Capítulo dos: Preludio de Pesadilla
-Luffy... no hemos venido aquí a comer... - le riñó Usopp, algo cohibido.
-¿No es una "isla de placer"? Vamos a comer, pues, ¿no? - le respondió, tan tranquilo, con la boca llena de carne.
Luffy, Usopp y Chopper, a petición del narizotas, fueron juntos a uno de los muchos burdeles que había en aquella isla, y uno de los mejores. Como Luffy aún no se había enterado de lo que se venía a hacer allí, estaba de lo más despreocupado, comiendo todo lo que traían a la habitación y sin hacer demasiado caso a la chica que le acompañaba, totalmente descorcentada por el comportamiento del joven.
-¿Te pasa algo? Me estas mirando todo el rato. ¿Quieres un poco? - le ofreció el sombrero de paja a la chica el muslo de pollo ya mordido.
La chica sonrió cálidamente y le limpió con el pulgar la manchada mejilla, cogiéndolo después de la barbilla para que la mirara.
-¿Y tú no quieres probarme a mi? - le susurró. Luffy la miró sin comprender lo que le decía. ¿Qué la probara? ¿Era comestible? Pero antes de que pudiera decir nada, la chica le empezó a besar el cuello, acariciando con sus manos el torso del moreno.
Luffy seguía sin entender lo que hacía, pero dejó que continuara. Su pelo largo castaño y ondulado le hacía cosquillas en el pecho cuando ella bajó la cabeza hacia allí, con lo que aquel simplón se puso a reír, descorcentando aún más a la morena, que paró y le miró a los ojos.
En ese momento, Luffy se fijó en su rostro y le vió un aire familiar. Tenía una cara muy parecida a la de alguien que veía cada día. Se acercó a ella que le resbaló una gota de sudor.
-¡Ostras! ¡Mira Usopp! ¡Esta chica es clavada a Sanji! - llamó a su amigo señalándola. Pero él y su acompañante estaban demasiado ocupados para girarse a mirar, lo mismo con Chopper. - ¿Qué estan haciendo? - murmuró sin comprender aún.
-¿Quién es Sanji? - le preguntó la chica. Ya que no parecía que fuera a serle fácil llevar a cabo su trabajo, al menos le daría conversación para que no se aburrieran ninguno de los dos.
El chico se giró con una enorme sonrisa.
-Sanji es el cocinero de mi barco de piratas. Es el mejor cocinero de todo el East Blue y seguramente de todo Grand Line. Jajaja.
La chica se sentó a su lado apoyando el peso en una mano en una pose provocadora con su kimono rojo medio abierto.
-¿Y en que se parece a mi?
Luffy agarró otro pedazo de carne y lo mordió.
-Tienes los ojos igual que él. Incluso el flequillo te tapa el mismo ojo. Sólo eres distinta en que tiene las cejas en espiral y es rubio. - dijo haciendo girar su dedo formando espirales.
-Y también que él es un hombre y yo una mujer. - añadió ella.
-¡Sí, es cierto! - cayó en la cuenta. Se rió contento y siguió con la comida.
-Dime, ¿tú cómo te llamas? - le preguntó la chica.
-Monkey D. Luffy, y seré el rey de los piratas. Pero Makino me decía que cuando alguien te pregunta el nombre se tiene que presentar primero, ¿no?
-Sí, perdona, tienes razón. Mi nombre es Yume. - hizo una pausa - Y, una pregunta, Luffy.
-¿Qué pasa? - le preguntó.
-¿A ti te gustan las mujeres? Es que, si solo querías venir a comer, podrías haber ido a cualquier restaurante en que hicieran mejor comida que aquí.
-¿Es que aquí se puede hacer algo más que comer? - le preguntó extrañado.
Yume se acercó a él lentamente y le mordió la oreja, haciéndole sentir un placentero escalofrío al chico.
-Aquí se viene a hacer el amor. ¿Quieres probarlo? - le susurró sensualmente al oído.
-No sé qué es… - susurró él también, un poco nervioso.
-Ahora te enseño. - la chica empezó a besarle el pecho al capitán, lamiendo los pezones hasta endurecerlos y los mordió suavemente, haciéndole gemir. Sus manos se movían hábilmente y con precisión sobre el cuerpo del chico, arrancándole miles de sensaciones, y se dejó caer completamente en el suelo, sobre aquella alfombra roja en aquella habitación débilmente iluminada por unas pocas velas. "Ace… Ace… " empezó a pensar mientras ella seguía su tarea. "Tú… entonces… ¿me hacías el amor… cuando dormiamos… juntos...?" En su mente recordó a su querido hermano cuando antes de irse a dormir le acariciaba y besaba sin que se pudiera resistir. Porque Ace siempre había sido más fuerte que él. Y lo echaba realmente de menos…
-Ace… - se le escapó en un gemido. La chica no le hizo demasiado caso. De hecho, estaba preocupada. Preocupada porque ella ya hacía tiempo que seguía las aventuras de Luffy y su tripulación por los periódicos. Y hubiera querido dar su vida a cambio de que nunca vinieran allí.
Sus manos temblaban ligeramente, y Luffy acabó por darse cuenta.
-¿Te pasa algo? - le preguntó. Que él supiera, a Ace no le temblaban tanto las manos cuando estaban juntos y eso hacía que bajara sin querer de sus fantasías con él.
Yume rodeó fuertemente con sus brazos al moreno, ocultando su rostro en su pecho y gimió débilmente.
-Tienes que huir. - Luffy olvidó por completo sus fantasías y se incorporó un poco cogiendo a la chica por los hombros para verle la cara. Unas lágrimas rodaban por sus mejillas y estaba realmente asustada. - Huye de aquí ahora que puedes. Si te quedas más, el amo os cogerá a ti y al resto de tus nakamas y os… - la chica se quedó completamente paralizada, con la cara en una mueca de terror.
-¿Qué te pasa? ¿Quién es ese que nos va a coger? ¡Ey, Usopp! - se giró a mirarle, pero ya no estaba. En su lugar había un hombre que debía medir más de dos metros, de pié, con un kimono negro con los bordes rojos y sosteniendo una pipa en su mano. Era allí donde miraba Yume y la causa de su terror.
-Yume, querida. - pronunció cada sílaba en un tono lúgubre. - ¿Qué querías decirle a nuestro huésped? Ya sabes cuál es el castigo por hacer lo que has hecho, ¿no? Y yo que pensaba que eras mi sirvienta más fiel.
Luffy volvió a girar el rostro para mirar a la morena. Ella aún estaba paralizada por el terror, pero sacó fuerzas de donde pudo, apretando entre sus dedos la ropa de Luffy y le gritó ahogadamente.
-Por favor. A ellos no les hagas nada. Ellos son… él es… - el hombre la agarró de sus cabellos, acercándosela.
-¡Bastardo! ¡Suéltala! - le gritó Luffy. No entendía qué pasaba, pero en su presencia no dejaría que pegaran a nadie, aunque no conociera a esa persona.
El hombre alto le ignoró, y expulsó el humo de su pipa sobre el rostro de la chica.
-Es el hombre del que llevas tanto tiempo enamorada, Luffy sombrero de paja, por el que ofrecen 100 millones de berris. Pero por más que le quieras, los que vienen a esta isla se acaban por convertir en nuestra presa. Nuestro alimento… - rió suavemente ante las lágrimas que se escapaban de los ojos de Yume. - Además, ese hombre no te quiere a ti. Está enamorado de su hermano mayor. ¿No lo has oído? A susurrado su nombre mientras tu le lamías, puta.
Luffy se lanzó contra aquella mole, dispuesto a liberar a Yume, pero este paró su puñetazo con la mano libre y sin que le diera tiempo a reaccionar, le agarró del cuello, levantándolo a la altura de la mujer.
-No me importa… si no me quiere… Suéltale… - le pidió. Luffy forcejeaba sin poder articular palabra para liberarse, pero no lo conseguía. ¿Cómo había sabido aquel hombre que amaba a su hermano? ¿Qué les quería hacer a él y a sus nakamas? ¿Por qué… Yume le quería?
-Veo que estas confuso, sombrero de paja. Pero no voy a contestar a tus preguntas. Sufre con tu ignorancia, jajajaja. - Salió de la habitación, llevándose a ratras a los dos jóvenes hacia el subsuelo, a la cámara subterránea donde se llevaba a todos los que ponían un pie en aquella isla.
Las luces de la ciudad se fueron apagando una tras otra, hasta quedar en una oscuridad completa.
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-¿La isla estaba así cuando tú viniste hacia el barco? - le preguntó Zoro, confuso ante el cambio radical de la isla.
Sanji negó nervioso con la cabeza.
-Claro que no. Tampoco podría haber llegado hasta aquí con esta oscuridad. - le respondió. "¿Qué sigificaba aquel cambio?" No podía dejar de darle vueltas a esa pregunta.
-Y… Luffy y los demás están ahí, ¿no? - preguntó poniéndose nervioso también. Aquello no pintaba nada bien. Parecía que habían ido directos a parar a una trampa.
-¡Sí! ¡Y Nami-san y Robin-chan también estan allí! - gritó llevándose las manos a la cara poniendo la cara del extraño ser que aparece en el cuadro del Susto (NdY: creo que se llama así aquel cuadro, si no, espero que sepais almenos a cuál me refiero). - ¡Hay que ir rápido a ver si están bien!
Sanji salió corriendo hacia el cuarto de armas y a tientas, buscó unas lámparas de aceite. Las prendió y fue hasta Zoro, que le desvió la mirada al verle. Sin querer, había recordado el sueño que había tenido hace un momento con Sanji, y ahora tenía que poner sus sentidos alerta, no dejarse llevar por sus fantasías.
-¿Vas a ir? - le preguntó con tono grave.
-¿Qué dices? ¡Tú también vienes! - le gritó balanceando la lámpara a la altura de los ojos del espadachín, cegándole.
Zoro le cogió del brazo, bajándolo y vió la cara de preocupación de Sanji, que había tratado de ocultar de aquella manera. Sintió ganas de abrazarle, de rodearlo entre sus brazos para que al menos, se sintiera a salvo en sus brazos. Pero él sólo se preocupaba por las chicas, no podía acercarse a él.
"¿Por qué me tuve que enamorar de este idiota faldillero?" pensó.
-Vale, yo también voy…
-Vaya que sí que vienes. Si no, te llevo a rastras. Necesitamos estar juntos. - estiró de su mano, que todavía se encontraba entre las de Zoro y saltó a tierra.
"Argh… a veces parece que siente algo por mi… será cabrón…" Cómo le cabreaba que el cocinero fuera tan inocente a veces. Saltó tras él y el rubio le pasó otra lámpara.
Las alzaron para tener un mayor radio de luz y comenzaron a caminar.
-Este suelo antes no era así… Era adoquinado, ahora es como un campo de gravilla… - murmuró Sanji.
-Sí… aunque no me fijé demasiado, recuerdo que antes estaba más liso el suelo. - murmuró el espadachín también. - Por cierto, sabes que esto ES una trampa, ¿no? ¿Tienes algún plan?
Sanji se quedó un momento en silencio.
-Entrar a saco y derrotar todo ser viviente hasta que encontremos a las chicas. - respondió decidido.
Zoro casi se come el suelo.
-¡¡Eso es un plan típico de Luffy!! ¡No has pensado nada, ¿verdad?!
-Claro que no. ¿Y qué quieres pensar? No sabemos a qué nos enfrentamos, es mejor ir a por todas y ver si hay suerte.
-Mm… - tenía razón. No hacía falta pensar, ya pensarían sobre la marcha qué hacer. Pero lo que no quería era quedarse sin tema de conversación. "Ni que esto fuera una cita… "
Caminaron en silencio durante cinco minutos. Las pequeñas luces no parecían acercarse por más que avanzaran. Hasta que los dos se chocaron contra una pared.
-Jo, estaba aquí… ¿cómo no lo hemos visto? - se quejó Sanji, frotándose la nariz.
Zoro se separó y le miró serio.
-Sanji, sobre lo que pasó antes en el barco… Quiero decirte que…
-Te sangra la nariz. - le cortó él, señalándole con el dedo. - Toma. - se sacó un pañuelo del bolsillo y se lo dio. - Y no te preocupes por lo que pasó, no le diré a nadie que eres gay.
Zoro se limpió la sangre. Lo que en realidad quería decirle era que, si las cosas se ponían feas allí dentro, le protegería. Porque a quien quería… era solamente a él.
Pero Sanji no pudo oir los pensamientos de Zoro y se puso a tantear en la oscuridad a ver si encontraba una puerta.
-¡Ah! La encontré - exclamó. Zoro se acercó a verla. Era una enorme puerta de madera con adornos en hierro pintado en negro. El peliverde le puso una mano en el hombro.
-Aparta, ya la abro yo. - Sanji le hizo caso y Zoro desenvainó sus espadas y se las colocó. - Santouryu… ¡Oni Guiri!
Las volvió a envainar y después de eso, la puerta cayó hacia dentro haciendo gran estrépito.
-Vamos. - Sanji entró corriendo, dejando la lámpara allí, y Zoro le siguió, haciendo lo mismo.
Sus pasos resonaban en el suelo de piedra. Habían entrado en lo que parecía un castillo de estilo occidental. El pasillo por el que corrían estaba iluminado tenuemente por una hilera de antorchas en ambas paredes, que extrañamente, su fuego era de color verde. Al final del pasillo había otra puerta que daba a un enorme estancia redonda. Allí había un sofá enorme y una chimenea con el mismo fuego verde.
Zoro y Sanji pararon un momento, recuperando el aire.
-Qué extraño que no haya aparecido nadie aún… - observó Sanji, entre jadeos. Cuando su respiración se normalizó un poco, sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió, dándole una calada.
Zoro se acercó al sofá, que les daba la espalda. Pero allí no había nadie. Había una puerta a su izquierda y se giró para hacérselo saber a Sanji. Pero él estaba justo detrás de él, muy pegado a su cuerpo pero sin tocarle. Tenía una media sonrisa en sus labios, sus manos empezaron a rodearle la cintura y le mordió la oreja que tenía los tres pendientes, jugueteando con ellos.
-Sa… Sanji… ¿qué haces? - le preguntó abochornado y se intentó separar de él, pero no pudo.
-¿No era ésto lo que querías? - le susurró al oido, lamiéndole el cuello.
-San… ji… - Zoro cerró los ojos, olvidándose de dónde estaba y dejándose llevar. Sus manos le acariciaron el estómago por encima de la faja y se introdujeron bajo ella, apartándola y levantando la camisa del peliverde. No le importaba por qué ahora lo hacía, lo deseaba desde hacía tanto tiempo que no le importaba nada. Pero en ese momento se percató de que algo no iba bien. - Sanji, ¿has apagado el cigarrillo?
Sin levantar apenas los labios del cuello de Zoro, susurró.
-Sí. ¿Por qué lo dices?
Zoro desenvainó su espada Sandai Kitetsu y se la clavó a su amado rubio.
-Tú no eres Sanji. Él no me besaría, y además, siempre se termina sus cigarrillos.
El que había sido Sanji se empezó a retorcer en el suelo, mostrando su verdadera forma: era una mujer jóven de pelo corto y negro y poco a poco se fue desvaneciendo entre gritos de dolor.
-¡Zoro! ¿Estás bien? De repente apareció esa mujer de la nada y se te pegó de una manera que no podía separarla de ti… - se excusó el verdadero Sanji.
Ese sí era el Sanji que conocía. Antes moriría a poner una mano encima a una mujer. A Zoro eso le decepcionó, pero no lo quiso demostrar.
-Ahí hay otra puerta. - señaló sin mirarle. - Vamos.
Sanji notó la tristeza en su voz. Pero él no podría haber hecho nada ni aunque hubiera querido. Al igual que él, otra mujer con el aspecto de Nami se le había acercado y se había desecho de ella a duras penas.
El pasillo por el que entraron era idéntico al anterior, pero este hacía bajada y se empezó a retorcer hacía la derecha. El suelo era cada vez más empinado y resbaladizo, haciéndose imposible el poder frenar. Sanji tropezó con una losa mal puesta, derribando a Zoro que iba delante de él y empezaron a caer, deslizándose corredor abajo.
Cayeron en una enorme sala de la que no veían los límites, con las antorchas de fuego verde iluminando unos rectángulos de piedra que flotaban en el aire.
-Oye, ¿te puedes salir de encima? - se quejó Zoro. Había hecho de trineo a Sanji durante toda la bajada y tenía el pecho dolorido y magullado.
-Perdona. - se alzó y le tendió la mano para ayudar a levantarse. Miraron a su alrededor. El suelo era tan brillante que se podían ver reflejados en él, y se fijaron en aquella especie de rectángulos flotantes. Eran huecos por dentro y una tapa de cristal les cubría, mostrando su contenido. Casi se les para el corazón cuando lo vieron.
-¡¡Luffy!! - gritaron a la vez. Se encontraba como si durmiera, con las manos encima de su pecho, con los dedos entrelazados y los ojos cerrados. Su ropa era distinta, ahora era de color negro.
-Fíjate bien… ¡Son ataúdes! - gritó Zoro asustado. A la izquierda de Luffy se encontraba Nami, en la misma posición que su capitán, y en frente suya, Robin. Los demás también se encontraban en esos ataúdes levitantes, además de muchísima gente que no conocían. Y también había cadáveres.
-¡¡Nami-san!! ¡¡Luffy!! ¡¡Robin-chan!! - gritó Sanji con el corazón encogido de la deseperación. - ¡¡Despertad!! ¡¡Usopp, Chopper!!
Zoro miraba a su alrededor en estado de shock. ¿En qué clase de trampa habían caído esta vez? ¿Por qué estaban en ataúdes? ¿Estaban… muertos todos?
-¡¡Sanji!! - gritó corriendo hacia él. - ¡¡Mándame de una patada a uno de los ataúdes!! ¡¡Lo intentaré romper y liberarlos!!
Sanji le miró, aún asustado por lo que veía, pero se preparó para lo que Zoro le había pedido. Pero de repente una mano le agarró del cuello alzándolo y otra le tapó la boca.
-¡¡Sanji!!
Un hombre de unos dos metros apareció de entre las sombras sujetando a Sanji y de una patada envió a Zoro al otro lado de la habitación, golpeándolo contra la pared.
-Han entrado dos ratas a mi castillo. - pronunció tétricamente el hombre. Zoro se estremeció e intentó volver a levantarse, desenvainando sus katanas, aunque le costaba mucho esfuerzo. - Sois de la banda del Sombrero de Paja, ¿no? Sois muy débiles, además de estúpidos. Habeis caido muy fácilmente en mi trampa, y vosotros, que os podríais haber salvado, venís aquí intentando recuperar vuestros nakamas. Ilusos… - rió lúgubremente con esa voz tan grave y penetrante.
-… Libéralos… - le ordenó Zoro en un susurro. El golpe había sido tan bestial que le había roto un par de costillas.
-Jajajaja… ¿Que los libere? Ahora vais a ser mi presa, mi alimento. Pero te haré sufrir un poco más a ti. El hombre que llevó entre mis manos es la persona a quien más amas, ¿a que no me equivoco? - Sanji abrió los ojos sorprendido cuando oyó eso, y pataleó con más fuerza para liberarse, sin conseguir nada. - Pero él no siente lo mismo. Es más, te odia. No significas nada para él.
Aunque eso Zoro ya lo sabía, esas palabras le hicieron más daño que el golpe que había recibido antes. Sintió como su corazón se desgarraba y las lágrimas escapaban de sus ojos.
-Caerás en un profundo sueño, del que no volverás a despertar. Revivirás los peores momentos de tu vida hasta que mueras. - aquel hombre se acercaba a él lentamente, sujetando todavía a Sanji. - Y no podrás salvarles. - le susurró al encontrarse a su lado, con una enorme sonrisa en sus labios. Sus ojos se iluminaron con un resplandor verde como el fuego de las antorchas que iluminaban la sala y Zoro notó como perdía la conciencia. Lo último que vió fue las lágrimas que resbalaban de los ojos de Sanji.
CONTINUARÁ
Biennnn!! Ya está aquí otro capítulo de este fic!! Me había quedado realmente atascada. Aunque sabía cómo quería que avanzara esta historia, no sabía cómo empezar a escribirla… --U El resultado no es tan bueno como yo quería, quería que fuera más extenso, pero al menos me ha gustado como he dejado el final n.n
Bueno… no sé cuándo podré escribir la continuación, se terminan las clases y tengo que aprobar sí o sí, así que puede ser que hasta mediados de junio no lo tenga… ¿Podreis esperar? Mientras tanto, gracias por las reviews!! Me hicieron muy feliz, de verdad T-T y si me escribis más, os lo agradeceré todavía más! Por cierto, ¿qué parejas querías decir, Nami-Haruno? ¿No salen los nombres o no los has escrito? XD
Nos leemos!!
