Memories
Las nevadas en Asgard eran impresionantes, podíamos pasarnos días enteros entre las paredes del Valhalla y a veces eso era un tormento, sobre todo cuando a Syd y a Bud les daba por pelear o cuando mi hermano Hagen le daba por hacer apuestas… Recuerdo la ultima de las apuestas y no puedo más que reírme ya que le salió el tiro por la culata al intentar unir a Siegfried con Hilda. Lo peor fue cuando en la ultima nevada las "parejitas" terminaron largándose juntas, Aleisha no tardó tiempo en cazar a Bud y desaparecer, ni decir de Syd que se excusó yendo "por un poco de hidromiel" como si fuéramos idiotas de no saber que iba a verla de nuevo… Hagen y Flare no paraban de mirarse completamente sonrojados y Lady Hilda echaba algunas miraditas furtivas al capitán quien parecía fuera de este mundo.
Suspiré y miré a Touma, quien se había perdido mirando el fuego. Últimamente lucía algo perdido en sus pensamientos y si le preguntaba terminaba contándome cualquier otra cosa. Tampoco comprendía por qué estaba allí aún, no entendía por que Artemisa le había dejado allí y menos aún que aquella diosa tuviera algún trato con mi señor Odin. Me levanté de allí llamando la atención del capitán y de Lady Hilda, les miré y me despedí moviendo la mano lentamente y saliendo de allí.
Caminé por los largos pasillos que daban a la sala de donde había salido, la largura de aquellos era algo que conocían hasta en Grecia. Sonreí levemente al recordar cuando Milo se había perdido, en la ultima visita, y había terminado perdido; algo normal conociendo lo desastroso que es cuando tiene que encontrar algún camino. Tampoco era él solo, porque Aleisha se había perdido alguna vez también, en una de ellas es cuando se encontró a Bud en una de esas esquinas donde se escondía de la luz… y ambos terminaron acariciándose entre la penumbra (si Lady Hilda supiera más de una…).
No tarde mucho en llegar a las puertas del Valhalla, allí los soldados retiraban de la puerta la nieve que la tapaba. Si aquella nevada había sido más catastrófica que alguna de las que recordaba, pero no de aquella que Lord Bragi y Lady Idun, padres de las princesas nos contaban.
-Aquella noche – recordaba relatar a Lord Bragi mientras nos reuníamos en torno al fuego, las princesas en los brazos de sus padres, Siegfried a un lado de Hagen y yo al otro, agarrada de mi hermano… no tenía más de 6 años- parecía que Vidar y Vale estaban en contra de nosotros, la nieve golpeaba los cristales de palacio y el viento furioso hacía ondear las banderas con una fuerza magistral; no solo ellos sino el panteón completo-reía aquel robusto hombre mientras se mesaba la rubia barba, tanto como los rizos dorados de la princesa Flare- Hilda y Flare habían enfermado y el médico real había ido a Midgard por unas medicinas para ambas, pero por culpa de la nevada no podía volver a Palacio – las cinco voces aniñadas soltaron un largo "oh" pensando que en las pobres princesas enfermas – Así que, tomando mi caballo y rezando a Odin por mis hijas, decidí ir yo mismo por el doctor.
-Es muy valiente señor
- No tanto Siegfried, aquella noche conocí las dos personas más valientes que pude encontrarme. Cruzando el bosque, tan rápido como podía mi caballo…
- ¿Tan rápido como Sleipner? –cortaba Hagen, siempre que hablaban de caballos, el veloz corcel salía a relucir ante los ojos de mi hermano, brillando ansiosos.
- No tanto pero bastante –respondía el hombre mientras Lady Idun sonreía viendo con atención como todos los niños escuchábamos ansiosos aquella historia que conocíamos tan bien – Pues cruzando el bosque encontré a aquellas personas, no eran más grandes que yo, siquiera más fuertes, pero sus corazones hacían que aquella fuerza que manaba de ambos los hiciera seguir adelante, hacia Asgard.
. ¿Eran dioses, papa? –preguntaba una Hilda de apenas 8 años.
- Son tan humanos como nosotros hija. Para ser fuertes no hace falta ser dioses, simplemente tener un corazón seguro, justo, valiente, bondadoso y fuerte… cualidades que todos tenéis. Nadie más justo que la futura princesa de Asgard, ni más bondadosa que su hermana menor quien equilibrará la justicia, nadie más valiente que el portador de la estrella Alpha, ni más seguro que quien porte Beta…
- ¿Y fuerte, papa?
- Fuerte solo será aquel o aquella quien se levante nevada tras nevada recorriendo los caminos de la vida sin desistir, mi pequeña Flare…
Años después era Lady Idun, a la muerte del anterior soberano quien nos mostraba lo que él quería decirnos y quien nos contaba que quería decir con aquella fortaleza. Aquella nevada que siempre había sido nuestro cuento preferido había sido la noche de la llegada mía y de Hagen a Valhalla… Y aquella fortaleza, no había podido distinguir más a los portadores de las estrellas.
- ¿Alex?
- Lady Flare… pensé que estaría con Hagen…
- Touma lo secuestró –rió la chica mientras paseábamos por los pasillos – Están ayudando en las puertas, parece que la nevada de hoy es más fuerte…
- ¿Encontraremos hoy humanos valientes? –pregunté a lo que ella sonrió comprendido lo oculto de aquella pregunta. Observé y frente ambas un cuadro de Lord Bragi nos observaba con aquellos ojos que solo él tenía para sus niños, como nos solía llamar.
- En Asgard estamos completos de eso, Alexiel… ¿no crees?
Sonreí. Aquella nevada traía también buenos y antiguos recuerdos.
