiró el cigarro al suelo. Tras pisotearlo, zanjó la distancia con la puerta principal.

Se había imaginado que Shûichi estaría esperándolo, pero en su lugar la casa estaba vacía. Había estado tan ocupado con sus nervios que había olvidado que hoy era el día que Shûichi visitaría la casa de su hermana. Maldiciéndose por desperdiciar tiempo en el auto, encendió las luces.

La habitación tenía un par de aditamentos nuevos. En el sofá había un par de toallas, y una simple silla de madera traída de la oficina colocada en una esquina. Eiri los miró con irritación. Habían usado esa silla en el pasado - ¿Realmente Shûichi pensaba que iba a obligarlo a hacer eso que Eiri estaba pensado? La última pieza nueva era un largo espejo sacado del interior del armario de la habitación. Estaba mirando directamente hacia el sofá. Con un suspiro resignado, Eiri camino hacía la mesa ratona y cogió la nota.

"Si seguiste mis instrucciones, ya son las seis de la tarde. Voy camino a casa. Mientras tanto, ve a la habitación, báñate, y usa todo lo que dejé preparado para ti. Sécate completamente, vístete con la ropa que dejé seleccionada, y luego regresa a la sala. Espérame en el sofá."

Eiri dejó la nota y se dirigió al baño. En su camino, vio un par de pantalones de cuero a un lado de la cama.

Tomando la caja dejada a un lado del lavamanos, Eiri no pudo evitar pensar, 'obviamente esta noche me montan.' El cantante había pensado en todo, asegurándose de que Eiri estuviera limpio tanto por fuera como por dentro. Una vez que terminó con la parte más incómoda, se duchó usando los jabones aromatizados y el acondicionador que le fueron dejados. Todo olía a naranjas y especias, y de hecho eran muy agradables. Los aromas definitivamente le quedaban, y mentalmente alabó a Shûichi por su elección.

Se secó y fue a la habitación a ponerse los pantalones de cuero. Inmediatamente descubrió su error, dejando escapar una serie de improperios antes de ponerse la peculiar prenda. No podía creer que estuviera usando esa 'cosa'. Eran apretados alrededor de sus muslos y caderas, y completamente abiertos alrededor de su trasero y partes más íntimas. Pensó que parecía un Village People rechazado, pero si esto era lo que Shûichi quería, entonces…

Ah, humillación. Que adorable recurso en el BDSM.

La pieza final de su atuendo fue puesta en su sitio – un apretado anillo de metal para el pene que calzaba perfectamente en la base de su miembro y sus testículos.

Eiri se dirigió de regreso a la sala y se sentó en el sofá a aguardar su destino.


Shûichi deslizó la llave en la cerradura. Ahora era el momento de la verdad. ¿Estaría Eiri sentado en el sofá con la ropa que le había dejado esperando por él, o acaso el novelista rompería su promesa? La puerta se abrió lentamente, y tras quitarse los zapatos, Shûichi miró alrededor.

Ahí, sentado en el sofá y luciendo completamente miserable, estaba su sumiso por esa noche. Y estaba, efectivamente, usando los pantalones. Shûichi casi se puso a saltar de alegría, pero mantuvo la compostura. Caminó a través de la habitación en silencio hacia el baño para ducharse rápidamente. Necesitaba un poco más de tiempo para centrarse, además de limpiar la baba de bebé que lo cubría.

Estando de pie bajo el chorro de agua caliente, no pudo evitar reírse al recordar su día en casa de los Seguchi. Había jugado con su sobrina por horas – ambos entreteniéndose de igual manera. Mika-san tomó la presencia de Shûichi como una bendición y aprovechó de tomar una siesta a media tarde. Sintiéndose más rejuvenecida de lo que se había sentido en meses, le concedió a Shûichi historias sobre la infancia de Eiri. El cantante no podía creer lo dulce y despreocupado que Eiri había sido. Conocía las razones del cambio en su personalidad, pero se preguntaba si aquel niño seguía en su interior, deseando se liberado.

No hablaron del tema de su almuerzo hace dos semanas, pero Mika-san si le contó una o dos historias vergonzosas sobre el novelista. Shûichi dejó que el agua lo recorriera mientras se reía, ahora sabiendo que Eiri había mojado el futón hasta los ocho años. Mika-san rodó los ojos al hablar de lo difícil que había sido para su padre encontrar sábanas de plástico para un futón de niño.

Esa tarde se había ido sintiéndose más cercano a su cuñada y sobrina y ansioso por otra oportunidad para compartir con ambas. Quizás podría convencer a Eiri que lo acompañara. Quizá algún día.

Shûichi se vistió lentamente, sabiendo que el tiempo que se estaba tomando sólo aumentaban el malestar de su sumiso. Había considerado hacer una pequeña escena de aislamiento con Eiri, básicamente encerrarlo en un armario por una hora más o menos, pero decidió no perder tiempo de su noche con aquella forma tan solitaria de tortura. Además, posiblemente Eiri disfrutaría mucho algo así.

Vestido en pantalones de cuero negro y una media polera sin mangas de cuero negro, tomó su bolso lleno de accesorios para la noche y se dirigió a la sala. Shûichi atenuó la luz ligeramente, eliminando de vista las esquinas ásperas y rincones de la habitación. Del bolso sacó un sencillo collar de cuero y lo deslizó alrededor del cuello de Eiri.

"¿Listo?"

Inhalando profundamente, Eiri asintió.

"Muy bien¿cuál es tu palabra de seguridad?"

Tan pronto y Eiri ya estaba algo impresionado. Shûichi se estaba manteniendo tranquilo, lo que debería ser difícil dado que era un novato en esta posición. "Laptop," fue su respuesta, y Shûichi repitió la palabra en voz alta, riendo ligeramente. Shûichi podría haber apostado por cual sería su palabra, y habría ganado.

"Por esta noche, me llamarás Shindô-sama y yo te llamaré Neko-chan."

Eiri comenzó. "¿¡Qué!?. ¡Tienes que estar bromeando!. ¡De ninguna manera me llama..." Eiri miró los ojos centelleantes de Shûichi. Había roto su escena, y apenas iban comenzando.

"Quiero decir, sí, Shindô-sama." Shûichi se relajó, dado que ambos necesitaban algo de tiempo para acostumbrarse a sus nuevos roles. PERO, eso no significaba que olvidaría el pequeño desacato de Eiri. Su Neko-chan pagaría por esto más tarde.

Shûichi puso en espejo en posición. Trayendo la silla, apoyó el espejo contra la parte trasera del mueble. Eiri suspiró para sus adentros. Así que para ESO era la silla. Gracias a dios.

El espejo ahora reposaba directamente frente a Eiri. Shûichi tomó posición a la izquierda de su sumiso y comenzó a explicar el resto de las reglas. "No te correrás hasta que tengas mi permiso. Me agradecerás cuando sea apropiado. Y lo más importante, tendrás que observar lo que haces en el espejo. No cierres los ojos ni desvíes la mirada. ¿Está claro?"

"Sí, Shindô-sama," Eiri respondió, inmediatamente llevando sus ojos hacia su reflejo.

Shûichi llevó su mano hasta el miembro de Eiri, acariciando gentilmente la suave piel. "Abre las piernas." Haciendo lo que se le había dicho, Eiri se abrió frente al espejo.

Con su mano libre, Shûichi sacó del bolso una botella de lubricante con aroma a naranja. Derramando un poco sobre la palma de su mano, lo calentó ligeramente antes de aplicarlo sobre el miembro de Eiri, el que lentamente comenzaba a despertar bajo su toque.

Shûichi frotó el aceite sobre el miembro de su sub y luego repitió la misma acción sobre sus testículos. Eiri comenzaba a disfrutar las atenciones, su respiración y corazón aumentaban su frecuencia. Decidió relajarse y dejarse llevar. Oponerse sólo empeoraría las cosas, y hasta ahora, nada malo estaba pasando.

Shûichi era un maestro con sus manos. Sabía donde tocar y que partes evitar. Sabía cuanta presión aplicar, y que clase de caricias Eiri prefería. Sabiendo que el anillo evitaría el orgasmo del rubio, Shûichi lentamente comenzó a poner en práctica todas sus técnicas favoritas. Estaba feliz de prolongar esto todo lo posible, amando el peso del miembro de su sub en sus manos.

Shûichi iba cambiando de técnicas para continuar excitando a su sub. Eiri estaba quedando sin aliento, observando esas pequeñas manos sobre él en el espejo. El placer era fantástico, y estaba disfrutando el momento a cabalidad. Después de unos veinte minutos sin concretar su satisfacción, Shûichi le dio a Eiri otra instrucción.

"Neko-chan, levanta tu pierna derecha y pon tu pie en el descansillo a tu lado." El hacerlo dejó a Eiri completamente expuesto. Shûichi llevó un lubricado dedo hacia abajo y rodeó la entrada de su sub. Todo mientras continuaba acariciando el miembro de Eiri, sin prestar atención a su propia excitación.

El dedo continuó rodeando y jugueteando, ocasionalmente presionando con más fuerza el centro, pero sin penetrarlo realmente. Eiri respiraba con dificultad, su cuerpo latiendo al compás de su corazón. Jadeó cuando la mano de Shûichi dejó su entrada para subir hasta su escroto. Rodándolo gentilmente con ambas manos, la estimulación comenzó a agobiar al sumiso.

Eiri lentamente llevó su cabeza hacia atrás y dejó escapar un profundo gruñido, levantando sus caderas hacia las manos de su Dom. Shûichi inmediatamente vio su error y lo reprendió.

"¡Neko-chan! No tienes permitido desviar la mirada del espejo." Saltando ligeramente ante la orden, Eiri inmediatamente llevó sus ojos hacia su reflejo. Se tensó, esperando algún castigo. Y esperó. ¡Y esperó! Pero no hubo ninguna palmada, pellizco o golpe. En su lugar, Shûichi continuó jugando con sus partes más íntimas.

El novelista río internamente. Sabía que Shûichi no estaba realmente listo para esto. Si los roles estuvieran cambiados, Eiri habría castigado inmediatamente a Shûichi por romper las reglas. ¡Esto no era nada! Parecía que el niño sólo quería una oportunidad para jugar con él por un rato. Eiri no tendría problema con ello.

Shûichi vio que Eiri se relajó y entendió su reacción. Estaba logrando atraerlo a una falsa sensación de seguridad. Hora de aumentar las cosas de nivel.

Del bolso sacó un pequeño objeto plateado y ovalado con un cordón saliendo de él. Eiri lo reconoció inmediatamente como un vibrador huevo. Uhhh, sabía lo que iba a pasar.

"Baja hacia el sofá un poco más." Ayudando a su sumiso a ponerse en posición, Shûichi bañó sus dedos con lubricante. No había preparado a su Eiri aun, así que dejó el vibrador sobre el muslo de su sub, provocándolo con su mera presencia.

Shûichi no le había indicado a su sub que se lubricara o se dilatara antes de la escena. Quería el placer de comenzar el proceso él mismo. Dejando de lado el miembro de Eiri por completo, Shûichi presionó un dedo en su interior hasta que quedó dentro del cuerpo de su sub. Shûichi comenzó a meter y sacar el dedo, ocasionalmente deteniéndose para aplicar más lubricante. Sacando su dedo, tomó la mano derecha de Eiri y derramó algo de lubricante en sus largos y delgados dedos.

"Termina de prepararte. Quiero ver un buen espectáculo. Obsérvate en el espejo."

Eiri frotó sus dedos con el aceite y llevó su mano debajo de su levantada pierna derecha. Ambos pares de ojos lo observaron intensamente mientras el novelista introducía su dedo medio, deslizándolo lo más profundo posible.

"Uhh, si. ¡Sigue haciendo eso! Quiero que estés húmedo y dilatado." Los ojos de Shûichi estaban muy abiertos frente a la visión que se le presentaba. Después de unos momentos, Eiri agregó un segundo dedo, moviéndolos en forma de tijera en su interior.

Eiri estaba disfrutando todo esto. Shûichi estaba muy excitado - prácticamente montándose el sofá mientras observaba como sus dedos lo invadían. Levantó aun más su pierna derecha, su talón apoyado en el sofá en lugar del descansillo, estirándolo aun más y proporcionándole a su Dom una mejor vista. Un tercer dedo se unió, y Eiri comenzó a gemir fuertemente, prácticamente armonizando con el cantante.

Shûichi se acercó para quitar la mano de Eiri de su interior. Lubricando el vibrador, presionó el juguete a través del anillo muscular y dentro del cuerpo de Eiri, encendiéndolo en baja potencia. No estaba contra la próstata de Eiri, pero las profundas vibraciones eran extremadamente excitantes para el novelista.

Shûichi continuó masajeando el miembro de Eiri, viendo como los ojos de su sub comenzaban a cerrarse ante el intenso placer. Eiri luchó contra el enorme deseo de cerrar sus ojos, pero estaba perdiendo. Shûichi esperó, y en cuanto los ojos de Eiri se cerraron por un par de segundos, se alejó y le dijo con severidad, "¡ABRE LOS OJOS!"

Eiri obedeció al instante, el susto amainó su erección ligeramente. Nuevamente esperó algún castigo, y nuevamente, nada ocurrió. Casi deseaba que Shûichi fuera más agresivo, pero rápidamente alejó la idea recordando el viejo adagio, ten cuidado con lo que deseas. Su escena no había comenzado realmente, y la dureza en la voz de Shûichi le advertía que las cosas aun podían cambiar de un momento a otro.

El cantante continuó palpando y frotando a Eiri, intentando unos nuevos trucos que había aprendido mientras investigaba para su escena la semana pasada. Eiri respondió especialmente bien a una técnica llamada ' La Lanzadera'.

Tomó el miembro de Eiri con ambas manos, los dedos tocando ligeramente los lados del cuerpo como si estuviera sosteniendo un clarinete. Entonces comenzó a moverlo hacia delante y atrás entre sus manos sosteniéndolo de la suelta piel del cuerpo. Tenía reputación de aumentar la tensión al extremo y hacer a los hombres rogar por correrse. Estaba funcionando.

La respiración de Eiri era errática mientras todo su cuerpo se removía. Estaba temblando de pies a cabeza, intentando mantenerse tranquilo y concentrado en el espejo. Ese pequeño truquito de Shûichi de mover su miembro rápidamente era increíble, y sin darse cuenta, los ojos de Eiri bajaron a su regazo para observar más cercanamente.

Sin detener su ataque, Shûichi gruñó, "es la tercera vez, Neko-chan, y haré que te arrepientas. ¡Ahora mira el espejo!" Eiri volvió a concentrarse en su reflejo. Su pecho se apretó. ¡Ahora entendía el jueguito de Shûichi! Estaba llevando la cuenta, contando sus errores, y lo castigaría una vez que acabaran esta parte de la escena. Era tan caliente, tan malvado de parte de su amante, y el sólo saber que Shûichi había planeado algo así era suficiente para llevarlo más allá del límite.

Pero¡ah mierda!. ¡¡Ese puto anillo!!

¡Quería correrse! Era demasiado para él. Shûichi no le había prohibido hablar, así que hizo su plegaria. "Shindô-sama, por favor¡permítame correrme!"

Shûichi sonrió y miró los ojos de Eiri en el espejo. "¿Quieres correrte ahora? Ruégame, y quizás te lo permita."

Eiri gritó, "¡Por favor, Shindô-sama!. ¡Por favor!" Rogando instantáneamente, Eiri sintió el control en su interior desmoronándose. Las manos en su miembro parecían una extensión de su propio cuerpo, trayendo el placer desde su interior. El vibrador aumentó de intensidad, y Eiri ya casi no podía hablar, "Por favor… ¡OH DIOS!. ¡Por favor!. ¡Por favor!"

Shûichi tembló, liberando su propio miembro de sus pantalones rápidamente. Mientras se masturbaba con una mano, la otra bajó para liberar el anillo alrededor del miembro de Eiri antes de continuar frotándolo. Se inclinó hacia delante, deslizó su lengua alrededor de la oreja de su sub y le susurró, "córrete."

Con un grito desgarrador, Eiri sintió como su semilla bombeaba hacia las manos de su Dom. Intentando con todas sus fuerzas observar el espejo, vio el orgasmo de Shûichi cayendo sobre su regazo, salpicándolos a ambos con el cálido líquido. Después de que esas pequeñas manos lograron sacarle hasta la última gota de su interior, la cabeza de Eiri se desplomó sobre el sofá. Sus ojos no dejaron de ver el espejo hasta que Shûichi dijo, "relájate, ya puedes desviar la mirada." En cuanto tuvo permiso, los ojos de Eiri se cerraron y su cuerpo se desmoronó.

Fue un increíble orgasmo para ambos, y Eiri se asombró de la facilidad con la que Shûichi lograba destruir su autocontrol. Se dio cuenta que mucho tenía que ver con su relación, dudando que alguien más pudiera conseguir el mismo efecto en él.

Shûichi siempre se recuperaba primero, así que no se sorprendió cuando unos momentos más tarde el cantante susurró en su oído, "apenas estamos comenzando. Quítate el vibrador y recuéstate sobre tu espalda en el suelo."

En cuanto Eiri estuvo en posición, Shûichi se quitó la ropa y se le unió, arrodillándose sobre el cuerpo de su sub. Puso una rodilla a cada lado de la cabeza de Eiri y quedó mirando hacia los pies del novelista. Descendiendo lentamente, le presentó su trasero a su amante. "Dale el trato que merece."

El novelista rió ligeramente antes de besar la piel sobre él, los rosados bultos prácticamente brillaban por su juego anterior. Depositó pequeños besos alrededor de cada mejilla antes de besar lenta y gentilmente directamente la entrada de su Dom. Retomando su camino anterior, Eiri volvió a besarlo, esta vez más profundamente, permitiéndole a su lengua unirse al juego, trazando dibujos sobre la suave piel.

Shûichi cerró los ojos y se relajó ante las sensaciones. Hacer esto le daría sólo el tiempo necesario a Eiri para recuperarse antes de sorprenderlo nuevamente. Si tan sólo supiera lo que estaba por venir…

La lengua de Eiri comenzó a formar amplios arcos sobre Shûichi antes de acercarse a su entrada nuevamente. Girando cada vez más cerca de su objeto de adoración, Eiri bañó la piel con su lengua y labios, a veces mordiendo, arrancando gemidos de placer de su Dom.

Su lengua finalmente pasó sobre la entrada de Shûichi, excitando la delicada piel. El pelirrosa jadeó por aire cuando la lengua de Eiri ingresó en él. ¡Se sentía maravilloso! Se habían hecho esto mutuamente muchas veces, pero nunca en esta posición. Era un elemento poderoso para Shûichi, y necesitó inclinarse hacia delante para conseguir un mejor balance.

Eiri no dejó de lamerlo en ningún momento, haciéndolo velozmente, volviendo loco a su Dom. Shûichi estaba muy erecto, gotas de semen caían sobre el cuello y el pecho de Eiri. Los ojos del pelirrosa estaban dirigidos hacia el miembro de su amante, el cual estaba duro nuevamente. Llevando una mano hasta él, el cantante le quitó el anillo y dijo, "por el resto de la noche, puedes correrte cuando lo requieras. Sólo no puedes tocarte."

Eiri respondió, "gracias, Shindô-sama," su cálido aliento acariciando suavemente la piel de Shûichi y haciendo que se estremeciera de placer.

Era momento de pasar a la siguiente parte de la escena. Shûichi se puso de pie y colocó el espejo en el piso. No pudo evitar detenerse un momento y observar a su sub, recostado con pantalones de cuero que lo dejaban totalmente expuesto y el collar, una pierna doblada, excitado, jadeando y sonrojado. Shûichi llevó la silla hasta el medio de la habitación y se sentó. "Gatea hasta mí."

Eiri se dio vuelta y obedeció. Sabía lo que estaba por venir, y no le molestó como pensó que lo haría. Nadie le había hecho esto antes, y saber lo que estaba por ocurrirle lo asustaba y fascinaba profundamente. Observó a Shûichi con detenimiento, viendo a su amor tan excitado como él.

Eiri se detuvo frente a su Dom y comenzó a besas sus pies y piernas. El cantante se inclinó hacia delante y disfrutó la atención, pero cuando Eiri se acercó a su miembro, llevó su mano hasta el rostro de su sub. Cuando sus miradas se cruzaron, Shûichi comenzó a hablar.

"Cuando estuvimos jugando frente al espejo, desviaste la mirada tres veces a pesar de que te ordené no hacerlo. Y antes de eso, me faltaste el respeto cuando te dije tu nombre por esta noche, Neko-chan. Como castigo, te pondrás sobre mis piernas para que pueda darte unas nalgadas. Cinco veces por cada vez que no miraste el espejo, y cinco más por hablar al principio. Estoy siendo indulgente contigo por ser la primera vez que te sometes a mí. Serán veinte nalgadas, y contarás cada una partiendo desde veinte hasta uno, y me agradecerás por cada una."

"Ponte en posición."

Ahora que el momento había llegado, Eiri se paralizó.

Shûichi observó la exposición de emociones en el rostro de Eiri. Normalmente el novelista era impávido, rara vez revelaba lo que estaba sintiendo. Pero su autocontrol estaba hecho jirones por lo que había pasado, y Shûichi pudo ver la aprensión, el miedo, la emoción, el amor y el deseo de complacerlo proyectado en sus ojos. Pero no podía tener compasión.

"No me hagas repetirlo. ¡Ponte en posición!"

La fuerte orden atravesó a Eiri y lo hizo moverse involuntariamente. Poniéndose de pie, se puso al lado derecho de Shûichi y se colocó sobre el regazo de su Dom. Se inclinó hasta que logró aferrarse a las patas de la silla para afirmarse. Su miembro reposaba contra el muslo de Shûichi, aun excitado pese a su extrema turbación.

Las manos del pequeño se posaron sobre su trasero, formado círculos y pellizcando la piel suavemente. También acarició los muslos de Eiri, para luego llevar sus dedos a la entrada de su sub. Su otra mano recorrió el pelo y el cuello de Eiri con sensuales y suaves caricias que buscaban relajarlo.

"Dime¿estás cómodo?"

Eiri no lograba sacar la voz, tomándole varios intentos antes de poder responder, "casi, Shindô-sama."

"Acomódate. Busca tu equilibrio. No quiero que te caigas en medio de esto."

Eiri obedeció. "Gracias, Shindô-sama." Una vez que estuvo seguro y cómodo sobre el regazo de Shûichi, dijo "Shindô-sama, estoy listo". Su boca estaba seca, y podía sentir la erección de su Dom presionando contra su costado.

Shûichi comenzó despacio. Su mano izquierda siguió acariciando el cuello y la espalda de su sub, y su mano derecha se elevó para comenzar. El primer golpeó cayó sobre el centro de la nalga izquierda de Eiri. Dolió, pero no demasiado.

"Veinte. Gracias, Shindô-sama." Eiri sonrió suavemente. Shûichi sabía que debía comenzar despacio o el dolor se volvería insoportable.

El segundo golpe cayó en el centro de su nalga derecha. Fue ligeramente más fuerte, y su trasero comenzaba a sentirse tibio.

"Diecinueve. Gracias, Shindô-sama." Shûichi sonrió y acarició la piel de su Neko-chan. Tenía que esperar entre cada golpe para darle tiempo al cuerpo de Eiri de liberar endorfinas y que sus nervios se recuperaran, o terminaría entumecido y no sentiría nada.

El siguiente golpe cayó en la parte baja izquierda, nuevamente un poco más fuerte que el anterior. El siguiente, arriba a la derecha. "Dieciocho. Gracias, Shindô-sama. Diecisiete. Gracias Shindô-sama."

Shûichi llevó sus dedos hacia la entrada de Eiri. Aun seguía húmeda por el aceite, y jugueteó con ella deliciosamente. Con una pausa para acariciarlo y tocarlo entre cada nalgada, Eiri continuó la cuenta regresiva y Shûichi llevó el siguiente golpe arriba a la izquierda seguido por uno abajo a la derecha.

Hablar le resultaba más complejo entre más dolorosas se volvían las nalgadas. "Dieciséis, gracias, Shindô-sama. Quince, gracias, Shindô-sama."

Ahora Shûichi repetía el patrón. Centro izquierda, con más fuerza, centro derecha. Más fuerte de nuevo, abajo izquierda, arriba derecha, arriba izquierda, abajo derecha. Eiri estaba jadeando y retorciendo su cuerpo contra el de Shûichi. Esto estimulaba a ambos maravillosamente, ambos sintiendo el placer y el dolor simultáneamente. Shûichi había sido advertido que su mano comenzaría a dolerle con los golpes. Su palma estaba roja y caliente, pero aun faltaban nalgadas, y su corazón estaba emocionado. El trasero de Eiri estaba teñido de un rojo brillante.

Eiri anticipó el siguiente golpe siguiendo el patrón de Shûichi. Cuando lo sintió abajo izquierda en lugar de centro izquierda, fue sorprendido y perdió ligeramente el balance. Se recuperó rápidamente y contó, "¡Ocho, gracias, Shindô-sama!" y se reajustó. Estaba tan excitado, no pudo evitar embestir su miembro contra la pierna de Shûichi con cada nueva nalgada. Esto iba a causarle un orgasmo, pero, oohhh, no todavía. Quería que durara.

El dolor era fuerte y agudo, y el calor emanado de él era muy intenso. Cada vez que Shûichi se detenía para acariciarlo, gemía larga y profundamente en su garganta. Una mano se escabulló entre sus muslos y tomó sus testículos gentilmente, mientras un pulgar presionaba contra su entrada. Si Shûichi continuaba estimulándolo de esa forma, se correría muy pronto.

GOLPE "¡Siete!. ¡Gracias, Shindô-sama!" la voz de Eiri subía un tono con cada nalgada. ¡Se sentía maravilloso! El dolor, el placer, el control, el amor, todo, oh dios, estaba sumergido en el sub-espacio, y no quería que salir de él.

GOLPE "¡Seis!. ¡GRACIAS , Shindô-sama!" Estaba tan duro, se sentía tan bien. El cuerpo de Eiri se removía sobre el regazo de su Dom.

La siguiente nalgada fue la más fuerte de todas, y cayó en la parte baja y central de su trasero. Eiri gritó con fuerza. Había un palpitante dolor en su trasero, y aquellos latidos comenzaron a transmitirse a su miembro. Ya no podía reprimirlo más. Presionando con fuerza contra el muslo de Shûichi, Eiri gruñó y se corrió, el cálido líquido cayendo entre sus cuerpos. "¡Oh Dios!. ¡Oh SHÛICHI!"

Recuperando el aliento, consiguió gruñir, "cinco, gracias, Shindô-sama."

Shûichi tembló al verse capaz de conseguir esa clase de respuesta en su amante. Ignoró su miembro dolorosamente duro y continuó. "Cuatro más y terminamos."

Sin darle tiempo a Eiri para que se recuperara, lanzó los siguientes cuatro golpes, cada uno más ligero que el anterior. Acariciando suavemente entre cada golpe, Shûichi concluyó las nalgadas.

"Uno, gracias, Shindô-sama."

El cuerpo de Eiri se desplomó completamente con una euforia exhausta. Su trasero le dolía mucho, pero de buena manera.

"Ponte sobre manos y rodillas." Shûichi le ordenó. Caminando hacia el sofá, Shûichi tomó una de las toallas y limpió el semen de los pantalones de Eiri, sabiendo lo difícil que sería hacerlo si lo dejaba para más tarde.

"¿Ves el espejo sobre el piso? Ponte a horcajadas encima de él sobre tus manos y rodillas." El espejo era lo suficientemente delgado como para que ambos pudieran moverse y verse reflejados si miraban hacia abajo. Shûichi lubricó su erección con aceite de naranja, con cuidado de no provocarse un orgasmo.

"Sí, Shindô-sama." Eiri obedeció y vio a su Dom sudoroso, sonrojado y aun muy excitado. Su trasero quemaba, pero en realidad tenía muchos deseos de pasar a la siguiente parte.

Shûichi se puso detrás de él y se introdujo en su interior con una firme embestida. Se quedó quieto, necesitando un momento para tranquilizarse y no correrse demasiado rápido. Amaba estar dentro del novelista, pero esta vez, observando el punto donde sus cuerpos se unían y viendo algo de semen que había caído sobre el enrojecido trasero de Eiri, estaba más allá de las palabras. Shûichi podría escribir un millón de canciones sobre esta increíble emoción, y jamás lograr capar el momento a cabalidad.

Saliendo de su interior hasta que sólo la cabeza de su miembro quedó adentro, Shûichi le dio la siguiente instrucción. "Mira el espejo nuevamente. Mira donde te estoy montando. Ese soy yo, mi verga dentro de tu culo. Mira como te cojo."

Eiri ya se estaba poniendo duro bajo las veloces embestidas de Shûichi. Cada vez que se hundía en su interior, el pelirrosa apretaba la adolorida piel de su trasero gentilmente, haciendo más fuertes los jadeos de Eiri.

Shûichi se acercaba al clímax. Sabía que no sería capaz de prolongar esto demasiado, pero era joven y no le tomaba mucho tiempo recuperarse. Penetró en Eiri más fuerte, más rápido, más profundo, hasta que el nudo en su estómago comenzó a aflojarse. Apretó la piel de Eiri con fuerza suficiente para moretearlo mientras se vaciaba dentro del cuerpo del novelista.

Manteniendo su miembro en el interior de Eiri, cerró los ojos y respiró profundamente hasta que sintió como despertaba nuevamente su deseo. En un parpadeo ya estaba duro y cogiéndose a su sub nuevamente. Sin intentar alargar esta ronda, dejó que la pasión ascendiera hasta que el sentimiento fue demasiado abrumador y se corrió. En ese momento el placer de Eiri no era prioritario, era el suyo. Aunque eso no significaba que Eiri no estuviera disfrutándolo¡claro que lo estaba!

Después de su segundo orgasmo, Shûichi retiró su miembro. "Neko-chan, observa. ¿Ves eso cayendo de tu interior y chorreando por tus piernas? Ese es MI semen." Shûichi tomó la botella de lubricante y sacó un último juguete del bolso. Era un dildo de apariencia y tamaño realista. Después de aceitarlo, lo insertó en Eiri y lo usó para cogerse al novelista, esperando el retorno de su propia erección.

El adulto estaba duro nuevamente, de su miembro goteaba semen que caía sobre el vidrio debajo de él. El fuerte contraste de su caucásica piel, la morena piel de Shûichi, los pantalones de cuero y el dildo creaban un hermoso reflejo, el cual quedó tallado en la mente de Eiri.

Después de un par de minutos, Shûichi sacó el dildo y lo reemplazó con su propio miembro. Lentamente, casi con gentileza, se montó a su sub golpeando sus piernas contra las suyas al compás de sus embestidas. Shûichi se inclinó hacia delante y lamió la piel de la espalda de Eiri. Besó, mordisqueó e hizo cosquillas a su sub, sin detener sus caderas mientras llenaba el pasaje de Eiri.

Bajando por el lado de Eiri con su boca, Shûichi se detuvo sobre su cadera y la mordió. El mayor gritó de dolor, su espalda y cuello curvándose hacia el techo. Shûichi no cedió, por el contrario, lo mordió más fuerte. No tanto como para romper su piel, pero suficiente para marcarlo. Cuando retrocedió, observó las encendidas marcas rojas que habían quedado, las besó, y se separó del cuerpo de su amante.

"Deja el espejo y recuéstate sobre tu espalda." Eiri estaba agradecido de la nueva postura. Su cuerpo le dolía y tenía problemas para mantenerse erguido.

Una vez que Eiri se reposicionó, Shûichi se arrodilló entre sus piernas y encajó sus piernas sobre sus hombros. Shûichi volvió a ingresar en el cuerpo del novelista y deslizó sus dedos por el cabello de Eiri. Ambos se aferraron con fuerza moviéndose al mismo compás.

Shûichi se había corrido tantas veces que logró hacerlo lánguido y pausadamente. Reclinó el cuerpo de Eiri ligeramente, permitiéndole alcanzar los labios de su amante. Se besaron, sus lenguas saliendo al encuentro para saborear y explorar, hasta que la excitación se llevó todo raciocinio.

Shûichi retrocedió y dijo, "déjame ver como te tocas. Córrete mientras esté dentro de ti."

"Sí, Shindô-sama." Las manos de Eiri cogieron su miembro, y comenzaron a acariciarlo a contratiempo de las embestidas de Shûichi. El pelirrosa se contuvo, esperando ver a su sub correrse primero. No tomó mucho tiempo. Eiri lanzó su cabeza hacia atrás, su boca se abrió, su cuerpo se tensó, y en un momento todo acabó. Su semilla se derramó sobre su mano mientras gritaba el nombre de su Dom.

Su orgasmo causó que su pasaje se estrechara fuertemente alrededor del miembro de Shûichi, siendo la estimulación final necesaria para llevar al cantante al máximo de los placeres. Salió con rapidez y se derramó sobre el cuerpo del novelista, lanzando su semilla sobre el miembro y testículos de Eiri. Tras liberar hasta la última gota de su orgasmo, del interior del bolso sacó una cámara digital. Los ojos de Eiri estaban cerrados, así que Shûichi volvió a su lugar y llamó a su sub, "Neko-chan."

El momento en que los ojos de Eiri se abrieron, un flash pasó frente a él. Ambos rieron suavemente y Eiri dijo, "gracias, Shindô-sama."

Shûichi gateó hacia los brazos de Eiri, susurrando en su oído, "No, mi amor. Gracias a ti."

Continuará...

Notas de ffpanda: Veamos... Neko-chan significa gatito.

Reviews! GRACIAS por todas sus palabras de aliento!

Una vez más gracias a AshCat y Ashley V!!!!

Nos vemos!

Notas de traducción:

- Leather chaps: Algo que me molesta es que el Inglés es mucho más específico con las prendas de ropa. El nombre preciso de los pantalones que Eiri usa es 'chaps' que en este caso son de cuero. Si esas cosas tienen traducción oficial, tendrán que perdonar mi ignorancia en ropa de gay en Español xD.

Este capítulo también es uno de mis favoritos, creo que esta postura también le queda muy bien a Shû. Y qué pasará ahora? Eiri admitirá que siempre ha querido ser sub? Shûichi se arrepentirá de lo que hizo? Ya lo veremos, hasta la próxima D.

Ah! Y gracias a Yuriko Takase (Nadesiko Takase, Brenda o como prefieran xD!) por su trabajo de beta! Y a ffpanda por sus siempre serviles consejos de traducción y ayuda con los gringuismos xD. Nos vemos!